Código Galaxy
Capítulo 27
N/A: Especial 4 de Mayo de 2022, en conmemoración del segundo aniversario del fanfic, espero que os guste. Será un capítulo más largo de lo normal, como siempre.
Alione fue la primera en bajar de la nave en la que había viajado, junto a varios clones bajo su mando, a modo de guardia de la considerada como mejor política de la República, Arkytior Foreman. Era una delegación de cerca de 50 personas, entre seguridad, asistentes y equipo técnico que servía de ayuda para la mujer, y que viajó en todo momento usando una nave consular de Alfa Leoni 1. Aunque para las negociaciones finales aún quedaban, necesitaban ir entrando en contacto, y para eso ella estaba ahí, para hablar con uno de los líderes influyentes del bando enemigo, Zormu Kalairi. El planeta de destino, la Tierra, estaba a unas horas de distancia, pero irían el día previo para poder hacerse al clima y poder llegar con tiempo a la reunión, y de paso, coordinarse con la seguridad.
Sabía la Xanium a través de Arkytior que, aunque el otro fuera un tirano, también era alguien que seguía las reglas clásicas interplanetarias, y eso era un seguro para ellas. De ser alguien diferente no lo tendrían tan claro, pero siendo él, la mayor estaba convencida de ello. Según puso un pie en el aeródromo, se vio rodeada por la seguridad del líder imperial, estando detrás de ella sus clones. No sólo eran los de su compañía, también estaba la seguridad de Congreso, cortesía de su hermana Rictania, y que se había quedado en casa para continuar protegiendo el edificio.
-Buenos días -era más por decir, pues estaba nublado en aquella parte del mundo-, soy Alione Sekira, Xanium de la República, y líder de la seguridad de la Congresista Foreman, ¿quién es vuestro superior?
Vio llegar a un hombre, le reconoció como el médico del líder político, un deloriano llamado Daraman, vestido apropiadamente para el importante evento político. Le tendió una mano, y que ella recibió con un apretón. Se fue fijando en el mini ejército ante ella, eran todos clones salvo por un individuo, vestido totalmente de negro, parecía bien armado. Ni se inmutó cuando la otra pasó a su lado, notó una suave sensación en la nuca, era algo más baja esa persona que ella, sin embargo, tenía que tener valor para no sentirse intimidado de ninguna manera. No solía pasar, eso, incluso Daraman se sintió suavemente cohibido, lo que llamó la atención de Alione.
No pudo pensar demasiado en ello, dado que entonces bajó la política que tenía bajo su cargo. Arkytior llevaba ropa de gala de su pueblo, un largo vestido negro y rojo, con algo de escote, ligeramente ceñido a su cuerpo y con manga larga, con una bella falda que llegaba hasta sus tobillos, engalanados con unos tacones. Su cuello estaba ensortijado con varias cadenas doradas, y en su pelo, una diadema con el símbolo de su pueblo: una flor cuyos pétalos estaban formados por el símbolo universal del infinito, un ocho colocado en horizontal. De hecho, la flor contaba con un total de diez pétalos, teniendo por tanto cinco de esos símbolos.
Anduvo con su típica elegancia hasta llegar a Daraman, que se inclinó ante ella como si fuera una reina, colocándose Nadie tras Arkytior, que la miró de reojo, pero no llegó a decir nada. Alione, a su vera, tenía las manos tras la espalda, lista para actuar para cuando fuera necesario. Su cola, enrollada en torno a su cintura, estaba decorada con aretes dorados, con su ropa de gala de general, en tono blanco con una chaqueta con un par de medallas, más simbólicas por el rango que por logros militares, y pantalón largo con botas y decoraciones doradas; sólo los soldados estaban ataviados con armadura, aunque esta era nueva y bien pulida y pintada, con el símbolo de la República en el pecho.
En el caso de los soldados de Daraman, estos tenían el símbolo del Imperio, estando este engalanado con un traje purpura , de amplias mangas y un pantalón de ese mismo tono, con bonitas flores negras a lo largo de sus prendas. Tenía el pelo ensortijado, con un pin en la solapa.
-Arkytior Foreman, un placer tenerla en Gamma Sagitari 12 -comentó el médico-, espero que pase unos buenos días con nosotros y pueda cumplir su objetivo.
Esta asintió, despacio.
-Espero lo mismo -comentó-. ¿Cuándo podré verme con Zormu Kalairi? Debe tener una agenda apretada para que él no haya venido en persona.
El otro se limitó a asentir suavemente.
-Estaba de reunión hasta ahora mismo con algunos líderes del planeta -le explicó él-, este mundo, como muchos otros, tiene potencias formándolo, y estaba ajustando algunas cuestiones importantes con ellos.
La otra asintió, suavemente, mientras andaban hacia el cercano edificio. La reconstrucción del mundo debía ir viento en popa, dado que, aún siendo esa una reunión de vital importancia, había generado expectación entre los locales. A unos cien metros, se había formado un pequeño círculo de gente, entre ellos periodistas, y que trataron de buscar alguna foto de los recién llegados, y que claramente sabían lo que estaba pasando. No teniendo demasiado tiempo para poder pensar en ello, subieron las escaleras del edificio, el antiguo Parlamento europeo, y pasaron a su interior.
Estaba el edificio engalanado por dentro con bellos manteles con los símbolos de ambos bandos, banderines y largas cintas por el techo, mientras esperaba el ejercito de trabajadores del edificio, entre los que se incluía Brynja en un discreto segundo plano, pero siempre atenta a los movimientos del grupo.
-Subiremos a la planta superior, allí…
-Me encargo a partir de ahora.
Esa voz profunda y en cierto grado, totalitaria, era perfectamente reconocible. Bien ataviado con un traje negro, con la piel recién hidratada y bien peinado, apareció Zormu, con las manos entrelazadas mostrando sus múltiples anillos. Allí no estaba su marido, Aquión, ni se le esperaba tampoco… como no se hacía con el líder político. Se suponía que estaría descansando media hora más, por lo menos, pero ahí estaba.
-Por supuesto… -murmuró, mientras Arkytior tomaba al otro del brazo- Avisaré para que lo tengan todo preparado.
Daraman se despidió de ellos con una suave inclinación, dejando a ambos líderes con su guardia personal, volviendo con el resto de personal, que se disolvió, volviendo a sus quehaceres normales. Brynja, en cuando pudo, se acercó hasta el médico, que parecía algo molesto, sin embargo, rápidamente negó suavemente con la cabeza.
-Aunque le tengamos bajo control es bueno que sienta de vez en cuando que tiene las riendas de las cosas -le explicó, antes de que ella dijera nada-. Pero tenemos que lograr que esto no salga, ¿lo tienes preparado?
La chica asintió, despacio.
-Sí, espero que nuestro mercenario, sea quien sea, lo haga bien…
Estaban andando ya por los pasillos, y Daraman aprovechó para acariciar suavemente las caderas de ella, que sonrió un poco, dejándose llevar hasta una de las paredes, donde se besaron un único instante.
-Seguro, confío en tu criterio -murmuró él-, ahora a trabajar, hay que hacer ver que nos preocupamos por nuestro líder…
Al mismo tiempo, en el piso superior y tras subir por el ascensor cuántico, los líderes políticos seguían andando.
-Este edificio es verdaderamente importante, para los locales -explicaba Zormu-, esta era la sede del poder político y legislativo de…una especie de República en este mundo, creo que es una buena plaza para poder llevar las negociaciones.
-Sin duda -respondió Arkytior-, sin embargo, no veo que lo hayas modificado demasiado, ¿vas a respetar las instituciones locales?
El hombre negó despacio. Tras ello, a varios pasos pero siempre al alcance, iban los demás, escuchando su charla tranquilamente.
-En el Imperio no tenemos esa costumbre, preferimos… poner a individuos de confianza al mando, es más rápido y sencillo que ganarse la confianza local -explicaba, siempre yendo de la mano-. Entiendo que el método histórico republicano, que transformaba la cultura para asemejarla a la vuestra, facilitaba la lealtad y la cohesión, pero… se puede lograr de otras formas, eso pienso, al menos.
-Lo importante es que la población no lo pase mal -replicó la otra-, y ni tu bando ni el mío ha sido especialmente benévolo con el contrario, por eso estamos aquí.
Zormu asintió, despacio.
-No deseo más poder del que ya tengo, acepté este mundo como favor al emperador, bastante tengo con Delta Airei 5 -llegaron a unas puertas de madera-. No quiero molestarte con mis problemas internos, hemos preparado estas salas para que podáis descansar apropiadamente, con vía libre para moverse por el edificio.
Arkytior asintió. Eso implicaba que allí no guardaban nada que no pudieran ver, los secretos jugosos debían estar en otro lado. Una lástima, se dijo Alione, que tenía la intención de indagar por allí, si ella fuera de los imperiales que se reunirían en Alfa Canceri 10, Ahara, el mundo natal del Maestro Puck, haría lo mismo.
-No es molestia alguna, entiendo que las labores de mando son duras y complicadas -el hombre abrió su puerta y le hizo una señal para que entrara, gentilmente -. Descansaré por ahora, ¿cuándo será la primera reunión oficial?
-Esta noche, será una cena de Estado y ahí podremos hablar mejor -respondió el otro-, si le parece bien hablaré con la prensa para que hagan las fotos de rigor, luego nos encerraremos en el despacho.
La otra asintió, y, tras eso, se limitó a entrar al cuarto. Aún no había llegado su equipaje, pero no debía tardar demasiado, mientras podría revisar los papeles que tenía guardados en el aparato de su antebrazo. Había mucho que hablar, y lo quería llevar bien preparado… deseaba llegar hasta las últimas instancias con aquella negociación, antes de que la guerra se alargara demasiado. Según entró, la puerta fue defendida por Alione, que se quedó ahí de pie, con las manos a la espalda y la mirada puesta fija en el frente, mientras los clones se repartían a lo largo de los pasillos.
En todo momento estuvo presente Nadie, y que se limitó a colocarse en la entrada del pasillo, cerca del ascensor, con la intención de esperar los enseres de todos ellos. De hecho, no tardaron en subir más de diez minutos, en los que hubo un tenso silencio entre todos los presentes, sólo cortado por la llegada de los botones, y que cargaban con todas las maletas. Rápidamente, se puso Nadie a cargo de todo ello.
-Yo me encargaré de llevar el equipaje de Foreman, estaré con ella durante su colocación -dijo, no esperando ninguna oposición, más informando que otra cosa -. Luego saldré, iré sin armamento para que no tengas suspicacias al respecto.
