Código Galaxy

Capítulo 8

Por el contenido y las temáticas que adquirirá el fanfic, este pasará de tipo Teen a Mature a partir de ahora, para adaptarse a las normas de la página, como se decidió con otro de mis fanfics, Código: Guardianes.

Jeremy andaba por los pasillos de las instalaciones militares en el que se encontraban, acompañado por Seriel, que le guiaba por los mismos, hacía apenas unos minutos que había vuelto Aelita y ahora le tocaba a él. No tardó demasiado en darse cuenta que aquella zona tenía forma de colmena en su interior, pues formaban paneles octogonales perfectos, estando la zona interna más dividida y fragmentada en secciones. En cambio, la parte externa era mucho más simple, teniendo un único pasillo que formaba el octógono, aunque no llegaron a verla, pues fue por la sección interna por donde se movieron ellos dos, y seguramente también Aelita unas horas antes, cuando habló con Asmeya y Naipe. Se alegraba de verla mejor pero parecía un poco nerviosa, como si estuviera con algo en mente, pero lo achacó a todo lo que había pasado. Se había sentido mal por rechazarla la noche anterior, había sentido muchas ganas de complacerla – llevaba tiempo pensando en que ya era hora de pasar a la acción con ella en ese sentido, de hecho – y de hecho tardó en dormir por culpa de la excitación, pero era lo mejor. No hubiera sido lo correcto aprovecharse de ella en esa situación, no se lo hubiera perdonado nunca.

Ya había estado en una situación parecida con ella en el pasado y había sido tóxico todo, sobre todo él al tratar sus gustos de forma despectiva, aunque ella también tuvo sus celos por él cuando Xana se disfrazó de sus compañeros de Kadic y se dedicó a besarles. Ahora que estaban en una situación de igualdad él tenía intención de pedirle salir, pero la situación había cambiado bastante y no sabía si ella estaba lista. Aunque como le pidió disculpas al despertar, él entendía que estaba todo bien, y lo confirmó cuando ella le besó y acarició el cuerpo pero sin lascivia alguna. Sentía orgullo por ella, se había derrumbado por dentro en cuestión de horas, y se había recuperado tras una semana en la que estuvo poco menos que apática, casi como muerta en vida.

La amaba, y todo en ella parecía ir volviendo a la normalidad, cosa que le alegraba. Antes de irse, le había pedido a los demás que hablaran con ella para comprobar su estado de ánimo, pero no parecía necesario, pues se puso a charlar con ellos casi desde que despertó, y más aún cuando él tuvo que marcharse. Cuando ella salió no tenían mucha idea de cómo volvería, aunque en apariencia había servido de algo, claramente no se había recuperado del todo, y fue por la noche cuando todo acabó finalmente, pues Aelita, a la mañana siguiente, estaba como siempre: afable, cariñosa y sonriendo, como una brillante estrella. Fue eso lo que le enamoró de ella, además de su extraordinaria inteligencia. Para él ella era única, la razón por la que se la jugó tanto años antes.

Ahora era él el que salía de su reclusión, aunque en su caso era para un motivo muy diferente. Como líder recién nombrado de su grupo, tenía que conocer antes que nadie a los clones que al parecer iban a estar bajo su mando directo. Antes de salir, y en privado, Seriel le explicó por encima de dónde venían. Al parecer, venían de unos recintos médicos de ubicación desconocida para todos salvo para el Presidente de la República y la cúpula de la orden Xanium, muy pocos individuos estaban al tanto de su localización exacta, y aunque el general sí lo sabía, no se la iba a revelar tan fácilmente a un chaval que ni había comenzado su entrenamiento, a decir verdad él lo entendía perfectamente, hubiera actuado exactamente igual de estar en su situación.

Las razones eran evidentes, el ejército republicano dependía de los clones en buena medida, al igual que de los cazas, destructores y máquinas de combate, pues eran ellos los que manejaban aquellos aparatos. Tal era su importancia en la guerra civil que se estaba desarrollando, que las principales fuerzas de ambos bandos lo conformaban precisamente ellos, así que se les cuidaba y entrenaba atentamente para que fueran los soldados perfectos, el secretismo en torno a ellos era absoluto. La infantería también estaba formada por droides bien equipados y armados, pero había situaciones en las que era mejor tener a seres vivos en el frente, como era por ejemplo en el rescate de civiles. En situaciones en las que era inviable, como en planetas inhabitables pero que contaban con recursos importantes, se enviaban a estos últimos.

Por ello eran los propios clones los que trasladaban a sus hermanos y hermanas desde su lugar de origen hasta las bases en Alfa Leonis 1 – Asmara –, donde eran entrenados y asignados a un equipo. Al parecer tenían asignados a ocho, y al ser ellos cinco, serían en total trece en el grupo. Y estaría él al mando, desde luego tendría una gran responsabilidad, y esperaba poder guiarles apropiadamente, aunque tenía la experiencia de Lyoko… claro que en ese entonces estaba guiando a gente muy cercana a él, ahora tendría a ocho que no conocía de nada, y que a saber cómo eran. Esperaba y deseaba estar a la altura, la vida de todos dependía de su buena praxis, esa vez al menos no estarían solos, pues encima de ellos tenían a toda una República, aunque dudaba que les ayudaran especialmente.

