Código Galaxy

Capítulo 25

Pasaron las semanas, hasta que llegó la primera semana de Junio en la Tierra. En la República, las cosas habían avanzado fulgurantes en los noticiarios durante las últimas jornadas, y es que había salido la gran noticia a nivel público: efectivamente, habría reunión entre los dos lados en conflicto, siendo la principal representante del bando republicano Arkytior Foreman. Por su parte, Seriel estaba en su despacho de la base militar de Alfa Leoni 1, a su vera estaba Asmeya, con un par de montañas de papeles a sus laterales, el mayor parecía algo nervioso a decir verdad.

-Entonces, ¿dices que esta información de Dakión es de fiar?

Ella asintió, despacio.

-Según el informante, todo es verdad -explicó Asmeya-. El Imperio tiene una gran arma, está buscando más información, pero la fuente es fiable.

-¿Sabemos cual en concreto?

-No realmente -reconoció la otra-, pero en el informe viene claro, y al parecer ya se ha encontrado con cierto grado de apoyo.

Seriel asintió, despacio. Tenía delante los papeles de Dakión, se los había leído a fondo pero quería confirmar ciertos puntos con ella, al final era la única que se comunicaba abiertamente con el informante. De hecho, fue a través de todo esto que se decidió dar la exclusiva del intento de paz, para ganar tiempo.

-Joder, teniéndolo tan cerca…

-Ya, pero si ellos tienen su arma casi preparada, como según parece así es… -chasqueó la lengua- Por mucho que tengamos nosotros otra, le queda aún demasiado por avanzar.

-Proyecto Aliento de Eos está cerca de concluir, pero aún no ha sido probado -comentó Seriel-, aunque fuera un éxito creo que aún queda por pulir, con suerte, el Imperio estará en una situación similar y no querrán seguir ante la opción de la paz.

Eso quería pensar, en realidad. Sabía que no les frenarían con eso, seguramente tendrían que dar la orden de, de alguna forma, boicotear el armamento nuevo del Imperio, pero sin saber cual era su naturaleza era complicado, de ahí la última orden dada al respecto. Asmeya la había apuntado en una nota, y se disponía a levantarse, cuando el otro la detuvo unos instantes.

-¿Cómo te está yendo en tus entrenamientos?

Ella suspiró un poco. Aquel era su último intento para poder ascender a Xanium, ya había usado dos de los tres intentos, y dentro de muy poco tendría sus pruebas. Le había pasado algo similar a su amiga Dayamnelis, que lo logró en su última opción, sólo le quedaba tener fe y entrenar mucho para, como ella, lograr el milagro. De hecho había quedado con ella para un último entrenamiento y charla, le daría consejos al respecto.

-Me iría mejor si esta fuera mi primera vez, pero me están jodiendo viva… -reconoció, apretando los puños- Todo por ser mi hermana… ella.

Y es que la sombra de Starlight era alargada. De estar aún en la República, hubiera aprobado sin problemas, pero le habían tirado por, pensaban ella y sus amigas, por nimiedades. Ya Alione y Daya lo habían logrado, ahora sólo quedaba ella, y sería en pocas jornadas.

-Seguro que lo lograrás, entonces -comentó Seriel, ya dejándola-. Para lo que necesites, aquí estoy, ya sabes…

Asmeya se limitó a asentir, y salió por la puerta rápidamente, tenía asuntos que tratar, entre otros, prepararse para aquel entreno con su amiga. Por otro lado, estaba el hecho de la fecha en la que sería el intento de firma de paz: en concreto, el día primero del mes de Aremenior, no podía ser más oportuna la fecha dado el pseudónimo de su informante, Dakión, el amante del primero, y que era un gran escapista y mago. Seguramente tuviera poderes Xanium de algún tipo, de ahí sus habilidades especiales.

Aquello sería en el decimoquinto mes, estando en aquellos momentos en el octavo. 5 meses estándar antes, cuando la Tierra fue invadida, era Lexianor, otra época nombrada en honor a una heroína de la antigüedad. Por tanto, en la Tierra, aquellas conversaciones de paz coincidirían con finales de Diciembre, aproximadamente.

-Ha pasado todo muy deprisa y a la vez muy despacio… -murmuró ella, andando por los pasillos- Y todo irá aún más veloz, cuando lidere a mi hermana y su grupo…

Precisamente, y en el edificio de los Lakyos, ellos estaban entrenando de buena mañana, ya enterados de la gran bomba informativa. Y estaban de los nervios, pues coincidiría justo con la última jornada de los Juegos, que comenzarían cuatro días antes. Ellos estaban ya practicando en concreto lo que harían durante los mismos, precisamente para evitar en su mayor parte el gran ridículo que harían, y que de paso les valdría para poder luchar en la guerra, así como en las pruebas que les esperaban a futuro.

-Todo lo que sea entrenar nos vendrá bien, ya sabéis -comentaba Aelita, mientras sonreía algo-, al menos ahora no nos lo dirige todo Jeremy, ¿no creéis?

Este rodó los ojos, mientras el resto se reía algo.

-Oye, no estuvo tan mal -comentó este, algo molesto-, además, Jim me reconoció que era un buen programa, algo duro, pero eficaz.

Odd puso una mueca divertida.

-Ya te digo, ahora somos algo menos escombro, en especial tú, tío -le chinchó-, por cierto, Lita, ¿pensaste más motes al final?

Ella negó suavemente. Desde que se nombró a sí misma como Valquiria, tras tener por primera vez las alas de luz que le regaló su novio, habían estado a la espera de una nueva iluminación de ella, pero no había llegado.

-Según llegue el momento, no seas impaciente -le dijo, divertida-, por cierto, ¿hoy que tocaba?

