Código Galaxy
Capítulo 21
Tierra, Islandia, Reikiavik.
Llevaban ya unos cuantos meses en los que el Sol apenas salía algo más de cuatro horas sobre el horizonte, para volver a ocultarse bajo el mar, dejando a la ciudad, y a la isla, sumida en la oscuridad el resto del tiempo. Era un sitio espectacular, frío y hermoso, casi místico incluso estando en la mitad de una de las capitales de Europa. Desde la llegada del Imperio, la vida apenas había cambiado en la zona, pues no era un sitio que les interesara en especial, hasta que, la mañana de Reyes, llegó una nave. No especialmente grande, se trataba de un carguero de unos cinco metros de largo por tres de alto, y que se detuvo en una de las plazas.
Eran las 12 de la mañana del 6 de Enero, hacía poco que había amanecido, y había gente aprovechando el relativo buen tiempo para airearse, descansar del trabajo, o pasear con la mascota y los hijos. De pronto, un anuncio saltó en el brazo de todos los presentes, emitido desde los nanobots que tenían corriendo por su sangre.
-Habitantes de Gamma Sagittari 12 -comenzó la voz-, mañana a esta hora, todos los jóvenes de menos de veinticinco quedan convocados en las diferentes sedes Imperiales de su zona para una selección importante. Se adjunta información más detallada.
Unas de las convocadas, por tanto, era Brynja Heringsdötir. De pelo dorado y ojos verdes, la chica ya a sus 16 años había hecho sus pinitos en el mundo de la moda. Sabiéndose atractiva, se había ganado ya los favores de aquellos compañeros de clase que le interesaban, aunque nunca daba nada porque sí, siempre pedía algo a cambio, y rara vez llegaba a darlo todo, por así decirlo. Sólo una vez, y por conseguir unos pendientes realmente caros, claro que, al llegar el momento cumbre, tuvo, casualmente, dolores muy fuertes en el estómago.
Ahora las cosas habían cambiado, pero seguía logrando sus metas de una manera similar. Ella era la hija del embajador islandés en Francia, y, como tal, estaba acostumbrada a los lujos y al viaje. Esperaba que el trabajo que querían endosar no fuera uno duro, como ser minero, camarero, o recepcionista. Una chica de su clase merecía algo mucho mejor.
-Vaya mierda…
Estaba en su casa, en el mejor barrio de todo Reikiavik. Eran casas unifamiliares, de lujo, grandes y espaciosas, cálida y acogedora para los largos inviernos, y cómoda en los veranos. Ella tenía su cuarto, baño y ropero en el piso superior, mientras sus padres estaban en el de abajo. Los Imperiales habían tenido el buen gusto de mantenerles en sus puestos, al parecer seguirían siendo intermediarios, pero entre los nuevos líderes, y los antiguos políticos, al menos por ahora.
-¿Y yo qué me pondré mañana…? -mientras se miraba al espejo, acariciaba su cuerpo-, no puedo ir como una verdulera, pero no sé para qué es el puesto…
Su sentido de la moda siempre acertaba, le gustaba ir vestida apropiadamente a los sitios, y, como solía ir a fiestas, galas, y reuniones, siempre llevaba un vestido que realzara su cuerpo. Siempre apropiadamente maquillada, relucía allá a donde fuera, y esa vez no iba a ser menos.
-Puedo ponerme este rojo -murmuró para sí-, siempre queda bien el rojo.
En ese momento, tenía una camiseta de manga corta, unos vaqueros bien ceñidos, botas negras, y unas gafas de sol. Lo último en moda, lo había visto en una revista de belleza, de hecho aún la tenía abierta en su mesa, junto a los libros de texto del año pasado. En su cama, a la derecha de la mesa, tenía más ropa que había sacado, con el armario, en el lado contrario, abierto de par en par.
Sintió entonces una suave vibración en el brazo, y supo que la información que habían asegurado que les llegaría, había alcanzado su destino. Suspiró, al inicio de la invasión la gente no parecía demasiado contenta con aquello, de hecho decían que sería una forma de controlarles, pero, como solía pasar, se habían acostumbrado pronto, y ahora no sabrían vivir sin ellos.
-Sigo sin fiarme de esa gente… -miró por la ventana, de vez en cuando se veían patrullas de clones, pero apenas tenían trabajo allí- Pero, si no voy, son capaces de venir a por mí, y obligarme…
Brynja bajó algo el rostro, acariciándose el brazo. En el fondo, tampoco quería represalias para sus padres, pero, si tenía que priorizar, no tenía dudas que se salvaría a ella, a los demás podían darles por culo, como solía decir. Sus prioridades eran ella, luego ella, en tercer lugar ella, y ya después los demás. No demasiado convencida de qué decir en caso de que no le apeteciera ir y preguntaran, comenzó a revisar los datos que le mandaron.
No pudo sonreír más. Ese sí era un trabajo digno de ella: la asistente de Zormu Kalairi. Necesitaban, preferentemente, a una mujer joven, que supiera de protocolo, organizada y resolutiva. Y ella era todas esas cosas. Se preguntó cómo podían no pedir idiomas, y recordó que ahora podía comprender cualquier lengua del Imperio.
-En las noticias, comentaron que irían introduciendo las de la Tierra también… -murmuró- Debe ser por eso, y mientras lo van haciendo, yo puedo demostrar que sé usar la lengua para muchas cosas, incluido hablar inglés…
Sonrió, divertida. Puede que el político no gustara de mujeres como ella, pero complicada tenía que estar la cosa para que a nadie de todo el proceso no se le antojara pasar un rato de pasión con ella. Sus padres seguramente desaprobaran su conducta, pero a ella le daba totalmente igual. Lo importante era lograr su objetivo, y en ese puesto, seguro podría encontrar algún político importante al que arrimarse, y solucionarse la vida. ¿Inmoral? Puede. ¿Le importaba? Dudaba que le costara dormir recostada en una cama con sábanas de oro y platino.
