Código Galaxy
Capítulo 28
En la base republicana, el grupo estaba tomando el desayuno con el ruido de fondo de sus demás compañeros charlando entre ellos, mientras las televisiones a lo largo y ancho de la sala retransmitían las noticias de la semana, destacando los intentos por parte de los bandos en guerra de llegar a un acuerdo de paz de algún tipo. Aelita observaba con cierto nerviosismo la pantalla más cercana, con el tazón de leche con las galletas aún en las manos, calentando sus dedos con aquello y manteniendo sujeta la cuchara con el pulgar. Yumi, frente a ella, podía ver como la mirada de su amiga iba de un lado a otro, intentando mantener el hilo de la conversación que estaban teniendo Jeremy con Fan, pero claramente su mayor atención estaba a la noticia de la semana. Llevaban días con eso, se supone que la primera reunión fue hacía un par de semanas.
-¿En qué piensas, Lita?
La aludida se limitó a suspirar, colocándose mejor en la silla, y encarando a la otra.
-Que ojalá esto termine pronto…
Fan golpeó suavemente la mesa con los dedos, pensativa, mientras Aur cuchicheaba con Lectra, estando más atenta a la charla de las dos muchachas la clon que lo que pudieran decir sus demás líderes. Sin embargo, no parecía pensar como ellas.
-Dudo que pase.
-¿Por? -preguntó con interés Yumi- Al final es un gran esfuerzo para todos…
-Para nosotros es nuestra vida, esta guerra -comentó Ritmo entonces, terminando su bebida-. Además, ha pasado muchas veces antes, en la historia de la República.
Las otras asintieron, 50.000 años daban para muchos conflictos. Le pusieron mucho hincapié a un evento en concreto durante las clases de Naipe, cuando se enfrentó la entonces Unión de Sistemas a una de las mayores amenazas de entonces, que era la Liga de los Doce, todos de un único sistema planetario, el de Beta Capricorni 2. Todos los planetas, del primero al duodécimo, fueron con el tiempo transformados por la civilización del cuarto en distancia a la estrella, y del que provenía aquel pueblo originalmente.
Eran gentes de unos dos metros y medio de altura, con cuerpos delgados y finos pero veloces y ágiles, tenían una tecnología muy avanzada y desarrollada, por eso fueron capaces de aquella proeza. Y entraron en conflicto con la República por su deseo expansionista, o eso decían los libros de historias. Aquello fue cuando apenas tenía 5.000 años de recorrido, así que sólo se tienen los registros de entonces… en comparación los seres humanos de la Tierra, cuando aquello estaba sucediendo, seguían viviendo en cuevas y pintando sus paredes con bisontes y escenas de caza.
-Ha habido muchos intentos de paz en las muchas guerras que hemos tenido, y casi ninguno fructífero -recordó Yumi-, en nuestro propio mundo ha sido así, o ambos bandos estaban muy jodidos o nada… y no sé si es el caso.
-Lo dudo -respondió Aelita, levantándose-. ¿Vamos? Tenemos que pasar a cambiarnos e ir con Cubo a correr… qué pereza…
-No es para tanto -Jeremy se unió a esa charla-. Pensad que luego tendremos los entrenamientos para los Juegos Lakyos, y ahí nos lo pasaremos mejor.
Los clones miraron a sus superiores con cierto orgullo. Compás, de la mano de Odd, le sonrió suavemente, mientras Ventura y Dinamo escoltaban a Jeremy por los pasillos, adelantándose a los demás como siempre hacían, y bajo la atenta mirada de Muralla, el resto encaraba los pasillos para ir a prepararse. Aur y Lectra paulatinamente se habían unido al grupo, por cercanía del lugar en el que estaban durmiendo y sintonía con ellos. A la segunda se le hacía mucho más sencillo convivir con ellos por venir de un mundo mucho más parecido al suyo que cualquier otro, donde la tecnología no era tan importante como en otros sistemas más avanzados… Para ellos todo era muy novedoso, a pesar de llevar ya una buena temporada ahí viviendo, eran niños pequeños en aquel entorno aún, y su aprensión a toda cosa que tenga circuitos y cables era incompatible con cualquier grupo menos con ese.
-Es mejor pertenecer a este escuadrón que formar uno por nuestra cuenta -ellas iban ligeramente por detrás, sólo el clon estaba más rezagado-. ¿No crees, Lectra?
Esta asintió, los colores de sus bandas brillaban en un suave tono dorado, y una sonrisa apareció en su rostro.
-Algo me dice que ese muchacho y tú tenéis una intensa conexión, ¿verdad?
Aur apretó suavemente su mano, y miró a su compañera.
-Sí, es el que tiene las visiones más potentes que he visto en mucho tiempo…
La otra la miró con cierta sorpresa, luego tendrían que hablarlo, porque aquella era un tema delicado cuanto menos. Si estaba teniendo esas visiones implicaba que ese chico tenia dos poderes de forma natural, y muy pocos tienen ese privilegio, de hecho sólo conocían a Shamarya … Y el contenido sin duda era importante, eso pensaba Aur al menos. Como interprete, solía apuntar lo que el otro describía, pero para poder hacerlo con seguridad tenían que conocerse más a fondo, y eso implicaba acercarse.
Pensando en ello llegaron hasta la planta que tenían asignada, donde todos los demás ya se estaban cambiando o estirando un poco el cuerpo. Cubo no debía tardar demasiado en llegar, era puntual como él sólo, así que fueron directas a la zona de chicas, donde procedieron a ponerse la ropa deportiva. Una camiseta de manga corta blanca, pantalones grises cortos, deportivas y una larga pista plana durante las siguientes dos horas, para luego reunirse con sus maestros cara a cara por primera vez.
-Yo iré bajando para hablar con Cubo y Naipe -Jeremy estaba ya cambiado, se disponía a salir ya-, en cuanto estéis listos id bajando, en diez minutos tenemos que estar todos, ¿entendido?
