Código Galaxy

Capítulo 30

Pasaron los días, casi dos semanas, desde la primera reunión oficial entre el grupo de Jeremy y aquellos Xanium que les entrenarían, además de planificar los preparativos para los cercanos Juegos Lakyos en los que participaron. El chico, una vez supo qué había pasado con Odd, se preguntó si tenía que ir con él a hablar, pero rápidamente pensó en que le haría más mal que bien. Antes se tenía que tranquilizar y calmar las aguas para poder tener una conversación racional, tampoco era viable verle mientras duraran sus obligaciones en lavandería a modo de segunda parte del castigo. Estaría demasiado enfurruñado, con ganas de matar a cualquiera que se le acercara por tener que hacer ese trabajo obligado.

Esa mañana fue a visitar a su amigo durante la última jornada que tendría, tras la que volvería a reincorporarse al grupo como siempre. Esperaba – aunque dada su reacción, lo dudaba – que hubiera aprendido la lección, aquello definitivamente no era Kadic. Suspiraba según recorría los pasillos de la sección de prisión, acompañado únicamente por las miradas de aquellos que estaban allí encerrados. Cuando llegó al piso de destino se encontró con Arena, la clon que llevaba aquel lugar y protegía a los castigados de ellos mismos y de posibles daños; controlaba sus horarios y los tenía bajo vigilancia. Tras el correspondiente saludo militar, se dirigieron hacia la celda que ocupaba el chico.

-¿Cómo ha estado?

-Al principio parecía un animal encerrado -comentó Arena-. Luego se relajó bastante, sólo se movía para cambiar de posición y se ha dedicado a mirar la pared sin hacer demasiado más que algún ejercicio con su propio peso.

-¿Hacía mucho?

-Sólo hasta que comenzó a trabajar en lavandería, cuando volvía se limitaba a descansar.

-Entiendo… -murmuró Jeremy- ¿Ha comido y se ha aseado bien?

-Todos los días, señor.

Él sonrió, ya se hacía a la idea por las veces que se había acercado, pero según pasaban los días cada vez era menos rato el que podía hablar con los guardias. Así pasó la última semana del castigo, que apenas pudo ir dos días y estar diez minutos. Con esas ideas llegó hasta la celda donde su amigo estaba, una vez abrió la puerta, se encontró a Odd tumbado boca arriba mirando al techo, con ropa cómoda y corta color azul.

-¿Ya salgo de aquí?

Tenía la voz algo ronca, y cuando Jeremy asintió, se levantó con cierta parsimonia, y se estiró.

-Podemos ir a desayunar, si quieres -comentó sonriendo el otro-. No habrás comido nada en condiciones en todos estos días.

Arena le miró con interés, no reconocía esa lengua. Odd sí, le estaba hablando en francés y no en la lengua de la República. Si quería decir algo en particular, que no debía ser oído por la otra, podía ser ese el momento.

-No demasiado, me sentí sólo en este tiempo.

-Es normal, he venido a monitorear algunos días pero no pude siempre… -iban dirección a la salida ya, juntos- Los demás querrán verte, te echaron de menos.

Odd le miró, pero no llegó a decir nada, se limitó entonces en ir con el otro, que le ponía al día con lo que pasó entre ellos en esos días. Eventualmente llegaron hasta la cafetería de aprendices, se sentaron en una de las mesas. El resto ya habría desayunado o estarían terminando, pero Jeremy quería estar a solas con el otro, sobre todo para ver en qué estado se encontraba y evaluar antes cómo reaccionaría.

-¿Quieres hablar de algo en concreto, Jeremy?

Este le miró pensativo, ya que el otro se lanzaba procedió a hablar.

-¿Qué te llevó a… lo sucedido con Cubo? -sabía que era mejor ser directo- Nunca has sido tan contrario con otros profesores en Kadic.

El otro ahogó una pequeña risa, habían cogido sendas bandejas con zumos de frutas locales, agua y algunas pastas con algo de pan. Si bien no eran tan generosas como las que habían usado en la Tierra, les daba la energía necesaria para pasar el día, pero Odd no había abandonado la costumbre de comer algo más gracias a sus compañeros.

-¿Que qué me llevo? -parecía incluso algo molesto- Joder Jeremy, esta es la mayor mierda del universo literalmente, estoy harto de todo esto, ¿sabes?

El otro suspiró algo, era previsible.

-Yo también estoy cansado y…

-¡Una mierda! ¡Os encanta esto! -le espetó- Pensaba que podía contar con vosotros para hacerles la vida imposible dentro de nuestras limitaciones… pero veo que no es así, casi que mejor, así no me llevo desilusiones en el futuro.

-Odd…

-¿Qué? -le recriminó- Pensaba que erais mis amigos, pero nadie ha venido aquí a verme o se ha preocupado de mi.

El otro se dio cuenta que así no iba a ir a ningún lado, si se quería encerrar en esas ideas él no podría hacer nada para hacerle cambiar de parecer. Eso era lo último que quería que le pasara al muchacho, tendrían que hacer mucha pedagogía con él. Se limitaron pues a comer tranquilamente, en silencio, hasta terminar sus platos minutos más tarde. Fue entonces que se levantaron y salieron dirección hacia el pasillo en la que vivían.

-Hay una persona que, desde luego, sí se preocupó por ti -le comentó Jeremy, mientras se acercaban al ascensor cuántico-. Aur.

