Holaaa, hola.

Ya regresé con más y estoy emocionada porque hay muchos momentos y develaciones que sé que les van a gustar.

Uf, les juro este capítulo se ha escrito por sí solo.

Y bueno, los dejo leer de una vez, me cuentan qué tal, chao.


Era la segunda vez en poco menos de unos días que se despertaba en una habitación desconocida. Con los sentidos embotados le fue difícil pensar en otra cosa que no fuera la hora en el reloj que alcanzaba a ver desde la orilla de la cama; mientras su mente se aclaraba poco a poco fue tomando consciencia del lugar y lo reconoció como la casa de Anna donde ya debería estar acostumbrada a las paredes, sólo que esta vez resultó diferente, quizá por eso al principio se sintió un poco perdida.

Parpadeó con lentitud y entrecerró los ojos mientras el sueño intentaba dejarla fuera de batalla de nuevo. Intentó dejarse llevar por Morfeo, sin embargo, cuando intentó moverse notó el ligero peso que aprisionaba su brazo dejándola atascada en la misma posición. Le faltó voz para soltar la exclamación de sorpresa en su garganta al ver a Anna recostada en su brazo, su rostro se acercaba bastante a su cuello por lo que su respiración le llegaba por instantes hasta la base del cabello; abrazaba su cintura como una cría aferrada a su ropa, tan fuerte que, aún si quisiera moverse, le sería imposible.

La chica parecía no darse cuenta de nada, un hilillo de saliva le recorría la mandíbula lo cual le causó cierta hilaridad al asunto. Ahora que podía observarla sin reparos fue recorriendo lentamente con la mirada sus pestañas y la forma en que rozaban con sus pómulos o la mueca que repetía en sueños como si algo le pareciera desagradable.

Tal vez nunca había tenido la oportunidad de apreciar cada minúsculo detalle con tanta atención sin sentir que invadía su espacio personal, por eso no quiso desperdiciar ese momento donde podía repasar con los dedos cada peca en su rostro intentando unir en la semioscuridad una línea invisible que consiguiera conectar cada pequeño punto.

Retiró la mano enseguida cuando la vio bostezar, estaba por despertarse y se sentía avergonzada de que fuera a descubrirla en su escrutinio. Dirigió la vista al techo como si desde el principio se hubiese dedicado a mirar sólo eso y esperó.

Anna no tardó en despertarse. Se le escapó un nuevo bostezo mientras cerraba los ojos, dejó libre la ropa de la chica para tallar su vista con la mano y retirar cualquier reflejo de sueño, aunque no lo consiguió del todo. Le gustó que su primera imagen del día fuera Elsa, aunque sintió como se acumulaba la sangre en su rostro cuando notó su saliva en el brazo de la chica y quiso esconderse en una roca y no volver a salir de ahí jamás.

Podría fingir demencia, pero no engañaría a nadie, Elsa ya estaba despierta, seguro llevaba rato de haber notado su vergonzoso incidente sobre su suave piel. De todos modos, lo menos que podía hacer era limpiarlo, así fuera muerta de pena.

—Buenos días, Anna —saludó la chica con la vista fija por primera vez hacia ella.

Sus ojos recién despiertos parecían un cielo despejado.

—Hola… Lamento lo de… hum.

No se atrevió a decirlo, pero se dedicó a tallar el lugar donde antes había estado su saliva. Elsa sólo se rio y no supo cómo interpretarlo porque no se veía molesta. Su ex novio siempre se molestaba con ella por ese tipo de incidentes, lo cual se volvió una de las razones por las que dejaron de dormir en los brazos del otro; era asqueroso e iba a arruinarlo de una u otra forma, así que dejó de intentar acercarse.

—No importa, es una reacción natural del cuerpo.

—¿No te molesta? —preguntó sin terminar de creerlo.

—¿Debería?

—Hum, sí. Creo que sería lo más normal y no te lo podría reprochar porque tendrías razón.

Elsa se quedó pensativa un segundo con la mano libre en la barbilla y, a pesar de estar avergonzada, no era suficiente para que quisiera dejar libre su otro brazo que usaba de almohada.

—Por lo que dices deduzco que crees que no soy normal.

—¿Qué? Yo no dije eso.

—Lo diste a entender.