Yumi, a su derecha, seguía corriendo en una cinta, mientras su compañera dejaba las mancuernas en el suelo, ayudada por Odd, que estaba usándolas también.

-Luego… toca… con… -la otra parecía pensativa, incluso corriendo podía hablar con cierto ritmo- Física, ¿no?

Jeremy se les acercó, sonriendo. Aún llevaba las manos cubiertas con unas esponjas, pues, a idea de él, estaban entrenando también boxeo. En cuanto le dieron la idea a Cubo le entusiasmo, y se dedicaron a buscar maneras, gracias a la experiencia del clon, para poder hacer algo mínimamente parecido al deporte real. Se había estado dando porrazos contra Ulrich, y que venía con algunos moratones y pequeñas heriditas en la mejilla, pero por lo demás parecían bastante enteros.

-Cierto, será de las últimas clases que demos, todo lo demás hasta los Juegos serán todo prácticas, de todas formas… -el chico parecía incluso emocionado- ¿Os dais cuenta de la locura que supone lo que nos están dado, chicos?

-Al menos es más útil de lo que nos enseñaba Hertz…

Ese comentario de Ulrich hizo reír algo a Aelita, que se quitaba el sudor algo con una toalla. La chica parecía estar bastante mejor desde que se rompió, volvía a sonreír y a tener apetito, sin duda había mejorado bastante de ánimos. Volvía a ser aquella chica alegre que vivía con ellos antes de toda aquella locura. Los demás también habían aprendido a aceptar lo que había sucedido, sus heridas del alma poco a poco iban cicatrizando… salvo en un caso.

-En fin, a lo que iba -Jeremy parecía bastante contento-, nos dan mil vueltas, todo lo que para nosotros es ciencia ficción para ellos es… casi realidad, es increíble.

-Cubo y Naipe comentaron que los demás clones ya sabían todas estas cosas -intervino Odd-, no entiendo porqué están con nosotros, en ese caso…

-Para refrescar, supongo…

Yumi se había bajado de la cinta, y, tras recoger sus cosas, se acercó al resto del grupo. Estaba totalmente empapada pero satisfecha, a ojos de Ulrich era una mujer de una belleza impresionante incluso así, con el pelo en un moño y con la ropa sudada. La miró unos instantes, de reojo, controlando la respiración como podía, para diversión de los demás.

-¡Pues yo me alegro que hoy sean las últimas clases! -comentó divertido Odd- Porque vaya coñazo… ¡Por cierto! Deberíamos gastarle alguna última broma a Naipe, ¿no creéis?

Los demás se miraron. Al inicio es verdad que querrían haberlo hecho, pero… ahora no estaban tanto en ese humor. De hecho, se empezaban a tomar más en serio el mundo que les rodeaba, de ahí que se dedicaran con más ahínco a sus actividades, con el otro teniendo que ir tras ellos a remolque, pero con alguna que otra trastada orquestada para hacer rabiar a Cubo, que soltaba espumarajos por la boca cada vez que veía algo desordenado, sucio o roto. Por supuesto, el culpable era siempre el mismo, pero sus compañeros le cubrían… hasta hoy.

-Tío, ayer te pasaste siete pueblos con el pobre Cubo -le soltó Yumi, molesta-, vale que le pongas las armas donde no toca, ¿pero romper algunas y pintarlas?

Odd rodó los ojos, entonces.

-¿Dónde quedó vuestro espíritu rebelde? -comentó- Os recuerdo que hasta no hace mucho íbamos contra todos, y miraos ahora, que parecéis sus perritos falderos.

De mala gana se separó de los demás, fue Ulrich el que le sujetó del brazo, pero el otro se desprendió del agarre, con mala cara, y fue hacia las duchas.

-Estará de mal humor, no os preocupéis -Jeremy parecía tranquilo-, estará nervioso, en el fondo le cae bien Naipe, es… su forma de demostrar cariño, ya sabéis.

Odd se dirigía ya, de hecho, hacia las duchas. En cierta medida entendía a sus amigos, pero le gustaría más apoyo en esas cosas. Puede que sólo se estuviera comiendo la cabeza por estupideces, pero para él era algo importante. Siempre había podido contar con ellos para romper, de vez en cuando, las normas, pero… parece que eso iba a cambiar. Se encontró por el camino con Kiwi 2, ya del tamaño de una cabeza humana, que chisporroteaba de felicidad a la llegada de su amo, que lo tomó en brazos con una sonrisa.

-Tú si que me entiendes, ¿verdad? -comentó, sonriendo- ¿A que sí, bonito?

El animal no sólo era algo más grande. Su pelaje se había vuelto algo más oscuro con el tiempo por la zona de la espalda y laterales, manteniéndose marrón en la tripa, con sus ojos ya bien abiertos, mientras la electricidad del animal iba poco a poco en aumento, que iba aprendiendo a controlar poco a poco. El animal gruñó algo, cariñoso, moviendo sus patas, y colocándose en el hombro del otro, que entró hacia las duchas, donde de paso lavaría el pelaje del animal. Pensando en ello, se encontró precisamente con los clones, que estaban charlando entre ellos mientras se bañaban.

-¡Jefe Odd, ven! -le gritó desde el otro lado Muralla, parecía bastante entusiasmado -¡Estamos todos aquí!

El chico se acercó, efectivamente allí estaban, junto a su hermano, Dínamo y Ventura, estaban charlando entre ellos animadamente hasta la llegada del otro, contemplando al pequeño Kiwi, olisqueando el aire y queriendo tocar y lamer a los otros, que se limitaron a dejarse hacer algo por el animalito.

-¿Y los demás jefes, Jefe?

