Notas: ¡Feliz Año a tod s, espero que estéis bien! Admito que estas fechas suelen ser complicadas para mí, y este año no ha sido la excepción. Me siento un poco fuera de mí últimamente, pero aquí tenéis el siguiente capítulo de esta historia 3 Como siempre, mil gracias si seguís por aquí.
En otro orden de cosas, ¡ya comencé a publicar el nuevo fanfic Sesshrin con ambientación contemporánea! Se llamada "Under my skin", y podeís leerlo aquí: s/14179020/1/Under-my-skin-Sesshomaru-x-Rin-18
¡Espero impaciente vuestros comentarios!
Aquel demonio emitió una macabra risa.
- Todo un honor que conozcáis mi nombre, mi señora. – Dijo con tono socarrón. – Eso nos ahorra las presentaciones.
Su aura se sentía maligna, no hacía falta tener poderes espirituales para notar la oscuridad que envolvía a aquel monstruo.
- ¡Libera a Kohaku! – Le exigí. - ¡Inmediatamente!
La sonrisa se borró de su rostro mientras se acercaba hacia mí con paso lento, como un tigre acechando a su presa, dispuesto a saltar en cualquier momento.
- Qué gracioso que una burda mujer humana como tú se atreva darme órdenes, ¿no lo crees? – Naraku golpeó mi mejilla con un poderoso bofetón, tan rápido que ni siquiera pude verlo venir. – Encantador.
Sentí el sabor de la sangre invadir mi boca mientras me esforzaba por contener las lágrimas. Jamás había odiado a nadie en mi vida, pero el mero recuerdo de toda la gente había herido aquel demonio, junto con tu irritante aire de superioridad me hacía hervir la sangre. Escupí aquel terrible sabor metálico de mi boca por instinto, asqueada.
- ¿Para qué me retienes aquí? ¿Qué quieres? – Jadeé, tratando de extraer toda la información que pudiera.
- Quería presentar mis respetos a la esposa de mi socio, ¿acaso no es común saludarse entre la barbarie humana? – Respondió con un tono aún más condescendiente.
Traté de liberarme del agarre de Kohaku una vez más, en vano. La frustración no combinaba especialmente bien con la agresividad que me generaba aquel individuo.
- Normalmente no secuestramos ni golpeamos a quienes pretendemos saludar. – Mascullé.
Naraku parecía divertirse con mis perturbados sentimientos. Extendió entonces su brazo hacia mí, amenazando con atenazar mi cuello.
- Diferencias culturales, supongo… - Siseó con una risa entre dientes.
Me preparé para darle un mordisco si fuera necesario, pero el demonio salió de mi alcance dando un veloz salto hacia atrás. Escuché un golpe a mis espaldas y Kohaku me liberó de su agarre, cayendo noqueado en el suelo. Me di la vuelta rápidamente para encontrarme con un conocido kimono blanco y rojo, sobre el que caían abundantes hebras de cabello plateado.
- ¿Qué diantres estás maquinando, Naraku? – Sesshomaru desafió a al hombre de cabello oscuro con su penetrarte mirada, así como con el tono peligrosamente grave de su voz.
El demonio de cabello azabache dejó escapar una risotada, complacido.
- Esperaba con ansias su aparición, Señor Sesshomaru. – La manera de dirigirse hacia él con honoríficos más una burla que una muestra de respeto. – Teníamos un trato, ¿lo recuerda?
Sesshomaru pasó por mi lado con elegancia para dirigirse hacia Naraku, cuando desenvainó una espada con una empuñadura redondeaba y totalmente negra que no pude reconocer. Era la primera vez que la veía. Tenseiga colgaba del cinto de su cadera, justo al lado de la vaina ahora vacía de la otra katana.
- Te recuerdo que no fui yo el primero en traicionarte. – Escupió con odio, ocultándome tras su imponente silueta.
