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Advertencias del capítulo: (Escenas sexuales leves y lenguaje soez)
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JUST US
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CHAPTER 6
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FIRST BATH
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—Akane…
—Mmm…
Ranma se inclinó sobre el cuerpo desnudo de su novia y le dio un beso en el omóplato.
Luego de un encuentro sexual deliciosamente gratificante, se sentía más energético que nunca. Su mirada se deslizó por la piel desnuda, desde la espalda estilizada, hasta la cintura pequeña y al arco sensual de sus caderas, deteniéndose intencionalmente en el generoso trasero femenino.
Deseó inclinarse y darle una mordida, pero Akane había chillido conmocionada la primera vez, entre divertida y molesta, cosa que no deseaba justo en ese momento. Apoyó la mano en su cintura y la apegó a su cuerpo también desnudo, disfrutando de la suavidad de su piel sobre la suya.
Empezaba a excitarse otra vez, pero la chica le había aclarado que no podía permanecer mucho tiempo ahí, pues debía despertar temprano al día siguiente, a raíz de una reunión en el trabajo.
¡Maldita fuera!
Por un momento, consideró pedirle que se quedara a su lado esa noche. Nunca había dormido con una mujer antes y no sabia si compartir cama seria algo excepcional o incómodo, no obstante, deseaba alargar su tiempo juntos.
Akane se le había metido bajo la piel con facilidad. A seis meses de relación y siendo oficialmente novios, Ranma sabía que lo suyo era más que una atracción pasajera. Akane era todo lo que jamás podría esperar en una mujer. Era una amante excepcional, una amiga sincera y una compañera alegre y dispuesta.
Adoraba compartir su tiempo con ella. Se veían al menos cada día de por medio, algunas veces varios días seguidos y cuando no era así, odiaba admitir ante sí mismo, que la extrañaba. Todo aquello era una novedad para él, pero no estaba asustado.
Disfrutaba de su tiempo juntos, de cada momento en el que podían estar así, pero era algo más que sexual; era esa comodidad, la complicidad que solo había encontrado a su lado. La extraña certeza de que aquello era correcto.
—Akane — depósito un beso en su hombro y observó su expresión serena. La Tendo lucía un poco somnolienta, pues según tenia entendido, con la semana de exámenes, había estado demasiado apretada de trabajo.
Se sintió un poco egoísta por haberla arrinconado en aquella situación, pero era imposible de otra manera. Luego de su primera vez juntos, él no podía quitarle las manos de encima. Era tan adictiva.
Deslizó la mano por su cadera y luego hacia su vientre. Sus dedos subieron lentamente, acariciando apenas con las yemas, la suave piel pálida, hasta tocar la cumbre de su seno izquierdo. No pudo evitar rodearlo y apretarlo ligeramente, comprobando su peso, mientras inclinaba el rostro y depositaba besos en su hombro.
—Ranma — susurró ella suavemente.
—¿Ya despertaste? — deslizó el pulgar por el pezón, notando como empezaba a erguirse.
—Creo que no soy la única — Akane meneó el trasero sobre su ingle, acariciando su miembro semi-erecto.
—No puedo evitarlo.
—Eso veo — ella suspiró, mientras tomaba el botón entre los dedos y lo retorcía apenas un poco —. Pero no podemos jugar.
—Solo un poco — acarició su cuello con la nariz.
—No sabes el significado de "un poco"
—Será un rapidito — apoyó sus caderas contra el voluptuoso trasero.
—No eres un hombre de rapiditos. Tienes demasiada energía sexual.
—Elevas mi ego, nena — se rió suavemente.
—¿Aun mas? — murmuró divertida, luego suspiró —. Yo tampoco quiero irme — ella se apoyó contra su pecho y volteó el rostro. Ranma se inclinó y le dio un beso en los labios.
—Lo se — bufó, con un puchero en los labios —. Pero me lo debes.
—Esta bien — asintió —. En cuanto termine esta semana.
—No se me va a olvidar — le advirtió.
—Te conozco — ella entrecerró la mirada, con una sonrisa perezosa.
—Muy bien — Ranma le dio la vuelta y luego le pegó una cachetada en el trasero.
—¡Ranma!
—Vamos.
—Espera — ella tomo sus sábanas sobre su torso y dio la vuelta, sentándose.
—¿Por qué te cubres?
—Porque si — su rostro se encontraba sonrojado mientras le dirigía un ceño fruncido.
—Pero ya te vi muchas veces… — su mirada recorrió su figura —. Por completo.
—¡Ranma!
El Saotome sonrió, aún no había podido cruzar la barrera de timidez de Akane, pero lo lograría, estaba decidido.
—Ven, vamos a tomar un baño juntos— la tomó de la mano, ayudándola a ponerse de pie.
—No se si sea buena idea — se quejó Akane.
—Claro que si ¿Por qué no lo seria?
