Notas: Saludos, no tengo palabras para explicar el agradeciemiento a aquella una de aquellas personas que expresáis el apoyo a esta historia, gracias un día más, de corazón 3
Espero que el capítulo de esta semana os caliente un poco el corazoncito.
El interior de la gruta era más oscuro de lo que había anticipado. Después de todo, en el exterior todavía reinaba la brillante luz del día. Mientras avanzaba por el frío corredor, realizaba marcas en la húmeda tierra antes de adentrarme en cada intersección para recordar el camino de vuelta. Las paredes eran de roca maciza, de un color grisáceo, como si de ceniza compacta se tratase. Desde el interior brotaba un frío gélido que me ponía los vellos de punta, aunque no lograba desterrar el presentimiento de que podía haber algo importante si seguía por aquel camino.
Llegué hasta una inmensa grieta que parecía conducir al corazón de la montaña. Curiosa, me acerqué para asomarme al interior cuando noté cómo una mano cubría mi boca para que no gritase y otra me sujetaba de la cintura. Me resistí, tratando de golpear a mi agresor hasta que escuché cómo me llamaba con por mi nombre.
- No grites, Rin. Es peligroso.
Tan pronto como dejé de forcejear, sentí cómo aquellos brazos me liberaban y me di la vuelta. Sin embargo, me sorprendió no reconocer aquel rostro. El hakama rojo que vestía era muy familiar, pero su largo cabello y ojos de color oscuro no parecían encajar con la imagen que tenía de aquella persona conocida.
- ¿Inu… yasha? – Balbuceé.
Seguía buscando aquel cabello plateado y sus características orejas perrunas, sin éxito. Se veía demasiado… Humano.
- Sí, soy yo. – Carraspeó. – La barrera de este maldito lugar suprime mis poderes… - Explicó, avergonzado.
- Te ves bien así. – Dije, tratando de calmar su conciencia porque le hubiera visto de aquella manera. - ¿Qué haces aquí, Inuyasha? – Murmuré.
- Eso mismo querría saber yo, ¿cómo diablos has llegado a este lugar?
Inuyasha cruzó los brazos sobre su pecho, severo. El muchacho actuaba como un hermano mayor sobreprotector.
- He venido con Sesshomaru… Estamos buscando a Kikyo.
El semblante del medio demonio se ensombreció tras pronunciar aquellos nombres. Aunque no sabía cuál de los dos le generaba más sentimientos encontrados.
- No voy a preguntar por Sesshomaru, pero… Kikyo no está aquí. – Confesó, serio.
Inuyasha parecía una persona más madura cuando hablaba de su primer amor. Era como si una parte muy importante de su ser permaneciese siempre con la sacerdotisa. Aquella situación me hacía pensar en lo que debía estar sufriendo Kagome, enamorada de un hombre que tenía su corazón en otra parte…
- ¿Estabas buscándola tú también, Inuyasha?
El joven se giró en dirección a la grieta.
- Sí, hace tiempo que percibí su olor perderse en las cercanías del Monte Hakurei. Y hoy he seguido a Kagura hasta ahí, por lo que esto no pinta nada bien.
Kagura era la mujer que había aparecido justo antes de que todo mi mundo colapsase. Recordaba sus ojos rojos como la sangre y su cruel sonrisa. Esperaba no tener que volver a verla nunca más, pues su presencia se había convertido en un signo de mal augurio. Además, su existencia también despertaba otro pensamientos oscuros en un rincón de mi mente, inevitablemente…
- Ya veo… Entonces creo que ha llegado el momento de dar la vuelta. – Musité, buscando las marcas de mis pisadas, así como la cruz que marcaba el camino de vuelta en cada intersección.
- ¿Estás segura de que no te vas a perder?
- Eso espero. – Respondí, no sin cierto nerviosismo.
- Te acompaño a la salida. – Se ofreció el joven con una firme resolución. – Es peligroso que vuelvas sola.
- P-pero… Sesshomaru me espera a la salida.
