Código Galaxy
Capítulo 22
N/A: Me gustaría anunciar que, tal y como fue prometido hace hoy 10 meses, que, el 31/12, será estrenado el primer capítulo de la segunda parte de Código: Guardianes, El Ascenso de Tinieblas. Espero que sea tan exitoso como la primera parte, y que os guste tanto o más.
El tiempo pasaba entre ejercicios y ejercicios, y, sin que se dieran cuenta casi, habían pasado un mes estándar aproximadamente desde el primer vuelo que hicieron, cuando Odd encontró a Kiwi 2. En la Tierra, de hecho, sería 13 de Febrero, un día bastante especial. Habían pasado aproximadamente 100 días, el equivalente a dos meses y medio estándar, y, gracias a las cuentas que habían hecho, se habían fabricado un diario terrestre, con el cual habían determinado la fecha en la estarían en casa, y por eso, esa mañana, Jeremy despertó el primero.
Estaba recostado, con Aelita durmiendo aún apoyada en él, con la cabeza en su pecho, tan adorable como siempre. Acarició despacio su cuerpo, mirándola con cariño, hasta que, al rato, fue abriendo los ojos, y sonrió ante las vistas.
-Hola, guapo… -murmuró ella, sonriendo- Buenos días…
Acercó sus labios al otro, recibiendo el beso, mientras se acariciaban despacio. Se recubrieron con las sábanas, mientras seguían besándose, pasando las manos por debajo de la ropa del otro. Se iban mirando con deseo, incluso llegaron a pasar por el cuello y el pecho del otro, pero, cuando él fue a tocar la entrepierna de Aelita, ella le miró, algo nerviosa.
-Es tu cumpleaños, Lita -murmuró él, mientras la besaba despacio-, felicidades, mi amor…
Ella le sonrió un poco, y volvió a besarle, procediendo a acariciar lentamente la entrepierna del otro, mientras le daba cariñosos mordisquitos en el cuello, sacándole algún leve gemido.
-No me siento lista para tener relaciones, pero… -ella le miró sonrojada- Sí que me gustaría… bueno, tu espada de luz.
Riéndose de su propio chiste, le retiró la ropa interior, y comprobó que el miembro de él estaba algo duro ya. Procedió a mover su mano, lentamente, masturbándole, dejando al otro que acariciara sus pechos con mimo, abriendo algo las piernas para que el otro accediera a su vagina, que acarició, con algo de torpeza, el chico. Ninguno era bueno en aquello, era la primera vez, y aunque estaban muy excitados, no parecían capaces de ir algo más lejos, hasta que Aelita se llevó el miembro de Jeremy a la boca, colocándose por encima de él, y posicionando su trasero encima del rostro del otro, pudiendo llegar mucho más fácilmente.
Estuvieron un buen rato así, siempre cubiertos por las sábanas, sin apenas hacer ruido o moverse, y recostados encima del otro. Se estaban dando bastante placer, disfrutando del cuerpo del otro, acariciando piernas y nalgas de su amante, hasta que, con un estremecimiento, Aelita se corrió, y, metiéndose prisa, Jeremy eyaculó en el rostro de ella, incapaz de contenerse. Sin más, se colocaron de nuevo acostados, aún cubiertos, y sólo el chico sacó la cabeza, asegurándose de que nadie más miraba.
Se mantenían juntos, respirando la esencia del otro, contentos por la experiencia. Ya alguna vez lo habían hecho, pero sin llegar a correrse nunca, así que se sentían en especial satisfechos. Se relajaron así, colocados, mientras se volvían a dormir lentamente… claro que la tranquilidad no había vuelto plenamente al piso, dado que, en las duchas de las chicas, Yumi y Ulrich también estaban retozando. Se besaban con ganas, solo que ellos lo podían hacer con algo más de ruido, totalmente desnudos, contra la pared. El chico acariciaba los pechos de ella con ganas, que sonreía, excitada, mientras usaba sus manos para mover rítmicamente el miembro de él, que tenía una rodilla acariciando la vagina de ella. Apenas tenían tiempo para ducharse y asearse, así que el vello crecía libre, pero les daba totalmente igual. Se deseaban y necesitaban.
-Ulrich… ah… -gemía ella- Lo haremos sin condón, ¿verdad?
El otro gruñía un poco, con la vista perdida y cara de estar disfrutando.
- ¿De dónde podrías sacarlos, Yumi?
Ella se rio un poco, mientras era apretada contra la pared, deseando ser tomada definitivamente. Hasta entonces sólo habían sido juegos, interminables orales, y muchos besos. Ahora pasarían a mayores: Ulrich levantó una de las piernas de ella, y con algo de torpeza, fue introduciendo su miembro en ella, que gemía suavemente. Logró introducirla plenamente, y comenzó a moverse despacio, mientras se besaban. Se movían despacio, cada uno a su ritmo, deseando al otro, mientras el frescor de la mañana enfriaba sus cuerpos, no así sus deseos de cópula, que les llevó a abrir el agua caliente.
-Fóllame, Ulrich -le gemía ella-, hazme tuya, joder…
El chico gruñía, haciendo que su cuerpo se tensara y quisiera penetrarla con más ganas, mientras se besaban más aún, hasta que, poco después, el otro no pudo evitar eyacular, sacando su miembro justo antes, y lamiendo la vagina de ella, que se corrió poco después, en un agradable gemido de satisfacción, y que salió de lo más profundo de su garganta. Se miraron, sonriendo, y una risa floja les salió: estaban sonrojados, sudando y jadeando, y la prominente erección del otro pasó a ser poco más grande que su pulgar.
-Te amo, Ulrich… -musitó ella, abrazándole- ¿Nos bañamos?
El otro asintió, y la acompañó.
-Yo también a ti, Yumes -ella le miró, sorprendida-, también te amo… ehm…
Ella le sonrió, y le metió bajo el agua, junto a ella. Seguía siendo algo más alta, pero sabía que eso pronto sería al revés, o eso deseaba. Sentía envidia sana por Aelita, que siempre podía refugiarse en el otro, que podía cubrirla. Ulrich, por ahora, no podía hacerlo, pero sabía que, en breve, pegaría un buen estirón. Sus padres eran enormes, necesariamente tenía que ser así.