-¡Hoy le daré una sorpresa a nuestro querido entrenador! -exclamó Odd- Será realmente divertido, va a flipar.
Tenía en sus manos a su pequeña mascota, a la que acariciaba suavemente en el lomo, iba creciendo poco a poco pero con buen ritmo, ya poco a poco mostraba chasquidos eléctricos y empezaba a pelear con las piernas de los demás, dándoles a veces con las patas delanteras, o mordiendo suavemente los dedos. Lo hacía como juego, pero poco a poco sería con más fuerza, así que le iban a tener que enseñar a Kiwi 2 cómo portarse mejor. El resto tuvo que reír por la afirmación del otro, al que habían visto ya un par de veces tatareando, los chicos habían identificado el ritmo a la perfección, de hecho incluso los clones, y es que le habían dado una idea a Cubo a la hora de entretenerse a la hora de correr, pues si no iba a ser un aburrimiento.
Por eso, tras varias semanas, le habían propuesto hacer como en las películas americanas, y era cantar algo mientras estaban con la carrera. Y el clon estuvo encantado, así que comenzaron a hacerlo con cierta habitualidad, y el muchacho se tendría que haber inventado una versión divertida, pues hasta ahora sólo habían tarareado.
-¿Tenemos que asustarnos por la letra? -preguntó Yumi, divertida- ¿O te vas a contener?
El otro se encogió de hombros, y dejó a un lado a Kiwi, que salió correteando hacia a saber dónde, y procedieron a salir. Mientras, Jeremy efectivamente había bajado hasta donde Cubo estaba, ya con las cosas preparadas.
-¿Todo listo, Cubo?
Este le saludó con un suave gesto, y asintió.
-Sí, pero hoy seremos muy breves -comentó el otro-, apenas un par de vueltas, tenéis reunión urgente con la capitana Lykaris.
El otro la miró con sorpresa, esa era Asmeya. Debía ser relevante lo que tuvieran que contarles para cortar de esa manera el entrenamiento.
-¿Luego seguiremos con el entrenamiento previsto?
-Tenéis que hablar con vuestros futuros maestros, así que empezaréis ya con es entrenamiento básico, a nosotros nos veréis cada vez menos.
Jeremy, cruzado de brazos, se percató de que por allí llegaba la propia Asmeya, parecía bastante nerviosa y con una mochila hasta arriba de documentación. Ella acababa de volver de reunirse con Seriel, con muchísima información y muy importante, estaba acelerada y ni bien se acercó hasta Jeremy, le tomó del brazo.
-¿Podemos hablar en privado mientras los demás charlan con sus maestros?
-Claro… ¿sucede algo malo?
-Es difícil, Cubo, te dejo con ellos, explícaselo a los demás cuando lleguen.
Este asintió tras cuadrarse ante su superiora, y la mujer llevó al otro a toda velocidad hacia el edificio más cercano, a la vez que el resto del grupo se acercaba hacia el clon, sorprendiéndose de no ver allí a Jeremy, suponiendo que ya estaría allí con él. Odd sonrió suavemente por dentro, pudiendo llevar a cabo su plan sin mayores problemas se lo iba a pasar bastante bien.
-Bueno chicos, hoy os tocará correr un rato más cortó de lo normal, Stones, tú lideras, el alférez ha tenido que acompañar a la capitana Lykaris por una urgencia.
Esta asintió, momento en que ordenó que formaran un círculo para empezar a calentar los músculos, recordando lo que había dicho su pareja minutos antes. En cuanto estuvieron listos, y en formación de tres por línea, Aelita iba por delante de los demás, aprovechando ese momento Odd para comenzar con su broma, lástima que Jeremy se la fuera a perder…
Este, de hecho, estaba acompañando por un pasillo a la mujer, yendo directos hacia un ascensor cuántico. Asmeya se había mantenido callada en todo momento, pero él podía notar con más claridad que estaba manteniendo algo en secreto, y debía ser relevante. Estaba seguro que tenía que ser especialmente importante, si era capaz de hacer que sintiera tan intensamente, teniendo en cuenta todo lo que, seguro, había visto.
Según subieron hasta la planta de destino, el muchacho supo que estaban en la zona de oficiales por la calidad de los materiales, pero no tuvo tiempo de ver nada del pasillo, teniendo que seguir a la chica hasta uno de los despachos, donde esperaba su futuro maestro, Seriel Kimara, cruzado de brazos mirando por la ventana.
-Muchas gracias Asmeya, puedes quedarte si quieres…
-¿Sucede algo, general?
El otro suspiró un poco.
-Bueno, tenemos todo un cuerpo de espías dándonos información del enemigo, eres un muchacho inteligente, supongo que te lo esperabas.
El aludido asintió.
-Yo haría lo mismo, imagino que daréis por hecho que hay espías imperiales entre nuestras filas…
Seriel asintió suavemente.
-Por desgracia así es, pero no nos podemos dejar llevar por la paranoia, yo suelo dar por hecho que no lo son, pero nunca se sabe -recuperó unos documentos de una de las pilas cercanas-, uno de ellos nos ha dado múltiples reportes, hay uno que te interesa en especial.
Jeremy tomó el mismo, temblando suavemente. Era corto, apenas unas pocas hojas, y lo que leyó era lo esperable, si se paraba a pensarlo… y le alegraba profundamente.
-Hay más humanos de mi mundo involucrados…
-Sí, en el Imperio algunos habrán sido muy probablemente tomados como esclavos, y otros usados para convertirlos en nuevos Xaniums.
El otro asintió, despacio.
-¿Este espía está con otros de mi mundo, entonces?
Seriel notó que su voz estaba suavemente quebrada, era lo normal si estaban muy arraigados a su lugar natal, así que asintió.
