Código Galaxy
Capítulo 17
Especial de 4 de Mayo, y primer aniversario del fanfic. Ojalá os encante, y que podamos celebrar muchos más. Agradecimientos especiales a Animefan96, DarkClaw1997 y a SnakeJeffar por su contribución a la corrección de este especial, así como a todos los lectores.
Esta es la primera parte, la segunda se estrenará el 16 de este mismo mes.
Hace 4 años...
Los soles gemelos de Asmara ya descendían por el horizonte aquel cálido día del verano, mientras la vida nocturna de la capital de la República comenzaba a despertar, aunque el movimiento por las calles y carriles aéreos era incesante y lo seguiría siendo durante unas cuantas horas más. En uno de los edificios de viviendas, sin embargo, la calma era casi absoluta, mientras sus dos habitantes descansaban sobre la cama, ligeramente cubiertos por una sábana para guarecer a sus cuerpos desnudos. Seriel tenía entre sus brazos a Asmae, recostada sobre su pecho y jugueteando un poco con el vello que él tenía en ese área.
Ella tenía una ligera sonrisa en su rostro mientras hablaba- ¿Estás listo para el evento de mañana? La gran inauguración del curso académico para los nuevos aprendices Lakios…- murmuró, dándole elocuencia a su voz.
El otro suspiró un poco, mientras pensaba un poco- Ser el principal responsable es una gran responsabilidad, no sé si estaré listo…- murmuró, acomodándose.
La mujer se limitó a besar su mejilla- Mientras lo hagas la mitad de bien que luchas o amas, te aseguro que te irá bien... - le susurró, sus ojos se habían iluminado un poco con los últimos rayos solares.
Le daban una belleza sobrenatural a la mujer, que sumado a su gran capacidad para convencer a la gente, le había logrado insuflar valor al varón, que sonrió. Ella le devolvió el gesto satisfecha, esa convicción era su pequeño secretito y que no lo conocía prácticamente nadie. Lo usaba de tal forma que nadie se había dado cuenta de aquello, los demás que sí eran conscientes de eso lo eran porque ella se lo había revelado, entre ellos el propio Seriel, que aun sabiendo eso se dejaba hacer en ocasiones por ella.
-Vendrán todos, bueno, todos los que están en Asmara… incluida Rictania, tengo ganas de verla- ella le entendió, no por nada aquella mujer había actuado de madre para muchas generaciones de Xanium.
-Y mi hermana también estará allí… tengo que hablar con ella, hace tiempo que no puedo- comentó entonces, a lo que Seriel la acarició ligeramente. Ella sonrió, haciendo círculos ensimismada en la piel del otro,
-Si nos vieran así nos matarían…- bromeó ella, el hombre no pudo más que asentir, en silencio. Era un secreto a voces su relación, pero como no podían demostrar nada como tal aún no les habían llamado la atención.
-Me da igual, tú eres el hombre más importante de mi vida, ya sabes que mataría por ti…- y de hecho lo había hecho en alguna ocasión, lo cual era en cierta medida preocupante. Sin embargo él no llegó a decir nada al respecto, pues ella había puesto sin más a funcionar la pantalla ante ellos.
En la misma apareció un programa de noticias, estaban ya en la sección de deportes- … y estos serían los resultados de los combates de hoy: 200-180 para los de Dalika, 190-160 para los de Universitas, 210-190 para….- la mujer gruñó y cambió de cadena entonces.
El otro suspiró un poco, reconfortandola- ¡Debería darles vergüenza lo que hacen, no a nosotros!- comentó, mientras se movía por los programas, molesta.
-Es otra forma de ganarse la vida, oye…- comentó, ella no dijo nada. Pero por dentro estaba bastante enfadada solo con el mero recordatorio de aquellos Xanium que abandonaron la Orden y entraron a un deporte que ya era profesional.
Combates de recreo en los cuales lo máximo que pasaba era que algún miembro acababa cercenado - y que pasaba muy de vez en cuando pues las armas no eran tan potentes como una espada de luz al uso - y que servía como espectáculo. Era un mercado que movía cantidades de dinero ingentes, y para muchos era mucho más rentable que no ser una suerte de asceta sin más perspectiva vital que dar su vida por defender a los que le rodean. Para Star, aquellos que iban por ese camino no tenían honor alguno y merecían poco menos que la muerte. Seriel no solía tener en cuenta esas reacciones por parte de ella, que al final siempre había sido bastante visceral en su actuar.
Acabaron viendo un programa de reportajes sobre Asmara, hablando de una pareja que había terminado sin casa por culpa de un cuadriplaza que impactó contra su vivienda, ya que el conductor había consumido alguna sustancia que le impedía poder reaccionar como tocaba, para luego hablar de un nuevo caso de corrupción, en el cual el diputado planetario de punto había usado parte del dinero destinado a construir una central de fusión nuclear en hacerse un palacete cerca de las grandes playas que en ese mundillo tenían. La mujer no dejaba de fruncir poco a poco el ceño mientras iban contando aquellos casos, Seriel la acariciaba por la espalda para relajarla.
-Había pensando en mañana cenar fuera, para celebrar el evento, tú y yo. Además, llevamos… bastante tiempo ya, ¿no? Como 20 años, desde que estábamos en la Academia- comentó él, entonces.
Ella asintió, distraída- No pudimos celebrar nada por estar yo fuera, pero es verdad…- murmuró, y él sonrió, satisfecho. Tenía escondida una cajita con un colgante, una cadenita de acero con el nombre de ellos dos grabados en oro en un círculo central y que servía como medio para pedir una unión formal entre ellos.
Eso provocaría un gran escándalo, pero él estaba dispuesto a asumir las consecuencias. Eso o le hacía la petición en privado, luego dimitirían de su puesto alegando incompatibilidad personal, para luego ya formalmente casarse. Siendo ellos dos de los principales Xanium de la República esperaba que se pudiera hacer, para algo bueno tenía que servir aquel estatus, aunque no les gustaba tener que tirar de galones… en todo caso ella seguía refunfuñando un poco, hasta que oyeron el suave pitido de uno de sus comunicadores.
Identificándolo como el suyo ella se levantó, se puso una simple camiseta corta y la ropa interior de abajo, y se dirigió hacia el mismo, activándolo y yéndose a un área algo más privada para hablar, mientras él suspiraba y se dirigía a la cocina a preparar algo para cenar los dos juntos. Starlight fue hasta un cuarto, su interlocutor era Shamarya Yirowa.
-¿Qué tal les va a los enamorados? Espero que no os hayáis cargado el nidito- rio, según la otra descolgó. Star rodó los ojos pero también soltó una suave risa.
-Bastante bien, ha sido una tarde muy bonita… sin embargo no creo que me hayas llamado solo para saber cómo nos ha ido- comentó, escuchó como la otra suspiraba.
-Crees bien. He estado investigando en los Presupuestos esos puntos que me pediste, los que eran discrecionales. Tenías razones para pensar que olía mal- Star entonces revisó por la ventana en silencio, y tras asegurarse que estaban a solas, se sentó en una silla, atenta.