- Si no recuerdo mal, - Siseó su oponente con tono provocador. – estabas ocultándome los fragmentos de la esfera que tenías en tu posesión. Además, tampoco me hiciste saber ya habías recuperado tus poderes, los cuales, por cierto, si no recuerdo mal… Terminaron regresando gracias a mi ayuda y protección. Y aun así, ¿insistes en que fui yo quien rompió nuestro acuerdo primero?
- Cierra la maldita boca.
Sesshomaru voló hacia su oponente, dando una firme estocada en el aire con su espada. El otro demonio no se inmutó, protegido por una barrera translúcida que apareció a su alrededor al contacto con el arma dirigida hacia él.
- Te estoy dando una oportunidad de arreglar tus errores, Sesshomaru. Aún estás a tiempo de servirme y saldar tu deuda conmigo.
Aquellas palabras de falsa reconciliación encolerizaron más al demonio vestido de blanco.
- No digas estupideces. Jamás me rebajaría a vivir bajo el yugo de un inmundo medio demonio como tú.
Un haz de luz surgió del filo de la espada, justo antes de asestar un nuevo golpe a la barrera impenetrable de Naraku, levantando una espesa polvareda en el área. Cerré los ojos y apreté los labios mientras que me encogía sobre mí misma a modo de autoprotección. A pesar de ello, una vez comenzó a disiparse la nube de tierra comencé a toser, tratando de expulsar las partículas que se habían colado mis vías respiratorias.
Abrí los ojos despacio, tratando de visualizar el origen del eco metálico que resonaba frente a mí, incapaz de distinguir nada con claridad. Entonces escuché un poderoso aleteo sobre mi cabeza que me hizo mirar al cielo. Una enorme figura con extensas alas de murciélago descendía sobre mí.
En un acto reflejo, corrí hacia la dirección donde debía encontrarse la persona que más segura que me hacía sentir en ese momento.
- ¡Señor Sesshomaru! – Chillé.
En apenas un instante, el demonio apareció a mi lado para tomarme de la cintura y llevarme de un salto a la copa de un árbol. Me agarré con fuera a sus hombros para evitar perder el equilibrio sobre las ramas. Desde las alturas, finalmente tuve una visión más clara del panorama.
Del cuerpo de Naraku brotaban unas grotescas extremidades alargadas y plagadas de espinas, como si se tratase de una planta ponzoñosa. Al otro lado del claro, el gigante de las alas de murciélago tomaba a Kohaku entre sus brazos con la expresión vacía. Casi como si se trataba de una marioneta sin voluntad.
- ¡No podemos permitir que se lleven a Kohaku! – Rogué mirando a Sesshomaru.
Él no se inmutó, sujetándome contra su costado y analizando la situación en silencio. Naraku nos dedicó una sonrisa triunfal mientras replegaba sus tentáculos.
- Volveremos a vernos, Sesshomaru. – Se despidió envuelto en una nube de color oscuro mientras se adentraba en el bosque, seguido de un pestilente olor.
El hombre a mi lado cubrió mi nariz y mi boca rápidamente con una sola mano.
- Aguanta la respiración un momento. El miasma es venenoso.
Impotente, observé cómo el joven cazador de demonios desaparecía en la espesura, transportado por el extraño hombre sin ropa que lo cargaba. Sus alas habían desaparecido en algún momento de forma misteriosa.
Dosificando la cantidad de aire restante en mis pulmones, esperé pacientemente a que Sesshomaru finalmente liberase mis vías respiratorias. Tan pronto como lo hizo, sin apenas recuperar el aliento, le dediqué un reproche:
- Podría… haber a… guantado… la… respira… ción por mí… misma… - Di una profunda bocanada de aire. - ¿Por qué no ha ido detrás de Kohaku?
El demonio frunció el ceño, molesto.
- No pensarás que iba a dejarte sola sabiendo que ese malnacido anda detrás de ti.
- ¿Qué quiere decir? Es evidente que quiere hacer daño a Kohaku, no me buscaba a mí…
Sesshomaru suspiró, tratando de armarse de paciencia.