Lo decía todo con una sonrisa en el rostro, no puedo evitar reírse también ante el rumbo que comenzaba a tomar la conversación tan temprano por la mañana. Observó la hora con una mirada rápida, tenían tiempo de sobra para hacer el tonto un rato sin retenerla demasiado.

—Debes estar dormida todavía —aseguró—. Yo no sería capaz de decirte anormal, aunque lo seas un poquito.

—Si continúas diciendo esas cosas tendré que vengarme. Te lo dije antes: soy una persona muy terca y no pienso perder.

Devolvió su brazo a donde pudiera abrazarla sólo para acercarse un poco más a su rostro al responder a la única amenaza que podría considerar una victoria.

—¿Cómo planeas vengarte? Estás totalmente en desventaja conmigo sobre ti.

Elsa tragó saliva intentando no ser demasiado obvia. El comentario de Anna consiguió detener su sonrisa, más por nervios que por disgusto, pero era un reto y no podía ignorarlo; se acercó ella también, lo suficiente para que fuera Anna quien terminara por retroceder unos centímetros y le pasó la mano por la cintura.

Comenzó a hacerle cosquillas.

—¡Elsa, no! —decía Anna entre risas—. ¡Detente! Ay dios, me rindo, por favor.

Comenzaron a forcejear, Elsa liberó el brazo que la chica usaba de almohada para no perder mientras intentaba seguir con su ataque viendo como Anna dejaba algunas lágrimas por el camino.

Nunca antes le hizo cosquillas a nadie, era algo nuevo para su socialización, pero lo consideró divertido, incluso cuando recibió un golpe accidental por no detenerse. El juego se interrumpió porque tuvo que usar las manos para sobar su pómulo magullado.

—¡Lo siento tanto! ¿Estás bien?

Anna se notaba preocupada, acercó su cuerpo de nuevo mientras intentaba examinar el golpe en su rostro y lo único que pudo hacer fue dejarla continuar con sus caricias porque se quedó entretenida viendo el color de sus ojos.

—Estoy bien, Anna.

La sonrisa de Elsa sería capaz de conseguir una retirada sin necesidad de tocar a nadie porque no encontraría en otro lugar cualquier cosa que consiguiera relajarla de la misma forma, quizá por eso se quedó más tiempo con las manos en sus mejillas.

Sus labios estaban tan cerca que podría inclinarse un poco y…

—Lo lamento —dijo al acurrucar las manos de nuevo en el espacio libre entre sus cuerpos—. Espero no haberte causado un hematoma.

—Fue apenas un empujón, Anna, estaré bien.

—Hum, si tienes alguna molestia yo podría cuidarte, ya sabes, a cambio de dejarte la cara de colores.

—Si eso sucede, créeme que serás la primera persona a quien buscaré.

Seguían mirándose en la cama con el cuerpo de costado. Tan cerca que podían sentir su respiración al hablar.

—¿La primera? ¿Tendrías algún otro contacto de emergencia? No quiero.

—¿Quieres ser mi único contacto de emergencia?

Anna asintió. Era consciente de que quizá su petición sonaba más como un berrinche de niña pequeña o, peor aún, como una escena de celos, sin embargo, le venían las palabras de forma tan natural que no podía evitarlo. Se sentía tranquila dándole este tipo de peticiones a ella.

—¿Qué pasa si no estás disponible?

—Hum, supongo que podría dar permiso a Emil para que sea el contacto suplente, pero sólo él. —Bajó la vista con los dientes apretando suavemente su labio inferior. No quería mirarla a los ojos cuando dijera lo siguiente porque la dominaba la vergüenza. —No Honeymaren, no Mérida, sólo yo.

Su voz fue tan tenue que de haber estado unos centímetros más lejos no la hubiese escuchado. No estaba segura de porque le importaba tanto a Anna su relación con Mérida o con Honeymaren, pero parecía transcendental para ella hablar al respecto.

—Mérida no es mi amiga. —Anna la miró. —Ya no lo es, pero lo fue en algún momento. Nos conocimos cuando éramos unas niñas y enseguida congeniamos lo suficiente como para ir juntas a todas partes.

—No tienes que contarme esto, Elsa, sé que no quieres hablar de lo que sea que pasó con Mérida.

—Es verdad —dijo dándose la vuelta para mirar el techo con las manos sobre su abdomen—, pero si tú quieres saberlo voy a decírtelo.

