Notas: Tengo que confesar que lo más complicado de esta escena ha sido recordar en todo momento que Sesshomaru sólo tiene un brazo, lo cual ha limitado un poco las posibilidades, pero espero que os guste igualmente, ¡os leo!

El demonio se encontraba sentado sobre su suave estela blanca, con la espalda apoyada contra el tronco del árbol. Yo tenía la vista clavada en el suelo, a la par que jugueteaba con el nudo de mi obi, sin atreverme a deshacerlo. Sabía que aquello era una estupidez, que él ya me había visto muchas veces con anterioridad, pero no podía evitar sentirme especialmente vulnerable en aquel espacio al aire libre.

Aun así, no podía permitir que el pudor me hiciera echarme atrás en aquel momento, ya que no íbamos a tener muchas oportunidades como aquella de disponer de cierta intimidad… Y llevaba mucho tiempo deseando desde el fondo de mi corazón que sucediera.

Con mis torpes dedos, deshice el nudo a mi espalda, tirando con suavidad de la tela. Después de todo, aquel kimono también había sido un regalo de Sesshomaru, no podía evitar tratarlo con cariño. La presión sobre mi cintura disminuía a medida que el lazo se iba deshaciendo, hasta que pude retirar el obi por completo. Lo dejé caer sobre el suelo, lanzando una mirada en dirección al demonio, con nerviosismo. Como era de esperar, me él me observaba fijamente sin pronunciar una sola palabra.

Tragué saliva y procedí a abrir las solapas de mi prenda interior. El gélido aire del exterior comenzó a acariciar mi piel, haciéndome estremecer. Me rodeé el pecho con los brazos, protegiéndome de las bajas temperaturas, así como de las furtivas miradas del demonio frente a mí. Si dejaba caer los brazos a ambos lados de mi cuerpo, él podría ver mi desnudez casi al completo. Aquel pensamiento me provocaba sentimientos contradictorios de excitación y vergüenza a partes iguales.

Caminé en dirección al hombre que me miraba fijamente dando pasos cortos, con la ropa completamente desabrochada y abierta en la parte frontal, tratando de cubrirme con la tela suelta. Al llegar a su lado, me dejé caer sobre las rodillas y musité, con las mejillas completamente sonrojadas:

- Y-ya he terminado de desvestirme, pero… Hace demasiado frío. – Me excusé, avergonzada.

Sesshomaru acarició mi mejilla con delicadeza. Sus garras rozaron mi piel, totalmente inofensivas, y, sin embargo, no podía dejar de prestarles especial atención.

- ¿Quieres que te ayude a entrar en calor? – Me preguntó él con su profunda voz.

- S-sí, p-por favor… - Respondí de forma casi automática, perdiéndome en su mirada.

Los dedos del demonio descendieron lentamente por mi cuello, poniéndome la piel de gallina a su paso. Se deslizó sobre la curva de mi hombro, siguiendo con sus pupilas aquel recorrido atentamente. Me estremecí al sentir cómo se desplazaba desde mi brazo hacia el costado, terminando finalmente sobre mi cadera. En aquel punto, el hombre se detuvo para alzar la mirada hacia mi rostro nuevamente.

- Tu cuerpo es tan hermoso como recordaba, Rin… - Musitó.

Mi corazón dio un vuelco ene se momento, intensificando el color carmín en mi rostro.

- N-no diga esas cosas mientras me observa tan fijamente…

Crucé los brazos sobre el pecho, cubriéndome con la tela que pendía sobre mis extremidades. Su mano, por debajo de la ropa, comenzó a ascender en dirección hacia mi esternón.

- Pensaba que entrarías en calor más fácilmente con ese adorable rubor decorando tus mejillas.

Su tono de voz era deliberadamente inocente, disfrutando de la situación con descaro.

- N-no se burle de mí de esa manera. – Le pedí, fingiendo estar molesta. Pero realmente no podía enfadarme, no cuando me miraba de aquella forma tan injusta.

- Está bien, me dejaré de juegos, pues. – Accedió con un aire de satisfacción.