-Eso parece, por seguridad nunca se relevan nombres, sólo lo menciona, y bueno… -tragó saliva entonces- Pensé que lo querrías saber. Estoy seguro que hay más como ellos.
Jeremy asintió, leyendo más detenidamente la información. Sólo se decía que era un grupo unido, liderado por una Xanium poderosa y especialmente joven, un talento nato entrenado por la más poderosa de los suyos. Le habían enseñado costumbres de su hogar, y había logrado ponerlos de su lado para ayudarla, por eso podría dar mucha más información sin miedo a no estar tan expuesta por ir en solitario. El único nombre que aparecía era el de Dakión.
-Muchas gracias, general…
El chico se inclinó sobre su cuerpo suavemente, apretando con cierta fuerza el documento, pero el otro negó un poco.
-También te quería aquí para hablar contigo de vuestro futuro cercano como grupo.
Le invitó con un gesto a sentarse, aquello seguro que iba para rato. Al mismo tiempo, y tras dar un par de vueltas a la pista de atletismo, Odd se lanzó a cambiar el tarareo de la canción por una letra más… divertida.
-¡Estamos en la instrucción, vamos a entrenar mogollón!
Los otros le miraron de reojo, pero repitieron a coro lo que dijo como pudieron.
-¡Saltar correr y esquivar, la rutina de entrenar! -y una vez más los demás cantaron a coro la estrofa- ¡Sudamos la camiseta con pasión, para ser de lo mejor!
Y cuando sus compañeros terminaron la replica, no perdió de vista a Cubo.
-¡Cubo es muy capullo, nos hace entrenar mazo duro!
-¡CADETE DELLA ROBBIA!
Este se rio con ciertas ganas, el clon se había detenido, con mala cara, y Aelita tuvo que detenerse, junto a los demás, que le miraron con cierta sorpresa. Hasta ahora lo que había hecho el otro era desordenar adrede el armamento, o las prendas de los dos superiores, o por ejemplo dejar a Kiwi por el pasillo para que hiciera sus necesidades en lugar de llevarlo a una zona de hierva. Otras muchas se limitaba a hacer ruiditos en las clases, pero, aunque los demás apoyaban sus acciones al inicio, poco a poco todos se fueron bajando del carro, el último fue Ulrich, que vio excesivo hacer una pintada en el cuarto de Cubo.
-Le va a caer una buena… -murmuró Ritmo, cruzándose de brazos- Va a conocer lo que es un clon realmente cabreado.
Este corría detrás del otro, alcanzándole en pocas zancadas cuando fue detenido por el resto de sus compañeros, a quienes miró con mala cara. Cuando Cubo le enganchó por la camiseta, le comenzó a arrastrar, mientras Odd se intentaba zafar, sin demasiado éxito. Para que no vieran más de aquel lamentable espectáculo, Aelita les puso a correr de nuevo, esperando que no hubieran sido vistos por demasiada gente, ese día no estaba demasiado concurrido aquel sitio, al menos…
-¿No deberíamos haberle ayudado, jefa Aelita?
Aquello lo había dicho Muralla, tomándola suavemente del hombro. Ellos jamás harían nada contrario a sus líderes, por eso no hicieron nada al ver que ellos ni se movían, aunque en su fuero interno quisieran proteger a Odd de alguna forma. En especial dos de ellos, pero su sentido del deber era más fuerte.
-Así aprenderá que no estamos más en casa -comentó entonces Aelita, mientras movía los tobillos suavemente-. Sigamos adelante, luego seré yo la que le explique qué pasó a Jeremy, ¿vale? No sé cuanto tardará en volver…
Los otros asintieron, y, obedientes, continuaron la carrera en silencio. Al mismo tiempo, Cubo había llevado al muchacho del brazo hacia uno de los ascensores cuánticos, nadie se percató de ellos, así que se acercaron hasta uno que estaba libre y subieron al mismo. En lugar de pulsar en la zona de las plantas superiores, el clon pasó a la de las inferiores, sin dar demasiado tiempo a que Odd pudiera ver nada, y, en un abrir y cerrar de ojos, aparecieron en el pasillo seleccionado por el otro.
-¡Arena, aquí, ahora!
Apareció de inmediato una clon, que se cuadró ante el otro, y tomó de inmediato al chico por la misma zona que lo tenía amarrado Cubo. Con un quejido se colocó a su vera, atendiendo a lo que se decían esos dos, pero en esos momentos su línea de pensamiento iba en otra dirección.
-Le llevaré a una celda adecuada temporalmente, señor.
Y, sin más, tiró de él hacia una de las habitaciones, que, tras abrir, metió por la fuerza al otro ahí dentro, saliendo entonces y dejándole sólo. Se acercó ella a Cubo, que estaba rellenando los papeles ya, mientras pensaba en qué y cómo poner la información, bajo la atenta mirada de Arena. Su piel bronceada resaltaba y estaba en sintonía con su pelo dorado, sus ojos pardos se movían rápidamente por los papeles que su compañero ya había rellenado, interesada en lo que ponía.
-Estará dentro de su celda provisionalmente todo el día, pero su alférez vendrá por aquí cuando acabe una reunión que tiene, si decide liberarle le explicarás el mínimo por insubordinación, ¿entendido, Arena?
La aludida asintió, conforme, y recibió la documentación del superior, que suspiró cansado.
-Si viene preguntando Naipe no digas nada, por favor -pidió, y ella asintió-. ¿Sabes algo de Luz y tus antiguos compañeros?
Ella negó, suavemente, mientras se encaminaban a la centralita. La zona de celdas eran varios pisos, con forma de cruz con múltiples aspas, con un único pasillo central y unos cuantos perpendiculares a este, entre diez y quince según lo grande que fuera la base, y ella era la que estaba al mando de esa planta.