Estaba preocupada porque los hermanos se encontrasen. Después de todo, la tensión era más que palpable cuando esos dos cruzaban miradas, y no quería tener que presenciar un desagradable escenario como aquel.
- No pienso cruzar una sola palabra con él. – Me aseguró. – Venga, date prisa.
Asentí y caminé al lado del joven de cabello azabache. Se me hacía extraño percibirle como un ser humano común y corriente. Me preguntaba si Inuyasha no habría sido más feliz sin haber heredado la sangre demoníaca de su padre… Traté de disimular mi mirada de lástima, sabía que podía herir el ego del joven si lo trataba de aquella manera.
Gracias a mis marcas en el suelo, el camino de vuelta fue sencillo de seguir, y se sintió mucho menos pesado gracias a la compañía. Inuyasha se detuvo apenas fue visible la luz del exterior.
- Sesshomaru está ahí fuera. – Anunció. – Es débil, pero lo huelo. Nuestros caminos se separan aquí.
Le dediqué una amplia sonrisa y una leve reverencia.
- Gracias por tu ayuda, como siempre.
Él carraspeó una vez más restándole importancia, y volvió a adentrarse en la oscuridad del túnel sin decir nada más. No se permitía mostrar vulnerabilidad o ternura, al igual que su hermano mayor. Cada vez los encontraba más parecidos, a pesar de sus discrepancias. Era una auténtica lástima que no se dieran la oportunidad de llevarse bien.
Una vez fuera, el brillante sol de color rojo se fundía con la línea del horizonte. Justo a su lado, se erguía la imponente figura del demonio de cabello plateado.
- Novecientos noventa y ocho… - Musitaba para sí.
Su cuenta se detuvo tan pronto como me vio aparecer. No se inmutó mientras esperaba a que me acercase.
- Estoy de vuelta. – Anuncié, alegre. – He cumplido mi promesa, ¿verdad?
Sesshomaru frunció el ceño, con cierto desagrado. Me tomó de la cintura y olisqueó mi cabello.
- ¿Te has encontrado con Inuyasha? – Inquirió.
- S-sí…
No tenía sentido ocultarlo, tampoco era como si hubiera hecho nada malo. El demonio clavó sus ojos en la entrada de la montaña por un instante. Parecía más intrigado que molesto.
- Vámonos. – Dijo. – Hay que deshacerse de ese apestoso hedor a chucho mestizo.
- ¿C-cómo? – Musité, confundida.
Seguí a Sesshomaru de cerca hasta bien entrada la noche. Apenas hizo ningún comentario por el camino, ni me dirigió una sola mirada. Me torturaba pensar que pudiera estar seriamente molesto conmigo. Quería preguntarle, aunque me aterraba la posible respuesta. No quería que me prohibiese ver a Inuyasha, pues se trataba de una de las personas que más me había cuidado en su ausencia, y le tenía mucho cariño.
Llegamos a un manantial escondido dentro del bosque. El hombre se detuvo a mi lado mientras me indicaba:
- Aquí puedes darte un baño. Yo esperaré en los alrededores.
Antes de que pudiese darse la vuelta, me dirigí hacia él, desesperada.
- Esto… Sesshomaru, ¿tan molesto se siente? ¿He hecho algo malo?
Su expresión era fría como el hielo.
- No me gusta nada que me recuerde a él. – Respondió sin dudar. – Eso es todo.
- ¿Pero está enfadado conmigo?
- No.
Su expresión era completamente opaca. No estaba segura de si estaba siendo sincero, o si estaba ocultando sus verdaderos pensamientos al respecto.
- Entonces… ¿por qué no me acompaña?
Su expresión se volvió cauta.
- ¿Cómo dices? – Preguntó, con sus ojos dorados analizándome de arriba a abajo.
- Vamos a darnos un baño juntos. – Volví a sugerir. – Me gustaría que pudiéramos hablar.
Sus ojos entonces se abrieron como platos. Su genuina sorpresa me hizo sonreír un poco. El demonio sospesó sus opciones, bajando la guardia finalmente.