Se fueron aclarando poco a poco, tras enjabonarse mutuamente, y se secaron con unas toallas, mientras charlaban entre susurros. Estaban en una zona en la que podrían hacer bastante ruido, de ahí que decidieran mantener ahí relaciones, y que nadie les llamara la atención. Se habían asegurado de revisar que donde lo harían no había ninguna cámara de seguridad, y de tapar las que hubiera en el cuarto donde dormían. Se habían sentado, pegados a la pared, tapados por una toalla seca, y ya vestidos, bien cobijados. Desde donde estaban podían ver su cama, pero, por ahora preferían ir allí, querían poder hablar de un tema importante.
-Estaba pensando en lo de Aelita, parece mejor… -murmuró ella- Pero no sé si se ha recuperado del todo ya, aunque parece mejor.
Ulrich dejó que se recostara en su hombro, sonriendo.
-Seguro que es así -murmuró, suavemente-, es una chica fuerte, pudo con lo de su padre, podrá con todo esto.
Ella sonrió.
-¿Crees que Jeremy le habrá preparado algo especial para hoy? -preguntó, sonriendo- Ya sabes, por su cumple, y que hoy nos dará nuestros equipos personalizados.
Ulrich asintió. Había trabajado todo el mes para darles, a cada uno, un complemento de combate, pensando en sus poderes.
-Seguro, no me ha comentado nada, pero algo tendrá para todos -se recolocó-, en especial para su princesa, habrá que darles espacio esta noche de nuevo…
Yumi se rio un poco, mientras miraba al otro, divertida.
-¿Para volver a hacerlo nosotros, de paso? -El otro se sonrojó un poco, y ella le dio un suave golpe- Estaba de broma… aunque no me importaría hacerlo de nuevo, la verdad.
El otro asintió, pensativo.
-A mí tampoco, pero… -dudó un poco- En teoría no tendríamos que estar haciendo estas cosas, Yumes, ni tampoco ellos, u Odd.
La aludida suspiró, negando.
-Yo no elegí estar aquí, nadie lo hizo -le respondió-, por eso no pienso respetar esa norma, ni ninguna de ellos… bueno, esas que no tienen sentido, ya sabes.
Su novio asintió. Eventualmente, y aunque seguían sin estar totalmente cómodos con aquello, iban aceptando ciertas cosas. Fue un proceso lento pero constante, se encontraban bastante más hechos a aquella situación de lo que hubieran pensado, según iban entendiendo la sociedad galáctica a través de sus clases. Entendían las razones de la guerra, por qué la República, dentro de sus fallos, era mejor; la importancia de los Xaniums, y de las costumbres y tradiciones, así como de la lengua y demás cuestiones culturales.
No así Odd. Este se encontraba en su cama, durmiendo, con Kiki 2 descansando a su lado, y que no se había movido desde que cerró los ojos. Sin embargo, el otro abrió los ojos un poco al notar que algo llegaba hasta él, sonriendo ligeramente cuando sintió el suave aroma de Compás, a frutas y con un suave olor humano que al otro le hizo comenzar a llevar la sangre hacia su entrepierna. Ella estaba solo con el pijama, y se colocó al lado del otro, con una suave sonrisa.
-Hola… -murmuró él, sin llegar a abrir los ojos totalmente, de hecho los había vuelto a cerrar- ¿Qué haces aquí?
Ella se limitó a abrazarse a él.
-Quería saber qué se sentía dormir contigo- murmuró ella-, Ritmo me comentó que eres bastante agradable…
El otro se sonrojó ligeramente, y empezó a palpar, llegando a los pechos de ella, que se limitó a hacer lo mismo por el cuerpo del otro. Ya habían mantenido relaciones sexuales desde pocos días después del descubrimiento por parte de Odd sobre la verdad de sus sueños, junto a la propia Ritmo. Y la hermana de ella se les había unido, por supuesto, tenía los mismos gustos de la otra, y el muchacho no había podido negarse.
Estaba totalmente centrando en su objetivo. Quería saber qué iba a pasar, sus predicciones tenían que ser, de alguna manera, lo que les deparaba el futuro, pero puede que existiera la opción de cambiarlo de alguna forma. Ya había pasado antes, varias veces además, tanto en Lyoko como en su primer día en el ordenador cuántico de la base, así que, ¿por qué no iba a pasar más veces? Gracias a Fan, había descubierto cuál era el planeta de aquellos lectores de sueños, Alfa Sagitari 4, también llamado Fjorn.
El problema evidente es que estaba cerca del área de influencia del Imperio, a poco más de 50 años luz de la Tierra, y con los viajes espaciales se podían plantar allí en menos de veinte minutos, lo que supondría problemas. Además, no podría ir él sólo, aún no sabía pilotar tan bien una nave como para poder escaparse, ni tenía medios, ni nada… por ahora. Estaba bastante seguro, de todas formas, que para llegar al momento en que se materialicen esas predicciones aún quedaba, por lo que estaba tranquilo en ese sentido. Tanto lo estaba, que se quedó dormido, con una mano en uno de los pechos de Compás, que sonreía, con el miembro de él duro en la mano.
-Oddy… ¿duermes ya? -murmuró ella, colocándose a su lado, aun masturbándole- ¿No recuerdas que hoy me tocaba a mí, guapo?
Suspiró al darse cuenta de que ya estaba totalmente grogui, así que se limitó a acomodarse a su lado, colocando sus caderas al lado del otro, quería que, según despertara, estuvieran así colocados. Solía tener relaciones a menudo con ambas hermanas, casi se alternaban, pero no era algo que tuvieran apalabrado, realmente había surgido así. De todos, el primero en despertar fue Kiwi 2, que, según abrió los ojos, bostezó, y empezó a lamerle la cara a su amo, que despertó, al mismo tiempo que las luces se encendían y la suave música de alarma empezaba a sonar.
Odd se encontró, efectivamente, con las nalgas de Compás justo al lado de su miembro, ligeramente duro, y restregándose con cada movimiento. El otro no pudo evitar acariciarlas y apretarlas, mientras la otra se incorporaba un poco, sonriendo, sabiendo aquello. Se movió, mientras los demás se ponían en marcha, y le sonrió al otro.
-Luego resolvemos esto, si quieres -ella se fijó en su evidente erección-, ¿Vale, jefe?
