Código Galaxy
Capítulo 14
William daba vuelta tras vuelta en su camastro, incapaz de pegar ojo. Se decía a sí mismo que era por la calidad paupérrima de la comida que les servían en cafetería, y que más propia que de personas, era digna de los perros. También se autoconvencía que era por tener al lado a Jim, y que roncaba con la fuerza de diez truenos, pero todo era autoengañarse. Una forma de calmarse a sí mismo y que no serviría de nada, hasta que aceptara que le aterraba verse de nuevo en un mundo digital. Y peor aún, con una versión optimizada y mejorada al límite de Xana.
Eso era lo que más rabia le daba, tener que volverse a ver cara a cara con el que fue su amo durante un año, y que al le parecieron diez. Se sintió un objeto, una marioneta rota en manos de un villano loco e incapaz de sentir empatía alguna por su vasallo y al que únicamente veía como un peón, totalmente desechable. Esa sensación de ahogo en su pecho era casi una constante desde que se unió – forzadamente – a las líneas del Imperio. Para su suerte, aquella sensación fue, poco a poco, sustituida por una suerte de hermandad hacia aquellos que le rodeaban. Sin embargo, al saber que ahora tendría que verse en esas lides… quitarle el sueño era lo más suave que había sentido.
-¿Necesitas hablarlo?- abrió los ojos de golpe, aquel había sido Jim.
Se incorporó despacio, aturdido, y vio cómo él estaba ya poniéndose la ropa de abrigo, consistente en una sudadera negra con el símbolo del Imperio en el pecho. William se limitó a imitarle, mientras salían en silencio de donde dormían. No podían ir demasiado lejos, así que se limitaron a salir al pasillo y alejarse del dormitorio, para no molestar a los demás. Una vez estuvieron en una esquina, se sentaron y el adulto esperó paciente a que el otro hablara.
-Y-yo… no quiero ir- murmuró suavemente.
Jim suspiró despacio- ¿A lo de mañana?- y William se limitó a asentir.
-¿Por qué?- había tantas razones… ¿por cuál empezar? El adolescente se llevó las manos al rostro, y comenzó a gruñir un poco, rabioso. Alguna lágrima llegó incluso a aparecer entre sus dedos, pero por puro orgullo las retiró inmediatamente. Jim le entendía perfectamente, pese a todo.
-Yo fui un esclavo, hasta hace poco. En la fábrica… había un súper ordenador, con un mundo virtual. Al parecer Aelita viene de ahí…- Jim le miró de reojo.
Le sorprendía muchísimo, no se podía creer lo que estaba oyendo… hasta que recordó dónde estaba. Se limitó a dejarle seguir.
-En su interior habitaba una tal Xana que nos quería matar a todos, por suerte el grupo de Jeremy Belpois le paraba los pies cada vez que intentaba hacer algo, y…- oyó un golpe seco.
Aquel fue Jim, que había golpeado la pared con una sonrisilla victoriosa. No entendiendo nada, William siguió con la explicación.
-El caso es que yo tenía mis sospechas de ellos… ya sabes, salían a escondidas, cuchicheaban entre ellos, se hacían los misteriosos cuando les preguntabas… hasta que un día, no sé por qué, decidieron contármelo- tragó saliva despacio, buscando las palabras para expresarse.
-Yo… fui imbécil. El primer día que luché en Lyoko, Xana me tomó como su esclavo… Por no escuchar, por ir de chulo, por… por…- notó la mano del adulto en su hombro.
Sollozó unos instantes antes de seguir- Yo fui testigo de todo. De la muerte del padre de Aelita, de las muchas veces que casi les mato, de cuando fue destruido el Skid… y no podía hacer nada para evitarlo- golpeó el suelo con el puño rabioso.
-Y ahora… ¡y ahora tengo que enfrentarme contra esa mierda de nuevo, Jim! ¡Y no quiero! ¡Porque sé que puede pasar de nuevo, joder!- no acabó de gritar, no tenía ni fuerzas ni ganas.
El aludido asintió. Recordaba que hablaron de todo aquello un mes antes, cundo fueron tomados, pero apenas tuvieron tiempo para ello y en los ratos libres el muchacho prefería charlar de cualquier cosa, nunca llegó a sacar el tema y ellos tampoco es que lo preguntaran, precisamente. Y ahora todo aquello volvía a salir, pese a haberlo reprimido desde ese día.
-Casi les mato y hago del mundo un lugar horrible, y ahora… ¡ahora tendremos que hacer lo mismo por culpa de estos hijos de puta, Jim!- su voz sonaba ahogada y apagada, como si le dieran miedo sus afirmaciones.
Pero su tono demostraba que su mente lo necesitaba. Necesitaba desgañitarse, perder incluso la voz durante una semana y soltar todo lo que tenía dentro. Conociendo perfectamente esa sensación, y que era necesario liberar tensión en algún momento pues de no hacerlo se resentiría a futuro, Jim se levantó e indicó al adolescente que hiciera lo mismo. Este lo hizo algo desganado, estaba cansado por la falta de sueño y el ejercicio que hicieron durante aquel día, sumado a que apenas había descansado nada y que era madrugada.
Jim alzó las manos por delante y se notaba que las tenía en tensión- Golpea mis palmas- pidió. William alzó una ceja sin entender demasiado, y chasqueó la lengua. No tenía ganas de aquello, así que se limitó a encaminarse al cuarto de nuevo.
Un ruido sordo y casi cae al suelo por la potente colleja que le propinó el otro, que sonreía de medio lado. Se giró, furioso, y se colocó en posición.
-¡Te vas a enterar, abuelo!- y comenzó entonces.
Los reflejos de Jim, mucho más entrenados que los del muchacho, le permitían interponer las manos antes que los puños del otro llegaran a su cara. Le dejo darle todos los golpes que quisiera, la fuerza del otro se comenzaba a notar pero sus manos desnudas podían encajarlas bien, y sin embargo de vez en cuando le soltaba algún bofetón.
