Código Galaxy

Capítulo 24

En Alfa Leoni 1, Asmara, capital de la República, los soles gemelos estaban ya descendiendo por el horizonte. Sin embargo, el trabajo estaba lejos de terminar en el Congreso, donde Arkytior Foreman estaba redactando, desde hacía días, el Tratado de Paz con el Imperio, llevaba con el mismo documento sin avanzar más allá de cuatro líneas desde hacía un par de horas, sin saber exactamente qué poner. Suspirando, se levantó de la silla de su despacho, recogió sus pertenencias y salió por la puerta, encarando el pasillo hacia los ascensores. En el camino se encontró con otros Representantes, más relajados que otra cosa, charlando animadamente entre ellos, teniendo que reclinar sus ofertas de unirse a ellos.

-Demasiado cansada, otro día tendrá que ser, Representante Kandor, gracias.

Y sin más, seguía su camino hacia los ascensores. Desde hacía un par de meses aquella había sido su constante, en concreto, todo comenzó con el momento en que se le ocurrió la feliz idea de negociar con los secesionistas. La Presidenta le había encargado, por ser la impulsora, el redactar la totalidad de escritos, por supuesto con una comisión asignada al efecto… con ella como integrante única. Sin duda, era una venganza por parte de la otra, pero al menos le había dado el permiso.

-Y te puedes sentir con suerte, hermana -se había encontrado con Rictania en la entrada del edificio -, porque eres de las mejores aquí dentro y te lo han tolerado, de ser otro…

-¿Cómo pretenden que alcance paz alguna, si estoy yo sola para hacerlo todo?

Habían entrado en la sala de seguridad del edificio, donde la otra tenía guardadas sus cosas para el cambio de turno, y que se llevaría a cabo en ese momento.

-¿Te has planteado que quieran realmente la paz, Arkytior?

La aludida bajó el rostro unos segundos. Su hermana estaba recogiendo su espada de luz, dejando las armas en su sitio para que otro compañero pudiera usarla a lo largo de la noche. Una vez recuperó su ropa civil se acercó hacia los baños, a los que entró también su hermana, seguían charlando sobre aquello.

-Esto no lo empezamos nosotros, fue Asmae Starlight, y ya he hablado con ella -le explicó-, quiere parlamentar para la paz, o por lo menos escuchar mis motivos, con eso vale.

-Arkytior, no seas necia -le murmuró la otra, que se giró para mirarla-, aunque llegues a un acuerdo con ella, o es una rendición unilateral del Imperio, o no aceptarán nada.

-¿Y qué gana la República con todo esto, eh?

Rictania suspiró un poco, y se empezó a cambiar.

-En casa te lo digo, aquí… no quiero hablar -murmuró-, ¿vale?

La otra suspiró un poco, pero acabó asintiendo, entendía los motivos de ella. Las cámaras de seguridad cubrían todo el edificio, y grababan audio, por lo que no se podía saber nada… exceptuando lo que pasaba en unos pocos despachos, que sí estaban protegidos de oídos y ojos extraños. Tan solo las duchas no tenían, y, aún así, se podía escuchar lo que allí se hablaba, así que era mejor ir a un lugar seguro y alejado de extraños. Y la casa de ambas era el sitio ideal para ello, la única razón por la que allí no había cámaras pese a estar Arkytior era que Rictania estaba con ella.

Una vez se hubo cambiado esta última, se dirigieron directamente al garaje, donde descansaban los vehículos oficiales y privados de los congresistas, entre los que estaba el de Arkytior, un cuadriplaza amplio, de unos cuatro metros de ancho por cinco de largo, ambas cabían sobradamente en su interior. Según ella se montó en el asiento del piloto, en sus manos apareció los mandos del volante y cambio de marchas, comenzando a mover el vehículo con el simple gesto de sus manos, que movía grácilmente.

Rictania se limitaba a mirar por la ventana, observando el paisaje urbano que las rodeaba, una zona de lujo con bastantes tiendas y centros comerciales, áreas con naturaleza, y sin apenas presencia de clones, todos los que allí había armados eran Xaniums con sus aprendices, aunque cada vez quedarían menos según avanzaran las horas.

-Hay bastante ambiente hoy… -comentó Arkytior, mientras se acariciaba el cuello- Hay bastantes familias de paseo, ¿ves, hermana?

La aludida suspiró un poco, estaban paradas a la altura de un cuarto, en primera línea del semáforo.

-¿Tenemos que hablar de eso ahora?

-Hace tiempo que no lo hacemos, y…

-Se habló en su momento, no creo que haya nada nuevo que decir -saltó, malhumorada-, además, no necesito más familia que tú, y algunos de mis antiguos alumnos, punto.

La otra se removió en el asiento, echando a andar el vehículo.

-Pronto tendrás uno nuevo, ¿no?

La otra asintió, ya le había comentado acerca de los chicos de la Tierra, ella se haría cargo de uno de ellos, le tendría dando vueltas por el Congreso arriba y abajo durante todo ese periodo, mientras le entrenaba ella misma durante sus días libres, enseñándole las interminables jornadas de guardia sobre la política de la República, durante las que entrenaría sus poderes especiales, y puede que se entretuvieran poniendo a caldo a los que estuvieran hablando en cada intervención.

-Se llama… ¿Odd? Parece buen chico, algo orgulloso, pero con buen fondo -la otra sonrió algo, nostálgica-. En todo caso sí, lo tendré, ¿por?

-Bueno, juraste en su día no tomar aprendiz alguno…

La otra gruñó un poco.