Sintió aleteos en el estómago, esa historia ni siquiera la conocía Emil y estaba más que dispuesta a contarla para ella porque… ¿Por qué? ¿Sólo porque era evidente que no podía dejar el tema atrás? No necesitaba darle explicaciones, no eran nada, pero ahí estaba la chica, hablando de su pasado con tal de complacerla.

Le gustó un poco más por eso.

—Éramos amigas hasta que… me alejé de ella.

"Ella solía tener amigos, pero siempre deja de lado a las personas". Las palabras de Hans regresaron a su memoria con fuerza, la propia Elsa acababa de admitir que dejó a su amiga, pero no quería quedarse con esa idea. Sacudió la cabeza de forma apenas perceptible.

—¿Hizo algo contra ti? Debe haber una razón por la que tuvieras que tomar esa decisión.

—La hay —confirmó—, sólo que no era culpa suya sino mía. Solía ser alguien muy moldeable en ese entonces, no daba problemas y jamás desobedecía a mi familia o… Cuando era niña adoraba a mi hermano, sabes.

—¿Emil?

La tenía confundida por el último comentario pues no parecía entrar en la historia por ningún lado.

—No, en aquel entonces Emil no solía hablar conmigo y nos odiábamos un poco.

—Eso es imposible, con lo bien que se llevan. Si te soy sincera, no estoy entendiendo.

Elsa sonrió para mirarla de nuevo y volvió a acomodarse hasta quedar frente a frente como antes.

—Lo sé, lo lamento, no soy buena explicando esto.

—Y no tienes por qué hacerlo, ya te lo dije.

—Y yo te dije que lo haré de todos modos —replicó con un golpecito a su nariz.

No le había dolido, pero la sorprendió.

—Me refería a Hans, solíamos llevarnos muy bien.

—Hum, creo que mencionó alguna vez algo así.

—No me encanta esa época de mi vida, pero tampoco voy a negarla. Hans era mi hermano favorito, quizá por eso no me llevaba bien con Emil en aquel entonces, con Emil o con cualquier otro ser humano que no fuera él. Hans tiende a… llevar a la gente al aislamiento total para convertirse en su único sostén y lo mismo hizo conmigo sin que me diera cuenta, así que dejé de lado a todos, incluyendo a Mérida.

Anna sostuvo sus manos con cariño porque le creía, sabía que Hans haría eso y la decepcionaba un poco saber que siempre fue igual y ella no consiguió verlo al principio, incluso con tanta evidencia de por medio.

—La alejé de mi vida sin darle ninguna explicación por eso no puedo considerarla mi amiga, sería muy hipócrita de mi parte, ¿no te parece? Jamás me disculpé, ni antes ni ahora, sólo voy dejando que los días pasen y espero que se regrese a su ciudad para no tener que enfrentarla.

Era la primera vez que le confiaba un pensamiento tan personal a alguien que no fuera Emil e incluso con él llegaba a su límite con bastante facilidad. Contaba con él, pero no le hablaba de sus sentimientos o de cómo sus dudas iban afectando su vida por eso se sorprendió de que fuera tan sencillo decirlo ante Anna.

Se cohibió de repente, no podía mirarla a la cara, de modo que bajó la vista hasta sus manos. Anna seguía sosteniéndola y las acercó a su pecho.

—Deberías hablar con ella, seguro que no está molesta contigo o no te buscaría.

—Me da miedo —admitió—. Si no me disculpo puedo vivir con eso, pero si lo hago y me rechaza entonces la habré perdido definitivamente.

Anna tragó con dificultad, le dolía ver a Elsa en una posición tan vulnerable, pero también le dejaba un regusto amargo escucharla expresarse así de una persona porque si tenía tanto miedo de perderla entonces seguro era importante para ella. Muy importante.

—Si le explicas la verdad no vas a perderla, te lo prometo.

Elsa sonrió, aunque no parecía feliz sino resignada.

—No puedes hacer ese tipo de promesas, Anna.

—Sí puedo —se quejó—. Y lo haré porque nadie en este mundo podría enojarse contigo siendo el ángel que eres.

—No fui un ángel con ella.

—Y ahora tienes la oportunidad de remediarlo, no la desperdicies. Deja que conozca a la hermosa persona que conozco yo.

—Tal vez —dijo pensativa—. Sólo si prometes que hablarás con tu equipo también.

