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Advertencias del capítulo: (Lenguaje soez)

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JUST US

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CHAPTER 2

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FIRST DATE


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Akane se miró en el espejo, arreglándose por tercera vez el labial rosa coral.

Estaba más nerviosa de lo que jamás podría aceptar y no era una sensación que disfrutará,

Tenia una cita con Ranma Saotome.

Cerró los ojos, recordando la alta figura frente a las puertas del dojo. Era un hombre corpulento, pero delgado. Poseía una cabellera negra como la noche y los ojos azules, más hermosos que jamás había visto.

Cuando Akari le había hablado sobre el mejor amigo de su esposo, Akane no sintió ninguna impresión. Talvez porque en ese momento acababa de pasar por una ruptura amorosa —la única que había tenido en su vida— y no quería saber nada de hombres.

"Es muy guapo, tienes que conocerlo" — le había comentado ella.

Akane negó y le dijo que no deseaba una relación. Pero había transcurrido el tiempo y luego de volver a Tokio y a su antigua casa, ella se sentía mucho mejor.

Haber estado lejos le había ayudado a independizarse y a madurar, pero volver a su hogar fue simplemente la mejor experiencia de todas. Su padre vivía solo, dado que sus hermanas mayores se habían casado y Akane agradecía el tiempo de calidad que podían pasar juntos.

Cuando empezó a buscar trabajo, fue una sorpresa ser aceptada en la misma escuela que la pequeña de Akari, pero la mayor casualidad se dio, cuenta terminó siendo su maestra.

Uno de sus peores arrepentimientos sobre vivir lejos, era que, además de haber perdido valiosos momentos con su familia, no había estado ahí para Akari. No lo estuvo en su boda, ni tampoco durante el nacimiento de Aitana. Cada vez que lo recordaba, deseaba llorar. En ese entonces, tanto Akari como ella se habían alejado, pero no dejaba de ser una razón de tristeza el permitirse llegar a ese punto. Aunque su amiga decía estar bien, Akane no podía evitar la sensación que le abrazaba, cada vez que tenia una mirada de su sobrina. Había perdido sus primeros y valiosos años de vida, por lo que ahora se aseguraba de disfrutarla al máximo.

Aitana era una niña vivaz, dulce y tierna. Apenas Akari la presentó como su tía, la pequeña la recibió con los brazos abiertos y se ganó por completo su corazón.

"El tío Ranma es el mejor, es muy guapo y me dijo que cuando sea grande, va a ser mi novio."

Aitana amaba al mejor amigo de su padre y no dudaba en hablar sobre él. Ciertamente, fue debido a ella, que su curiosidad despertó.

Según tenia entendido, Ranma era un hombre joven, atractivo y agradable. Amaba a los niños y era muy trabajador. Parecía el hombre ideal.

Pero ella ya no era una chiquilla y no se dejaba llevar por algo tan fantasioso o eso creyó, hasta que obtuvo una primera mirada del hombre.

Era mas alto de lo que esperaba y mucho más atractivo, pero fue más que eso. Akane cerraba los ojos y en cuanto evocaba su imagen en su mente, lo único que recordaba eran sus ojos. Tan intensos, tan magnéticos. Era una mirada que producía escalofríos, que aceleraba el corazón. Una mirada tan varonil e imponente.

Le había pensado toda la semana y estúpidamente, llegó incluso a preguntarle algunas cosas a Aitana sobre él, lo cual la hacia sentir un poco, como una acosadora.

Fue así, hasta que Akari la llamó el fin de semana para comentarle que Ranma quería conocerla. Su amiga estaba bastante emocionada y Akane no pudo evitar compartir con ella, que el Saotome le había parecido demasiado interesante.

Le daba un poco de nervios pensar en salir con otra persona. Por un parte, algunas veces temía que todo lo que idealizaba, resultara en nada. Que su atracción se esfumara en cuanto observará algo que no fuera de su agrado o incluso, que talvez Ranma decidiera que ella no le parecía suficientemente atractiva o interesante.