-¡Venga, Dunbar! ¡Muéstrame tu rabia, muchacho! ¡Más, más fuerte!- este ya sudaba llegado el momento pero seguía dándole golpes al otro.
-¡Me cago en Xana! ¡Y en el Imperio, y en la zorra de Laura, y en todo, ME CAGO EN TODO!- mientras chillaba ya había perdido toda compostura y técnica de golpeo y se limitaba a usar brazos y piernas.
Jim se protegió la cabeza y laterales con los brazos, tensando los músculos para defenderse como pudo del ataque de rabia del adolescente, y que cayó al suelo, sudando y con el rostro enrojecido.
-¿Mejor, chaval?- preguntó, tenía la respiración entrecortada. Se colocó en cuclillas delante del otro.
-No soy psicólogo, ni pretendo serlo. Pero sí soldado, y a mucha honra. Y sé lo que significa las mierdas que me has contado. Las he vivido en primera persona- bajó la cabeza pensativo y se rascó la barba un poco.
-Yo estuve en ejército, llegué incluso a capitán. Sin embargo, siempre ves mierdas… Muchas mierdas, más de las que ninguno debiera vivir. He matado y he visto matar, a militares y a civiles, y es una basura… y ahora… tendré que hacerlo de nuevo, quiera o no- suspiró pesadamente.
William no entendía por qué le contaba aquello e iba a hablar, pero Jim le detuvo con un gesto.
-¿Sabes? Yo estuve como soldado en muchos países de África, en misiones de paz. Ayudé a… más gente de la que me puedo recordar. La luz en los ojos de aquellos niños…- su mirada se apagó ligeramente entonces.
-Estábamos en un pueblo perdido de la mano de Dios, en el centro de una selva del Congo. Además de hacerles pozos y casas también enseñábamos lo básico a los niños locales… yo era feliz allí, ayudando de verdad y sin postureos, hasta que… llegaron unos fundamentalistas hijos de puta, y… y…- unas lágrimas amenazaron con salir.
William le escuchaba en silencio, atónito- Lo demás te lo puedes imaginar. Por suerte estábamos nosotros, pero por poco ni siquiera lo contamos… Fue ese día que me lesioné- se retiró algo la ropa.
Había perdido buena parte de la tripa que siempre tenía, y levantó algo el brazo derecho. El muchacho notó entonces una ligera cicatriz en el lateral de su cuerpo, justo debajo del antebrazo.
-Para mi suerte me pudieron sacar las balas, pero me hicieron papilla el pulmón de ese lado… por eso me costaba tanto el ejercicio aeróbico, y aunque mejoré con el tiempo, ya no estaba en condiciones de ir al frente. Creo… que aquello que nos corre ahora por la sangre hizo lo que los cirujanos en su día no pudieron- se miró la mano en silencio.
Pero en seguida la desvió al rostro del otro- Os juré que os sacaría de aquí, a ti, a Patrick y a Suzanne. Puede que hasta los clones se quieran sumar… pero te necesito en todo tu esplendor, chaval- le tendió la mano con una ligera sonrisilla.
-Si este viejo zorro, tras lamerse sus heridas, se pudo reponer… ¿Qué no lograrás tú, Will? Eres un guerrero, como yo, y tienes la ventaja de la juventud- pero el otro no parecía muy seguro.
-Solo soy un crío, Jim… uno muy problemático…- pero el otro negó.
-Bah, volvamos a la cama, anda- sorprendido por el cambio de actitud del adulto, se levantó igualmente.
Una vez entraron al cuarto, se encontraron con un somnoliento Patrick despierto, y preguntándose dónde estaban los otros dos. De hecho a la mañana siguiente este ni se acordaba de aquel suceso, los otros lo supieron pues cuando se lo comentaron él no parecía entender de qué hablaban. Se estaban vistiendo para ir a desayunar, mientras las chicas hacían lo mismo en el vestuario que tenían en el mismo cuarto.
-Joder, ¿y estás mejor, tío?- le preguntó. William suspiró.
-Sigo en la mierda, pero… Como dijo Jim, soy un guerrero. Es mi deber- y que lo fuera era una enorme mierda.
Se suponía que su estrés en esos momentos debía ser prepararse los parciales, no la posibilidad de morir en el frente. Pero su realidad ahora era otra, y se debían adaptar. Gracias a que estaba Jim allí y les metió en vereda en cuanto vieron que la teniente Gauthier no iba en broma.
-Me alegra oír eso… hoy vamos a necesitar estar en nuestra mejor versión- comentó el otro.
Jim asintió- Sí… Los clones van a darlo todo, nosotros no podemos ser menos- miró de reojo cómo Tornillos se les acercaba.
Se cuadró ante sus superiores- Señores, estamos preparados. ¿Esperaremos a la teniente fuera, como siempre?- preguntó, y Jim asintió.
-¿Dormisteis bien vosotros?- preguntó Patrick. En ese momento se les incorporó Tornillos y Vientos.
El primero llevaba puesto sus guantes blancos, mientras el segundo bostezaba un poco, le rugían las tripas incluso desde allí. El mayor gruñó molesto y estuvo a punto de darles un golpe en el vientre para que se portaran, pero aquello lo tendría que hacer alguno de sus superiores, pues tenían más autoridad que no él.
-Pues no mucho, hubo algo de jaleo ayer, ¿sabéis algo?- preguntó Hielos. William suspiró.
-Fuimos nosotros. Teníamos… que hacer algo importante. Pero ya está todo solucionado- atajó Jim, sonriendo satisfecho.
Salieron entonces todos al pasillo, mientras algo similar pasaba con las mujeres. Suzanne se colocaba la ropa en silencio, Laura se observaba al espejo con determinación, y Floresta cuchicheaba con Blancas y Negras sobre la mayor, les seguía sorprendiendo que aquella mujer estuviera allí. Era… ligeramente mayor para lo ideal, la verdad. Suspirando, esta se incorporó y se estiró algo.