Parpadeó y se retiró de batalla unos segundos. No esperaba la respuesta y sintió como si sus propias palabras la golpearan de regreso. Se quedó en silencio con las palabras dando vueltas en su cabeza sin terminar de ponerse de acuerdo con lo que diría.

—Hum… Son casos diferentes, Elsa.

—No son tan distintos.

—De acuerdo.

—¿Sí? ¿Intentarás hablar con tu equipo?

—Sí, voy a intentarlo, así que tenemos un trato, ¿no?

La vio sonreír de nuevo, una sonrisa real esta vez.

—Tú lo has dicho. Tenemos un trato. Y ahora qué sabes mi historia con Mérida supongo que… Sabes que no somos amigas.

Lo serán de nuevo, pensó. Si es que eran sólo amigas. A pesar de la historia, se había guardado la pregunta más importante bajo llave en su corazón porque no sabía si quería la respuesta; su insistencia por conocer la versión completa la llevó a arrojar a Elsa a los brazos de esa chica, es decir, justo lo contrario de lo que esperaba.

Buscaba seguridad y sólo encontró más dudas.

Por suerte, su despertador sonó antes de que pudiera responder. La soltó y cruzó el brazo por encima de la chica para alcanzar el aparato; estaba un poco desanimada por la conversación, pero no pensaba dejar que eso arruinara sus oportunidades de estar lo suficientemente cerca para respirar casi sobre sus labios.

—Será mejor que vayamos a desayunar o llegarás tarde al trabajo.

Se levantó de la cama pasando su cuerpo completo sobre el de ella y salió de la habitación con una sonrisa de satisfacción en el rostro al notar el tono burdeos en las mejillas de Elsa. Quizá no tuviera la guerra asegurada, pero podía llevarse algunas batallas, y ver su nerviosismo no hacia otra cosa que confirmarlo.

Dejó caer el vaso al suelo cuando la puerta de la cocina se abrió de improviso pues pensó que no había nadie en casa. Mikkel observó con curiosidad el cristal fragmentado en el suelo y sonrió; parecía divertido con el espectáculo, no se molestó en ayudarla con el desastre, pero se quedó en el mismo lugar con su taza de café en la mano.

—¿Qué te pasó en la cara?

Elsa había terminado de recoger los trozos de vidrio que ahora arrojaba al cubo de la basura.

—Un pequeño accidente.

—Tienes muy rojo, quizá se vea verde después.

—No importa.

—¿Quién lo hizo? ¿Es el motivo por el que no llegaste a dormir?

Se giró para darle la cara pues durante ese tiempo había intentado ignorar su conversación. Mikkel le agradaba sólo a medias, era muy distinto a su hermano mayor, se parecía un poco más a Hans y quizá por eso no terminaba de confiar en él.

—No sabía que tenía que darte explicaciones de todo.

—Sólo intento ser un hermano considerado, Elsa, no entiendo tu actitud tan a la defensiva. Me causa curiosidad porque no sueles interactuar con las personas y pasar la noche entera fuera es algo completamente nuevo.

Sonaba molesto con su explicación, pero seguía esperando una respuesta, así que intentó no juzgarlo tan duro si en realidad no tenía un motivo real en su contra aparte del parecido físico y mental con alguien que no le agradaba. Es decir, a veces se expresaba como Hans, sin embargo, debía recordar que no eran la misma persona.

Suspiró.

—Estuve en casa de Anna y me golpeó por accidente, eso es todo.

Mikkel levantó ambas cejas.

—¿Anna la ex novia de nuestro hermano?

—¿Cómo sabes que ya no son novios?

—Vi a Hans hace poco y me comentó un par de cosas. —Se encogió de hombros. —Lo que no sabía es que eran tan amigas, me trae recuerdos de esa chica con quien salías, ¿cómo se llamaba? Iba mucho a casa hasta que tu madre la echó… mmm… Ya sabes esa chica que…

—Sé de quien hablas —lo interrumpió. De repente se sentía enojada porque no recordaba aquella parte de la historia y le dolió que se lo recordaran—. Mérida y Anna no son iguales.

Mikkel chasqueo los dedos y apuntó en su dirección.

—Mérida, claro, ese era su nombre.