No tardaron demasiado en llegar a una zona cercana al pasillo en el que ellos estaban, de hecho estaba en frente, cruzando sólo uno de los octógonos, así que estaban como ir desde su cuarto en Kadic a la sección de las chicas, aunque sin necesidad de cambiar de piso. Cuando llegaron, se encontraron con un pasillo idéntico al suyo, y con todos los clones colocados en ambos lados del pasillo, perfectamente uniformados y colocados para revista. Iban con armadura blanca, con protecciones en pecho, piernas y brazos, con casco bajo el izquierdo y el derecho colocado en puño sobre sus pectorales. Había cuatro chicas y cuatro chicos, destacando dos de ellos por tener una apariencia más adulta. En cuanto llegaron, Seriel comenzó con las presentaciones.

-Les presento al Cadete Jeremy Belpois, será vuestro líder de escuadrón, soldados. Él os dirige desde ahora y es vuestro superior directo, aunque se formara con vosotros, como ya sabréis. Presentaos como os han enseñado uno por uno empezando por el primero a mi izquierda-

-Les recuerdo a todos que, a partir de ahora, responderán directamente ante Belpois, y este responderá ante sus superiores de ser necesario, así que… no seáis temerarios o estúpidos-

Fue entonces que le hizo un gesto a Cubo para que se moviera, y el aludido dio un paso al frente- Me llamo Cubo, mi cadete. Seré su soldado al cargo en cuestiones tácticas, pero es no será hasta finalizada la instrucción, señor- el chico alzó una ceja.

-Pensé que ya estabais todos listos- comentó. Cubo contestó inmediatamente- Naipe y yo sí, mi cadete. Pero los demás tienen que aprender, incluidos usted y sus demás compañeros, señor- explicó.

-Por eso les instruiremos durante unos meses a usted y a nuestros compañeros clones en cuestiones técnicas y prácticas, señor- explicó.

Fue entonces que una clon dio también un paso al frente- Naipe, a sus órdenes, señor- Jeremy se giró a verla- Yo seré la instructora en matemáticas, física, química, historia, geopolítica, tácticas militares, y en uso de armas y su mantenimiento. Cubo será el que os enseñe a usarlas - miró entonces a Seriel.

-Pensé que nos enseñarían a usar… cuando movéis las manos y las cosas empiezan a levitar- los clones ahogaron una risa y Seriel suspiró un poco- Esas cosas os la enseñará un Xanium, cuando acabéis de formaros con nosotros- informó Cubo.

-Ya tienen asignado a uno, por cierto- comentó entonces el Xanium- Continuad- ordenó.

Uno por uno los demás clones se fueron presentando. Las primeras, dos que tenían pinta de ir siempre juntas a todos lados, se llamaban Ritmo y Compás, al parecer cantaban y hacían canciones propias, usando un instrumento que a Jeremy le recordaba a una guitarra, tenían una nota musical tatuada en la clavícula. Eran rubias de ojos pardos, pero tenían un lateral rapado y la parte de arriba lo tenían largo y con mechas negras. Eran efusivas y no abrazaron al chico por tener delante a sus superiores, que si no, seguramente lo hubieran hecho. Eran tan idénticas que el chico no sabía cómo las iba a diferenciar, hasta que notó que Ritmo tenía una negra de tatuaje, y Compás tenía una corchea.

Tras ellas se presentó Ventura, Jeremy vio que era muy lanzado en cuanto se acercó, pues se lanzó a darle la mano y saludarle con ganas – y expresando, ya que estaba, sus múltiples habilidades – pero fue detenido por Naipe, que le dio un codazo en las costillas. Su cabello lo tenía totalmente rapado pero se había dejado algo de barba bien arreglada, si le ponías un sombrero baquero parecería un expedicionario pues estaba especialmente moreno. Contaba con un cuerpo bien definido, y parecía estar muy orgulloso de sí mismo, a juzgar de cómo seguía fardando.

Luego llegó una chica llamada Fan, le recordó enseguida a Yumi por tener el pelo negro y lacio hasta los hombros, hubiera jurado que hasta tenía los ojos algo rasgados, pero lo dudaba. Era seria, apenas musito un "mi cadete", al contrario que los demás, que hablaron mucho y juraron sobre sus vidas estar a la altura de lo que él les pudiera pedir. En apariencia no llevaba ningún tatuaje, pero de llevarlo no parecía ser ningún problema. Debía ser seria y reservada, apenas intercambiaron unas palabras y poco más, le hubiera gustado hablar un poco más con ella. Le comentaron que era la mejor con armas cortas pero que no se soltaba hasta tener confianza, en cuyo caso no paraba de hablar de sus cosas.

Finalmente, conoció a Muralla y a Dinamo. Tenían unos brazos bastante prominentes, así como toda su musculatura, que perfectamente podía verse en una competición de halterofilia. Sin embargo tenían poca tripa, debían tener un cuerpo digno de modelo, pensó. Ellos eran el escudo y la lanza de grupo, tan fuertes que hasta a los Xanium debía costarles y tenían que usar sus poderes para lanzarles contra la pared. Su vigorosidad solo era comparable con lo campechanos que eran, pues le dieron sendos golpes en el hombro a Jeremy, sin importarles en absoluto ante quienes estaban, y asegurándoles que, con ellos, no tendría que preocuparse de absolutamente nada.