-¿Vamos ya, teniente?- preguntó, y esta suspiró pesadamente.
Se giró y las encaró, seria- Hoy es un día importante… Pero prefiero hablaros a todos de una- abrió la puerta del vestuario y les indicó que salieran hacia el pasillo.
Una vez que todos estuvieron juntos, y colocados en fila pegados a la pared y en formación, comenzó a hablar.
-Efectivamente, hoy es un día importante. No solo estaremos cara a cara frente a un escuadrón de élite para medir nuestro rendimiento, además sabremos cuales son los poderes de Belpois y Dunbar, y conoceremos al último integrante de nuestro grupo- explicó.
-Hemos… entrenado duramente durante este mes, y aunque me espero comer polvo virtual, también sé que podremos defendernos. Si somos capaces de eliminar al menos a cinco de los doce, me sentiré más que satisfecha de nuestra labor- miró a Jim a los ojos.
-Te encomiendo a los clones, Albóndiga. Me alegra ver que pronto solo será un mote sin relación con la realidad, por cierto- este sonrió orgulloso.
-Sí, mi teniente- respondió. Luego pasó a los dos adolescentes.
Bajó algo la mirada- Espero lo mejor de vosotros. No me falléis, y os prometo honor y gloria. Hacedlo… mejor que no lo tengáis que saber. Susy- esta se tensó.
-¿Lista para tus exámenes?- preguntó entonces, y esta asintió.
-Perfecto. Dependemos de ti ahora. ¿Lo has memorizado todo como te dije?- y asintió.
-Bien. Vamos, pues- todos se cuadraron ante ella, que sonrió con confianza en su tropa, e indicó que comenzaran a moverse.
Marcharon en formación en dirección al ascensor a buen ritmo, con Laura de frente, Jim y Suzanne en primera línea, luego Patrick y William, estando tras ellos Hielo con Vientos, seguidamente Blancas y Negras, y finalmente Tornillos con Floresta. Esa misma formación la llevaban cada vez que se debían mover y ya la adoptaban de forma natural. Descendieron todos en grupos de tres hasta la planta baja del edificio en el que residían, y que habían visitado cada día, cuando iban al exterior a entrenar y correr todos juntos, en especial William y Patrick, pues era el lugar ideal para aprender a usar la energía.
Sin embargo no salieron de la enorme sala de entrada. En su lugar, y en vez de pasar por el centro para identificarse y poder salir, se limitaron a ir hacia un lateral, a un área restringida incluso a los Xanium del Imperio, y a la que sólo podían acceder con un permiso especial, o siendo uno de los ingenieros que trabajaban con los súper ordenadores que había en el fondo de las instalaciones, bastante profundo en la superficie del planeta. Aquellas instalaciones eran las mismas que las Republicanas, igual que con las naves y diseños internos de los aparatos, instalaciones, vehículos, y hasta para los protocolos de seguridad.
-Suzanne- Laura se detuvo a unos pocos metros de la entrada a la sección especial. Esta se adelantó y se colocó a su lado. La joven suspiró.
-¿Lo tienes todo listo? Sobre el papeleo- preguntó, y la mayor asintió. Siguió adelante, por detrás iban los demás y, una vez que se identificó ante los clones que guardaban las puertas, y tras ser cacheados por un par de Xanium, pudieron acceder a la siguiente parte, ya restringida y que únicamente conocía Suzanne, y tampoco demasiado.
De hecho sólo sabía bajar hasta los súper ordenadores, desconocía qué más había, o su localización. Tampoco es que hubiera preguntado, y de haberlo hecho lo más seguro es que no hubieran dicho nada. Todo era bastante secreto, lo cual era mejor. Cuanto menos supiera, menos información podrían sacarle llegado el momento en caso de ser apresada y llevada a interrogar… Pensando en ello fueron hasta el fondo del pasillo, rodeados de puertas y con suaves murmullos de gente hablando en el interior de los cuartos, pero su destino no era ninguno de estos. De hecho, en realidad fueron hasta el ascensor que había, y que era más como aquellos que se encontrarían en la Tierra, en vez de aquellos tan futuristas que había por todos lados.
-Me recuerda a los que usábamos en la base de Oregón… qué recuerdos- comentó Jim, sonriendo campechanamente. Era lo bastante grande como para tener en su interior, al menos, a dos escuadrones como el suyo.
Era el típico montacargas de una fábrica, a William de hecho le recordaba a aquel que llevaba al súper ordenador que frecuentaba el grupo de Belpois.
-¿Oregón? Suena delicioso- murmuró Estrella, mientras se imaginaba algún plato, casi como siempre hacía.
-Es un lugar de la Tierra, no un plato de comida- atajó Hertz, seria, mientras los otros dos suspiraban.
-¡Listos todos! ¡Firmes!- de pronto el grito de Laura les sacó de la conversación, a la vez que se abrían las puertas.
Obedecieron de inmediato, y la muchacha se colocó delante de todos para estar así al frente. Cuando se abrieron plenamente, salieron en formación con Laura por delante y yendo directa hacia el ordenador cuántico que les habían asignado. Era una gran sala con pequeñas plataformas en las que había técnicos trabajando usando interfaces que brillaban un poco pero sin llegar a hacer daño a la vista, sin cables por el suelo y con luces fluorescentes a lo largo del suelo, paredes y techo como única iluminación. Varios guardias protegían la sala, tenían armas láseres tipo L-500 y que seguramente pudieran arrancarle la cabeza a una persona de un solo tiro. La mayoría de ellos estaban en una postura tranquila, sin embargo otros estaban algo nerviosos. Cuando observaron uno de los ordenadores cuánticos, se dieron cuenta que en torno de la interfaz había un par de personas que parecían estar hablando con el técnico que llevaba el aparato. Una de estas se dio la vuelta cuando les oyó llegar, tenía apariencia humana.