-Ahora vendrán, supongo, estaban terminando de cambiarse -explicó el otro, tras lo que suspiró -, no tardarán demasiado, la verdad,

Los clones sonrieron un poco, satisfechos, ellos también habían estado entrenando, pero por separado. Ese era uno de los asuntos que, precisamente, quería hacer Jeremy: pretendía que todos entrenaran a la vez, incluido lo relacionado con pesas y demás, para estar todo el rato posible juntos. Al final tenían que hacer piña si es que querían sobrevivir, y evitar todo lo posible peleas internas. En ello pensaba Odd, estando bajo el agua de la ducha, unos minutos después y acompañado por Kiwi, cuando vio llegar a Jeremy.

-¿Qué tal, muchachos?

Sin duda era el que más había cambiado. Se le veía más seguro de sí mismo, ahora que era oficialmente un líder, agradecido de la confianza depositada en sus hombros, que si bien pesaba, ya estaba acostumbrado al mismo. Ya le habían confiado por años la vida de otros, en ese sentido no había cambiado nada más allá del número, y es que ahora eran algunos más. Y, gracias a la formación que estaban recibiendo, comenzaba a saber manejar las situaciones que podían encontrarse a futuro.

-Muy bien jefe, listos para el día -Ventura se cuadró ante su líder-, dentro de poco se nos unirán los alférez Cubo y Naipe y usted será ascendido a teniente, ¿verdad?

Jeremy asintió, despacio.

-Lo justo para mandar sobre todos, sí, incluidos ellos -explicó-, los demás pasarán de soldados directamente a capitán según se gradúen, vosotros los clones si lo hacéis bien llegaréis a alférez… eso me parece mal.

Odd asintió, despacio, ahora Jeremy podía tirar de galones ante los demás si quería ser obedecido, antes era algo más de hecho… ahora tenía el derecho a hacerlo.

-Bueno, alguien tiene que liderarnos, ¿no es lo que queréis? -preguntó, divertido- En fin, yo voy a cambiarme, que me estoy quedando frío y…

Jeremy le sostuvo suavemente del brazo.

-¿Podré hablar contigo luego, un rato?

El otro le miró de reojo, pero acabó asintiendo, despacio. Se retiró a los vestuarios, a los que su superior llegó minutos después, tras ducharse, colocándose al lado de su compañero. Estaban medio desnudos ambos, los entrenamientos les habían pasado factura, apareciendo alguna que otra cicatriz por la piel, con los músculos fortalecidos por el entrenamiento físico y mental al que se habían visto sometidos los meses precedentes.

-Bien, cuéntame.

Jeremy suspiró, y comenzó a vestirse tranquilamente.

-Te noto algo nervioso y distraído, últimamente…

El otro asintió, despacio.

-Bueno, ando nervioso, ya sabes, entre Ritmo y Compás… -sonrió divertido -Mucha tralla, hermano.

Pero el otro negó suavemente.

-No creo que sea por eso, la verdad -se colocó unos pantalones cortos entonces-. Dime la verdad, por favor.

Odd le miró de reojo. ¿Cómo explicarle sus visiones, si en teoría estas no deberían estar ahí? Además, tenía otras preocupaciones, como que Aelita se fuera de la lengua, ¿se supone que debía contárselo? Efectivamente, tenía razones para estar preocupado, porque sabía que podía morir pronto también por culpa de esa maldita guerra que no le importaba en absoluta.

-Es esa, bueno, y más cosas -reconoció-, pero puedo tirar adelante, tranquilo.

Jeremy asintió, despacio, y se sentó, poniéndose la camiseta. Suspiró algo, Odd era uno de sus mejores amigos, pero no podía quitarse de la cabeza estos comportamientos. En realidad no eran nada preocupantes observados por separado, pero en conjunto… Ya lo había hablado con Aelita, su segunda al mando, y ella parecía pensar algo como él. Estaba también preocupada, y había pensado varias veces el decírselo, pero no había tenido el valor de ello.

-Si necesitas algo, aquí estamos, ¿vale?

Fue Ulrich el que llegó entonces, junto a los clones, rompiendo así la conversación, que igualmente hubiera terminado ahí. Rodeados por el bullicio de los demás, ambos se relajaron y rieron, terminando de colocarse la ropa, saliendo minutos más tarde dirección a la sala que les servía para dar las clases teóricas. Ya se habían acostumbrado a que se pareciera a un aula normal de Kadic, lo agradecían como gesto en realidad, encontrándose allí ya a las chicas reunidas en el medio del cuarto. Pero ni pudieron acercarse y charlar, ya que Naipe apareció por allí, y, tras un fuerte silbido, todos se fueron sentando en su sitio.

-Bien, hoy, como última clase teórica, y como agradecimiento a vosotros, daremos algo que os ha ido llamando la atención desde el inicio -la clon sonrió algo-, os hablaré de la famosa tecnología de los Señores del Espacio, las llamadas N-5 Plus, o 5D.

Ellos se miraron. Jeremy y Ulrich parecían contentos, a su derecha, Yumi y Aelita se limitaban a atender a su maestra, mientras los clones, igual que sus jefes, se interesaban por aquello ligeramente. Odd, como era costumbre, pasaba un poco, hasta que comenzó a escuchar las palabras de Naipe.

-Los Señores del Tiempo, como os expliqué hace un tiempo en historia, es uno de los pueblos fundadores de la República, siendo los primeros en cruzar el espacio -ella sonrió algo-, pero su tecnología era espacial y especial, y es que ellos tenían la capacidad, de ahí el nombre de sus máquinas, de cambiar de dimensión.

Comenzó a pintar en la pizarra que tenían, mientras los demás miraban, expectantes.