¿Por qué las personas insistían en recordarle su relación con la joven? No había pensado en ella desde su niñez y ahora de pronto a todos les importaba si era su amiga cuando tenía años de no verla hasta esa fiesta y ya ni siquiera podía decir que se conocían porque en realidad no sabían nada la una de la otra.

—La llevabas mucho a casa en aquel entonces.

Elsa no respondió, ya no quería mantener esa conversación. Su hermano, ajeno a su incomodidad seguía soltando comentarios al azar sobre lo que recordaba de cuándo aquella chica estaba en su vida como si la historia fuera suya, lo que la llevó a pensar en todo eso también.

Por cada palabra que lo escuchaba decir otro pedazo de historia se le venía a la cabeza como si hubiese sucedido el día anterior, podía ver con toda claridad lo que su hermano estaba relatando y eso que él no conocía ni la mitad de la historia de cada cosa que contaba.

Era todavía mejor con la versión completa. Más divertido.

—¡Basta! Sólo cállate, Mikkel —lo detuvo sin poder evitarlo.

No podía más con esa falsa conversación que iba en una sola dirección, ¿cuál era la necesidad de todo este teatro?

—¿Eh? ¿A qué viene eso? No dije nada que no fuera verdad, eran recuerdos, es todo, no tienes que ponerte en ese plan —se quejó.

—No me importa, no quiero hablar más del tema, ¿de acuerdo?

—Claro —se rindió.

Se acercó para dejar su taza ahora vacía en el fregadero y lavarla sin mucho entusiasmo. Pensaba dejarlo solo con su tarea, pero volvió a hablar antes de que se fuera dejando su tarea de lado para verla a ella.

—¿Y qué hay de Anna? ¿Son tan amigas? Si es así podrías hablar con ella para que regrese con su novio, la extraña mucho, sabes.

—Jamás me metería en una relación que no es mía, si terminaron debe ser por algo.

Comenzaba a estresarse y lo demostraba jugueteando con sus dedos contra la tela del pantalón.

—Es nuestro hermano, deberíamos estar de su lado y apoyarlo.

—Yo no lo creo así, él hizo las cosas mal y si ahora se siente arrepentido Anna está en todo su derecho de no aceptarlo.

—¿Y por qué estás tan segura de que él hizo las cosas mal? ¿Anna ha hablado de eso contigo? Mira, cuando la conocimos me pareció una gran chica, pero eso no es lo que he escuchado ahora sobre sus… actitudes en la relación.

Quería ser paciente, pero con cada palabra que salía de la boca del chico sentía más ganas de agredirlo, él ni siquiera conocía a Anna y tenía mucho tiempo sin ser un hermano de verdad para Hans, no entendía a qué venía su interés tan repentino.

—Ni siquiera conoces a Anna, no tienes derecho a hablar sobre ella.

Él arqueó la ceja y se cruzó de brazos con una expresión de autosuficiencia en el rostro fácil de odiar. ¿Por qué podía hacerla enojar con tan pocas palabras? Odiaba perder la calma, así que cerró los puños con fuerza con tal de contener su molestia en un gesto.

—¿Y tú sí? Llevamos aquí un par de meses y ya son mejores amigas inseparables, tanto como para darle la espalda a tu hermano por ella. No te entiendo, Elsa… ¿Por qué te importa tanto esa chica?

—Yo…

No supo qué decir porque ella tampoco estaba segura, sólo sabía que le importaba y mucho, no quería verla sufrir otra vez, menos por culpa de Hans y eso era justo lo que sugería Mikkel al querer ayudarlos a estar juntos de nuevo. La sola idea de verlos como pareja una vez más… Aunque, no olvidaba la visita del chico a casa de Anna.

—¿Por qué te importa? —repitió interrumpiendo sus pensamientos—. ¿No es demasiado interés por una amiga?

—Tal vez conozco poco a Anna, pero no a Hans, sé cómo es y me niego a dejarlo usar a otra persona.

—Como lo hizo contigo, supongo.

No quiso contestar eso, era humillante.

—¿Por qué lo defiendes tú? ¿Qué ganas con que ellos regresen?

—No tengo que ganar nada, sólo estoy siendo un buen hermano.

—No te creo.

—No tengo un motivo oculto, me contó las cosas y estoy de acuerdo con él, no hay secretos detrás de ello.

—Entonces no te contó la verdad.

—Vaya, Elsa, actúas como novio celoso, cálmate tres líneas, por favor.

