Hey, hey, ¿cómo han estado? Ya andamos acá de nuevo con la actualización que más les va a gustar, espero.
No los voy a entretener demasiado para que lean. Abracitos y besos, nos estamos leyendo.
—¡Hey, Anna!
Kristoff corría hacia ella, tenía las mejillas rojas por el viento y el esfuerzo, pero se veía contento. Cuando llegó a su lado llevaba el cabello revuelto, unas gotas de sudor le recorrían las patillas mientras él apoyaba sus manos en las rodillas para recuperar la respiración.
Levantó un dedo en su dirección y soltó un resoplido.
—Tienes que trabajar en tu condición física, Kristoff —se burló.
—No todos podemos ser tan buenos atletas como tú —consiguió decir luego de una gran bocanada de aire.
Se enderezó con las manos en la cintura.
—Pero si no has corrido nada.
—¡Por supuesto que sí! Como de esa esquina hasta acá —la señaló.
—¿La esquina que está como a veinte pasos de aquí?
—Si te sigues burlando de mí no te diré lo que tengo para nosotros.
Anna sonrió, era fácil jugar con él.
—Lo siento, ¿qué tienes para nosotros?
—Caminemos, te voy contando. ¿Qué llevas ahí?
Señaló el costal con tierra que venía cargando desde el vivero porque olvidó llevar algo para moverlo con mayor facilidad. Antes era Hans quien lo cargaba por ella, así que simplemente pasó por alto que esta vez tendría que hacerlo por su cuenta.
—Tierra para plantas. Tengo algunas que ya necesitan un cambio de hogar.
—Te ayudo —ofreció.
No esperó su respuesta para tomarlo en su lugar y le causó gracia la expresión del chico. Era más pesado de lo que parecía.
—¿Y bien? ¿Qué querías decirme?
Sus ojos brillaron cuando la miró y le mostró un par de boletos, aunque le costaba sostener la tierra con una sola mano, así que los tomó para facilitarle el trabajo y los observó de cerca. Kristoff se veía como si acabara de ganar la lotería o consiguiera el mejor asiento en un estadio, pero todavía no entendía a qué venía tanta felicidad, así que esperó a que se lo explicara.
—¿Sabes qué hay hoy?
—No tengo idea —admitió.
—¡Deberías saberlo! Tienes suerte de tener un amigo tan bien informado o te perderías esta gran oportunidad.
—Ya déjate de rodeos, Kristoff.
—Que aburrida.
Sopló hacia su cabello con la intención de quitárselo de la cara, pero no lo consiguió y Anna lo hizo por él.
—Gracias. —Sonrió. —Son boletos para la feria, ¿quieres ir?
—Oh, no lo sé, suena bien, pero…
No se sentía la persona más animada del mundo justo ahora, quería llegar a su casa y dedicarles a sus plantas el cuidado que no había tenido los últimos días. Con tantas cosas en la cabeza apenas recordaba que seguían ahí e incluso el rosal que Elsa le regaló comenzaba verse más apagado, si no tenía cuidado iba a matarlo y eso la pondría triste.
—¡Vamos! ¿Tienes algo mejor que hacer?
—Cuidar mis plantas —dijo con una señal hacia el objeto en sus manos.
—Tienes mucho tiempo para eso y esto es más importante, hoy es el último día, incluso conseguí que le dieran descanso a Elsa y Honeymaren para ir juntos.
—¿Elsa y Honeymaren irán contigo?
—Claro, me dijeron que sí, y yo tenía la esperanza de que fueras tú también. Ellas me agradan bastante, pero no somos tan amigos como lo soy contigo.
—¿Entonces por qué las invitaste? — Se rio.
—¡Porque...! —se interrumpió y dejó caer los hombros—. Estaban ahí cuando me llevaron los boletos y eran muchos, Honeymaren mencionó lo increíble que se la pasa uno en la feria y comenzaron a hablar de que algún día irían, ¿cómo no iba a invitarlas? De todos modos, no me arrepiento, pero me sorprendió que aceptaran.
—A mí también me sorprende que Elsa haya aceptado.
—Honeymaren tampoco es la persona más social, sabes, pero a lo que iba, ¿irás? Por favooor.