Pensando en ello, recogió sus cosas, y dejó sólo lo necesario para prepararse para el día siguiente, había quedado con unas amigas para salir un rato, y seguramente comentarían la jugada entre ellas. Había decidido que jugaría ya sus cartas, si le saltaba la oportunidad, por supuesto.
-¡Papi, salgo un rato! -gritó, bajando por las escaleras, bolso en mano- ¡Volveré para cenar!
El aludido se limitó a gritar un simple "vale", era alguien ocupado, ella no le molestaba, y él a Brynja tampoco, le daba bastante libertad. Mientras sacara buenas notas, le dijo, podía hacer lo que considerara. Pensó, cuando fue a Kadic, en París, que ese sería un buen destino para ella, pero al final no se llegó a hacer. No recordaba los motivos exactamente, pero su amiga, Sissi, debió intervenir al respecto.
-Vaya zorra -comentó, con diversión-. Casi le quito a ese chaval, y se puso celosa -se rio entonces un poco-, claro que las otras tías seguro se pusieron rabiosas, no me extraña, con mi cuerpo cincelado…
Sí, tenía el ego por las nubes. Pero no merecía menos, y, aunque no lo pareciera, estaba dispuesta a todo con tal de lograr su nueva meta. Aunque tuviera que hacer cosas desagradables, le daba igual. Ya más adelante podría ponerse tiquismiquis, pero por ahora, tragaría. Literalmente.
Pensando en ese y otros temas, llegó hasta una zona de tiendas, donde estaban ya sus amigas. Las abrazó y dio un beso en la mejilla, yendo con ellas a tomar algo primero, luego comerían, y pasarían la tarde en la casa de una de ellas, Erina, su hermano mayor las iría devolviendo a casa una a una.
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Marsella, Francia.
Taelia estaba con Johnny y Gabrielle en el súper mercado, tenían la lista de la compra de su casa, y la de los Knight. Tom necesitaba algunas compresas, y Bernadette, si bien dijo que les llevaría ella, tenia que ir a trabajar al hospital, así que fue la otra la que llevó el vehículo hasta el súper. Llevaban un rato, buscaban ya las últimas cosas de la lista, cuando se hizo el llamamiento a los jóvenes para ir al día siguiente a la misma plaza en la que, semanas antes, Sam y Percy casi acababan apaleados.
-Me parece fatal, que nos obliguen -murmuraba Taelia-, es en plan, tienes que hacer esto, quieras o no, y encima nos harán perder un huevo de tiempo para no elegirnos…
Su tía, empujando el carrito, lo llevó hasta la carnicería, iban a coger filetes de pollo.
-Es lo más probable -comentó-, ¿viene algo de edad mínima?
La chica comenzó a revisar la información recibida, y suspiró.
-Sólo que, como mucho, veinticinco años -respondió-, nada de mayores de edad o similares…
Johnny se rascó la barbilla.
-Bueno, puede ser interesante, igual coincidimos con gente de Kadic…
Las otras dos se miraron, aún seguía con esa esperanza. Ya habían discutido bastantes veces sobre la imposibilidad de aquello, no iban a dar el espectáculo de nuevo donde estaban, así que se limitó Gabrielle a revolverle el pelo al menor, mientras sonreía, ya dirigiéndose a pagar.
-Está todo carísimo… -murmuraba la mujer, colocándose en la cola- Algo más de cien euros, para cuatro cosas….
Sí, llevaban carne, leche, algo de fruta, cereales, las compresas, y un par de cosas para la otra familia. Esas cosas siempre habían sido algo caras, y la cosa se había puesto peor durante las primeras semanas de la ocupación, pero parecía ir, poco a poco, a la normalidad. Aunque todo estaba lejos de ser normal en esos momentos.
Había muchos clones, distribuidos a lo largo de la ciudad, en pequeños grupos pero que de vez en cuando se dejaban ver. Eso era algo que, todo había que decirlo, era una mejora con respecto a la situación anterior, y es que la ciudad era más segura que nunca. Eso sí, tenían aún la restricción de hora y edad para muchas cosas, dudaban que desapareciera en una larga temporada.
-Bueno, id metiendo todo en bolsas -Gabrielle estaba ya dándole el dinero a la cajera, tras pasar todo-, en orden, ya sabéis, lo pesado abajo y lo ligero arriba, que no se aplaste la fruta.
Los menores asintieron, otra cosa no, pero su tía era extremadamente ordenada para esas cosas. Una vez lo cargaron todo, lo colocaron de nuevo en el carro, bajaron por un montacargas, y llegaron al garaje donde tenían el coche. Había movimiento es día, pero, por ahora, solo había gente normal y corriente, los imperiales seguían aún en sus bases, y mejor que siguieran así, por ahora.
-He oído que van a venir gentes de otros lados de la galaxia, para vivir aquí- comentaba Gabrielle, ya en el coche, saliendo del garaje-, eso comentaron en el trabajo, al menos.
Taelia, que iba en el asiento de delante, suspiró.
-Sería normal, supongo…
-¿Y dónde vivirían? -preguntó Johnny- Tendrían que construir muchas casas…
-No creo que hagan eso, en todo caso quitarían a los que ya están -comentó la adulta, seria-, o no, igual se ponen elitistas con el tema, a saber.
Salieron a la calle, y condujeron tranquilamente por las calles, había tráfico, pero nada fuera de lo normal. Parecería un día normal de no ser por los clones por aquí y por allá.