Él asintió, despacio, y se levantó también. Esa mañana, y además de una clase teórica, ya de las pocas que quedaban, harían sus primeros combates más o menos reales. Además, les darían equipamiento hecho en concreto para ellos por Jeremy, siguiendo las peticiones de ellos en concreto, para adaptarse mejor al usuario. Odd sonrió, con lo metódico que era su amigo, seguro que había hecho cosas bastante increíbles.
-Has estado trabajando todos estos días anteriores, debes estar agotado -comentaba Ulrich-, ¿mantendrás la sorpresa hasta el final?
El aludido asintió. Se estaban vistiendo según hablaban.
-Exacto, ya sabéis más o menos de qué va cada una de las cosas que os daré, pero hay… detallitos de calidad, digamos -les guiñó un ojo, mientras se estiraba-, ya sabéis cómo me pongo, ¿para qué me invitáis?
Yumi se rio, estaba de la mano con su pareja.
-Tiene sentido -miró a Aelita entonces-, ¿dormiste bien, Lita?
Ella asintió, sonriendo.
-Mejor que bien, me da a mí .
Por ese comentario de Odd, la otra se sonrojó con cierta fuerza. Le era muy dulce esa reacción, le gustaría que fuera por él… pero, al menos, sus celos iban a menos gracias a las hermanas. Las clones, por su parte, simplemente disfrutaban de la relación con su jefe, desde su punto de vista, era lo más normal del mundo. Estaban los demás yendo y viniendo, charlando entre ellos mientras se vestían, comentando qué se haría en esa jornada, y preguntándose cómo lo harían los jefes.
Y es que ese día, demostrarían sus habilidades en combate, uno contra uno, mientras los clones estaban observando. Les venía bien, para tener ideas y ser más ingeniosos cuando se encontraran en el campo de batalla: observar a personas que habían vivido libres les ayudaría para ganar aquella picardía de la que ellos, por su escaso tiempo de vida, carecían.
-Va a estar divertido ver a Jeremy sostener un ama láser y tener que apuntar a algo moviéndose -comentaba Odd, yendo por el pasillo-, seguro que se dispara a sí mismo en el pie.
Este rodó los ojos, mientas los demás se reían un poco.
-Te sorprendería la puntería del jefe -comentó entonces Fan-, tiene un promedio de acierto del 89%, no está nada mal.
Ventura asintió.
-La que sí acierta es la jefa Otaku -dijo, sonriendo- ¡Cómo se mueve, parece un lizardi!
-Y jefe Gruñón más aún -comentó Muralla-, parece… ¿cómo decíais que era? ¿Un ninja?
Aelita les sonrió.
-Correcto -explicó-, son guerreros de nuestro planeta muy ágiles, la verdad.
-Odd, los motes son cosa tuya, ¿verdad? -a esa pregunta de Ulrich, este asintió, orgulloso-, ya sabía yo…
-¿De quién si no iban a ser?
Los clones llevaban ya un par de semanas refiriéndose a sus líderes así. Jeremy sonrió de medio lado, divertido, y entonces habló.
-¿Y le tenéis uno a Odd, por cierto? -preguntó- Creo que es lógico, así, podemos referirnos a cada uno por un nombre clave, por si nos pilla el enemigo, ya sabéis…
-¡Genial ideal! -exclamó Fan- ¡Se nota que eres el jefe, jefe Einstein!
-¿Qué os parece Glotón? -propuso Aelita- Es lo que más le define.
Asintiendo, conformes con el apodo, fueron avanzando hasta la sala de entrenamientos, a pocos metros, a la que entraron. Allí ya esperaban Cubo y Naipe, ordenando las plataformas y haciendo un espacio más o menos urbano, con las armas aparentemente distribuidas por toda la instalación, teniendo ellos una tablet cada uno, junto a un carrito tapado con una manta. Jeremy sonrió al ver aquello, indicó a los demás que se quedaran un poco rezagados, y se acercó.
-¡Buenos días, mis alférez!
Estos les devolvieron el saludo, sonriendo. Procedieron a explicar, tras las indicaciones a los demás de que se acercaran, de explicar el ejercicio.
-Primero, haremos lucha con armas de luz falsas, usaremos estos chalecos que medirán el número de impactos, y dónde se han dado -les mostró los aparatos, eran blancos y parecían bastante sencillos- Ganará el que menos impactos tenga, lógico, y si alguno "sobreviviera", sería el ganador.
-Me recuerda a las guerras de pintura -murmuró Odd, sonriendo- ¡Os vais a cagar! ¡Estáis ante el mejor tirador en Lyoko!
-¿Guerras de pintura?
A esa pregunta de Muralla, Yumi le explicó.
-En la Tierra, los mayores a veces usaban pistolas que en lugar de armas usan pintura, para disparar -comentó-, usa el mismo sistema que aquí con esta prueba.
Cubo carraspeó.
-Todo eso da igual -dijo, serio-, preparaos, tenéis cinco minutos, cuando pasen, sonará una alerta para que de inicio el ejercicio.
Naipe, suspirando, completó la explicación.
-Tendréis que ir solos, y si os encontráis con un compañero, tendréis que luchar hasta que sólo uno quede, ¿entendido?
-¡Sí, mi alférez!
Con ese grito conjunto, y tras cuadrarse, fueron a posicionarse. Jeremy lo tenía bastante claro: estaría colocado en una zona elevada, desde donde podría vigilar un área grande, y se estaría moviendo por los tejados. Los demás, lo más probable, seguirían las mismas estrategias. Aquel que gobernara en las alturas, vencería, lo tenía claro. Por eso, en cuanto tomó una L-300, empezó a correr hacia el edificio más cercano, entrando así a la realidad virtual en la que estarían entrenando. Se la colocó bien en el pecho, usando unos enganches, y comenzó a trepar.
Había, en ese tiempo, reforzado sus habilidades con la energía. Eran capaces de mover objetos con cierta habilidad, y usar sus poderes especiales. A la que más le costaba, por ahora y dada su dificultad, era a Aelita, pero los demás ya lo hacían con cierta soltura. Aunque aún les cansaba usarla durante mucho rato seguido, en especial a Ulrich, que se desgastaba demasiado deprisa; sin embargo, avanzaban a buen ritmo. Jeremy no tenía pensado usar la levitación salvo que fuera a caer al vacío en algún momento, así que estaba tranquilo en ese sentido. Quien más le preocupaba, de hecho, era su compañero.