—Si lo pides así…
Kristoff lo celebró y la ayudó a llegar a casa con su costal. Parecía aliviado cuando por fin pudo dejarlo en el suelo a medio camino entre el comedor y la puerta, pero no podía culparlo porque debía admitir que era pesado, ni siquiera estaba segura de conseguir traerlo hasta casa si no encontraba al chico por el camino.
—Gracias por la ayuda, Kristoff, ¿quieres agua?
—La acepto encantado —dijo y la siguió a la cocina—. No es posible que hace unos días todavía me quejaba por el frío y ahora siento que se me derrite el cuerpo entero, detesto este clima.
—No hablas en serio, es mil veces mejor una estación cálida.
—Sabemos que no nos pondremos de acuerdo en esto, Anna.
Se acomodó en una silla mientras intentaba quitarse el calor aleteando su camisa con la mano.
—¿A qué hora será eso? —preguntó intentando cambiar el tema.
Él todavía bebía con avidez y soltó una exclamación de placer cuando terminó con el líquido de un solo trago. Limpió con el dorso de la mano una gota que bajaba por un extremo de su mentón antes de responder a su amiga.
—Empieza desde ya, pero pensamos ir sobre las siete, así no sufrimos tanto el sol y, para que lo sepas, todos los demás estuvimos de acuerdo en que es insoportable.
—Ajá. —Ignoró por completo su comentario y apoyó las manos sobre la mesa. —¿Y vas a esperarme para ir juntos?
—Paso por ti —aclaró—, después de este ejercicio necesito un baño y cambiarme de ropa.
—Tienes razón, apestas.
—Gracias, Anna, muy amable. —Se levantó de su asiento. —Igual tienes razón, será mejor que me vaya de una vez, regreso por ti en un par de horas.
Anna asintió.
Apenas se hubo ido su amigo fue directo al closet ignorando la tierra que seguía recargada en la pared a mitad de su casa. Se sentó en la orilla de la cama a observar su ropa porque, claramente, necesitaba verse linda para Elsa.
…
—¡Chicas, acá estamos! —gritó Kristoff en cuanto las vio.
Anna se mordió el labio, nerviosa, había salido muchas veces a solas con la muchacha que los esperaba a unos pasos, pero era distinto porque esta vez tenían compañía, eso la detenía de comportarse tan cercana como siempre. Quizá por eso apenas se atrevió a mirarla al saludar y no se quiso separar de Kristoff, a pesar de saber que dejaría a la chica del lado de Honeymaren.
Los primeros quince minutos fueron de tensión porque ninguno estaba acostumbrado a la presencia de los otros, porque no es lo mismo verlos en el trabajo que fuera de él, así que incluso a Kristoff le costó comenzar a entablar conversación cuando se encontraron reunidos, de modo que por unos minutos todo fue silencio y caminata. De vez en cuando salía algún comentario de boca del chico para intentar entrar en confianza, pero por ahora no lo había conseguido.
—¿A dónde les gustaría ir primero? Ya pasamos por casi todas las atracciones y ninguna ha dicho nada.
—Yo quiero disparar a un par de juguetes, ¿quieren ir?
—¡Claro! Hagamos una competencia, el peor tirador paga las bebidas —apostó el chico.
Las demás estuvieron de acuerdo. Se dirigieron juntos hacia el local donde un par de personas se encontraban concentradas con sus armas, por lo que esperaron a que se desocupara para poder llevar a cabo su competencia disparando al mismo tiempo. La que demostró mejor habilidad fue sin duda Honeymaren, sin embargo, para sorpresa de los presentes, Elsa la sobrepasó, aún para sorpresa de ella misma.
Anna sabía que ella no podría alcanzar al resto, no era tan buena en este tipo de juegos, pero la alegró ver a Elsa con su enorme panda de peluche. Parecía un poco agobiada cargando con el animal mientras ellos continuaban con su recorrido, era prueba y error en las distintas atracciones.
—¿Necesitas ayuda con eso? —preguntó cuando le quedó claro que la mirada de la chica buscaba dónde deshacerse del panda.
—¿Lo quieres? Creo que queda mejor contigo.