-Vas a querer hablar de esa mierda, ¿verdad?

-La última vez fue hace décadas, y no se resolvió -le recordó-, tienes que superar aquello, hermana, no…

Pero la otra le cortó abruptamente.

-Lo he superado, otra cosa es que tú insistas en que deba hacer algo más -le espetó-, agradezco esto, pero de verdad, no insistas. Larfiria murió hace ya años, y no hay nada que hacer.

Suspirando, Arkytior se dirigió por uno de los caminos que llevaba a la zona donde tenían su apartamento. No les tomó más de diez minutos el llegar, estaban en total silencio con sólo la música rompiendo la calma tensa entre ellas, que sólo se rompió cuando Rictania volvió a hablar. Se notaba la molestia en la voz.

-Estoy… bueno, he superado lo que pasó, aunque tú no me creas -comentó-, y no la pienso perdonar o intentar hablar con ella, no después de lo que hizo, yendo totalmente en contra de todo en lo que, se supone, le había inculcado… se ve que fallé, no sólo como Xanium, también como madre…

-Suerte que estaba yo, para hacerme pasar por ti durante el embarazo -comentó entonces Arkytior-, de haberte pillado te hubieran expulsado…

-Seriel Kimara se dio cuenta, y Starlight creo que también -comentó-, me conocen demasiado bien, me temo, pero no avisaron a nadie del Consejo, sería demasiado hipócrita por parte de ellos -la otra suspiró, habían llegado ya al garaje del edificio e iban a aparcar su vehículo, pero Rictania seguía despotricando-, y encima fue todo por una mala noche, ese… capullo sólo me quería por interés, en cuanto logró lo que quería se fue del sistema, y yo preñada… -gruñó-. Y pensar que casi abandono la orden por él…

-Bueno, por suerte no lo hiciste -comentó Arkytior-, todos tus demás alumnos han salido todos muy rectos, no ha fallado ninguno en más de doscientos años.

-Pero la única que lo hizo es la que más recuerdo con diferencia… -Rictania puso mala cara, mientras bajaba-, casi mejor que hubiera…

Antes de que continuara, su hermana le lanzó la bolsa que usaba, y fue directa hacia el ascensor cuántico, cortando así sus pensamientos. Realmente se estaba comenzando a pasar, avergonzada de sí misma se limitó a subir con su hermana, que la agarró de la mano, sonriendo un poco.

-Tú tendrías que haber sido la Xanium, no yo -gruñó algo-, eres la hermana recta, la que tenía más energía, la…

-¿Te puedes callar, Ric? -le espetó de pronto- Tú eres la mejor de toda tu generación, respetada hasta por el Maestro Puck, a nadie más le pide ayuda -le recordó Arkytior-. Sólo fue un error, además, soy yo la que te estaba pidiendo ayuda, ¿recuerdas?

Rictania suspiró, tras ser rodeadas por un halo de luz, aparecieron en la planta en la que vivían. Tenían la totalidad de la misma para ellas solas, habían juntado todas las casas en una sola de varios cientos de metros cuadrados, si no se quisieran ver lo tendrían realmente sencillo. Se acercaron a la primera puerta que vieron, y entraron a la casa. Con varios salones, cocinas y baños, no tenían problema alguno de espacio, siendo recibidas de inmediato por uno de los robots personales de ellas: una esfera del tamaño de un puño que pitaba y giraba sobre sí mismo.

-Buenas noches, Jade, ¿qué tal?

Tras escuchar los alegres pitidos del aparato, se metieron hasta uno de los salones más grandes, sentándose en torno a la mesa y preparándose para la cena y ducha, luego seguirían trabajando. Les quedaba por delante una larga noche de escribir y charlar, por suerte para ellas no necesitaban descansar demasiado para estar listas para el día siguiente.

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

Al otro lado de la galaxia, en la base imperial, Beatrice estaba leyendo los apuntes que había hecho de todas y cada una de las entrevistas que había hecho. En esos momentos agradecía su experiencia como policía, pues en apariencia era un grupo muy normal. La teniente era segura de sí misma, parecía confiar bastante en su grupo pese a llevar poco tiempo con ellos, leyendo sus informes se había dado cuenta de lo mucho que habían crecido, era realmente sorprendente y digno de mención, lograr que unos civiles se adaptaran tan bien en tan poco tiempo.

Por otro lado, los de la Tierra eran, como esperaba, bastante reacios a todo aquello, si por ellos fuera seguro que nada de aquello estaría pasando. Se identificaba del todo con ese pensamiento, y seguramente expresaría lo mismo de no ser por Star, a la que… bueno, se había unido mucho, por así decirlo. Y con Shamarya y Barugo, para qué negarlo, se pasaba los días con ellos. Los clones, como era de esperar, admiraban a sus superiores, pudo ver claramente lo que le había explicando Laura según hablaba con unos y otros. Sin embargo, notó cierto nerviosismo por parte de Patrick, que al parecer acababa de volver de ir por ahí con la joven Yekira. Esta, por el contrario, estaba exultante, era evidente que algo había pasado entre ellos.

-Esos dos… me parece que andan juntos, tendría que consultar si pueden… -se sonrojó algo- Diría que sí, por cómo se pone Star siempre que sale el tema…

Comenzando a imaginar cosas que no venían a cuento, se levantó de la mesa, había estado una hora a solas, poniendo en orden los papeles y sus ideas, tenía que redactar el informe para su jefa. No le había puesto problemas en cuanto a tardar, pero le gustaba ser diligente en esos asuntos, y hacerla sentir cierto orgullo era lo que más deseaba en ese momento. Al principio dudaba de sus emociones, pero ahora sabía claramente que estaba totalmente pillada de la imperial, aunque sabía que era una relación totalmente imposible por estar la otra obsesionada con Seriel… pero no se iba a rendir con ella, menos ahora que sabía que tenía un lado bueno y noble en ella. La iba a rescatar de todo aquello, costara lo que costara.