-Por ahora, viven al lado de donde trabajas, ¿no, tita?
A esa pregunta de chico, la otra asintió.
-Sí, Luz, la clon que está con nosotros en la oficina, vive en unas barracas cercanas -explicó-, supongo que junto a otros muchos, están ya construyendo cosas, mientras nosotros hacemos planos, cuentas, y demás.
-Me sorprende que no nos usen a nosotros para trabajar…
Gabrielle miró a su sobrina en silencio por unos segundos, no le faltaba razón con esa afirmación.
-No les merece la pena -explicó-, a nosotros nos tendrían que dar de comer, descansos, un sitio en el que dormir, disciplinarnos… es más fácil con clones, o con maquinaria, de hecho usan muchísimas.
-¡Cómo mola! -exclamó Johnny- ¡Deberíamos usarlas!
-¡No hables en alto eso, tú!
El chico se cohibió un poco ante el grito de su hermana, y Gabrielle suspiró un poco.
-Tened cuidado, ¿me oís? -pidió- Taelia, estamos en el coche, no pasa nada -miró por el retrovisor a su sobrino-. Johnny, no hables de esos temas con nadie que no sea nosotros, ni en lugares públicos, ¿vale?
Ambos asintieron, y la adulta sonrió ligeramente. Puso la música en la radio, y fueron tatareando, iban por una avenida amplia, pasaron una serie de rotondas, y llegaron, minutos después, hasta la calle en la que vivían. Les esperaban ya Sam y Percy, con un carrito para entrar las cosas, mientras el viejo Tom estaba sentado en una silla, con su bastón al lado, y su eterna lata de cerveza sin alcohol al lado, Bernadette había insistido en que así fuera. Desde la muerte de Ibrahim se había propuesto a cuidarlo, y le había puesto rápido en vereda… claro que había acabo cediendo con aquella idea de pelear por la libertad, a su manera al menos.
-Venga, id bajando y ayudad -pidió Gabrielle, antes de aparcar mejor- ¡Johnny, lleva lo nuestro a un lado y ayuda a los otros a meter las cosas en la otra cosa!
Este ya había bajado del vehículo, su hermana de hecho ya había abierto el maletero, y los otros dos cargaban con las bolsas para llevar.
-¿Hoy coméis en casa, no? -preguntó Taelia, a lo que Sam asintió- Mi tía ha hecho macarrones con carne y queso, le quedan de lujo.
-Mejor, porque si tenemos que depender de mi hermano… -a esas palabras de Sam, este le golpeó el hombro un poco- ¡Oye, sólo digo la verdad!
-Ya, claro… -murmuraba este- Sólo lo dices porque eres pésima para cocinar.
Esta frunció algo el ceño, pero no llegó a responderle. En su lugar, miró a Johnny.
-Será mejor que no le imites, si le quieres gustar a las chicas, Jo.
Este asintió, algo sonrojado.
-Pues… había una….
Taelia chasqueó algo la lengua, y avanzó deprisa. Los dos hermanos la imitaron, mientras el menor llevaba, como le habían indicado, las cosas hasta la casa, donde Gabrielle las colocaría, pues él se les uniría luego. Tras dejar las cosas en la cocina, salió corriendo por la puerta, y se acercó a los otros tres.
-¿Tenías una novia, Jo?
A la pregunta de Sam, el otro negó un poco.
-Estaba bastante pillado por la hermana de un amigo, era japonesa -explicó su hermana-, pero ella, a su vez, estaba pillada por un pavo alemán, así que imagínate la mezcla.
Sam asintió, recordando un poco.
-Es verdad, que también venís de Kadic, vosotros… -murmuró- ¿Yumi Ishiyama?
-¡Esa! -exclamó el menor- Era tan guapa, imponente, vaya piernas, vaya…
-¡Lo hemos entendido! -le detuvo Percy, riéndose- ¿Pero cuántos años te sacaba, tío?
-Tres o cuatro, por lo menos -respondió Taelia-. Y, bueno, ya entenderéis el problema que hay, ¿no?
Sam, asintiendo, miró por la ventana. Estaban en el salón de su casa.
-Bueno, siempre están las chicas de aquí -comentó-, las hay muchas, y muy guapas, como yo…
El menor se rio, entonces, medio comprendiendo por dónde iba Sam. Taelia suspiró, y miró a Percy, que también sonreía un poco, mientras se acariciaba la nuca.
-Vaya panda…
-Por cierto, mañana iremos todos a lo del anuncio, ¿no? -comentó Sam- Es un rollo, pero seguro que, si no vamos, nos la lían, estos cabronas…
Taelia asintió.
-¿Habéis revisado las condiciones? -preguntó- A nosotros apenas nos dio tiempo, como estábamos a la compra no pudimos.
Percy respondió.
-Nos explotarán seguro, así que, ¿qué más da?
La otra rodó los ojos, pero le respondió.
-Es que puede que tengamos que falsificar datos médicos o algo, si lleva él razón y son trabajos forzados.
Sam la miró con diversión.
-¿He oído bien? -preguntó, sonriendo- ¿La chica buena pro sistema, queriendo saltarse el sistema?
-Yo nunca he sido pro sistema, tia.
Pero Sam negó.
-Estabas a favor del medio de producción capitalista, hermana, así que eres sistema.
-¿Tanto como tú, cuando ibas a las marchas que concentraba el propio ayuntamiento, para exigir cosas que ya tienes?
La aludida le sacó la lengua entonces, y ambas se rieron un poco.
-Entiendo tu punto, de verdad… - murmuró Sam- Pero, ¿cómo lo haríamos? El único tío que conozco que podría hacerlo puede que esté muerto.