-Con su súper sprint, se puede colocar detrás de mí, y ni verle… -murmuró- Iré pegado a una pared, cerca de sitios donde me pueda escabullir…
Había subido por una zona con escaleras de mano hasta los techos. Allí, se encontró con una escena curiosa: Aelita estaba ya disparándose con el propio Ulrich, colocado cada uno tras una barricada, hasta que el chico se lanzó a por ella, saltando sobre las protecciones que ella había levantado con sus poderes, disparándole varias veces. Según eso sucedía, el contador de vida de ella iba bajando, pero la chica se defendió: le empujó con su energía, le tiró al suelo, y le dio varios disparos, antes de que él pudiera salir a toda prisa usando sus poderes de nuevo.
-Se lo están tomando en serio… -murmuró, nervioso- No puedo ser menos, soy su líder…
Se dio la vuelta, y se encontró con Yumi. Ella estaba colocada en una ventana a, más o menos, su altura, vigilando la zona inferior de la calle, donde estaba Odd, justo tras una pared, que, a su vez, vigilaba a Aelita. Era su oportunidad: se refugió tras la cornisa, y disparó un par de veces a su compañera, que, en cuanto vio llegar los láseres, se cobijó como pudo. Empezó así una ronda de disparos, en las que uno disparaba mientras el otro se escondía, hasta que, en un punto, Jeremy tuvo que decidir. Tomó su arma, se la guardó en el pecho, y dio un gran salto, usando sus poderes, para caer rodando dentro de la sala en la que la chica estaba. Ella le vio llegar, con sorpresa, y ni le dio tiempo a disparar, recibiendo dos golpes directos al pecho, y que, seguramente, la harían perder. Ella se lo quiso devolver, y aunque el otro se intentó defender, le acertó también un par de tiros, antes de poder salir por una segunda ventana hasta el piso inferior, bajando luego por las escaleras.
Sabiendo que, muy seguramente, ya hubiera "muerto", golpeó algo la pared, aunque, sin pararse a eso, decidió seguir bajando. Estaba por las escaleras, cuando escuchó llegar al que, por el ritmo que llevaba, debía ser Odd. Un par de disparos de advertencia le dieron la razón, pues oyó al otro pasar.
-¡Ni un paso Einstein! -le gritó- ¡Que voy muy loco! ¡¿Eh?!
Esa broma hizo al otro ahogar una risa, pero se calmó rápido. Se encontraba en una situación de superioridad al estar colocado encima, pero, por otro lado, Odd siempre había sido bastante temerario. Lo demostró cuando, en un alarde de valor – o estupidez, según se viera – pegó un brinco hasta donde estaba él, no dándole ni tiempo a defenderse. Pero, si bien Jeremy no pudo hacer demasiado, unas voces llegaron a la cabeza del otro, las mismas que había oído tantas veces en sus sueños.
¡Eras mi hermano, te amé como a tal!
Soy un palo en la rueda, me lo dejasteis claro aquél día, en Glaciaris.
Pero no le dio tiempo a pensar en ello. Según cayó al lado de Jeremy, le dio un cabezazo, y se dispuso a disparar un par de veces, aunque el otro pudo rodar y medio escaparse, pero no pudo evitar recibir un par de tiros en la espalda. Por suerte era sólo un entrenamiento y no era munición real, porque si no… Odd le intentó perseguir por los pasillos, pero, para cuando quiso llegar, ya le había perdido. Le dolía ligeramente los tobillos, pero por lo demás estaba bastante bien, apenas había recibido un par de disparos, y la mayoría eran laterales.
-Je, voy a ganar de sobra -murmuró, mientras colocaba el arma al hombro- ¡Odd el magnífico lo ha hecho de nuevo!
Vio como los demás se enfrentaban en la parte de abajo, en las calles. A decir verdad, la ciudad en la que se movían eran sólo cubos azulados, ni cristales había, y las calles estaban casi sin detallar. Les recordaba a los escenarios del Sector Cinco, pero era bastante valioso para saber moverse. Según pasara el tiempo, les dijeron, los espacios serían más y más realistas.
Mientras ellos estaban a esas, Cubo y Naipe debían reconocer que sus alumnos lo hacían algo mejor de lo esperado. Es verdad que Yumi y Jeremy habrían caído, pero al menos sería matando, mientras los demás, aunque algo malheridos, tendrían altas posibilidades de sobrevivir de haber recibido fuego real. Miraron de reojo los juguetitos de Jeremy, esperaban que, con eso, fuera más que suficiente para subir el nivel de todos ellos, tanto de dificultad como de habilidad.
El ejercicio apenas duró diez minutos más tarde, y, sudados como pollos, volvieron ante sus superiores, algo amoratados por algunas caídas y algún que otro forcejeo, pero nada que los nanobots no curaran en unas pocas horas. Los clones miraron a sus superiores con cierto orgullo, incluso Jeremy se había esforzado, estaban realmente contentos con sus líderes, no podrían haber tenido más suerte con ellos. Les hicieron saber aquello con un suave asentimiento, aunque Dinamo no pudo evitar levantarles el pulgar, era su forma favorita de mostrar aprobación.
-Ha sido un ejercicio interesante, y es que tres de vosotros habrían sobrevivido al fuego cruzado -decía Cubo-, sólo Jeremy y Yumi habrían muerto, así que tendremos que entrenar más, pero bastante bien, estoy orgulloso, tropa.
Todos se cuadraron.
-¡Señor, sí señor!
-Ahora os toca usar la armamentística hecha por el cadete Belpois -este dio un paso al frente-. Adelante, por favor.
Este carraspeó un poco, y se acercó a la mesa. Sin llegar a destaparla plenamente, retiró el primer objeto: unas botas. Tenían una línea amarilla y otra negra, con fondo blanco, llegaba hasta la mitad de las pantorrillas, y el símbolo del rayo en la zona del tobillo, que le tendió a Ulrich. Este, sonriendo, las tomó y procedió a colocarlas.
-No es lo único que he preparado, pero la segunda parte vendrá luego -aclaró-, en fin, con estas botas podrás canalizar mejor tu energía a los pies, integraré su interfaz a tu uniforme para que puedas hacerlo con todo el cuerpo al estar en combate real.