De cualquier manera, había aceptado y era la razón por la que estaba ahí.

Se arregló el cabello y con una sonrisa, decidió bajar del vehículo tras agradecer una vez más al taxista por el servicio.

Su cita había sido programada por terceros, por lo que, hasta el momento, no había tenido ninguna conversación con Ranma. Estaba nerviosa y se arregló la chaqueta mientras levantaba la mirada y observaba la fachada del restaurante.

Era un local muy famoso, según le habían comentado. Ella era una persona sencilla, por lo que jamás había asistido a un restaurante así. Se había esmerado para la ocasión, pero ciertamente se sentía un poco extraña y fuera de lugar.

Sin embargo, estaba decidida a disfrutar. Recomponiendo una sonrisa, irguió firmemente la espalda e ingresó al local.

Un chico sonriente se encontraba en la entrada y se apresuró a preguntarle si tenía reservación.

—Alguien me espera — ella miró el libro que tenía frente a él —. Ranma Saotome — susurró dudosa.

—El señor Saotome — su mirada adquirió reconocimiento y con un asentimiento, se apresuró a guiarla — Por aquí.

Akane le siguió al instante. El restaurante se encontraba lleno y mientras sorteaban las mesas, empezó a ponerse nerviosa.

El chico finalmente se detuvo y dio media vuelta, extendiendo una mano hacia enfrente. Akane le sonrió, avanzó unos pasos y siguió la dirección que señalaba, observando un apartado.

Ranma ya se encontraba ahí. Llevaba un traje azul oscuro y una camisa de centro en color negro, lucía muy atractivo.

Akane murmuró un agradecimiento y se acercó. El Saotome se mantenía ignorante de su presencia, pues estaba muy entretenido en una llamada. Sin embargo, pareció notarla con rapidez, pese a que prefirió mantenerse en silencio, y tras disculparse, simplemente colgó. Así nada más.

Akane sintió como las mejillas se le enrojecían mientras la mirada de Ranma la recorría, un segundo antes de que se levantara y se acercara a ella.

—Akane — susurró con su voz deliciosamente varonil.

—Hola Ranma — ella sonrió nerviosamente, sintiendo como sus manos la sostenían por los brazos. La piel se le estremeció y ella levantó la mirada y observó sus ojos azules —. Vi que estabas en una llamada y…

—No es nada, es un placer que hayas venido — expresó él sonriendo —. Pero ven… siéntate — posó una mano en su espalda y la guió hacia la mesa.

Akane tomó asiento y miró como Ranma rodeaba la mesa y se sentaba del otro lado.

Se sintió nerviosa, mientras apoyaba las manos en su regazo y se acomodaba.

—Me sorprende verte aquí — eso logró extrañarla.

—Pero…

—No me malinterpretes, es por la hora. Acordamos vernos a las siete.

Akane frunció el ceño y consultó su reloj de mano. Faltaban diez minutos para las siete.

—¿Tenias un compromiso previo o…?

—No, para nada — él sonrió —. Pero eres la primera mujer con la que tengo una cita que llega a la hora.

—Ahh… — eso logro sorprenderla —. Bueno, soy muy puntual.

—Eso veo — él cruzó las manos frente a la mesa —. ¿Hay algo más de ti que deba saber?

—Mmm, eso depende… eso es algo bueno o malo.

—Bueno, por supuesto — Ranma asintió divertido —. Me gusta mucho la puntualidad en las personas.

—Es una suerte — ella sonrió, sintiendo como sus mejillas ardían al instante.

—Me alegro.

Un par de horas después, ambos habían dejado las etiquetas de lado. Luego de la cena, vino el postre. Akane adoraba el cheesecake y Ranma no gustaba mucho de cosas dulces, por lo que pidió una compota de café.

Estaban terminando sus platillos, mientras conversaban de cosas triviales.

Ella se había reído bastante. Aunque en apariencia, Ranma lucía como un hombre serio y severo, era en realidad dulce y divertido, pero también culto e interesante.