Taelia se lo pensó.
-No haría falta demasiado -comentó-, bastaría con que, si hacen pruebas médicas, falsearlas de alguna forma.
Mientras ellas hablaban, Johnny se había dedicado a revisar los criterios de selección.
-Me parece que no habrá que falsear nada - comentó-. Buscan a alguien que haga de secretario de Zormu.
-Paso de ayudar a ese dictador- murmuró Percy, serio-, hacemos que somos imbéciles o algo, que no nos cobran.
Tom, que lo escuchaba todo, se rascaba la barba, pensativo, hasta que carraspeó un poco. Cuando los menores se giraron, les indicó que se acercaran, cosa que hicieron.
-Tenemos que hablar, muchachos -comentó, sonriendo-. Nos podemos beneficiar, de esta situación.
Ellos Le miraron con interés, él siempre un paso por delante, como buen soldado curtido que era.
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Base republicana en Alfa Leoni I
Odd se despertó de golpe, empapado en sudor. Había tenido, otra vez, un mal sueño. No… por favor, no… díme que no eres tú… Dime por Dios que no eres tú… ¡Ese imbécil murió! ¡Yo soy mejor! ¡Yo soy Starfire!
La primera parte lo decía, por el tono, una mujer. La segunda… en fin, prefería ni pensarlo, le era demasiado familiar, y esperaba estar equivocado al respecto. Pero no era lo único que escuchaba, esa era sólo una parte. Otras veces, escuchaba ¡Eras mi hermano, te amé como a uno!
Y, la misma voz que respondía en el primer caso, le reprendía esas palabras
¡Soy un palo en la rueda, me lo dejasteis claro aquel día en Glaciaris! ¡Os odio, a todos! ¡Os habéis vendido, y ahora sois la misma escoria que jurasteis derrotar!
Ese nombre era nuevo. Y, otro importante que él recordaba, era algo más largo.
Entonces tú eres el león de…
Así me llaman, sí. Tu eras la líder de los grandes cazadores de Beta Escorpi 15, ¿verdad?
Cierto, ahora soy del Imperio… me han dicho que también quieres, ¿verdad?
Sí.
Y en ese momento despertaba, aquella no era la primera vez que sucedía. Sucedía por la noche, su interlocutor estaba tapado, pero se veía a sí mismo, también con una manta por encima para ocultar que era él, pero era imposible no reconocerse. Eso le llevaba a plantearse ciertas cosas, y necesitaba respuestas, urgentemente.
Estaba junto a sus compañeros, durmiendo en las camas de su piso, en la base. Estaba a oscuras, pero se distinguían las figuras de los demás, Jeremy durmiendo con Aelita, y la de los clones. Seguramente Ulrich estaría durmiendo con Yumi en esos momentos, que suerte tenían… Un ligero gruñido de celos se le escapó de la garganta, pero poco podía hacer, así que se incorporó, tomó su camiseta de manga corta, unos pantalones, y procedió a salir con sigilo del cuarto.
Gracias a Kiwi, no solían cerrar puerta alguna, por eso podían entrar y salir casi sin hacer ruido. De hecho, le vio acurrucado junto a su cama, debió bajarse durante la noche.
-Ven conmigo, campeón…
Susurró, tomándolo en brazos, y, esquivando las cosas que había por el suelo, salió hasta el pasillo.
Se sorprendió de ver allí a Ritmo, estaba sentada en el suelo con un papel en la mano.
-¿También con problemas de sueño?
La aludida se giró, sorprendida, y guardó rápidamente lo que estaba escribiendo, y asintió.
-Sí… -murmuró- Estaba… intentando conciliar el sueño, aunque está difícil…
Miró de reojo hacia el interior, y, si se concentraban, podrían escuchar el suave sonido de dos personas besarse. Odd gruñó un poco, entonces.
-Ya veo… -le sonrió entonces- Yo… bueno, quería revisar unas cosas, la verdad.
Ritmo se colocó a su lado, entonces, y sonrió. Acarició a Kiwi en la cabeza, que ronroneo un poco, y fueron hacia la biblioteca de la base, estaba siempre abierta para el que la necesitara. En teoría no podían salir de donde vivían, pero a veces se escapaban para revisar alguna cosa que les interesaba en especial, y ese día sería una de esas veces.
-¿Y tú, por qué no dormías?
A esa pregunta de la clon, el otro suspiró un poco. No sabía si debía contarlo, pero, por otro lado, ella le miraba con esos ojitos que ellas solían poner, como si te estuviera observando el alma. A decir verdad, eran demasiado monas, las clones… Se solía perder en la mirada de ellas dos cuando coincidían. Y, probablemente, sus sueños no fueran más que eso, malos sueños.
-Creo que pienso demasiado -comentó-, he estado teniendo algunos malos sueños, la verdad… pero quería revisar una cosa.
-Fan sabría decirte en qué planeta habitan lectores de sueños -comentó Ritmo-, puede que haya información de ellos en los libros.
-¿Y esos lectores, tienen algún poder especial?
La chica se lo pensó antes, estaban a las puertas de la biblioteca. Miró por unos segundos a Kiwi, tardando unos segundos en responder.
-Bueno, es algo complicado -comentó-, entre los poderes de los Xaniums, había uno que era considerado… ficticio, nunca se ha llegado a probar que exista, ellos eran supuestos expertos para descifrarlo.
-¿Un poder diferente? -Ritmo asintió- ¿Y en qué consiste?
-Se llamaba predicción, pero nunca se ha estudiado completamente, ya digo -se hundió de hombros entonces-. Se supone que la persona podía ver momentos de su futuro, a más lejano, más difuminado se ve todo. Y esa gente es experta en descifrar sus misterios.