Odd le miró de soslayo y asintió, si el supiera… se limitó a asentir entonces, esperaba poder hablar con ella adecuadamente, sí. Según subieron en el ascensor cuántico, llegaron hasta donde estaban los demás a los que se acercaron. Rápidamente todos se arremolinaron en torno al chico, que sonreía y parecía contento, pero Jeremy sabía que eso era sólo una fachada. Había comprobado su verdadero estado de ánimo, alejado a aquel que mostraba ahora. Trabajaría en torno a ello con él.

Se preguntó entonces cómo podría unirles de nuevo, puede que Naipe tuviera la respuesta a ello. Al final se llevaba bien con ella, tenía madera de líder y llevaba más tiempo que ellos en esas circunstancias… claro que también estaba bastante más mentalizada. Se preguntó en qué momento había acabado aceptando aquel destino, fue tan poco a poco que simplemente era algo más en sus vidas en ese momento. Puede que Cubo, que al final era el perjudicado por las malas palabras del otro, también pudiera ayudar.

-Me alegra verte de nuevo, jefe -Dinamo sonreía con ganas-. Se le echó de menos, sus bromas alegraban los días aquí dentro.

Odd se rio algo.

-Bueno, he aprendido la lección, pero las bromas seguirán -aseguró, sonriendo-. Me gustaría ir a ducharme, huelo a animal encerrado… ¿y Kiwi?

El animalillo ya llevaba rato olisqueándole pero él no se había dado cuenta, reclamaba su atención dando giros sobre sí mismo y mordiendo algo sus prendas, así que bajó y lo tomó en brazos. El animal seguía creciendo a buen ritmo, parecía realmente contento de volver a ver a su amo. Tanto que le buscaba la cara con la lengua, moviéndose con ganas y sin importarle estar demasiado en alto. El chico se dejó hacer, mientras se encaminaba a las duchas para asearse apropiadamente a sí mismo y al animal. Este ya era del tamaño de un perro joven de raza grande, con cerca de 10 meses de vida y varios kilos de peso.

Ritmo y Compás fueron tras él junto a varias toallas, sabiendo lo que quería hacer o al menos intuyéndolo, así que el resto salió a hacer los ejercicios rutinarios. Al ser Agosto en la Tierra, y los Juegos en el equivalente al 13 de Noviembre, quedaban aproximadamente tres meses par prepararse, algo les decía que sus vidas cambiarían mucho en esas jornadas. Según llegó a la zona de las duchas, Odd se fue desnudando y dejó sus cosas a un lado junto a Kiwi, que se quedó acostado a su lado mientras él se metía bajo el agua. Las dos clones fueron con él rápidamente, abrazándole por detrás y dándole cálidos besos en el cuello. El chico gimió suavemente por las caricias, sin embargo, giró sobre sí mismo y las observó.

-Os eché de menos…

-Se te nota -bromeó sonriendo Compás-. ¿Estás bien, jefe?

-He estado mejor… -reconoció, acariciando sus cuerpos con cuidado- ¿Me ayudáis a lavarme?

Ellas asintieron y así hicieron, le echaron una mano a enjabonarse y luego entre ellas, hablando de cosas sin mayor importancia y bromeando, mojándose entre sí. El chico había sentido mucha soledad en esos días y ahora sólo quería estar con ellas, se alegraba de ver que ellas tenían ideas similares. Cuando terminaron llamaron a Kiwi para darle un remojón y proceder a secarlo entre todos. Aún desnudos, se fijaban en el cuerpo de los demás, más adelante podrían desfogarse adecuadamente, así tendrían más ganas aún. No pudieron resistirse a acariciar el pecho y trasero de los otros y darse algún que otro beso más profundo según juntaban sus pubis algo más, pero no pasaron de ahí por la prisa que tenían para unirse con los demás.

Tras terminar salieron a donde estaban los demás, por suerte ellas sabían a dónde en concreto dirigirse. Ya estaban preparando sus espadas de luz, trabajaban en ello y luego entrenaban con unas especiales para aprender su uso y así estar familiarizados. Por suerte para Odd no llevaban demasiado y ambas aseguraban que se reincorporaría rápidamente al resto.

-Lo primero es que logres hacer la empuñadura usando los materiales adecuados -explicaba de camino Ritmo, de la mano del otro-. Una vez la tengas montada, tienes que hacer el mecanismo interno, así, si te falla en combate, la puedes arreglar en algún momento.

-Supongo que esa es la parte complicada, el mecanismo que las hace funcionar.

-Exacto -le dijo Compás-. Están en ello, ¡vamos!

No tardaron demasiado en llegar hasta la zona donde los demás estaban ya reunidos para comenzar a trabajar. Y es que mientras los chicos se dedicaban a preparar sus espadas de luz, los clones preparaban unos planos que Jeremy les había encomendado siguiendo unas indicaciones, secretas en todo momento. Si alguno de los del grupo preguntaba por ellos, simplemente tenían que decir que era algo que se estaban preparando para sí mismos. Claro que, cuando terminaban el día, el rubio se encerraba con esos aparatos y los cambiaba a su gusto e interés, los clones únicamente ensamblaban y unían piezas siguiendo sus instrucciones. A veces también trabajaban en sus propias herramientas, para aparentar y de paso estar preparados para los combates tanto reales como de entrenamiento.

-¿Nos ponemos ya entonces, que estamos todos?