- Está bien. – Accedió, comenzando a desanudarse con una habilidad asombrosa las vainas de las espadas del cinto con una sola mano.
Hice ademán de ayudarlo, pero me di cuenta de que no lo necesitaba. Sin dudar un solo instante, introdujo sus finos dedos en el lazo de su obi con extrema rapidez. Entonces me di la vuelta, consciente por primera vez lo de que había pedido. Solo quería que se quedase hablando conmigo un poco más, pero había pasado por alto enteramente el hecho de que iba a tener que enfrentarme a su desnudez, y… ¿Estaba preparada para ello? Todo estaba sucediendo demasiado deprisa.
- Rin, ¿no vas a desvestirte? – Me preguntó él, a mis espaldas.
Contuve el aliento, no podía sacar su imagen desnuda de mi cabeza.
- S-sí, puede adelantarse, ahora le alcanzo…
Con las manos sudorosas por los nervios, comencé a despojarme de la capa externa de mi ropa. Escuché un chapoteo no muy lejano, señal de que Sesshomaru estaba entrando al agua. Dejé caer el obi y mi kimono, sin los cuales el gélido aire nocturno comenzaba a colarse por el delgado algodón de mi nagajuban. La prenda interior de color blanca era mi última defensa contra el frío y la mirada del que había sido una vez mi esposo. Me sentía más segura con aquella prenda, por lo que finalmente me descalcé y caminé hacia el lago con la prenda interior cubriendo mi piel.
Al voltearme, me encontré con un hermoso escenario. La luna brillaba en lo alto, iluminando las aguas. De ellas, emergía el torso completamente desnudo de Sesshomaru, con la mitad inferior de su cuerpo sumergida. Su hombro izquierdo sostenía lo que quedaba de su brazo. El corte era limpio, y juzgar por el color de su piel parecía haberse curado bien. Él jamás hablaba de aquel suceso, por lo que me tranquilizó poder verlo finalmente con mis propios ojos. Aunque aquella imagen vino acompañada de una punzante sensación de culpabilidad.
- ¿Vas a venir? – Me llamó él, con la voz calmada, sonaba mucho más templado que al comienzo de la conversación.
Algo reconfortada por este hecho, asentí, dando pasos en su dirección, sumergiendo mis pies en las cálidas aguas. Debían provenir de algún manantial subterráneo, gracias al cual mantenían una agradable temperatura. El demonio no despegaba sus ojos de mí mientras me sumergía hasta las caderas.
- E-esto… Tenía demasiado frío para desvestirme del todo. – Me excusé torpemente, sonrojándome hasta las orejas.
Él no objetó nada en absoluto, asintiendo en silencio. Suspiré. Seguía siendo tan hermoso como recordaba, con aquellos ojos refulgiendo en mitad de la noche. Por primera vez en demasiad tiempo, sentía que teníamos plena intimidad de nuevo.
- Hacía mucho que no nos bañábamos juntos de esta manera, ¿verdad? – Dije, quedándome a una distancia prudencial de él.
El agua me cubría hasta la altura del pecho. A él, justo sobre la línea de su cintura.
- ¿Te refieres a aquella vez en el castillo? – Inquirió, levantando una ceja.
Recordé, visualizando todas las imágenes pasando por mi mente a toda la velocidad, todas y cada una de las cosas que había sucedido en aquella ocasión. No sabía si era posible que un rostro se pusiera colorado por completo, pero mi cara parecía desprender más calor, sin duda.
- Sí, parece que fue hace mucho tiempo… - Respondí, evitando sus ojos. Me ponía muy nerviosa su intensa forma de mirarme. Crucé mis brazos sobre mi pecho, cubriéndome. – Me alegra ver que su brazo se ha curado bien.
- No había necesidad de que te preocupases por ello. – Respondió, sereno. – Sólo es un simple rasguño.
Sabía que sólo estaba tratando de calmar mi conciencia, pero estaba más que claro que una mutilación como aquella era mucho más que "un simple rasguño". Murmuré con un hilo de voz, atreviéndome a mirarlo de nuevo:
- Sesshomaru, ¿por qué odias a Inuyasha? – Él permaneció en un silencio sepulcral. – No es por esa herida, ¿no es cierto? Ya se llevaban mal antes.