-Desde que me movieron de compañía no he podido entrar en contacto con ellos… les echo de menos, señor…
Cubo podía entender eso, se rascó suavemente la nuca mientras ella se sentaba ante el escritorio de la oficina de la planta, desde donde se podía vigilar todo. Ella había llegado en una remesa… en el informe se decía que eran diferentes a los demás clones, como fue algo generalizado de aquella promoción los dos bandos tenían muchos individuos de esa vez, y no había sido raro que se separaran los escuadrones entre los dos bandos, algo inaudito pero que los clones, en un acto de hermandad entre ellos, llevaron a cabo. Los mandos encolerizaron cuando se enteraron, pero no se atrevieron a hacer nada contra ellos, así que se limitaron a ponerles en aviso de que la próxima vez serían castigados severamente.
-Ya sabes que me alegro de que estés aquí…- murmuró el otro, limitándose a poner su mano en el hombro de ello- Tengo cosas que hacer, ten buen turno.
-Oye, Cubo -este ya estaba encarando el pasillo, pero se giró a mirarla-, luego… ¿querrás tomar algo en la cantina?
Este sonrió suavemente y asintió. Y mientras ellos estaban allí, el grupo había terminado de correr cuando llegaron los futuros maestros que les iban a enseñar el manejo de la energía. Sin embargo, Rictania echó en falta a Odd, se preguntó dónde estaba, pero no le dio tiempo a preguntar por ello, pues, según se acercaban, llegó Seriel Kimara junto a Jeremy. Ulrich también echó en falta a Alione, pero la había visto varias veces en las noticias junto con Arkytior en la Tierra.
-Caballeros, amazonas, es momento de reunirse, muchas gracias por venir todos tan rápidamente, lo agradezco -miró a los clones del grupo-, vosotros también venís, claro.
-¿Y Odd?
Aelita suspiró por esa pregunta de Jeremy.
-Te lo cuento ahora…
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Mientras, a años luz de allí, en la Tierra, era un Sábado más en Marsella, y las dos familias – los Magné y los Knight – habían salido a comer fuera a un restaurante que regentaba uno de los amigos del viejo Tom, y que había insistido en ir a celebrar el cercano cumpleaños de Bernadette. Esta se había negado a que los demás fueran a pagar nada… hasta que el señor Dominic comentó que les iba a invitar, cosa que no pudo evitar por más que insistiera. Era un anciano de la edad de Tom más o menos, solían salir a jugar a la petanca ellos y varios más, y compartían batallitas: Tom de su época del ejército, y Dominic de cuando era camarero y luego cocinero en su propio local.
-Muchas gracias, amigo -comentaba Tom, con un café delante-, agradezco el gesto por mi niña.
-No me quiero imaginar si fueras su hija de verdad -bromeó Sam-, si ya te tiene en palmitas…
-Todo por un héroe de guerra, joven -el tipo se les había unido, después de dar los postres, él mismo los había cocinado para ellos-. Además, me agrada echar una mano a los vecinos.
Los otros asintieron, desde hacía tiempo se sentía una calma bastante grande en la Tierra. Zonas antes conflictivas eran un remanso de paz en aquellos momentos, a nadie se le ocurría montar alboroto de tipo alguno, y, si se quería hacer, era mejor hacerlo a medio o largo plazo. Ya se conocían los mayores cómo trabajaban los tiranos, Zormu no parecía ser en especial diferente.
-En fin, ¿cómo os estáis portando en el colegio, niños?
Los aludidos se miraron, algo nerviosos, pero asintieron un poco.
-No damos problemas, si es a lo que se refiere…
Dominic asintió suavemente.
-Sobre todo porque me han comentado de vuestros antecedentes a la hora de… bueno, saltar, pero parecéis niños inteligentes -le daba vueltas a la bebida con su cuchara-. ¿A ti cómo te va con los imperiales, joven?
Fue entonces que miró a Gabrielle. Sus dos sobrinos, frente a los dos adolescentes de la otra familia, se removieron suavemente en sus sitios. La mujer suspiró suavemente.
-Nos tratan bien, a mi grupo de trabajo, no nos hacen trabajar más horas de las planteadas en un inicio, y el trabajo avanza lento pero seguro -comentó ella-, la tecnología de esta gente en materiales y forma de construir es… alucinante.
-Algo bueno tenía que traer todo esto, me alegra que estés aprendiendo, querida -Dominic sonrió suavemente, y posó su mirada en Tom-. Bueno, no sé en qué puedo ayudaros, pero cuenta conmigo…
Este suspiró suavemente, mientras se rascaba algo la mejilla.
-No será algo inmediato, ya sabes, estas cosas hay que cocinarlas a fuego lento -comentó-, ¿viste lo que le pasó a esos muchachos de Los Halcones de Sao Paulo?
-¡Oh, cómo no verlo, si abrió las noticias!
Los más jóvenes se sintieron algo nerviosos cuando vieron aquello, al imaginarse ellos en esa situación. Similar cuando atraparon al antiguo, no sabían si llamarlo novio, de Sam. Los imperiales no se lo tomaban en absoluto a broma según qué, y se demostró aquella mañana de Martes, aunque ellos lo vieron a mediodía.
-La verdad, mostrar la ejecución de una veintena de críos de no más de quince años en pleno directo es sorprendente -comentó Dominic, encendiendo un cigarrillo entonces-, y sobre todo efectivo, lo hacen cada vez que alguien se les sube a las barbas.
-Más a nuestra favor de no hacer nada, ¿me oís? -Bernadette miró directa a los ojos de sus dos hijos-. No os metáis en líos innecesarios.
-Hay que decir que se han portado muy bien en este tiempo -comentó Gabrielle-, nos han obedecido en todo y todo lo hacen sin ser vistos, así que pueden seguir así.
-¡Gracias, Gabi! -comentó Percy, sonriendo- Además, estamos haciendo de hermanos mayores con Johnny.