Su pelo negro lo tenía bien peinado, de tal forma que caía ligeramente en su hombro y con la parte delantera más corta que la trasera, formando así una línea descendiente. Sus ojos pardos eran suaves aunque en su rostro había cierta determinación, se sorprendieron al notar que revisaba los rostros de cada uno en apenas segundos. Llevaba ropa militar de gala, con sus medallas brillando algo en su pecho, se trataba de toda una coronel del Imperio.
-¿Estáis listos?- preguntó, mientras se acercaba.
Debía ser una guerrera excepcional, pues por su rango solo tenía por delante a los generales del Imperio. No estaba nada mal, más cuando parecía tener la edad de su maestra, Starlight. Sin embargo no tenía pinta de ser un Xanium, no tenía ni siquiera una espada de luz al cinto, por lo que debía ser un militar de esos que aprendían en una clase y no en el campo de batalla. Se sentía en cierta medida insultada, pero no podía comentar nada por respeto. Comprobó que en sus manos tenía una tablet, pero apenas pudo pensar en ello, pues la otra habló.
-Sí, mi coronel- la saludó entonces cuadrándose, junto a ella todos los demás.
-Bien. Os presento a Yekira Obara, será el último de los miembros de vuestro grupo. Yo, Darioya, seré vuestra instructora y haré un informe sobre vuestras puntuaciones de hoy para saber en qué debéis mejorar. Dad lo mejor de vosotros, cuando terminéis vuestra formación se os hará otra prueba en este mismo sentido- Laura asintió, seria.
La tal Yekira se giró. Era una hembra de Delta Leonis 7, Mebara. Sus ornamentaciones de cartílago caían hasta su pecho, su piel era del color de la tierra y sus grandes ojos verdes se clavaron en las pupilas de Patrick, que se sonrojó un poco, hasta su corazón se aceleró. William no se contuvo y le pegó un codazo en el lateral de su cuerpo, haciendo que recuperara la compostura.
-¡A sus órdenes, mi teniente! ¡Cumpliré con gusto sus órdenes!- se cuadró de forma inmediata cuando la otra terminó de hablar. La aludida sonrió ligeramente, complacida.
-Bien, al menos ha llegado ya aprendida. ¿Llegaste a pasar las pruebas?- preguntó, pero esta negó.
Era aún joven, media aproximadamente metro sesenta y en edad humana tendría aproximadamente 15 años. La coronel habló entonces.
-Tampoco es que eso demuestre nada. Hoy mismo luchareis para saber en qué niveles estáis- se cruzó de brazos entonces.
-Espero que, de ser necesario, tome las medidas oportunas señorita Gauthier- les indicó entonces que fueran hasta la sala de escáneres de más abajo, tras descender por unas escaleras manuales.
Mientras ellos abandonaban la sala, a excepción de Suzanne y a la que le ordenaron que esperara a unos tres metros, la mujer se centró en el técnico- Ponles el terreno 23, veamos como responden. Ponles dificultades meteorológicas y en el atardecer- el otro asentía mientras programaba.
-A ver… sí, también atmósfera y media de presión y la gravedad un 5% más alta de lo normal- mientras hablaban, revisó las notas que tenía en su tablet. Había recibido instrucciones claras, había que ponerle las cosas todo lo difícil que se pudiera.
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
En la sala inferior, el grupo esperaba paciente a que les indicaran a qué escáneres debían entrar. A William le recordaba a los de la Tierra, solo que sin la maraña de cables en su base, y con números en su parte superior del 1 al 50. Les avisarían por la megafonía, y de hecho fue la voz de Hertz la que escucharon por todas partes.
-¿Estáis listos?- preguntó, la oían teclear. Los demás sonrieron un poco.
-Sí, adelante- Laura puso sus brazos en jarra, a la espera.
Segundos después la mujer respondió de nuevo- Vais a entrar a los escáneres 7 a 12 en dos grupos, primeros irán Laura, William, Patrick, Jim, Yekira y Hielo. Los demás irán en la siguiente tanda- los aludidos asintieron.
Estos entraron, despacio, sin saber muy bien qué se iban a encontrar, pero William sí- Si es como en el súper ordenador de la fábrica, apareceremos en el cielo y caeremos en el suelo desde varios metros… y no caigáis en el mar virtual o no podréis volver- él aún no había entrado al escáner y los demás tenían casi medio cuerpo dentro.
-¿Fábrica?- preguntó Yekira, sin entender, Patrick le hizo un gesto – que tampoco llegó a entender – sobre que luego se lo explicarían.
Laura sonrió de medio lado- Entra, anda. Te sorprenderás- el otro solo gruñó. Quien avisaba no era traidor, como se solía decir…
En cuanto lo hizo las puertas de los escáneres se cerraron. Las luces de su interior se encendieron, el viento comenzó a aullar mientras se arremolinaba y movía su pelo y ropa. Segundos después fuertes flashes les deslumbraron, y un instante más tarde, ante ellos apareció una gran explanada, en medio de una ciudad en ruinas. Truenos retumbaban por todas partes y una cortina de lluvia caía sobre el suelo, pero claramente era agua virtual y no real. Los seis aparecieron formando un hexágono, virtualizándose en el aire y empezando por la cabeza, tras lo cual cayeron al suelo. Se miraron entre ellos con interés.
William conservaba su traje de dos colores, gris y azul algo oscuro, con una gran espada zweihänder, casi tan grande como él, apoyada en el hombro. Era lisa de un tono grisáceo, con un mango rojo y la parte inferior de la hoja con un triángulo blanco. Patrick, por su parte, contaba con un traje de un tono marrón con motas verdes, guantes negros y una cinta roja en la frente, tenía en las mismas una suerte de hoja en la mano, y que brillaba ligeramente. Jim en cambio parecía un soldado de asalto a lo película americana, con una metralleta en las manos y un cinturón cargado de vete a saber el qué. Tenía pintadas las mejillas con tres franjas: verde, negro y marrón, así como en la barbilla y la frente.