-Nuestro universo es de cuatro dimensiones, tres físicas, y la cuarta es el tiempo -hizo un esquema de aquello fácilmente-, sin embargo, esta especie, y esto se comprobó hace mucho a través de múltiples experimentos, vienen de una quinta dimensión, a la que sólo ellos pueden acceder pero usando estas naves, los demás tendríamos que quedarnos dentro de ella o moriríamos hechos puré, y…

Jeremy alzó la mano entonces, y la clon le invitó a hablar.

-¿Ellos vienen de otro universo, entonces?

-No, todos son de este mismo universo, pero eran los únicos seres de la quinta dimensión, que estaba mucho más vacía que la nuestra, bajando a esta cuando se dieron cuenta que tiene mucha más vida y recursos que la suya -al ver que no había más preguntas, Naipe siguió-. Ellos, gracias a su mejor conocimiento de los principios fundamentales del universo, fueron los pioneros del viaje espacial, esparciéndose el rumor de que podían viajar por el tiempo, pero ellos siempre lo negaban.

-Y eso provocó que entraran en muchas guerras, ¿verdad?

A esas palabras de Yumi, la otra asintió, satisfecha de ver que habían aprendido bien.

-Así es, muchas otras especies quisieron descubrir ese secreto que, estaban seguro, los Señores del Espacio guardaban, pero no lograron nada, llevando a que la mayoría de ellos volviera a su dimensión -mientras explicaba, hizo un segundo dibujo acompañado de varias fórmulas, mostrando cómo eran esas cinco dimensiones a nivel práctico y teórico-, a día de hoy quedan bastante pocos de ellos, la última nave abandonó la República cuando la maestra Rictania Foreman era joven aún.

Odd atendía, con sorpresa, cuando sus ojos se pusieron en blanco. Delante veía una figura delgada y de pelo largo, con una espada de luz en la mano, le señalaba, con una intensa luz por detrás. En torno a esta veía a varios más, que tenían también sus respectivas espadas en la mano, sentía una intensa frustración en esos momentos. Detrás, podía ver una infraestructura rota.

-Una pregunta, Naipe -el chico alzó la mano-, entonces, ¿no queda ninguna máquina así?

Ella asintió.

-Efectivamente, todas han partido hace mucho, los Señores del Espacio que quedan tendrán que quedarse aquí, aunque la mayoría jamás llegó a conocer su hogar original.

Entendiendo, él asintió un poco, y siguieron escuchando las palabras de la clon, que parecía bastante instruida en todo aquello.

-Ese mito sobre que podían viajar en el tiempo no se basaban en la nada, había bastantes opciones de ello -seguía entonces ella-, sin embargo, nuestras fórmulas decían lo contrario, y reiterados experimentos demostraron que, para poder hacerlo, se debía viajar más rápido que la luz… cosa imposible, incluso con varias dimensiones daba resultados difíciles de poder cumplir, por lo tanto se ha demostrado imposible.

-Pues es una lástima, me hubiera gustado haber visto dinosaurios en la vida real… -comentó Ulrich- Anda que no hubiera molado.

-Ya te digo -comentó Aelita, sonriendo-, o ver un concierto de Queen, por ejemplo…

Los clones les miraron, habían aprendido ciertas cosas de la Tierra, pero aún quedaba mucho por aprender, claramente… por su parte, Ritmo y Compás en concreto se fijaron en Odd, que parecía en especial interesado en ello, debía haber visto algún tipo de visión, precisamente iban a hablar de aquello con él.

-Bueno, volviendo con los Señores del Espacio -intervino Naipe-, ellos además de ser los primeros viajeros, también hicieron varios descubrimientos importante en torno a herramientas para la guerra, veréis…

La clase continuó hasta horas más tarde, cuando la clon les permitió salir nuevamente, decidiendo entonces salir hacia la cafetería, donde se tomarían algo, comerían, y entonces irían a las clases prácticas con Cubo, sería ayudado por Naipe, que cambiaría ese matiz mayoritariamente técnico que tenía hasta ahora, por uno totalmente práctico.

-¡Venga, que tengo ganas de un refresco!

El grupo salió a toda prisa del cuarto, corriendo incluso por el pasillo, hasta llegar al ascensor cuántico, que fueron tomando en grupos de cinco, hasta que todos llegaron a la parte inferior, donde se dirigieron, ahora a un ritmo más normal, incluso formando una suerte de escuadrón, con Jeremy el primero, detrás sus amigos formando dos parejas, y cerrando el grupo los clones, que iban a paso militar, hasta llegar a la cafetería, donde se encontraron, ya en la comida, con Asmeya. Esta estaba acompañada por dos mujeres, a las que reconocieron como las futuras maestras de Ulrich y Yumi.

-Buenos días, chicos -saludó Daya, sonriendo-, ¿cómo estáis?

El grupo se cuadró ante las dos generales y la capitán, que les devolvieron el saludo.

-Todos bien, mi general -le respondió Jeremy-, nosotros ya íbamos a sentarnos a comer, no…

Pero Alione intervino.

-Sentaos con nosotras, dentro de poco seremos compañeros -comentó-, cerraron la cantina de oficiales, por eso estamos aquí.

Los demás se miraron, ahora que lo pensaban no era lo normal verles allí, donde normalmente el rango más alto que se veía era de un suboficial, como mucho algún teniente. Todo lo superior no aparecía, por eso era raro verlas allí. Se sentaron a la mesa, y, por turnos, fueron recogiendo sus comidas, acompañadas de las mayores, y que seguían charlando de sus temas. Alione, que había bebido varias jarras de un bello líquido plateado, parecía algo desinhibida, pasando su brazo y cola por encima y entorno de Ulrich, respectivamente.

-Tienes que probar el delicioso carbarium, chaval -le dijo, sonriendo-, te va a encantar.

Se rio con fuerza, mientras Daya le retiraba la jarra, ya vacía, dándole una nueva cuando ella puso mala cara, cambiando esta a una cara de felicidad.