Anna observó al orejón peluche sobre los brazos de la rubia y decidió que lo quería. No porque le fascinara sino porque era un regalo de ella, precisamente. Ni Kristoff o Honeymaren les pusieron atención cuando intercambiaron el peluche por la bolsa de dulces que había comprado Anna en un puesto cercano de la cual Elsa comenzó a comer unos cuantos.
—Dame uno —pidió la pecosa.
Le ofreció la bolsa de nuevo, pero quedó claro que no podría tomarlo por su cuenta debido al peluche pues llevaba las dos manos ocupadas y las dos se detuvieron un segundo para intentar solucionar el pequeño inconveniente.
Elsa acercó un caramelo a la boca de Anna quien no dudó en tomarlo y, quizá, aprovechar un poco para tocar sus dedos con los labios en el momento oportuno. Dos segundos después de conseguirlo se sintió avergonzada y giró al frente enseguida; no alcanzó a notar las mejillas enrojecidas de la chica ni cómo miró su mano con curiosidad antes de seguir comiendo dulces.
—Voy a ganar esta vez —exclamó el rubio mientras intentaba dar en el aro con la pelota que llevaba en la mano.
Honeymaren sonrió divertida, estaba claro que hasta ahora seguía destacando más que nadie en los juegos de destreza y era tan competitiva como Kristoff, por ello se dedicaron a apostar en cada oportunidad.
Anna los observaba junto a Elsa unos pasos atrás sin perder detalle. Lanzar balones era su especialidad, pero no quiso entrar a la contienda con tal de permanecer junto a la rubia un poco más.
—¡Sí!
El chillido de Honeymaren la devolvió a la realidad. Su amigo acababa de perder una vez más, esta vez le tocó comprar otro aperitivo para la muchacha, quien ya había cumplido casi todos sus antojos a costa de las apuestas. Era buena en los juegos, no había duda.
—¿Por qué no hacemos algo más tranquilo esta vez?
—¿Algo en lo que no puedas perder?
—¿De qué lado estás, Anna?
Honeymaren le dio la razón con una sonrisa.
—Estoy de acuerdo, podríamos ir a comer algo.
Levantó los brazos para estirarlos por detrás de su cabeza, se veía exhausta. La luna llevaba ya rato en el cielo, pero el lugar continuaba lleno, quizá más que al principio; era difícil mantenerse del todo juntos, eran separados constantemente por otros grupos, aunque volvían a reunirse en minutos.
—Miren —señaló el chico—. Parece que alguien se está casando ahí.
No era una boda real comprendieron en cuanto se acercaron un poco más, pero lo parecía, algunas personas recibían los sacramentos del matrimonio con ramo y velo incluidos para hacer el acto más realista. Un chico vestido de traje se encargaba de hacer el papel de juez; se veía divertido, lo suficiente para atraer la atención de algunas personas que sólo hacían de testigos o curiosos, vitoreaban a los novios y les arrojaban confeti como parte del entretenimiento.
Anna sonrió, tenía una idea.
—¿Qué tal una boda falsa? ¿Qué dices?
Intentó sonar casual al mirar a la chica, esperaba que no notara cómo se movían sus manos, inquietas entre la barriga del peluche. Los novios tenían su beso al final y ella quería intentarlo. Era una apuesta arriesgada, pero valdría la pena si salía bien.
—Hay… muchas personas —respondió.
No le gustaba estar en el centro de la atención y en esa atracción los novios eran los personajes principales del juego, sería imposible desviar las miradas de ellas. Por otra parte, la expresión en el rostro de Anna la desarmó, sonreía a medias con la mirada brillando hacia aquel lugar, ¿sería capaz de ignorar su entusiasmo?
—Que gran idea, Anna, yo también quiero intentarlo.
No le gustó que Kristoff se metiera en su conversación. Era su mejor amigo, pero quería casarse con Elsa, no con él. Para su sorpresa, el chico tomó la mano de su camarera castaña cuando volvió a hablar.
—Nosotros seremos los primeros.
—¿Lo seremos?
—Claro, suena divertido y ya estamos aquí, después iremos por la comida.
—Nosotras iremos después de ustedes —respondió por fin Elsa.
Fue inevitable que su mirada no delatara su entusiasmo cuando la miró. El panda parecía estar un poco asfixiado entre sus manos en ese momento.