-Te salvaré de la oscuridad en la que vives, Star… -murmuró, mientras se dirigía- Puede que nunca me veas como yo te veo, pero lo pienso lograr.

Abrió la puerta y llegó al pasillo, desde donde estaba se escuchaba el entrenamiento con armas de los demás, según el horario estaban bastante ocupados disparando a puntos en movimiento, con Laura gritando instrucciones cada poco rato. Sin más, se dirigió hacia el ascensor cuántico, hablaría con Shamarya antes de instalarse del todo en la planta, compartiría espacio con ellos hasta que recabara información suficiente sobre Yekira, tenía que cerciorarse si las sospechas de Star eran infundadas por su procedencia, o si realmente tenía razón y la otra estaba aún en el lado de la República.

Recordó entonces que Shamarya estaría atareada con aquellos dos esclavos, y se removió un poco en el sitio, nerviosa. Seguro que, si subía a la planta en la que estaría ella, podría escuchar los gritos y gemidos tanto de ella como de los otros dos, y no deseaba interrumpirla en aquellos menesteres. No teniendo otra cosa mejor que hacer, se decidió a entrar a ver los ejercicios de los otros, así que entró a una sala lateral, desde donde podría ver el entrenamiento con seguridad.

Estaban colocados en una larga fila, incluida Hertz, con armas L-100 en las manos, y varias esferas voladoras que iban y venían aquí y allá, contra las que disparaban como podían. La mayoría de láseres se perdían en el aire, pero, cada vez que daban en blanco, en una pantalla lateral sumaban unos puntos, en relación al punto concreto de impacto.

-Parece un grupo unido, en apariencia… -murmuró Beatrice- Sorprendente, dado que se conocen desde hace tan poco -se decía a sí misma, con los brazos cruzados-. Puede que sea por convivir, se pasan el día juntos, parecen… casi una familia.

Se fue fijando algo más. Sí, no querían estar ahí, pero William ayudaba a Patrick y Suzanne, siempre bajo la atenta mirada de Jim, que les miraba unos instantes antes de seguir. Y, por imitación de sus mayores, los clones hacían algo semejante entre ellos, incluso con los otros, y es que Yekira, siguiendo esa misma pauta, les echaba una mano moviendo, disimuladamente, los láseres con su energía hacia los objetivos; ellos, a su vez, le restaban importancia a los fallos de ella, que echaba a veces un cable a Patrick, guiñándole un ojo en el proceso. Este le sonreía, pero… claramente se le notaba nervioso.

Aquello no pasó desapercibido para William, que le miró con cierto grado de preocupación. Estaba bastante seguro que algo le pasaba, pero por ahora no podía decir nada, no con todos los demás delante, como mucho que estuvieran Jim y Hertz delante, si eso. Tardaron un par de horas en terminar el ejercicio, y es que Laura había enfatizado bastante en torno a la idea de mejorar la precisión del grupo. En cuanto salieron se dirigieron a las duchas, continuarían con una sesión de clase teórica y luego entrenar algo más con sus poderes, cena, y hasta el día siguiente. En cuanto estuvieron algo más alejados, le preguntó.

-¿Estás bien? Pareces disperso… -comentó el chico- ¿Yekira te puso ojitos antes o qué?

El otro se sonrojó un poco, mientras entraban a las duchas.

-No es eso, simplemente andaba pensativo -reconoció-, no sé cómo haremos para poder escapar de aquí o desertar, dudo que nos lleven de misión de aquí a poco tiempo…

William asintió, despacio. Paró la ducha tras mojarse bien el cuerpo y pelo.

-No te agobies con eso, no tiene sentido -le respondió-, escaparemos todos, incluida tu novia, si quiere.

-¡No es mi novia!

-Patrick, tengo ojos en la cara, y he visto cómo le miras el culo a esa tía -le espetó, se estaban enjabonando en esos momentos-, si te gusta me parece de puta madre, pero concéntrate.

Suspiró al escuchar al otro simplemente abrir el agua de nuevo, así que él hizo lo mismo, quitándose el jabón del cuerpo, saliendo de la ducha un par de minutos después. Encontrándose cara a cara, se miraron.

-Estoy centrado, y no fallaré en la misión -dijo Patrick, apretando los puños-, quiero volver a casa tanto como tú.

El otro sonrió, se giró al escuchar a los clones llegar, junto a Jim, y apretó la mano del otro.

-Te tomo la palabra, Belpois -se separó de este entonces-, si tienes la mitad de determinación que Jeremy, sé que podrás.

El primero en entrar fue el propio Morales. Desde luego había tenido un gran cambio, no tenía abdominales pero su cuerpo era indudablemente más fuerte ahora, incluso había recuperado parte del pelo perdido, pero su carácter seguía presente. Los clones le miraban con admiración, como si fuera una especie de hermano mayor, en especial Hielo, que le solía preguntar a menudo sobre sus tácticas en la Tierra, siendo su mano derecha desde hacía una temporada. Mientras los clones empezaban a ducharse, los dos adolescentes se dedicaron a secarse con sus toallas, mientras, en el lado de las chicas, estas habían dejado que Hertz fuera la primera en bañarse, mientras las jóvenes lo hicieron en el siguiente turno, charlando entre ellas. En realidad eran Yekira, Floresta, Blancas y Negras las que hablaban, pues Laura había entrado directamente hasta su ducha.