-Además de dinero a dedo para grupos sociales de esos que tú y yo sabemos, los jugueteros estos que tienen verdaderas mafias y que solo viven del dinero de los demás- la otra fruncía el ceño poco a poco -He encontrado unas partidas militares, y adivina la hipocresía-
La otra se pasó las manos por el rostro- Sorpréndeme, aunque difícil va a estar…- comentó ella. Shamarya también se estaba calentando poco a poco según hablaban.
-¡Pues para hacer un ejército, la sagrada República Galáctica, libre de todo lo malo del mundo, está creando un ejército de, atención, clones! ¡Cuando a tu padre le exiliaron por atreverse a siquiera intentar clonaros a vosotras!- exclamó.
Starlight gruñó con fuerza entonces, no se lo podía creer- ¿Y para qué quiere eso? Ya tenemos un ejército profesional bien armado, y no estamos cerca de una guerra precisamente- dijo, aguantándose las ganas de gritar.
Shamarya suspiró- Para reducir gastos, ¿no ves que ahora van a querer subvencionar a los aldeanos de Zeta Escorpi 15? Es un planeta desértico pero igualmente quieren potenciar su agricultura porque… pues porque sí, algún político tendrá ganas de llevarse dinero al bolsillo, no sé…- Star suspiró.
-Joder… bueno, gracias por la información. Ya sabes donde vernos, díselo a los demás, espero que Seriel se quiera unir también- comentó, a eso Shamarya afirmó.
-Iré a recoger a tu hermanita, estará más segura con nosotros- Asmae asintió.
-Por favor, no le expliques más allá de lo necesario… Si puedes llévate también a Laura. Y gracias, te debo una- sin más, la otra colgó, dejando a la mujer con sus pensamientos.
Se pasó las manos por la cara, anonadada, no pudiendo creer lo que acababa de escuchar. Era el último acto de hipocresía de aquel Gobierno, que encima de ser profundamente inmoral - pasándose por el arco del triunfo todo criterio de honor - era corrupto y bastante inepto. No solo tenían varios casos en los que se había demostrado que habían usado dinero público para beneficiarse, también casi se dejan quitar sistemas enteros cuando grupos separatistas o violentos pretendían separarse por la fuerza. En esos casos no llegaban a hacer absolutamente nada, y hasta negociaban con ellos, porque según ellos "eso era lo que haría un verdadero líder con talante". Se lo podían meter por donde no les iba a dar el Sol, eso pensó cuando se enteró de todo aquello.
Aunque era vox populi todo aquello, mucha gente simplemente les seguía votando porque por lo menos ellos eran los que les habían dado trabajo o un subsidio bastante como para malvivir. Encima era eso, compraban sus votos a cambio de lo suficiente para poder estar sin trabajar… era una máquina perfecta, pero ella iba a acabar con todo eso, vaya que si lo iba a hacer.
Le devolvería el esplendor a la República y la devolvería a esa etapa imperial que nunca debió perder…
A quién se le ocurría dejar que todos votaran. ¡Como si supieran siquiera que era lo que mejor venía a la sociedad, o a ellos mismos! No tenían ni idea desde luego. Ella en cambio sí que sabía qué era lo mejor, o creía saberlo al menos, y desde luego no tendría ningún tipo de reparos en llevarlo a cabo hasta el final.
En ello pensaba mientras salía del cuarto en el que estaba, y se dejó guiar por el suave olor de la comida siendo cocinada y vio a Seriel en los fogones, dándole vueltas a unas carnes y con verdura cortada en una fuente. Ella sonrió y le dio un suave beso en la mejilla, mientras le abrazaba por detrás. Él se dejó hacer mientras suspiraba algo, tenían el suave murmullo de gente hablando de fondo por un aparatillo que les permitía además escuchar algo de música.
-¿Quién era?- preguntó él, ella se lo pensó antes de responder, mientras le acariciaba la tripa suavemente.
-Shamarya, vamos a vernos en unas horas, ¿te querrás venir?- preguntó ella, no hacía falta decirle sus planes. Sabiendo cómo era él, seguro que aceptaría sin problemas. Él asintió, mientras echaba la comida en unos platitos.
-Genial, por cierto, puede que venga mi hermana. ¿Te importará…?- pero él negó, mientras masticaba un poco un trozito de carne, probando su sabor.
-Claro que no, me puedo encargar de ella si lo necesitas para irte más tarde, pero recuerda que seguramente el Consejo te de un nuevo alumno pronto, y esta vez no te podrás negar- ella rodó los ojos, mientras tomaba algunas cosas para poder comer ante la pantalla.
-Lo sé, y me jode mucho, no entiendo por qué tengo que hacerlo… No puedo enseñar apropiadamente a más de uno y eso reduciría el nivel de ambos- el otro se limitó a entregarle unos platos mientras le daba una sonrisilla.
-¿Y si te dijera que a esa Lakios sí la aceptarías seguro?- preguntó, mientras dejaba todo apagado e iba con ella. Era un secreto, pero su nueva alumna iba a ser Asmeya, la hermana de Star, y que a sus 16 años era la promesa de una nueva generación de grandes Xaniums.
-Tendría que caer un meteorito para que lo hiciera… ¿qué vemos?- preguntó ella, estaba ya sentada a la mesa, así que él se limitó a colocarse a su lado, tendiendole las cosas.
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Mientras, en otro punto de aquel mundo, prácticamente cubierto en su totalidad por una gran urbe a excepción de sus mares, polos y sistemas montañosos y bosques; una joven entrenaba. Tenía delante a otra chica de su misma edad, y aunque eran de dos especies diferentes, eran totalmente inseparables. La primera, Asmeya Likarys, una mujer humana; la otra Dayanmelis Akidora, una mebariana. Ambas guerreras bastante fuertes… pero que aún estaban en proceso de aprender a usar todos sus poderes.
Luchaban entre ellas con sendas espadas de luz de un suave tono blanco, siempre bajo la atenta mirada del viejo Gran Maestro Puck, y que las observaba mientras movía sus orejas con cierta diversión, disfrutando de la belleza de aquel viejo arte que era la lucha con espadas, analizando sus fluidos movimientos. Derecha, derecha, arriba y abajo, luego izquierda, derecha, derecha y arriba, y así en un largo bucle, siempre atacando o defendiendo, mientras sus poderes las iban rodeando lenta pero constantemente, aumentando sus ya de por sí depurados reflejos y habilidades, y haciendo que el otro se entusiasmara más de la cuenta y comenzara a vitorear, casi como si fuera un niño.
-¡Espero que lo esté disfrutando, Maestro!- soltó Daya, dando un salto atrás, mientras la otra hacía lo mismo. Una ligera capa de sudor cubría los cuerpos de ambas, pero estaban lejos de terminar.
Este no llegó a decir nada, pues estaba, efectivamente, bastante contento con aquello- ¡Deja tu arma, Daya, y ríndete a la evidencia de mi mayor fuerza!- la aludida gruñó.