Laura contaba con un mono de un tono azulado claro, con un casco que cubría su cabeza en su totalidad salvo su rostro, no mostrando apenas piel más que las falanges y la propia cara. Tenía botas altas y unos guantes negros con unos pinchos blancos en los nudillos. En cuanto a Yekira, tenía una suerte de armadura que protegía su pecho, antebrazos y muslos, teniendo las demás partes cubiertas por una tela blanca y que no dejaba ver la piel de su cuerpo salvo la del rostro y manos. Tenía unos anillos dorados en muñecas y tobillos, en estos estaban escritas unas letras a lo largo de su circunferencia pero que no llegaron a leer.
Por último, Hielo y los demás clones tenía un mono blanco con sus armas L-300 en las manos, con botas y un casco de ese mismo color y que podían quitárselo y ponérselo como un complemento más. No tardaron en llegar los demás, y que se les unieron rápidamente, tras lo cual se cuadraron inmediatamente ante su superiora.
-Tenéis que ir a las siguientes coordenadas para la lucha, a 3º Norte, 15º Oeste. Yo os guío- entonces comprobaron su entorno por primera vez desde que llegaron.
Se encontraban en un terrero parecido a una gran ciudad, pero mucho más grande de lo que Suzanne jamás había visto, y eso que ella había visitado las grandes capitales europeas. Las calles estaban totalmente desiertas, los edificios estaban medio derruidos y grandes boquetes moteaban el pavimento que estaban pisando. Veían grandes bloques de diversos materiales formando montículos, así como vehículos de todo tipo a modo de pequeñas barreras o barricadas. Avanzaban en una pequeña formación, como si pudieran atacarles en cualquier momento, y de hecho seguramente ese fuera el ejercicio que tenían que realizar: repeler un ataque enemigo que iba a llegar en el momento más inesperado y que les obligaría a estar constantemente atentos. Por suerte ella era capaz de crear grandes barreras de energía para defenderse y poder recorrer distancias elevándose en el aire.
-Suzanne, comienza a realizar el escaneo del grupo- ordenó Laura, estaban refugiándose tras unos pedruscos antes de atreverse a seguir adelante.
Esta asintió- Estoy en ello, mi teniente- afirmó entonces, mientras tecleaba.
En su pantalla aparecieron los avatares virtuales de cada uno de los miembros no clones del grupo, pues estos no tenían que ser analizados, no de forma urgente al menos. La coronel observaba todo el proceso en silencio, con un ojo de vez en cuando en la pantalla y que permanecía permanentemente colocada en la esquina superior derecha de la pantalla, desde la que podía observar los movimientos del grupo, y así evaluarles adecuadamente. En su tablet tenía también la posición en tiempo real de los soldados de élite que estaban ya allí, y que les estaban acechando ya en esos momentos.
-Bien, los tengo. ¿Te doy los datos?- apenas tardó un minuto en tenerlos todos listos. Estaba algo nerviosa y de vez en cuando tenía que reescribir algún código, pero por ahora estaba haciéndolo todo con bastante rapidez.
-Sí, adelante. Céntrate en Patrick y William- ordenó, esta asintió.
-Patrick tiene… aquí pone hojas de energía, mientras William… algo llamado transportación- Laura, en el mundo digital, sonrió de medio lado complacida.
-Perfecto… Yekira, ¿Cuál es tu poder?- le preguntó entonces, ésta la miró.
-Súper velocidad, señora- afirmó entonces ella, y Laura asintió, pensativa.
-Adelántate un poco y revisa el territorio. Recorre las avenidas, y hazte un mapa mental de los alrededores- ordenó, y la otra asintió.
-No tiene sentido, estoy yo aquí. Os puedo guiar- comentó Suzanne. La teniente asintió, despacio.
-¿Puedes ver al enemigo? -preguntó ella, seria. Había demasiada tranquilidad en esos momentos, cosa que no le gustaba en absoluto.
Suzanne se ajustó el micrófono entonces- No, están ocultados de alguna forma. Sólo me salís vosotros- afirmó, en la pantalla efectivamente sólo se veían los doce triángulos rojos y que simbolizaban a sus compañeros.
-Yekira, ve. No hay tiempo- ordenó tajante Laura. Suzanne frunció algo el labio.
-Teniente, puedo…- pero la otra le cortó.
-No, no puedes- la voz de Laura se oía autoritaria y sin atisbo a dejar decir nada por parte de la mayor, que se limitó a seguir tecleando.
La joven sería su superiora directa, pero se estaba equivocando. La razón por la cual no podía ver a los clones del otro comando la desconocía, y probablemente aquel fuera su prueba, el saber cómo descubrir el secreto y poder verles desde su posición. Seguro que se estaban moviendo de tal forma que no salía en su radar, o tenían algún tipo de protección usando un programa que impedía el rastreo. Se puso a codificar rápidamente, apenas llevaba un mes pero había aprendido a marchas forzadas, y mientras pudiera seguir las indicaciones de Laura – salvo esa – no recibiría los gritos de ella. Por lo poco que sabía, igual era desfavorable el tener iniciativa propia en una institución tan rígida y jerárquica como lo era un ejército, pero si quería evitar un desastre, tendría que hacerlo. Puede que más adelante se arrepintiera, pero los problemas era mejor afrontarlos cuando llegaran.
Por su parte, y de vuelta al mundo virtual, Yekira corría a toda velocidad por las calles, dejando una estela de energía tras ella, y que emanaba de su cuerpo mientras usaba sus poderes. Gracias a las maravillas de la relatividad podía ver todo a cámara lenta, lo que le permitía reaccionar con facilidad a todo lo de su alrededor, aunque ella se vía a su misma a velocidad normal. Mientras corría, cosa que le encantaba, le gustaba pensar en sus cosas y meditar un poco, y en ello estaba, hasta que vio a un grupo de clones avanzar justo delante de ella, yendo de unos escombros a otros.