Ambos hombres se dieron un abrazo, y el rubio volvió a la mesa. Tras volver a pasar la mano por la mesa, sacó un par de guantes morados, y que Odd recibió sonriendo, tenían un perrito dibujado, con finas líneas negras.
-Le he incorporado, además de que canalice mejor tus poderes, unas garras de luz -comentó-, moradas, por supuesto.
Según el otro se los colocó, se extendieron hasta las cercanías de su codo, pudiendo, efectivamente, generar cinco garras de luz, que podían crecer en función de lo que él quisiera. Sonriendo, ni se fijó en que Jeremy volvía con, esa vez, un segundo par de guantes, solo que esos eran de un suave tono rojizo, con una flor rosa algo oscura, y que le dio a Yumi. En ese caso, en la mitad de la palma tenía unas esferas, y que, según ella se los colocó, brillaron mínimamente.
-He pensado que tus manos estarían sometidas a mucha presión, por tus poderes -explicaba Jeremy-, por eso, creo que lo mejor es protegerlas, y hacer que se libere tu energía por un área algo mayor- Yumi sonrió algo-, además, te ayudará con tu complemento, ya verás.
Aelita, al lado de la japonesa, esperaba, impaciente. Quedaba un último bulto bastante grande, y se sorprendió al ver que llegaba con una especie de chaleco. Era rosa, con una estrella en la parte del pecho. Bastante ligero, cuando lo tocó estaba algo acolchado, carecía de mangas, y se lo podía quitar y poner como si fuera una camiseta. Jeremy le colocó una pulsera en forma de estrella, y la invitó a separarse un poco. El chico le guiñó un ojo, y ella, comprendiendo, le sonrió algo. Según pasó por encima la mano, dos grandes alas blancas aparecieron en la espalda de ella, y sonriendo, se impulsó, elevándose fácilmente en el aire.
-¡Aelita, eres….! -Yumi no daba crédito a lo que veía- ¡Eres un ángel!
-¡Jeremy, eres el viento que impulsa mis alas! -le dijo ella, sonriendo- ¡Muchas gracias, me encantan!
El chico se sonrojó un poco, pero aún quedaba una segunda parte. Se acercó de nuevo a la mesa, y volvió con cinco tubos. Las reconocieron en seguida como espadas de luz, que tendió una a cada uno, quedándose sólo con una para él. Notaron que tenía ya colocado un cinturón, color azul claro, y que tenía un pequeño broche blanco que unían ambos extremos.
-¿Y eso para que vale, Einstein?
A la pregunta de Ulrich, Jeremy sonrió, satisfecho por su obra.
-Me permitirá hackear maquinaria enemiga, es un ordenador cuántico portátil -explicó-, es como si llevara encima un móvil, para explicarme.
-Joder, qué buena idea… -murmuraba Yumi- ¿Las espadas son funcionales?
Como respuesta, el rubio encendió la suya. Cubo y Naipe debían reconocer que estaban bastante impresionados con Jeremy, sabían que había hecho cosas bastante interesantes, pero se había esforzado bastante en lograr darle a cada uno un elemento útil para el combate, y compatible con sus poderes. Era bastante meritorio. En el caso de la de Ulrich, además, se podía dividir el mango y formar dos unidades que se podían juntar en una de una sola hoja; mientras que la de Yumi también era divisible, aunque en su caso, pasaban a formar un par de abanicos, estilo a los que tenía en Lyoko.
Los demás le imitaron, y se quedaron sorprendidos, pues cada una era de un color diferente. Morada para Odd, amarillas para Ulrich, verde para Yumi, rosa para Aelita, y azul para él, parecía un arcoíris. En palabras del primero…
-¡Mola que te cagas! -exclamó- ¡Tío, es la ostia!
-Deberíamos ponerle un nombre a cada uno… -murmuró Aelita- Por cierto, ¿y tu parte especial, qué?
El otro sonrió un poco, mientras se cruzaba de brazos.
-Bueno, pues he pensado precisamente en eso, puedo serigrafiar lo que me digáis en ellas -y le guiñó un ojo- Y tranquila, estoy creando armaduras personalizadas para todos.
Cubo, con la tablet, hizo unos cuantos gestos con las manos, al usarla, y luego suspiró algo.
-Te he mandado todos los datos, para tus análisis -explicó el clon-, por ahora, debo decir que lo habéis hecho bastante bien, algunos errores, pero nada nuevo.
Naipe asintió.
-Jeremy y Yumi son los que peor lo han hecho, lo cual es sorprendente, dado que ella es la más ágil de todos -luego miró a los otros tres-. De vosotros, el mejor ha sido Odd, con Ulrich cerca. Aelita, aunque sobreviviría, tendría dificultades a posteriori.
La aludida alzó la mano, y le invitaron a hablar entonces.
-Para los muertos: más cabeza, de nada vale lanzarse si la muerte será segura, y aunque vuestra estrategia de inicio era la mejor, la echasteis demasiado rápido por la borda -les indicó-, mantened siempre el terreno alto, llevaréis la ventaja.
Dicho eso, era el momento de probar sus nuevos juguetitos. Jeremy les fue dando las indicaciones, aunque al ser protecciones incompletas, no podrían hacer demasiado… por el momento. Esas eran las partes más importantes y delicadas, las que más tiempo exigían, luego lo demás estaría bastante más fácil de hacer, no teniendo más que pedir piezas estándar, y que modificaría un poco, lo suficiente para dejarlas al gusto de sus compañeros.
-En realidad es bastante sencillo, están conectados por red a vuestros nanobots, ya configurados para reaccionar a esta tecnología -explicaba él-, sólo tenéis que querer usar vuestros poderes, y os ayudarán a hacerlo.
Aelita le miró.
-¿Y estas alas en qué me ayudan? -preguntó- Más allá de poder volar, claro.
Las tenía extendidas. No tenía plumas, era pura energía, brillaban un poco pero no daban calor, y funcionaban de una manera parecida a cómo lo hacían las espadas de luz. Pero Jeremy, usando la pequeña pulsera, pudo cambiar las características de las alas con bastante facilidad, resultando de ser blancas a negras, grises, azuladas, rosas… también modificó el tamaño y la intensidad del brillo, y señaló una utilidad mayor que el mero cambio de aspecto.