Odd asintió, con cierto interés. Puede que eso fuera lo que le pasara a él, que pudiera ver el futuro. En el súper ordenador de la Fábrica tenía ese poder, pero, cuando lo actualizaron, desapareció. Ahora, con el primer entrenamiento virtual, había vuelto a vivirlo, y, además, ahora sabía que lo podía usar en la realidad. El por qué no había podido hacerlo hasta entonces lo desconocía, suponía que más adelante lo sabría, pero ahora se iba a centrar en aprender sobre ese poder.
-Entremos.
Cruzaron la puerta, que se abrió en cuanto colocaron la mano en el lector, y accedieron a la biblioteca. El color blanco seguía siendo el predominante, con estanterías a rebosar de tabletas, ordenadores, y pantallas, igual que en las numerosas mesas que había por todas partes. Una tenue luz iluminaba las estancias, lo bastante para ver, pero no demasiada para no cegarse, con un ambiente la mar de agradable para estar un buen rato allí.
-No creo que quieran que entre aquí Kiwi…
A esas palabras de Ritmo, el otro negó.
-Aquí no hay cámaras, ni nadie -le sonrió un poco-. No nos van a pillar.
Tomó su mano, entonces, y la llevó hasta una mesa. Dejaron al animal en el suelo, y entonces se pusieron a rebuscar en los archivos de los ordenadores, estaban todos interconectados a una misma base de datos, por lo que no hacía falta ir uno por uno; desde una sola terminal podían verlo todo. Era realmente cómodo.
-Y… ¿cómo era la vida en la Tierra, Odd? -pregunto minutos después Ritmo- Antes del Imperio.
El chico suspiró un poco, ese tema lo hablaban de vez en cuando, en esos ratos muertos. Normalmente, eran Jeremy y Yumi quienes contaban, así que… ahora le tocaba a él.
-A mi me gustaba -comentó-, tenía a mis amigos, chicas guapas, a mi perrito… Estaba bien.
Ella asintió, con cierto interés, y observó a Kiwi, le estaba mordiendo uno de los dedos con cierto interés.
-¿Chicas? -preguntó- ¿Cómo yo, o la jefa?
Odd se sonrojó, se refería a Aelita. Asintió, y Ritmo imitó el movimiento. Él se dedicó a seguir explorando por los archivos de la biblioteca con interés, mientras ella leía por encima frases sueltas.
-La verdad, no deberían hacer lo que hacen, Einstein y Aelita -comentó de pronto Odd-, bueno, ellos y Ulrich y Yumi. Se supone que no deberían estar juntos…
La clon asintió, era verdad. En las doce reglas del Codex Xanium, el punto sexto precisamente decía "no amarás carnalmente". Y ellos, al menos los segundos, ya lo habrían hecho, lo más seguro. Suspirando, el chico chasqueó la lengua.
-Es complicado hacerlo -murmuró Ritmo-, se sabe que el general Kimara y Starlight eran pareja en su día, eso suele decir Naipe, al menos…
Odd la miró con cierto interés.
-Antes de la guerra lo eran, ahora lo dudo… -se lo pensó un poco antes de existir- Se hablan de varios casos en los que dos Xaniums eran pareja, pero casi nunca se les ha expulsado, bueno, y de Xaniums con clones.
Eso sorprendió a Odd, e iba a responder, cuando vio un archivo que le llamó la atención.
-La leyenda de Eos y los cuatro grandes reyes… -leyó-, ¿qué es?
Rtimo sonrió.
-¡Mi leyenda antigua favorita, mi hermana y yo nos sabemos las canciones enteras!
El chico la miró con interés, entonces, y ella carraspeó un poco, procediendo a cantar.
Eos, el guerrero
Hijo de Urám.
Conquistó los reinos
Sin dificultad.
Tenía diez hermanos
A todos los mató.
Su aliento era fuego.
Nadie le paró.
Hasta que los reyes
Aro, Lexia, Kopa
Junto a Aremein.
Le enfrentaron
Le detuvieron
En batalla cruel.
Su fuego eterno
Eos les lanzaba
Ellos se cubrían
Pero su magia usaban
Contra Eos cruel.
Hasta que en una trampa
Lograron que cayera.
Murió enarbolado
En los dientes de Dastur
El lizardi de Lexia
Fue su destructor
El mal nunca triunfó
Pero su maldición.
Eos les lanzó
Jamás volverían
A ver la luz del Sol…
Odd la miró con una sonrisa, tenía una linda voz, la verdad.
-Hay más, ¿verdad? -a eso ella asintió-, ¿son muchas?
-Es un himno entero, esta es la primera parte -le explicó-, en total pueden haber… diez o doce canciones, contando toda la historia: de dónde vienen sus poderes, en qué consistían…
Odd asintió, y comprobó que Kiwi estaba ya explorando la sala con interés, olisqueando todo lo que aparecía a su paso, con bastantes ganas. Sonrió, le llamó con un suave silbido, y el animalito acudió a él rápidamente, o todo lo deprisa que podía ir un cachorro que empezaba a andar.
-Así se llamaba tu… perrito, así se le decía, ¿no?
-Así es, ya era algo mayor, pero se dejaba querer bastante -comentó-, siempre me gustaron los animales, y cuando vi a este cachorrito, me enamoré a primera vista.
Lo levantó con cuidado, se lo colocó en las piernas, y siguió con la charla de ella.
-¿Entonces las relaciones con clones son comunes?
Ritmo asintió, contenta.