Había descubierto que si bien, tenían muchas cosas en común, como su amor por las artes marciales, el arte y los Hibiki, también tenían muchas opiniones distintas. Aún así, se complementaban tan bien, que ella sólo podía desear que la noche no terminara.

Lamentablemente, pasaban de las diez y cuarenta de la noche, cuando decidió que debía poner fin a todo. Miró su reloj de mano con toda intención y luego observó a Ranma al otro lado de la mesa.

—Ya es hora ¿cierto?

—No pretendo que pienses que tengo hora de llegada, pero se que mi padre seguramente me estará esperando aunque le dije que no lo hiciera — le comentó acomodándose el cabello tras las orejas. Le incomodaba un poco decirlo, pero se alegró que Ranma no pensara algo extraño sobre ella.

—Es un buen padre.

—El mejor.

—Esta bien, voy a pedir la cuenta — levantó una mano y pocos segundos después, alguien estaba a su lado.

Akane esperó a que él terminara. Aunque le había comentado antes sobre su intención de pagar su parte o dividir todos los gastos, Ranma se limitó a lanzarle una mirada severa y negar con la cabeza con rapidez.

En cuanto todo estuvo en orden, Ranma se puso de pie, se posicionó a su lado y le dio la mano, ayudándola a erguirse. Era muy caballeroso y Akane no pudo controlar su nerviosismo, consciente que, mientras se dirigían a la salida, Ranma no había soltado su mano.

Una vez fuera, uno de los chicos se acercó a él y le dio un manojo de llaves. El moreno agradeció y la guió a través de las escaleras de la entrada.

—¿Donde esta tu coche? — le preguntó mirando a los alrededores.

—No tengo — ella negó y sacó su celular —. Pero ya envié un mensaje a la central de taxis. Seguramente la persona a cargo de mi viaje no debe tardar en venir.

—¿Cómo? No, espera… yo te llevo.

—No quiero ser una molestia — sonrió suavemente y luego miró su celular —. Además el muchacho ya debe estar en camino.

—No tengo ningún problema en llevarte — Ranma negó.

—Pero…

—Si me lo hubieras comentado desde un principio, yo te habría dicho que no había necesidad de llamar a la central.

—Bueno, no es como que le comunico a todos que no tengo un vehículo — susurró ella divertida. Ranma sonrió y ladeó el rostro en su dirección.

—Pero si lo debes hacer si estas en una cita conmigo.

—Pero…

—Me gusta mucho la idea de alargar nuestro tiempo juntos ¿no piensas igual?

Akane sintió como se enrojecía, mientras él la miraba. Sus palabras era bastante reveladoras y en realidad había disfrutado tanto de su velada, que tampoco deseaba irse. No cuando se sentía envuelta en esa neblina de atracción y complicidad que se había creado entre ambos fácilmente.

—Bueno… — justo en ese momento, su celular sonó y cuando lo sacó, notó que se trataba de un mensaje. El joven del taxi ya se encontraba ahí y le mandaba detalles de las características del vehículo que conducía —. Ya está aquí — le comunicó a Ranma.

—¿Cuál es? — él observó hacia enfrente, deslizando la mirada por los autos.

Akane le buscó también hasta que dio con él varios metros a la izquierda del restaurante y no dudo en señalárselo.

—No tienes de que…

—Espera aquí — asintió y luego se alejó, caminando hacia el taxi.

Akane observó como se aproximaba y le indicaba al hombre que bajara el vidrio del pasajero, luego empezaron a conversar. Se sentía profundamente avergonzada porque Ranma se tomara aquellas molestias cuando apenas se conocían, pero también la hacía sentir halagada, pues se volvía evidente que él se sentía muy interesado en ella, lo cual indicaba que su química era mutua.

No ignoró la manera en la que su corazón daba un vuelco entusiasmado.

Miró como Ranma asentía y luego se erguía para sacar su billetera y coger un poco de efectivo, el cual no dudo en pasar al conductor.