Sentí cómo abarcaba uno de mis pechos con la palma de su mano. Su suave tacto tan era reconfortante que la tensión de mi cuerpo comenzó a disminuir lentamente, deshaciendo la postura defensiva de mis brazos mientras comenzaba a jadear. Entonces Sesshomaru capturó uno de mis pezones entre sus dedos índice y pulgar, provocándome un nuevo estremecimiento. Estimuló mis sensibles terminaciones nerviosas hasta hacerme liberar un tímido gemido.

De repente, noté como un fino hilo de sangre corría entre mis pechos. En algún momento, sus afiladas garras habían realizado un corte justo por encima de mi aureola, pero ni siquiera había sentido el más leve atisbo de dolor. De hecho, la herida apenas era visible salvo por el líquido rojo que brotaba de ella.

El demonio rodeó mi cintura con cuidado y me atrajo hacia él para lamer con cuidado el rastro de color carmesí. Lejos de asustarme, el gesto me resultó tan erótico que sentí mi interior palpitando. Me quedé observando hipnotizada cómo limpiaba la superficie de mi piel, como si yo fuera la joya más preciada del universo.

- No era mi intención herirte… - Comentó él, alzando la vista hacia mí. - Aunque no parece molestarte, Rin. – Susurró, exhalando su aliento contra mi piel desnuda.

Me cubrí el rostro con las manos, incapaz de enfrentar aquellos ojos que parecían leer mi alma. Maldije para mis adentros su extraordinario sentido del olfato, delatándome una vez más.

- E-es que… N-no me he dado cuenta. – Balbuceé. – S-solo… es que m-me gusta que use su lengua.

No sabía de dónde había salido aquella confesión, pero deseé que la tierra me tragase por decir aquello en voz alta.

- Conque esto te gusta, hm…

Sesshomaru trazó un húmedo recorrido desde el diminuto corte hasta mi cuello, provocándome un delicioso escalofrío. Acto seguido, descendió hacia el otro pecho, donde rodeó el pezón y comenzó a lamerlo. Gimoteé, aferrándome a sus hombros. Ya no tenía mucho sentido esconder mi cara, por mucha vergüenza que me diera, por lo que le miré directamente a los brillantes ojos dorados. Habiendo ganado la batalla, él separó los labios ligeramente, mostrando por un instante sus prominentes colmillos, para cubrir mi sensible pecho con su calor y húmeda boca.

Gemí, dejándome llevar por las sensaciones mientras él seguía besando con lujuria mi pecho. Sus pupilas comenzaron a dilatarse, notablemente estimulado por los sonidos que brotaban de mi garganta y el sabor de mi piel. Su mano masajeaba con delicadeza el seno desatendido por su boca en todo momento. Arqueé la espalda de forma instintiva, rogando por más caricias. Sesshomaru lamió una última vez mi sensible pezón antes de detenerse repentinamente.

- Rin, ponte en pie.

Acaté aquella orden sin dudar, hechizada por sus palabras, a pesar del entumecimiento de mis piernas. Siguiendo las indicaciones del demonio, me coloqué sobre él, con los pies flanqueando ambos lados de su cuerpo. Siendo demasiado consciente de la postura en la que me encontraba, traté de cubrirme el cuerpo una vez más con el kimono, que aún pendía de mis hombros. Sesshomaru se inclinó para besar la cara interna de mis muslos, acercándose peligrosamente al delicado triángulo de sensible piel entre mis piernas.

- E-esta posición… Puede verlo t-todo, Sesshomaru. – Le reproché, muerta de vergüenza.

- ¿Quieres que me detenga? – Preguntó, parándose en seco.