—¿Sí? ¿Está bien para ti? Es decir, tampoco quiero forzarte a hacer las cosas, pero es que… Sería estupendo si te casas conmigo.
Las dos se encendieron como señal de tráfico.
—Casémonos.
Le dio la mano y Anna sintió que quizá no hacía falta más que permanecer así para encontrar su lugar en el mundo. Le pareció extraño que un contacto tan simple fuera tan significativo si no era la primera vez que pasaba y se quedó observando sus manos entrelazadas mientras su amigo continuaba en su propia boda.
La distrajo el sonido de aplausos, era su turno. Sonreían divertidos cuando llegaron con ellas, aunque no entendía el motivo porque se había perdido toda la ceremonia por mirar a la chica a su lado, se veía linda cuando estaba nerviosa.
Los mirones se congregaron a su alrededor de nuevo cuando inicio el sermón del falso ministro, sus amigos los esperaban junto al público donde alguien había puesto confeti en sus manos o quizá lo tomaron del que ya llevaba en sus cabellos y ropa, era difícil saberlo.
Elsa no soltó su mano en lo que duró el espectáculo.
—¿Quieren decir algunos votos? No es obligatorio —aclaró el chico.
—Yo quiero decir algo —dijo Anna un poco dudosa. Seguía aferrando su peluche con la mano libre porque tenía miedo de dejarlo caer —. Me alegro mucho de haberte conocido.
La chica asintió, mordía su labio como quien intenta encontrar la manera de controlar sus palabras, pero no agregó nada y la "ceremonia" continuó. El final llegó rápido, el corazón de Anna se aceleró cuando el chico pronunció las palabras que estaba esperando desde el principio, giró a mirar a Elsa, su piel indiscutiblemente blanca delató el sonrojo en sus mejillas cuando sus miradas se encontraron.
Dudó. No sabía si tomar el control o dejar que Elsa se decidiera por hacer algo, al final permitió que se acercara primero porque la vio comenzar a moverse, su mano todavía entre la suya apretando con suavidad. Se inclinó para acortarle el camino y pronto sus labios tocaron su piel.
Besó su mejilla, eso la enfadó.
—¡ESO NO ES UN BESO! —gritó alguien en el público y Anna le dio la razón en silencio.
De pronto el grito solitario se convirtió en varios, los suficientes para que Elsa volteara a verlos sorprendida.
—No pasa nada, Elsa, así está bien. No te presiones.
La chica no pareció escucharla entre el griterío, pero se enderezó de nuevo en su lugar y sujetó su barbilla con la punta de los dedos. Esta vez no le dio tiempo de acercarse porque fue rápido, la observó por unos segundos y con la mano dando caricias a su mejilla la besó.
Recibieron los aplausos mientras se alejaban a donde esperaban sus amigos que les tiraron el confeti por encima al llegar. Ninguno hizo mención del beso, pero Kristoff la miró con gran elocuencia, lo conocía lo suficiente para saber que terminaría por preguntar tarde o temprano.
—¿Comemos?
Elsa no volvió a mirarla. Se hacía noche cerrada cuando decidieron que terminarían su recorrido con la rueda de la fortuna porque no podían retirarse sin intentar subir a la atracción más popular de cualquier feria.
—La fila es larga —comentó el chico.
—Pero la vista vale la pena —respondió Anna.
Ya se notaba el cansancio, cada vez hablaban menos para responderse con sonrisas o movimientos de cabeza, pero podrían aguantar un par de minutos más con tal de ver las luces de la ciudad desde las alturas, así que esperaron pacientemente a que llegara su turno. Cada tanto Kristoff hacia algún comentario que quedaba con respuestas a medias y Anna intentaba atrapar de nuevo la mirada de Elsa sin conseguirlo.
Honeymaren subió con Kristoff y, aunque subió junto a la rubia, no parecía tener interés en seguirle el hilo de la conversación o en prestarle el mínimo de atención, así que comenzó a desanimarse, le escocían los ojos cuando llegaron a la mitad de la altura prevista y apretó un poco más fuerte su peluche.
—Podemos divorciarnos si quieres —comentó intentando hacer una broma.
Hubiera dicho algo más, pero se le cerró la garganta. Escondió el rostro en su panda porque no quería que Elsa notara su tristeza.
—¿A qué te refieres?