Sam evitó soltar algún comentario respecto de Taelia, que miró sonriendo al muchacho, era una verdad como un templo. Había que reconocerlo, en cuanto a ideales eran como el agua y el aceite, pero esa sonrisa… a veces soñaba con ella, y no sólo con ella, aunque no iba a admitirlo. La hermana de él, por su parte, se limitó a observar la escena, disfrutando de ella mientras los mayores seguían de cháchara.
-Si no os importa nosotros vamos a salir a airearnos…
Su madre les guiñó un ojo, limitándose Gabrielle a indicar su aprobación con un pulgar en alto, así que los menores salieron a la calle. Hacía algo de calor, estaban en Julio y el Sol apretaba, habían tenido un par de semanas más de lo normal a clase por lo perdido con la invasión, pero habían salido bastante bien de aquel curso, los profesores habían levantado bastante la mano a falta de nueva materia que tener que impartir… porque era evidente que iba a ser así.
-Mañana habría que ir a la piscina, me gustaría poder estirarme bajo el Sol…
-¿Para qué ir allí, si tenemos el mar al lado?
A eso que comentó Johnny, Sam tuvo que asentir.
-Pues sí… Taelia, ¿tienes bikinis?
Esta la miró con cierta sorpresa.
-Claro, ¿por?
-Espero que no sean de esos de niña pequeña que se usaban en Kadic, qué horror…
-¿Te refieres a los que cubren también la tripa?
Percy iba algo colorado por aquella conversación, que por supuesto su hermana había elegido adrede para que él escuchara. Johnny, mientras, se había adelantado un par de metros, mirando los escaparates con interés.
-No soy de las que le gusta quedarse zonas de la piel sin poner moreno -comentaba Talia-, por eso suelo tumbarme boca abajo y bajar el nudo, y aprovechar todo lo que puedo en la zona del pecho, tú eres una suertuda y no necesitas nada de eso…
Sam suspiró un poco.
-Me gusta más un tono algo más claro, pero no me puedo quejar -reconoció-, ¿verdad, Percy? Nunca nos hemos quemado.
Y procedió entonces a dejarles algo más a solas, llegando hasta el hermano menor de su amiga, a la que dejó con el suyo, notando cuando miró de reojo hacia atrás que se habían llegado a tomar de la mano. Por eso abrazó al más joven por detrás, que se estremeció suavemente por el suave contacto de la otra.
-Dime Johnny, ¿cómo estás?
Este suspiró un poco.
-Me he ido acostumbrando a nuestra nueva vida, aunque es complicado… -reconoció- Aquel día pasé miedo, cuando nos pidieron tener que ir a probar suerte para el puesto de asistente de Zormu… y también en la vez que, bueno, hicieron aquella redada.
Y cómo olvidarla. Además de la vez que diezmaron la población, hubo un par de semanas en las que se dedicaron a llevarse a gente para, en teoría, servir en el ejercito imperial. Sorprendió a muchos porque eso pasó al inicio de la invasión, y esa segunda tanda fue varios meses más tarde, aquella vez fue aproximadamente el cinco por ciento de la población total. Según Gabrielle, necesitaban mucha mano de obra para según qué cosas, al poco también llegaron nuevas remesas de clones y agentes imperiales.
-Me gustaría saber qué ha sido de toda esa gente, pero me da que jamás lo sabremos…
Habían recorrido parte de la avenida ya, manteniéndose en la misma acera del local en el que los mayores estaban, y decidieron ir a la terraza más cercana, donde se sentaron para tomar algo. Sam mandó un mensaje a su madre para indicarles dónde estarían, y se pusieron bajo una sombrilla.
-Luego podríamos bajar a la playa, ¿no?
A esa idea de Sam los otros asintieron. En esa misma terraza estaba en su día de descanso no sólo los adultos de sus familias, había una clon en uno de los laterales, en concreto, se trataba de Luz. Había salido de los barracones donde normalmente residía, con unas gafas de aviador oscuras, pantalones cortos vaqueros, zapatillas deportivas y una camiseta corta de unos dibujos que le llamaron la atención. Tenía delante una jarra de un líquido local de un suave tono morado con muchos hielos, le sabía muy agradable en especial en ese local, así que, cada vez que podía, iba hasta allí. En su campo de visión veía a solo desconocidos, hasta que se percató de la llegada de Gabrielle, pero estando tan escorada esta no podría verla… y lo prefería. Suspirando, giró su rostro hacia el inmenso mar, era realmente hermoso.
-¿Cómo es posible que haya tanta agua junta en un solo lado…?
Sintió que a su derecha se sentaba alguien pesadamente, pero por el suave olor de su colonia le identificó perfectamente.
-Se formó hace millones de años, de ahí salió la vida de este mundo -la voz de James confirmó lo que ella ya intuía-, es hermoso, sin duda.
-Pensaba que estaría en su casa, descansando.
El otro suspiró un poco.
-Me comen las paredes, y mi mujer se pasa el día trabajando también… -reconoció, fue entonces que llegó el camarero-, ponme otro de estos, por favor, y cóbrame -puso sus manos en el regazo, mientras se acomodaba-. Nunca te cases, Luz, rompe toda la magia.
-Es un vínculo hermoso, el que hacéis en este mundo.
-Al principio, pero luego se puede torcer -comentó James, mientras se encendía un cigarrillo-, en fin, no te molestaré más, Luz, que ya bastante me aguantas.