-Claro, además, nuestro ritmo de vida hace que muramos jóvenes, y aunque no hubiera guerra ya mañana, nuestra esperanza de vida serían… -ella se lo pensó antes de responder- Unos veinte años de vosotros, bueno, estándar. (1)
-Entiendo -la miró entonces, mientras acariciaba al animal. Había que reconocer que era hermosa, ella… -. Luego me gustaría ayudaros con vuestras canciones, para darles música.
La clon la miró, sonriendo, contenta por el ofrecimiento que él le había hecho, le hacía verdadera ilusión poder pasar esos ratos con uno de sus jefes. Procedieron entonces a revisar más documentos, al final estaban allí para eso, bueno, al menos Odd. Ritmo estaba haciéndole compañía, y, de paso, para cuidar de Kiwi mientras él trabajaba.
No tardó demasiado en encontrar información de todo tipo sobre los poderes Xaniums. El chico se dedicaba a revisarlos, murmurando en voz alta, más para sí que para la clon, que intentaba atenderle, aunque se acababa perdiendo en el cuerpo de él… había que reconocer que era bastante guapo, él.
-Al parecer fue un médico, un neurólogo súper importante, el que hizo el descubrimiento -comentó-, pero fue hace un montón, antes incluso de la República, y que descubrió que venía de la sinapsis neuronal, y dependiendo de cómo se realizaba, daba un poder u otro…
-Sí, él, al parecer, tenía la súper velocidad, y fue el fundador de la Orden.
A esas palabras de Ritmo, él asintió, pensativo, leyendo el texto.
-Pero se lesionó la rodilla de joven, por eso no podía usarlo plenamente, pero fundó la Orden precisamente para estudiarlo, y potenciar esas habilidades -iba moviendo el texto con la mano, buscando cosas relevantes-. ¡Ostras, hasta inventó, junto a un amigo, las espadas de luz! Pero era por un tema de moda, y quería un logo chulo para su fundación…
-Es una historia muy curiosa, sí -comentó Ritmo, divertida-, con el paso de los años, más y más gente se unía a la fundación, hasta que, ya fundada la República, suben muchísimo, y se les contrata como un cuerpo especial… y lo demás es historia.
El chico asintió, y suspiró un poco. En la página en la que estaba, había más información sobre cada uno de los poderes, pero apenas había cosas sobre la predicción. Puede que tuviera que ir más por el camino de aquella gente, los lectores de sueños. Pero no podría salir de la base hasta… a saber cuánto. Tendría que conformarse, por ahora, con solo saber información de ese poder que, estaba seguro, poseía. Por otro lado, le preocupaba lo que veía.
-Será mejor que volvamos, Odd -salió de su ensoñación por esas palabras de Ritmo-, en cinco horas tenemos que estar en pie, y me estoy durmiendo ya…
El chico miró la hora, llevaban, a lo tonto, hora y pico ya allí, tendría que saciar su curiosidad más adelante. Sonriendo, se levantó, tomó la mano de la otra, y se dirigieron a la puerta.
-He visto… a los otros hacer esto -comentó Ritmo-, ¿es común en la Tierra?
El otro suspiró un poco, entonces, y asintió.
-Entre parejas sí -comentó-, lo siento…
Cuando se iba a separar algo de ella, la clon le retuvo, de hecho, le acercó hasta ella. Era algo más alta que él, y le miraba directamente a los ojos, con una ligera sonrisa. El chico, entonces, la besó en los labios, de pronto. Ella no sabía cómo seguir, pero se limitó a dejar que el otro lo hiciera, suponiendo que era lo que se debía hacer. Instantes después, el otro se separó.
-Entonces… te gusto.
Ritmo se hundió de hombros.
-Si quieres decir que me atraes físicamente, sí -respondió-, es lo que se hace normalmente, ¿no?
El adolescente asintió, y reparó en Kiwi, que, por suerte, lo tenía en la otra mano mientras se daban aquel beso. El animal les miraba con los ojos bien abiertos, moviendo algo las orejas, atento a todos.
-Sí, bueno, es una parte -comentó-, pero suele haber más, la verdad.
Ella asintió, pensativa.
-Los dos jefes suelen estar siempre juntos, hablan mucho y tal -comentó la clon-, supongo que te refieres a eso, ¿no?
Mientras charlaban, tomó la mano del otro, y fueron andando de vuelta al cuarto. Odd asintió un poco, contento.
-De todas formas, y dado que no podemos ser demasiado evidentes, por el tema este de las reglas de mierda, deberíamos no estar demasiado juntos…
Ella asintió, pensativa, no soltando la mano del otro hasta que llegaron a los cuartos, donde se separaron, dándose un nuevo beso, esta vez algo más duradero. Sus labios jugaron un poco, y el chico se atrevió, en esa ocasión, de palpar algo el cuerpo de la otra, que sonrió.
-Será mejor que no sigamos -murmuró ella-, es posible que nos vinieramos demasiado arriba, como soléis decir…
El otro la miró, algo sonrojado. Sí que vivían deprisa, los clones. Pero entendía esa mentalidad, a decir verdad. Si fuera a vivir tan poco, también lo haría. Bueno, a él le pasaba incluso con toda una vida por delante…
Fueron cada uno por su lado, entrando a los cuartos. Si Odd se encontró la tranquilidad absoluta, Ritmo escuchó los suaves gemidos femeninos de la que debía ser Yumi, junto a algún grabe gruñido de Ulrich, así que ni se planteó entrar, no deseaba molestar. Se giró, entonces, y siguió a Odd, que se sorprendió al verla entrar, y llegar hasta su cama, donde se sentó.
Se miraron, y, sin más, procedieron a recostarse en la cama, juntos, abrazándose incluso, disfrutando del cálido tacto del otro. Por primera vez en una temporada, una ligera sonrisa de satisfacción apareció en los labios de él, aunque aún le daba algunas vueltas a su último descubrimiento…
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Delta Escorpi 4, base Imperial.