—A que me estás evitando —consiguió decir —. Si te obligué a casarte lo lamento.
—No me obligaste, Anna, me gustó la boda.
Anna levantó los ojos para verle la cara, por fin tenía los ojos sobre ella de nuevo. La luz de los juegos no llegaba hasta ahí, pero la pequeña cabina tenía una luz interior que conseguía iluminar sus facciones para resaltarlas en la oscuridad, su cabello parecía brillar el doble que de costumbre.
—¿Entonces por qué me evitas?
Elsa dejó las manos sobre sus rodillas, apretaba y volvía aflojar el agarre de forma constante, pensando.
—Estoy… un poco avergonzada por el beso.
La chica parpadeo sin creérselo.
—Pero ni siquiera hubo beso, Elsa.
Ella bajó la mirada.
—No quería ponerte en esa situación frente a tanta gente.
Cuando Elsa la besó dejó su pulgar en el centro de sus labios, de modo que no la besó a ella sino a su propia mano, pero para el resto pudo parecer real porque sucedió muy rápido, incluso ella creyó que la besaría cuando la vio tan cerca.
Su respuesta sólo consiguió empeorar su actitud.
—¡Pero yo quería que…!
Se calló al ver los ojos de Elsa mirándola y notar lo que estuvo a punto de admitir. Cubrió su rostro de nuevo con el peluche, ¿por qué tenía que ser tan descuidada? ¿Cómo se supone que iba a arreglar esta situación?
—Yo quería… que pareciera real, pero no importa, es decir, sí pareció real, así que está bien. Lamento este berrinche, es que…
Elsa alzó su rostro con ambas manos. No se dio cuenta cuando se levantó de su asiento, pero ahora la tenía de rodillas frente a ella tocándole las mejillas.
—Lo siento, no te di la experiencia completa como tú la querías, me cuesta entender los deseos no verbales de las personas.
Recordó la primera vez que se vieron cuando estuvieron hablando de cómo alguien intentó coquetear con ella, pero no lo notó y entendió que no podía esperar algo que no estaba dispuesta a pedir. Si no usaba sus palabras, Elsa no querría asumir nada por su cuenta.
—¿Podemos tener ese beso? Ya que estamos casadas, podríamos intentarlo de nuevo, si estás de acuerdo.
Ante toda respuesta se acercó, esta vez sin ningún truco al cual acudir y juntó sus labios despacio. Estaba nerviosa, le temblaron las manos, pero Anna las sostuvo con las propias para inclinarse un poco más en su dirección intentando darle seguridad al beso recién nacido que apenas podía moverse entre las dos.
Ganaron confianza con el gesto, el polluelo asustado quedó a un lado y el beso se convirtió en uno más seguro, más profundo. El peluche perdió su lugar en el centro de las dos y quedó a los pies de Anna cuando lo soltó, sus manos ya no tenían que guiar a la chica tampoco, así que las llevó hasta un lugar en su cuello de donde pudiera sostenerse.
A pesar de ser ella quien continuaba sentada, sintió que le fallaban las piernas cuando Elsa consiguió colarse entre ellas para acercarse más sin dejar de besarla.
No se hubiese detenido si la rueda no tuviera que bajar, pero en cuanto comenzó el descenso ambas se dieron cuenta que no podían seguir así y optaron por separarse para ocupar sus lugares anteriores. Olvidaron que habían subido para apreciar la vista porque las sensaciones obtenidas superaron al resto de los sentidos.
—Creo que ha sido la mejor experiencia que he tenido —soltó su amigo cuando se encontraron de nuevo los cuatro en el suelo.
—Lo mismo digo —le dio la razón Anna.
Elsa la miró de reojo sin dejar de caminar, estaba claro que ambos amigos hablaban de cosas diferentes.
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Chat'de'Lune: jaja creo que ya no necesitamos al alcohol para que dieran el paso, pero también creo que es una gran opción, gracias por comentar todos los capítulos uno por uno, eso es muy amable. Espero leerte pronto otra vez, un abrazo!
ReaMir: Dudas que serán aclaradas en su debido momento, no te preocupes ;)
Kuro: ¡Que bueno que pudiste actualizarte! Espero éste último también sea de tu agrado. Hasta pronto!