Quiso golpearlo, se acercó con la intención de hacerlo, pero no tuvo la fuerza suficiente para forcejear contra él cuando le sujetó las manos al adivinar su idea. La apartó con cuidado sin soltarla y la mantuvo prisionera contra la mesa, lo cual la molestó el doble.

—De verdad estás celosa, no puedo creerlo. Eso explica mucho, no sé cómo no se me ocurrió antes, casi olvido porque te corrieron de casa —dijo riendo—. Por supuesto, a ti…

No pudo terminar su frase porque un rodillazo en su entrepierna le quitó el aire y lo obligó a soltar a su hermana, quien apenas se liberó aprovechó la oportunidad para mantenerse fuera de su alcance por si decidía volver a sostenerla. Odiaba que lo hiciera, se sentía indefensa y él sabía eso.

—A mí me agrada esa chica. Punto. Déjame en paz.

Él la observó con molestia todavía con las manos sobre su pantalón.

—Vaya escena más rara —comentó una voz nueva en la habitación.

Elsa aprovechó la llegada de Emil para salir de ahí y el chico, luego de pensarlo un segundo, fue tras ella. Apenas la alcanzó cuando ya abría la puerta principal, la tomó del brazo y eso pareció enojarla más porque se alejó a las prisas de su toque.

—¿Estás bien? ¿Qué le pasó a tu mejilla? Tu mano también tiene sangre. No me digas que Mikkel se atrevió a…

—Nada, no me pasó nada. ¡Maldita sea!

Salió dando un portazo.

Estaba enojada por eso no le importó gritarle a Emil, aunque sintió culpa unas horas después de haber comenzado su caminata, cuando recordó la preocupación en su rostro y la sorpresa ante su arrebato. Él sólo intentó ser amable después de ver su nivel de tensión en el cuerpo, sin embargo, no era un buen momento, debía leer su expresión corporal como para saberlo y, aun así, decidió intentar detenerla y cuestionarla. Debió saber que con ella en ese estado no tendría oportunidad ni de hablar.

Suspiró con fuerza. Ni siquiera había notado antes que su dedo estaba sangrando, debió haberse cortado con los trozos de vidrio, pero no sintió la herida hasta ahora que reparó en ella. Al no tener con qué limpiarla prefirió dejarlo así, la hemorragia se detendría en algún momento, probablemente.

Se atusó el cabello con la mano limpia, ya un poco más tranquila. El día comenzaba a ocultarse y unas cuantas estrellas ya asomaban bajo la tenue capa de luz que todavía se negaba a desaparecer por completo, podía ver los tintes rosados del cielo desde el lugar donde había decidido detenerse. Mikkel se equivocaba, a ella no le gustaba Anna.

No podía gustarle porque seguía queriendo a su ex novio y, si eso no era razón suficiente para entenderlo, ese ex novio era su hermano.

Medio hermano, le recordó una vocecita.

Odiaba que Mikkel le metiera la idea en la cabeza, pero se obligó a descartar el pensamiento enseguida. No quería pensar en eso, no quería saberlo, era suficiente con reconocer que la chica le agradaba, quería quedarse en su vida. Eso era suficiente para defenderla.


Respuestas a los reviews.

Judini: Jaja todos le prestamos atención a lo que nos interesa, creo *guiño, guiño* Yo creo que más bien está comenzando a ver más de Elsa, a querer más o algo así. Y lo irás viendo también en lo que sigue. Créeme que ni yo recuerdo qué dije sobre Mérida antes xD Perooo que bueno que te haya servido, supongo. Igual lo de la chica se irá aclarando solo, ya supimos por lo menos una parte de la situación, falta que Anna terminé de convencerse de lo que le contó Elsa.

No le tienes nada de fé a Elsa jaja pero tampoco te voy a confirmar ni negar nada para no hacer spoiler. Sobre el chiste, creo que ahora con mayor razón pensarían que no tiene sentido porque he actualizado muy rápido, pero que igual es divertido, yo no me quejo. Y tranqui, yo te diré con el nombre que tú uses, respeto eso. Hasta pronto.

ReaMir: Uy, ni te imaginas cuánto jaja Se te cumplió tu deseo, ya era hora de sacar el pasado de Elsa a la luz. ¡Me alegro mucho! Nos leemos pronto otra vez, espero, chao.