-Mierda…- a la velocidad que iba no podía hacer un giro en 180º y así cambiar de dirección para volver con los demás, de hecho tendría que frenar un poco antes de poder hacerlo, lo que la dejaría vulnerable a los disparos.
Tendría que acelerar, de hecho. Sí, acelerar y poder recorrer una fachada hacia arriba, hacer un suave giro a lo largo de la misma, y de esta manera ir alterando su trayectoria poco a poco sin que sus piernas acabaran quebradas por las fuertes presiones que tendrían que soportar de la otra forma. Miró a la derecha y frunció el ceño, no era lo suficientemente alta…. ¿Podría correr por los tejados? Por suerte para ella, Suzanne habló.
-¿Me oyes?- y la aludida sonrió.
-¡Sí, perfectamente! Estoy en una muy mala situación, eh…- oyó como suspiraba.
-Tranquila, estas a 500 metros, tienes distancia. Ve a tu izquierda, el derecho por ahí es intransitable para ti. Luego, cuando te indique…- se quedó callada entonces.
Yekira frunció el ceño, tendría que seguir esas instrucciones e improvisar luego. Por suerte tenía más o menos claro por dónde había ido, pero era plenamente consciente de que se podría llegar a perder…
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
Mientras, Laura estaba observando permanentemente el frente, mientras tenía a Hielo al otro lado, vigilando los laterales por estar colocados en una esquina. Por su parte, había colocado a Jim en el edificio que tenían justo por detrás, de tal forma que podía vigilar mucho mejor los alrededores y que de esta forma no les pudieran sorprender por ningún flanco. La teniente había decidido parapetarse allí mientras esperaban a que su compañera volviera con la localización del pelotón rival, sin que Suzanne en teoría estuviera haciendo nada, en teoría, para descubrir la localización de estos.
-¿Dónde está Obara, Hertz?- preguntó seria, se estaba impacientando.
-Creo que los ha encontrado ya, teniente- murmuró, y Laura sonrió un poco.
-Guíanos- se levantó de un tirón, e indicó a los demás que lo hicieran igualmente. Sin embargo, la otra tenía otra idea.
-Aún no la han visto y creo que no saben dónde estáis realmente, si me dejas puedo…- la mujer se sorprendió del tono de la otra.
-¡He dicho que no, Suzanne! ¡Lo haremos como YO he dicho!- y saltó de entre los escombros, con cara de pocos amigos.
Sabiendo que poco podría hacer, Hertz se limitó a marcarle la localización de los enemigos en el mapa. Sin embargo, para ella había algo raro… ¿por qué no acribillaron a Yekira a tiros? No podía ser que no la hubieran visto, menos cuando pasó tan cerca y haciendo muchísimo ruido. No lo entendía, no tenía sentido… salvo que solo fuera una distracción. Esa posibilidad, que no era demasiado descabellada, la llevó a redoblar esfuerzos y así descubrir qué estaba pasando.
Mientras los demás se dirigían hacia aquel grupo, Yekira se refugió en los tejados del lado derecho de la calle, observando a aquellos clones. Se movían rápidamente, saltaban entre los escombros y pasaban ágilmente entre los mismos. Les tendría que tener en todo momento bajo vigilancia, no fueran a hacer nada extraño. Y a la vez, tenía sus sentidos alerta por cualquier cosa que ocurriera en su entorno, pues tampoco se fiaba. Solo oía su respiración y la suave lluvia cayendo… hasta que un fuerte escalofrío recorrió las colas de cartílago de su cabeza, había algo que fallaba en todo aquello… y se confirmó al oír la voz de Suzanne.
-Los demás van en tu dirección, pero hay un segundo grupo. ¿Cuántos están en los que has visto?- preguntó, seria.
Por mucho que fuera de élite, Laura había dicho que de doce no bajaban, y dudaba que en aquella ocasión fuera a ser diferente, más si había dos de ellos que también eran de alguna forma, de los mejores.
-Seis… son seis…- murmuró, mientras los contaba señalándolos con un dedo.
Oyó un suspiro antes de la respuesta de la adulta- Dame un minuto- pero la otra frunció los labios.
-Puede que no tengamos un minuto…- gruñó, mientras se rodeaba de sus poderes.
Aceleró, impulsándose con las piernas con toda la fuerza que esta le permitía ejecutar, y se movió con la velocidad del viento a lo largo de los techos, saltando hacia los edificios que tenía enfrente y aprovechando que estaba lo bastante cerca como para poder aterrizar al otro lado, teniendo que dar una voltereta para no acabar sin piernas. Mientras recorría el aire pudo oír los disparos láser, aunque por suerte para ella ninguno llegó a dar en blanco. Según caía y su cuerpo golpeaba el suelo, oyó a Suzanne hablar.
-¡Ya les tengo, les tengo! ¡Están a cincuenta metros, cúbrete!- la aludida gruñó, mientras palpaba su cuerpo.
-Creo… creo que has perdido veinte puntos de salud- murmuró, pero eso no era lo importante.
Por fin había descubierto el secreto: la lluvia. Era la cortina de agua la que impedía a su radar poder saber dónde estaba el enemigo, así como un fuerte programa de ocultación y que si bien era complicado de desmontar, ella había sido capaz de lograrlo en tiempo récord. Se sorprendía a sí misma de esa capacidad, pero luego habría tiempo para poder felicitarse y darse palmaditas en la espalda.
-¡Avisa al resto, voy con ellos ya, hay que reagruparse!- justo entonces sobre ella cayó una lluvia de láseres y que pudo esquivar por pura suerte, ya que aún estaba rodeada de su energía.
Los vio llegar por el rabillo de ojo y se tiró al suelo antes de que fuera tarde, pero claramente buscaban el que pudiera esquivarlos. En condiciones normales hubiera acabada con más agujeros que un colador, pero luego pensaría sobre aquello. Aceleró y bajó por las paredes, mientras Suzanne informaba de sus logros a Laura, que, junto a los demás, corría todo lo rápido que podían en esa dirección.