- Si lo mantiene que con vida es porque le es más útil así, estará bien. No pienso permitir que te vuelva a poner las garras encima por mi culpa. – Colocó su pálida mano sobre mi mejilla, la cual había sido golpeada anteriormente. - ¿Estás bien?
Había pasado todo tan rápido que apenas había procesado el dolor, pero el leve contacto me hizo darme cuenta de que aún me palpitaba la cara. Seguramente mi piel aún estaba colorada.
- A-apenas me duele ya… - Balbuceé, algo apabullada ante su intensa mirada. - ¿A qué se refiere cuando dice que es por su culpa?
- Ha aprovechado tu conexión con Kohaku para atraerme a mí, seguramente. - Explicó. – Ese despojo no dudaba que acudiría al oler tu sangre, aunque al menos parece comprender que no le conviene molestarme más de la cuenta. Me alegra que no estés herida. – A juzgar por su tono de preocupación, parecía haberse imaginado el peor escenario posible al percibir el aroma del líquido que corría por mis venas. – Por eso mismo no puedes seguir saliendo sola de esta manera a partir de ahora, es demasiado peligroso.
Me quedé cabizbaja, desolada. Para ese momento ya contaba con dos personas queridas en paradero desconocido. ¿Cómo pretendía que me quedase de brazos cruzados sin hacer nada?
- ¿Acaso su idea es encerrarme y ocultarme para aislarme de todo peligro? – Murmuré sin molestarme en disimular mi desagrado.
- En absoluto, como si fueras capaz de permanecer quieta y dócil en un mismo lugar por mucho tiempo. – Su positiva reacción devolvió mi mirada a sus ojos. – Considero que el lugar más seguro para ti ahora mismo es estar cerca de mí. – Pestañeé, incapaz de procesar su propuesta. – A mi lado, donde pueda protegerte. – Remarcó ante mi cara de incredulidad.
Antes de siquiera poder dar una respuesta, un grito resonó no muy lejos:
- ¡POR ENCIMA DE MI CADÁVER! – Tronó la voz de la anciana Kaede mientras surgía de entre los árboles. - ¡Bajad de ahí ahora mismo!
Miré a Sesshomaru de soslayo, incómoda por aquella intervención por parte de lo más parecido que tenía a una figura materna. Él parecía dispuesto a obedecer los reclamos de la anciana, aunque su expresión era inescrutable. Rodeó mi cintura con su único brazo, asiéndome a su cuerpo para aterrizar en el suelo con un grácil salto, para acto seguido dejarme de pie frente a la anciana.
- A-abuela Kaede… - Balbuceé. - ¿Cuánto tiempo lleva ahí?
La mujer resopló.
- Te seguí al paso que pude después de que salieras corriendo detrás de Kohaku de esa manera tan alocada. – Me reprendió. – Sin embargo, tuve que ocultarme al ver aparecer a ese gigante, no hubiera sido más que un estorbo si me hubiera dejado ver. – Se detuvo un momento para tomar una bocanada de aire. – No pretendía interrumpir vuestra conversación, e iba a marcharte para fingir que no había estado aquí, pero no he podido evitar saltar ante la proposición de este demonio. – Dijo sin esconder su tono acusatorio, desafiando a Sesshomaru con la mirada.
Era la única persona humana que había visto ser capaz de sostenerle la mirada de aquella manera tan directa sin titubear. El hombre de cabello blanco, sin embargo, permaneció impasible ante aquel claro desafío.
- Es un hecho que soy quien mejor puede proteger a Rin. Yo soy el primero que piensa que es más óptimo que viva entre mortales, pero en esta situación no puedo arriesgarme a que Naraku intente acercarse a ella de nuevo. – Argumentó con voz monótona y carente de emoción.
- ¿Y quién la protege de ti entonces? – Respondió la anciana. – Me preocupa mucho más que puedas reabrir las heridas de su corazón una vez más.
El demonio me observó fijamente.