Todos, en realidad, le sacaban una cabeza de altura a todos, incluso Yumi parecería bajita a comparación. Debían tener una edad cercana a la veintena, y entonces recordó que en realidad contaban con tres meses de vida. Eso se notó porque, en cuanto acabaron, Ventura comenzó – ahora en voz alta – a fanfarronear durante un buen rato de lo bueno que era durante las pruebas físicas, aunque Muralla rápidamente le recordó que en fuerza él siempre ganaba, enzarzándose en una discusión que solo Dinamo pudo parar cuando les agarró a ambos por detrás y les separó. Por su parte, Ritmo y Compás se colocaron en seguida en torno a Jeremy y le preguntaron sobre qué tipo de música se oía en su mundo, que si lo echaba de menos, que qué tipo de artistas había… incluso Fan se acabó interesando por la tecnología terrestre y, efectivamente, comenzó a hablar con las mismas ganas que sus hermanas.

Naipe y Cubo lo habían visto, se relajaron en cuanto Seriel salió por la puerta, que fue con la primera presentación. Preferían que tuvieran algo más distendido por hoy, ya mañana vendría lo duro, cuando comenzaran con las clases. Sí, los chicos de la Tierra aún estaban con la cuarentena y quedaban dos semanas por delante, pero la guerra no entendía de plazos así que empezarían dando al menos los temarios, para que fueran leyendo y se entretuvieran. Además, estarían con los demás clones conviviendo, así que más entretenimiento no iban a poder tener. Esperaban que la selección fuera la adecuada, había sido hecha escrupulosamente atendiendo a la forma de ser de cada uno, y normalmente el sistema que lo llevaba a cabo lo hacía bastante eficientemente. En cuanto entraron por la puerta del cuarto de los clones, vieron que estaba todo echo un desastre: las camas juntas, sin hacer, con la ropa tirada por el suelo y con juegos de mesa sobre la cama central. Eso sí, tenían perfectamente colocadas una por una varias mochilas que se colocaron cada uno a la espalda con sus cosas, y que consistían en ropa deportiva limpia y su neceser, no tenían necesidad de nada más.

-Cuando usted ordene, cadete- Naipe se cuadró entonces, formando una línea ella y los demás clones, estando Jeremy en frente de ellos. Notó que ni ella ni Cubo llevaban equipaje.

Este dudó sobre qué decir- Eh… No hace falta que me llaméis así, ¿sabes, eh…?- ella sonrió por dentro- Naipe, señor. Llamarle así es el protocolo, señor. O por el rango- explicó.

-¿Puedo darte permiso para que me llames Jeremy?- preguntó, y ella asintió- Os doy permiso para que me llaméis Jeremy- ellos entonces hicieron chocar los tobillos.

-¡Si, señor, Jeremy, señor!- este se sonrojó, y con un gesto les invitó – aunque ellos lo tomaron como una orden – para que fueran con él.

-Por cierto… ¿vosotros no seríais los que nos rescataron, no?- señaló a Cubo y a Naipe, que asintieron, con algo de sorpresa.

-Así es. Veo que se acuerda- comentó, con cierto orgullo, ella. Este asintió pensativo, y comenzó a andar en silencio.

Como él recordaba a la perfección el camino de ida, no les costó demasiado volver por la misma ruta hasta llegar a donde estaban los demás, aunque el rubio no sabía si tenía que entrar sólo él, si también tenían que ser los demás… Cubo le indicó que, una vez empezada la instrucción dos semanas más tarde, tendría que decirles a los chicos que tomaran sus cosas para así estar en dos grupos separados: chicas a la derecha del pasillo, y chicos a la izquierda. Y por supuesto nada de abracitos o mimitos, ni nada por encima de eso bajo pena bastante severa y que Jeremy no estaba muy dispuesto a soportar, ya que supondría limpieza y acondicionamiento de instalaciones. Eso le chocó al muchacho, pero también había que tener en cuenta que durante el tiempo que restaba hasta entonces estarían todos juntos, y después también se pasarían toda la jornada entre ellos, sólo estando separados para dormir y ducharse.

En cuanto entraron por la puerta sus amigos se sorprendieron de ver a tanto clon, sobre todo cuando Jeremy les empezó a colocar como pudo a lo largo del cuarto. Tendrían que pedir uno más grande y más camas, hasta entonces tendrían que compartir entre ellos, aunque siendo sinceros el rubio dudaba de que fueran a darles nada. Al menos Cubo y Naipe no estarían ahí, ellos al parecer tenían otras misiones que atender, así que se quedaban 11 en el cuarto y a repartir entre cinco camas. Por supuesto Odd rápidamente se ofreció a compartir cama con las chicas recién llegadas, y estas parecían dispuestas a aceptar cuando Yumi comentó que sería buena idea que él durmiera junto a Dinamo y Muralla.

De los clones ninguno se rio por eso, no así los muchachos, que rieron a carcajadas por el comentario de la japonesa, más aún ante el mohín que puso el rubio, pero rápidamente volvió la sonrisa a su rostro, aunque era algo mordaz.

-Entiendo entonces que tú no podrías estar con Ulrich, ¿no?- preguntó, sacando a ambos los colores- No, no pueden. Ahora que recuerdo, está prohibido que dos individuos de diferente sexo compartan cama, no durante la instrucción-

Las palabras de Fan cayeron sobre los demás como el agua fría. Ahora que se estaban acercando entre ellos, ahora que finalmente parecían estar a punto de tener algo a lo que llamar relación… les prohibían dormir juntos. Bueno, no tenían intención de acostarse… pronto, pero se habían acostumbrado al calor corporal del otro, a su olor, a su respiración… sobre todo Ulrich y Yumi, porque Jeremy apenas había tocado a Aelita, aunque le hubiera encantado poder haberlo hecho. Y tenía intención de comenzar a hacerlo ahora.