-¡Teniente, les tengo! ¡Os indico!- esa vez no estaba dispuesta a dejarse amilanar por la más joven.
-Estaban divididos en dos grupos de seis, pretendían rodearnos y que picáramos el anzuelo de uno de ellos, para, estando entretenidos, que los otros nos pudieran atacar por detrás sin problemas- mientras hablaba tecleaba rápidamente para mandarles la localización de cada uno de los escuadrones, para así tenerles en vigilancia.
A la vez, y en el mundo virtual, el cielo se despejaba y el Sol permitía ver el entorno. Laura fruncía algo el ceño, enfadada, pero no diría nada. En cierta media sentía orgullo por la otra, aunque no lo fuera decir en ningún momento por, precisamente, sentirse ligeramente humillada en su ego por las acciones irrespetuosas a sus órdenes de la otra.
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
Observando todo aquello se encontraba la coronel, y que no perdía detalle de las acciones de todos y cada uno, dando instrucciones silenciosas a los clones que estaban en el campo de batalla. A la vez, el operador del ordenador cuántico tampoco quitaba la vista de los dedos de Suzanne, para así ver qué estaba programando, y sobre todo, el cómo. Todos estaban nerviosos y estaban cometiendo fallos, tendrían que mejorar mucho en ese sentido…
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
En poco tiempo Yekira se juntó con los demás en un callejón, y se movieron hasta la salida del mismo, que daba a una avenida. Delante estaba el pelotón de clones, también reunido de nuevo en un único grupo de un total de 12 de ellos. Se estaban parapetando, y había que evitarlo en todo lo posible. Si esa gente eran de los mejores, como seguramente así lo fuera, no podían permitir que pudieran acomodarse en la posición, de la cual serían incapaces de sacarles a posteriori.
-¡A por ellos, en formación!- chilló Laura, y fue hacia adelante a por el enemigo.
Iba ella con Yekira la primera, con sus espadas de luz y que Suzanne les programó de forma inmediata gracias a que en los archivos del ordenador cuántico ya estaban creadas. Detrás, los clones avanzaban formando una U, disparando en todo momento incluso mientras corrían. No tenían esperanzas de darle a ninguno de los rivales, pero al menos les apartarían lo suficiente de sus posiciones para obligarles a retroceder. Jim iba con ellos con una sonrisa de satisfacción, indicándoles que se movieran y abrieran la formación poco a poco, aumentando la distancia entre ellos. A la vez, Patrick y William irían por detrás, empuñando cada uno una pistola L-300 y que les prestaron Floresta y Tornillos.
Corrían raudos por las calles, siguiendo las indicaciones de Suzanne, y que les permitirían alcanzar las espaldas del pelotón de clones al que se estaban enfrentando. Pero a esa velocidad no les iba a dar tiempo, y eran conscientes de ello. Fue en ese momento que, pese a que no le hiciera especial gracia debido a los malos recuerdos que le daba la mera mención de aquella técnica, William decidió que era el momento idóneo para usar su principal poder. Tomó la mano de Patrick, que le miró con sorpresa sin entender demasiado qué estaba haciendo.
-¡Súper humo!- su cuerpo se vaporizó y se convirtió en una suerte de nube de color gris, y junto a él, el otro muchacho.
En ese estado, se movieron a toda velocidad sin producir ruido alguno, pudiendo girar sobre sí mismos sin ningún tipo de problema, elevarse en el aire, meterse entre recovecos… era una suerte de súper sprint mejorado en ese sentido. En ese estado, todos los sentidos de William se agudizaban y le permitían desplazarse sin problema alguno, aunque al tener que cargar con su amigo no podría estar todo el rato que de normal sería capaz. De hecho tenían intención de volver a materializarse unos pocos metros por detrás de los clones, pero se encontraron con que estaban enfrentando bastante bien.
De hecho, nada más lanzarse contra el enemigo, este había logrado revolverse y ahora atacaba con toda la potencia de fuego que tenía. Laura se había colocado justo delante del resto de grupo, mientras sus manos se iluminaban y una gran barrera de energía de color celeste se formó, de apenas un dedo de grosor y que, cada vez que recibía un impacto, en su superficie aparecían hondas en los lugares en los que caían los láseres, como si fuera un lago sobre el que se precipitaba la lluvia. En menos de un minuto, y a la vista de que así no podrían permanecer mucho rato, Yekira dio un grito, se rodeó de sus poderes, y salió de las protecciones y se lanzó a por ellos, espada de luz en mano.
Patrick, al ver eso, gruñó y también se lanzó a por los clones enemigos. William fue tras él, le hubiera gustado poder planear algún movimiento importante o que les ayudara a ganar. Tuvo entonces recuerdos turbios de su yo del pasado, de cuando se lanzó a lo loco, y por unos instantes se quedó bloqueado en el sitio mientras veía como su compañero iba hacia el frente sin casi dudar de ello. Pero también le llegó a la mente aquella conversación con Jim la madrugada anterior… él era un guerrero, y como tal debía actuar. En todo ese rato no había visto a ninguna IA, de hecho ni la oyeron hablar en ningún momento… igual ni siquiera podían acceder a ella de forma normal, siendo en ese caso un miedo totalmente infundado, el suyo.
Por ello, se lanzó a por ellos, espada en mano. Patrick ya estaba en ello, había pegado un gran salto y había caído en medio de todos los clones, y que se sorprendieron mucho al verle estar entre ellos, parando así de inmediato los disparos. De hecho serían sus compañeros los que comenzaran entonces a disparar, no sin antes Laura retirar antes la pared de energía, y que observaba aquello sin dar demasiado crédito a lo que pasaba frente a ella, pero una sonrisilla divertida apareció en su rostro.
-¡Adelante! ¡Jim, de frente!- y comenzaron a correr.