- Rin. – Me llamó. - ¿Tú querrías venir conmigo, o prefieres quedarte en la aldea?
No era justo que me preguntase eso, dejando la elección en mis manos. Sabía de sobra que me moría de ganas de acompañarlo. Sin embargo, me sentía condicionada bajo el duro juicio de la anciana Kaede. No quería decepcionarla después de que hubiera cuidado de mí por tanto tiempo…
- Yo… - Musité, insegura. – Creo que podría ser peligroso que yo permaneciese en la aldea… Si Naraku hiciera cualquier estrago con tal de encontrarme no me lo podía perdonar, abuela Kaede…
La mujer, perspicaz como siempre, parecía captar mucha más información de la que se le comunicaba directamente. No debía de haberle pasado desaperciba la situación comprometida en la que me encontraba.
- Entiendo tu punto, Rin. – Me concedió, ablandándose por primera vez. – Aun así, ¿por qué no te tomas un día al menos para pensarlo? Es tarde y debes de estar agotada mentalmente para decidir algo tan importante.
Si me paraba un instante a escuchar a mis sentidos, sabía que tenía razón. Tenía el cuerpo entumecido y la cabeza me daba vueltas. Todo estaba sucediendo muy deprisa.
- Tiene razón. – Asentí. – Quizás es mejor que me pare a descansar un poco antes de hacer nada drástico…
La mirada de Sesshomaru se clavó en mi nuca. Temí haberlo decepcionado en esta ocasión a él al no marcharme con él esa noche. Me dirigí al demonio sin ser capaz de afrontarlo cara a cara.
- Siento si es la espera es muy inconveniente…
El demonio respondió en voz baja.
- Está bien, lo entiendo. Mañana volveré para obtener una respuesta.
Di mi conformidad, asintiendo con la cabeza una vez más. Me sentía dividida, como si fuera a traicionar la confianza de una de aquellas dos personas con mi elección.
- Comprendo que tengas tus reservas respecto a Sesshomaru, pero te prometo que no es mala persona. Podemos confiar en él. – Le aseguré una vez más a la anciana sacerdotisa, una vez de vuelta en la cabaña.
Ella no parecía muy convencida respecto a dar su brazo a torcer.
- Creo que te estás dejando llevar demasiado por el corazón, Rin. – Lamentó con una angustia indescriptible. – Sé que eres una mujer adulta y no tengo ningún derecho a influenciar tus decisiones, pero eres lo más parecido que jamás he tenido a una hija. – Sollozó, conteniendo las lágrimas. Era la primera vez que la veía emocionarse de aquella manera. – Conozco el sufrimiento que te ha provocado ese hombre, y me preocupa que te descuide mientras vayas con él. Estarás en una posición muy vulnerable, dependiendo en tono momento de su voluntad y necesidades. No debes olvidar que no es un ser humano, y tienen formas de vivir muy distintas a nosotros.
Coloqué una mano sobre el hombro de la anciana con cuidado, sintiendo cómo su emoción contenida me encogía el corazón.
- No sabes cuánto agradezco la familiaridad con la que me has acogido todo este tiempo, abuela Kaede. Gracias a ti he recordado cómo era tener una familia, y no tengo palabras para demostrarte cuánto significa para mí. Sin embargo, es cierto es que pienso que no puedo someter a esta aldea llena de buenas personas a un riesgo tan alto. Además… - Añadí, llorando a lágrima viva. – Tengo mucho miedo de decepcionarte, pero realmente quiero estar con el Señor Sesshomaru… No puedo predecir lo que va a pasar entre nosotros, pero me haría muy feliz al menos darnos la oportunidad de empezar de nuevo. Lo siento mucho, de verdad, por ser una egoísta y caprichosa…
La sacerdotisa se fundió en un cariñoso abrazo conmigo.