A esa propuesta de Jeremy todos asintieron, así que entraron a la sala desde el pasillo en el que estaban, permanecían en el mismo edificio en el que vivían pero estaban en una parte más común. Cada vez entrenaban menos en su pasillo y se iban juntando con los demás, otro cambio que el otro se había saltado. Mientras los demás iban a sus puestos ya determinados, Odd se acercó a una de las mesas libres, donde ya descansaba una empuñadura a medio montar con un papel por encima que tenía escrito su nombre. Lo tomó y su vista quedó en blanco unos segundos mientras lo movía con delicadeza, y suspirando, comprobó que además tenía escrito más por la parte de atrás, que leyó con interés. Por suerte estaba escrito en francés y no en la lengua común. Si bien ya la hablaba con fluidez sin la necesidad de traductor, aún le costaba leer sin usarlo.

En realidad era un mecanismo sencillo para lo que uno hubiera esperado. Consistía en una batería conectada a un láser de luz blanco pero que centraba los fotones en un único tubo; y en lugar de ir hasta el infinito, volvían por el efecto de una placa colocada en la base del rayo y que volvían a ser lanzados hacia arriba. Lo importante era lograr hacer que fuera solido o en apariencia al menos para poder cortar nada. Ello era logrado a través de la propia naturaleza de los fotones que formaban el haz, y que eran generados con unas características tales que formaban plasma a lo largo de toda la superficie del haz. Seguían quedándose prendados de la belleza de aquellas armas, aún conociendo la ciencia tras ellos. Se puso a trabajar en lo que tenía delante, acompañado a su vera por Yumi, que ya estaba en una de las mesas a su derecha y que de vez en cuando se le acercaba para echarle una mano.

Él la miraba de reojo de vez en cuando, se les notaba a todos que parecían… casi más alegres, como si estuvieran de vuelta en Kadic, disfrutaban de la compañía que tenían y charlaban entre sí y con los clones del grupo, y que cada día se les parecían más. Debía reconocer que sin él parecían más grupo, esperaba que su llegada no rompiera ese ambiente de harmonía… y si así pasaba, que se fueran a la mierda la verdad. Él formó parte de sus vidas durante varios años, pero todo indicaba que su salida temporal les había venido bien.

-¿En qué piensas, Odd?

-¿Eh?

Yumi le miró divertida. Llevaba sacando un tornillo de su sitio dos minutos y lo hacía con mucha parsimonia, notó ella, así que tomó su mano con delicadeza. Este suspiró algo y aceleró y terminó con el proceso, y respondió mientras buscaba con la mirada la pieza que seguía.

-Pareces algo… distraído, tío.

Él la miró de reojo, y se limitó a seguir adelante.

-Os eché de menos, y el rato que hemos estado juntos antes… no me fue suficiente -suspiró algo-. Me sentí muy sólo.

-Lo siento… -murmuró Yumi, ya había llevado sus cosas hasta la mesa- Pero te pasaste algo, el pobre Cubo no tenía culpa de nada.

-Sólo le llamé lo que es -le espetó, rechinando los dientes-. Nos tienen aquí haciendo… todo esto, cuando deberíamos estar buscando la forma de volver a casa.

-Esta ya es nuestra casa -le recordó ella-. De no ser por Asmeya estaríamos…

-Seríamos libres.

La otra negó, y se limitó a cambiar de tema.

-¿A que molan estas cosas?

-La verdad es que sí… -Odd entendía su reacción en cierta medida- ¿Qué tal habéis estado estos días?

Yumi sonrió algo.

-Te hemos echado de menos, no te creas -le reconoció-. Te queríamos de vuelta cuanto antes tío, una pena que no pudimos ir a verte.

Odd sonrió suavemente, y la abrazó por detrás.

-Pero os ha ido bastante bien, veo que estáis bastante unidos, ¿no? -le comentó él- Más que antes, diría.

La otra se lo pensó antes de responder.

-Es posible, la verdad -reconoció Yumi-. Pero tú eres una pieza clave, ya sabes.

Ella le sonrió, dándole un abrazo por detrás, y siguieron trabajando, comentando cosas sin más relevancia entre ellos sobre las cosas que habían pasado en esos días tanto en el grupo, como en la base y en general en las noticias. Durante las horas que duró aquella clase práctica de ciencias, Jeremy se dedicó en un momento dado a ir sitio por sitio a contemplar el trabajo hecho y dar alguna que otra indicación en lo que veía necesario, Odd agradeció que apenas pasara por la suya para decirle nada, no quería agobios ni prisas, así podría tener su cabeza ocupada en otras cosas. Mientras andaba entre las diferentes mesas, comprobó el estado de avance de sus proyectos especiales, en especial el que estaba realizando Tornillos, con una suave sonrisa.

En sus manos tenía una suerte de pechera de color blanco con unas ranuras en la espalda formando sendas línea. En la parte delantera se formaba lo que parecía el símbolo de la República pero sólo era la forma, el relieve de la misma. Tenía unas baterías en su parte interna con las mismas piezas que las armas de luz, aunque posicionadas de otra manera y con diferentes configuraciones. Luego, revisando lo que hacía Muralla, este estaba con unas botas y guanteletes, estaba en ese momento introduciendo unos datos desde un ordenador cuántico que guardaba la mesa usando unos cables de conexión.