-Con ellas, deberías poder, no sólo moverte mucho más deprisa -comentó-. También defenderte, y usarlas a modo de arma, pues podrá cortar como si fueran una segunda espada, y, para mejorar, es un canalizador de tu energía.
Los demás le miraron con interés, clones incluidos. Sabían que el chico era bueno, y bastante listo, pero no que lo fuera tanto. Ella se centró en aquello que él explicó, y notó que las alas se movían como si fuera una parte de su cuerpo. Podía taparse, moverlas como si fueran hojas de un sable, y dar rápidos y ágiles saltos y giros sobre sí misma, parecía una bailarina cuando hacía aquello. Una letal, pero realmente bella.
-Son geniales… me encantan…
Ella sonreía, iluminada un poco por las luces que emanaban de la espalda, de hecho, con esa espada rosa, parecía un ángel, o una valquiria, como ella diría. De hecho, miró a los clones, sonriendo.
-¿Qué os parece que me llaméis Valquiria, como apodo de combate?
-Podría estar bien, la verdad -comentó Yumi-, un mote para nosotros, y luego un apelativo así, para guerrear, porque lo de Otaku mientras estemos por ahí…
Los clones se miraron, algo nerviosos.
-¿No le gusta, jefa?
Yumi negó.
-No es eso, pero… bueno, es algo despectivo, ¿sabéis?
Odd suspiró un poco, mientras se cruzaba de brazos.
-Lo siento, pensaba que era gracioso… -murmuró- Igual que las bromas a Cubo, que al final me quedé sólo varias veces…
Un par de veces les propuso hacer alguna canción para molestarle, o desordenar las cosas, hacer pintadas… y al inicio, es verdad que incluso Jeremy se unía. Pero, poco a poco, se fueron quitando de esas actividades, hasta que se quedó él sólo. Sus palabras, aunque no pasaron desapercibidas para Cubo, se quedó en el sitio cuando Naipe le puso la mano en el estómago, para que se detuviera.
-No te preocupes, tío -Ulrich le puso una mano en el hombro- ¿Quieres nombrar mi espada también?
El otro sonrió un poco, siempre le había gustado aquello. Pero, por otro lado, se sentía mal por lo que había dicho Yumi, puede que sí que se pasara a veces. Lo dudaba, los demás siempre habían disfrutado, o eso pensaba, de sus bromas. Igual no era así… Luego lo hablarían.
-¡En fin, basta de cháchara! -gritó Cubo- ¡Ahora haremos una nueva práctica, esta vez con los aparatos de Jeremy! ¡Vamos, vamos!
Empezó a dar palmas para que se movieran a sus posiciones, y, esa vez, intervendrían los clones también. Harían dos grupos: uno capitaneado por Jeremy, y otro por Aelita. En el primero, estarían Odd, Yumi, Fan y Muralla. En el segundo, Ulrich, Ritmo, Compás, Ventura y Dinamo. Estaban bastante compensados, solían dividirse de esa manera.
Según entraron a la zona de entrenamiento, la misma cambió. Pasó de ser una ciudad, a una especie de base en una zona helada. A los chicos les recordó la zona militar de Siberia, donde descansaba uno de los súper ordenadores que usaba Xana. Era tan solo una plaza, con un par de edificios, claramente querían un enfrentamiento directo entre ambos grupos. Jeremy rápidamente ideó un plan.
-Odd, de frente, levantarás unas barreras de defensa -miró a los clones-, vosotros iréis por los flancos. Fan conmigo, y Muralla con Yumi, quiero que vayamos ganando terreno poco a poco, usaremos granadas de luz y los láseres para abrirnos caminos mientras Odd nos cubre, ¿entendido?
Todos asintieron. El primero, usando sus guantes, creó una barrera de energía, y fue avanzando, despacio. No era especialmente grande, apenas se extendía un par de metros desde la punta de sus dedos, pero lo bastante para cubrir a sus compañeros, que rápidamente se colocaron detrás de la misma, armas preparadas. Delante, el grupo de Aelita tampoco se quedó quieto.
-Ritmo, Compás, vosotras os quedaréis en retaguardia, cubriéndonos en todo momento -señaló a Ulrich-, tú usarás tu velocidad para adentrarte a donde están los demás y derribar a Odd, mientras Ventura, Dinamo y yo vamos hacia adelante, cubriéndote -sonrió entonces-. Crearé un muro desde el que nos podremos hacer fuertes, no lo podrán derribar. ¿Listos?
Sin duda alguna, era un plan perfecto, que pusieron en marcha de forma inmediata. Las dos clones empezaron un fuego constante contra el enemigo, que lo recibió sin demasiados problemas, hasta que vieron cómo, delante de ellos, se levantaba un muro de tierra y acero, acompañado de una suave voz cantando, de dos metros de alto, con salientes incluidos, impidiendo el paso de Odd, y que extendió sus defensas al ver cómo los láseres caían sobre ellos como la lluvia, viendo por el rabillo de ojo cómo algo amarillo se aproximaba hasta él. En ese momento, un viento cortante hizo que se desviara, Yumi había logrado llevar a Ulrich contra la pared, aprisionándole con su energía, neutralizándole, mientras las botas de él brillaban, así como los guantes de ella, símbolo de que estaban desatando toda su energía. Sus ojos también empezaban a desprender cierto brillo.
A la vez, Aelita había alzado el vuelo, colocándose justo detrás del grupo de Jeremy, con una sonrisa de satisfacción, que desapareció cuando vio que Jeremy lanzaba unas esferitas al lado contrario, dos granadas de luz. No pudiendo hacer mucho más, se dispuso a disparar, pero se encontró a Muralla lanzándose como un tren contra ella. Odd, por su parte, había desecho, por orden de Jeremy, su barrera, y escalaba la pared como un gato, junto a su amigo, que usó su levitación para colocarse incluso por encima. Desde allí, lanzó un par más de granadas contra las clones, y, en esos momentos, la vista de Odd se nubló.
¡NOOOOOOO … ! ¡OS MATARÉ, OS MATARÉ A TODOS!
Duró un instante, pero su piel se puso de gallina y su respiración se agitó. Su cuerpo respondió como si fuera una maquina perfecta, y disparó contra las otras dos varias veces, incapaz de detenerse, impactando en las cabezas de ella, suerte que era sólo haces de luz y no munición real. Jeremy, a su lado, sonrió victorioso.