Sabía perfectamente que no iba a ser tan fácil, y, efectivamente, así fue. Patrick recibió tres tiros en el estómago, desvirtualizándose en ese instante, y un destino similar sufrió Yekira, que al menos se pudo defender de los mismos usando su espada de luz, pero no fue capaz de protegerse de tantos disparos al mismo tiempo. Pudo, sin embargo, devolver bastante de aquellos ataques al pelotón enemigo, acabando con un par de ellos en el proceso.
En cuanto pudieron, se recolocaron en formación pero se notaban las bajas que habían logrado los otros dos, y que William logró llevar a más con su espadón, con la que ensartó a otros dos para segundos después también acabar desvirtualizado. Quedaban en el bando de Laura nueve, y en el contrario, ocho. Sin embargo, la superioridad numérica no significaba absolutamente nada. Y Laura lo sabía, y sobre todo, era consciente de que no podía dejar que los otros se limitaran a atacar mientras ellos se defendían como podían tras sus defensas. Tenían que atacar cuanto antes, y que fueran los otros los que se tuvieran que parapetar tras un muro.
-Muy bien… vamos a mostrarles el poder de un Xanium bien entrenado…- sonrió entonces con cierto orgullo, y se concentró.
Cerró los ojos y comenzó a mover los dedos. Las armas de los clones enemigos comenzaron a temblar y en unos pocos instantes una fuerza invisible provocó que estas salieran disparadas varios metros hacia adelante, y casi al mismo tiempo, un grito femenino fue seguido de una lluvia de láseres y que provocaron la desvirtualización de otros tres clones, pero los cinco que quedaban aún tenían un as bajo la manga. No eran de la élite por nada, y por ello se colocaron tras sus protecciones al quedarse sin esa opción para poder atacar.
-¡A por ellos!- aquel fue un error grave por parte de la teniente, y es que nada más acercarse, notaron cómo por encima de ellos volaron unas esferas.
Se dieron cuenta demasiado tarde de que eran bombas. Y aunque los otros clones también las tenían en sus uniformes no cayeron en que podían usarlas también, pensaban en ello mientras Floresta, Hielo, Tornillos y Estrella aparecían en los escáneres, siendo recibidos por unos ceñudos William, Patrick y Yekira. En batalla sólo quedaban Laura, Jim, Vientos, Blancas y Negras, y que se salvaron gracias a que esta les protegió usando un muro de energía.
-Decidme que tenéis alguna idea…- murmuró Laura, y entonces oyeron la voz de Suzanne.
-Puedo lograros una pequeña ventaja, creo…- murmuró, y la otra suspiró.
-Hazlo, estamos jodidos…- murmuró, y la mujer asintió.
En apenas un minuto apareció una niebla delante de ellos. Eso era curioso cuanto menos, pero les dio una gran oportunidad: Laura sacó un poco su cabeza, cosa que en otras condicione no podría haber hecho, y se concentró para eliminar con la energía las defensas enemigas. Eso la cansaría demasiado pero al menos dejaría vía libre a los demás para poder atacar sin demasiados impedimentos, cosa que haría que los clones rivales fueran definitivamente derrotados. Pero no contó con que estos actuaran de otra forma, ya que saltaron por encima de sus barricadas y fueran corriendo a por sus armas, aprovechando aquella circunstancias.
-¡Disparad ya, a bulto, rápido!- gritó, en un fuerte chillido, y los otros cuatro tirotearon a lo loco hacia la niebla.
Segundos después vieron como sus avatares digitales comenzaban a desaparecer, estaban siendo desvirtualizados. Victoriosa, Laura asintió satisfecha hacia los demás de su grupo, pero sabía perfectamente que había cometido errores. Demasiados tal vez, tendría que aprender mucho aún de liderazgo. Y a sobreponerse a los errores. Y a pensar con frialdad. Y a muchas, muchas cosas… Le iba a esperar una buena reprimenda por parte de su maestra Starlight casi con total seguridad.
Segundos después volvieron a aparecer en los escáneres, siendo recibidos por sus compañeros. No sabían muy bien qué pensar hasta que apareció por allí Suzanne, que tenía la cara algo roja y su frente brillante, estaba sudando un poco por los nervios que había sentido hasta entonces.
-¿Estás bien, Susy?- preguntó algo alarmada Negras, que se le acercó preocupada.
Esta asintió, despacio- Sí, sí… tranquila…- aseguró, tenía la boca algo seca.
-¿Te han dicho algo?- preguntó tensa Laura, pero esta negó.
-No, solo que fuéramos a la cantina y que esperáramos allí hasta que hicieran el informe entre la coronel y el técnico del ordenador cuántico- explicó.
La aludida asintió- Bien, bien… Pues vayamos a desayunar entonces, me muero de hambre- murmuró.
Comprobó entonces que la moral entre sus tropas parecía baja. Apretó los puños y les miró- ¡Arriba ese ánimo! ¡Hemos luchado contra un grupo de élite, bastante que nos hemos podido coordinar! Además… si no me equivoco, esta gente es el escuadrón de la mejor guerrea de todo el Imperio…- murmuró.
-¿Usted crees, teniente?- preguntó Tornillos, serio. Ella asintió.
-Sin duda, esta gente es de Asmeya Starlight. Han jugado con nosotros… Pero da lo mismo, solo yo he completado mi entrenamiento hasta donde yo sé…- miró a Yekira, y esta asintió.
-No he llegado a finalizar mi formación, teniente…- murmuró, bajando el rostro un poco.
Laura se cruzó de brazos- Más a mi favor… estoy rodeada de novatos, pero con el tiempo… seremos la élite. No volveré a pasar por esta humillación- se encaminó a la salida.
-Vamos a comer algo, nos lo hemos ganado. No sé vosotros, pero mis tripas rujen- comentó, por primera vez en toda la mañana su tono y facciones estaban relajadas, cosa que logró ese mismo efecto en los demás.
Como ella decía, aún había mucho que comentar… Eran, efectivamente, unos primerizos. Y era la primera vez que luchaban juntos, pero no usaría esas excusas. Iba a mejorar y punto, lo daría todo por ello.
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
(1)
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