Se fijó en Dinamo, en su caso tenía un segundo juego de guanteletes, junto a Ventura se dedicaba a pulir suavemente la superficie del material, con Ritmo y Compás trabajando en unas armas de luz al lado de ellos. Sí, sin duda todos estaban trabajando a buen ritmo. Al fondo estaban Cubo y Naipe revisando su propio armamento, permanecerían allí mientras necesitaran sus instrucciones en caso de no saber cómo seguir. Era algo que Jeremy intuía que dejarían de necesitarlos en pocos días más, él se podía encargar perfectamente de guiar a Odd en caso de necesitarlo. Mientras andaba, la carcasa de su propia espada golpeaba suavemente su cadera, hacía un suave y casi imperceptible ruido, sólo audible cuando él pasaba cerca.

Observó entonces cómo Lectra y Aur estaban entretenidas con una especie de cadena de medio metro de larga formada por sucesivos eslabones negros articulados. Estaban configurando sus giros como él había indicado en sus anotaciones, dado que ellas ya tenían sus propias espadas y aquel era el objeto más retador de todos. Eventualmente volvió hasta la altura de Aelita, frente a la que se sentó.

-¿Te aburres?

A esa pregunta de la otra, él negó. Ya hacía tiempo que había terminado su propia espada, ahora se estaba dedicando a, según el resto, hacer el tonto con algunos cristales que encontró por ahí, jugando y probando con ellos. Ella intuía lo que hacía, pero se había callado al respecto, más al ver cómo estaba probando diferentes combinaciones. Los usaba incluso para rayar un poco el material que usaban para hacer las espadas.

-Es sólo que quiero que todos avancéis bien, nuestra vida puede depender de ello.

Ella suspiró algo, rascándose un poco la nuca.

-Me da miedo, la verdad… -murmuró- Enfrentar a alguien, no me veo preparada.

-Creo que sólo los clones están mentalizados -le respondió Jeremy-. Lo he pensado, esto al final… es demasiado formal, no sabremos nada realmente hasta ir a un combate real.

-Y no tengo prisa alguna en ello.

A esa respuesta, él esbozó una sonrisa divertida.

-Pues me temo que será pronto -le recordó-. Tras los Juegos… tendremos que entrenar bien.

Ella no llegó a responder, acarició la mano de él con cuidado y siguió a lo suyo, le quedaba la parte más complicada: colocar la pieza que hacía que el plasma de la espada volviera a su sitio. Jeremy observó el proceso atento, ella tenía una cara de concentración que hacía que apretara suavemente los labios y con unas pinzas en la derecha con la izquierda recogiendo parte de su pelo. Colocada la pieza, lo cerró todo con cuidado y observó con algo de reverencia la pieza, el sudor manaba de su frente por la tensión pero con cuidado se alejó unos pasos de todos los demás. Se colocó en posición y accionó la espada: una bella hoja de energía blanca se formó en un instante, brillaba con firmeza y Aelita, fascinada y con una sonrisa genuina, fue moviendo su arma con lentitud.

-¡Fantástico, fantástico! -comenzó a aplaudir Naipe- ¡Ya un paso más cerca de ser una Xanium!

-Oye, Jeremy…

-¿Sí? -él sonreía- Es una pasada, ¿verdad?

-¡Ya te digo! -ella llevó su hoja hasta la de él, que también había activado su espada- Ya que son nuestras espadas propias y que sólo nosotros las podemos usar… ¿Y si las nombramos?

Jeremy asintió, sonriendo. Efectivamente, sólo ellos por sus huellas dactilares podían usarlas, así que era una gran idea.

-¿Tienes uno para la tuya?

-Lo llevo pensando una buena temporada -reconoció la chica, ya apagando su arma-. Se llamará Sumarbrander, como la espada de la mitología nórdica.

Muy propia de ella, había que reconocerlo.

-¿Y qué significa, princesa? -preguntó Yumi- Sí que mola.

-La espada del verano… -murmuró la aludida- Con ella, defenderé a la gente y traeré el calor de la paz, con la ayuda de los kamis.

Odd alzó una ceja entonces, pero no llegó a decir nada. Se limitó a ver cómo el resto se levantaba a abrazarla y felicitar a la joven por su logro, así que les imitó para aparentar. Incluso Lectra y Aur habían ido con ellos, estaban contentos por el logro de su amiga. Si todo seguía en ese ritmo, en ese día o, como tarde al siguiente, todos habrían terminado. Por ello siguieron trabajando durante algunas horas más, con ayuda de los otros dos el resto también dejaron finalizadas sus armas, el primero fue Ulrich, y a la vez los demás.

-A la de tres, ¿vale?

Asintiendo, se prepararon. Colocados en forma de triángulo y alzando sus espadas, se prepararon y accionaron sus dispositivos: un chasquido sonó y las tres armas comenzaron a brillar, Aelita aplaudió con ganas e ilusión, dando incluso saltitos en el sitio, mientras Jeremy miraba con orgullo a sus amigos.

-Creo que es tu momento, princesa -comentó Ulrich-. Te dejamos el honor, ¿verdad?

Antes de que nadie dijera nada, Odd hincó una rodilla ante ella, así que los otros dos le imitaron, haciendo la gracia de ser una especie de caballeros andantes ante su, valga la redundancia, princesa. Ella se rio por lo bajo, y usó su espada para hacer la típica señal de nombramiento que tantas veces había visto en las películas.

-Por supuesto, la de Ulrich será Excalibur -luego se giró a Yumi-. Obviamente, la tuya será Katana, y tú…

Odd se le adelantó en ese momento.

-Invicta -murmuró-. Como yo, será Invicta.

Los demás se rieron un poco, había que decir que eran nombres muy apropiados. Jeremy, entonces, extendió sus manos hacia ellos.