La voz de Asmeya había resonado con fuerza desde el fondo de su garganta, y aunque su lado racional sabía perfectamente que la otra estaba usando su convicción - y lo peor, de forma descarada - la parte más instintiva de ella la llevaba a obedecer. Tomando aire despacio, cerró los ojos, se concentró unos instantes, y entonces llevó la mano hacia adelante. La otra sintió un fuerte tirón en su mano, y segundos más tarde vio con cierta impotencia cómo su espada de luz salía volando. No le dio tiempo a hacer nada, Daya ya tenía el filo luminoso de la suya en su cuello, con una sonrisa victoriosa adornando su rostro.
-Tramposa…- bromeó Asmeya, mientras la otra retiraba la misma y le sacaba la lengua.
-¿Y tú qué, eh? Lo haces durante un segundos más y me hubieras hecho tirar la espada… impresionante- comentó. Notaron entonces que Puck se les había acercado, le tendió su arma a Asmeya y entonces subió de un salto hasta el hombro de Daya, que le recibió gustosa.
Su pequeño tamaño, como el de un niño pequeño, le permitía esas cosas- Estoy orgulloso de vosotras, jovencitas. Dentro de poco deberíais poder presentaros a las pruebas- ellas negaron entonces.
-Que va, son demasiado difíciles… mi maestro, Gario, piensa que por ahora no estoy lista- comentó Daya, mientras Asmeya bajaba el rostro.
-El tuyo al menos se interesa por tí, al mío no le he visto en una semana, aunque siempre hace lo mismo… he perdido la cuenta de las veces que he pedido una sustitución- Puck sonrió ligeramente entonces,
-Pasad a los baños a refrescaros y luego cenad, os merecéis un descanso tras haber luchado toda la tarde de hoy- comentó, y ellas asintieron, sonriendo.
Mientras ellas salían de la estancia Puck sintió un ligero escalofrío recorrer su espalda, cuando se giró comprobó que los ojos azules de una compañera le observaban. Shamarya Yirowa, la segunda Xanium más poderosa, acababa de aparecer por allí con sus ropas de entrenamiento también algo manchadas del sudor. Se colocó a su altura y le dio un ligero golpe con la cabeza en el cuerpo, mientras él acariciaba su testa con una sonrisa.
-Maestro, gusto verle de nuevo… ¿dónde está Asme? Su hermana me pidió una cosa con ella- comentó, con una suave sonrisa.
El otro la miró, era raro ver a una Xanium de prestigio querer hablar con una Lakyos, aunque por otro lado ella conocía a Asmeya desde joven, así que…
-Está con una compañera suya, han ido a los baños- comentó, mientras le sonreía divertido. La otra alzó una ceja, pero entendió deprisa.
-¿Podrá seguir mi ritmo, Maestro? Soy la más veloz con la espada, solo superada por los poseedores del súper sprint- comentó ella, pero el otro la miró no nervioso precisamente.
-Sí, porque yo te enseñé a usarla. A tí, y a la joven Starlight, ¿se olvidó de mí? Hace tiempo que no la veo- Shamarya suspiró.
No podía explicarle que estaban a horas de dar un golpe contra la República, uno que llevaban tiempo esperando por poder dar dado que la situación no era la adecuada… hasta ese día. Conocía lo bastante a la otra como para saber que esa reunión de emergencia la quería celebrar para poder llevar a cabo su plan, no tenía duda alguna de ello. Se limitó a sonreirle afable al pequeño Maestro, sacando su espada de luz. Este la miró con cierto interés, quedando en mangas de camisa.
La batalla comenzó en apenas instantes. Los golpes iban y venían a toda velocidad, con ella defendiéndose de los fuertes y rapidisimos estoques del otro, que se movía como un torbellino de luz, casi logrando hacerle un par de cortes a la otra, que pasó al ataque usando una mano para desplazarle contra la pared usando su energía. Puck entonces se movió con agilidad y apoyó sus piernas en la pared, se impulsó con fuerza, y voló hacia ella, que de un rápido movimiento logró bloquear el rápido sablazo del otro, que casi le hace una fea herida en su cuello.
-Me has podido matar ya dos veces…- gruñó ella, mientras tambaleaba un poco hacia atrás. Puck sonrió de medio lado y miró hacia ella con diversión.
-Tú serás la segunda mejor, pero yo soy un Maestro Ekios, querida… estamos en otra liga- comentó, mientras tomaba su ropa. La otra suspiró y guardó su arma.
-¿Podría… hablar con usted a solas esta noche? Me gustaría comentarle un asunto importante- comentó. Ya lo tenía rondando por su cabeza, pero ahora estaba totalmente segura: si querían triunfar le necesitaban en su grupo.
-¡Claro! ¿Cenamos juntos? Tengo bastante hambre- comentó, a eso la otra asintió sin dudarlo, siempre le gustaba disfrutar de la compañía del otro.
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Mientras ellos luchaban, las dos muchachas ya estaban en los baños. Estaban bajo las duchas, dejando que el agua recorriera sus cuerpos, limpiando su piel y relajando sus músculos, acostumbrados a duras jornadas de entrenamiento. Daya tatareaba canciones mientras la otra se calmaba poco a poco con la voz de su compañera, bien podría haberse dedicado a la música en lugar de ser una Xanium, pero ambas vivían para ello a esas alturas.
-¿Qué habrá hoy para cenar? Estoy algo cansada ya de la carne con verduras, me apetece un dulce- comentó Daya mientras se estiraba bajo el agua, Asmeya le sonrió.
-Pues a saber, pero seguro que estará rico…- comentó, la otra se limitó a suspirar un poco, acariciándose la barriga.
-Hecho de menos la cocina de mi mundo… Tampoco es que la haya vivido mucho, pero eso solo me hace hacerlo más aún- comentó Daya. Su amiga asintió.
Dado que, cuando eran seleccionados, los Lakyos tienen en general una edad muy temprana, los mayores no superan los 5 años en general. Ellas no fueron una excepción, de hecho pertenecen a la misma hornada de aprendices, los más sobresalientes de esta estarían listos para en pocos meses poder tomar las pruebas para ascender a Xaniums de forma seria, a ellas aún les quedaba un corto camino por recorrer. Durante ese tiempo ellas dos, junto a Alione Sekira, la tercera de la pandilla, se habían unido hasta unos extremos que no se solían ver, no podían tener más suerte en ese sentido.
-Cuando nos graduemos, estaremos una semana allí y comeremos en las mejores tascas para ponernos hasta arriba- comentó Asmeya, abrazando a su amiga por detrás, que se rio.
-¡Los dioses te escuchen, Asme, porque me muero de ganas! Y con tu hermana pagando- rio con ganas, mientras la otra asentía.
Le dio un suave masaje en los hombros al notar que estaban tensos, para luego separarse mientras respondía- No sé si ella querrá venir, está… algo diferente estos últimos meses, me preocupa- comentó.
Sabiendo que la otra escucharía, siguió- Parece nerviosa, como si estuviera pasando algo que no sabemos… y cada vez que la he visto ha ido a peor, ni escucha los programas cuando hablan de sucesos, como si todo le molestara… me preocupa- comentó.