Patrick tenía delante a Yekira, estaban en pleno entrenamiento, eran observados por Laura, con un William muy interesado en su amigo, al que jaleaba para que venciera a la chica, que se movía con la gracilidad de un gato, saltando, esquivando, y deteniendo los envites del otro, que usaba su espada de luz sólo para interponerla entre su cuerpo y la del chico, que estaba ya sudando.
Habían decidido que ella le enseñaría a usar la espada de luz, cosa que estaba cumpliendo, pero a su manera. Era tan veloz que, solo pensarlo, a él le entraban dolores de cabeza, no era capaz de acertarle ningún movimiento, todo lo evadía fácilmente. Hasta que ella le posó el filo de su arma en el cuello, divertida, momento en que el otro usó su energía para llevarla unos metros más allá. Eso la sorprendió, realmente que fuera capaz ya de eso la sorprendía, aunque no pudo pensarlo demasiado, ya que acabó en el suelo. Se iba a levantar, cuando se encontró al otro sentado sobre ella, con su arma al cuello, igual que estaba ella hace unos segundos… con la diferencia de que no podría mover sus brazos.
-Muy bien, Patrick… -murmuró Yekira, con una suave sonrisa- Pero no sólo tendrías que aprisionar mis brazos…
Ella se esfumó de delante de él, que ni se pudo girar. Sintió los brazos de la otra por detrás, que le aprisionaban contra su fuerte cuerpo, hasta que notó los labios de ella en el cuello.
-¿Mejor, no?
El susurro de ella le erizó la piel, sonrojándose. Oyeron palmadas entonces, y se encontraron a Jim, de pie. A su lado, Estrella le imitaba, contenta.
-¡Increible, muy bien hecho, chaval!
Los demás clones siguieron las acciones de su lider de facto, mientras William miraba con interés cómo Laura apuntaba cosas en su tableta, mientras murmuraba cosas que no llegaba a comprender.
-Bueno, Will, nos toca.
La muchacha se levantó justo tras terminar, y, sin más, se dirigió hacia donde estaban los otros dos, que ya volvían en su misma dirección. Estaban en los exteriores de los la base, en una zona con gradas. Yekira y Patrick habían estado combatiendo en un círculo de arena, mientras los demás les observaban sentados en unos bancos, con Laura colocada en uno por encima de los demás. Los dos primeros se colocaron junto a sus compañeros de escuadrón, mientras Laura y William se colocaban frente a frente en el círculo.
-¿Quién crees que gana, jefe?
Jim sonrió de medio lado, Estrella tan curiosa como siempre. A su lado, Tornillos y Fan ya estaban cuchicheando entre ellas, mientras Blancas y Negras estaban ya entregando unas toallas a los otros dos, que se sentaron al poco, junto al adulto.
-Laura, pero porque Will se dejará ganar.
Ellos le miraron con sorpresa, así que mayor se explicó.
-Él es como un ejercito con piernas, os sorprendería la fuerza que tiene -se sobó una mano entonces-, vaya ostias me dio ese día…
-Uno que salisteis, ¿verdad?
A esa pregunta de Patrick, Jim asintió.
-Estaba preocupado, por la mierda aquella del súper ordenador de Kadic y demás -explicó-, pero no podía preocuparse de esas cosas, no ahora.
-Y ahora que está centrado, podrá sacar todo su potencial, aunque pretende mantener un perfil bajo -añadió Hielo, entonces-, digno de un gran estratega militar, sin duda.
-Es tan guapo… -soltó de pronto Floresta- En plan, mírale, joder…
Suzanne, también presente, rodó los ojos.
-Bueno, Dumbar tiene su encanto -reconoció-, pero eso no es lo importante. ¿Tienes alguna sugerencia, Jim?
Sintiéndose pillado, el otro se rascó la nuca, con una sonrisa divertida.
-Él será clave en nuestro plan, sí -comentó, miró de reojo un instante a Yekira, y carraspeó-. Pero podemos hablar de eso en la comida, si lo prefieres.
-No hace falta -comentó Suzanne, mientras se recolocaba la ropa-. Recuerda que estamos todos en el mismo equipo. Además, son formaciones para el combate contra la República, ¿verdad?
Comprendiendo por dónde iba la mujer, el otro asintió. Al final, él fue, en su juventud, un soldado de élite. Había luchado muchas veces, y sabía algún que otro truco, podían usarlo a su favor, era verdad. Necesitaban sobrevivir hasta que pudieran escapar… aunque aún no sabían cómo.
-¡Mirad, que combatazo!
El grito de Tornillos les sacó de esa conversación, y se fijaron en lo que estaban haciendo los otros dos. Laura tenía contra la pared a William, ella tenía su espada sostenida con las dos manos, pero en su antebrazo derecho tenía un cuadrado de energía que le servía como escudo, creado a partir de la energía de ella, con el que se defendía de cada estocazo de él, que sudaba, con la respiración entrecortada. Aún así, ella no estaba mucho mejor, pues la fuerza del otro era abrumadora.
-Debo reconocer… que eres… impresionante… -murmuraba ella- Cuando sepas controlar tu fuerza, serás un guerrero temible…
-La última vez que no me contuve acabé mal, sí…
Intentó usar su energía, quería estar justo detrás de ella para ponerle la espada en el cuello. Si lo hacían, estando lejos de la Base, podrían escapar… pero estaba la otra, Yekira, y en sus nanobots seguro que habría alguna mierda para evitar deserciones, y… mierda, su plan estaba en pañales aún.