-Luego se recorre una avenida arriba y abajo usando su súper velocidad y se le pasará, tu podrás hacer lo mismo -comentó Daya, ante la vista de ellos-, por eso la dejo beber lo que quiera, se le pasará deprisa.

-Por cierto, no sabía que fuerais amigas, la verdad -comentó Aelita-, había oído hablar de vosotras, tú fuiste la que ayudó a mi hermana cuando atacó Starlight, ¿no?

-Ya te digo, fue junto a Seriel que la enfrenté -sonrió algo-, ¡qué batalla, joder, se me ponen los pelos como escarpias!

-Se habla ahora que ella irá a las negociaciones de paz -intervino Asmeya, entonces-, ojalá, estoy cansada de esta guerra…

-Seguro que irá bien, tía -le dijo Daya, mientras se colocaba algo en la silla-, además, piensa que nos vendrá bien a ambos lados…

-A nosotros nos coincide con los Juegos Lakyios -comentó entonces Jeremy-, ¿en qué consisten? Sé que son una especie de competiciones, usando la energía y espadas de luz, pero poco más.

-Eso mismo, son varios días en que los diferentes equipos competís en las mismas pruebas, son del estilo a las que pasaréis cuando ascendáis a Xanium, pero algo diferentes y por equipos -explicó Daya-, de hecho Ali y yo estaremos de espectadoras en las gradas, junto a Asmeya.

La aludida asintió, mientras miraba de reojo a su hermana. Ella sería la superior y líder directa de ese grupo, tendría que conocerlos, pero para ello tenía que ascender a Xanium, y eso le ponía realmente de los nervios. Pero sus compañeras ya le habían dado bastantes ánimos, de hecho venía de entrenar con Daya, por eso habían bajado a comer juntas, encontrándose con Alione, que había estado haciendo una serie de gestiones sobre su siguiente destino.

-Bueno, un placer, como siempre, tengo que ir a prepararme para una misión -comentó, levantándose-, ya sabréis que nosotros hacemos más cosas a parte de darnos de ostias en el frente, espero…

La Xanium se levantó, mientras su cola se colocaba en torno a su vientre, y notaron que sus dos espadas de luz colgaban en torno a un cinturón de sus caderas, era delgada y fuerte, propia de una miembro de aquel grupo de élite.

-¿A dónde va? -preguntó con interés Fan- Parecía con prisa.

-Es una impaciente, ya lo tiene casi todo listo, en realidad -comentó Asmeya, divertida-, tiene que ir a un planeta algo distante, no os podemos contar demasiado dado que es alto secreto.

-Como supongo que lo era la paz con el Imperio, ¿no?

A esas palabras de Odd, la otra asintió.

-Pero eso salió por conveniencia, creedme -suspiró algo-, ¿os gusta la comida?

Alione, efectivamente, había salido de la base, se había colocado al inicio de una gran avenida, y, rodeada de su energía, echó a correr a lo largo de la misma, con la intención de ir hasta su casa, en la propia Asmara pero a unos cuantos kilómetros de la base imperial, recorriendo a varios cientos de kilómetros por hora, las calles de la capital de la República, pasándose rápidamente el viaje que llevaba por el alcohol que llevaba la bebida que había tomado. Toda pesadez había desaparecido por el uso de su poder, sonriendo suavemente por aquella sensación de ser una con el viento, sólo deteniéndose cuando llegó, minutos más tarde, hasta las puertas del edificio donde vivía. Cuando se detuvo, necesitando unos doscientos metros para frenar, comenzó a soplar, liberando el aire de una bolsa interna de su cuerpo, que usaba para poder entrar en apnea y así usar su velocidad más tiempo del que normalmente podría, sólo reduciendo la velocidad cuando sentía que sus músculos y corazón empezaban a tener demasiada tensión.

-Bien, vamos allá…

Entró al edificio, bien decorado, hecho de piedra y ladrillo, con grandes cristaleras desde las que se podía ver desde dentro la belleza de las avenidas externas, junto a pequeños bosques, zonas de tránsito para los vehículos, y lugares de paseo para la gente. El interior era modesto pero bonito, al gusto de la mujer, que había comprado aquella casa cuando se convirtió en Xanium, pues necesariamente tenía que tener casa en el planeta, además de la base republicana, era condición necesaria para poder estar por allí.

Subió por el ascensor cuántico hasta la planta en la que tenía su piso, al que accedió tras abrir la puerta, usando su guantelete, entrando al pisito. Era pequeño pero cómodo, desordenado pero ordenado a la vez a los ojos de ella, que gustaba de tener su pequeño sitio de caos, recogiendo lo que veía fuera de lugar, y llevándolo hasta su cuarto. Suelo de madera, paredes de ladrillo pintadas y con una chimenea en el salón, era un hogar agradable, se veían unas preciosas vistas desde las ventanas. Si tuviera pareja, estaba bastante segura que aquello le gustaría bastante.

Recogió todo, lo dejó tirado al lado de la lavadora de ropa, y fue a darse una ducha, mientras tatareaba. Efectivamente, tenía que ir a una misión, y era secreta, se había enterado aquella misma mañana cuando Seriel la llamó, tras su entrevista con Asmeya, con la que se encontró por los pasillos de la planta de generales. De hecho se estaba haciendo a ella, donde ya tenía su propio despacho.