Daya efectivamente escuchaba todo, mientras secaba su cuerpo ya fuera del área de duchas. Mientras pasaba la toalla por su piel hablaba- Seguro que no será nada importante, no te rayes… ¡Igual es que quiere enlazarse con Seriel! ¿Te imaginas?- comentó.
Sin embargo la otra negó- No creo, la verdad… me da más la sensación que será algo grave- se limitó entonces a ir con la otra.
-Gracias por escucharme, no sé qué haría sin ti…- comentó, pero Daya negó divertida.
-Tú me aguantaste durante meses mientras estuve pensándome si salir o no de la Orden por culpa de aquel técnico- le respondió.
Asmeya asintió, como para olvidarlo. Su amiga se fijó en uno de los técnicos electricistas de la base en la que entrenaban, y de hecho él también… pero acabó siendo alguien demasiado poco serio, y Daya no se podía permitir andar tonteando detrás de nadie. Además, eso rompería una de las reglas del Códex Xanium, lo que además supondría la expulsión y deshonra para ella. Y dado que los de su especie contemplan el honor como algo fundamental… al final se le quitó esa idea de la cabeza, pero no fue porque no dudó una larga temporada.
Seguían charlando cuando llegaron hasta el comedor, donde más compañeros e incluso Xaniums estaban cenando ya. Se limitaron a ir hasta donde estaban las bandejas y se acercaron a los puestos de comida, y tras servirse se sentaron en una de las mesas. Charlaban tranquilamente cuando vieron que llegaban dos de los maestros más importantes: Puck y Shamarya. Él tras tomar su comida fue a una mesa él sólo, mientras ella iba directa hacia ellas, tomando una silla cercana y sentándose sin más con ellas, sin siquiera pedir permiso. Tampoco es que fuera algo que necesitara, a decir verdad.
-Buenas noches niñas, ¿podría hablar con vosotras?- preguntó, así sin más. Asmeya miró a Daya algo nerviosa, conocían a la amazona por ser una de las mejores amigas de la hermana de la primera, pero no habían interactuado demasiado.
Antes de que pudieran decir nada, la otra se explicó- Asmae va a hacer algunas cosas bastante importantes de aquí a poco tiempo, esta noche de hecho vamos a comenzar a movernos. Y nos gustaría contar con vosotras, de hecho tu hermana me pidió llevarte, si confias en ella también puede venir- miró a Daya entonces.
Ella estaba algo molesta, no comprendía nada- ¿De qué hablas? No me gusta esto que estás diciendo- comentó entonces, Shamarya se limitó a comer un poco.
-Bueno, ya digo que nos gustaría hacer algunas cosas. Pero como digo, me tienes que asegurar que ella es de fiar, si no no vendrá- volvió a decir. Las alarmas de ellas saltaron entonces, y tras una corta mirada, sería Asmeya la que respondiera.
-Es mi segunda hermana, podéis confiar en ella… para lo que quiera que vayáis a hacer- comentó, Shamarya asintió complacida.
-Perfecto… tu hermana estará orgullosa de ti, y yo lo estoy ya- comentó mientras tomaba suavemente las manos de ella, que no sabía si retirarlas o no.
Daya comía más por necesidad fisiológica que por ganas en esos momentos, por alguna razón algo en ella le decía que aquello que estaban planeando no podía ser bueno. Pero se quitó esas ideas de la cabeza cuando vio que la otra cambiaba rápidamente de tema.
-Bueno, ha sido un placer hablar con vosotras… si todo va bien, vendré a por vosotras en unas horas, tened las cosas listas- antes de que las jóvenes pudieran preguntar a qué se refería, ella ya se había ido hasta las bandejas para comer, yendo en esa ocasión con el Maestro Puck.
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Mientras, Asmae se encontraba recogiendo sus cosas. No llegaba a vivir con Seriel pero pasaba más tiempo en su casa que en la de ella cuando estaba en Asmara, y por ello tenía bastante ropa en los armarios de él. Además tenía algo de documentación, pero la más sensible la tenía en su casa, a la que iría esa misma noche, dormiría, y convocaría a todos aquellos Xanium que pensaban como ella.
-¿Tan importante es esta quedada como para tener que irse tan deprisa? Ni siquiera me has dicho de qué va- comentó el hombre desde la puerta, apoyado en el marco.
Ella suspiró, se levantó y miró al hombre, que estaba algo nervioso por ella y se encontraba cruzado de brazos. Ella se le acercó tranquila, le abrazó y acarició su cuerpo despacio, intentando calmarle. El otro se dejaba hacer, oliendo el suave olor de ella, acariciando su largo pelo de fuego. Asmae le comenzó a susurrar al oído entonces.
-Vamos a salvar a la galaxia, Seri… la República es corrupta, pero con nuestro liderazgo, juro que volverá a brillar como los soles dobles que iluminan este sistema- aseguró.
Sus ojos brillaron ligeramente, mientras su voz, ronroneante como la de un gato, penetraba en la cabeza de él y le medio convencía… pero duró poco. Seriel se separó algo nervioso por las afirmaciones de ella, comprendiendo hasta qué punto puede llegar aquellas palabras. Pero ella seguía hablando, tan convincente como lo era siempre.
-Piénsalo, ¿Cuántas cacicadas no han perpetrado esta gentuza, eh? ¿Cuánto dinero se han gastado en mansiones, licores, gases, y todo con el dinero público, mientras el pueblo muere de hambre y sed en algunos mundos? ¿No crees que merecemos un sistema más justo para todos?- preguntó, pasando la mano por el pecho de él.
Seriel bajó el rostro, mientras tomaba las manos de ella- Yo… yo no…- murmuró entonces, ella negó y comenzó a besar el cuello de él.
-Sabes que tengo razón, amor mío… Ayúdame, y como emperadores, haremos de la galaxia un lugar mejor para vivir- no había duda en su voz.
De hecho, estaba usando la convicción con él. Él lo sabía, era perfectamente consciente que aquel era su segundo poder, pero no podía resistirse cuando ella comenzaba a hacer esas cosas. Cuando quería hacerle cambiar de parecer con algo hacía eso mismo, y aunque en cierta medida era un acto injusto… era lo que deseaba, y él sólo podía plegarse a eso. Pero todo tenía un límite, y cuando eran cosas con las que estaba tan en desacuerdo le era más sencillo negarse… Además, no podría estar usando esa convicción constantemente, en cuando terminara la racionalidad volvería a él y podrían volver a estar en una situación de iguales en ese sentido, y ella lo sabía. Aquello era solo para comenzar a convencerle y que lo creyera de verdad.
-Por eso querías que cuidara de tu hermana, ¿verdad? Ella está inmiscuida en esto también- a eso Asmae asintió, mientras le miraba a los ojos ligeramente.
-Aún no, Shamarya ha ido a por ella y a por mi aprendiz, puede que hasta se nos una alguien más… tiene libertad de traer a cuantos más mejor- afirmó ella.
El hombre suspiró un poco- ¿Quiénes estamos?- preguntó, lo había dicho adrede eso. La mujer sonrió por eso, complacida, creyendo que ya le tenía, así que se lo diría sin dudar.