Pero, cuando parpadeó, todo a su alrededor se difuminó, se sintió muy ligero, y se encontró volando hasta detrás de ellas, aunque, cuando intentaba respirar, no era capaz. No pudo hasta que volvió a verlo todo normal, aunque, cuando quiso darse cuenta de eso, se encontró a sí mismo con su espada de luz en el cogote de Laura, que había interpuesto su escudo, empujando con fuerza para quitárselo de encima cuanto antes.
En un instante, ella se separó, le dio un golpe en el estómago, le arrebató el arma, y le hizo un corte en cada brazo, haciéndole gemir un poco por el dolor. Su carne quemaba, ya cauterizada según se hacía el corte, y la sangre le quemaba por esa zona. Aunque Laura no parecía intranquila.
-Tranquilo, en dos días estarás como nuevo -le indicó con la cabeza que volvieran con los demás, así que el otro la siguió-. Enhorabuena, por cierto, por ese mini viaje usando la transportación.
William se sorprendió por eso, pero, al ver las sonrisas de los demás, supo que era verdad. Yekira le sonreía, mientras Jim le levantaba fácilmente por los aires, para ponerle sobre sus hombros, para diversión de todos menos del chico, que se quejó por ese trato, mientras los clones se reían con ganas. Iban a terminar la mañana con entrenamiento para los clones, simularían una batalla entre ellos, en los que comandarían, precisamente, Wll, Patrick y Yekira. Se enfrentarían con dos, tres y dos clones, respectivamente, y usarían munición falsa, a excepción de las espadas de luz de cada uno, mientras Jim, Laura y Suzanne se quedaban a un lado, para observar.
Sin embargo, cuando la teniente se disponía a hacer los equipos, se dio cuenta de que su compañera no estaba. La buscó con la mirada, y, al no verla, frunció el ceño.
-¿Y Yekira? ¿Dónde…?
Antes de que pudiera seguir, apareció ante ellos con su súper velocidad, por lo que su superior la miró con mala cara.
-¿Dónde estabas, Yekira?
Ella carraspeó un poco.
-Tuve… un apretón, lo resolví a unos kilómetros de aquí, lo-lo siento.
La otra suspiró un poco, y se limitó a dar las instrucciones del ejercicio. Si bien la teniente se había creido esa excusa, no así Jim y Suzanne, que habían estado tantas veces tratando con adolescentes como para saber diferenciar una verdad de una excusa. Y en esta ocasión, no iba a ser menos. Pero no lo hablarían entonces, delante de la teniente, sino que en privado.
-Bueno, id preparando el combate, empezaremos cuando toque el silbato -decía Laura-, ¿habéis comprendido todos?
Tras asentir, se limitaron a prepararse, no sin evitar Jim guiñarle un ojo a Estrella, que le dio un suave beso en la mejilla. Ya ni se ocultaban, al principio intentaban no ser demasiado evidentes, pues lo estaban hablando, pero llegó un punto en el que decidieron no andarse con tonterías, y si tenían que ser afectuosos con el otro en público lo serían, como así hacían ya.
-Tenéis suerte de estar aquí, y no con la maldita República -comentaba Laura-, con ellos ya estaríais fuera del ejercito, o señalados públicamente, o algo…
-¿No se permiten estas cosas en su ejército, pero en este sí?
A la pregunta de Patrick, ella asintió.
-A mi maestra, Starlight, esa norma le parecía absurda -explicó-, y como ella es la líder del bando imperial, puso las normas. Esta es una de ellas.
Se limitó entonces a sentarse sobre una piedra, en lo alto de una colina, desde la que verían todo el enfrentamiento, del que tomaría atenta nota, y, junto a ella, estarían los dos adultos, que observarían junto a ella. Jim por ser el líder de los clones, y Suzanne, por ser su técnica, su mano derecha en cuanto a estrategia, planes, y tecnología. Aunque Tornillos ayudaría, la especialista última sería la mujer.
-Bueno, ¿cómo les veis?
Era una pregunta sencilla, pero complicada a la vez.
-Son buenos chavales -se animó a decir Jim al rato-, los clones son buenos soldados, Yekira es disciplinada y muy entusiasta, y los otros dos… Patrick parece más centrado que Will.
El hombre tenía buen ojo para los soldados, pensó Laura, eso mismo había notado ella. Miró a Suzanne en busca de su respuesta, y ella suspiró algo.
-Pienso igual, pero no tienen madera de líderes -en su lugar, clavó su mirada en el mayor-, tú, en cambio, sí.
El hombre se rascó la nuca, nervioso, aunque Laura asintió.
-Normalmente el segundo al mando es otro Xanium -comentó ella-, nunca por alguien… común, pero al menos no eres un clon.
-¿A qué te refieres?
A esa pregunta de Suzanne, la otra suspiró.
-Los clones son simples, no demasiado listos, ya sabéis -explicó-, son solo carnaza para evitar muertes reales en la guerra…
Los dos adultos se miraron, en cierta medida esa forma de pensar no les sorprendía, viniendo de una imperial. Y seguramente en la República se pensara de una forma similar, para qué engañarse, o peor incluso. Claro que no lo pretendían descubrir, en cuanto abandonaran el bando imperial pretendían ser libres, o esa era la idea, al menos. De todas formas, pese a desplantes como aquel, que eran habituales, los clones del grupo seguían siendo bastante leales al Imperio… no tenían ni idea aún de qué harían para huir de su destino.
-Lo haremos…. aunque me cueste la viza, Su -le susurró Jim a la mujer- Juré que os sacaría de aquí, y yo siempre cumplo mis promesas.
La aludida suspiró un poco, y, para quitarse esos pensamientos de la cabeza, llevó su vista al inminente combate.
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El equivalente a casi 33 años terrestres.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