-Bueno, pues han caído todos -murmuró, girándose. Su amigo parpadeó, confuso, pero luego asintió-, ¡buen trabajo a todos!
Aelita estaba tirada en el suelo, con Muralla a su lado, que la ayudó, para luego ir eliminando la pared que levantó. Por su parte, Yumi había ya separado a su novio de la pared, de hecho le estaba colocando la ropa, cariñosa. Tras reunirse nuevamente, tomaron rumbo hacia los otros dos clones, y que seguían tecleando para cuando ellos llegaron, no les miraron hasta poco después, una vez que habían terminado. Parecían algo más satisfechos que la vez anterior.
Odd, sin embargo, estaba algo pensativo. ¿Qué fue eso que vio y escuchó? Esa era nueva, esa predicción, y parece que se activó cuando vio en esa situación a las hermanas. Y le preocupaba. No llegó a prestar atención a su entorno cuando escuchó su nombre venir de Naipe.
-Lo has hecho bastante bien, me gustó cómo escalaste y pudiste sostener la pared de energía pese a recibir tantos disparos, bien hecho.
Sonriendo, asintió, y, ahora sí, fue prestando atención a lo que sus superiores iban explicando. Al parecer, habría sobrevivido de nuevo la mayoría, salvo Ritmo y Compás, y según cómo hubiera evolucionado la batalla, Yumi y Ulrich. Los demás, en el punto en que cortaron, tendrían algunas heridas y quemaduras, pero nada que no se pudiera curar con cierta rapidez. Tras una corta reunión con los alférez, Jeremy volvió con los demás, irían hasta los baños, se darían una ducha, e irían directos a las clases teóricas de ese día, completando una jornada más de sus nuevas vidas a la que, por ahora, Odd no se acababa de acostumbrar.
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Al otro lado de la galaxia, Beta-Gamma Acuari 4, planeta contrabandista, Shamarya estaba revisando el último pedido de esclavos. Eran humanos, venidos desde la Tierra en concreto, aquel hubiera sido el destino de William y compañía de no haber sido seleccionados para formar parte del ejercito imperial como soldados. Estaban bañados, alimentados y sanos, pero sin libertad. Durante los anteriores meses, se encontraron sometidos a presión para romper su voluntad de hacer nada contra sus nuevos amos, y, en esos momentos, eran dulces cachorros que no morderían ni aunque les pusieran el brazo en la misma boca.
En ese cupo, había un total de cincuenta hombres y mujeres, numerados y con un código en el cuello hecho por nanobots, y ya formados como esclavos de alto estatus. La mayoría acabaría de amantes o floreros para algún millonario, era un negocio… como mínimo cuestionable, pero muy lucrativo. Y alguien se tenía que hacer cargo de ellos. Ese alguien, era ella.
-Todo parece en orden…
Iba andando, delante de la primera fila de diez, junto con el responsable de área, un humanoide de piel clara, grandes ojos pardos, lo que parecían escamas, y una lengua bífida. Estaba pulcramente vestido, y tenía una tablet en la mano con todos los datos, al igual que Shamarya, que la sostenía con la zurda, mientras con la izquierda revisaba de vez en cuando a algún esclavo, llegando incluso a olfatearlo.
-¡Por supuesto! -explicaba el otro- Los esclavos de carga ya han sido enviados, y los clientes están altamente satisfechos, mi señora. Esta vez, no será diferente.
La otra asintió, pensativa. En realidad, no estaba allí más que en cuerpo, pues sus pensamientos no dejaban de girar en torno a lo mismo. Sin querer perder más tiempo, selló y firmó los papeles pertinentes, y se dirigió sin más hacia el ascensor. Estaban en un enorme complejo de granjas y celdas, donde cuidaban del producto – forma algo cruel de hablar de los seres vivos que luego venderían – colocadas en medio del mar de aquel planeta. Este tenía el cielo de un suave tono rojizo, con las aguas del mismo color, su atmósfera era densa y algo oscura, de hecho si el planeta era cálido era gracias a que la luz que llegaba a la parte alta se conservaba dentro, manteniendo así una temperatura agradable en superficie. Pero, en contraparte, los no nativos tenían que llevar cascos o lentillas para poder ver mejor, así como incorporar luces en sus antebrazos y pecho para poder mandar señales de luz a lo largo del camino.
Era una forma curiosa, de comunicarse. De hecho, una de sus antiguas alumnas, antes de todo aquel revuelo, venía de ese mundo. Lectra Ardaris, una joven bastante poderosa, temperamental, muy como ella. Sus ojos era brillantes como el fuego, su piel tenía las franjas bioluminiscentes propias de ese mundo, del color del Sol, algo baja pero de cuerpo fuerte, una de las mejores. La echaba francamente de menos, lástima que se uniera a la República tras las faldas de otra joven…
Pensando en ello, subió por el ascensor hasta el cuarto que ocupaba. Dormiría allí esa noche, y a la mañana siguiente partiría de nuevo hacia el frente. En esos momentos, estaban luchando por nuevos sistemas en el área cercana a las zonas de energía y combustible, y, en especial, telecomunicaciones. Para ello, y de paso acelerar la victoria, estaban desarrollando Barugo un arma especial, el Gran Resplandor. Pronto, muy pronto, podrían hacer pruebas experimentales en lunas sin habitar, pero que tuvieran una atmósfera lo bastante densa como para poder ver efectos reales.
Mientras subía, sus ojos brillaron en un suave tono marrón, perdiéndose en las paredes del ascensor. Volvió a verse a sí misma en lo alto de un edificio, con una capucha y bien tapada, mientras su interlocutor, igualmente tapado, hablaba. Llevaba una armadura de cuerpo completo, pero, en esa ocasión, observó que tenía una cola biónica en torno a su cintura. Un suave rubor apareció en sus mejillas entonces, mientras su respiración se agitaba y el pulso se iba acelerando.
