Notas: Hola! Gracias a todos los que me habéis dado apoyo estas últimas semanas, os prometo que cada comentario cuenta, y me sacan una amplia sonrisa cuando los leo. La vida se me ha hecho más complicada desde que inició el año, ojalá pueda remontar pronto... Os deseo un feliz día y os dejo leer a vuestras anchas, os quiero

- De ninguna de las maneras. -Respondió el demonio, tajante, mientras se ponía en pie.

Su dura mirada se me hizo más imponente desde la altura.

- Es lo único que se me ocurre para tratar mi miedo, Sesshomaru. Merece la pena intentarlo.

- No, no me parece necesario someterte a esto, Rin.

Si se parecía en algo a su hermano Inuyasha era que cuando no quería ceder en algo se volvía tan cabezón como él.

- ¿A qué? Usted no va a hacerme daño, ¿verdad? – Repliqué una vez más, molesta.

- No te habría traído conmigo si no confiase en mi capacidad de autocontrol, pero no quiero volver a ver cómo me miras con esa expresión de horror en los ojos. Haznos un favor a los dos y no insistas más.

Aquella última confesión me pilló desprevenida. No había considerado el daño que le hacía a él también la situación.

- No le miraré así esta vez, porque… Porque esta vez me estoy exponiendo a ello voluntariamente y sé que no tiene ningún motivo real para herirme. No se trata de la misma situación. – Argumenté con la voz con firme que logré emitir, sosteniéndole la mirada. – Por favor.

Sesshomaru pareció flaquear, dejándome entrever su tristeza bajo su coraza:

- ¿Y si no solo no ayuda, sino que empeora tu aversión hacia mí?

Sin realizar ningún movimiento brusco, tomé su única mano y la envolví con las mías. La diferencia de tamaño entre ambos era tan notable que me conmovió ser yo la que estuviera consolando a aquel gigante.

- Confíe en mí, igual que yo lo hago en usted. – Murmuré con ternura, mientras él no despegaba sus ojos de mí. – Créame cuando le digo que lo que siento por usted hace que no desee nada más en este mundo permanecer a su lado. No querría volver a alejarme de usted bajo ningún concepto.

El demonio permaneció completamente quieto, sopesando cada una de mis palabras. Esperé pacientemente a que reaccionara mientras seguía sosteniendo su enorme mano. En un intento de crear un gesto que transmitiese paz, acaricié sus delgados dedos hasta llegar a sus largas y afiladas uñas. Una vez llegaba a la punta, realizaba el recorrido a la inversa hasta la palma de su mano. Repetí aquel delicado vaivén durante todo el tiempo que duró su pesado silencio, mientras sopesaba todas sus opciones.

- Pensaré en ello. – Respondió, finalmente, con voz queda. – Ahora mismo es… No estoy seguro de cómo me siento al respecto.

Le dediqué una amplia sonrisa, agradecida por aquella concesión.

- Claro, tómese su tiempo.

Con cautela, Sesshomaru entrelazó sus dedos con los de mi mano izquierda, en un tierno gesto. No pude evitar sonreír.

- Esto… No te causa malestar, ¿verdad? – Preguntó en voz baja.

- Al contrario. Me gusta que lo haga. - Me pareció que mis palabras aligeraron ligeramente la carga sobre su conciencia. – Vamos a buscar a Jaken y Ah-Un para preparar la cena, ¿sí?

El demonio asintió sin decir una sola palabra más. Dócil como un cachorrillo, el poderoso yokai se dejó guiar por mí en la espesura del bosque mientras íbamos en busca de nuestros compañeros.

- ¿Aquello que se ve a lo lejos es el monte Hakurei que mencionabais, Sesshomaru? – Pregunté mientras oteaba en la distancia.

Después de caminar un par de días más por el bosque, finalmente habíamos salido a una explanada cubierta de hierba. A lo lejos, podían contarse hasta tres aldeas con sus respectivos campos de cultivo, las cuales se disponían en torno a una enorme montaña de piedra grisácea, compuesta de roca casi en su totalidad, rodeada por una densa neblina, sin signos de vida aparente.