—Sabes porque — ella le lanzó una mirada entrecerrada, la cual le arrancó una carcajada.
—Voy a mantener mis manos para mi — las levantó en alto, mostrándoselas.
—¿En serio? — Akane alzó una ceja.
—Si, si… ven, vamos, pero tienes que dejar la sábana.
—Pero… — Akane dudó, ella nunca había tomado un baño con ningún hombre, ni siquiera su único novio.
—Yo te ayudo — desenvolvió la sábana y la dejó sobre la cama, pese a que Akane lucia bastante renuente a dejarla de lado. Luego volvió a tomar de la mano y la guió hacia una puerta.
Su baño era bastante grande, con un amplio lavamanos de cerámica y un espejo enorme, ovalado, justo sobre él. El retrete estaba a un lado, la ducha en un extremo y a su lado, una bañera, la cual no había usado hasta el momento.
—¿Te he dicho que me encanta tu bañera — la voz de Akane llamo su atención.
—Talvez debamos probarla alguna vez — se posicionó tras ella y le susurró al oído.
—Ranma, no me molestes.
—No lo hago.
—Bueno… — ella se puso de costado y le miró entre pestañas. Se sentía un poco extraña, mientras ambos estaban desnudos fuera de la cama, pero había aprendido que Ranma era un hombre que no se acomplejaba de su físico.
No es que pudiera, de cualquier manera.
Era guapísimo.
Su mirada le recorrió, mientras le observaba acercarse a un armario a un lado. Ella no era un chica acomplejada, pero tenía sus reservas, aún así, Ranma parecía fascinado con su cuerpo y tenía reparo en tocarla y acariciarla en cualquier momento, como si no pudiera mantener las manos lejos de ella. Eso definitivamente ayudaba a su autoestima.
—Esta es para ti — Ranma volvió con dos toallas —. Esta limpia.
—Bien, gracias — ella asintió, mientras tomaba la toalla blanca y la acercaba a su rostro. Olía a lavanda, seguramente por el suavizante.
—Dejémoslas de lado — le indicó una especie de perchero y tomó ambas toallas antes de colgarlas, luego volteó hacia ella y le ofreció una mano.
—Voy…
—Solo será un baño rápido.
—Bien — Akane le siguió. La ducha tenía unas puertas deslizantes, le observó abrir y luego indicarle que entrara antes de hacerlo él, a su espalda, y cerrar.
El espacio era amplio, lo suficiente como para que ambos se movieran sin problemas o restricciones. Akane se acercó a una pared, estremeciéndose cuando su espalda chocó con la cerámica fría.
—¿Agua caliente o helada?
—¿Cómo? — alzó el rostro, buscando la mirada de Ranma.
—La temperatura del agua.
—Ahhh… medio. No me gusta ni caliente, ni fría.
—A mi igual — Ranma sonrió y reguló la temperatura.
—No voy a mojar mi cabello… — susurró suavemente. No quería llegar a casa con alguna muestra reveladora de donde se encontraba, su padre podía ser muy perspicaz algunas veces.
—Bien, entonces voy primero — Ranma abrió el grifo y dio un paso, posicionándose de espaldas al chorro y de frente a ella.
El agua le azotó el cuerpo y él echó la cabeza hacia atrás.
—Deberías de deshacer la trenza — susurró suavemente, admirando la manera en la que el agua se deslizaba por su cuerpo fuerte.
Ranma poseía la figura de un guerrero, con los hombros anchos, el torso amplio, la cintura estilizada y unas caderas fuertes. Los músculos de sus brazos y muslos no eran excesivos, pero si notorios y definidos, lo cual era un deleite a la vista. Su mirada bajó por un momento, posándose en su miembro en descanso, Akane ni siquiera percibió la manera en la que se lamia los labios, pero Ranma si.
—¿Debo suponer que esa es una invitación?
—¿Qué? — ella se sobresaltó, sorprendida —. ¿Qué dices?
—No me mires así si no quieres que este baño termine en otra cosa — él sonrió de soslayo —. Puedo ayudarte a ensuciar tu cuerpo en lugar de lavarlo.
—¡Ranma! — chilló, mientras observaba como él flexionaba los brazos hacia arriba para soltarse el cabello.
—¿Qué? — lucía divertido, perverso.
—Sabes que no tengo tiempo…
—Uno de estos días no te voy a dejar ir.
Ella no sabía que reacción tener ante algo así. Ranma soltaba aquellas frases con demasiada frecuencia y la hacía sentir bien. Su relación era aún reciente y estaba intentando disfrutar de cada etapa con calma y madurez. No quería volver a embarcarse en un noviazgo con intensidad, tampoco deseaba apresurar las cosas o apegarse demasiado pronto. Sin embargo, no podía evitarlo y es que Ranma la hacía sentir de una manera tan especial, tan única. Era dulce, caballeroso, pícaro, divertido. Un conjunto de todas esas cosas que talvez nunca había admirado como tal, viniendo de otra persona, pero que en él encontraba entrañables.