- Lo entiendo, y no me decepcionas ni mucho menos con tu decisión, Rin, querida… Lo supe desde que vi la misma mirada de Kikyo en tus ojos. Sé que le adoras con toda tu alma, pero te imploro que tengas cuidado. Y nunca le des prioridad por encima de lo que tú necesites. Tendrás mi puerta abierta si decides volver en cualquier momento.
Conmovida, la estreché entre mis brazos, más triste aún al darme cuenta de que aquello era una despedida.
- Gracias… - Musité entre mucosa y lágrimas cruzando por mi rostro.
Al día siguiente, recogí mis escasas pertenencias en un hatillo de tela. Llevaba dos cambios de ropa, entre ellos, el fino yukata veraniego que me regaló Kaede para el festival del Tanabata. Sabía que no iba a ser muy útil en el gélido tiempo que se avecinaba, pero quería llevármelo por el valor emocional que tenía para mí. También guardé un sencillo cepillo para el pelo y algunas toallas para secarme tras los baños. No tenía muchas más posesiones, pero era mucho más que suficiente.
- Rin, tengo que darle algo más antes de que te marches. – Me dijo la anciana Kaede ofreciéndome un cuaderno.
- ¡No hacía falta, ya me has dado muchas cosas! – Contesté, apurada.
Sin embargo, la mujer insistió en que tomara el objeto entre mis manos. Hojeé las páginas, curioseando su contenido.
- Es un libro de recetas. – Me explicó. – Tanto de comida como de medicinas, creo que podrá serte útil.
Todos los ingredientes y cantidades se encontraban detallados de su puño y letra. Su trazo era fino, aunque poco estilizado; una caligrafía sencilla y efectiva, como ella misma. En las últimas hojas se encontraba un anexo con dibujos y croquis para identificar correctamente las plantas mencionadas como ingredientes.
- ¡Esto es increíble, abuela Kaede, muchísimas gracias! – Exclamé mientras me deleitaba con aquella obra de arte en miniatura. En ese momento, descubrí una entrada cuyo título me llamó la atención. - ¿"Prevención"?
La anciana carraspeó.
- Me he imaginado que te sería útil, ya sabes… Por si surge lo inevitable mientras viajáis juntos. – Era la primera vez que veía a la sacerdotisa ponerse colorada. – Es decir… Para evitar concebir de forma no deseada.
Tragué saliva, tanto abochornada como agradecida por su consideración al añadir aquella receta concreta por mí.
- E-está muy bien pensado, la verdad. Gracias.
Una sonrisa llena de melancolía acudió a mi rostro. Iba a echar de menos a aquella mujer. Demasiado.
Tomé mis posesiones y me acerqué a la puerta de salida. Me extrañé al ver que la anciana no se seguía.
- ¿No a va acompañarme fuera, abuela Kaede?
La anciana negó con la cabeza.
- No quiero hacerte la despedida más difícil, Rin. Es mejor que yo me quede aquí.
La observé de pie en mitad de la estancia. El futon que yo solía ocupar había sido recogido. La habitación se veía más espaciosa y vacía. Aquella acogedora y pequeña estancia que había sido mi hogar durante aquel tiempo había logrado hacerse un hueco en mi corazón. Me reconfortaba saber que siempre podría pensar en aquel lugar como "mi casa". Abracé cálidamente a la sacerdotisa una vez más, conteniendo las lágrimas, y salí de allí recordándome que aquello era lo que yo misma había elegido.
Caminé sin prisa entre las escasas calles de la aldea, observando los familiares rostros de todos a mi alrededor. No iba a despedirme de ellos, porque apenas habíamos cruzado unas pocas palabras en todo aquel tiempo, pero me sentía como una extraña mientras me alejaba por mi propio pie de aquella aldea, aquella que se había convertido en el escenario de mi vida cotidiana durante todo el verano. Bajo la luz rojiza del atardecer contemplé el lugar donde acaba la hilera de cabañas y comenzaba la ladera que conducía al bosque, donde se alzaba un imponente torii escarlata.