-Estamos miles, contándonos a mi, Shamy y Barugo- eso sorprendió a Seriel. Estos mínimo que les apoyaran, seguramente haya más que quisieran estar con ellos cuando fueran a dar el golpe.
Sin embargo, tenían un plan más preparado de lo que él hubiera creído en un momento dado- No solo tengo de mi lado a un número importante de Xanium… tengo información de primera mano gracias a Shamarya, y que seguro va ha hacer que se nos unan muchos más… mínimo la mitad, necesito a la mitad- comentó.
Esos eran muchos Xanium a decir verdad. Pero ya teniendo a tantísimos, sin duda podrían ir subiendo hasta la mitad de los que actualmente estaban en la República. Ella entonces le miró directamente a los ojos.
-Hemos descubierto que van a desmantelar el ejército y que van a sustituir a los soldados, y seguramente puestos medios, con clones. Eso hará que muchos se cabreen, ¿te tengo que recordar lo que pasó con mi viejo?- preguntó, y al otro se le fue el color del rostro.
La mujer sonrió por ello, había logrado el efecto deseado- ¿Cómo has descubierto eso? ¿Fue Shamarya?- preguntó, y ella asintió.
-Estuvo indagando en los Presupuestos, y preguntando… bueno, siendo convincente con los funcionarios, descubrió eso. Y con el dinero que se ahorrarán pues imagínate- explicó.
Seriel estaba serio en esos momentos. No podía unirse a algo así, iba en contra de aquello en lo que él creía. Sabía que ella tenía ideas… radicales en algunas cosas, pero nunca se hubiera creído esas afirmaciones de no haberlas vivido en esos momentos. Decidió que lo mejor era tenerla vigilada, y la única manera era simular que se estaba uniendo a aquel grupillo, seguramente esa sea la única manera de evitar que hicieran alguna tontería, y si aún así la llevaban a cabo, podría detenerles más fácilmente que estando por fuera.
-Me uniré a vosotros, sí… pero me gustaría saber más- comentó, la mujer sonrió victoriosa. Había sido más sencillo de lo que hubiera pensado, también que el ánimo general era de cierto hartazgo hacia las malas praxis de los políticos de la República.
-Lo sabrás pronto, mi amor… en unas horas, de hecho. En principio sería en pocos días, pero creo que lo adelantaré todo- comentó, entonces el otro asintió.
-Porque yo me uní- comentó entonces, más como afirmación que como pregunta, y ella asintió sin dudar demasiado.
Suspiró, tendría que seguirle el juego durante esas horas- Prepara las cosas, toma ropa y tu sable de luz, yo haré lo mismo con la mía. Pasaremos por mi casa antes de salir a la base- así hicieron.
Arramplaron con varias camisas, pantalones, sus armas de luz, y varios enseres necesarios para no tener que pasar por allí en una buena temporada. Tomaron reemplazos de baterías, latas de conserva, y pasarían por una base republicana para reemplazos de nanobots, botiquines, ropa de combate, y también piezas mecánicas de todo tipo.
-¿Nos llevaremos también nuestros androides personales?- preguntó entonces Seriel, Asmae suspiró un poco.
-Deberíamos tomar dos de fábrica y reprogramarlos, los que tenemos ahora por personalizados que estén seguro tienen protocolos para llamar a emergencias por si algo así pasara- comentó ella, mientras él asentía.
Una vez que tomaron un par de bolsas con todo lo necesario salieron del piso de él. Llegaron a un pasillo blanco con varias puertas que llevaban a los inmuebles, formando un gran cuadrado, en cuyo medio había un ascensor cuántico. Se montaron en el mismo, Seriel sacó una tarjetita azul, la colocó sobre la interfaz, y tras identificarse, le permitió descender hasta donde se depositaban los cuadriplazas. En segundos aparecieron en el garaje, y se dirigieron hasta el vehículo del hombre, al que montaron. Era bonito, de color negro mate y con un diseño sencillo pero hermoso, en cuanto montaron al mismo y lo arrancaron una suave música se escuchó mientras él movía manos y pies para maniobrar, en torno a sus muñecas y tobillos aparecieron unos círculos dorados que se movían junto a él.
-¿Está avisada Shamarya y tu hermana?- preguntó Seriel, mientras salían de allí a través de una lanzadera, que les llevó hasta un carril aéreo, a unos veinte metros por encima de los transeúntes, y que iban de lado a lado por el suelo.
-Ahora mismo la aviso…- comentó ella, activó su muñequera para hablar con ella y de esta forma comunicarse con esta.
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Esta ya había cenado con el Maestro Puck, y de hecho se encontraban charlando por los pasillos de la base, con el segundo bastante entusiasmado por la hermana de Star, a la que le auguraba un futuro brillante si era bien entrenada por un Xanium poderoso. Shamarya asentía con interés a lo que el otro decía, se estaban dirigiendo hasta el cuarto del más bajo, a petición de la otra, y que prefería no decir según qué cosas delante de todo el mundo. En teoría el sitio más idóneo para hablar de algo así sería precisamente la cafetería, donde el murmullo general opacaría sus palabras, pero prefería no jugársela a que algún oído indiscreto escuchara demás.
-¿Y de qué querías hablar, entonces? Me sorprende que quisieras que vinieran dos Lakyos con nosotros, suponía por tu tono que sería algo relevante y secreto- comentó, mientras le dejaba entrar.
-Ellas deberían estar presentes para ahorrarme conversaciones, y por quiénes son. En especial Lykaris, la hermana de Starligth- explicó.
El otro se hundió de hombros, le abrió la puerta de su cuarto, y la dejó allí, mientras iba a por las adolescentes. Ella se limitó a entrar y contemplar la habitación del Maestro, y se sorprendió de su austeridad. Era amplio, eso sí, con un catre pequeño pero cómodo, una mesa con unas sillas, la ropa de él en un armario, unos enseres sobre todo para arreglar desperfectos de su arma y de su androide personal, una pantalla para ver las noticias… y poco más. Muy diferentes al lujo que ella había visto durante años, mientras protegía a Congresistas que por poco no se bañaban en oro o plata. Pensaba en ello, cabreándose a sí misma en su soledad, hasta que escuchó la puerta abrirse. Se levantó como un resorte y comprobó complacida que allí estaban las otras dos junto al Maestro, que saltó ágilmente hasta la cama, donde se sentó despatarrado.
En cuanto las otras se acomodaron en unas sillas, ella comenzó, yendo al grano- Creo que todos los aquí presentes estamos más o menos al tanto de la política republicana, ¿verdad?- preguntó entonces, mirando en especial a Puck.
Este asintió. No entendía muy bien por qué a ellos les debía importar eso, pero claro que lo sabía.
-Sus constantes desprecios a nuestros derechos, sus injusticias, hipocresía flagrante, su falta de escrúpulos… miles han sido las cosas que han pasado, muchas cosas pueden suceder en 50.000 años que llevamos en este sistema…- comentó.
Puck alzó una ceja- ¿Quieres montar un partido político o un sindicato?- bromeó, las dos muchachas se rieron por aquella broma.