- Sí. El rastro de la sacerdotisa sigue en esa dirección. – Respondió el demonio.

- Amo… ¿Se puede saber qué hacemos persiguiendo a una mera mortal? – Inquirió Jaken, fatigado por tantos días de viaje, montado sobre la grupa de Ah-Un.

Sesshomaru siempre daba evasivas a aquella pregunta, quizás le preocupaba ser juzgado por hacer algo que se considerase poco propio de su naturaleza. Sin embargo, me apenaba ver al pequeño duende nervioso, al desconocer por completo el sentido de aquella empresa.

- Es una buena amiga mía. – Respondí, metiéndome en la conversación. – Yo le he pedido a Sesshomaru que la busquemos. Parecía estar en peligro.

No estaba diciendo ninguna mentira, y a mí no me importaba que Jaken criticase mis decisiones. Seguía siendo una "ingenua humana" para él, de todos modos. Sin embargo, para mi sorpresa, el demonio de piel verdosa no procedió a burlarse ni a armar un escándalo al respecto. Simplemente, se quedó escrutándonos a su Amo y a mí con sus ojos de sapo.

- Bueno, si el Señor Sesshomaru ha decidido embarcarnos en esta misión yo le seguiré hasta el fin del mundo si es necesario. Jamás dudaría de su criterio. – Fue todo lo que respondió el duendecillo.

Sesshomaru lanzó una mirada al cielo, cubierto de oscuras nubes.

- Deberíamos ponernos a cubierto. – Sugirió. – Se avecina una tormenta.

- ¿Una tormenta eléctrica? – Pregunté, sintiendo cómo se me ponían los vellos de punta.

- ¡Que el Señor Sesshomaru albergue un gran poder no significa que pueda ver el futuro, humana! – Rezongó Jaken agitando su báculo por encima de su cabeza.

El demonio de cabello plateado dejó escapar un suspiro, reuniendo toda su paciencia.

Nos dividimos momentáneamente para buscar algún cobijo en los alrededores. Fueron Jaken y Ah-Un los que divisaron rápidamente desde los aires una gruta con espacio suficiente para albergarnos a todos. De hecho, una vez llegamos allí pude comprobar que la cueva disponía de bastante más espacio al fondo de lo que había parecido en un inicio, por lo que sobradamente podríamos ponernos a cubierto los cuatro con comodidad.

Comenzaron a caer las primeras gotas de lluvia mientras recogía ramas, pedazos de madera y algunos hongos comestibles para la cena de aquella noche. Sin embargo, logré ponerme a cubierto antes de que se desatara el aguacero.

- Menos mal que parece que no van a caer truenos… - Comenté, aliviada.

- Como si nos pudieran alcanzar aquí dentro… - Masculló Jaken con intención de que todos escucháramos su ácido comentario.

A pesar de la humedad en la madera que había recolectado, las poderosas llamas del aliento de Ah-Un lograron prenderles fuego. Los cuatro nos dispusimos alrededor de la hoguera. Era extraño que Sesshomaru se uniese por voluntad propia a nosotros cuando nos sentábamos alrededor de la lumbre. Le lancé una mirada de soslayo, tratando de comprender sus intenciones. Él no despegaba los ojos de su lacayo de piel verdosa.

- ¿N-necesita algo, Señor Sesshomaru? – Inquirió el duendecillo, claramente inquieto por la intensidad de la mirada de su Amo.

- Jaken, quiero que hagas algo por mí.

El sirviente dio un respingo y se apresuré a arrodillarse frente a su Señor con sumo gusto. Nunca antes le había visto tan feliz.

- ¡Por supuesto, Señor Sesshomaru! ¡Haré todo lo que usted me pida!

Sesshomaru se levantó grácilmente, haciendo alarde de su grandioso y delicado porte.

- Voy a adoptar mi forma original. Necesito que te quedes con Rin y cuides de ella.

Aquellas palabras nos dejaron a todos de piedra. ¿Iba a transformarse? ¿Allí mismo, de repente?

- ¡¿Cómo?! – Exclamamos Jaken y yo casi al unísono.