Esta vez fue él quien desvió la mirada.
- ¿Era esto de lo que querías hablar?
- Sí. – Fue completamente sincera.
Él me dedicó una mirada de reojo.
- Una criatura mestiza como él es algo que simplemente no debería existir. Eso es todo.
Me abracé a mí misma, comenzando a sentir frío.
- ¿Eso piensa también del bebé que cargué en mi vientre? ¿De nuestro bebé? – Inquirí, apretando los puños.
Sesshomaru me observó con un brillo de emoción en los ojos. Parecía que no se trataba de un tema sensible únicamente para mí.
- Eso… Es distinto. – Dijo, con voz queda.
- Es lo mismo, ¿no? Se trata de un descendiente nacido entre un demonio y una humana. No veo ninguna diferencia en ambos casos, Sesshomaru.
Odiaba verlo tan abatido. Aunque me martirizaba tener que estar arrinconándolo de aquella manera, pero necesitaba saber la verdad tras aquella máscara de rencor.
- Él me arrebató a mi padre. – Respondió, finalmente abatido.
- ¿A qué se refiere…?
El demonio suspiró pesadamente cerrando los ojos. Parecía sumergido en sus recuerdos.
- Te dije que mi padre siempre estuvo muy ausente en mi vida… - Comenzó a narrar. - En uno de sus tantos viajes, conoció y se prendó de una hermosa mujer humana. De aquella relación nació ese… Medio demonio… - Masculló, como si le costaste soltar las palabras. – El mismo día que ese bebé vino al mundo es cuando perdí a mi padre. Él murió protegiendo las vidas de ambos. – Me llevé las manos a la boca, conteniendo mi expresión de horror. – Traté de detenerle, pues estaba gravemente herido, y, sin embargo, los antepuso a ellos dos por sobre todo lo demás.
- ¿Discutieron justo antes de que él…? – Inquirí, con la voz temblorosa.
El demonio asintió, apesadumbrado. Un pesado silencio se instaló entre nosotros. La voz de Sesshomaru fue la que rompió aquel breve trance:
- Antes de irse… Me preguntó si yo tenía algo que proteger. Le dije que jamás tendría necesidad de tal cosa. – Narró con expresión amarga. – Él me miró con profunda lástima. Siempre he odiado recordar cómo se compadeció de mí en ese momento. Debió de pensar que era un demonio sin corazón, cruel y terriblemente peligroso. Por eso se ha dedicado a torturarme de tantas maneras, negándome el acceso al poder del cual siempre he sido el legítimo heredero… Renegando de mi mera existencia.
Parecía que se lo estuviera contado a sí mismo, trayendo de vuelta el recuerdo y procesando las emociones de aquel momento. Podía el ligero temblor de su cuerpo. Aquello era muy tormentoso para él.
- Estoy segura… De que no le odió por ello, Sesshomaru, estoy convencida de que pudo comprenderle, era su padre, después de todo… - Traté de consolarle, aunque ninguna de mis palabras se sentía correcta.
- Él era más implacable de lo que piensas. – Me corrigió. – Es por eso que tengo a la Tenseiga, en lugar de Tessaiga. Él se aseguró de que jamás pudiera empuñarla, su arma más poderosa y preciada, forjada con su propio colmillo.
No podía soportar verlo sufrir de aquella manera. La muerte de su padre pesaba sobre él como una losa. Me puse de puntillas mientras hacía ademán de abrazarlo, en un intento de consolarlo. Sin embargo, sus brillantes ojos dorados me interceptaron cuando estaba a punto de tocarlo. Aquella mirada perspicaz me trajo de vuelta a la realidad: él estaba desnudo y a mí solo me separaba de estarlo una fina capa de tela. Él también había vuelto cauteloso al ser consciente de este hecho. Cohibida, dejé caer mis manos hasta entrelazarlas sobre mi vientre.