Alione miró a esa persona mientras hablaba, con su larga cola moviéndose sutilmente en todo momento, a la espera de su próximo movimiento. Permaneció a una distancia prudencial, de hecho, ambas manos las tenía ocupadas por las cosas de Arkytior, consistentes en un par de maletas deslizadoras, un bolso y una mochila que llevaba al hombro. Sus armas, sorprendentes para la Xanium al consistir, entre otras cosas, por dos espadas de luz, fueron entregadas a uno de los clones imperiales, que las depositó en una mesa deslizadora.
-Entenderás que te haga un cacheo previo -comentó-, si eres varón puede hacerlo uno de los clones, para que no sientas incomodidad.
Nadie asintió, suavemente.
-Un clon estará bien.
Comprendiendo, Alione hizo un gesto a uno de los clones, y comenzó a hacer suaves toques a lo largo de brazos, estómago y piernas de Nadie. Tras un minucioso análisis vio que no había nada, así que permitieron que entrara, aunque aún con ciertas reticencias, al cuarto con Arkytior. Esta se giró al oír la puerta abrirse, y se encontró cara a cara con Nadie, que avanzó con cuidado hasta ella, colocando las cosas cerca de su dueña.
Era una habitación amplia, con tele, baño incorporado, una mesa con varias sillas, unas ventanas por las que entraba luz natural con cortinas de un suave tono marrón, con el suelo hecho por placas blancas, paredes bien decoradas, y una pequeña estantería de madera. La sala tenía una amplia cama donde podrían dormir cómodamente dos personas, estando ella sentada en una de las sillas, algo nerviosa.
-Representante Foreman, su equipaje -le indicó Nadie-, por seguridad debo revisarlo, aunque hayan sido analizados durante su descenso por la atmósfera y al entrar al mundo, toda seguridad es poca en estos casos.
-Lo entiendo perfectamente.
Y comenzó a abrir sus maletas y colocando la ropa en un armario cercano. Nadie observó el proceso en riguroso silencio, prestando atención en todo momento a las acciones de la representante, y que silbaba suavemente una canción relajante. Aunque no lo dijera abiertamente sentía cierto grado de nerviosismo, señal de que aquello era relevante para ella, se la estaba jugando bastante con aquel movimiento, pero podía salir francamente bien para todos de lograr dar al traste con aquella aproximación.
-¿Cómo te llamas?
Había retirado ya casi toda la ropa de una de las maletas, pero aún quedaba bastante. Nadie, en ese momento, puso las manos tras la cintura.
-Nadie, Representante.
-Es un nombre curioso…
-Así conservo mi identidad encubierta.
Arkytior asintió, despacio.
-Debe ser dura, tu vida…
-Lo es.
Desde luego era alguien de pocas palabras. Sin embargo, la política era una experta en hablar y hablar sin decir nada. Puede que en una de esas dijera algo que pudiera ser interesante.
-Como ves en esta maleta no hay nada relevante -comentó, tras sacar las últimas prendas-. ¿Pasamos a la siguiente o la quieres inspeccionar?
Nadie se limitó a palpar suavemente los laterales y el fondo. Como las de la Tierra, era de forma rectangular con una cremallera elástica, y que permitía abrirse y cerrarse fácilmente. Habiendo terminado con la primera, pasaron a la segunda, estando esta igualmente llena de ropa, sólo que en esa ocasión, Nadie observó unas cajas.
-Es mi medicación -explicó-, ya sabrás que cada cierto tiempo hay que darle los medios a los nanobots para que puedan fabricar lo que cada uno necesite.
Nadie asintió.
-Creía que tu especie era más resistente -comentó-, ¿aqueja alguna enfermedad?
-Depresión y ansiedad -reconoció, casi sin más-, es público, me pasa desde la guerra civil, fue un pequeño escándalo.
Nadie tomó con delicadeza las cajas, eran de una suerte de cristal endurecido, con varias cápsulas.
-¿Tiene que tomar todas estas?
Arkytior negó.
-Con una me debería valer, pero prefiero tener reservas, por si acaso -comentó-. Tenemos un problema con ciertas materias primas por el aumento del contrabando, esa es una de las materias que quiero solventar con tu jefe.
Nadie asintió, despacio.
-¿No sería eso alto secreto, Representante Foreman?
La aludida se limitó a guardar esos productos en un cajón y a seguir quitando ropa. Suavemente, negó.
-Es un problema público, este -comentó-, otra cosa es que los grupos de presión quieran que se hable a menudo de eso.
Nadie asintió, suavemente, y se limitó a seguir observando. Además de sus prendas, tenía también consigo un robot esférico personal – y que no llegó a activar cuando lo sacó, sólo lo colocó en la cama – y un par de prendas más de gala. Notó que la otra persona observaba con interés no sólo sus manos y movimientos, también las prendas y su androide particular, pero no llegó a decir nada.
-Bien, en la mochila llevo la documentación de estos días, y en la bolsa de viaje más aparatos para poder trabajar adecuadamente -comentó ella-, ¿los querrás revisar, Nadie?
Asintiendo, tomó primero la mochila y se la tendió a su dueña, que la abrió y comenzó a sacar documentación. Podrían tenerlo todo en formato digital, pero así lo tenían más a mano en caso de fallo técnico. Además, así podría descansar la vista de vez en cuando, no necesitando ver en todo momento una pantalla. En un momento dado, y tras sacar todo el papeleo – que acabó formando casi un montículo de medio metro de alto, lo tendría que dividir – apareció una esfera dorada, con la base plana, y decoraciones en un tono de plata. No era de esos materiales, de hecho parecía de una sustancia dura pero que emitía un suave brillo y calor, y que Nadie sacó con cuidado.
Según sus dedos tocaron el material, el aparato pitó suavemente, pero Arkytior negó despacio, calmando a la otra persona, y le mostró una parte que estaba en un tímido rojo.
-Le falta batería, es todo -le dijo, sonriendo-, ahora lo pondré a cargar -revisó con la mirada el bolso, y dejó la esfera en la mesa-. Diría que está todo… ¿algo más?
-Diría que no, lo he ido mirando todo y no hay nada -se cruzó de brazos en ese momento-. Ahora haré lo mismo con Alione Sekira, con permiso.
Fue en ese momento que, de la bolsa de viaje con toda la parafernalia tecnológica, se elevó una plataforma con unos cables, que volaron hasta la mano de Arkytior. Nadie la miró con cierta sorpresa, mientras giraba sobre su cuerpo, mientras la mujer dejaba aquello en la mesa.
-Ya que tú me has revelado un secreto, creo que lo suyo era hacer lo mismo conmigo -explicó-. No te preocupes, lo guardaré con celo.
Nadie asintió, mientras movía los dedos, pensando en qué responder y cómo.
-Prefiero ocultar mi procedencia, por seguridad -reconoció-, espero que lo entiendas.
Arkytior asintió suavemente.
-Nuestro pueblo ha sido perseguido durante bastante tiempo -la política se sentó en una de las sillas-, entiendo tu punto. Sin embargo, dudo que tengas intención de irte a nuestra dimensión, ¿verdad?
-No tengo forma de hacerlo, aunque quisiera, debo permanecer aquí lo desee o no -explicó Nadie -, igual que los demás. Sin embargo, me gano bien la vida.
Se giró, con una suave reverencia, y salió del cuarto con las manos tras la espalda. Arkytior vio salir a ese desconocido, aún sentada, preguntándose muchas cosas, sin embargo, era algo que iría investigando poco a poco. Nadie recorrió el pasillo hasta llegar a donde estaba Alione, que había abierto ya su equipaje, consistente en tan sólo un par de mochilas, que había desperdigado en la cama. El cuarto, similar al de la política, era algo más pequeño, pero más que de sobra para la Xanium, que se cruzó de brazos según vio llegar a Nadie.
-No tengo nada que ocultar -dijo, según la otra persona se acercaba-, de todas formas me gustaría hacer algo similar con vosotros, más tarde.
-Es razonable, tu pretensión -respondió-. Sin embargo, somos los anfitriones, sería de mala educación, ¿no crees?
Alione puso algo de mala cara.
-Estamos en una guerra civil, creo que es lógico que vele por la seguridad e integridad de la mujer a mi cargo -le recordó-, ¿no harías tú lo mismo, eh…?
-Mi nombre no es relevante.
Sin más, comenzó a revisar las cosas de Alione, que se limitó a observar el proceso con no muy buena cara. Durante ese rato se fijó en las espadas de luz de la otra, se preguntaba de dónde las había sacado. Se supone que había una cierta exclusividad para los Xanium de poseerla, pero esa persona no tenía pinta de ser un caballero o amazona. La otra opción implicaba o un robo o una muerte, y ninguna de esos dos escenarios le gustaban, puede que simplemente se estuviera comiendo demasiado la cabeza.
-No has traído demasiada ropa -comentó de pronto Naipe-. ¿No tienes pensado pasar muchos días fuera?
Alione tardó unos segundos en responder.
-No tengo gusto de la moda, apenas tengo algo -respondió la otra-. Las limpiaré habitualmente.
Nadie asintió, suavemente, observando el robot personal de la otra, que se dedicaba a tener uno de sus sensores siempre atento a esa persona desconocida. Se abstuvo a hacer algún tipo de análisis de su persona, seguramente lo notara de inmediato, y dado que ocultaba su rostro, cuerpo y hasta voz… Alione colocó las manos tras la espalda.
-Tienes bastantes armas, por lo que veo… -comentó Nadie- Varias armas de luz con su respectivos cargadores, baterías, dos pares de espadas de luz… parece que vengas a la guerra, o que vengas de ella.
-Lo segundo -aseguró Alione-. De todas formas, no quiero hacerte perder más el tiempo.
Nadie, sin embargo, negó suavemente.
-No lo haces, esto es necesario, ya sabes -explicó-, los Xanium, aunque confiables, tenéis que pasar por las mimas medidas de seguridad que los demás.
Comenzó, entonces, a analizar arma a arma usando su antebrazo, que lanzaba un haz de luz en cada una de ellas, asegurándose de esta manera que no estuviera trucada o tuviera algo que no debiera. Similar hizo con las prendas, no tardando más de cinco minutos en terminar el proceso, momento en que, sin más, se inclinó suavemente hacia la otra y salió de allí. Alione suspiró pesadamente y comenzó a recoger las cosas en el armario del cuarto, aunque apenas medio minuto más tarde la puerta se volvió a abrir.
-¿Se te ha olvidado mirar bajo la cama o qué? -se sonrojó al ver que se trataba de la representante, que la miraba con una ceja alzada- Lo… lo lamento, señora, es que…
-Tranquila, no pasa nada -cerró tras de sí una vez cruzó el marco-. Yo también estaría nerviosa… ¿tuviste algún problema con Nadie?
Suponiendo que se trataba de su anterior visita, negó suavemente.
-Estuvo un rato indagando en todas mis cosas, pero no me ha puesto problemas más allá de… algún comentario -respondió-. ¿Te ha dado problemas a ti?
Ella negó.