No quería enamorarse tan rápidamente, pero estaba segura que se encontraba a un solo paso de estarlo. Y era extraño, porque se daba cuenta que en realidad, nunca se había sentido de esa manera antes.
—Vamos a enamorarnos — el susurro de Ranma le sacó de sus pensamientos bruscamente, pero fueron sus palabras las que le dejaron sin aliento.
—¿Cómo? — exclamó parpadeando desconcertada.
—Que vamos a enjabonarnos — Ranma la miró extrañada.
—Ahh, si — Akane sintió como todo el rostro se le enrojecía al instante. La piel le quemaba.
Ranma tomó un bote y vertió algo de jabón líquido en sus manos. Luego las frotó y se acercó a ella.
Él no tenía problemas de confianza o de decencia si fuera el caso, mientras apoyaba las manos en sus hombros y los deslizaba por su torso hasta tomar sus pechos.
—Yo puedo hacerlo — susurró Akane sonrojada.
—Pero me gusta lavarte — él le dirigió una mirada a los ojos y luego bajó el rostro y continuó con su tarea.
Compartir baño era mucho más íntimo de lo que Akane había esperado. Sintió como Ranma masajeaba sus pechos y luego deslizaba las manos jabonosas por su cintura, hacia su espalda, hasta tomar cada uno de sus glúteos en sus manos y acariciarlos de arriba abajo.
Ellos habían compartido cama demasiadas veces hasta ese momento y aunque cada encuentro era gratificante y delicioso, Akane se dio cuenta que aún mantenía algunas reservas morales sobre un acto tan intimo como aquel. Jadeó cuando sintió como Ranma deslizaba dos dedos entre sus glúteos. Su caricia no era sexual, al menos no debería haberlo sido, pero no estaba segura, pues sintió como su propio cuerpo reaccionaba.
—Ranma…
—Mmm — él no se inmutó por su llamado mientras se lavaba y volvía a tomar el jabón.
—Creo que… — ella posó una mirada en sus manos, con la tez fuertemente enrojecida.
—¿Qué?
—Bueno… — se lamió los labios —. Puedo lavar mi cuerpo.
—Bien… ¿El mío también? — le preguntó divertido
—¿Tu cuerpo? — recorrió su figura con los ojos.
—Ten — hizo que extendiera sus manos —. Toma un poco — le dio un poco de jabón.
—Bien — ella podría hacerlo y mientras recorría su piel, se dio cuenta que en realidad era algo que deseaba.
Ranma apoyó las manos en sus caderas y esperó, mientras deslizaba los dedos por su torso y luego por su abdomen, sintiendo como sus manos ondulaban sobre sus músculos. Akane levantó la mirada y notó que Ranma la observaba con mucha atención, una expresión de seriedad aferrada a su rostro.
Volvió a subir lentamente y le pidió que levantara sus brazos, para limpiarle las axilas, luego se apego a su cuerpo, solo lo suficiente como para deslizar sus manos por la espalda fuerte. Sus pezones se rozaban contra el torso enjabonado de Ranma.
—Ya… — susurró suavemente, dando un paso para atrás y dirigiéndole una mirada baja, con el rostro completamente encendido.
—Aun te falta un lugar — Ranma alzó una ceja y señaló con el índice su zona inferior.
Akane bajó la mirada y observó rápidamente que el miembro de Ranma se encontraba ya excitado.
Se suponía que no debía ceder a sus provocaciones, pero se dio cuenta rápidamente que era un caso perdido. Apretó las piernas y notó la humedad reveladora en su interior.
—Ranma… — gimoteo sin aliento.
Odiaba la manera en la que un gesto suyo podía ponerla en aprietos, pero adoraba cuan bien podía amarla.
—¡Maldición! — mascullo él antes de enredar los dedos en su cabello y halar de ella, hasta encontrarse con sus labios.
—Ranma… — gimió echando la cabeza hacia atrás. Él no perdió el tiempo al empezar a besarle el cuello.
—Será rápido — la sedujo mientras tomaba sus glúteos con ambas manos.
Ella no podía negarse y no dudo en devolverle el beso.
Y su primer baño juntos fue un largo y placentero momento, que como consecuencia, tuvo el llegar a su casa hasta las doce de la madrugada, con el cabello húmedo y el cuerpo agotado, pero satisfecho.
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FIN DEL CAPITULO
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NOTAS DEL CAPITULO:
Buenas noches bellas.
Espero que el capítulo fuera de su agrado. Aunque nos saltamos la propuesta de noviazgo como tal, recuerden que la historia indica más que todo, las primeras veces en pareja y no hay ninguna como "Primera vez en ser novios" o algo así. Aún así, más adelante hay referencias de ese momento.
El siguiente capitulo es: "Primera vez en presentarse como novios"
Nos leemos luego. Besos y abrazos.
07/02/2023
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