-Ha ido genial el entrenamiento, habéis hecho un gran trabajo hoy, chicas -comentaba la joven-, ¡a la próxima os ganaré yo, niñas!

Estaban bastante animadas, echándose un poco de agua con los grigos, usando Yekira sus poderes para mover el agua y empapar a las otras, cuando Laura hizo acto de presencia y se les acercó. Llevaba un jabón en las manos, su pelo remojado lo tenía a un lado, la calidad humedad del ambiente hacía que no tuvieran frío en absoluto, pudiendo estar allí un buen rato. Las otras la miraron con cierta sorpresa, normalmente se quedaba a un lado.

-¿Me dejas enjabonarte, Yekira?

Esta asintió, algo sorprendida, pero no tenía razón para no hacerlo. Las clones se limitaron a irse a una ducha cercana, mientras las otras dos se metían bajo una de las alcachofas, donde Laura comenzó con su labor.

-¿Te sientes cómoda con el grupo? -preguntó al rato- Te noto bastante unida a Patrick.

Esta asintió, se sentía bien que acariciaran su espalda, aunque no sabía si fiarse plenamente de la otra, pero sabía que esas cosas se hacían para unirse un poco. Y apenas habían interactuado desde que había llegado más allá de algunas charlas de vez en cuando.

-Pues sí, la verdad -comentó Yekira, sonriendo un poco-, es bastante majo, bueno, todos lo son, la verdad.

Laura sonrió un poco.

-Me alegro, me alegro -comentó-, fuiste de paseo con él antes, ¿estuviste cerca de la base, no?

Sabiendo que eso, se supone, no se debía hacer, la otra se removió, ligeramente incómoda.

-Teniente, yo…

Sin embargo, la otra le acarició suavemente los hombros, y, delicadamente, siguió hablando con calma, relajando a la otra.

-A mi también me gusta, de vez en cuando, salir a dar una vuelta -explicó-, pero no pasa nada, siempre se rompen las reglas, a veces viene bien hacerlo -comenzó a pasar sus manos por la espalda baja de la otra-. Me alegra verte feliz con él, pero no pierdas el foco, tenemos que ser un equipo de élite, ¿de acuerdo?

La otra asintió, despacio.

-Siempre, mi Teniente -dijo ella, algo más calmada-, es un honor servir al Imperio.

-Por cierto, me gustaría encargarte un asunto -comentó Laura-, han mandado una circular a los líderes de grupo, al parecer tenemos un infiltrado.

Yekira asintió, despacio, mientras su corazón se aceleraba un poco, cosa que notó Laura, mientras pasaba sus manos por la espalda de la otra, pero no llegó a comentar nada.

-¿Alguien está mandando información, pues?

Laura asintió, mientras le tendía el jabón a la otra, dándose entonces la vuelta, dándole así la espalda a la otra. Yekira observó su espalda, tenía alguna que otra cicatriz producto de sus numerosos enfrentamientos. La fue lavando mientras hablaba con la otra, acariciando suavemente la piel de la chica, y de paso masajeaba sus tensos hombros

-Sí, pero no se sabe aún ni quién ni cómo -le comentó-, sólo se sabe que lo hace a través de una nave automática, se descubrió por casualidad hace unas pocas semanas, cuando un guardia vio un punto rojo subir por la atmósfera…

La otra asintió, pensativa, preguntándose bastantes cosas, hasta que, un par de minutos después, se atrevió a hablar.

-¿Quiere que investigue la situación? -le preguntó- Soy bastante buena sacando información.

Laura negó, suavemente. Girando sobre sí misma, quedó cara a cara con la otra, a la que miró a los ojos.

-Se supone que esto no lo debe saber nadie, tranquila -le comentó-, pero puede que comiencen a hacer preguntas, ya sabes, por si acaso pueden pillarle antes.

Yekira asintió, y, por primera vez, contempló el cuerpo de la otra. En esos momentos le gustaría estar en esa situación con Patrick, pero no podría llegar así, sin más, al otro y acercarse. Limitándose a sonreír a su superior, se levantó y se dirigió a la ducha más cercana, donde se aclaró, acompañada por Laura, y que cerró los ojos, dejando que el agua fluyera libre por su cuerpo, soltando un suave murmullo de satisfacción.

-¿Sabes algo? -comenzó Laura, entonces- Creo que ganaremos sobradamente la guerra, la verdad… con lo que se está preparando, podremos hacer cosas realmente impresionantes.

Yekira la miró con cierto interés.

-¿Es una nueva estrategia, mi Teniente?

-Algo así -explicó-, es… un arma nueva, bastante novedosa. Mi maestra, Starlight, me ha asegurado que podría acabar con toda la vida de un mundo como Asmara en poco tiempo.

Sorprendida, la otra se tensó ligeramente, parecía incluso deseosa de ver aquello por cómo tembló, y miró a su superior con los ojos bien abiertos.

-¿Se sabe algo más, Teniente? -se corrigió rápidamente- Que podamos saber, quiero decir…

La otra sonrió algo, y asintió.