La clon le miró levantarse, ni se había dado cuenta que ya le habían dado el cambio y su bebida, instantes después volvía a estar sola. En cierta medida lo prefería, se pasaba el día con ellos charlando o vigilándoles, y en ese tiempo les había tomado cierto cariño. Pensaba en ello mientras de reojo observaba a los grupos de familias charlar, a amigos divertirse… y sintió cierta envidia, echaba aún de menos a su viejo grupo. Arena, Sastre, Llovizna y Pan, uno de los grupos de la 104.258º hornada de clones, grupo vigésimo primero de infantería ligera, dos varones y tres mujeres, y que, como los demás, habían sido separados convenientemente por su defectuosidad…
Golpeó la mesa con el puño al recordarlo, pero nadie se dio cuenta de ello, total, nadie se fijaba en los clones. Eran formas de vida de segunda, sin relevancia real, carne de cañón para que vida verdadera no muriera en el frente de la batalla. Eso se lo habían inculcado desde siempre, hasta ellos que estaban rotos lo sabían. Se limitó entonces a levantarse, ya teniendo pagada su bebida, y fue directa hacia una de las monoplazas que estaban por allí aparcadas. Se sentó a horcajadas en el asiento, encendió el motor con un suave movimiento, y llevó las manos al manillar, suspiró un poco al acordarse del casco, así que se colocó la diadema que servía como fuente de energía del plasma que formaba esa protección. Procedió a conducir de vuelta a la base, allí se encerraría en su cubículo, o mejor, soltaría el cabreo mientras disparaba contra una pared con un arma láser, o golpearía un saco de arena o algo. Cuando se acordaba de lo que pasó… simplemente la rabia la llenaba.
-Y lo peor es… que realmente no recuerdo la razón…
Era una cosa común entre los suyos. Ninguno de ellos recordaba la motivación de que fueran defectuosos, sólo que lo eran, se demostraba a menudo cuando perdía la coordinación de pronto de brazos y pies, o cuando el ojo con el que estaba apuntando de pronto deja de enfocar en la dirección adecuada. Por eso no solía usar armamento pesado, o maquinaria bélica, o siquiera vehículos de tipo alguno. Pero en momentos así se permitía el lujo de arriesgare, además, eran los mandos los que no la dejaban esas cosas, Luz era consciente que pasaba muy poco a menudo y podía hacerlo con cierta seguridad.
No tardó demasiado en cruzar las calles de Marsella hacia la base imperial. Los vehículos locales se apartaban al verla pasar, sólo deteniéndose en los semáforos o pasos rayados – de cebra, los llamaban los nativos – y `por tanto no tardando demasiado en esa ruta. Para evitar represalias de los oficiales de la base, en lugar de cruzar hasta el final la avenida se desvió por una carretera perpendicular a la principal, pudiendo así hacer un rodeo y llegar desde atrás, donde sólo los imperiales podían ir, allí no tendría que dar tantas explicaciones por haber sobre todo otros clones… los únicos que, de alguna forma, la respetaban. Y los humanos a su cargo, pero casi que no contaba, porque siempre tenía una L-400 o más en las manos.
Se dirigió del tirón hacia la zona trasera del complejo, viendo a pocos centenares de metros de donde estaba la centralita donde sus compañeros esperaban a la nada absoluta, pues normalmente nadie iba por allí que fuera reseñable. Cuando escucharon el motor del vehículo, que se fue deteniendo según llegaba hasta ellos, se giraron y comprobaron con una suave sonrisa que se trataba de ella. Al ser de las mayores, y pese a su igual rango de soldados rasos, era bastante respetada por ellos. Detuvo su vehículo ante la pequeña caseta, donde otro clon esperaba con la ventanilla ya bajada, el aire acondicionado se sentía salir del interior, y un rostro masculino se presentó ante ella.
-Buenas tardes, Roca -le saludó-, he disfrutado bastante del descanso, pero prefiero volver a casa… ¿me dejas pasar?
Ella le tendió su tarjeta, con la que se identificaba cada vez que entraba o salía, o para moverse por el interior de las instalaciones. Su compañero la recibió, la pasó por un escáner, y la barrera de plasma se retiró, dejando pasar a la otra. Las protecciones de aquel lugar no eran especialmente importantes, nadie se atrevía a ir allí a atacar, ella era de las que pensaba que se tenían que reforzar, los muros de protección eran de 4 metros y con armamento en los puntos de entrada, pero poco más. En caso de ataque coordinado no sabía si podrían proteger la plaza, pero nadie la escuchaba entre los mandos medios… puede que tuviera que comentárselo a los humanos con los que estaban, al final ellos eran los que mandaban más, pero eso sería darle información delicada a gente que…
-Entiendo… es lógico, si te paras a pensarlo.
Dejó el monoplaza en el hangar que servía como garaje, era evidente que ellos no iban a hacer nada para mejorar las protecciones, más que nada porque podría interesarles a largo plazo el conocer la infraestructura y los puntos clave por los que acceder. Era tan evidente que era hasta grosero, pero nadie parecía darse cuenta. Eso, o ni lo pensaban, o no querían darse cuenta. No sería algo raro, dados los antecedentes. Según descendió de su vehículo, se limitó a dejar las llaves en el cuartelito, y se quedó en el exterior del hangar, pensativa.
Tardó un par de minutos en decidirse a andar, y se dirigía ya hasta su barracón, cuando se encontró con la última persona que pensaba en ver por allí, pues era el agradable Thibaut Diop, con unos cuantos papeles en las manos.
-¿Qué haces aquí? ¿No era tu día libre?
-Y así era, pero habían llegado ya los contratos de compraventa de mucha materia prima, y los tenía que revisar para firmarlos o no -comentaba, acompañándola-. Ya me iba, de hecho, ¿y tú?
La aludida suspiró un poco.
-Acabo de volver de tomar algo, estaba algo pensativa…
-¿De qué?
-Muchas cosas… ¿podríamos hablar?
Thibaut asintió suavemente, y fueron de nuevo hacia el hangar, donde él había aparcado su coche. Se acercaron al vehículo y ella se sentó en el asiento del copiloto, mientras observaba todo desde la ventana, con bastante interés. Era una tecnología que, desde la perspectiva de Luz estaba muy atrasada, pero que para ellos era puntera. Se limitó a ver cómo salían de las instalaciones nuevamente, los clones ni preguntaron al ver allí a la clon, limitándose a dejarles pasar tras saludarles suavemente, con un suave gesto militar a su compañera.