-Si me permitís, tengo que llevarlas con Seriel para que las examine, os las devolveré mañana.

Uno a uno, le entregó cada uno su espada. Eran fácilmente distinguibles: la suya era una suerte de tubo alargado y hecho a su mano; la de Aelita tenía un suave giro que la asemejaba a la empuñadura de un sable; para Yumi, era más bien un rectángulo estrecho y ligeramente más alargado que los demás, con algunas rugosidades a su largo; para Odd se trataba de una suerte de gladius, con la parte de la que manaba la hoja en forma de copa, era la más corta y ligeramente más ancha en su parte inferior; finalmente, la de Ulrich tenía el típico mango de una espada europea. Sin duda los nombres eran más que apropiados.

-A este ritmo te quitarán el puesto de ponedor de motes del grupo -bromeó Yumi, abrazando por detrás a Odd-. No te pongas celoso, ¿eh?

-No podría -reconoció él, sonriendo-. Muy buenos nombres, Lita.

-¡Gracias! -sonrió ella- La verdad, me inspiré en cómo sois y todo eso…

-Si se te ocurren más cosas avisa -comentó Ulrich-. Tenemos que estar preparados.

La aludida se rio, y juntos, salieron dirección a su piso. Odd se esperó a quedar a la altura de Aur, a la que sonrió, mientras ella le devolvía el gesto. Se quedaron ligeramente por detrás, a unos pocos pasos tras el resto, confidentes empezaron a hablar mientras Lectra les vigilaba de reojo, frunciendo suavemente el ceño. Ulrich, a su lado, le dio un suave golpe en el lateral del cuerpo para llamar su atención, ella dio un respingo y le miró de mala manera. Los colores de sus bandas pasaron de inmediato del rojo intenso al azulado.

-Le vas a matar con la mirada -bromeó él-. No harán nada, créeme.

-Le llamabais… ¿Romeo? -murmuró ella- Ese era un tipo que iba tras muchas mujeres en vuestra cultura, así que tengo buenas razones para no fiarme de él.

-En ese caso fíate de ella -le recomendó Yumi, divertida-. Aur jamás haría nada así, se le nota demasiado pillada de ti.

Lectra pareció calmarse con ello. Y sus amigos tenían bastante razón, no tenía que ponerse nerviosa en absoluto con aquellas interacciones. Estaban hablando entre sí de aquello en lo que él soñaba cada vez con más frecuencia y que sólo ellos dos sabían. En ese tiempo que él estuvo encerrado lo aprovechó ella para investigar en sus libros, con los que aprendía el arte de leer los sueños que su pueblo había perfeccionado a lo largo de siglos y siglos de enseñanzas.

-He estado revisando mis libros -explicaba ella-. Leyendo y releyendo lo que me dictabas que veías en tus sueños… incluyendo ese tan intenso.

El chico la miró, incluso llegó a sentirla en su mente durante aquel viaje místico tan intenso. Y desde que había pasado se preguntaba la razón, no se habían acercado tanto para eso según la chica, pero desde entonces sí que se habían acercado muchísimo.

-¿Ya sabes qué hizo que nos conectáramos tan de improviso?

-Sólo se explica a través de lo que los antiguos llamaban… -ella suspiró entonces- Un tsunami en las dimensiones psíquicas.

-¿Cómo?

-La ciencia de la República es diferente a la de los pueblos de mi sistema y la de los aledaños -comenzó ella-. No usamos números, sino, por ejemplo, la palabra, o en nuestro caso los sueños y predicciones que algunos tenéis.

Él asintió, interesado en ello.

-Entonces esa dimensión la conocéis gracias a vuestra… forma de entender el mundo.

-Exacto -le respondió la chica-. Tu sueño fue tan intenso y conecté contigo por la cercanía física, apenas estábamos a unas decenas de metros -ella parecía entusiasmada-, y por coincidir con aquella explosión de energía en esa dimensión.

-¿Qué pudo haber pasado? -Odd estaba bastante interesado en ello- Dudo que mi cabreo en ese momento fuera tan intenso para hacer nada así.

Aur asintió con ganas.

-Nadie en este plano puede hacer algo así, ni una supernova puede afectar de esa forma -le explicó-. Os hablaron de las naves N-5 Plus, ¿verdad?

El chico se lo pensó unos instantes, efectivamente les habían explicado qué eran.

-Las naves de los Señores del Espacio, ¿verdad?

-Sí, los únicos que pueden acceder a esa quinta dimensión sin morir, son naturales de ella -suspiró algo-. La única razón es que haya habido un viaje entre esa y la nuestra.

-Dices… ¿Qué por ahí hay un Señor del Espacio viajando?

-Es la única manera, hace mucho que no hay viajes así y desde entonces apenas ha habido Xanium o gente en general con predicción -ella parecía pensativa-. Y desde el inicio de la guerra el número se ha disparado, aunque los republicanos no quieran verlo.

-¿Por?

-Rompe su ciencia en torno a las capacidades especiales de los Xanium -comentó Aur-. En cualquier caso la razón realmente no importa… sino la verdad tras tus visiones.

-Es mi destino, ¿verdad? -murmuró él, nervioso- Es lo que me espera en el futuro.

-Sí… -ella le miró de reojo- Tu mente es capaz de reaccionar así a esas hondas y percibir cosas que sucederán más adelante… al final, esos viajes entre dimensiones alteran los flujos temporales y permiten ver fragmentos cortos del futuro.