-Esto te lo cuento porque confío en ti, ¿vale? -le dijo, a lo que Yekira se inclinó algo, como muestra de respeto- Se llama Proyecto Gran Resplandor, y, sin duda, en cuanto esté listo habremos ganado la guerra en unos pocos días -Laura se giró, comprobando que las clones ya se habían ido, y empezó a hablar -, se trata de un arma que, en esencia, libera…

Se oyó algo de jaleo en el exterior, pero Yekira lo había escuchado todo. Asintiendo, terminaron por bañarse, y fue entonces que salieron hacia donde estaban las demás clones, con las que se juntaron. Una ve se secaran, seguirían con sus tareas diarias, aunque en esa ocasión, con un ligero cambio en el planteamiento que comenzaría a mover sus vidas de una forma que ninguna sabía, pero que estaban deseosas por conocer.

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

Por su parte, a años luz de allí, en la base militar de la República donde vivía el grupo de Jeremy, este se encontraba recibiendo una de las muchas charlas que, semanalmente, recibían por parte de Naipe, en esa ocasión con un ligero cambio.

-Por ello, en tres meses estándar, participaréis en los Juegos Lakyos, como oportunidad para conocer a otros como vosotros, practicar vuestras habilidades, y, de paso, airearos un poco -decía ella-, el premio consiste en preferencia para elegir destino una vez terminen, si lográis una buena posición podrás elegir los lugres más tranquilos y seguros para continuar con vuestro entrenamiento.

El chico suspiró un poco, rascándose la cabeza.

-Y… ¿Cuáles son los peores?

-Tranquilo, no os llevaremos al frente, sería demasiado y acabaríais siendo carne de cañón -Naipe negó suavemente-, en su lugar, iréis a sitios más… aburridos, donde no tendréis demasiado que hacer más allá de mirar por la ventana porque ni centro de entrenamiento tendréis.

Jeremy asintió, pensativo. Su grupo estaba bastante unido, eso era así, pero aún cometían errores, tal vez demasiado. Y los demás grupos seguro que eran mucho más habilidosos que ellos, les iban a pasar por encima casi seguro en lo que quiera que tuvieran que hacer.

-Yo tenía entendido que no nos moveríamos de aquí hasta que terminara nuestro entrenamiento -comentó el chico-, y que entonces a cada uno se le asignaría un maestro concreto para que le enseñara las especialidades de su poder…

Naipe asintió, mientras tamborileaba en la mesa, pensativa.

-Y así es, pero los del Gobierno han decidido que tenéis que tener experiencia de campo previa -comentó, hundiéndose de hombros-, cosa que me parece bien, pero aún estáis algo verdes, por suerte sólo estaréis un par de semanas en ese destino y luego volveríais aquí…

Asintiendo, Jeremy se levantó a la vez que la otra, que le sonrió afablemente.

-En todo caso no os agobiéis, lo estáis haciendo muy bien, cumpliréis con la formación de sobra para cuando terminéis aquí, sin duda alguna.

-No es eso lo que me preocupa… -murmuró entonces el otro- ¿Y si la guerra termina antes? Si se negociara en algún momento con el Imperio para intentar alcanzar la paz, ¿qué será de nosotros?

Comprendiendo por dónde iba el otro, la otra le llevó a un lateral.

-A vosotros os esperaría una vida apacible como aprendices de un gran maestro, a los clones… -la otra suspiró- Simplemente nos dejarán morir sin reemplazar a nuestra generación, supongo que acabaríamos de mecánicos, guardaespaldas, instructores de gimnasio… cosas así.

-Es un destino cruel -comentó Jeremy-, pero la guerra está causando mucha muerte y miseria.

-Así son las guerras, mi Alférez -le recordó ella, sonriendo algo-, coincidiendo con los Juegos, tengo entendido que se reunirán para intentar la paz, eso al menos dicen los rumores que pululan por ahí…

-¿Debemos creerles?

A eso, la otra se hundió de hombros.

-Ni lo sé, ni me preocupa -reconoció-, sólo quiero que mis alumnos sean lo mejor posible, para que no muráis el primer día que vayáis a la guerra de verdad.

Suspirando, se despidieron, y el chico salió por la puerta, dispuesto a reunirse con los demás. Le dolía un poco la cabeza, la reunión había durado varias horas y estaban analizando la progresión del grupo en todo ese tiempo. Ahora le tocaba a él hacerles saber las impresiones de sus dos maestros al grupo, que estaba reunido jugando a las cartas. Odd se había esmerado bastante en, usando varios papeles que despistó por ahí y unos cuantos tintes, crear una baraja completa con la que jugar. Y como eran tantos en el grupo, la había hecho bastante larga, para que todos pudieran tener unas cinco o seis cartas en mano por juego.

-¡Ey, Einsitein! -le llamó Odd- ¡Por fin llegas! Has tardado una eternidad.

Estaban todos reunidos en el cuarto de los chicos, sentados en el suelo formando un amplio círculo, con ya un montón de cartas colocadas en el centro, mientras uno por uno hacía su jugada.

-Ya, es que había bastante que hablar…

-¿Para bien o para mal? -preguntó Yumi- Porque la última vez nos pusieron a parir.

-Tanto como a parir no -la corrigió Aelita-, pero nos señalaron errores, y no los hemos vuelto a cometer desde entonces.

-Precisamente por eso quieren que participemos en los Juegos Lakyos -explicó Jeremy-, para pulir nuestras habilidades. Y, tras los mismos, elegiremos destino para estar allí un par de semanas, y entonces retomar nuestro entrenamiento aquí hasta finalizar, pero dudo que podamos elegir un buen sitio…

-No estarán pensando ya en mandarnos al frente, ¿no? -preguntó alarmada Yumi- Porque no estamos listos ni de coña.

Jeremy negó suavemente.