Sin embargo el semblante serio de Shamarya les quitó esas ideas- No diga cosas sin sentido, Maestro. El sistema está podrido y corrupto, y la última y definitiva prueba está en este documento- movió sus dedos sobre su brazalete, y un pequeño holograma mostró un texto.
Lo importante no estaba en el mismo, aún así. Había dos fotos, uno de un hombre y otro de una mujer, ambos de piel morena, rostro afable y ojos pardos, con el pelo negro corto. A su lado había unas gráficas que mostraban diversas características.
-Esto de aquí es el rostro de un clon. Formarán parte de un gran ejército y que sustituirá al actual, todo bajo cuerda claro, todo para ahorrarse dinero y que los excesos de esa parte del presupuesto vaya directos a sus bolsillos- Puck frunció algo el ceño, con un gesto le indicó que se lo pasara a él, cosa que Shamarya hizo.
Lo estuvo revisando atentamente, mientras las otras observaban en silencio, hasta que se atrevió a hablar- ¿Y qué quieres hacer, entonces? ¿Denunciarlo a la prensa? Esto debería provocar dimisiones, pero claro…- aun así, ella negó.
-No solo eso planeamos hacer. Vamos a dar un golpe militar contra el Gobierno, desalojaremos a esos bastardos del Congreso, y Seriel Kimara, junto a Asmae Starlight, se convertirán en los nuevos emperadores que merecemos- aseguró, mientras extendía los brazos.
Puck frunció el ceño mientras las dos jóvenes no sabían dónde meterse, claramente el pequeño Maestro no estaba nada de acuerdo con esas afirmaciones.
-¿Y cómo pretendéis hacer algo así? Entre tres no podríais hacer nada…- comentó, en esos momentos quería sacar cuanta más información posible.
Pero Shamarya no era estúpida precisamente- No te pido que lo entiendas, solo que lo aceptes. No me gustaría tener que enfrentarme a ti, o que te pusieras en nuestro camino- le había calzado a la perfección, al parecer.
-¿Pretendes que nos quedemos en una esquina mientras vosotros alzais vuestras espadas contra el Gobierno?- preguntó. La otra respondió inmediatamente.
-Si no os unís, sí. Pero si os interponeis, no dudéis en que lucharemos llegado el momento- afirmó, mientras se levantaba.
Puck le sostuvo la mirada, mientras rápidamente pensaba en qué hacer- No puedo permitir algo así, y lo sabes- ella gruñó.
-¿Desde cuando los Xaniums estamos alineados con un gobierno de la República, Puck? No somos sus jodidos guardaespaldas ni les hemos jurado lealtad en ningún momento- ahí no se iba a parar.
-¡Pero aún así somos sus mercenarios de élite! ¡Hace unas pocas semanas que volví de poner orden en un mundo al otro lado de la galaxia, una roca polvorienta pero que tenía grandes minas de diamante y minerales energéticos, cuando eso tendría que haberlo hecho el ejército y las fuerzas de seguridad locales!- exclamó.
Por desgracia para Puck ella llevaba toda la razón- Los Xaniums somos un cuerpo de monjes, guerreros expertos en el arte del combate con la energía, ¡no putos mercenarios! ¡Nos han convertido en ratas que se venden al mejor postor, y no pienso permitirlo!- de pronto de sus manos salió una gran cantidad de energía.
Esta lanzó al Maestro hasta la pared contigua, dejándole algo magullado y atontado, cosa que aprovechó Shamarya para agarrar a Asmeya del brazo y tirar de ella. Daya lo quiso evitar, pero una mirada peligrosa de la otra la amedrentó lo bastante como para no llegar a hacer nada. Por ello se limitó a acercarse hasta Puck, sacándole del pequeño cráter que había formado su cuerpo, mientras este gruñía.
-¡Avisa a todos los que veas, hay que evitar que salga de aquí!- ordenó, la otra dudó. Puck frunció algo el ceño- ¡Vamos!- y entonces ella salió corriendo, dejándole a solas.
Mientras, Shamarya, lejos de intentar salir de allí cuanto más rápido mejor, se dirigió hasta los pisos superiores. Asmeya la miraba con miedo sin saber bien qué debía decir, a aquella mujer sólo la conocía de vista cuando se reunía con su hermana cada mucho, no sabía ni qué poderes tenía pero siempre la había visto bastante afable… hasta ese momento. Sin embargo ella no estaba pensando en eso en aquellos momentos.
-Gauthier, ¿me oyes?- estaba hablando hacia su comunicador. En pocos segundos se escuchó una voz que ella identificó en seguida, debía ser Laura.
-Sí, ¿nos vamos ya?- preguntó, a eso Shamarya asintió.
-Afirmativo. Avisa a los demás para que estén alerta, te recojo ya- y cortaron la llamada, así que Asmeya suponía que debían ser más. Era la única alternativa posible.
Mientras seguían yendo hasta el ascensor cuántico le llegó un mensaje a la mayor, que revisó en apenas unos segundos, tras lo cual soltó una suave sonrisa.
-Va todo sobre ruedas…- comentó, mientras se colocaban sobre la plataforma del ascensor. Tomó el antebrazo de Asmeya, metió los datos de ella, y usó su dedo contra la voluntad de la otra para activarlo.
No le dio tiempo para quejarse o preguntarse por qué había hecho eso, simplemente aparecieron en la planta seleccionada del área de los alumnos Lakyos. Aún de la mano, Shamarya tiró de ella dirección al cuarto de Laura, y que ya esperaba en el pasillo, con un petate ya preparado.
-¡Nos vamos, seguro que han mandado ya a la guardia, o a soldados, o a otros Xaniums traidores!- exclamó Shamarya, Laura frunció algo el ceño pero asintió.
Según terminaba de decir eso comenzó a resonar una fuerte alarma, señal de que efectivamente irían tras ellas. En todo caso la adulta gruñó por lo bajo y comenzó a correr, con Asmeya a rastras y Laura sin entender demasiado por qué la hermana menor de su amada maestra estaba… parecía ir forzada, lo que era sorprendente. Daba por hecho que pensarían más o menos igual a decir verdad, pero parecía que no, lo que le hacía torcer el gesto… sin embargo poco pudo decir, ya que la mayor actuó antes.
Tomó su espada de luz y se acercó hasta la pared de más al fondo y comenzó a usarla a modo de lanza térmica, cortando rápidamente los materiales que formaban la estructura. Aquellas espadas, que brillaban y cortaban gracias a la energía que emanaba de la fusión nuclear de sus baterías, tenía la suficiente fuerza como para cortar prácticamente cualquier cosa en pocos segundos como si fuera mantequilla, pero si se usaba a máxima potencia durante demasiado tiempo se podría recalentar y ser peligroso, pero ese extremo Shamarya lo tenía más que controlado.
En cuanto hubo hecho grandes cortes como para poder hacer una apertura apagó su sable de luz, momento en que aparecieron algunos soldados con sus trajes de combate ya puestos. Laura se interpuso y detuvo la ráfaga de disparos que cayó sobre ellas mientras la mujer usaba un impulso de energía y derribaba el trozo de pared.