- Lo siento. – Murmuré, agachando la mirada. – Lamento de veras que se haya sentido así todo este tiempo, Sesshomaru…
Sesshomaru permaneció muy quieto, como si temiese hacer ningún movimiento brusco. Se le veía derrotado tras haber desenterrado aquellos sentimientos que había ocultado bajo llave a saber durante cuánto tiempo.
- Gracias por… Contarme todo esto. Creo que ahora le entiendo mejor. – Balbuceé, con el corazón latiendo en mis oídos.
- Es la primera vez que digo todo esto en voz alta. – Admitió él, sorprendido por su propia elocuencia.
- ¿Y cómo se siente?
- Creo que… - El demonio se observó la palma de su única mano distraídamente. – Algo más ligero.
Sonreí. No estaba nada acostumbrado a abrirse de aquella manera con nadie. Aunque era normal para él, me apenaba pensar que jamás había tenido con quién desahogarse o compartir su pena…
- Rin… - Me llamó. – Gracias.
Lo observé, sorprendida. No recordaba que nunca antes me hubiese agradecido nada. Normalmente tendía a decir que no hacía falta que hiciese nada por él, quitándole hierro al asunto, ocultando cualquier tipo de vulnerabilidad.
- T-tampoco he hecho nada… - Musité, con las mejillas coloradas.
Sus nudillos rozaron mis pómulos con delicadeza.
- No es así, has hecho incluso más de lo que te corresponde. – Sus párpados aletearon mientras estudiaba mi expresión. – Tu cara está roja… ¿Estás bien? – Me preguntó al percibir mi rubor. - ¿Es por la temperatura del agua?
No, por supuesto que no. ¿Cómo podía ser tan hermoso un hombre? O un demonio. O como fuera, sólo podía pensar que era la criatura más bella sobre la faz de la tierra.
- No es por eso… - Respondí, incapaz de separar la mirada de su boca.
- ¿De qué se trata, entonces?
- Cierre los ojos, por favor.
El demonio obedeció sin dudar un solo instante, sumiso. Tragué saliva, nerviosa por mi propio atrevimiento, sintiendo cada latido pulsar con fuerza en mi pecho. Entonces me puse de puntillas para depositar un breve beso sobre su boca, apoyándome sobre su pecho con las manos. Sesshomaru abrió los ojos despacio, cuestionándome con la mirada. Se mantuvo tan quieto como una estatua mientras yo volvía a apoyarme sobre la planta completa de mis pies descalzos.
- Lo siento. No quería ser insensible… - Me disculpé de inmediato, notando lo tenso que estaba su cuerpo bajo mi tacto.
Sentí cómo su brazo rodeaba mi cintura para atraerme hacia él con suavidad. Aquella peligrosa cercanía prendió todas las antorchas dentro de mi cabeza, tanto las de advertencia como aquellas relacionadas con el deseo.
- ¿El hecho de que hayas dado el primer paso quiere decir que yo puedo hacer lo mismo? – Preguntó en voz baja, con un aura de misterio.
- ¿Q-quiere besarme? – Musité, casi sin aliento.
- Llevo todo este tiempo conteniéndome. – Confesó, con la voz ronca.
No era justo que me mirase de aquella manera tan vulnerable mientras decía esas cosas. Desterrando todas las alertas de peligro de mi mente, decidí dejarme llevar por la situación.
- Hágalo, entonces.
Apenas hube dado mi consentimiento expreso, el demonio levantó mi barbilla con sus dedos y se inclinó sobre mí. Su boca estaba caliente, en contraposición con sus helados dedos sobre mi piel. Él estaba siendo delicado y cuidadoso, incluso cuando su lengua comenzó a acariciar mis labios. Abrí la boca tímidamente, estremeciéndome al sentir cómo su brazo me rodeaba por la cintura para atraerme hacia él, con su prominente dureza presionando contra la fina tela sobre mi estómago. Sentía que estaba cayendo en una dulce trampa de la cual no quería escapar. Estaba deseando convertirme en su presa, dejando que aquella lengua jugase con la mía, despertando todas mis emociones reprimidas.