-Bueno, supongo que debe ser algo relevante, lo que tengas que decirme.
Ella asintió a esas palabras, y suspiró suavemente.
-Así es, la verdad, pero no quiero molestar tampoco…
En el fondo no quería decirle tampoco que sospechaba de su lealtad, aunque, para ser sincera, ella tampoco le tenía especial simpatía al Imperio, pero a sus compañeros sí. Si no se había quitado la vida antes, dolorida por el trato de los mandos, era por ellos. Y su instinto de supervivencia, para qué negarlo. No era la primera vez – y tenía pinta de no ser la última – que colocaba su arma de luz en la sien o dentro de la boca, la noche anterior lo intentó por enésima vez, pero nunca acababa de apretar el gatillo, nunca se atrevía. Otra razón para creerse defectuosa, era una cobarde nata.
-No molestas, de hecho te diré lo mismo que le decía habitualmente a mi hija, Tamiya -comentó, ella notó la tristeza en su mirada-. Los sentimientos, mejor fuera que dentro, y si algo te preocupa, siempre tendrás a alguien a quien se lo puedas contar.
Luz se limitó a mirar al frente sin más, preguntándose muchas cosas. Debía reconocer que ese grupo de humanos era, cuanto menos, interesante.
-Antes vi a grupos de gente, parecían estar pasándoselo bien… no tengo a nadie así, me temo -reconoció ella, suspirando algo-. Soy una clon defectuosa…
Era algo que solía decir cuando le pasaba algo negativo, pero no habían llegado nunca a lograr que diera más explicaciones.
-Yo te veo bastante completa, la verdad -reconoció Thibaut, mientras aparcaba en una calle de bares, cerca de donde había estado la otra-, he quedado con James, tómate algo con nosotros y nos explicas, si quieres…
Ella le miró con cierta sorpresa, era la primera vez que nadie le invitaba a algo, ni los demás clones, que se limitaban a dejarle espacio. Luz lo agradecía, pero ahora se encontraba con aquello… y en cierta medida lo prefería. Ambos salieron del vehículo, el hombre cerró el coche y le indicó que la siguiera, así que ella fue a su vera, sonriendo suavemente con las manos tras la espalda, llegando al sitio tras cruzar un par de aceras. Se sentaron en la terraza junto al propio James, que ya se estaba tomando la tercera jarra, junto a él, Verasha y Alexei Solovieff, sólo faltaba Gabrielle para estar todos.
-¿N-No será una trampa, verdad?
-Por supuesto que no -James la miró con cierta diversión-, además, nos veríamos mañana en todo caso, ¿no?
Luz tenía que reconocer que así era, así que se limitó a sentarse en una de las sillas libres, Thibaut se sentó a su lado y pidieron sus bebidas y algo de comer. Cerca estaba la propia Gabrielle, tomando unas cervezas junto a Brigette, Tom y Dominic. Los menores se habían ido a un cercano parque a jugar, así que la joven decidió presentar a los otros a sus compañeros de trabajo. La reconquista comenzaría con aquella conversación, o moriría antes siquiera de nacer.
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A años luz de allí, Beatrice descansaba en la cama, con una tablet en la mano, piernas cruzadas y la cabeza apoyada en el cabecero. Starlight se estaba quitando las ropas de gala que llevaba, maldiciendo en suaves murmullos, para acabar sentándose cerca de la otra, que la contempló, ligeramente sonrojada. Pudo ver las pequeñas cicatrices en la espalda de la otra, que le tendió un bote con una crema. Sabiendo lo que pedía, se echó algo en la mano, y procedió a untar la espalda de la otra, que suspiró un poco.
-Saben que odio las comidas de empresa, y me llevan a todas… me cago en sus muertos, Bea, en serio lo hago…
La aludida reprimió una suave risa, y empezó a masajear sus hombros, disfrutado en silencio del tacto de la piel de la otra, y que comenzó a relajarse.
-Piensa que ya hemos logrado los materiales para Gran Resplandor, y a un buen precio -comentó, sonriendo-. Pronto podremos producir en masa.
-Un arma de cobardes, aunque me lo ordene el "emperador" -usó sus manos para enfatizar esa última palabra -, no pienso usarla jamás, es un juramento…
-Eres demasiado noble, Star -susurró ella-, los otros generales no dudarán en usar su poder las veces que haga falta…
Se estremeció un poco, y la mujer se dio cuenta de ello. Suspiró un poco, se recolocó, y miró a la otra, acarició su rostro suavemente.
-Yo no soy como los otros generales, creo que te has dado cuenta de ello, ¿verdad?
La otra asintió, despacio. Dudaba, y Star vio eso, pero se limitó a darle de nuevo la espalda. Ambas sabían lo que había, y era demasiado agradable para romperlo en esos momentos. Estaban solas en aquella planta del principal edificio residencial de Delta Escorpi 8, su gran estrella iluminaba con fuerza aquel planeta, pero no era en especial caluroso en aquellas latitudes, y pese a ello, seguían haciendo unos agradables 20 grados. En el ecuador hacían cerca de 50, pero lo bueno de aquel lugar estaba bajo tierra. Y para eso estaban ellas allí.
-No, no lo eres… eres una estrella resplandeciente, la más poderosa de la galaxia, aquella que va, ve, y vence allá por donde pasa…
Star no pudo evitar poner una suave sonrisa.
-Si fueras otra pensaría que eres una maldita… ¿se dice pelota, no?
-Sí.
-Pero no lo eres… -murmuró, y en ese momento se giró plenamente- Y por eso me gustas.
Beatrice suspiró, y asintió. Evitó mirar el pecho de la otra, por respeto, pero Starlight retiró suavemente su pelo, permitiendo ver a la otra con más facilidad.