-¡Corred, vamos!- la Xanium ya había saltado al aire, pero no llegó a desplomarse al suelo; en su lugar era sostenida por una plataforma de energía, creada por ella misma gracias a su poder especial, paredes de luz. Ese era el conocido, al menos.
Ayudó a Asmeya a subir y comenzó a elevar en el aire a Laura cuando vio que esta se resistía a dejar la posición, notando con cierto optimismo que la otra comenzaba a desviar los disparos usando sus poderes. Con el tiempo puede que hasta pudiera detenerlos, pero eso incluso a Star le había costado lograr, aunque siendo su hermana menor… seguro lo acabaría logrando. En cuanto estuvieron las tres en la plataforma elevó una segunda pared de luz entre ellos y los soldados para protegerlos. Giró su rostro al notar unas luces llegar instantes más tardes, justo a tiempo…
-¡Montad, rápido!- el grito de Star hizo que las otras dos se giraran y miraran a la mujer, estaba de copiloto y había abierto la parte trasera del cuadriplaza, con un Seriel muy nervioso a los mandos.
La adulta había extendido la mano, solicitando la confianza de ellas. Laura se lanzó sin dudar y fue sostenida de nuevo por los poderes de la otra, que la lanzaron hasta el interior con fuerza pero con la bastante suavidad como para que aterrizara sin hacerse daño. Al ver la duda en los ojos de su hermana, Asmae usó de nuevo su convicción.
-¡Confía en mi, hermana! ¿Cuándo te he fallado?- la chica notó algo raro en la voz de la otra, pero no pudo meditarlo. Se impulsó y, usando sus propios poderes, llegó sin demasiadas dificultades hasta el vehículo, aunque tuvo que ser sostenida de la muñeca por Laura, y que logró alzarla hasta el interior.
Viendo que todos estaban ya a salvo, Shamarya también se retiró de un ágil salto, y en cuanto estuvo dentro cerraron la puerta, pero ella no retiró sus defensas hasta que estuvieron a una distancia segura, aunque poco más hubieran durado por la gran cadencia de los disparos. Solo en ese momento se permitió suspirar un poco, y le sonrió a su amiga.
-Te siguen encantando las entradas estelares…- murmuró, echándose adelante y mirando a la otra a la cara. La aludida, mejor colocada ya en su asiento, sonrió de medio lado.
-Siempre. Seri, llévanos a esta dirección, ¡y aprietale coño! Conduces como una anciana- le golpeó con suavidad en el hombro, el otro entonces reaccionó y comenzó a acelerar, iban esquivando los carriles por lo que no tenían que preocuparse de vehículo alguno.
Las otras tres se habían colocado en los asientos, pero Asmeya estaba especialmente nerviosa. Viendo eso, Star comenzó a explicarle.
-Tranquila, dentro de unas horas serás mi sucesora, todo irá bien- aseguró, con una sonrisa afable. Y eso que hacía apenas un minuto bien podría haberle cortado el cuello a alguien.
-Espero que tengas un plan sólido, maestra, porque esto será duro- comentó Laura, era la más joven. Debía tener unos diez años, pero tenía la misma mentalidad que su maestra.
La aludida la miró, asintiendo- Y lo tengo, no lo dudes, mi querida alumna. He llamado a todos nuestros aliados, incluidos políticos de verdad, para que nos echen una mano. Nos veremos esta misma madrugada en un centro que tenemos bajo nuestro control- comentó.
Asmeya pensó entonces- En este planeta hay bastantes lugares de entrenamiento para los de la Orden, les puede ser difícil saber a cual vamos- razonó, y Star asintió.
-Por eso, precisamente. Te han enseñado bien, veo- comentó, la otra bajó el rostro un poco. Shamarya intervino entonces.
-Y mejor que será enseñada, contigo instruyendola- comentó, a lo que Asmae asintió, mientras sonreía.
-¿Era ella la alumna que me queríais asignar, Seri?- preguntó entonces, este asintió. Ella notó por primera vez que tenía los brazos algo tensos, pero aún así conducía con bastante ligereza.
-Luego hablaremos, te lo prometo- le dijo, mientras posaba su mano en la del otro. Este la miró de refilón, tenía que detenerla cuanto antes, evitaría que hiciera algo de lo que ella se pudiera arrepentir llegado el momento.
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Mientras, Puck recorría los pasillos de la base rápidamente, bastante nervioso por lo sucedido minutos antes, preguntándose qué había sucedido mal en la educación de aquellos jóvenes. A su lado, Daya también iba a paso firme pero por dentro estaba temblando, preocupada por su mejor amiga y sin saber aún qué estaba pasando. O mejor dicho, no quería entenderlo… pues la opción de hacerlo le daba demasiado miedo. Al ser solo Xaniums involucrados serían ellos mismos los que solucionaran el entuerto, pero algo le decía que se acabarían involucrando también los del ejército, dado que soldados estuvieron presentes en el tiroteo… de hecho ellos fueron los que dispararon, en un primer lugar. Aquella iba a ser una noche muy larga.
-Estáte tranquila y avisa a los Xaniums que puedas, hay que prepararse para un golpe inminente- comentó él, mientras seguía adelante.
La joven le miró, el más bajo miró a los lados y de un salto se plantó en su hombro, ella le recibió con facilidad y escuchó atenta.
-Ellos atacaran en cualquier momento, hay que proteger el Congreso, las bases Xanium, y los centros de comunicación. Esos serán sus primeros objetivos, y hay que defenderlos, ¿queda claro?- Daya asintió y Puck sonrió satisfecho.
El segundo descendió al suelo y avanzó nuevamente, mientras la otra se iba por un pasillo anexo. En cuanto estuvo a solas comenzó a correr a toda velocidad, preparando unas llamadas, el primero a su maestro, Gario. Estaba fuera pero seguro que podría avisar a gente en Asmara para que ayudara, y que a su vez llamaría a más gente. Le mandaría un rápido mensaje para que en cuanto lo viera la llamara… y ahora se dirigiría directa hacia el Congreso, donde esperaba poder hablar con Rictania Foreman.
Ella si bien no era especialmente poderosa en cuanto al uso de la energía, sí tenía una posición muy importante, pues está al frente de la seguridad del Congreso. Era además la hermana de una de las representantes de los sistemas de la República, en concreto de Arkytior, y que ese día tendría bastante jaleo. Ella y todo el Congreso, pues seguro que no tardaría la prensa en hacerse eco de la noticia, tendría que salir la Presidenta a hablar también, y… serían unas horas muy duras, sin duda.
Corrió hacia el garaje de la base, pensó en usar la energía para poder correr más rápido - pese a no tener la súper velocidad como poder podía correr más rápido que el promedio con esta - pero no podría hacerlo apropiadamente allí, en un área tan pequeña. En todo caso usaría una monoplaza e iría a todo lo que diera el aparato, no tendría problemas en saltarse las reglas de circulación. Tampoco es que las conociera, por otro lado, pues nunca había conducido fuera de los entrenamientos y las misiones por los diferentes mundos de la República, así que… se limitaría a poner en funcionamiento las luces de emergencia y el fuerte sonido de alarma para que nadie se le interpusiera.