-Entonces no es una dimensión psíquica, de lo que habláis.

-¡Claro que lo es! -le espetó, molesta- Sólo los caminantes de sueños podemos entrar a ella, y esas hondas producidas por los viajes entre dimensiones potencian vuestros sueños y nuestra capacidad de observarlos.

-Bueno, pues si ese es mi destino… -él puso una cara sombría- Lo abrazaré con gusto, no se puede luchar contra lo que viene.

Aceleró el ritmo, y Aur se limitó a observar cómo daba un paso más en ese destino que él mismo ya comenzaba a comprender, y ella también. Puede que el suyo fuera precisamente evitar o ayudarle a esquivar lo que venía. Pensaba en ello cuando aceleró el ritmo de las zancadas para alcanzar al resto.

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En la Tierra, Luz acompañaba a James Dumbar en las instalaciones de las naves que conformaban el complejo industrial que el Imperio había montado. Llevaban varios papeles en las manos y un pen con toda la información, tenían reunión relevante. El resto permanecía en la cafetería como descanso, era él el líder del grupo y tenía que dar el informe de lo hecho hasta entonces al Profesor Garlio, el único ante el que tenían que responder. Por ahora no les había tenido que venir a ver, lo que significaba o que estaba muy ocupado, o que no tenía motivos para ello por estar haciéndolo bien.

-¿Recuerdas bien lo que tienes que decir, Luz?

Ella asintió por las palabras de él.

-Sí, aunque ya mandé mi informe sobre vosotros -le recordó-. No sé por qué tendría que salirme de lo que ya les puse.

-Les gustará ver que eres la mejor para el puesto -le indicó James-. Lo decía por eso.

-Y lo soy.

Él sonrió por ello. Le gustaba esa actitud, parecía más animada desde la vez que la encontró en esa terraza, algo desanimada, junto a los demás. Seguía siendo una clon, y por tanto, tenía esa mentalidad que todos compartían… pero se habían habituado a ella, se acabó integrando entre ellos y por eso la quería ahí con ellos. Además, con su ayuda se podrían hacer cosas interesantes más adelante.

Eventualmente llegaron hasta la sala de juntas, montada de las últimas pero perfectamente montada en el complejo principal. Recordaba bien lo que se llegó a complicar por algunos grupos vandálicos y que fueron rápidamente sacados de circulación. En ello pensaba Gabrielle, estaba dándole vueltas a su taza, pensativa, perdida en los negros granos que quedaban en el fondo, ante la divertida mirada de Thibaut.

-Vas a marear a la pobre taza.

Ella se rio algo.

-Pobre, la verdad -alzó la vita a mirar al resto-. Estaba pensando en que necesito comprar para la familia de al lado, que la última vez lo hizo Bernadette.

-¿Cómo están tus sobrinos?

A la pregunta de Alexei, ella sonrió.

-Bien, seguirán en el mismo colegio este año, con sus amigos -le respondió-. El viejo Tom sigue con esas ideas en la cabeza, de enseñarles a acampar y demás.

-Ese viejo puede meterles en un problema -le comentó Verasha-. ¿Sabe lo que hace?

-Lo peor es que ellos quieren -murmuró la otra-, así que poco puedo hacer.

Thibaut se limitó a darle vueltas a su bebida, pensativo.

-Me recuerdan a mi niña, Tamiya -comentó, algo triste-. Cabezotas hasta el final…

-Milly era igual o peor -intervino Alexei-. Aprovecha que los tienes, Gabrielle.

La aludida podía comprender esa forma de ver las cosas, así que se limitó a asentir un poco, terminando con su bebida de un trago.

-¿Cómo lo lleváis, entonces? -preguntó la mujer- ¿Ya mejor?

-Es complicado, pero lo acabas sobrellevando -esa fue Verasha-. James es el que peor lo pasó, al menos de nosotros, creo que su mujer acabó con depresión.

Gabrielle no llegó a responder, limitándose a revisar la hora en su reloj de pulsera. A esas horas ya tenían que estar los otros dos en la reunión. Y ella tenía que adelantar trabajo de construcción, ese día le tocaba acercarse hasta una de las zonas en construcción. Ya no tenían que montar estructuras, ahora había que rellenar las diferentes naves industriales que formaban el complejo, con todo lo que ello implicaba. Había diseñado los planos para que fueran sencillos de seguir para todo el mundo y los recordaba bastante bien, aún así siempre llevaba una copia encima por si acaso.

-Voy a ponerme en marcha ya, chicos -se estiró un poco-. ¿Nos veremos más tarde, entonces?

Tras despedirse con un cariñoso abrazo, tomó sus cosas y salió de la cafetería a buen ritmo. Toda la zona tenía una forma de gran cuadrado, con calles paralelas y perpendiculares entre sí y en las que se podía desplazar uno con coches o motos tanto terrestres como deslizantes por el aire según gustos. Los edificios eran prefabricados en un primer momento y luego se seguían los novedosos métodos galácticos de edificación que tuvieron que aprender en poco tiempo. Así, incluso edificios así eran tan duraderos como los construidos con argamasa y ladrillo o hierro, o incluso más. Era barato, sencillo y a largo plazo servía bastante bien para su objetivo, que no era otro que guardar los grandes sistemas industriales de producción en los que ya comenzaban a trabajar para tenerlos preparados. Lógicamente también había diseñado todo aquello hasta los puntos más concretos: dónde colocar las maquinas, qué tipos, herramientas, los materiales usados, y un largo etcétera.