Akane se avergonzó, mientras Ranma se despedía del otro hombre y volvía hacia ella.

—¿Nos vamos? — sonrió deteniéndose unos pasos abajo, lo cual hizo que sus miradas estuvieron casi a la misma altura.

—El taxista…

—Ya lo resolví, no te preocupes — susurró acortando la distancia entre ambos hasta posarse a su lado. Akane suspiró, alzando el rostro para seguir viéndole los ojos.

—¿Cuánto costo la carrera? Yo te lo voy a pagar — bajó la mirada y empezó a buscar en su cartera, pero Ranma la interrumpió, apoyando sus manos sobre las de ella.

—Pierde el cuidado.

—Pero…

—Ven, vamos — su mano siguió sobre las de ella hasta que Akane las liberó, solo un segundo antes de que él tomará su derecha y las entrelazará.

La hizo sentir nerviosa, cuando Ranma empezó a guiarla escaleras abajo hacia su auto, de la mano, pero intentó controlarse, pese al intenso rubor que abarrotaba sus mejillas y al enloquecedor latido de su corazón.

Él rodeó el auto y abrió la puerta del pasajero, dándole el espacio para entrar. Nerviosamente, Akane lo hizo y esperó hasta que Ranma cerró y rodeó, entrando del otro lado.

El Saotome sonrió antes de arrancar. El aire acondicionado le azotó la enrojecida tez y al instante empezó a sonar una melodía instrumental. Ranma maniobro el timón y empezó a avanzar.

En segundos se pusieron en la carretera. El restaurante quedaba en el centro de la ciudad y su casa, en uno de los barrios que bordeaban Tokio. El viaje tardaría al menos una media hora.

Miró de reojo a Ranma, apreciando el perfil masculino de su rostro. Parecía serio, pero también tranquilo. Con una mano, tomaba el volante y la otra descansaba sobre su muslo. Su mirada se posó en los dedos fuertes. Por alguna razón, tenía un gusto particular por las manos grandes. Talvez porque su padre fue un instructor de artes marciales durante su niñez y ella siempre relacionaba aquella cualidad con alguien fuerte.

—Me divertí mucho — soltó suavemente, un poco sonrojada por haber iniciado la conversación. No era una mujer tímida, de hecho, podía ser muy desinhibida para algunas cosas, pero no frente a un hombre y no uno como Ranma. Se dio cuenta que se debía a que él le gustaba mucho.

—Yo igual — le dirigió una mirada de reojo —. Espero no haber sido nada aburrido.

—En lo absoluto — se apresuró a decir.

—Es que solo estuve hablando de mi. No quiero que creas que soy un tipo ególatra o algo así.

—No, para nada… me gustó conocer cosas sobre ti. Tenemos en común que nos gustarán las artes marciales desde la infancia.

—Eso si — asintió — ¿Te agrado el lugar?

—Si, aunque nunca había ido.

—¿Ahh no? — él la miró.

—No es como los lugares que frecuento, ya sabes — se sonrojó, un poco apenada —. Soy mas de lugares sencillos… — soltó vacilante, hasta que tomó en cuenta sus propias palabras —. ¡Pero no te mentí cuando dije que lo disfrute! ¡En serio me gustó salir contigo!

—Bueno… — Ranma se rió —. En realidad, quería impresionarte — le confesó.

—¿Como? — eso logró sorprenderla.

—Si, ya sabes — encogió un hombro y Akane miró asombrada que parecía de pronto un poco azorado—. Es nuestra primera cita. He venido a este lugar muchas veces, pero más que todo, a citas con clientes. Siempre he preferido una comida tradicional en un local mas sencillo.

—Yo igual — masculló sin aliento, mientras llevaba una mano a su propio pecho —. No es que no disfrute una salida así, pero creo que es mas fácil conocer a una persona sin la presión de las etiquetas.

—Vaya, de haberlo sabido… — Ranma silbo.

—¡Pero podemos salir de nuevo! — su propia efusividad, logró apenarla —. Sólo si quieres.