-¿Es en serio? ¿Por qué?- preguntó la pelirosa, y Ventura se hundió de hombros- Es el protocolo, jefa- explicó- Las normas son las normas, Cubo nos lo ha explicado mucho- intervino Muralla entonces.

En ese momento decidieron que las normas les iban a dar igual. Ya tenían pensado molestar con bromas a los instructores, así que, ¿por qué no saltarse más cosas? Así que se las ingeniarían para esas cuestiones. Por el momento lo habían hecho igualmente sin problema alguno, así que seguirían así, no cambiarían hasta que no les llamaran la atención. Pensando en ello les ayudaron entre todos a instalarse, deshaciendo sus austeras mochilas y colocando la ropa en los armarios, tras lo cual movieron las camas para que ocuparan la parte central, dejando los laterales libres para que dejaran las mochilas, y para hacer hueco en caso de recibir más camas. Y se pusieron a charlar animadamente entre ellos, tenían que conocerse ya que iban a convivir durante a saber cuánto tiempo.

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En la Tierra se estaba preparando un gran evento. Tenían que ir todos a una zona abierta que les habían indicado los imperiales, que eran sobre todo plazas y grandes avenidas, donde habían instalado grandes aparatos de medio metro de altura y unos veinte de largo, bien protegido por varios soldados, y que se habían instalado por cada lugar de reunión. Por supuesto Sam, Percy, Ibrahim, y Bernadette tuvieron que ir, esta última tirando de la silla de ruedas del viejo Tom, que no podía andar tanta distancia sin acabar extenuado. No les habían dicho para qué era, pero tenía que ser algo muy importante, la seguridad era absoluta: controles de acceso con identificación, obligación de tener la cara y manos al descubierto, ropa arreglada, y puntualidad. Si no se asistía tenía que ser por causa bien justificada, como enfermedad grave, o trabajo imprescindible para el normal funcionamiento de las instituciones y servicios imperiales, así lo dijeron en la televisión al menos, y apenas nadie pudo evitar ir.

En todos los demás casos tenían que estar a mediodía en una zona determinada, así que la familia entera tuvo que presentarse allí. Asmae Starligth en persona estaría en la zona de París, pero no creían que todo aquel revuelo fuera sólo por ella, debía ser por algo más. Como militar, Tom sabía que ella no debía ser de las que hacían un paseo triunfal tras sus conquistas pues ya lo habría hecho, así que su presencia debía ser puramente formal. De hecho lo más seguro era que ni quisiera estar allí, y efectivamente, así era.

Esta se encontraba precisamente a bordo de un destructor. Se había puesto la ropa de gala: vestido estilo militar escotado blanco con ribetes y decoraciones de color oro a lo largo de la tela, se había maquillado algo y pintado los labios de rojo, así como decorados los ojos, y con los hombros de ornamentados con medallas al mérito militar, estas eran una estrella con un planeta girando en torno al mismo, y contaba con bastantes de ellas, como forma de mostrar sus múltiples conquistas. La última fue La Tierra, colocada en sus prendas como Gamma Sagitari 12, el nombre por el que oficialmente sería conocido ese sistema.

La nomenclatura era sencilla: la primera palabra representaba el tipo de estrella del sistema estelar – Alfa para enanas rojas; Beta para enanas naranjas; Gamma para estrellas amarillas; Delta para estrellas blancas; Épsilon para gigantes rojas; y Zeta para gigantes azules – la segunda, la región del cielo en el que se encontraba – y que podían ser doce, siguiendo los nombres de las constelaciones – y finalmente, el número al final era el correspondiente al orden de descubrimiento de un sistema habitado. Se hacía así por que cada mundo llamaba a los demás de una manera diferente, así que se hacía imprescindible darles un nombre común a todos, y de hecho había varias formas, pero esta es la más común. Incluso se usa fuera de la República, siendo una formula cooficial en los sistemas neutrales, junto con la nativa.

De ahí venía el nombre asignado a aquel primitivo planeta. Ese día se haría oficial el nombre, y además se presentaría al Gobernador del sistema, un político llamado Zormu Kalairi, un individuo del planeta Delta Ariei 5. Era algo bajo, de un metro sesenta, piel terrosa y ojos marrones que brillaban en las noches como los de un lyakos. No era intimidante, al menos a primera vista, pero su voz oscura y cavernosa servía para asustar a cualquiera si se proponía usarla con esos fines, y era conocido ampliamente por ser un político duro en sus intervenciones y sin ningún tipo de problema para aplacar a cualquier tipo de disidencia. De hecho, él provocó la expulsión de su sistema de la República poco antes del inicio de la Guerra, por volverse un líder demasiado totalitario. Ahí se vio, por enésima vez, la gran hipocresía de la República, pues le echaron en cara que controlara demasiado a la población con la implantación de restrictivas políticas de determinación de la identidad, cuando el propio gobierno republicano tenía los datos en línea de toda la población – a través de los nanobots – y usaba esa información para sus intereses.