Tanteé con mis manos su pecho, cálido y suave como el terciopelo, reexplorando su perfecta anatomía. Estaba segura de que sus músculos estaban mucho más definidos ahora, ¿quizás por haber roto el sello? ¿Eso podía explicar también por qué le veía mucho más corpulento desde que nos habíamos vuelto a encontrar? Saqué la lengua para recorrer sus labios, cálidos y húmedos. Su mano se cerró sobre mi cintura, provocándome un nuevo y delicioso escalofrío. Alcé mis caderas de forma inconsciente hacia él, sintiendo con mayor nitidez la evidencia de su excitación. No podía creer que casi había olvidado cómo se sentía su cuerpo, pegado al mío, hinchado con el deseo.
Sesshomaru detuvo aquel embriagador momento mientras quitaba su mano de encima de mí.
- Creo que es mejor detenernos aquí. – Musitó él.
- ¿Por qué…? – Jadeé.
- No tienes ni idea de cómo te ves ahora mismo, ¿verdad?
Mientras recobraba el aliento, caí en la cuenta de que, a pesar de estar completamente vestida, el agua había empapado la tela hasta el punto de haberla vuelto casi transparente. Me cubrí el pecho, avergonzada ante aquel descubrimiento.
- A-ah, esto… - Balbuceé, sin encontrar las palabras adecuadas.
- No quiero asustarte, Rin. – Sesshomaru dio un paso atrás, con una expresión de angustia. – Nunca más.
Y, sin embargo, al estar los dos a solas había sido incapaz de pensar en nada más que no fuera él. Ni en el miedo ni en el juicio de absolutamente nadie. Es más, aquella probada del néctar prohibido me había hecho recordar cómo se sentía pasar una noche a su lado. Lo deseaba. Mucho más de lo que me había admitido a reconocer. Mucho más de lo que había creído que podría después de todo lo que había ocurrido. Recordé fugazmente la receta que me había facilitado la anciana Kaede para aquellas situaciones, por lo que supe que sería más prudente esperar. Solo un poco más.
- Esta noche no le he tenido miedo. Ni por un solo momento. – Le aseguré, con la voz más calmada y dulce que pude.
En sus ojos aún se reflejaba un atisbo de duda, pero no pude culparle por ello. Él también tenía muchos demonios con los que batallar en su interior.
- Sesshomaru. – Lo llamé, para sacarlo de sus pensamientos. - ¿Al menos me puede decir si el baño ha servido a su propósito inicial?
Él meditó mis palabras unos instantes antes de olfatear el aire. Entonces me dedicó una débil sonrisa.
- Podemos decir que sí. – Respondió, tratando de disimular su satisfacción. – Ahora mismo estás cubierta por mi esencia.
Él jamás lo admitiría en voz alta, pero no podía ocultar lo feliz que le hacía aquel hecho. A pesar de que entrara en conflicto con su carácter frío y distante, su naturaleza posesiva se veía complacida por aquellas pequeñas conquistas.
Enmarqué su rostro entre mis manos para darle un breve beso, soltando una risilla.
- Entonces todo ha salido bien hoy al final, ¿no?
El demonio pareció sobresaltarte ante aquella muestra de afecto repentina. Debía de haber bajado demasiado la guardia. Aquel pensamiento me provocó ternura.
- Si queremos que acabe bien, será mejor que salgas del agua primero. – Dijo, con la voz contenida.
Parecía que los dos nos habíamos vuelto igual de perceptivos y débiles a la cercanía del contrario. Asentí, alejándome de él mientras salía del agua. Fuera, la gélida brisa nocturna comenzó a hacerme temblar. Maldiciendo entre dientes por haber accedido a darme un baño sin haber tomado un paño con el que secarme ni un kimono de repuesto, me deshice de la prenda empapada que se había pegado a mi como una segunda piel. Sintiendo una mirada clavada en mi espalda, me giré para encontrarme con los ojos dorados de Sesshomaru observarme desde el interior del lago.