Él se dirigió al fondo de la gruta, caminando con paso decidido.

- Voy a quedarme a una distancia prudencial, y no haré amago de acercarme en ningún momento. Espero que la compañía de Jaken te haga sentir más segura, Rin. – Se dirigió a mí exclusivamente mientras se posicionaba de espaldas a nosotros.

Sentí cómo mi corazón comenzaba a palpitar como loco en mi pecho, alterado ante la repentina situación. Sin embargo, sabía que era una oportunidad que no podía dejar escapar, por si se arrepentía y decidía cambiar de opinión más tarde. Me deslicé hasta colocarme entre Jaken y Ah-Un. El duendecillo observaba la situación, completamente mudo. No tenía ni idea de por qué estábamos llevando a cabo aquel ritual, pero tampoco parecía propenso a desobedecer aquella petición de su amo. El único sonido que acompañaba aquella escena era la lluvia cayendo justo detrás de nosotros.

Sesshomaru cerró los ojos a la par que una misteriosa luz blanquecina lo envolvía, como si se tratase de una criatura sagrada. Percibí cómo la tierra parecía temblar ligeramente a nuestros pies, mientras el haz de luz cegadora se hacía cada vez más grande ante nuestros ojos. Tan rápido como apareció el destello, este se esfumó, dejándonos frente a frente con la criatura más temible de mis pesadillas.

El can gigante de pelaje plateado se erguía sobre tres patas, recordándome de forma despiadada la mutilación permanente de su brazo. Sus orejas peludas rozaban el techo de la gruta debido a su gran tamaño, y aquellos afilados ojos rojos refulgían en la penumbra. Aunque lo que más robó mi atención fue que de su boca sobresalían unos colmillos tan grandes que podían medir más que yo misma, desde la punta de los pies hasta mi cabeza. Una distintiva media luna morada decoraba su frente, recordándome que aquel no era otro que el hombre al que amaba. Traté de centrarme en ese último pensamiento para insuflarme algo de serenidad.

A pesar de mis esfuerzos, las rodillas me comenzaron a temblar incontrolablemente mientras trataba que mi rostro se mantuviese lo más neutral posible. No quería que Sesshomaru me viese asustada y se arrepintiese de aquella decisión. Aunque aquella enorme figura había protagonizado muchos de mis malos sueños, verlo materializado frente a mí, en carne y hueso, se me antojó mucho menos aterrador que la criatura etérea que amenazaba con destrozarme desde los rincones más oscuros de mis pesadillas.

El demonio parecía vigilarme atentamente con sus enormes pupilas. Con suma lentitud, flexionó su única pata delantera, seguida de las traseras, para quedar en una posición menos hostil, tumbado y con la cabeza gacha. Agradecí su intención, pero mientras aquellas dos esferas rojas me siguieran observando fijamente, no lograría sacudirme la sensación de que se estaba agazapando para saltar sobre nosotros en cualquier momento.

Incapaz de perder a la bestia de mi campo visual, busqué con mi mano la de Jaken, instintivamente. Él no me rechazó en mi búsqueda de una leve sensación de seguridad, soportando a través del contacto el frío de mis manos el temblor incontrolable de mi cuerpo. ¿Pero qué podía hacer yo entonces? Me había quedado sin voz por la impresión y tampoco se me ocurría nada que decir, sólo era capaz de pensar en intentar no parecer aterrorizada. Sentía la boca pastosa, por lo que me obligué a tragar saliva.

- ¡Tan hermoso y majestuoso como siempre, Señor Sesshomaru! – Exclamó Jaken, destensando el ambiente con su vivaz tono.

El perro demoníaco ladeo la cabeza ligeramente, observándonos a ambos. No comprendía el significado de aquel gesto, pero desde luego no se veía amenazador. Logré mantener contacto visual con la bestia unos instantes antes de que rodase hacia un lado y se colocase panza arriba, como si se tratase de un cachorro juguetón, completamente inofensivo. Aquella comparación me hizo sonreír, cubriéndome la boca con los dedos. No quería que pensara que me burlaba de él.