Por ello, el sistema se adhirió enseguida al bando imperial, con el que tenía bastante afinidad, y que ahora le entregaba un nuevo sistema para gobernarlo. Estaban uno bastante lejos del otro, pero para eso tenían los grandes sistemas de comunicación galácticos, con los que se transmitía la información bastante deprisa. Las telecomunicaciones estaban formadas por grandes plataformas esféricas de varias decenas de kilómetros de radio, y con las cuales se lanzaban grandes haces de luz que transportaban la información a través de la galaxia. Por cuestiones de tiempo estaban colocadas en los caminos estelares, de tal forma que la información llegaba, como muy tarde, unas diez horas desde que se emitió, aunque estuviera en la otra punta de la galaxia el receptor. Eso cuando la información tenía que recorrer sistemas enteros, cuando dentro del mismo todo era más sencillo, pues se usaban señales de radio dentro del planeta y las instalaciones, y se usaban versiones menores de los grandes fuentes de luz en caso de mandar información desde el planeta o planetas a las naves que circulen entre los mismos. Durante los primeros meses permanecería a tiempo completo en Gamma Sagitari 12, pero luego iría turnándose

Esas radios gigantes evidentemente estaban muy bien defendidas, sobre todo las gubernamentales, y sólo los piratas y los locos se atreverían a atacarlas. Eso sí, cada día recibían gigantescos ataques informáticos por parte del bando enemigo, aunque rara vez se tenían que personar físicamente para defenderlas. Pero de lograr derribar una, eso bastaba para que el bando que la había perdido sufriera una gran perdida que costaría recuperar, pues tendrían que hacer cambios en las frecuencias, tanto en su intensidad como en su dirección, y eso era muy problemático. Por ello no se solían atacar, pues el enemigo entonces tenía razones para atacar las estaciones propias.

Precisamente usarían esas estaciones para hablarle a su nuevo pueblo, así como al de Delta Ariei 5, aunque ese discurso sería más adelante en el día, por la tarde local. En esa ocasión lo darían en vivo y en directo en la superficie, y la retransmitiría al mismo tiempo a través del planeta. Entre otras cosas porque así conectaría más con los locales y sería más fácil tenerles contentos, o eso había dicho Zormu. A ella esas cosas le aburrían y le daban igual, sólo estaba allí por ser la que conquistó el planeta, si por ella fuera estaría en alguna batalla, en el frente, junto a sus soldados. Pero al ser general tenía responsabilidades más… elevadas, por así llamarlas, y una de esas cuestiones que tenía que atender era precisamente eso. Tendría que posar ante la prensa que hacía la propaganda para el Imperio, y dar unas palabras para los periodistas de otros sistemas, aunque no tenía intención de hacerlo, de hecho tenía cosas más importantes que hacer, así que en cuanto pudiera, se iría de allí.

Estaba a punto de terminar cuando abrieron la puerta de su despacho. Apareció por allí Zormu Kalairi, bien trajeado con un uniforme negro, con los ribetes dorado, botas que le llegaban hasta las rodillas y una capa blanca en sus hombros, tenía la piel de un suave tono tierra, sus ojos estaban delineados con una delgada línea negra, y su oscuro estaba casi rapado. Sus orejas, en forma de D, estaban decoradas por aros dorados, y sus suaves manos tenían anillos de ese mismo material, de plata, y de obsidiana. Tenía una rosa de ornamentación en la solapa, y parecía bastante tranquilo pese a tener que hablar ante unos tres mil millones de habitantes.

-¿Esta lista, señorita Starlight?- le preguntó, ofreciéndole el brazo. Ella asintió, y lo tomó- Pensé que sus gustos eran diferentes, Kalairi- comentó. Se había fijado en que no apartó en unos cuantos segundo su vista del busto de ella.

Este ni la miró- Y así es, pero… no queda bien los tonos de maquillaje que has elegido con tu color de pelo y pintalabios, se nota que eres militar, careces de gusto alguno por la moda- ella rodó los ojos pero no dijo nada.

Como buen habitante de su mundo, era un tipo que le daba gran importancia a la vestimenta, y más siendo alguien poderoso como él era- Vamos a llevarnos bien, Kalairi- le dijo ella.

El tipo sonrió de medio lado, y alzó su rostro para mirarla- Yo me llevo bien con casi todo el mundo, señorita Starlight. Y usted no será menos- aseguró. Era u experto embaucador, y no era mentira lo que decía.

Era un tirano que caía bien. El cómo lo hacía era un misterio, pero lo lograba. Por eso él estaba ahí, para controlar a los habitantes de esta roca perdida en la zona exterior de la galaxia.

Ella no comentó nada- Es… importante que los paletos de este mundo vean que, mínimo, no estamos peleados. Es lo ideal, ver unidad en sus líderes- ella se rio con sorna.

-¿Crees que no les gustará que tu marido sea un ser que probablemente no puedan ni describir por ser una forma de vida gaseosa cuyo único cuerpo es un envoltorio de plástico?- le preguntó con sorna.

-Eso me resulta indiferente. No tengo que caerles bien, ni ellos a mí. Mi trabajo es mantener el orden en este planeta, todo lo demás es accesorio- mientras hablaban, recorrían los pasillos del destructor.