-No, pero tenemos cosas que charlar, ¿tienes tiempo?
-Todo el del mundo, me estoy aburriendo y entumeciendo aquí dentro…
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Lejos de allí, en la base de entrenamiento republicana de Alfa Leoni 1 – Asmara – el grupo estaba en el día de descanso, andando por los parques interiores del edificio. Tras conocer a Aur Fandis y Lectra Ardaris el día anterior, aunque esta última tuvo que esperar por estar más dormida que despierta, se habían dedicado a descansar y charlar entre ellos. Ya que iban a estar en la misma planta y seguramente iban a pasar bastante tiempo juntos, querían conocerse y saber más de los demás… y de paso veían caras nuevas tras bastante tiempo, eso iba a ser un soplo de aire nuevo.
-Lleváis poco tiempo entrenando, entonces, ¿no?
A la pregunta de Aur, Yumi asintió.
-Desde la conquista de nuestro planeta, hace… -lo pensó antes de seguir - ¿Mes y pico?
-Más o menos, sí -añadió Ulrich-. Al principio no estábamos muy por todo esto, pero… creo que le hemos cogido el gusto.
Odd suspiró algo.
-Hablarás de ti, porque yo sigo sin querer estar aquí -puso cara divertida entonces-. Es verdad que soy el mejor y más guapo, pero… ya sabes.
Los otros se rieron un poco. Los clones allí presentes escuchaban con atención a los demás, les gustaba ver a sus mandos más relajados y abriéndose. Para ellos, su sabiduría y años de experiencia era, sin duda, muy enriquecedor.
-Vosotros al menos tenéis un bello mundo al que volver, lleno de plantas, agua, vida… -Lectra suspiró algo- El mío está asolado, no volverá a brillar en mucho tiempo….
Ella miraba al cielo, con los tonos de las cintas bioluminiscentes de su piel en un suave púrpura. El resto suspiró, era común verla así.
-No creo que podamos volver en una temporada -intervino entonces Aelita-. La Tierra, así llamamos a nuestro hogar, está tomada por los imperiales, no tenemos fuerzas para recuperarla nosotros solos, y dudo poder lograr nada en el corto plazo -miró directamente a la otra -. ¿Tú puedes hacer algo por tu hogar, Lectra?
Esta bajó el rostro.
-Me gustaría al menos poder hacer los rezos al dios de la luz -murmuró-. Estamos en esas fechas, creo… al ser la princesa, era la principal sacerdotisa de su culto, pero aquí no hay ninguna estatua, ni lo necesario para…
Fue entonces que intervino Aur.
-Ella lo que intenta decir es que gracias por el consejo -Aur acarició a la otra en la mano, suspirando -. Lectra es… bueno, antes era mucho más alegre.
Jeremy, que hasta entonces sólo había escuchado, habló por primera vez.
-Creo… que no tiene sentido andar pensando en algo que no puedes cambiar o alterar -comenzó a decir-. Ni nosotros podemos parar la guerra, ni tú puedes devolver a su estado original tu mundo, ni prácticamente nada -suspiró suavemente entonces-, eso dicen los estoicos, al menos.
-¿Eh?
Lectra por primera vez parecía interesada de verdad en lo que estaban diciendo los demás, notó Aur, con una suave sonrisa.
-No tiene que importarte demasiado aquello que no puedes controlar -comentó Jeremy-, creo que es lo mejor que te podemos decir… Nosotros hemos perdido a nuestra ciudad, amigos, y vida totalmente… y no podemos hacer nada al respecto, no por ahora, por eso -se rascó suavemente el cuello antes de seguir-, a ver, no quiero que pienses que no nos importa nada de eso, pero… yo al menos no me preocupo demasiado, sólo voy hacia adelante, para lograr tener los medios para poder hacer algo.
-Gracias…
Los tonos de la banda de la otra pasaron a un tono algo más claro, pero permanecían de ese tono violeta, por su rostro debía seguir preocupada. Era normal, Aelita podía empatizar bastante con todo lo que le pasaba a la otra. Los clones ayudaban bastante con sus comentarios, y esa vez no iba a ser la excepción.
-Podríamos luego jugar a eso que llamáis fútbol -saltó entonces Ritmo-, a ellas les encantará, seguro.
-Es un deporte de equipos y se juega con una pelota y los pies – se adelantó algo Odd-, Jeremy cree que así haremos más piña todos.
-Y diría que está funcionando -se defendió el aludido-. Pero ya mañana, hoy quiero descansar un poco…
-¿De no hacer nada? -comentó con diversión Aelita- Porque hoy no nos hemos movido apenas.
-Llevamos todas estas semanas con un trajín demoledor, dejadme vaguear aunque sea una vez… -murmuró- Pero es buena idea, se hará.
Fan aplaudió un poco, mientras Compás se levantaba, acompañada de Muro, que querían hacerlo ya mismo. Ritmo, junto a Ventura, se pusieron a hacer las medidas para las porterías improvisadas – usarían chaquetas o trozos de rama o lo que pillaran – mientras Dinamo y Muralla se ponían a calentar un poco. El resto, sin embargo, se limitó a irse a una zona de hierba algo más apartada para poder verles jugar entre ellos, aprovechando esa oportunidad Odd para aproximarse hasta Aur. Lectra miró de refilón al chico pero no llegó a decir nada, colocándose junto a Yumi y Aelita, próximas estas a Ulrich y Jeremy respectivamente. Así, el chico se pudo sentar al lado de la otra, que le miró con cierto interés.
-¿Os conocéis desde hace mucho?
Aur asintió, despacio, y se recostó en el césped.
-Desde que somos pequeñas… -murmuró, sonriendo- Me conoce más que yo misma, imagínate…
El chico asintió, despacio. Podía entender los sentimientos de la otra.
-Yo a ellos les conozco desde hace años también -reconoció-. Nos hemos jugado la vida muchas veces por… bueno, cosas que pasaron, pero ahora me preocupa más el futuro que nos espera, la verdad.
-¿Y a quién no? -comentó, divertida- Si al menos pudiera ver sueños de lo que me depara…
-Pensaba que eso era un mito…
-Es muy real -aclaró ella, con una sonrisa-, pero sucede en situaciones especiales, ¿sabes?
-¿Cómo que especiales?
Ella se giró suavemente, para cerciorarse de que nadie mirara.
-Los lectores hemos estudiado esto durante generaciones -comenzó-. No tenemos una ciencia exacta detrás de estos eventos, por eso no se tiene por algo… real, pero la experiencia es clara -suspiró algo, tras tocarse la ropa-. Tengo un cuaderno donde viene bastante, por si quieres saber.
El otro asintió, sonriendo algo.
-Puedo ir a por el ahora, si quieres -aseguró-. Total, los clones se pondrán a jugar entre ellos y no quiero abusar.
Aur se rio un poco, pero negó.
-Tranquilo, creo que estaremos aquí bastante tiempo -respondió-. ¿Puedo preguntarte algo?
-Sí, tengo esos sueños -reconoció Odd, no sin antes inclinarse lo bastante para que sólo ella le escuchara-. Pero es un secreto, nadie más lo sabe, además de Ritmo y Compás.
Aur asintió, despacio.
-Sí… entiendo, no es un poder que se suela entender -golpeó suavemente el suelo a su lado-, no hablemos de eso, no aquí… -ella sonrió algo- Cuéntame de tu mundo, parece fascinante.
Odd, asintiendo, procedió a sentarse al lado de la otra, mientras el resto del grupo observaba la escena desde la distancia.
-Diría que Odd ya tiene una nueva novia -dijo divertida Aelita-, que muchacho…
Lectra negó suavemente. Sus bandas se pusieron algo rojas entonces.
-No es su novia, es la mía -murmuró-, si la toca me lo cargo.
Los otros la miraron con sorpresa, y la aludida se recostó algo en la hierba. En ese momento, llegaron Compás y Muro, pelota en mano, y que lanzaron a Fan, que colocó más o menos a medio camino entre las dos porterías, comenzando así a jugar entre ellos.
-Se supone que no debemos tener parejas -comentó Yumi-. Pero veo esa norma absurda… nosotros estamos juntos, quiero decir, Ulrich conmigo -sonrió al ver a los otros dos algo sonrojados -, los Einstein también andan de parejita, y Odd… bueno, es Odd, dejémoslo ahí.
-¿Qué significa Eis… Eims…?
-Era un científico importante de nuestro mundo -dijo Aelita-, se llamaba Einstein, y bueno… -se rio algo- A nosotros nos llaman señor y señora Einstein, se supone por ser inteligentes.
Lectra sonrió algo, por ello, mientras se incorporaba algo. Los gritos de los clones animaban el ambiente, haciendo que grupos de soldados se acercaran de vez en cuando a verles correr tras la pelota, interesados en aquel deporte. No tardaron demasiado los chicos en unirse, con ganas de dar algo más de espectáculo con todo aquello. Jeremy en una portería, Aelita en otra; y Ulrich, Compás, Yumi y Fan en un lado, con Odd, Ritmo, Dinamo y Ventura al otro. Muralla hacia de árbitro improvisado, silbando cuando había que parar, y con algún que otro grupo de clones mirando, aunque los que más se detenían eran otros lakyos o incluso Xaniums. Y sin embargo, algo mucho más importante se cocía a varios metros por debajo de donde estaban ellos.
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El equipo de científicos, dirigidos por el Profesor Laboria, se movían raudos por las instalaciones bajo la mirada de Seriel y Asmeya, ambos nerviosos y con los brazos cruzados tras la espalda, aunque con uno de los pies golpeando con cierta insistencia el suelo. Sin embargo, podían escuchar con claridad las palabras del científico, que, aunque algo atacado y sudoroso, tenía una voz prominente.
-Se supone que, con esto -iba con papeles de lado a lado-, podremos empezar la producción… en masa con suerte, de Aliento de Eos, general Kimara -iba mirando documento tras documento-. Lo suyo sería antes hacer pruebas, para eso aún queda, pero…
-Es prometedor, cuanto menos -reconoció el aludido-. ¿Pero funciona? ¿Y es seguro para el que lo usa?
Ahí el otro se rascó algo la mejilla. Su oscura piel estaba perlada, mientras sus ojos miraban a la nada pero a la vez mostraban bastante concentración. Su labio inferior tembló antes de responder, instantes después.
-Por eso habría que hacer pruebas de campo, señor -explicó-, ¿conoce la naturaleza de Aliento, general?