Distaba mucho de ser una criatura adorable, pero pensé no tenía razón alguna para temer a un animal que se mostraba vulnerable y sin signos de hostilidad, como acababa de demostrar la enorme bestia.

La luz blanquecina volvió a aparecer de la nada, llevándose consigo a la forma perruna, y dejándonos con un Sesshomaru cabizbajo.

- Creo que ha sido suficiente con eso. – Musitó él.

El demonio caminó en nuestra dirección dando grandes zancadas. Jaken le cortó el paso dando animados saltos mientras lo alababa:

- ¡Ése es mi Gran Señor Sesshomaru! ¡El más poderoso, el más majestuoso, el más…!

- Apártate, Jaken. – Gruño el demonio mientras evitaba nuestras miradas.

Me acerqué lo suficiente para lograr tocar el brazo de Sesshomaru con suavidad mientras sorteaba a su sirviente. No me atreví a sujetarlo en su acelerado paso.

- S-Sesshomaru… - Lo llamé, haciéndole detenerse en el sitio brevemente para escucharme. – Muchas gracias por su consideración. Estoy bien, de verdad, no se preo…

- Voy a salir a buscar carne para la cena. Ahora regreso.

Y se marchó como una exhalación, adentrándose en la torrencial lluvia. Permanecí atónita unos instantes, procesando la imagen que acababa de contemplar. Las mejillas de Sesshomaru estaban sonrosadas justo antes de marcharse, con una coloración perfectamente visible sobre su piel blanca como el marfil. Debía de sentirse profundamente avergonzado por el espectáculo que acababa de mostrar. Aquel detalle había sido tan inusual en él que se me hizo incluso más adorable, dibujando una amplia sonrisa en mi rostro de forma incontrolable.

- Cada día me sorprende más el comportamiento del Señor Sesshomaru… - Musitó Jaken mientras caminaba hasta llegar a mi lado. - ¿Se puede saber qué le has hecho?

Su pregunta carecía de cualquier matiz malicioso o inquisitivo. En cambio, parecía más relajado en ausencia de su Amo.

- ¿Yo? Nada, sólo… Creo que está aprendiendo a ser más honesto con sus sentimientos. – Reflexioné en voz alta.

- El Señor Sesshomaru siempre se ha guardado para sí mismo lo que le preocupaba, y no parecía tener apego por nada o nadie. Solamente pensaba en reunir más poder para superar a su padre algún día…

- ¿Antes del sello, te refieres?

El pequeño demonio asintió, observando distraídamente la lluvia que caía frente a nosotros.

- Desde que te conoció ha comenzado a mostrar sus preocupaciones, e incluso se ha vuelto más expresivo… Quizás no le has ayudado a liberarse únicamente del sello de sus poderes, humana.

Me agaché para quedarme a la altura de él y poder hablar cara a cara.

- Entiendo que si me está contando todo esto es porque no odia mi compañía después de todo, ¿no, señor Jaken?

No se dignó a mirarme mientras respondía, con fingido desaire:

- No me agradaban los humanos, pero tengo que concederte que tu presencia se ha convertido en una buena influencia…

Ignorando su coraza de desprecio por aquellos de mi especie, tomé su diminuta mano e incliné mi cabeza ante él:

- Gracias por haberme dado fuerzas antes.

- ¡N-no digas tonterías, sólo estaba siguiendo las instrucciones del Señor Sesshomaru! ¡N-ni que lo hubiese hecho p-p-por ti!

Dejé escapar una risilla. Aquel el segundo demonio al que veía sonrojar aquel día. Me sorprendió que pudieran hacerlo con la misma facilidad que los seres humanos, después de todo.

La noche transcurrió sin sobresaltos. Sesshomaru actuó como si no hubiese ocurrido nada durante la cena y se alejó de nosotros tres para dormir por su lado aquella noche. Yo me acurruqué en el costado de Ah-Un, justo al lado de Jaken y me desperté con los primeros rayos de sol de la mañana.