-No, pero tendremos que esforzarnos, seguro que ganaremos puntos si lo hacemos bien, aunque quedemos los últimos -les explicó-, porque nos estarán observando casi seguro, así que a prepararse para ello.

Todos los demás asintieron, convencidos de la razón de él, salvo Odd, que suspiró un poco, no estaba de acuerdo con aquellas palabras, no por el esfuerzo, sino por la idea de intentar caerles bien a sus superiores, cosa que iba en contra de los ideales del muchacho, en total contradicción con los de sus compañeros, y que se alineaban bastante con los de la República. Notando aquello, Compás le tomó la mano delicadamente, apretándola y reconfortando al otro, que sonrió un poco.

Estuvieron jugando un rato largo, durante ese descanso de las clases dado que Naipe y Cubo estaban ocupados con otros asuntos así que aprovecharían para echar el rato. En torno a ellos corría y jugueteaba Kiwi 2, usando una bolita de papel a modo de juguete, soltando pequeños chispazos por la emoción cuando pedía las atenciones de cualquiera de ellos, que tenían que dejar a un lado las cartas para acariciar al animal, que se portaba como un cachorro de perro. En cuanto tomó el valor de andar, se había dedicado a explorar los alrededores de, primero, la cama de Odd; luego las más cercanas, y en pocos días había descubierto toda la sala, entrando y saliendo de la misma pese a que le reñían y le enganchaban por la cola, arrastrándole hacia atrás y provocando que el animalito soltara algunas chispas, gimoteando algo pero olvidándose en el acto de aquello, pues su atención había pasado a otra cosa totalmente diferente.

Cuando terminaron de jugar se levantaron y se dirigieron a las duchas para darse un baño y luego cenar, estaban tan en sus conversaciones que ni se dieron cuenta de que Odd había salido del cuarto e ido directamente a la armería. Allí guardaban los artefactos que les servían para usar mejor sus poderes, en su caso tenía unos guantes con garras de luz, pero el chico le había pedido a Jeremy un segundo complemento, una cola biónica de metal y que confundirían con carne sintética para que pareciera natural, el chico había aducido que con ella podría luchar mejor pues estaría como en Lyoko, donde había aprendido a usarla con bastante habilidad. Por eso el rubio había accedido, pero Odd quería ver con sus propios ojos los avances obtenidos.

-Guau… -según había entrado, había visto en la mesa de trabajo el aparato, bastante completado ya- Mola que te cagas…

Lo rozó un poco con los dedos, deseando poder usarlo cuanto antes, se preguntaba si podría conectarlo a su cuerpo y no sólo llevarlo como complemento de combate. Vio que en su punta tenía un led morado, así que sonrió, seguro que se trataba de un arma también, lo cual lo haría más molón aún. Lo estuvo contemplando, ensimismado e imaginándose a sí mismo usándolo, cuando recordó que tenía que ir con los demás a darse una ducha, así que fue corriendo hacia el cuarto de los chicos, se desnudó, y entró como alma que llevaba el diablo hasta el baño… hasta que oyó una risa femenina. Una que reconoció de inmediato, y que era de Aelita. Desde una de las paredes con duchas, oculto, pudo verla junto a Jeremy, dándose besos y acariciando al otro, parecían muy ensimismados con eso… pero algo dentro de Odd se volvió a romper, igual que la última vez que les escuchó retozar, y una suave mueca de celos apareció en su rostro.

-No tienes nada que hacer, tío… -se dijo a sí mismo- Está totalmente pillada por él… Mierda.

Golpeó con algo de fuerza el muro de roca negro, por suerte para él el ruido se amortizó lo suficiente para no ser escuchado por los otros dos, pero, por otro lado, no podía evitar haberse excitado sólo de ver a la otra desnuda. Era extraordinariamente hermosa, con algo de vello en su entrepierna y trasero, con esa cálida sonrisa que siempre hacía que su corazón, y lo que no era su corazón, ardiera con bastante fuerza. Su miembro estaba algo duro, y no pudo contener las ganas de comenzar a masturbarse, apoyándose con la mano libre en la pared, mientras contenía los gemidos de frustración por no poder acercarse a la otra, por no poder sentirla desde aquel día en el que casi logra tomarla, cuando casi le quita la virginidad, cuando logró probar sus hermosos pechos, oler su cabello y besar su cuello como nadie nunca había podido hacerlo antes.

-Aelita… -gruñó, sentía que e correría pronto- Joder, Aelita…

Segundos después su cuerpo se estremeció y su miembro comenzó a eyacular, aunque todo el semen rápidamente bajó hasta el suelo, donde se diluyó en el agua que él inmediatamente había abierto, apoyando su cabeza en la fría roca, sólo alejándose de esta para dejar que el agua mojara su rostro, sintiéndose bastante más calmado, mientras su respiración y pulsaciones se iban relajando.

-¿Odd?

Abrió los ojos de golpe, y vio allí delante a los otros dos, totalmente mojados aún. Aelita se estaba tapando el cuerpo con las manos, mientras Jeremy se adelantaba un poco, con las manos por detrás. Se le veía ligeramente molesto, pero también en cierta medida preocupado, por el tono de voz.

-Y-ya me iba, lo siento chicos…

Odd pretendió huir de allí, avergonzado, pero Jeremy le detuvo, tomándole del brazo. El otro se giró, algo nervioso, pero intentó conservar la calma. No tenía que tener miedo de Jeremy, al final era bastante moderado.

-¿Estás bien, tío? -le preguntó- Oye, no me importa que nos hayas visto, pero…

Sin embargo, el otro negó y forzó una sonrisa.