- No me mires como si me estuvieras rogando que te caliente por mi cuerpo, mujer. – Dijo, con la voz ronca.
Sonreí. Mentiría si dijera que no me gustaba que fuera tan directo expresando su más que evidente interés por mí.
- Está desvirtuando mi sacrificio por salir primero del agua si me sigue mirado de esa manera, Sesshomaru. – Le reprendí con tono coqueto.
Entonces él desvió la mirada, como un niño pequeño al que habían atrapado haciendo algún tipo de travesura.
- Cúbrete con el kimono, al menos. – Añadió, mirando en dirección a las profundidades del bosque.
- No puedo, se va a mojar. – Objeté.
- Toma el mío, yo puedo sobrevivir bien al frío.
Aquella sugerencia me cortó la respiración por un instante.
- ¿Está seguro?
- No me hagas repetirlo.
Lo sentía mucho por su ropa, pero realmente no estaba soportando nada bien las bajas temperaturas de la noche, y temía enfermar por ello. No quería poner en riesgo mi salud, entorpeciendo con ello nuestra marcha.
Tomé del suelo el inmaculado furisode de Sesshomaru, envolviéndome con la gruesa tela. Me quedaba tan grande que mis manos no llegaban a asomar al exterior, el largo de la prenda me cubría hasta la altura de las rodillas. Aseguré la prenda con su obi bicolor, anudando el lazo con fuerza.
Mientras terminaba aquella tarea, sintiendo cómo me castañeaban los dientes, escuché el sonido de las aguas agitándose. Al girar mi cabeza en aquella dirección, contemplé la visión de la figura desnuda del demonio, con un aura que se asemejaba más a la de una criatura divina, saliendo del agua con su elegante porte. Me cubrí el rostro con ambas manos, con el calor subiendo de nuevo a mis mejillas.
- ¡Sesshomaru! – No pude evitar chillar, sobresaltada. - ¿No le da vergüenza caminar sin ropa de esa manera?
- Oh… ¿Acaso tengo algo de lo que avergonzarme? – Inquirió, claramente divertido por mi reacción.
Con aquel cuerpo esculpido por los mismísimos dioses, por supuesto que no tenía ningún aspecto de su cuerpo del que sentirse inseguro, pero…
- Sabe que no se trata de eso.
- Hmm… - Reflexionó con tono indiferente. – Me pregunto a qué te refieres entonces.
Su voz sonaba muy cerca.
- ¡No se burle de mí, por favor! – Separé mis dedos despacio, permitiéndome observar entre ellos. - ¿Ya está vestido?
Su mano sujetó mis muñecas y tiró de ellas hacia abajo, descubriendo mi rostro.
- ¿Por qué lo preguntas?
Aquel demonio se estaba divirtiendo demasiado con mis reacciones, como de costumbre, por lo que contuve mi curiosidad. No quería comprobar si llevaba los pantalones o no.
- Porque solo un pervertido caminaría desnudo a estas horas de la noche en mitad del bosque.
Aquello sonó mucho más estúpido de lo que había planeado en mi cabeza. Tras un incómodo silencio, la expresión de Sesshomaru se relajó. Casi a punto de esbozar una sonrisa, se inclinó sobre mí para olisquear mi cabello.
- Un pervertido, dices… - Dejó escapar una grave risa contra mi frente. – Interesante hipótesis.
- ¡Lo digo en serio, póngase algo de ropa! – Insistí, tratando de reprimir las ganas de bajar la mirada para comprobar si realmente llevaba algo cubriendo la mitad inferior de su cuerpo.
Notas: Quizás es porque ha sido San Valentín esta semana, pero me resulta muy tierna la escena del baño, una vez concluida la conversación seria que tenían pendiente. Él se va abriendo más, ella va ganando confianza... ¿Soy la única que se muere de amor pensando que son muy lindos? ;-;
En cualquier caso, me pongo manos a la obra con la próxima entrega dentro de dos semanas, cuídense mucho hasta entonces, les sigo leyendo 3