Una vez llegó hasta su vehículo, entró al mismo y lo arrancó. Condujo por las calles que conocía a la perfección hasta el lugar al que se dirigía, al otro lado del complejo, y donde se producirían las partes más grandes de las naves que allí se armarían. Del resto vendrían las piezas menores y, sobre todo, los componentes electrónicos; para evitar el colapso en la parte superior ella ideó un sistema de túneles internos para ir y venir, gracias a los vehículos eléctricos y los deslizadores no habría problemas en cuanto a humo pese a la enorme maquinaria, y por arriba vendrían los suministros, que serían casi continuos y vendrían desde una cercana autovía que pasaba en la zona norte de Marsella.

No tardó demasiado, tras adelantar a un par de grandes camiones que llevaban materiales a una de las zonas en construcción, llegó a su destino. Se enorgullecía de tener aquello tan bien montado, los demás por supuesto habían ayudado y los números más o menos cuadraban pese a todo. Les dijeron que no habría problemas de presupuesto, querían hacer allí las naves y se harían costara lo que costara, pero si se hacía de forma eficiente mejor. Se aseguraban estar ahí y les darían un mejor salario…. Y aunque sonara mal preferían estar con el caballo ganador a estar en una mala posición.

Eventualmente entró al interior de la nave, era bastante amplia con y muchas líneas de montajes preparadas con grandes maquinas a los lados; zonas de gran presión, temperaturas elevadas y sitios en los que pulir las piezas. También tenían ya preparadas algunas zonas de montaje de cobre y chips, con algunas oficinas montadas en la parte superior de los dos laterales y el fondo, formando debajo una plaza con las zonas de producción. Allí, como siempre, seguían trabajando varios grupos de clones.

-Buenos días chicos, ¿qué tal?

Uno de ellos se acercó a ella y se cuadró ya casi por costumbre, pero ella le restó importancia a ello con un gesto.

-No soy del ejército, ¿recuerdas… Roca?

Este asintió, y comenzaron a andar.

-Disculpe, es la costumbre, señorita Magné -comentó este-. ¿En qué podemos ayudarla?

-Vengo a ver cómo van los avances, si necesitáis herramientas nuevas, si se rompió algo…

-En absoluto -le respondió-. Todo va a pedir de boca, señorita.

Ella asintió, complacida, y pasó entre las maquinas hasta las escaleras laterales para subir a las oficinas. Fue una por una, veía allí a más gente – esa vez, gente local – trabajando ya con los ordenadores como si estuvieran en una oficina, cafés en mano y cajitas de plástico con comida en sus mesas ya vacíos o en proceso de ser terminados.

-¿Todo bien por aquí, Robert?

El aludido, un hombre de unos cincuenta años de piel blanca y pelo canoso, asintió. Le recordaba a su padre, con aquellos grandes ojos pardos y prominente panza, estaba tan pulcramente vestido como siempre.

-Sí, ya nos estamos acostumbrando a estos ordenadores -reconoció-. Los clones nos han ayudado bastante, al principio son distantes pero…

-Al final son como niños grandes -rio algo Gabrielle-. Sólo tienes que entenderlos, se acercan ellos solos, te respetarán si los respetas.

-Lo sé, gracias -le sonrió un poco-. Por cierto, sobre el asunto de los sueldos…

La mujer suspiró.

-Lo hemos hablado los jefes… -reconoció- Pero será complicado, el aumento que pedís es grande y hasta que no se ponga todo en marcha no sabremos los beneficios que tenemos, si es que los tenemos.

El otro se limitó a asentir, algo decepcionado, pero lo comprendía.

-Gracias por al menos hablarlo… -murmuró- Lo que no sé es si los jóvenes harán huelga cuando se enteren, es algo que no depende de mí.

La otra asintió, era algo que ya se esperaba. Desde que comenzaron a contratar a gente de la zona de Marsella y alrededores para tareas administrativas y mandos intermedios; junto a personal del propio Imperio y que eran los superiores de todos ellos, habían pedido unas condiciones laborales que aunque razonables, eran complicadas de cumplir.

-¿Algo más? -preguntó ella- Siempre podéis hablar con el sindicato, Robert.

Pero este se rio con ciertas ganas.

-Si ya estaban vendidos antes de todo este jaleo, ahora no te puedes hacer a la idea -le respondió, aunque parecía alegre había un suave deje de tristeza-. Los humos se calmarán, cuando entiendan que todas las partes deben ganar algo.

-Eso espero…

Tras un suave apretón de manos, salió de allí y fue recorriendo lo que quedaba de instalaciones, y terminada la ronda, una hora más tarde, procedió a dar las pocas instrucciones necesarias para aquel edificio. La ronda seguiría un buen rato y luego, finalizada la jornada, volvería a casa acompañada por un grupo de clones como siempre hacían.

En casa, de hecho, sus dos sobrinos habían vuelto a casa de la piscina junto a los chavales de los Knight, como siempre iban a la municipal cuando se cansaban de la cercana playa, donde pasaban la mañana o la tarde, y la otra parte de la jornada la echaban con Tom, y con el que jugaban de forma totalmente natural a los ojos de cualquiera. Ese día el escondite no se alargó demasiado pese a la dificultad de movimientos del otro, y que reía cada vez que daba con uno de ellos, a quien daba un suave golpe en el trasero con el bastón.