—Claro que quiero — Ranma volteó un segundo y la miró a los ojos.

—Bien… — soltó sonriente.

El silencio volvió a predominar, mientras el auto se deslizaba por las calles. Una ciudad como Tokio, tenia la particularidad de siempre estar activa. La mayoría de los locales contaban con un horario 24/7, lo que daba la pauta para tener una energética vida nocturna.

—Me tienes con el pendiente — la voz masculina logró sobresaltarla ligeramente.

Akane parpadeó y volteó hacia Ranma, un poco confundida por sus palabras.

—¿Sobre que?

—De saber más sobre ti — susurró. La morena sintió como el pulso se le aceleraba y fue nuevamente consciente del rubor que inundaba su tez.

—¿Que quieres saber?

—Cualquier cosa.

Había sido Ranma el único que había hablado durante su cena, porque ella así se lo había pedido. Le gustaba escuchar su voz, conocerlo y llegar a él a través de sus anécdotas.

Era su turno y no se guardo nada. Le contó sobre su familia, sobre su madre. La universidad, su carrera. La razón por la que se había ido de Tokio para sacar su maestría y también porque había decidido quedarse lejos en lugar de volver.

—Era por eso que no te conocía — susurró Ranma pensativo.

—Bueno, volví hace unos meses.

—Si… escuche mucho de ti. Akari te ama.

—Y yo a ella — Akane se sonrojó. Bajó la mirada a sus manos entrelazadas —. Tiene un aprecio especial por ti ¿sabes?

—Eso no dice cuando saco a Ryoga por unas cervezas — se burló entre dientes.

—Eres malvado — Akane también rió.

—Es una mujer grandiosa. Si te soy sincero, no se como Ryoga se las arregló para conquistarla.

—Ella es la mejor, pero Ryoga es el sujeto mas agradable y amoroso que he conocido.

—Oye, oye… me voy a poner celoso — se quejó con una sonrisa.

—Tu empezaste — le recordó con una sonrisa. Ranma también sonrió.

—Touche.

—Aitana también te adora, se que te lo había dicho antes, pero esa niña de verdad te ama.

—Y yo a ella… en realidad, no soy mucho de niños, pero Aitana es completamente diferente.

—¿No te gustan los niños?

La había cagado. Ranma se tensó y carraspeó, soltando una pequeña carcajada.

¡¿Cómo se le ocurría decirle a una maestra de primaria —a la que quería conquistar— algo así?

—Bueno…

—Eres hijo único ¿cierto?

—¿Como lo supiste? — le lanzó una mirada sorprendida.

—Intuición — ella se rió —. En mi caso, influenció bastante mi hermana mayor, como te había dicho. Ella nos cuidó mucho luego de la muerte de mi madre y no se… creo que de ahí nació mi vocación.

—¿Ahh sí?

—Si… — le dirigió una mirada de reojo —. No pareces el tipo de persona que odia a los niños.

—Es más bien que no les tengo mucha paciencia, si me entiendes.

—Si, se que es difícil. La mayoría son muy traviesos y ruidosos.

—Me imagino.

—Pero Aitana solo habla maravillas de ti, fue ella quien despertó mi curiosidad por el famoso "Tío Ranma"

—¿Ahh sí?

—Bueno… — no había sido su intención aceptar eso —. Es que ella…

—Es bueno saberlo… — Ranma tomó la palabra, al notar que estaba en aprietos — ¿Es debido a eso que estamos aquí entonces? Le debo un enorme regalo a Aitana.

Su evidente coquetería logró ponerla enrojecida, pero también la hizo sentir atractiva.

No tardaron mas que unos minutos en llegar finalmente al dojo. Ranma detuvo el auto y volteó hacia ella con una sonrisa.

—Llegamos.

—Me la pase muy bien — aceptó Akane.

—Es bueno escucharlo — asintió —. Yo también disfrute de tu compañía.

—Me alegra — apretó los dedos sobre su cartera de mano.