-Vale, a ver… Esto lo necesito… y esto… esto también…

Tenía una bolsa de mano colgada del hombro, donde iba metiendo sus cosas de higiene, pensando en lo que le tocaba. Viajaría hasta los límites del lado Republicano, en la frontera sureña, cerca del área de Sagitari, donde viajaría hasta Gamma Sagitari 12, el planeta de aquellos adolescentes, para reunirse con Zormu. Este iba a ser uno de los líderes que hablarían con el bando republicano para poder negociar, o al menos empezar, unas negociaciones de paz. Era una misión realmente importante, pero no sería ella la que hablara directamente con el líder imperial, sería la guardaespaldas de élite de la Representante Foreman, esta hubiera contado con su hermana, pero esta le recomendó elegir a alguien nuevo para esa misión, con la intención de obtener experiencia, tan necesaria para poder hacer tablas. De paso, formaría su propio escuadrón, el 85 de clones, si lo hacía bien podría tener su propia fuerza aérea, como grandes generales del nivel de Seriel.

-Tienes que hacerlo bien, hermana… -se decía a sí misma, yendo y viniendo- Hay que hacerlas sentir orgullosas, Alione.

Se refería, por supuesto, a sus dos mejores amigas, una suave sonrisa apareció en su rostro al recordarlas, cuando escuchó a su robot personal sonar por la casa, giraba sobre sí mismo, pitando con ganas mientras volaba hacia su ama, que lo sostuvo entre sus manos.

-¿Tengo una llamada? -el robot volvió a pitar- Adelante, César.

Delante de ella apareció un holograma de Arkytior, estaba sentada en su silla de trabajo, parecía algo cansada y con ojeras, pero por lo demás se notaba el porte propio de una de las grandes políticas de la República. La Xanium se cuadró como si se tratara de un superior, y la otra sonrió suavemente.

-Buenas tardes, Alione Akidora -la saludó-, ¿te han informado de nuestra relación?

-Sí, mi señora -le dijo ella, entonces-, tenemos que partir en breve dirección al último planeta conquistado por el Imperio, ¿correcto?

-Sí, a Gamma Sagitari 12

Alione asintió, y le sonrió.

-¿Cuándo quiere que vaya a buscarla?

Pero la otra negó suavemente.

-Tutéame, por favor, tampoco me llames de señora, que no soy tan vieja -comentó la otra divertida-. En unas horas debería estar lista, ahora bajaré a comer y me prepararé, pasaré a buscarte con mi hermana, ¿te viene bien?

Alione se rascó algo la nuca.

-Se supone que… la protectora soy yo, no us-tú.

La otra le restó importancia.

-Antes me gustaría pasar por un sitio, con Rictania, pero no tardaremos demasiado, lo prometo.

-Bien, pues a las 6 de la tarde, ¿conoces mi dirección?

-Sí, tu robot me la está mandando ahora mismo -Arkytior asintió suavemente-, hasta ahora, querida.

Fue entonces que la mayor cortó la llamada, y suspiró pesadamente. En la puerta estaba, efectivamente, apoyada en el marco y jugueteando con su espada de luz Rictania, sonriendo un poco. Se acercó a su hermana, sonriendo, y la abrazó cuando se levantó.

-Te dije que lo lograrías, hermanita -le dijo entonces, mientras la besaba en la mejilla-, eres alguien de escasa fe.

Pero Arkytior gruñó suavemente, algo adolorida por haber estado toda la tarde sentada.

-Sólo porque me han metido prisa y ayudado con varios becarios -comentó-, es una mierda la que llevamos, de lo mío apenas han respetado tres párrafos, todo lo demás es un copia y pega de documentos viejos…

Rictania asintió, algo cabizbaja, consciente de que aquello, efectivamente, era un mero intento de ganar tiempo… pero que podía llevar a la paz, o eso esperaban.

-Piensa que al menos te dará el aire, en los últimos tres meses apenas has pisado la calle, ahora podrás salir y despejarte -Rictania sonrió algo, y la llevó por los pasillos del Congreso-, venga, vamos a comer un poco y a prepararnos, anda.

Algo más relajada, Arkytior comenzó, como era costumbre, a explicarle a su hermana sus ideas, qué quería lograr, cómo hacerlo… y aunque ella sabía perfectamente todo eso y más, escuchaba atenta a la otra, que sentía verdadera pasión por su trabajo. Ojalá toda la política republicana fuera así, todo iría bastante mejor siendo así.

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En la Tierra, la familia Magné y Knight se movilizaba para, un día más, acudir a la llamada del Imperio, al parecer tenían un importante anuncio que dar, así que Zormu daría un discurso, y todos tenían que ir. Los alumnos tendrían que parar sus clases o recreo, los trabajadores detener su actividad, los abuelos dejar de jugar a la petanca, y hasta los perros tendrían que dejar de hacer sus cosas con tal de escuchar al gran líder. Su poder se había asentado como el polvo sobre una mesa, lenta e inexorablemente sin apenas oposición más allá de algún loco reaccionario que no entendía el mundo en el que vivía, no sabiendo esperar a un momento más adecuado o a estar mejor preparado.

-¡Venga, Tom! ¿Estás preparado?

Bernadette estaba acabando de prepararse, ese día estaba de libranza pero tendría que ir con el anciano hasta la misma plaza que la última vez, cuando Ibrahim aún vivía. Seguía llorándole por las noches, echándole profundamente de menos, pero tenía que ser fuerte por su familia, contaban con ella. Era ahora la líder, la que se imponía a falta de su marido, y gracias a la ayuda de Gabrielle podía controlar a sus intrépidos hijos… Tom ayudaba, claro, pero seguía sintiendo miedo.

-Sí, querida, estoy listo.

El mayor estaba de pie en el salón, apoyado en su bastón, con unos pantalones vaqueros amplios, una camisa corta y una boina color tierra, bien afeitado y con el bigote arreglado. Ella iba también arreglada y ligeramente maquillada, notó que la silla de ruedas del anciano estaba ya al lado de la puerta, así que sonrió. Cuando se dirigía hacia Tom, oyeron la puerta sonar un poco.