-Sólo sé que es un arma capaz de llevarse por delante la vida de un mundo…
-Así es -vieron llegar entonces a una joven nativa de Mebara – con bellas ornamentaciones de cartílago que caían hasta algo por debajo del pecho – y les tendió unas máscaras -. Será mejor que se las coloquen, por seguridad -les dijo-. Aunque hagamos la prueba en un entorno seguro, nunca se sabe…
Desde el techo cayó entonces una suave cortina de agua que lo impregnó todo, y los técnicos fueron colocándose en torno a una gran mampara que colocaron exprofeso, conectada a uno de aquellos tubos con la sustancia verdosa. Estuvieron un rato tecleando y cuchicheando entre ellos, mientras Laboria esperaba, junto a los dos militares, frente al terrario. En su interior había varias plantas verdes, unos animales parecidos a roedores pero más pequeños, de pelo grisáceo y bípedos, eran veloces y correteaban a lo largo de su pequeña jaula – enorme para ellos, pues medía unos diez metros de alto por siete de ancho y cinco de alto – y tenían pequeños túneles subterráneos localizados gracias a un mapa que habían ido modelando con el tiempo. Lo movían gracias a un carro que tenían, así que lo colocaron en medio de la sala, se podía ver perfectamente la vida en su interior.
-Tiene un volumen de trescientos cincuenta metros cúbicos de aire, lo cual es… bastante representativo -comentó Laboria-, sólo usaremos una unidad de Aliento.
Los otros se miraron, no comprendiendo muy bien, a qué se refería, pero intuían que debía ser relevante. Los científicos no tardaron demasiado en tenerlo todo listo, hubo un suave pitido… y comenzaron a esperar.
-Ya hemos liberado a Aliento -comentó el científico-. Ahora comenzará a expandirse exponencialmente, al principio será lento, pero en cuanto pase un plazo de expansión, su curva pasará a forma de jota…
-¿Plazo de expansión?
-Sí, mi…
-Capitana.
-Se refiere a que las reacciones químicas que forman Aliento llevan un tiempo, pero tarda poco en acelerar rápidamente -explicó-, hemos logrado que, tras cinco minutos, comience la expansión en forma dejota, en una hora una zona bastante amplia estaría completamente llena de Aliento… pero lo importante es lo que deja a su paso.
Seriel se cruzó de brazos, pensativo.
-Aquí, entiendo, bastarán con… media hora, ¿no? -Seriel se rascó algo la barbilla entonces- Para llenar todo el aire…
Laboria asintió.
-Sí, pero mataría toda vida mucho antes, en diez minutos ya estaría demasiado viciado -explicó-, al final, Aliento lo que hace es generar una sustancia química en el aire que lo vuelve muy ácido, y se expande a lo largo de la atmósfera… en una semana debería no ser habitable un planeta como este.
Asmeya se mareó un poco, teniendo que apoyarse en la mesa más cercana, mientras el ceño de Seriel se fruncía suavemente, comprendiendo la potencia de esa arma.
-No será nada espectacular, pero efectivo, que es lo importante -murmuró-, ¿se puede crear más de esta sustancia?
Laboria se lo pensó antes de responder.
-Tenemos… órdenes por parte del Congreso de no decir nada al respecto -explicó-. La propia Presidenta Daya nos indicó no revelar la verdadera naturaleza de Aliento, sólo los efectos y cómo tenerlo controlado.
El otro asintió, despacio. Mientras hablaba, notaba que, efectivamente, algo debía pasar en el aire de ese estanco, pues las plantas comenzaron a morir, y los animales, aunque se refugiaron bajo tierra, no lograron sobrevivir tampoco. Podían ver los pequeños cuerpos de aquellas criaturas, antes llenas de vida, comenzar a descomponerse más rápido de lo que normalmente haría, hasta que, de un tubo que conectaron – con las correspondientes medidas de seguridad – emanó un nuevo gas.
-Con esto podemos neutralizar el acido, pero, llega un momento en que es imparable -explicó Laboria-, lo hemos calculado, tras unas pocas horas Aliento de Eos ya se habría expandido a lo largo de la atmósfera y es imparable -suspiró algo, nervioso-. En un espacio cerrado se puede controlar mucho más, pero una vez se libera al aire… con el viento, las tormentas, la radiación solar… Aliento se esparce y vuelve mucho más poderoso.
Seriel, pensativo, asentía. Tendió las manos hacia Laboria, que le cedió los papeles, y que revisaría más tarde.
-Estos cálculos son importantes, necesitamos conocerlos para saber los oficiales cómo actuar -comenzó a decir-. Necesito que convenzas a los políticos para que se formen grupos de tus científicos para que nos expliquen todo esto, si es un arma tan potente…
El otro asintió, despacio. Era algo que tenía sentido, pero necesitaban contar con el permiso de la Presidenta… y que no tardó demasiado en aparecer por allí. Junto a la mujer llegó el vicepresidente Lambaris, que entró como una exhalación a la sala junto a un par de clones. No eran los únicos del gobierno republicano, allí estaba también el ministro de defensa y el del interior, dos varones, uno de Lothes y el otro de Ahara, y por tanto, de la misma especie que Alione y Puck, respectivamente.
-Ministro Farus, ministro Pat -este último se tuvo que subir a una de las mesas para poder ver todo -soy el director del Proyecto Aliento, el doctor Laboria -comenzó a decir -, verán, esto es…
-Estamos al corriente -le detuvo Farus, sus ojos se movían rápidamente a lo largo de la sala -, lo… habéis logrado, según tengo entendido.
Asmeya suspiró, y Seriel la tomó de la mano y la alejó de ahí. Los ministros tenían ya una edad, y el estrés se mostraba en su cuerpo. Sus rostros tenían ojeras, estaban algo pálidos, y se les veía con algo de sobrepeso. Aun maquillados se les veía desmejorados, sólo Daya mostraba un rostro algo más lozano al ser la cara visible del Gobierno de la República.
Según salían, el hombre comenzó a mirar hacia atrás para asegurarse que nadie les escuchaba, y comenzó a hablar al oído de Asmeya, que escuchó atentamente lo que su superior decía.
-Estos políticos no son de fiar, lo sé, pero hay que seguir lo que ellos digan -comenzó el otro-, son ministros, han sido elegidos entre todos, si nos movemos porque nos da la gana seríamos como los imperiales.
Ella, sin embargo, negó suavemente.
-Somos nosotros los que nos matamos en el frente, no ellos o sus hijos -replicó-. Tendríamos que tomar la decisión, o al menos que nos tengan en cuenta…
Pero Seriel no estaba de acuerdo con ello.
-Lo sé, pero estamos hablando del poder dentro de la República, nosotros sólo somos soldados, ellos… -suspiró- Al final son los que deciden, lo máximo que podemos hacer es que nos escuchen.
-¿Para qué hemos bajado entonces? -Asmeya frunció el ceño suavemente- Si ellos van a ser los que hagan y deshagan, ¿qué tenemos que hacer aquí?
Fue entonces que el otro sonrió algo.
-Bueno, como bien dices, nosotros somos los que al final usaremos esas armas -le explicó el otro -. Ellos pondrán las normas por Decreto, y lo aplicaremos como ellos digan… y es mejor no colaborar, para, si la cagan, limpiarnos las manos.
La otra le miró con cierta sorpresa.
-Pero… esto mata toda la vida de un mundo -murmuró, nerviosa-. ¿No es eso demasiado? Debería ser el último recurso, no deberíamos refugiarnos en el deber de obediencia…
Llegaron entonces hasta un ascensor cuántico, que abrió el general para poder ir hacia donde quisieran en aquella base y las cercanas. Quería ir a un lugar especial de la base republicana, de hecho, cuando pasó la mano por encima de la zona de las plantas, llegando a una pantalla especial. Asmeya lo reconoció en seguida por ser el área no ya de oficiales del ejercito; sino a la parte reservada a la Orden Xanium.
Ni las pruebas de los lakyos para ascender se hacían en esa parte de las instalaciones, vetadas para todos los demás militares. Allí, en cambio, se hacían los entrenamientos para poder realizar esas pruebas, así que Asmeya las conocía bien. Segundos más tarde llegaron hasta la planta baja de aquel edificio, que ella no se cansaba de admirar.
Era una gran basílica de mármol y piedra, engalanada con luces en el suelo y paredes con los símbolos de la Orden, con estantes de madera donde se veía gente trabajando. Se podía ver a grupos de jóvenes hablando entre ellos, jugando a mover objetos con la energía, a compañeros Xanium buscando en los ordenadores cuánticos, o hablando con otros de múltiples temas, comprando o vendiendo partes sobrantes de sus espadas de luz, y un largo etcétera de cuestiones interesantes para ellos.
Anduvieron con soltura por la planta baja, sin detenerse a observar un ambiente tan común para ellos, aunque sólo Seriel sabía hacia dónde iban, aunque Asmeya intuía por dónde iría la cosa. Tenían que estar dirigiéndose hacia el Consejo Xanium, el máximo órgano dentro de la Orden, y un grupo muy relevante e influyente. La República, de forma velada, venía manejando aquel Consejo desde hacía décadas, nadie lo decía abiertamente pero era una realidad, doliera a quien doliera.
Ya en su momento Shamarya y Starlight denunciaron aquello, pero no las escucharon, máxime después de haber dado el golpe que llevó hasta la guerra civil que estaban viviendo, pero seguía siendo útil y relevante en algunos aspectos. Uno de estos era, precisamente, servir de medio de presión para que el Gobierno hiciera a un mínimo de caso a los Xanium, que al final, eran los que formaban la cúpula del ejercito. Había oficiales de alto grado que no eran de la Orden, claro, pero eran la minoría.
-¿Crees que funcionará, general?
El aludido suspiró suavemente.
-Aquí no soy general, Asmeya -le dijo, acercándose al ascensor cuántico-, sólo un Xanium más -le recordó, y suspiró-. Pues no lo sé, la verdad, espero que sí…
Por encima de ellos había tan solo cinco plantas, donde había grandes bibliotecas, salas de fabricación de espadas de luz, y en especial, lugares donde podían hacerse uno con la energía, salas de meditación y aprendizaje. Ellos irían hasta la planta última, sede del Consejo, y donde estaba siempre al menos un tercio de los miembros, por si acaso. Eran veintiuno, así que siempre había siete por lo menos.
-Hace tiempo que no veo al Consejo…
Seriel suspiró por esa afirmación. Fue hace cuatro años, cuando comenzó la guerra, momento en que casi se la llevan por delante por ser la hermana de la traidora. Si no acabaron con ella fue por la intervención del otro, que les hizo comprender que nada tenía que ver con Starlight, y que era alguien totalmente diferente. En cualquier caso, al no destacar en especial como guerrera, y a modo de represalia – no era algo abierto, pero se dejaba ver – no había sido capaz de ascender a Xanium. Tenía miedo de no lograrlo, eso implicaría su salida de la Orden, y, seguramente, del ejercito.
En ello pensaba mientras se acercaban al ascensor, cuando el otro la tomó de una mano, y la miró a los ojos directamente.
-Si no quieres venir no hace falta -le dijo-, sé que tienes malas experiencias con ellos, pero…
Ella negó suavemente.