Según pasaban soldados u oficiales estos se cuadraban ante los dos altos cargos, sin importar que uno fuera civil y el otro militar. En todo caso debían presentar sus respetos y saludar marcialmente, y en caso del mando militar, también seguir sus órdenes al pie de la letra, fuera lo que fuera lo que hubiera mandado hacer. En el caso de las autoridades civiles, estas tenían un área de influencia que no se extendía al ejército, pero igualmente los mandos que, por analogía, están por debajo de la autoridad civil correspondiente, deben mostrar respeto y saludar como si de un militar se tratara. A Zorum se le hinchaba el pecho de orgullo al verles, era vanidoso a más no poder. Starlight pasaba de él en ese sentido, pero, como había indicado, tenían que llevarse bien de cara a la galería.

Eventualmente llegaron hasta el ascensor, ambos podían acceder a todas las instalaciones de las naves imperiales por su cargo – ella más que él, pues podía en cualquier nave, él solo en las que estaban a su cargo – pero tenían un destino claro, bajar a tierra. En esos casos había una modalidad especial, porque bajar usando un carguero no era demasiado elegante, así que usarían el ascensor. Para ello, el mismo tenía que tener una conexión a una plataforma en tierra, y debía estar en un radio de 100 kilómetros para poder llegar, de tal forma que era una buena forma de transportar a una persona, o una carga, rápidamente hasta la superficie. Pero para grupos grandes no era viable, se tardaba demasiado yendo de tres a cuatro por turno. Pero para ellos sería suficiente. Se colocaron, y fue ella la que accionó el mecanismo.

Una luz les rodeó y empezó a girar como un remolino en torno a ellos, para segundos más tarde, aparecer en una plataforma que habían preparado a tal efecto. En torno a ellos se encontraba todo un destacamento de soldados perfectamente armados y uniformados, listos para entrar en combate. Delante de ellos estaba el atril desde el que él hablaría, estando rodeado de varios aparatos esféricos y que volaba, se trataban de androides cámara que retransmitirían todo en vivo a la señal de los técnicos, que estaban en un lateral, encerrados en unas cabinas. Estaban colocados sin ningún tipo de curioso en una extensa zona más allá de la prensa – que al venir desde varios puntos de la galaxia habían llegado en sus naves con los logotipos de sus canales, en esos momentos estaban ultimando sus equipos – pues se hallaban en las ruinas de París, zona considerada como exclusiva del imperio desde hacía un par de días, cuando acabaron con la búsqueda de cadáveres. O mejor dicho, cuando dieron esa tarea por terminado, pues aún debían quedar muchos, pero el Imperio tenía cosas importantes que hacer. Y de hecho Starlight quería pasarse por aquella fábrica tan importante aquella tarde.

Ya la habían explorado, pero quería comprobar varias cosas por sí misma. En cuanto él acabara su discurso, de unos 40 minutos de duración, iría hacia allí inmediatamente, ya tenía preparada una monoplaza voladora, así que podría ir a toda velocidad hacia allí.

Se quedó unos pasos por detrás del otro, que comenzó a hablar en cuanto se acercó al atril y comprobó que los micrófonos estaban abiertos, dando las indicaciones de lo que iba a pasar a partir de entonces. Como siempre, se declaraba el máximo dirigente del planeta, lo hacía entrar de forma oficial en el Imperio, se declaraba como participe activo en la guerra civil, y declaraba la Ley Marcial – por la cual se limitaba el movimiento de los ciudadanos a un horario y zonas concretas – y la Ley para Territorios Anexionados, mediante la cual se imponía todo el aparato legislativo y judicial del imperio de forma automática en el planeta, eliminando todo lo previo existiera o no, así como sustituyendo a todo poder interno por el del Imperio.

Así mismo, también tomaban a todos los trabajadores a sueldo de las diferentes administraciones como propios, los soldados y oficiales de los diferentes ejércitos pasaban a formar parte inmediatamente del Imperio conservando su rango salvo casos excepcionales – como generales y demás cargos muy elevados, tales como Jefes de Estado – que eran retirados. En determinados casos, como aquellos que no acataban las órdenes, serían ejecutados y sustituidos por individuos leales al Imperio, y que seguramente no fueran a traicionarles.

Esto último se solía hacer casi en los primeros cinco días, y eso también pasó en este caso, pues rodaron, literalmente, muchas cabezas esos días. Entre otros, varios líderes mundiales que no quisieron ceder, guerrilleros, grupos radicales… ninguno conoció la piedad, todos fueron eliminados en cuestión de horas, y con todo el planeta visualizando el evento, para quitarles las ganas de insubordinación a los demás. También habían retirado toda arma que los civiles pudieran tener, sin contar con objetos agrícolas o elementos necesarios para la pesca y la ganadería. Otro cambio importante fue la eliminación de fronteras – que carecían de sentido – y de toda aduana dentro del planeta, siendo la única la que estaba en la zona intermedia entre la Tierra y la Luna, por la que había que pasar obligatoriamente para poder salir del sistema.

La población observaba el discurso con aparente calma, pero por dentro llamaban de todo al Imperio y a todos sus acólitos. Una enorme imagen holográfica mostraba a Zormu hablar, y su potente voz resonaba por todas partes, de tal manera que los que trabajaban igualmente le escuchaban, la única forma de no enterarse era vivir aislado en una pequeña cueva en el fondo de una montaña perdida en el Himalaya. Por supuesto nadie de la familia Knight perdió ningún ápice de sus intenciones de revelarse, pero les daba más razones que nunca para ir con pies de plomo en sus planes, no querían morir tampoco en vano. Tom pidió con un gesto a su nieta para comentarle algo, así que ella se agachó sin dejar de mirar al dictador que les habían colocado, simulaba que rebuscaba algo en la parte de debajo de la silla de ruedas en la que él estaba.