-¡Qué va! -le dijo, divertido- Estoy perfectamente, es sólo que no me gusta molestar, ¿sabes? Y…

-No hablaba sólo de eso -le cortó Jeremy, la chica se había puesto detrás de él, y le abrazaba por detrás-, te noto distante últimamente conmigo.

En cierta medida le estaba evitando, sí. No le importaba hacer equipo con el otro, de hecho lo prefería, pero no quería estar a solas con él, no era capaz de mirarle a la cara sin que los celos le estuvieran devorando por dentro, y esa sensación no le gustaba en absoluto. Pero no podía decirle nada, no podía decirle de esa manera que casi se acuesta con su novia, aunque aún no fueran nada en ese momento.

-¿Estás seguro, Odd? -le preguntó- Eres como un hermano, tío, no pasa nada si…

La mirada del otro se puso en blanco unos segundos, así que la pareja se miró entre ellos, con algo de preocupación, cuando escucharon que el chico se reía un poco.

-¿Sabes que pasa? Que tú tienes a Aelita, Ulrich a Yumi… -sonrió, divertido- Y yo a Ritmo y Compás, así que ando algo cansado últimamente, ya sabes, si ya es difícil cumplir con una imagina con dos…

Le dio un par de golpecitos en el lateral, confidente, y salió de allí, animado, así que los otros dos decidieron que, efectivamente, era sólo Odd siendo su amigo de siempre. Salieron de la mano cuando se cercioraron de que el otro había salido de allí, yendo directamente a donde tenían sus cosas, donde se cambiaron delante del otro, se atusaron mutuamente el pelo mientras ella cantaba suavemente, relajada, no parando hasta que estuvieron listos, instante en que se dirigieron hacia la cocina, donde ya seguro les estaba esperando los demás.

-¿Le creíste antes, cariño? -preguntó Aelita, no demasiado convencida- Yo… no sé si hacerlo, la verdad…

Deambulaban juntos por los pasillos, abrazados por la espalda, sin prisa de ningún tipo.

-No te sabría decir, está muy activo siempre, puede que… -suspiró- En fin, da igual, si no lo quiere o puede decir, tendrá sus motivos.

-¿No le insistirás, entonces?

El otro negó suavemente.

-No debería hacerlo, porque no serviría de nada -reconoció, mientras se rascaba algo la nuca-. Sólo que se encierre más en sí mismo conmigo, así que le dejaré en paz por ahora, que se recupere él solo de lo que quiera que le pase.

Ella asintió, sonriendo un poco, y se abrazó un poco más a él, estaba contenta por su decisión. No se separó hasta que llegaron a un área más general, pero seguían charlando entre ellos en francés, acción que solían hacer para hablar cariñosamente entre ellos en público sin que nadie fuera de sus amigos les pudieran entender, al no ser un idioma de los que las placas que llevaban instaladas podían traducir.

-Creo que, algún día, pillarán a esos dos -comentaba Jeremy, divertido-, lo que me extraña es que aún no hayan hecho nada, la verdad…

Aelita se rio un poco, divertida por el comentario de él.

-Bueno, estarán esperado al momento adecuado, como nosotros, amor -le respondió ella-, seguro que algo así piensan ellos de nosotros, la verdad.

Jeremy asintió, estaban recorriendo los pasillos de la planta baja, ya enfilando a cafetería. Los soles de Asmara ya habían descendido casi en su totalidad, desde luego no entraba nada de luz natural por los ventanales, así que ya debía ser casi de noche fuera. Había, sin embargo, ambiente por los pasillos, con otros Xaniums y clones yendo y viniendo por los mismos.

-Es posible, pero al final todos nos la estamos jugando, y si les pillan a ellos, puede que nosotros seamos los siguientes -explicó él-, y no me gustaría tener que cortarme contigo.

Ella asintió, despacio.

-No entiendo por qué tenemos que estar sin amor, la verdad -comentó ella-, carece de sentido, ¿por qué no podemos estar en una relación, ya no con un compañero, sino con nadie?

Jeremy le abrió la puerta según llegaron, y se la abrió, cortésmente.

-Tú siempre serás mi princesa, Lita.

Ella le sonrió.

-Cuidado, no te vayan a llamar la atención los superiores por no respetarme como mujer -bromeó ella-, vaya gilipollez, la verdad.

El otro se rio un poco, de hecho había varias teles de fondo y, precisamente, estaban con aquellas cuestiones en la tele. Sin hacerles demasiado caso, tomaron sus bandejas, se acercaron al buffet libre, tomaron lo que más les apetecía del menú, y se acercaron a donde estaban los demás ya colocados, que habían reservado dos sillas para sus líderes.

-¿Vosotros qué pensáis de todo el asunto de ser iguales en la galaxia?

Era Ulrich el que preguntaba, tenía el plato de carne y patatas a medio terminar, a su lado, Yumi ya estaba pelando su fruta con un cuchillito, pensativa. En frente estaba Fan, Ventura y Rtimo. Compás encabezaba la mesa, a la izquierda de ella estaba su hermana, y a la derecha las dos sillas de los otros dos. Dinamo y Compás, al otro lado, miraban de reojo como Odd devoraba su cena con bastantes ganas, como siempre.

-Bueno, es una idea noble, que todos tengamos más o menos lo mismo, ¿no? -comentó con una sonrisa Fan- Así la gente no estaría enfadada, la verdad, muchos de los problemas vienen de ahí, creo.