-Esa debe ser Gabrielle, qué suerte ha tenido de que le dieran el día…

Efectivamente, cuando abrió Bernadette, allí estaba la joven, con unos vaqueros, camiseta corta y una chaqueta vaquera holgada.

-Quién tuviera tu edad, chiquilla -rio la otra, dándole un par de besos -, pasa, estábamos a punto de salir.

La otra pasó, sonriente también, tenía las llaves de su coche en la mano ya.

-Y yo espero conservarme así de bien en unos años -admitió, divertida-, ¿estáis listos, entonces?

Vio como Tom se sentaba tranquilamente en la silla de ruedas, que comenzó a empujar Bernadette. Gabrielle les sujetó la puerta para dejarles pasar, y cerró con las llaves de esta última, abandonando la casa, y dirigiéndose al vehículo de la más joven, aparcado ya en frente de la puerta. Iban con tiempo de sobra, pues pretendían quedarse cerca de las salidas, para poder irse cuanto antes dando un paseo, aprovechando el fresco vespertino y las suaves brisas del Mediterráneo antes de que se colapsaran las calles y se llenaran.

-Iremos luego al centro comercial a comprar, por si te quieres acercar -comentó Bernadette-, que tus sobrinos comen como limas.

La chica abrió la puerta del coche, y ayudó al anciano a sentarse en el asiento trasero, guardando la silla plegable en el maletero, mientras las otras dos se sentaban por delante. Gabrielle condujo tranquilamente dirección a la plaza cercana, donde tenían ya montado unas gradas y unos grandes aparatos holográficos desde los que hablaría el líder imperial, con varios clones aquí y allá vigilando la seguridad interna del evento. Y mientras eso sucedía en las calles de Marsella, en el instituto Saint Jeanne D'Arc, donde estudiaban Sam, Percy, Taelia y Johnny, estos estaban ya colocados en las gradas de la zona de educación física, listos también para ver igualmente el discurso de Zormu.

-Que puto pesado… -Sam no parecía nada contenta- Yo que quería hacer gimnasia van y nos lo cortan.

Taelia sin embargo estaba contenta por librarse de aquello, a su lado Percy se limitaba a mirar a los lados de vez en cuando, viendo pasar a sus compañeros de aquí y allá, sonriendo ligeramente a los que le saludaban. Johnny apareció por allí cuando su grupo de clase llegó, abrazando a su hermana por detrás, que le devolvió el gesto sonriendo suavemente.

-¿Cómo estás, piojo? -preguntó divertido Percy- ¿Mejor?

Este rodó los ojos, pero asintió.

-Sí, ya no me han vuelto a molestar -comentó- ¡Yo no soy un piojo!

-¿Cómo que molestar, a qué te refieres?

Taelia miró a su hermano a los ojos, que suspiró.

-Unos alumnos mayores, que me estuvieron molestando hace unos días, pidiéndome la merienda y tal -explicaba este-, Percy habló con ellos y ya no se me han vuelto a acercar.

El aludido asintió, despacio, y Sam sonrió suavemente, tomó las manos del otro y le colocó a su vera, mientras Taelia le agradecía con un gesto a Percy, que se sonrojó algo.

-Bueno, pues me alegra que todo vaya genial -comentó Sam-, oye Johnny, ¿te gustaría aprender algo de artes marciales con nosotros?

-¡Me encantaría! -exclamó- Yo os puedo enseñar a apuntar algo mejor, que se os da fatal…

Los otros se rieron por el comentario, era verdad que, aunque ya habían practicado con tirachinas, no era igual con armas de fuego reales, mucho más precisas y mejores en ese sentido. Se notaba mucho el cambio respecto a una pistola o rifle, que aún conservaban, aunque fuera ilegalmente, los Magné. Pero para poder usarlas tendrían que ir a una zona apartada y practicar, por eso estaban mirando casas de campo a las afueras, allí sería más complicado que les pillaran.

-Habló Legolas, ¿sabes? -comentó divertida Sam- Te recuerdo que la última vez te gané, pequeñajo.

-Fue porque mi tirachinas se quedó sin goma para disparar, y lo sabes.

Y estarían discutiendo sobre aquello horas enteras de no ser por el sonido de la megafonía del centro, que llamó la atención de todos para escuchar las palabras del líder. Puntual como lo era siempre, a la hora establecida, las 10:30 de la mañana hora central europea, los hologramas se activaron, y vieron la amplia cara del imperial ante ellos.

Como siempre, bien vestido y maquillado, su tormentosa voz hacía vibrar las entrañas de todos los presentes como si fueran los mismos rayos los que hablaran, mientras sus dorados ojos escudriñaban las almas y mentes de los oyentes, que simplemente se quedaban hipnotizados por la carismática personalidad de Zormu. Desde luego era el mejor en lo suyo.

-Habitantes de la Tierra -buen detalle, hablar en esos términos-, tengo el placer de decir que la guerra entre la República y el Imperio al que tengo el placer y honor de representar pronto puede llegar a su fin -esperó unos segundos, mientras movía los papeles, y entonces siguió hablando a cámara-. Dentro de unos pocos días, tendré la oportunidad de reunirme con la congresista republicana Arkytior Foreman aquí, en el antiguo Parlamento Europeo, donde espero poder iniciar esos acuerdos de paz que todos tanto deseamos.

Tras despedirse con un suave gesto, los hologramas se apagaron, y un intenso murmullo se escuchó por todos los lados, igual que sucedió con la propia invasión, o cuando se organizó aquella intensa escabechina. Pero esa vez, las gentes ni pretendieron movilizarse, de hecho estaban bastante contentos con la idea de que aquello se acabara. En realidad ni se habían enterado de la guerra, pero sabían que ahí estaba, y sabían que, eventualmente, toda la humanidad se vería obligada a trabajar para el Imperio, en una u otra cosa, sumándose al esfuerzo bélico. Si esta terminaba ahí… implicaría que su destino sería infinitamente mejor.