-Star, por favor, yo…
Esta la abrazó suavemente, pegándose a ella, mientras respiraba pesadamente, haciendo que la otra se quedara algo tensa al inicio, pero respondió al mismo, acariciando la espalda de la otra.
-Eres una… hermana para mí, Beatrice… -murmuraba la otra- Si algo te pasara, como con Seriel, perdería la cordura…
La otra se sonrojó. Llevaban juntas prácticamente un año, se pasaban los días al lado de la otra, sólo cuando Star salía al combate estaban separadas, o si esta mandaba a la otra a una misión, como cuando fue hasta Delta Pisci 4, donde conoció a Laura y al resto de su grupo.
-Star, yo… -se sonrojó un poco, mientras esta la miraba- Tú amas a Seriel, y yo…
La aludida asintió, mientras su vista se bajaba, momento en que se recostó en la cama. Notó la tristeza en su mirada, Beatrice podía entender a la perfección esos sentimientos, anda que no había estado así por chicos y chicas. Con un gesto Starlight le pidió acostarse a su vera, al que obedeció casi de inmediato.
-Le amo, pero no sé si él a mi… -reconoció- Sólo cuando nos encontremos de nuevo, después de los intentos iniciales de llegar a la paz, podré saber si es así…
Beatrice suspiró suavemente.
-Yo… te amo a ti, si te sirve de consuelo…
Sintió que sus mejillas se sonrojaban, y su corazón se aceleró según lo decía. Star, en ese momento, el sonrió un poco. Acarició el rostro de la otra suavemente, pasando sus dedos por el mentón de ella.
-Lo sé… Eres una gran guerrera, estaba pensando en… descubrir si tienes tu energía, necesito una nueva compañera… sería un honor para mi, no había visto a un ser como tú…
La otra no sabía si sentirse agradecida o no, Star se había asegurado de no llegar a responder a su proposición, sin embargo, notó un suave rubor en el rostro de la otra.
-¿Un ser como yo?
-Tienes luz, Beatrice… -se le acercó un poco, desabrochando la ropa de la otra- Ni tuve que usar mi convicción contigo para que me siguieras, y las pocas veces que pude hacerlo, te resististe… me has seguido por voluntad propia.
-Ya te he dicho la razón, creo… -le salió una sonrisa nerviosa- Siento si…
Pero Star la detuvo, acercando su rostro al de la otra, pero, antes de que pudiera hacer nada, Beatrice no pudo evitar el impulso de besar los labios de la otra. Fue fugaz, apenas unos segundos en los que los labios de ambas se movieron al unísono, pero Beatrice rápidamente se retiró al escuchar el suave llanto de su compañera.
Pero no era uno de tristeza. Star se limitó a abrazarla, hundiendo su rostro en el hombro de ella, que no sabía demasiado bien qué pensar. Acarició la cabeza de la mujer, que temblaba suavemente en los brazos de la mujer, y que se recostó con ella.
-Nunca me había sentido tan querida…
Star no habló hasta minutos más tarde, cuando el llanto se le pasó un poco. Beatrice sabía que Seriel la había querido mucho, fueron pareja de hecho, pero también era evidente que muchos se le acercaban por interés. Antes de que pudiera responder, la Xanium posó los labios en los de la otra, con cierto ímpetu, sorprendiendo a la mujer.
-Prométeme algo, Beatrice…
-Claro…
La otra se separó entonces, y miró a la otra a los ojos. Estuvieron así unos segundos.
-Contigo siento que puedo ser yo -reconoció, bajando la mirada suavemente-. Ante los demás levanto una fachada de ira y poder, pero… en realidad no soy así…
Se limitaron a tumbarse, cara a cara, y Beatrice invitó a la otra a hablar, sonriendo algo.
-Sí que eres poderosa, pero demasiadas veces habías mostrado una actitud más amistosa ante los demás, cuando estamos en privado… -suspiró algo- Te refieres a eso, ¿verdad?
La otra asintió.
-Yo inicié esta guerra y la terminaré, Beatrice… -murmuró Star- Necesitan una líder fuerte, pero el Gran Resplandor… me ha roto por dentro, jamás imaginé que un arma así pudiera ser funcional, y saber que la República tiene algo similar…
La otra la miró con cierta sorpresa.
-¿Tienes espías para eso, no?
-No exactamente, de vez en cuando me llega información de un tal Nadie.
-Ese nombre…. -Beatrice pensó unos segundos- ¡Ese nombre yo lo conozco, Starlight! -exclamó- En historias antiguas, así decía llamarse un héroe para lograr escapar de una isla en la que habían quedado varados.
-¿Dices que pueda ser alguien de tu mundo?
-O relacionado con este, dudo que sea de la Tierra porque allí no puede tener la información… sólo se me ocurre que se haya criado en mi mundo.
Starlight sonrió, y acarició despacio su rostro.
-Por estas cosas te elegí…
La besó de nuevo, sintiendo un suave calor en el bajo vientre por primera vez en años. Pero entonces tocó con ambos dedos la frente de la otra, y la sostuvo con mimo para que no cayera al colchón con demasiada brusquedad.
-Descansa, hermana mía, te necesito con fuerzas para el próximo día -murmuraba-. Yo pondré ahora a prueba tus ideas, no podía ser más coincidencia.
Se alzó entonces, se colocó una camiseta y salió del cuarto para encontrarse de frente con, precisamente, Nadie. Tragó saliva y cerró tras de sí, recostándose sobre la puerta, y se cruzó de brazos.
-Bien, Nadie, aquí estoy, como prometí -comenzó Star-, ahora dime por qué te debo escuchar, y no alzar mi espada de luz contra ti.
Como única respuesta, Nadie retiró su casco, mostrando su rostro a Starlight, que observó impertérrita la faz del misterioso personaje.
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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