-Lo podré soportar -aseguró, mientras bajaba algo la vista-. Aún así gracias…
El otro se limitó a tocar el ascensor cuántico, dispuesto a hablar con el primer miembro que viera, aún con aquellos papeles en las manos y que nadie le había pedido devolver. Asmeya se había dado cuenta, pero no comentó nada por si acaso, dado que el otro seguramente los quisiera como prueba. En esos momentos se estaban jugando bastante…
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En la base imperial de entrenamiento, y siendo que Laura había dejado a su grupo por una seria de reuniones importantes a las que debía acudir, estaban solos durante varios días, en las que serían las primeras vacaciones que tenían desde que habían sido apresados por el Imperio. Aprovecharían para descansar, y aunque no pusieron a nadie como tal al mando, fue Jim el que se colocó en esa posición de forma natural.
-¿Qué haremos durante estos días, jefe?
Estaban andando por los pasillos de la nave tras estar unas cuantas horas por el hangar, donde estuvieron revisando cazas y naves de todo tipo dado que ese día, en teoría, iban a montar en varios de ellos para experimentar el vuelo real por primera vez. Como la capitana no estaba no podían hacer nada, así que se limitaron a verlos desde fuera, y, si el piloto se sentía un poco simpático ese día, podían ver la dirección y pantallas del aparato.
-Descansar y mejorar en juegos de equipo -comentó, sonriendo, el otro-, echaremos unos partidos de fútbol, voleibol, baloncesto…
-A este ritmo vas a enseñar todos los deportes de la Tierra a esta gente -comentó, con diversión, Hertz-, pero estoy de acuerdo, necesitamos un descanso.
-Quién lo diría, jefa Suzanne queriendo no estudiar…
Ese comentario de Estrella hizo reír a los demás, aunque la aludida suspiró y negó, despacio.
-No me gusta esa imagen de dura que tenéis de mí -comentó, con las manos en los bolsillos-. Era una profesora exigente, pero, y no podéis negarlo, habéis aprendido mucho con mi método.
Floresta sonrió en ese momento.
-¡Jamás lo negaríamos! -exclamó- Sólo nos sorprende, porque queremos parecernos a vosotros.
Los humanos del grupo se sorprendieron por semejante afirmación. Fue Hielo el que intervino entonces.
-Apenas tenemos meses de vida, pese a tener el aspecto de humanos de unos veinte -comentó este-. Para nosotros, sois como maestros o padres, y que estemos unidos es importante desde nuestra mentalidad… supongo que esa es la base del poder de nuestros ejércitos.
-Los ejércitos anteriores estaban formados por seres vivos como vosotros y androides -añadió Blancas-, ahora son clones y esos mismos androides, y esa es la clave del poderío de ambos bandos, eso dicen al menos.
-Es más fácil manejar clones que seres vivos que han crecido y se han criado en un ambiente no militar, supongo -comentó Yekira, de la mano de Patrick-, me alegro que nos veáis así, la verdad, es… un honor.
Los clones sonrieron por ello. Y mientras ellos se dedicaban a divertirse con aquello, los humanos del grupo se iban a dividir una tarea importante. Antes de volver al pasillo que les servía de hogar, Jim se había reunido con los más jóvenes para contarles sobre el plan que tenían, debían aprovechar esa oportunidad lo más posible. Aquello sucedió tras el pequeño incidente con Hertz, y a la vuelta de Patrick con Yekira, teniendo que ir este con el antiguo profesor de gimnasia cuando le pidió hablar a solas. Cuando llegó, se encontró con que estaba William también, y se acercó, algo intranquilo.
-¿Sucede algo?
-¿Recuerdas nuestras dudas respecto de Laura? -preguntó Jim, que se puso a hablar en francés en ese momento- Ahora que esta fuera queremos investigar sus papeles, a ver si encontramos algo…
El aludido asintió, estaba de acuerdo con aquello.
-Por todas las cosas de nuestro mundo que dice, ¿verdad?
-Demasiado locales, sí -comentó William, serio- ¿Podemos contar contigo?
El chico asintió, cruzándose de brazos.
-Claro, por supuesto -respondió, sin dudar-. De paso, más tarde, me gustaría comentaros una cosa, es importante.
-¿Te vas a casar con Yekira?
Esa broma de William le hizo sonrojar, pero negó.
-No, pero tiene que ver con ella, más tarde os cuento…
-En fin, mientras los clones juegan conmigo, vosotros tres os pondréis a indagar sobre ella -explicó Jim-, quiero descubrir lo más posible de ella, Hertz os ayudará con los temas técnicos, que sabe más.
-¿Y qué hacemos con Yekira?
-Ella creo que aprovechará para salir a correr, ya sabes, por sus poderes, estará en la pista de carreras, necesita estirar las piernas…
Los otros asintieron, tenía cierto sentido, los últimos días se había quejado algo de tener ganas de ello. Y, con esa corta conversación, se pusieron de acuerdo con la misión, así que comenzaron a moverse, llegando al momento presente, donde los clones rápidamente se llevaron un par de balones, acompañados por Jim, dirección a las pistas.
-Yo iré a correr por las pistas, mientras vosotros descansáis aquí, si os parece -comentó, sonriendo, Yekira-, hace tiempo que no salgo a que me de el viento en el rostro y tengo bastantes ganas…
-Disfruta -William chocó la mano con la de ella, sonriendo-, nosotros estaremos aquí, tirados a la bartola.
Ella asintió.
-¿Es una expresión de vuestro mundo? -preguntó, sonriendo, mientras tomaba sus cosas en una bolsa- Bueno, yo no creo que tarde demasiado, también necesito un poco de descanso… cariño, ¿hablarás con ellos, al final?
Este se sonrojó, y asintió, mientras William miraba al aludido con una ceja alzada. Sin embargo, no comentó nada, esperando a que ella saliera minutos más tarde, con la mochila al hombro, yendo directa hacia las pistas. Según ella salió del pasillo, los otros tres fueron directos hacia la zona reservada a la oficial, al menos Patrick, mientras Hertz y el otro adolescente se dirigían hacia el ordenador cuántico de la planta, desde donde, esperaban, podrían encontrar información de la oficial.
Sabían que sería complicado, sin embargo, tenían que intentarlo. Y ahora que estarían solos era la mejor oportunidad para ello, puede que no tuvieran una igual en una buena temporada, así que la aprovecharían hasta el final. Por ello, Patrick se dedicó a inspeccionar la cama de la otra, en apariencia no había nada, así que comenzó a tocar la ropa de cama, palpando en busca de algo que no debiera estar allí, levantando el colchón para mirar debajo del mismo, incluso revisando el somier y apretando todo lo que veía, quería tenerlo todo bien revisado.
Durante la inspección, se fijó en que había una parte algo más dura de lo que debía, justo en la esquina inferior izquierda, en la parte más cercana a la pared, así que se centró en esa parte, encontrando una pequeña cinta en la parte inferior. Mientras, Hertz se había sentado a los mandos del ordenador más cercano, acompañada de William, que se colocó a su vera, preguntándose cómo haría la mujer para poder revisar la información sin levantar sospechas. Sabía que había una ficha de todos ellos, seguramente también para los oficiales, donde entraba Laura… por eso, según comenzó a teclear, y para no dejar rastros, intentó entrar con los datos de la otra, gracias a la manía de guardar las sesiones abiertas para ahorrar tiempo. Así, si alguien preguntaba, era como si lo hubiera hecho ella, y el tiempo que había entre que ella salió y ese momento era lo bastante corto para que pudiera colar como real.
Sabían de todas formas que se la estaban jugando, así que serían breves, y descargarían toda la información posible en los aparatos en sus antebrazos, donde podrían revisarla más fácilmente. Hertz suspiró nerviosa, cuando buscó el nombre de ella en las diferentes bases de datos y procedió a la descarga, iría primero a ella, y luego la pasaría a los demás, para que no hubiera rastros y la inculparan sólo a ella de pasar algo. Eso no lo sabían los demás, así no se quejarían de esa decisión. No quería estar más tiempo ahí del imprescindible, por eso ni se paró a leer documento alguno, ya lo haría más adelante, con tranquilidad.
Y mientras ellos estaban con esas prácticas, Yekira había bajado hasta las pistas de carreras, donde podía ver a otros imperiales entrenar su velocidad, justo en la misma zona donde ellos salían a entrenar en una zona más de campo. Claro que aquello lo hacían fuera de lo que eran las instalaciones como tal, y ella se quedaría ahí dentro, recorriendo una larga pista con forma de elipse, de varios kilómetros de longitud. Dejó sus cosas en el césped cercano, dio unos saltos, y se rodeó de sus poderes, comenzando a acelerar como un avión, sintiendo el viento tocar su piel… y haciéndola sonreír con ganas, aumentando su velocidad con cada zancada, sintiendo su sangre recorrer su cuerpo a toda velocidad, y cómo el aire de su diafragma comenzaba a alimentar su cuerpo.
Le dio un par de vueltas a aquella pista antes de detenerse, comenzando a detenerse cuando sintió que su piel empezaba a resentirse de la resistencia del aire, aunque podría seguir más no quería hacerse daño tampoco. Estando en zona alta, además, no se sufría tanto, pero era consciente que, cuando estuviera en áreas más bajas, necesitaría de máquinas para poder correr más tiempo y distancia.
Cuando se detuvo, a unas decenas de metros de donde comenzó a frenar, se dejó caer en el césped, sonriendo, sintiendo su corazón aún acelerado y las perlas de sudor cubrir su piel. No era lo mismo usar sus poderes así que con un traje puesto, sin ninguna duda… Se incorporó minutos más tarde, durante los que contempló el cielo, sabiendo lo que tenía que hacer en aquellos momentos, y esperando tener la oportunidad para ello. Recuperó sus cosas, y comenzó a hacer un intenso calentamiento, yendo zona por zona de su cuerpo, sintiendo que sus músculos se recuperaban del intenso esfuerzo, respirando profundamente con cada movimiento.
Se movía lentamente, sentía cómo todo su cuerpo se recolocaba y sus articulaciones y huesos recuperándose, y procedió entonces a volver a correr, pero esa vez a velocidad más normal, como si estuviera entrenando una persona totalmente normal. No estaría demasiado rato, aún así, pues aquella era una oportunidad importante para ella, ahora que el lobo había abandonado la cueva tenía que aprovecharse, eso seguro pensaba Patrick, y ella quería cumplir al respecto…
De esta forma llegó la noche al planeta, un par de horas más tarde, y por entre los pasillos una figura se movía a toda velocidad usando un traje que cubría todo su cuerpo. Como siempre sucedía recorría las instalaciones como una exhalación, con la misión de salir de la base recorriendo una de las paredes exteriores, y moverse como el viento a lo largo de una cercana explanada, donde, como pasaba cada vez que salía, se encontraba con una pequeña nave. De la misma salía un androide, y al que la figura entregaba un cuaderno, que era escaneado, tardando no demasiado en lograr aquello. Sin embargo, en aquella ocasión, tardó un poco más de lo habitual, y es que la figura habló entonces.