—Y bueno… tenemos pendiente una cita más — Ranma sonrió —. Esta vez te prometo escoger un local sencillo y tradicional.

—Me gustaría mucho.

Se miraron fijamente a los ojos una vez más. La sensación que flotaba entre ambos era ligera, pero intensa. Akane sintió como el pulso se le aceleraba y se mordió el labio inferior, nerviosa cuando notó que la mirada de Ranma se detenía en su boca un segundo.

El impulso de acortar la distancia entre ambos y besarlo, le acometió, pero una voz en su mente le dijo que sería muy pronto. No tenía ninguna regla de citas y no era una mojigata, pero de pronto, sentía que un paso en falso podía romper con facilidad la burbuja que les rodeaba.

—Regálame tu número — musitó Ranma suavemente. Akane se sonrojó y asintió, sacando su celular.

Susurró su número y guardó el de Ranma, cuando él también se lo dictó.

—Muchas gracias por todo — Akane sonrió y tomó una respiración profunda, antes de inclinarse y depositar un pequeño, pero prologado beso en la mejilla del hombre.

Ranma no se inmutó, pero tampoco hizo un movimiento en falso como para hacer de aquel contacto algo más, lo cual la hizo sentir muy bien.

Cuando se alejó, Akane se limitó a sonreír, murmurar un "hasta luego" y salir del vehículo.

Se encaminó hacia el dojo y sacó las llaves de su bolso. Miró sobre su hombro y notó que Ranma aún continuaba ahí, eso logro ponerla nerviosa.

—Estoy esperando a que entres — susurro él desde el auto, en cuanto notó su mirada.

—Me haces sentir como en mi primera cita en secundaria — le comentó ella buscando la llave correcta. De pronto, las manos habían empezado a temblarle.

—Espero que esta superará cualquier otra — exclamó él divertido.

—Definitivamente — le dirigió una mirada sobre su hombro —. Vamos a tener una segunda cita ¿recuerdas?

—Nunca me había sentido tan halagado en mi vida — se mofó Ranma.

Entre pequeñas risitas y nervios, Akane finalmente logró abrir la puerta. Un suspiro salió de sus labios y un poco más tranquila, volteó hacia el auto. Ranma la miraba fijamente.

—Nos vemos — levantó una mano dudosa y la movió en su dirección.

—Nos vemos Akane.

La morena observó como el auto se alejaba y solo entonces, cerró las puertas y se adentró a su hogar.

Las luces estaban apagadas, por lo que la claridad del televisor iluminaba toda la sala de estar. Su padre estaba sentado en su sofá reclinable, profundamente dormido.

Akane sonrió, se acercó y lo levantó, para llevarlo a su habitación.

Luego de asegurarse de que todo estuviera en orden y que las puertas se encontrarán cerradas, se dirigió a su dormitorio sin ninguna vacilación.

Una vez en su cama, se acomodó, volteando sobre el costado derecho de su cuerpo y abrazando la peluda almohada sin la que no podía dormir.

Aun flotaba y la sensación de presión en su pecho persistía, junto a su sonrisa.

Y la primera ilusión de un amor que duraría toda la vida.

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FIN DEL CAPITULO


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NOTAS DEL CAPITULO:

Buenas noches bellas.

En primera, muchas gracias por su apoyo a esta historia. En realidad no estoy esperando mucho porque se que es una trama bastante sencilla, pero siempre me sorprenden y se los agradezco de corazón.

Este capítulo tiene su toque de cotidianidad. No se ustedes, pero en mi caso, siempre me estreso al pensar en conocer a un chico, están los nervios, las inseguridades, los momentos de silencios incomodos y si me gusta el chico, ni se diga, así que quería transmitir eso a través de Akane. Me habría gustado poder hacer toda la cita tal cual, pero en esto llegué a las 3600 palabras y no podía seguirme alargando, así que intente abarcar lo necesario.

Espero que también lo hayan disfrutado y nos leemos pronto con: Primer beso.

Besos y abrazos.

02/02/2023

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