Lancé una mirada curiosa al fondo de la caverna, donde pude observar al demonio de cabellos plateados recostado contra la pétrea pared y con los ojos cerrados. Aquella era una imagen inusual. Caminando de puntillas, me acerqué para admirar la belleza de su rostro dormido, con todas las facciones relajadas y la boca ligeramente entreabierta. Su pecho subía y bajaba de forma rítmica a una velocidad pausada. Se le veía descansando completamente en paz. Enternecida, me alejé sin hacer ruido para no perturbar su sueño.

Por mi parte, yo me sentía cargada de energía tras el sueño reparador, por lo que salí a contemplar el paisaje que me rodeada y estirar las piernas. La pradera se encontraba húmeda por la lluvia y caían gotitas de las ramas de los árboles, los cuales perdían más hojas con cada día que transcurría. Eso también me recordaba que iba a ser mucho más difícil encontrar flores en el camino con el cambio de estación.

Sin embargo, logré encontrarme una pequeña colonia de flores del infierno, características de aquella época del año, brillantes debido a la lluvia caída la noche anterior. Animada, tomé algunas de ellas, e ignorando la humedad y el frío en mis dedos comencé a trenzar sus tallos. Aquella actividad siempre me resultaba tranquilizadora, como si me ayudase a atar cabos y aclarar mi mente.

- ¿Qué haces aquí fuera?

Alcé la mirada para encontrarme con la silueta de Sesshomaru. Estaba tan perdida en mi actividad favorita que no había notado cuándo se había acercado.

- Buenos días, Sesshomaru. – Le saludé. – Me he despertado temprano, por lo que he salido a pasear para no molestar.

Él se agachó en cuclillas.

- ¿Y el paseo se ha acabado tan pronto como te has encontrado estas flores? – Aquello era una afirmación tajante a pesar del tono interrogante de su voz.

- A-así es. – Respondí, nerviosa por su mirada fija en mis manos.

Nos quedamos en silencio, simplemente escuchando los sonidos del bosque y de nuestras propias respiraciones.

- Puedes seguir con lo que estabas haciendo, no era mi intención interrumpirte. – Añadió él tras unos instantes.

Como si sus palabras me hubieran sacado de un trance, mis manos reaccionaron volviendo a la tarea de nuevo, bajo su atenta mirada. Aquella corona de flores fue un trabajo más complicado de lo habitual, pues con la humedad los tallos se habían reblandecido y se partían con mayor facilidad; además, mis manos también resbalaban constantemente, dificultando las lazadas. Estiré los brazos para valorar el resultado, no estaba demasiado conforme.

El demonio no dejaba de observarme sin hacer un solo comentario. Sintiéndome algo más valiente, me dirigí hacia él para comunicarle la idea que había pasado por mi mente:

- Si no le importa… ¿Se la puedo probar para comprobar cómo se ve? Aunque está un poco fría y húmeda…

Sesshomaru inclinó ligeramente la cabeza como única respuesta. Tragué saliva, y con las manos temblando por el frío de la mañana, coloqué la corona de flores alrededor de su frente.

- Levántese, por favor. – Le pedí una vez hube terminado.

Ambos nos pusimos en pie y me deleité con aquella imagen. El rojo de las flores del invierno resaltaba con el color de su cabello y el tono pálido de su piel, haciendo juego con los detalles de su kimono. Además, su belleza etérea parecía disimular todos los fallos de mi creación, reduciéndolos a detalles irrelevantes que no degradaban el resultado final. No había quedado tan mal como temía.

- Le sienta bien el rojo, Sesshomaru. – Comenté con aire soñador, inspirada por su belleza y elegancia naturales.

- Rin. – Pronunció mi nombre con la voz tomada por el frío. – Quería hablar contigo sobre cómo te sientes después de ayer.

Me sorprendió que hubiese sido él quien sacase aquel tema. No pude evitar sonreír al recordar la imagen del enorme can panza arriba.

- Me siento mucho más tranquila ahora, aunque bien es cierto me dio una gran impresión al principio y no pude evitar echarme a temblar… Pero me gustaría poder acercarme más la próxima vez, e incluso acariciarle la cabeza. ¿Le parece bien?

Los ojos de Sesshomaru parecieron iluminarse con una mezcla de esperanza y alivio.

- No hay prisa, puedes tomarte tu tiempo para hacer lo que te sientas capaz.