-Manda este mensaje de parte de Dakión -comenzó a decir-. He logrado acceder a información importante, va con esta remesa, me pondré en contacto con vosotros cuanto antes, tengo amigos aquí dentro… espero.
El androide silbó suavemente, y Dakión se limitó correr de nuevo a la base, donde Yekira reposaba, junto a los demás, a la espera de que Patrick saliera de la ducha para poder hablar de aquello que consideraban tan necesario. Como representante de los clones estaba Hielo, que no sabía exactamente a qué se debía esa reunión de emergencia, pero debía ser algo realmente relevante para que eso suceda, en todo caso, escucharía atentamente a sus mandos. Mientras esperaban, William salió un momento al pasillo, y se encontró precisamente con Patrick, con un cuadernito en la mano, se estaba aún secando el pelo en aquel momento.
-¿Ya terminaste de ducharte? -preguntó, curioso -Yekira comentó que aún estabas en ello.
El aludido asintió un poco, y se acercó al otro.
-Sí, bueno, ya sabes que tardo poquito -le respondió-. ¿Vamos?
Ambos entraron a la sala donde los demás estaban, que vieron como los chicos se colocaban en sus respectivos asientos. Jim, entonces, se levantó, carraspeando un poco, y comenzó a acariciar sus manos, pensando bien cómo empezar.
-Bien, está claro que aquí hay asuntos importantes que hablar -comenzó el adulto-. ¿Por dónde empezamos? No queremos tampoco… bueno, mejor me callo.
Hertz intervino entonces.
-Nosotros estamos aquí por obligación, nos reclutaron a la fuerza tras destruir la ciudad en la que vivíamos, de la noche a la mañana éramos presos -explicó-. Por el azar del destino cumplíamos con unas características que permitían que ahora estemos en esta situación… privilegiada, aunque en apariencia no sea así.
-Muchos del grupo en el que estábamos han acabado de esclavos a saber dónde, ellos sí que no tienen opción alguna -Jim parecía con las ideas más claras ahora-. Nosotros, en cambio… podemos desertar, pero necesitamos prepararnos bien.
Hielo no daba crédito a lo que oía, y su posición denotaba el nerviosismo que sentía. Aquellas palabras iban absolutamente en contra de todo en lo que creía y consideraba correcto, pero… ellos eran sus superiores también. Y se fiaba de ellos. Sin embargo, Hertz siguió.
-Somos esclavos de alta calidad, pero como todos, carecemos de libertad -siguió diciendo-, y como una revuelta al estilo de Espartaco es imposible, nuestra única opción es hacer como grupo… -se dirigió a Hielo- Sé que es difícil de asumir para vosotros, pero os sé inteligentes, a ti y a los demás clones -suspiro entonces-. No puedo ordenaros uniros, pero, si os oponéis, no sé si podré disparar contra vosotros…
El aludido se rascó la nuca. Yekira, con un gesto, le pidió a Patrick que le tendiera su cuaderno, a lo que el otro accedió. Fue entonces que el clon habló.
-Nuestro deber, para lo que hemos nacido y educado, es luchar con el Imperio para detener a una República corrupta -comenzó, en un murmullo-. La deserción se castiga con la muerte inmediata de los traidores, y no es tan sencillo como huir o salir de aquí y tomar una nave espacial, te localizan y te vuelan la cabeza, o te provocan un cáncer, o atrofian tus arterias… moriríais antes de salir del sistema…
-Por eso necesitamos a alguien que nos ayudara a ser libres -comenzó entonces Yekira-. Ellos no son los únicos que están aquí por obligación, yo también -se abrazó al cuaderno, buscando cierta protección del mismo, casi instintivamente -. Mi antiguo maestro se unió al Imperio, y yo tuve que ir tras él, aunque no quisiera… -miró a los demás entonces-. Quiero irme tanto como vosotros.
-Bien, es bueno saber eso -comentó Hertz-, no me hubiera gustado tener que haberme enfrentado contra nadie, la verdad -suspiró pesadamente entonces-. Patrick juraba y perjuraba que eras de fiar, espero que no se esté equivocando.
El aludido se sonrojó algo.
-Sé de buena tinta que podemos contar con ella -murmuró-, de verdad…
Hielo, en ese momento, se levantó lentamente, y les miró. Se veía la duda en sus ojos, aquello iba en contra de todo aquello en lo que creía.
-Yo no he escuchado nada de lo que se ha hablado aquí… -murmuró, su voz temblaba un poco- Ninguno de nosotros hará nada para impedirlo, pero tampoco os ayudaremos, yo no…
-Lo entiendo, también fui soldado -intervino Jim-. Sé perfectamente que, sólo con esta charla, nos hemos ganado el fusilamiento, y que Laura jamás nos permitirá algo similar… pero debes saber que ella oculta cosas también.
El aludido le miró con cierta sorpresa, y se sentó de nuevo, momento en que el otro empezó a hablar. Tenía la información en su antebrazo, tras ser descargada por Hertz.
-Ella hacía comentarios que no nos cuadraban -comenzó a decir-, cosas que eran… demasiado de nuestro mundo, y eso nos acabó llamando la atención, decía detalles… muy de la Tierra, el último fue esta mañana, sobre los Juegos Olímpicos.
-¿Crees… que venga de vuestro mundo también?
A esa pregunta de Hielo, Jim negó.
-Lo dudo, pero intenta que nosotros nos sintamos cómodos con cosas así, pero lo que desconocemos es cómo ha encontrado esa información, si aún no se ha traducido nuestras lenguas locales.
-Por eso a veces no os entendíamos, hablabais en vuestro idioma…
-Francés, pero no es el único, hay muchas más lenguas y mucho más habladas que la nuestra -explicó Hertz, seria-. Pero teniendo en cuenta que es la alumna predilecta de Starlight y que nuestro planeta ha sido descubierto ahora y se ha incorporado ahora a la galaxia… es complicado que sea de nuestro mundo.
-¿Es posible que le informe alguien de nuestro planeta? -comentó William entonces- Es otra opción, al final es su jefa la que conquistó la Tierra.
-Es otra opción, claro -reconoció Suzanne-, pero poco probable, que sepamos, no ha ido allí nunca… -suspiró entonces- ¿Habéis revisado la información que os mandé?
Los otros se limitaron a negar, salvo Jim, que sí que lo había hecho. Era normal, de hecho, dado que tenían muchas cosas por hacer, era ahora cuando podían detenerse para poder analizar los datos apropiadamente.
-Ella nació, según los datos, hace dieciséis años, no se sabe nada de sus padres -empezó Hertz, complacida de ver a los otros cuatro revisar los documentos-. Rápidamente se unió a la Orden como lakyos, y su primera y única maestra es Starlight, sabemos su tipo sanguíneo, el poder que tiene… y poco más -los demás se sorprendieron por ello-. No sabemos cual ha sido su línea de méritos para ascender, ni de calificaciones, nada… y sólo de nosotros ya hay hojas y hojas.
-¿A qué crees que se deba, Suzanne?
A esa pregunta de Yekira, la otra se lo pensó antes de responder.
-Puede ser para ocultarse por alguna razón, hay partes de estos datos que necesariamente deben ser reales, sin embargo -y ahí se lo pensó antes de seguir-, la razón para ello puede ser casi cualquiera, y puede que no haya una sola, esa puede ser la clave para nuestra libertad.
-¿Apretarla? -Hielo frunció suavemente el ceño- ¿Usaréis esta información para obligarla a dejaros huir?
-Sé que no es lo más ético -intervino Jim entonces-, pero es lo único que podemos hacer si queremos ser libres…
El clon suspiró suavemente.
-No sé lo que significa eso -reconoció-, cómo se siente ser libre, poder decidir qué hacer en cada momento, a dónde ir, sin depender de un superior… y da vértigo -se rascó algo la nuca-. No puedo hacer nada por vosotros, yo no…
Sintió una mano en su hombro, y se encontró con Jim.
-¿Puedo hablar con vosotros, Hielo?
Este asintió, y entonces se levantó. Hertz no parecía en especial convencida, sin embargo, el gesto de Jim para que le dejara hacer la detuvo. Se limitó a observar cómo ambos salían de la sala y se dirigían hacia donde estaban los demás clones, que recibieron a su jefe directo, colocándose en torno al mismo. Con un simple gesto de mano, les pidió ir hacia la habitación de las chicas, hasta entonces habían estado en la de chicos. Una vez entraron, el mayor se limitó a suspirar un poco.
-Como sabéis, yo era un soldado en mi mundo, un guerrero, como lo sois vosotros -se levantó la camiseta, mostrando la cicatriz que recorría uno de sus laterales-. Tuve que dejarlo por esta herida, pero en mi corazón siempre fui un soldado, y hay una misión muy importante en nuestra profesión -se inclinó suavemente, para darle énfasis a sus palabras-. Somos los garantes de la paz y la integridad de nuestros compatriotas…
Los otros se miraron, totalmente abducidos por las palabras del otro.
-Qué sabio eres, jefe Jim…
Este se sonrojó por las palabras de Estrella, sin embargo, recuperó su semblante serio.
-Esa paz y esa integridad no sólo se protegen a tiros en el campo de batalla, también se hace en el territorio propio, protegiendo a la gente, defendiéndoles, ayudando a los que lo necesitan, siendo un amigo de aquellos que nada tienen -sus ojos se humedecieron algo-, esta guerra que nada nos interesa ni a mi ni a vosotros, ni a los demás, os consumirá como el fuego a la madera, os destruirá, porque no es una guerra por seguridad, o por la paz, o la integridad -abrazó entonces por la espada a Negras y Vientos -. Es una guerra por poder, y cuando se dispara por poder, nadie gana salvo los que la empezaron… todos aquí somos esclavos, no soldados… ¿sois conscientes de eso?
Los clones, nerviosos, se miraron entre ellos, mientras asimilaban las palabras de su superior. Sin embargo, este siguió.
-Si queréis ser soldados, si queréis de verdad cumplir vuestra misión… venid conmigo y los demás -pidió-. No preguntéis, sólo actuad, ¿de acuerdo? No os pondré en riesgo, no a vosotros, sólo confiad en nosotros, ¿está bien?
-Si, señor.
Fue al unísono, en un murmullo, pero hizo arder el corazón del mayor, que se tuvo que secar los ojos. Se limitó a abrir la puerta, seguido de los demás, y llegó hasta donde estaban los demás, que se levantaron. Con un gesto, Jim pidió calma y que guardaran silencio sobre el delicado asunto que estaban viviendo en aquellos momentos. Por su semblante parecía haberlo logrado de algún modo, no sabían como, pero así era.