Allí estaba de pie, con porte elegante y una expresión inescrutable, un hombre con el cabello completamente blanco que vestía un kimono del mismo color. Los detalles en color carmesí de su vestimenta se fundían con el color del atardecer. Sentí el aura de su poderosa presencia mientras me acercaba, con sus felinos ojos dorados vigilando mi avance. Era más consciente que nunca antes de que estaba caminando directamente hacia los brazos de un demonio, quizás uno de los más poderosos que habitaban aquellas tierras. Había sido testigo de su temible despliegue de poder, y había probado la dolorosa sensación de sus garras en mis propias carnes.
Y a pesar de tener tantos motivos para dar media vuelta y alejarme, seguí caminando en su dirección con una firme resolución. Estaba enamorada de cada una de las miradas de ese hombre, y la forma que tenía de atesorarme como nadie más lo había hecho. Echaba de menos pasar las noches a su lado, así como tratar de descifrar cada uno de sus enigmáticos silencios. Pero por encima todo, quería construir nuevos recuerdos a su lado, donde ambos pudiéramos hacer las cosas bien. Deseaba con todas mis fuerzas crear un vínculo en el que ambos pudiéramos ser felices. Anhelaba verle sonreír más, y esperaba que pudiera hacerlo conmigo a su lado, aunque tenía la certeza de que no iba a ser un camino fácil.
- Rin. – Pronunció mi nombre cuando me paré a un paso de distancia de él. - ¿Has tomado una decisión?
Permanecí unos instantes estudiando cada forma de su rostro perfectamente cincelado. Sus orejas puntiagudas, así como las marcas moradas de su frente y mejillas me recordaban todas las implicaciones que tendría aceptar ir con él. Y supe que estaba dispuesta a asumir el riesgo.
- Así es. – Le conteste, más segura que nunca. – Iré con usted, Se… - Me detuve a mí misma, tomando una breve bocanada de aire antes de proseguir. – Sesshomaru.
El demonio se mostró genuinamente sorprendido al escucharme pronunciar su nombre, simple y llanamente, sin honoríficos. Pude distinguir el intento de una tímida sonrisa asomando sus labios. Estiró su único brazo hacia mi rostro, acortando la distancia entre nosotros. Mi corazón palpitó con fuerza ante su cercanía. Abrió su boca, mostrándome de forma inconsciente sus prominentes colmillos, en busca de las palabras adecuadas a pronunciar en aquel preciso momento.
- ¡Eso significa que ya podemos marcharnos! ¿Verdad, Señor Sesshomaru? – Exclamó una chirriante voz desde el cielo.
Alcé la mirada para avistar a un avispado Jaken, que descendía del cielo sobre el lomo de la bestia a la que yo había puesto nombre, Ah-Un. Sesshomaru masculló entre dientes mientras ellos tomaban tierra:
- Recordaba haberte ordenado específicamente que no aparecieras hasta que te llamase, Jaken.
El pequeño demonio saltó desde la grupa de su montura para arrodillarse a los pies de su amo:
- ¡S-s-sí, claro, Señor Sesshomaru, disculpe mi insolencia!
El hombre de cabello blanco dejó escapar un pesado suspiro y se giró para dirigirse al bosque sin perder un instante.
- En marcha. – Anunció sin mirar atrás.
El enano de piel verdosa corrió tras de él, implorando perdón mientras era ignorado sin piedad. Entonces, noté como Ah-Uh me observaba fijamente con sus dos pares de ojos redondos, atento a mis movimientos. Dejé escapar una risilla, enternecida por la conexión que parecía haberse forjado entre la criatura y yo tras haberle dado un nombre. Sujeté sus bridas con delicadeza y comencé a seguir los pasos de Sesshomaru.
- Vámonos, Ah-Uh. – Susurré con aire risueño.
Notas: Al fin he podido reunirlos, no sabéis las ganas que tenía. Espero que no se haya sentido muy apresurado. Espero leer vuestras teorías de lo que va a pasar, qué os parece, qué os gustaría ver...
Gracias de corazón y nos leemos en dos semanas