- Gracias. – Dije, sonriendo. – La verdad es que me ha ayudado mucho lo que hizo usted anoche…

- Deberíamos volver con los demás antes de que se despierten y nos echen en falta. – Se apresuró a interrumpirme Sesshomaru, esquivando claramente el tema que le había hecho sonrojar.

- Sí, claro, pero aguarde un momento. Voy a quitarle esto, no quiero que se resfríe… - Me puse de puntillas tratando de alcanzar la corona en su frente.

Había sido una operación más sencilla cuando estábamos los dos arrodillados en el suelo, pero la situación había cambiado debido a la amplia diferencia en nuestras alturas. De ese modo, no tuve más remedio que alzarme sobre la punta de los pies mientras estiraba los brazos para alcanzar la corona de flores. Por un instante, perdí el equilibrio y choqué contra su pecho, sin que él se inmutase un ápice. Mis mejillas se encendieron mientras volvía a ponerme de puntillas como si nada hubiera pasado. Esta vez, Sesshomaru se agachó un poco para permitirme recoger el frío objeto de su cabeza.

Apenas estaba comenzando a celebrar internamente el éxito, me di cuenta de que su rostro se encontraba a la altura del mío, y peligrosamente cerca, además. Cuando nuestros ojos hicieron contacto visual, sentí su brazo rodear mi cintura y se acercó para fundir su boca con la mía, tomándose su tiempo. Aquel beso fue tan cálido en mitad de aquel gélido paisaje que la sensación fue casi abrasadora. Dejé caer los brazos a ambos lados de mi cuerpo, permitiéndome sumergirme de lleno en aquella sensación, acercándome más a él hasta sentir su amplio pecho contra el mío.

Sesshomaru acarició mi mejilla con delicadeza antes de deshacer el beso y mostrarme una expresión triunfal.

- Tan entregada como siempre, mi bella esposa. – Hacía tanto que no me llamaba de aquella manera que no pude evitar sonrojarme. – Puedo percibir en tu aroma cómo estás comenzando a desearme una vez más… - Se acercó a mi oreja para susurrar. – No sabes cuánto anhelo que llegue el momento en el que poder volver a sentirme dentro de ti.

Con el corazón a punto de salirse por mi boca, lo observé darse la vuelta, claramente victorioso en su cometido de hacer aflorar mi lado más pudoroso.

- ¡N-n-no…! – Tartamudeé. - ¡No diga esas cosas a plena luz del día! – Chillé, a punto de explotar como una tetera al rojo vivo.

Estaba completamente convencida de que aquello era parte de su venganza por los hechos de la noche anterior. ¡Aunque yo ni siquiera le había obligado a hacer nada que le avergonzase! Sesshomaru era muy injusto.

Tras reunirnos con nuestros acompañantes, el demonio de cabello plateado retomó su imagen fría e inexpresiva de siempre. Una parte de mí se sentía conmovida de que sólo me mostrase a mí sus deseos y sentimientos reprimidos, aunque por otro, no podía evitar querer que pudiera compartir su personalidad con los demás. Bueno, no todas las facetas, claro.

Aquel mediodía, finalmente, llegamos a la base de monte Hakurei. La pendiente escarpada no permitía la escalada, por lo que uno sólo podía adentrarse siguiendo los sinuosos caminos tallados en piedra. Una densa niebla cubría toda la montaña, por lo que la visibilidad se iba reduciendo gradualmente según nos íbamos adentrando.

- ¿Está seguro de que es por aquí, Amo Sesshomaru? No es que yo dude de usted, por supuesto, pero ya sabe, el monte Hakurei… - Cuestionó Jaken, mostrándose profundamente compungido y falto de energía.

- Su rastro se ha diluido con la lluvia, pero la dirección que llevaba apuntaba a este lugar. Tiene sentido que se haya refugiado aquí si pretendía esconderse de un demonio. – Respondió Sesshomaru muy serio.

Ah-Un, quien caminaba a mi lado, parecía cada vez más fatigado según avanzábamos por el camino.