-Bien, ya sólo queda que tengamos la oportunidad, ¿sabemos de alguien que pueda ayudarnos con esto?
-Sólo se me ocurre una persona, pero… -William puso cara sombría -O está muerto, o demasiado lejos de nosotros.
-Hablas de Jeremy, ¿no? -Patrick puso mala cara entonces- Me temo que será así casi seguro…
-Ese chico… -murmuró Hertz- Si es verdad lo que dices, William, desde luego que podría… -se puso las manos en la cintura- En fin, seré yo la que trabaje en ese aspecto, no podemos pararnos a llorar o lamentarnos.
Sin más, la mujer se estiró un poco, y es que el cansancio comenzaba a hacer mella en ellos. Tenían que descansar, y si bien los nervios seguían a flor de piel, sabiendo que podían contar entre ellos podrían descansar más tranquilos. La duda seguía en la mente de Jim respecto de Yekira, por mucho que Patrick dijera que era alguien en quien se podía confiar ella perfectamente podría estar usándole, no sería la primera vez que veía cómo una persona seducía a otra para usarla, y en esa ocasión no iba a dejar que algo así pasase.
Por ello, antes de que se volvieran a dispersar, se acercó a la joven, que aún tenía el pequeño cuaderno en sus manos, y posó su mano en el hombro de ella, que se giró, algo sorprendida, pero le sonrió algo.
-¿Podrías ayudarme a buscar unos colchones? -preguntó él -Me gustaría que durmiéramos juntos, de ser posible,
Esta asintió, aunque le sorprendía que no se lo pidiera a alguno de los clones, pero no llegó a decir nada. Según pensaba en ello intuyó por dónde iban de verdad las cosas, así que se limitó a ir tras él, y, cuando entraron al otro cuarto, el adulto suspiró un poco.
-¿Querías hablar de algo en concreto?
-Me preguntaba… ¿desde cuando eres lakyos?
Esta se lo pensó un poco antes de responder.
-Desde que era pequeña, apenas era una niña en ese momento -explicó-, como muchos otros, entrábamos a la Orden con apenas tres o cuatro años, conocí a mi maestro a los diez, poco antes de comenzar la guerra civil.
Jim asintió, despacio, y se limitó a cruzarse de brazos también. Se decidió a ser directo en esa ocasión.
-¿Son tus recuerdos, ese cuaderno que siempre llevas?
-Así es… -murmuró ella, seria- Hay algo importante que debo contaros sobre ello -le dijo, y Jim suspiró algo- Patrick ya sabe, ahora… os toca a vosotros.
Ella le entregó el documento, mientras se retiraba un par de pasos para poder dejarle leer bien. Suspiró un poco, y se rascó suavemente la nuca.
-¿Estás totalmente segura?
-Puedes saltar hasta la página ochenta o así, que es desde donde empieza lo que deberías saber -le comentó-. Acerca de mi relación con el Imperio y la República, y la razón de que Patrick confíe tanto…
Jim asintió, y así hizo. Comenzó a leer en ese punto, queriendo respetar el deseo y la intimidad de la otra, limitándose entonces a buscar un sitio en el que sentarse. Ese rato lo aprovechó ella para meditar frente al otro, con los ojos cerrados y sentada en el suelo en una postura relajada, apoyada la espalda en la cercana pared, sintiendo su energía circular por el cuerpo. No tardó el mayor demasiado en terminar, sólo volviendo algunas veces atrás para revisar algo que ya había visto antes para confirmar sus pensamientos. Posó su vista en la joven, que parecía muy calmada, sin embargo, abrió entonces los ojos, y miró al otro. Alzó el cuaderno entonces
-¿Esto es verdad?
Ella asintió. Jim se limitó a suspirar, y se levantó, se acercó a la joven, y la ayudó a incorporándose, momento en que le devolvió el cuaderno.
-Entiendo que tengas reparos, y que…
Pero Jim negó con cierta vehemencia.
-Tenemos un dicho, en la Tierra -comentó, de pronto-. El enemigo de mi enemigo es mi amigo, el problema será Laura…
-Estoy de acuerdo -comentó Yekira-, la tendremos que soportar en este tiempo…
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Al día siguiente, en la Tierra, Arkytior andaba tranquilamente por los cercanos jardines, acompañada en todo momento por Alione, que estaba abrazada al brazo de ella, como si fuera una parejita en un paseo romántico. A la política aquello no la convencía en especial, pero la otra había insistido tanto que, simplemente, se dejó hacer. Iban caminando, ajenas a que, en torno a ellas, se desplegaba un equipo de seguridad formado por los clones de ambos grupos, con Nadie a la cabeza de todos ellos, a unos prudentes cien metros del objetivo. Sin embargo, lejos de ser su misión proteger a la mujer debía atentar contra ella, así que lo había preparado todo para ello. En un sector concreto quedarían fuera de la visión de los diferentes grupos y ahí podría atacar, pero con lo que no había contado hasta el día anterior es que la mujer podía usar la energía. Sin embargo, como iba a ser más escaramuza que otra cosa, no habría problemas si salía viva, bastaba con que las partes no quisieran hablar más.
-Voy detrás de ellos -murmuró, en torno a Nadie había varios clones, que asintieron-. Conservad la posición, no os mováis salvo que os lo indique, ¿entendido?
Con un suave asentimiento por parte de ellos, comenzó a andar en esa dirección. Con cuidado, recorrió los senderos, arma láser en mano, y gracias a la energía, pudo moverse más rápidamente de lo que normalmente alguien podría, sin apenas hacer ruido, como si fuera un depredador tras su presa. Se refugiaba tras las matas verdes cuando entraba en el campo de visión de una de las dos, y, una vez estuvo en una posición adecuada, acarició su antebrazo, cambiando así su aspecto: pasó a tener una complexión algo más corpulenta y el aspecto físico de un clon con el símbolo del imperio en su pecho, y se acercó corriendo a toda velocidad hasta las otras dos. Alione interpuso su espada de luz entre ellos, pero Nadie procedió a disparar varias ráfagas, deslizándose en un momento dado por el suelo, instante en que la Xanium tomó a Arkytior de los hombros y dio un salto, logrando evadir los disparos.
La política salió corriendo, mientras su protectora se colocaba entre medias, con sus dos espadas preparadas, lista para luchar.
-Soy más rápida de lo que tú jamás lo serás, muchacho -le espetó-, no sé quién te manda pero no hagas ninguna estupidez….
Tenía que reconocer Alione que aquel clon tenía valor, pues volvió a disparar. Ella lo detuvo fácilmente, sin embargo, se sorprendió de ver cómo procedía a placarla, tirándola al suelo con cierta violencia, pero la Xanium se revolvió fácilmente y logrando levantarse de nuevo con bastante solvencia. Procedió a usar su espada de luz para cortarle uno de los brazos, pero se sorprendió al verle portar una de esas armas, con la que logró evitar aquello, y le propinó una patada en el estómago a la otra, que retrocedió. Teniendo claro que ese clon no era uno ordinario, Alione se rodeó de su energía y aceleró para usar su velocidad, dispuesta a cercenar su cabeza, cuando comprobó que se había quitado de su trayectoria, estando en realidad tras ella… lo cual era totalmente imposible. Pudo de aquella manera evadir sus disparos, dando un alto salto hacia atrás, cayendo justo a la derecha del clon, al que golpeó con su larga cola justo en el rostro, haciéndole una larga herida en la mejilla y tirándole a varios metros de allí.
El mundo alrededor de Alione volvió a moverse a la velocidad de siempre, y se fijó en que el clon se desvanecía, mostrando su verdadero aspecto. Frunció el ceño al darse cuenta que era Nadie, pero notó que parte de su máscara se había roto a raíz de su golpe con el látigo de su cola, sin embargo, también desapareció en el aire.
-Esto es demasiado raro… -murmuró- Que yo sepa no te puedes teletransportar así, y nadie es tan veloz como para hacerlo con la velocidad… -puso cara de preocupación- ¡Arkytior!
Y corrió como una exhalación dirección hacia donde la otra debía estar. Se relajó instantes después al verla de pie, y en apariencia sana, cerca de un árbol, ahí refugiada. Llamó a la Xanium cuando la vio con un suave silbido, esta llegó hasta la política, nerviosa, y la comenzó a revisar con la mirada.
-¿Se encuentra bien?
-Sí, ¿pudiste con el clon?
-No era un clon, señora -murmuró, pero entonces su mirada se perdió unos instantes -,bueno sí, es confuso, la verdad…
Arkytior asintió, mientras ataba cabos. Se limitó a sonreír a la otra, a la que tomó del brazo, para reconfortarla.
-Todos cometemos errores, volvamos al edificio, venga.
Durante el viaje de vuelta, se encontraron con clones republicanos, junto a los que estaba Nadie, y que, como siempre, cubría totalmente todo su cuerpo. Alione pasó a su lado sin más, aunque Arkytior miró a aquel individuo durante unos instantes a su poco esclarecedora máscara, para, acto seguido, internarse de nuevo en el edificio. Fueron seguidas por el séquito hasta su interior, donde la política se acercó unos momentos a Nadie, le dijo algo al oído, y se limitó a seguir por su camino.
-¿Sucede algo?
Una de las clones imperiales había hecho esa pregunta, los de la República se limitaron a salir, no respondiendo la persona aludida hasta que estuvieron a solas.
-Tengo que hablar con la Representante, no tardaré -dijo-, mientras, reforzad la vigilancia, no quiero ningún accidente.
Tras el asentimiento de todos ellos, Nadie anduvo por los pasillos, yendo directamente al piso que servía como lugar de reuniones para los líderes de ambos bandos. Allí, Zormu estaba en su despacho junto a Aquión, revisando toda clase de documentación, cuando llegó Arkytior. Esta tocó suavemente la puerta con los nudillos, siempre bajo la atenta mirada de los clones del pasillo, que en ningún momento la dejaron de observar, pero no le impidieron acción alguna. Cuando puso penetrar la puerta, entró al despacho, haciéndole una suave reverencia al líder político ante ella.
-Zormu, ¿podemos hablar en privado?
Este la miró, con cierta sorpresa.
-Tendremos una reunión este medio día local, ¿sucede algo?
-Sí, es sobre los jardines, se ha colado un animal, era… -se estremeció- Alione tuvo que sacrificarlo para evitar que nos atacara.
El otro asintió, y procedió a levantarse.
-Aquión, querido, dejadnos a solas, por favor -pidió-, la seguridad de nuestros invitados es la prioridad.
El aludido se levantó entonces, y, según salió, se dirigió de inmediato a donde sabía que podía estar Daraman y Brynja. Mientras, Arkytior se sentó justo en frente de Zormu, que la miró con cierto interés, esperando ver qué decía.