En ello pensaba cuando llegó, tras bajar por el ascensor, hasta la sala en la que estaban todos los vehículos de esa base. Se acercó hasta la garita donde tenían las llaves, y tras coger la de la más cercana fue corriendo hasta una de las monoplazas, se sentó y la puso en marcha. Sin siquiera pararse a por un casco o una pechera para usar un traje, la encendió y fue directa a la salida, esperando encontrarse rápidamente con la Xanium…
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Seriel condujo durante media hora a toda velocidad, dándole a todo lo que daba a su cuadriplaza, acelerándolo todo lo que podía. Asmae estaba bastante tranquila pese a todo, Shamarya se había quedado mirando por la ventana, con Laura observando a una nerviosa Asmeya, y que no había hecho ningún ademán, pero sentía que no se podía fiar de ella, por algún motivo que desconocía.
En todo caso se fijaron en que el ambiente general de la ciudad que sobrevolaban no cambiaba, no en apariencia, pues los vehículos de pasajeros o mercancía iba y venían, la iluminación en los grandes edificios permanecía encendida, y no parecía haber especial ajetreo de movimientos de soldados. Pero según se acercaban a la base militar sí que notaron que había más vehículos saliendo y entrando de la misma, y aunque iban en uno civil no tuvieron problema alguno en acercarse, pues Asmae les había avisado de cómo irían hasta allí.
-Voy a dar tal discurso que se os erizará la piel…- murmuró entonces ella, mientras sonreía con cierto peligro.
Seriel la miró de reojo. estaban a un centenar de metros y en esos momentos se les habían acercado un par de furgones para escoltarles hasta la entrada, donde bajarían y estarían en una gran plaza donde al parecer ya lo tenían todo preparado para dar un gran discurso. Durante ese rato se fijaron en algo bastante curioso: había cadenas de televisión por allí cerca, en un sitio que de normal les estaría vetado… Asmeya se dio cuenta de por dónde iba la cosa.
-Vas a soltar la bomba ahora mismo… y les has llamado hasta aquí- murmuró, y la otra asintió.
-Mientras yo sirvo de distracción, varios Xaniums abrirán una vía en el Congreso para que, cuando yo salga de aquí tras hacer la denuncia pública, poder tomar ese edificio y elevarnos Seri y yo como emperadores…- Shamarya sería quien terminara.
-Un plan sin fisuras, sin duda- comentó, sonriendo, cruzada de brazos. Asmeya y Seriel tragaron saliva, por ahora poco podían hacer al respecto.
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Daya no tardó demasiado en llegar hasta el Congreso, donde el movimiento ya era palmario. Había bastante gente yendo y viniendo, con los medios de información habituales revoloteando por allí comentando sobre algo importante que al parecer iba a pasar. Sin embargo ella pasó de ellos y se limitó a dejar el monoplaza en medio de la explanada de entrada al edificio, y salió corriendo hasta el interior, donde quiso buscar a Rictania, saltando incluso los tornos de seguridad y provocando el nerviosismo de los de seguridad, que se relajaron al ver la espada de luz de ella, así como a un par de Xanium que estaban por allí y que la reconocieron.
Ella no se paró y fue por los pasillos, gritando el nombre de la mujer, hasta que se la encontró, en el tercer piso y junto a varios guardias, parecían estar charlando.
-¡Maestra Rictania, la necesito!- exclamó ella, la aludida se giró y la miró con sorpresa.
-¿Sucede algo?- preguntó, cuando la otra iba a responder comenzaron a oír murmullos. La adulta miró hacia los soldados, parecían estar escuchando algo importante.
-Estamos en problemas, Starlight… va a hacer algo muy malo- explicó.
Vieron entonces que uno de los guardias, algo nervioso, mostró una imagen desde su comunicador. Vieron a la mujer en un púlpito, hablando, y parecía estar diciendo algo muy importante… Daya se empezaba a temer lo peor.
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Asmae se colocó en el centro de la plaza de las instalaciones, tenía solo un micrófono al lado de su boca, y se había cambiado rápidamente para usar sus prendas como Xanium. La prensa la rodeaba, pensaban que iba a contar su retiro e iba a dar la noticia que pasaba a algún equipo de élite. Sin embargo estos no habían comentado nada en redes sociales, y más de un experto en la materia ya había dicho que no tenía pinta de ir por ahí la cosa. Desde luego estaban todos al pendiente de las palabras de ella, y eso le gustaba. Sonrió de medio lado, y vio por el rabillo del ojo a Seriel, Laura y Asmeya, la segunda estaba cruzada de brazos y sonriendo, mientras los otros dos no sabían dónde meterse. En cuanto los focos se encendieron para iluminarla apropiadamente habló.
-¡Compatriotas! Tengo un mensaje para vosotros, uno que hará que esta maldita República corrupta y gobernada por estúpidos y vividores de lo nuestro TIEMBLEN- su voz sonó potente, estaba usando la convicción.
Y ella tenía intención de usarla hasta el final- ¡Hoy la República llegará a su fin, os lo juro por los antiguos dioses! ¡Hoy, devolveremos a la galaxia su esplendor! ¡Hoy, el Imperio que jamás debió terminar volverá a resurgir de sus cenizas como un ave de fuego, y seremos grandes de nuevo!- encendió su espada.
-¡En estos momentos un grupo de Xaniums estará entrando al Congreso, y yo, Asmae Starlight, me coronaré como Emperatriz de este Segundo Gran Imperio, ¡por la gloria de la galaxia! ¡Un Imperio justo, noble y certero, implacable con sus enemigos que lo quieren ver muerto, y benigno con aquellos que lo merecen! ¡Y todo por la crueldad de nuestra clase política, que lejos de querer nuestro bien solo miran por ellos!- Seriel entonces tomó el brazo de Asmeya y la llevó suavemente atrás.
Shamarya vio aquello y se dispuso a seguirles, mientras Laura le indicaba con un gesto que ella se quedaba allí.
-Llevan mucho tiempo prometiendo y prometiendo, y nunca cumpliendo. ¿Adivináis su última jugada?- Asmae estaba en su salsa, todos los periodistas la estaban grabando y dando cuenta de aquella noticia, si bien el miedo comenzaba a llegar a ellos. Era un discurso muy peligroso sin duda.
-¡Van a crear un ejército de clones, los mismos que dictaron la expulsión de los científicos que estudiaron su proceso en masa, todo para tomar ese dinero del presupuesto y enriquecerse! ¡Y ese es solo el último de sus desmanes, pero… efectivamente será el último de todos! ¡Hoy morirán todos ellos, purgare a esas alimañas, y todo volverá al orden que siempre debió tener! ¡POR LA GALAXIA!- elevó su arma entonces.
Su respiración estaba agitada, su energía se expandía por todas partes y su corazón latía acelerado como el viento. Estaba hecho, y se sentía extraordinariamente bien… por fin podía dejar de callarse, por fin podía estar tranquila de que todos la apoyarían, estaba segura de ello… miró al frente, con una mirada furiosa, y se dirigió a unos vehículos que estaban al fondo, pretendiendo ir a su objetivo. El golpe acababa de empezar….
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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