-Fíjate bien en la disposición, cariño… si están así ahora, es que esta es su versión más protectora, quédate con donde estén para más adelante- le pidió, se había puesto la mano sobre la boca para que no le pudieran decir nada, y ella asintió, obediente.

Actuó varias veces, estornudando falsamente para poder girar sobre si misma un poco, lo suficiente para comprobar que había dos imperiales por posición, formando un círculo y colocados en la parte alta de varios edificios. Aquel era el círculo exterior, había uno interno que estaba formado sólo por un soldado y que estaba formado por cuatro, uno en cada lado de la circunferencia imaginaria. De haber un altercado podrían intervenir realmente deprisa, se dijo. Tendrían que pensar muy bien cómo actuar en situaciones así, si es que podían llegar a intervenir en algún momento. Sólo Starlight se fijó en ella un poco, para todos los demás pasó inadvertida, y fue porque su vista se posó en ella en el momento idóneo, que si no, tampoco la hubiera visto. Sin embargo le restó importancia, era una cría que poco o nada podría hacer, así que pasó de ella y siguió observando, pensando que no sería nada. De todas formas, y por tranquilizar su conciencia, dio orden, a través de su transmisor, de tenerla vigilada. Solo por si acaso, tenía una mala sensación sobre ella.

Ninguno de ellos se dio cuenta de eso, pues simplemente se limitaron a atender, sin hablar entre ellos. No podían hacerlo, estaba prohibido durante los discursos públicos, se lo dejaron muy claro cuando entraron.

Una media hora más tarde el evento terminó, y todos se fueron dispersando, ya con el permiso imperial para poder regresar a sus actividades. Y Asmeya salió rápidamente de allí, ni se paró a cambiarse, no dio tiempo ni a que Zorum la invitara a ir con él a atender a la prensa, alegando que tenía que atender a un asunto importante. Fue rápidamente con sus soldados, y se montó en una monoplaza blanca – tenía unos tres metros de largo por uno y medio de alto, con un manillar a la altura de su pecho y con una esfera que servía como motor de fisión, que se iluminaba en azul cuando funcionaba – se colocó el casco, y se sentó ahorcajadas en el asiento, llevó sus manos al manillar, y arrancó el aparato, tras lo cual puso los pies en posición.

Dio un acelerón y la monoplaza salió disparada, era una conductora experta y amante de la velocidad, se puso a varios cientos de kilómetros por hora gracias a no tener nada que esquivar, y tardó apenas unos minutos en llegar a su destino: la fábrica abandonada. Recorrió los edificios en ruinas como una estrella fugaz, en el fondo no quería ver tanta destrucción aunque esta fuera necesaria, le dolía en cierta manera. Aunque luego era capaz de acabar con el enemigo sin miramientos, le gustaba pensar que era una mujer de contrastes, y no que, en el fondo, era una puñetera blanda. En esas cosas pensaba cuando llegó a su destino, momento en el que dejó aparcada la monoplaza, y se internó en la Fábrica. De un suave salto descendió a su parte baja, y fue directa al ascensor, desde el que se bajaba hasta el súper ordenador. Se había filtrado información sobre quien lo había construido, y quería comprobarlo. Y también si su querida hermana menor había estado allí con el engendro, esperaba poder encontrar información al respecto.

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Por su parte, William, Patrick, Jim y Laura ya habían empezado a convivir en el mismo cuarto. Faltaba sólo Suzanne, que estaba recogiendo sus cosas del cuartito en el que estaban, y pasarían entonces a recoger a los clones con los que convivirían. A saber con qué se encontrarían, esperaban que fueran más afables que los demás imperiales, pero lo dudaban, básicamente porque parecían tener un palo constantemente metido por el trasero. No tardaron demasiado en verla cargando con una mochila hasta arriba y una bolsa de viaje también bastante llena, así que los chicos se ofrecieron a cargar ellos con todo, cosa que la mujer agradeció.

Laura vio eso como un gesto… no sabía si era noble o de debilidad. Le restó importancia, no tenía sentido ponerse a discutir en ese momento con ellos, así que simplemente les indicó que se colocaran en formación – dos personas por fila con ella al frente – y comenzaron a andar por el pasillo. Recorrieron tan solo unos pocos hasta llegar a otra parte del complejo, donde ya esperaban en el pasillo, en formación, un total de siete clones. Todos tenían el pelo moreno, tres chicos y cuatro chicas. Laura les informaría más tarde que quedaba un miembro del equipo por llegar, pero que… había que comprobar si era apropiado o no, no supo o no quiso dar más explicaciones.

Al ser idénticos entre ellos, sólo se diferenciaban en el color de pelo en ellas, y en las barbas y cortes de pelo en ellos. La primera en ser presentada fue Estrella, tenía el pelo corto negro y su armadura en perfectas condiciones, pero no pasó por alto que tenía dibujada una galaxia en los guanteletes. ¿Una artista? Posiblemente, pues parecía hecho a mano hacía poco, a juzgar por las manchitas que tenía en los dedos.

-Ella es nuestra experta en orografía galáctica, conoce todos los sistemas estelares, que no son pocos- contaba Laura -Y parece que también le mola pintar- suspiró.