-Pues no sé yo… -murmuraba Sam- Si esto es así puede que baje la vigilancia, pero…

-Ya, tendrán más ojos puestos sobre nosotros -comentó Taelia-, pero piénsalo, ¿nuestro mundo será tan importante para ellos?

-Nos conquistaron sin apenas esfuerzos, sólo necesitaron un disparo, y redujeron a París a cenizas con ese disparo -les recordó Percy-, en fin, mejor lo hablamos con el abuelo, a ver qué nos dice.

Kilómetros por encima, en la alta atmósfera del planeta, en la nave imperial que servía de mansión de lujo a Zormu, este recogía con una suave sonrisa sus papeles, acompañado por su marido, Aquión, que le ayudaba con diligencia. Daraman permanecía cerca, al lado de Brynja, que terminaba de redactar un documento. Ella había sido la elegida, tras usar sus dotes de convicción con el médico personal del líder, para ocupar la posición de secretaria personal. De hecho, en cuanto se levantó, recogió en una carpeta todo lo que ya habían apilado los otros dos, y, con una sonrisa, salió de allí dispuesta a colocar todos los documentos y guardarlos siguiendo las ordenes de Zormu, que estaba bastante contento con la elección hecha.

-Es una joven agradable y diligente, me agrada -miró entonces a Daraman-, puedes cogerla también como ayudante, si lo consideras -El médico asintió, despacio, y luego miró a su marido, que le abrazó suavemente por detrás-. Esposo, ahora tengo asuntos aburridos que tratar, ¿me esperarás en nuestro cuarto?

-Como siempre, querido -Aquión le sonrió cálidamente-, tendré todo preparado, ¿vale?

El otro asintió, despacio, y observó como el robot salía de la sala, dejando a solas a los otros dos, en ese instante Zormu se sentó de nuevo, y Daraman se colocó a su vera, junto a una bombona con una mascarilla, que le tendió al otro. Una vez colocada, comenzó a aspirar la medicación formulada por el otro, que atendía al otro, mientras la mirada del político se iba perdiendo poco a poco. Sonriendo, Daraman procedió entonces a alejarse un poco, y entonces se dirigió rápidamente hacia otra habitación conjunta, donde tenía guardadas varias botellas de metal más. Agarró con algo de dificultad una de ellas, la dejó tumbada en una mesa cercana, y la abrió. Tomando un tubo, se lo llevó a la boca, y comenzó a soplar.

A través del mismo corrió un humo de un tono verdoso claro, que iba llenando poco a poco la bombona con una sustancia producida naturalmente por el organismo de Daraman, que había llegado a aprender la formula y cantidad adecuada para su paciente, todo a través de un minucioso análisis científico que le llevó una larga temporada, pero que había perfeccionado a unos niveles dignos de mención. Era tan bueno y estaba hecho tan a la medida del líder político que había generado una suerte de adicción, también potenciada por el médico, y que en esos momentos estaba llenando una muy especial.

-Bien, terminado…

Se giró, tras un par de minutos, y observó que Zormu estaba ya dormido, sentado en su silla, con un rostro tranquilo y sereno. Tomó entonces una carretilla, y colocó la bombona en la misma, de la que empujó a lo largo de los pasillos, dirección al cuarto privado del político. Allí ya esperaba no sólo Aquión, Brynja estaba también allí, con la cabeza mecánica del robot entre las manos, un destornillador en la boca, y varios tornillos y engranajes sobre la cama. Ayudó entonces a Daraman a cargar con la pesada bombona, y la dejaron caer sobre la cama, procediendo entonces a acercarse al cuerpo del robot, del que extrajeron una segunda, pero vacía.

-Con cuidado, que son delicadas.

-Lo sé, guapo.

Con cuidado, introdujeron la llena en el hueco ocupado por la anterior, y entonces fueron recolocando la cabeza de Aquión, que se encendió al minuto, levantándose entonces.

-¿Todo en orden, Aquión?

-Sí, amo, todo en orden -respondió-, la configuración sigue definida, ¿continuamos?

-Sí, por supuesto -respondió Daraman-, Brynja, ve con Zormu, cuando despierte estará algo desorientado, tráelo hasta aquí entones.

Ella asintió, pero antes de salir, le dio un beso en los labios al otro, que sonrió, acercándola a su cuerpo, acariciando su suave piel.

-Será un placer…

-Tira, no podemos permitirnos perder tiempo -le dijo-, luego… podremos darnos ese gusto, ¿entendido?

Ella asintió, y salió de la sala, moviendo sus caderas lo bastante para que el otro se fijara en su cuerpo, como siempre hacía. Se había ganado el favor del médico personal de un tirano, y que pretendía cosas que a ella le agradaban profundamente, desde luego siempre había tenido buen gusto para los hombres… Llegó tras recorrer unos pocos pasillos de vuelta a donde estaba el líder, efectivamente aún dormido.

-Y pensar que tienes en tus manos mundos enteros… -murmuró ella, mientras se sentaba en la mesa cercana- Pero no sabes que la marioneta real eres tú -Brynja sonrió con suficiencia, y sus ojos brillaron en un suave tono dorado- Zormu, ¿me oyes?

Este murmuró una suerte de afirmación, y ella comenzó a hablar entonces.

-Ahora, cuando despiertes, irás con Aquión y estarás con él, te dejarás tomar y disfrutarás, ¿comprendido?

Una vez más, Zormu gruñó una especie de afirmación, y ella se levantó, satisfecha. Con sus poderes era más sencillo aquello, de lo que normalmente se había encargado Daraman. Todo con una finalidad…

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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.