-Pues sí, en la Tierra también son más o menos comunes, esas cosas -explicó Yumi, sonriendo-, se ha discutido mucho en nuestro mundo al respecto, incluso ha habido guerras por eso.

-¿Cómo la que estamos viviendo ahora?

A eso, los clones asintieron, con bastante interés. Hablando de esos y otros muchos temas, fueron terminando las respectivas cenas, siendo los últimos la pareja recién llegada. Odd, antes de terminar ellos, se levantó y se dirigió hacia su piso, con la excusa de querer descansar un poco, sustrayendo de paso un poco de pan y carne para Kiwi, que guardó en una servilleta que escondió en uno de sus bolsillos. Los demás vieron aquello con una ligera sonrisa, pero no llegaron a decir nada al respecto, entendiendo por qué se iba antes. El animal se ponía como una moto cuando comía, llegaba incluso a ser algo molesto, pero igualmente mono a ojos de las chicas.

-Qué monada, Jefe Einsiten, ¿vendrá con nosotros a los combates cuando crezca? -preguntó entonces Fan-, es un animal que puede lanzar rayos, eso sería súper útil, ¿verdad?

-Puede serlo, si Odd le entrena para eso y el animal es obediente, cosa que teniéndole de amo a él… dudo bastante -reconoció-, de todas formas anda que no queda para eso.

-Dentro de poco tendremos que ir a una misión real, aunque no sea especialmente difícil, allí podremos probarle -comentó entonces Muralla-, durante esas dos semanas de prueba sabremos si es merecedor de tal honor.

El aludido sonrió, un poco, y se recostó en el sitio. A su lado, Aelita tuvo que contenerse de tomar su mano, contenta, así que se limitó a poner las manos en su propio regazo. Le seguía dando vueltas un poco al asunto de Odd, pero rápidamente perdió esa idea cuando Yumi y Ulrich empezaron a lanzarse puyas entre ellos, era realmente divertido.

-Yo sigo pensando que estamos más que preparados -explicaba él-, coño, si hasta voy perdiendo el miedo a las alturas, si yo puedo, los demás podéis ganar fácil.

Sin embargo, la otra negaba.

-Puede que algunos lo estéis, pero yo tengo bastantes dudas de nosotros como equipo -miró a Jeremy-, tenemos que entrenar más el trabajar juntos, creo que es evidente, ¿no?

El otro se hundió de hombros.

-Aún nos quedan dos meses, podremos hacerlo sin duda alguna -les sonrió algo-, no os preocupéis, si perdemos iremos a algún sitio perdido de la mano de Dios, será aburrido pero podremos hacer piña, son todo ventajas -comentó-, y Naipe y Cubo no se van a cabrear porque van a entender que era imposible lograr nada.

Levantándose, entonces, siguieron charlando a medida que recorrían el camino de vuelta a su piso, comentando y haciendo bromas entre ellos, cualquiera que les viera desde fuera pensaría que son amigos de toda la vida pero, lejos de ser así, se conocían desde hacía bastante poco. Esa era la magia de la relación que tenían.

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

Mientras todo aquello sucedía, de vuelta a la base imperial en Delta Pisci 4, Patrick se encontraba recostado en su cama, a la luz de las estrellas gracias a lo limpio del cielo nocturno, leyendo la delicada letra de Yekira, y que dormía cerca de él, echa un ovillo y con un rostro ligeramente feliz. Le había prometido comenzar esa misma noche y estaba cumpliendo, había ya pasado unas cuantas hojas y aquel librito contenía exactamente lo que se había temido cuando ella le habló el oído, y es que no había mentido acerca de su contenido. Desconocía cómo podía estar confiando en él de semejante manera, pero entendía que debía ser por estar en una situación similar.

Se guardó el mismo entre las sábanas cuando escuchó movimiento cercano y se hizo el dormido, con sólo un ojo abierto, y se encontró con que era Laura, que estaba de pie, vistiéndose con una chaqueta por encima, portando únicamente su espada de luz. El chico la observó moverse en dirección hacia la salida, parecía ir a algún sitio importante pero al que quería acceder en solitario, pues no despertó a nadie más.

-¿A dónde se dirigirá…? -murmuró el chico- Puede que tenga algún secreto también -se dijo, pero entonces negó suavemente, sin llegar a terminar de incorporarse-. Nah, se me está yendo la cabeza ya…

Se volvió a tumbar del todo, y siguió leyendo el diario de Yekira, haciendo anotaciones en los lados con un lápiz, preguntándose bastantes cosas sobre la joven. Básicamente le había regalado sus secretos, y eso sólo se podía corresponder con algo parecido, así que, pensativo, se guardó el objeto bajo la almohada, acercándose a la otra, a la que abrazó por detrás. Ya en su día había aprendido en lo importante que era confiar en los demás, así que, si ella lo había hecho con él, le correspondería.

A la mañana siguiente, ella se despertó entre los brazos del otro, así que sonrió un poco, giró sobre sí misma, y colocó su cara en el pecho del otro, que, sin llegar a abrir los ojos, empezó a hablarle en suaves susurros. Ella escuchó, atenta, moviendo suavemente la cabeza en señal afirmativa, acariciando el cuerpo del otro delicadamente durante cerca de un minuto, durante el que remolonearon y hablaron al oído del otro. No se levantaron hasta que hubieron terminado, y, como si nada hubiera pasado, se dirigieron hacia las duchas para despejarse un poco, aunque no se podía quitar Yekira la sonrisa de la cara, mientras el otro se rascaba la cabeza, adormilado aún, pero dispuesto a hablar con aquello que le había dicho a la joven.

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.