La aludida tragó saliva, algo nerviosa. A Jim eso no le pasó por alto y sintió ganas de sacarla de ahí, a sus ojos era la más guapa de todas. Pero no pudo pensar mucho, pues Laura siguió con Tornillos. Este era el experto en armamento y mecánica, era capaz de arreglar cualquier cosa con los instrumento más descabellados, un ingeniero extraordinario. Tenía la cabeza totalmente afeitada, aunque tenía una pequeña herramienta tatuada justo debajo de su ojo derecho, debió dolerle bastante. Parecía el típico mecánico, pero fornido y sin todo manchado, y de hecho él trabajaba muy limpio y con guantes, a diferencia de otros mecánicos, que lo hacían con las manos desnudas. Le gustaba llamarse el cirujano de las máquinas, las entendía a la perfección, incluso a las que no se comunicaban con los humanos.

Siguió una chica con el pelo verde llamada Floresta, química experta y la mejor fabricando venenos y sustancias de todo tipo, las malas lenguas afirmaban que incluso su pintalabios verde tenía algo, porque con un beso dormía a cualquiera. Ellos prefirieron no averiguarlo, más cuando disimuladamente les guiñó un ojo al grupo entero mientras Laura comentaba sus excelentes dotes en la cocina y con todo lo que venga de la naturaleza, de la que era amante. Se sorprendieron de saber que era también amante de los animales. Y que siempre andaba coqueteando, así que a saber cuales eran sus gustos realmente.

Tras ella vino Vientos, era bastante más delgado que sus compañeros pero tenía unas piernas como vigas de acero, era súper veloz, y al parecer sólo le superaban los Xanium con la capacidad del súper sprint. De unas pocas zancadas era capaz de alcanzar incluso a los veloces lyakos de Asmara, aunque ellos no tenían ni idea de qué o quién era esa cosa, así que… de poco valía la comparación. También comía mucho y siempre tenía hambre, y, esto era un secreto, se solía colar en las cocinas a por más comida. Siguió otro clon, este tenía el pelo y la perilla tintada de blanco, se llamaba Hielo, al parecer era el jefe de los clones, su líder natural, y si no le dio a Vientos siete codazos desde que ellos habían llegado no le había dado ninguno. Parecía el más serio, eso le gustó a Jim, se iba a llevar bien con él.

Patrick por su parte veía en él a una nueva Laura, aunque William pensaba que era como Jim pero en más guapo. En todo caso no se pararon demasiado en él, pues rápidamente pasaron a dos chicas que estaban una frente a otra, con exactamente el mismo corte de pelo, tenían el pelo negro con flequillo largo hasta el pecho, con un piercing en el labio que, francamente, les quedaba bastante bien. Una tenía un rifle tatuado en la base del cuello y un semicírculo negro, mientras que la otra tenía, en el mismo sitio, una espada y un semicírculo blanco. Se llamaban Negras y Blancas, respectivamente, las mejores en cuanto armas de fuego la primera y armas blancas la segunda, y en combate cuerpo a cuerpo sólo las ganaba Hielo, ellas en concreto tenían una apuesta con él, y es que el día que lograran derribarle, podrían quitarle "esa horrible perilla".

-Como ya he dicho, vamos a vivir todos juntitos, entrenaremos y comeremos todos en el mismo sitio para hacer piña… Y espero que nos vaya bien, la vida de uno depende de que los demás hagan su trabajo, así que no me falléis- los clones rápidamente se cuadraron, y los otros hicieron lo mismo en el acto.

-¡Señora, sí señora!- saludaron, unos con más ímpetu que los otros. Volvieron a formar entonces de la misma manera que habían ido, así que, una vez colocados, dieron la vuelta y volvieron en dirección al cuarto que iban a habitar a partir de entonces.

Este estaba situado en un pasillo con habitaciones especiales para entrenar tanto los clones y Jim con armas, como Patrick y William con la energía. Y tenía toda la pinta de no ser un entrenamiento sencillo, pues Laura había explicado que no había hecho nada más que empezar. Durante el trayecto de vuelta nadie habló, no se atrevían por miedo a la ira de Laura. Si los chicos ya la habían probado en sus propias carnes, los clones lo habían hecho ya también como modo de aprendizaje. Habían sido creados específicamente por orden de Asmae Starlight para crear un grupo para Laura, que había elegido una por una las características de todos ellos, prácticamente los había diseñado ella para ser perfectos. Y sin embargo había cuestiones de su personalidad que no eran posibles de saber hasta que no se les viera interactuar con los demás, así que había un cierto rango de imprevisibilidad en todos y cada uno de ellos, pero para eso ya estaba el entrenamiento y adoctrinamiento al que eran sometidos todos los clones, y que les hacían totalmente leales, salvo raras excepciones que eran rápidamente eliminadas.

No tardaron demasiado en entrar y ponerse a colocar las cosas, al principio con algo de tensión, hasta que Floresta le dio un azote en el trasero a Hielo para que relajara, cosa que hizo reír a todos salvo a Laura, que no sabía qué decir ante esa situación. Su fachada de dama de hierro cayó en cierta medida para los de la Tierra, que vieron cómo, en el fondo, no era más que una adolescente. Algo prepotente y venida arriba, pero una adolescente.

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(1) Nombre oficial de La Tierra.

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.