-¡Os habéis vuelto predecibles! -reía el mayor- Percy siempre va a los árboles, Sam a las zarzas, y los dos hermanos tras rocas… ¡usad la imaginación!

-Es que no hay muchos más sitios… -se quejó Johnny- Además, este patio es pequeño, no hay demasiado donde elegir.

El otro alzó una ceja, y negó suavemente. Estaban sentados en el patio de los Knight, el mayor en una silla de plástico bastante cómoda, y los niños en torno a él.

-Chicos, yo aquí veo bastantes sitios -alzó su bastón y comenzó a enumerar-. Nunca subís a las ramas, que son anchas, o vais a la zona de la valla, o intentáis meteros en los huecos de las piedras…

-Pero abuelo -se quejó Sam-, ¿cómo vamos a ir a sitios así? Puede ser peligroso.

-Oh, ¿y no lo es lo que estamos haciendo? -preguntó, con diversión- Nada es peligroso si se hace correctamente, con inteligencia.

Los menores se miraron, eso no lo habían pensado, ese hombre era un pozo de sabiduría. Mientras ellos hablaban alegremente él le dio un sorbo a su bebida y observó el aire.

-Chicos… esto irá para largo, os lo digo -explicó, sonriendo-. ¿Tendréis paciencia y me haréis caso, como todo este tiempo?

-¡Por supuesto! -saltó Johnny- Es usted ya como un abuelo, Tom.

El aludido se rio con ganas y acarició la cabeza del otro con diversión, satisfecho por las palabras de él.

-Aprende de tu hermano, Taelia -le dijo-. Lo estáis haciendo bien todos, en serio.

Se giró a un lateral, donde descansaba una nevera portátil con bolsas de hielo, y sacó una última lata de cerveza sin alcohol, le tenían a régimen en ese sentido. En el fondo lo prefería, así estaba lúcido, aunque no evitaba quejarse de vez en cuando para que su nuera no se mal acostumbrara. La idea le hacía gracia.

-Al final no fuimos elegidos para aquello del Imperio -comentó la aludida-. Casi mejor, no lo soportaría la verdad.

-Hubiera sido una gran oportunidad de saber sobre ellos -dijo Percy, sonriendo-. En todo caso así seguiremos todos juntos…

Sam ahogó una risa, mientras él la miraba mal y Taelita observaba al chico, con cierta diversión, pero no llegó a decir nada. Johnny, ajeno a ello, giró el rostro al ver en el horizonte varios destructores imperiales, naves tipo N-4 y N-5 ocupaban la zona alta de allí.

-¿Ya están aquí entonces?

Sin embargo, pasaron de largo y se dirigían rápidamente al norte, dejando atrás Marsella en muy poco tiempo, en apenas unos minutos se perdieron en el horizonte. De hecho llegaron hasta París al poco, donde se posaron en un gran puerto aéreo con una diferencia de varias decenas de metros para dar espacio de movimiento entre las diferentes personas que venían. Uno de aquellos aparatos era particular por su color blanco y dorado, con el símbolo del bando en su parte superior, en la zona principal del mismo.

Zormu Kalairi sabía perfectamente de ese gran grupo de naves, se habían preparado para el evento y el planeta entero se había movilizado. A su lado estaba Aquión, tomados de la mano y vestidos perfectamente con las galas propias de aquel mundo: un elegante traje negro con corbata azul oscura, zapatos y sus joyas bien colocadas y pulidas. En un segundo plano, Daraman y Brynja esperaban, dentro del edificio de Gobierno, mientras los otros dos estaban en un balcón que daba a la cercana plaza.

-¿De verdad viene el emperador?

-Así es -murmuró Daraman-. Todo debe salir a la perfección, ahora que las negociaciones de paz… parecen ir saliendo demasiado bien.

-Eso nos viene mal… -comentó ella- ¿Qué haremos en ese caso, amor?

El otro se limitó a sonreír un poco, apretando la mano de ella.

-Por ahora, ganarnos el favor de esta gente -le respondió-. Es una gran oportunidad de hacernos ver, pero con gracia, ya sabes.

Ella asintió, despacio, y se colocó bien el pelo. Su melena dorada caía con gracia sobre su pecho, decorado con un vestido blanco bastante elegante y que mostraba con elegancia las curvas de su cuerpo. Bien maquillada, tenía un colgante con el símbolo del imperio y una tablet en la mano que siempre portaba, anudada con un cordel a su derecha.

-Siempre, amor -le respondió, sus labios pintados de rojo tentaban al doctor cada vez que los hinchaba con sus delicados movimientos-. Estás muy elegante.

Este asintió, divertido. Todos los hombres o miembros masculinos llevaban esos trajes, mientras las mujeres llevaban vestidos de diversos colores, pero todos de buen gusto elegidos por el propio Zormu. Ese día la visita más importante era la del emperador, pero no era el único; en las otras naves venían muchos habitantes del imperio, no sólo para trabajar en las múltiples factorías, también como colonos de aquel nuevo mundo y que eventualmente irían llegando con el pasar del tiempo. Ese día eran algo más de quinientos, pero poco a poco esperaban llegar al millón y, así, ir sustituyendo a la población local, o en su defecto, asimilarla. Zormu deseaba más lo segundo. Sería un tirano, pero era pragmático y le gustaba tener en calma y contenta a la gente porque eso le garantizaba la continuidad en el puesto.

-Allá vamos…

Se podía ver la comitiva comenzar a salir de las naves e ir hacia allí, la suerte estaba echada.

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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.