-Hemos sido atacados por un imperial -comenzó ella-, lo que no sé es si era un clon o no, la Xanium que me acompaña no lo tiene claro.
-Creo que no es difícil diferenciar a un clon de alguien que no lo es -comentó, con sorna, el otro-. Sin embargo, en el furor de la contienda es posible que haya cierta confusión.
-Estoy de acuerdo -comentó ella, mientras se recostaba en el asiento-. Nunca he estado en un conflicto, pero creo… que es algo duro, usted sí ha estado en el frente, ¿verdad?
El aludido asintió, despacio.
-Sí, en mi mundo natal -reconoció-, ahora me toca trabajar contigo para evitar que esta guerra siga… ¿quiere que nos pongamos, ya puestos?
La otra, no encontrando problema en ello, asintió, ajena a que el marido de su contraparte había llegado con el médico. Este se había dedicado a esperar todo ese tiempo en su cuarto, junto a Brynja, aunque al enterarse de lo sucedido frunció el ceño. El ataque tenía que haber salido mal, o no haber tenido el efecto deseado.
-¿Nadie está por aquí? -preguntó, serio- Que venga de inmediato, ¡vamos!
Pero no tuvo que esperar demasiado. Apenas instantes después la puerta se abrió y vieron llegar al mercenario, y que posó sus manos por delante de su entrepierna.
-Precisamente estábamos hablando de ti -comentó Daraman- ¿Cómo ha ido la misión?
-Les he metido miedo -respondió-, a la siguiente, no querrán volver a hablar con el Imperio para negociar nada.
-Han dicho que el ataque fue de un animal -intervino Aquión entonces-. ¿Desde cuando se usan bestias para trabajos así?
Nadie suspiró pesadamente.
-Evidentemente no he usado ningún animal, es todo un truco -explicó-, la Xanium casi me pilla, pero no podrá lograr nada la próxima vez.
-Te veo con mucha confianza, Nadie -comentó Brynja, con diversión-, como si pudieras hacer cualquier cosa, y eso que esta vez has fallado…
Recibió una mirada fulminante de parte de este, que se limitó a cruzarse de brazos.
-Claramente no me has visto en acción -desapareció de golpe de allí-, no me gustaría tener que mostraros mi verdadera fuerza…
Aquello fue un susurro al oído de la rubia, que no supo cómo se había desplazado hasta allí. Era imposible, no entendía cómo eso había sucedido, pero así era. Nadie se levantó, y de un salto, se colocó delante de Daraman, que observó aquella escena con cierta molestia.
-¿Eres un Xanium renegado? -preguntó, mientras se incorporaba suavemente- Algo así me lo podría esperar de uno de ellos, de nadie más.
Nadie tardó unos instantes en responder.
-Hay fuerzas de la naturaleza que ni los mejores científicos de la galaxia han sido capaces de desentrañar -le replicó-. Sólo un pueblo ha logrado descubrir todos sus misterios… yo aprendí de ellos, mientras los demás os dedicabais a expulsarles… -apretó suavemente los puños- Si te ayudo es porque tenemos en común que queremos que la guerra siga adelante…
Nadie entonces salió de allí, como si tal cosa, mientras los otros dos se miraban con cierta molestia, preguntándose entonces si había sido buna idea contratar a aquella persona. Sin embargo, era algo bastante increíble lo que podía hacer, necesitaban de su lado a un individuo con esas habilidades. De hecho, y tras recorrer el pasillo, el susodicho se encontró con Alione en la planta baja, que estaba sentada apoyada en una de las columnas.
Esta miró con algo de cansancio al guerrero, que se limitó a pasar de largo hasta llegar a una zona algo más apartada, donde desapareció en el aire. Volvió en sí muy lejos, a años luz de allí, en Alfa – Gamma Capricorni 1. Un planeta cuyo aire era de un tono rojizo, aunque deshabitado en aquellos momentos, sólo quedaban las ruinas de un pueblo que lo abandonó para volver a su hogar original años antes. El polvo lo cubría todo, mientras la vida salvaje se expandía por la superficie, sobre todo grandes enredaderas de tonos verdes y turquesas, con los dos soles ya bajando por el horizonte en aquellos momentos. Ante Nadie se alzaba un pequeño cuadrado perfecto color oro, que acarició con cuidado.
Se abrió una pequeña puerta, y un fuerte viento se expandió por la zona en forma de onda, y que barrió un área de mierda y maleza de todo tipo. Procedió a entrar, y, según lo hizo, comenzó a deformarse su cuerpo de una forma que nadie pudiera imaginarlo, entrando en un área que fulminaba todas las leyes físicas o lógicas de casi cualquier forma de vida. El interior era inmenso, mucho más grande por dentro que por fuera, y la puerta externa se cerró según dio unos pocos pasos.
Minutos después, Nadie volvió a dejarse caer en la Tierra, y yendo directamente hacia donde se supone que estaría Arkytior. Tocó la puerta con cuidado, y al no haber respuesta, entró a la sala, donde se lo encontró todo perfectamente ordenado. Sólo destacaba la esfera dorada que el día anterior encontró en el equipaje de la otra, y, bajo la misma, una nota escrita en papel. Se dirigió hacia la misma, tomó la nota, y se limitó a leerla, con el objeto en su otra mano.
-Entiendo… -murmuró- Bueno, si me lo da de regalo… supongo que no lo necesitará.
Se guardó el aparato bajo la ropa, y se limitó a salir por la puerta, para, unos minutos más tarde, encontrarse con Arkytior, que volvía de una reunión con Zormu.
-Estoy hambrienta, nos hemos tirado horas hablando y ya es por la tarde -comentó, mientras se acercaba-, ¿vendrás conmigo, por favor? Creo que Alione no está en especial condición para ello.
Con un asentimiento, encararon el pasillo en un cierto silencio, que sólo fue roto por la política.
-Espero que le puedas dar más uso que yo -comentó Arkytior-. Guardaré el secreto de tu origen y de tu identidad.
Nadie se detuvo en ese momento.
-¿Mi identidad?
-Sí -respondió la otra-. No es del todo seguro, pero… diría que la conozco.
Se acercó suavemente al oído de Nadie y murmuró a su oreja. Arkytior sonrió al ver como Nadie asentía suavemente, y, sin más, volvió a andar dirección al ascensor cuántico.
-¿Qué quiere a cambio?
-Rictania… -suspiró- ¿Sabe de esto?
Nadie negó suavemente.
-Pero puede hacerlo.
-Eso sería fantástico -comentó la política -. Le alegrará saber que estás bien, Nadie.
-Estamos a solas, diría que no hace falta que me llames así.
-Cierto, Daseris, cierto… -tomó su mano- ¿Sabes algo de Larfiria?
Esta negó suavemente, y la otra suspiró, limitándose entonces a andar en silencio.
-Vamos a comer, anda…
Daseris asintió, y procedieron a ir a comer. Se le había ido el santo al cielo con todo aquello, al menos ahora podría descansar un poco. Aquello iba a ser bastante largo, sin duda, y necesitarían fuerzas para ello.
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Al mismo tiempo, y a años luz de allí, una nave imperial salía de uno de los vórtices que permitían la entrada a los caminos celestes que recorrían la galaxia, en concreto, estaban en las cercanías de la frontera entre Sagitari y Gemini, en un sistema sin vida cuya estrella, una tipo alfa, hacía arder uno de los grandes gigantes gaseosos que en torno a ella giraban, había unos cuatro o cinco mundos así. El más alejado tardaba doscientos días estándar en hacerlo, el más cercano apenas tardaba diez. Al estar tan cerca algunos de ellos sólo tenían uno de los lados cara a su estrella, estando los otros totalmente a oscuras. Aparecían en una parte intermedia del sistema, cerca del tercer mundo.
Se veía desde la nave las grandes tormentas que surcaban su atmósfera, golpeada por el viento solar, y que generaba grandes auroras a lo largo de su parte superior, en un espectáculo realmente bello y especial. Sin embargo, Starlight no estaba allí por las vistas, sentada como estaba en frente de los mandos, junto a un amplio grupo de técnicos y otros generales del Imperio. Entre los científicos estaba aquella que había liderado el Proyecto Gran Resplandor, la profesora Faralia, y que se la jugaba ese día.
-Si hoy todo sale bien, en un mes estándar habremos ganado la guerra -murmuraba Star, al lado de ella-. Espero que hayas logrado afinar los defectos previos, profesora.
Esta asintió. Era una joven humana, de la edad más o menos de Beatrice, de pelo negro y ojos verdosos, con unas pequeñas gafas y ropa de laboratorio. El anterior líder del Proyecto fue destituido por una explosión y que casi arrasa con media flota, tuvieron que trabajar apresuradamente para recuperar lo perdido y solucionar los fallos, cosa que, esperaban, ya estuviera hecho.
-Todo saldrá bien, general… -murmuró- Gran Resplandor está preparado, este planeta es el ideal para el experimento.
La otra asintió, e hizo el gesto que daba la orden. De la parte inferior del enorme destructor apareció un grupo de tres largos y gruesos tubos, de unos treinta metros de largo y de un tono blanco. Del interior de la nave comenzó a moverse grandes cantidades de energía, y que venía desde la parte trasera, orientada esta a la estrella del sistema, e, instantes después, se formó un rayo de energía que fue directo hacia el planeta. Segundos después fueron cayendo otros tres rayos más a lo largo de los puntos cardinales del mundo, durante los cuales el aparato tembló con fuerza y las luces parpadearon un poco, saltando los nervios de los presentes.
-Esta vez al menos no ha explotado nada… -murmuró Starlight, mientras se agarraba un poco a lo más cercano -Faralia, ¿ha funcionado?
Esta observó por la ventana más cercana, junto con varios científicos más, revisando los papeles de reojo. Estuvieron así un par de minutos hasta que se decidieron finalmente, momento en que la mujer se acercó a Starlight.
-S-sí… -murmuró, entonces- Gran Resplandor está listo, falta revisar los datos atmosféricos del planeta, señora -explicó-. En unos días podremos saberlo.
Starlight asintió, despacio. Por un lado, con eso sabía que tenían la guerra ganada, sin embargo, no estaba dispuesta a usarla. Era un arma de cobardes y malos guerreros, jamás permitiría su uso. Se debía combatir en el campo, delante del enemigo, no apretando botones, pero sabía que los demás querrían eso. Sintió un suave escalofrío en ese momento, y giró suavemente la vista hacia un latera, debió ser su imaginación.
-Bien, quiero que, en cuanto lo tengáis, me aviséis la primera -ordenó entonces-. Quiero saberlo antes que los políticos.
Y, sin más, los presentes asintieron, sabiendo que ella tenía casi más poder que los del congreso imperial. Casi lo preferían…
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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