-Joder… -sintió que sus tripas se revolvían- Que sienta esta excitación, sin siquiera conocerle…
Tenía claro que era un macho. De qué especie, a saber, podría ser cualquier cosa, en realidad. No era raro que gente se colocara partes extra, o que recuperara miembros perdidos. Se observó, hacía tiempo que no estaba con nadie, falta de tiempo sobre todo, y que nadie cumplía con sus… expectativas. Suspiró un poco, los machos de su especie se estaban empezando a amanerar, demasiado movidos hacia lo que se solía llamar "elegancia galáctica", y ella era bastante más de las viejas tradiciones. Y los de otras especies simplemente no cumplían lo bastante, eso era un hecho.
-Necesito uno de esos esclavos… -murmuró, mirando hacia la parte inferior, al patio, donde algunos estaban entrenando- ¿Cuál me podría valer…?
Movía su cola suavemente, intentando encontrar uno adecuado, hasta que en su muñequera se oyó el sonido de una llamada entrante. Suspirando, se separó de las ventanas, el deber llamaba. Activando el altavoz, y asegurándose de que no hubiera oídos impertinentes, se recostó en la cama. Era un cuarto austero, con una cama amplia y cómoda, unos armarios, y poca iluminación, aunque estaba pintado de blanco frío, refrescando la estancia.
-¡Hola, Beatrice! ¿Cómo estás? -saludó, al ver quién era-. Cuenta.
Oyó un suspiro de ella.
-Bien, bien, ¿tú? -escuchó un suave estornudo- Bueno, se confirma que haremos acercamientos con la República -le dijo-, Starlight se reunirá en un tiempo con la congresista Foreman, no sé si sabes quién es, Shamy.
Esta asintió, mientras se quedaba tumbada, pensando. Claro que la conocía, era alguien famoso, estaba bastante convencida que, de no ser por la Guerra, ella podría postularse a la presidencia.
-Ella puede ser bastante buena -respondió-, en fin, ¿sabéis fecha, aproximadamente?
Beatrice, al otro lado, sonrió un poco.
-Han decidido que sean durante los Juegos Lakyos, dentro de siete meses estándar -dijo ella, estaba recostada en la cama también con Star a su lado, moviendo los rizos del pelo de la mujer suavemente-, te mandaré lo firmado ya, los compromisos de ambos lados.
Una vez que mandó los documentos a la otra mujer, se giró y miró a la otra, que sonreía un poco. Se pasaban el día juntos, estaban en ropa interior tras compartir cama. Desde hacía un par de semanas, la imperial le había pedido a la asistente que pasara las noches con ella, aunque nunca hacían nada, sólo dormían en la misma cama. Pero, con el roce, se hacía el cariño, y a Beatrice siempre le habían parecido atractivas las mujeres fuertes, y Star era especialmente fuerte, y atractiva.
Desde los primeros días había notado cierta atracción, que ahora había ido a más, y empezaba a sentir algo más. Por eso, aceptó en seguida la petición de la otra para pasar las noches juntas. Aunque en su caso, iba más por sentir calor humano, lo echaba mucho de menos. Y Beatrice, había que decirlo, era una gran compañera y, claro, amiga. Desde el primer momento le había contado sus preocupaciones, segura de que no la iba a traicionar de ninguna manera.
-Espero que la charla con Arkytior vaya bien… -comentaba, mientras se apoyaba en la otra- Podríamos detener la guerra, y que no mueran más clones.
La otra compartía esa idea. La primera vez se sorprendió de que se preocupara realmente por ellos, pero sabía que era un sentimiento verdadero.
-Seguro que sí, Star.
La aludida sonrió un poco, y la miró.
-Te ha ido bastante bien, en los eventos a los que hemos ido -estaba recordando las últimas fiestas a la que habían ido juntas-, te has adaptado, pronto podrás ir hacia los oficiales de más bajo rango, y con políticos, para que hagas de espía para mí.
Beatrice sonrió, orgullosa. Se planteó besar los rosados labios de la otra, aunque se lo pensó… hasta que la otra se incorporó. Su pelo caía libre, sobre la espalda, mientras se estiraba un poco.
-Bea… ¿Qué sientes por mí?
Ella se sonrojó, ¿lo sabía, acaso? La otra se giró, y vio como los ojos de ella se iluminaban un poco en un suave tono marrón, un suave ronroneo llegó claramente a los oídos de la otra.
-P-pues… eres una gran líder, y…
La otra posó un dedo en los labios de la otra. La besó, suavemente, en la mejilla.
-Yo estoy enamorada de Seriel, ya lo sabes -murmuró-, has escuchado mis gemidos mientras me lo imagino tomándome con la fuerza de una bestia, y tú no has ni intentado evitar masturbarte en esos ratos, no te creas que no te escuché…
La otra bajó el rostro, avergonzada. Sin embargo, Star alzó, despacio, su mentón. Sonreía algo. Fue a más cuando vio que se le acercaba, lentamente, dispuesta a besarla, estaba a punto de rozar sus labios cuando…
-¿Bea, estás conmigo?
Ella parpadeó. Volvió a ver a la mujer, colocada a su lado, con una sonrisa divertida. La otra estaba roja como un tomate, por alguna razón que la otra no comprendía.
-L-lo siento…
La otra le restó importancia.
-Estaba diciendo que… gracias por ayudarme -le sonrió un poco-, dentro de poco te mandaré con un grupo que, creo, me darán problemas. Te estaba explicando quiénes eran.
La otra asintió, aún algo avergonzada, sintiendo que su cuerpo volvía poco a poco en sí. Centrándose en las palabras de la otra, la escuchó.
-Se trata de un grupo peculiar -le mostró unas fotos-, son de lo mejorcito del Imperio, pero no quiero que se vengan demasiado arriba, ya sabes, YO seré la emperatriz.
Tomando la tablet, Beatrice revisó las fotos. Era un total de cinco individuos, todos eran Xaniums de medio rango, la mayoría entre capitanes y tenientes.
-Hay una muy joven -murmuró Beatrice- La tal Yekira Obara, es una niña…
-Sí, pero no dudaré en matarla si resulta ser una traidora -afirmó Starlight-, su maestro se unió a nuestro bando, pero ella… siempre ha sido bastante reacia, eso tengo entendido. Puedes empezar por ella, si quieres.
La otra asintió, sonriendo. Miró de reojo a la otra, que ya se había girado para ver la tele. Era así, reservada y callada, hasta que de pronto se suelta y le contaba sus intimidades. Ojalá… ojalá algún día se hicieran realidad sus fantasías.
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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