- ¿Qué tiene de especial este lugar? – Pregunté, sintiendo que había algún pedazo de información que se me estaba escapando.

- El monte Hakurei está rodeado de un aura sagrada que repele a los demonios… - Me explicó Jaken, con la voz rota, como si estuviera soportando un gran dolor. – Cuanto más nos adentramos, mayor es el poder purificador…

Eso explicaba el malestar de mis acompañantes, y por qué yo no sentía nada extraño.

- Podéis deteneros aquí si es demasiado para vosotros. – Añadió Sesshomaru, consciente de la situación de ambos demonios. – Yo avanzaré un poco más.

- ¿Va a estar bien, Sesshomaru? ¿No le duele también? – Me dirigí al demonio de cabello plateado, en busca de signos que delatasen los efectos nocivos de la barrera sagrada.

- Es soportable. – Me aseguró, sereno.

No sabía si creerle, es posible que sólo estuviera ocultando el dolor.

- Le acompaño. – Me ofrecí, avanzando hasta llegar a su lado. – Después de todo, la barrera no tiene efecto en mí.

El demonio pareció conforme, de modo que seguimos avanzando, dejando a nuestros compañeros regresar hasta un lugar donde pudieran recuperar sus menguadas fuerzas. Cuando llegamos a media altura de montaña, el camino desembocaba en una explanada donde había acceso a una gruta. Sesshomaru se detuvo en seco mientras yo caminaba unos pasos más allá.

- ¿Se encuentra bien, Sesshomaru? – Le pregunté. - ¿Le duele mucho?

- Es posible que si avanzo más la barrera termine de purificarme por completo… - Masculló, apretando los dientes, como si cargase un gran peso. En mitad del silencio, me pareció escuchar corrientes eléctricas en el aire, volando en dirección al gran demonio. – Regresemos, no hay signos de la sacerdotisa.

Sin embargo, yo tenía una corazonada de que podría haber algo más allí dentro.

- Usted puede volver, a mí me gustaría investigar el interior de la gruta…

- Rin, es peligroso que vayas sola. – Me reprendió con voz severa. – Vámonos. – Extendió su mano hacia mí, invitándome a acercarme.

Dudé por un instante. Era bien cierto que yo no podía defenderme sola, pero tenía la sensación de que iba a pasar por alto algo importante si simplemente regresaba.

- Si la barrera es tan poderosa quiere decir que no puede haber demonios aquí dentro, ¿verdad? Sólo voy a echar un vistazo y estaré de vuelta, se lo prometo.

- Los demonios no son las únicas criaturas peligrosas en este mundo, deberías saberlo mejor que nadie…

No tuve más remedio que asentir. No podía llevarle la contraria en ese punto concreto.

- Lo sé, y le aseguro que tendré cuidado. Volveré tan pronto que ni se dará cuenta de que me he ido.

El demonio exhaló un profundo suspiro y cerró su mano en un puño, con expresión de hastío.

- No pienso moverme de aquí sin ti. Voy a contar hasta mil, y te juro que entraré a buscarte si tardas más que eso en regresar, sean cuales sean las consecuencias.

Conmovida, le respondí con total seguridad:

- Está bien. No tardaré, se lo prometo.

Notas: Sé que Sesshomaru sonrojándose o posando como un perro boca arriba son acciones muy fuera del personaje, pero no podía dejar de pensar en esa imagen y no me he podido resistir a incluirlo. Bueno, parece que las cicatrices van curando y el tiempo hace su magia... ¿Todos recordáis el monte Hakurei de la serie de Inuyasha? Bueno, eso os dará ciertas pistas de alguna cosas, jeje...

Tengo en mente varias escenas más tiernas y privadas entre estos dos, espero que les haga tan feliz leerlo como a mí escribirlo, me gusta demasiado cómo interactuan cuando están a solas. Sólo espero no estar haciendo nada descabellado, pero me puede el romanticismo.

Siento la cantidad ingente de texto por mi parte, nos leemos en dos semanas y muchos ánimos y abrazos. Si alguien lo está pasando mal, recordad que al final tanto lo bueno como lo malo pasa, y no estáis solos, estoy segura de ello 3 os quiero