Su tono se había vuelto solemne y serio de repente. Sus orbes dorados me observaban con cautela, a la espera de una respuesta. Me tomé unos segundos para analizar la situación: me sentía cómoda, y quería que todo aquello siguiera ocurriendo. Mi único obstáculo eran mis valores morales como ser humano y mi propio pudor. Sabía que no estaba bien visto que una mujer buscara aquel tipo de relaciones de forma tan activa, mucho menos fuera del lecho matrimonial, y ni hablar siquiera de involucrarse con un demonio, pero… Eso no parecía importarnos a ninguno de los dos. Sesshomaru no se regía por las mismas convenciones sociales que yo, nunca había sugerido desagrado a mis genuinas expresiones de placer… ¿Entonces por qué motivo debía contenerme? La única opinión que me importaba al respecto, a fin de cuentas, era la suya y la de nadie más.

- N-no… - Musité. – T-tan solo… No me mire así… Siento que me va a explotar el corazón.

Incapaz de mantener el contacto visual, con el rubor ascendiendo una vez más hasta colorear todo mi rostro, me oculté entre mis brazos. Debía verme estúpida, desnuda, apenas cubierta por la tela del kimono, cubriendo mis ojos tras haberle pedido que no me mirase. Cada vez que abría la boca no hacía más que cavar mi propia tumba.

- No era mi intención causarte ese malestar. – Respondió, calmado. – Podemos detenernos ahora.

- ¡No! – Intervine apenas hubo terminado de hablar, asomando los ojos tímidamente por encima de la tela. – Yo… No quiero que pare.

El demonio alzó el rostro para analizarme. Traté de frenar el incontrolable tembleque de mi cuerpo. Estaba lista, preparada y deseando que me tocase de nuevo. Él podía sentirlo con su olfato, no cabía duda.

- ¿Estás segura?

- Por favor. – Le rogué. – No me haga decirlo.

Sesshomaru rozó con sus dedos la protuberancia de mi cadera, siguiendo la curva que trazaba mi carne hasta el triángulo de vello entre los muslos. Me mordí el labio, impaciente, alzando las caderas hacia él. Sus dedos recorrieron el monte de Venus, rodearon el clítoris y se detuvieron en mis húmedos pliegues. Un escalofrío recorrió mi columna cuando acercó su rostro para observarme con detenimiento. Separó mis labios con sus dedos, haciéndome jadear. Me sentí tentada a protestar, pues estaba demasiado cerca, estudiando el rincón más íntimo de mi cuerpo, la vergüenza era casi tan insoportable como el deseo… Aunque finalmente ganó este último y permanecí en silencio, expectante a su próximo movimiento.

El demonio tanteó con sus nudillos entre mis pliegues, manteniendo sus garras alejadas de aquella zona tan sensible. Gimoteé mientras experimentaba la nueva sensación, hasta que alcanzó mi entrada, haciéndome gemir. Una diabólica sonrisa cruzó su rostro.

- Estás extremadamente sensible, Rin. – Comentó con aire de orgullo.

- E-es que si me tocas ahí… d-de ese modo… - Fue todo lo que pude decir antes de quedarme muda.

La visión de su boca acercándose a mi intimidad me hizo perder el aliento por completo. Me estremecí cuando su lengua me acarició con suavidad, mezclando su saliva con mi flujo. Sesshomaru comenzó a beber de mi como si se tratase del más exquisito néctar que hubiera probado jamás. Jadeando, me sujeté a su plateado cabello, tratando de dar salida a las poderosas sensaciones que provocaba en mí. Cuando comenzó a juguetear con mi clítoris, mis gemidos se tornaron más agudos y acelerados, al ritmo de su estimulación. Las piernas me temblaban. Le deseaba. Oh, dios mío, en ese momento quería hacerme uno con un demonio.

No era la primera vez, por supuesto, pero con su apariencia actual era tan evidente la diferencia entre nosotros. También era mucho más consciente que en el pasado que las diferencias iban más allá del físico. Vivíamos de forma irremediable en mundo distintos, dimensiones que por norma general no llegaban a cruzarse, y resultaba mejor de aquella forma. Pero eso no me importaba, no me preocupaba lo más mínimo que no fuera un hombre humano, o que su forma de vivir no tuviera nada que ver con lo que yo había esperado toda mi vida por las circunstancias en las que me había criado. Lo amaba desde lo más profundo de mi corazón, y quería permanecer a su lado durante todo el tiempo de durase mi vida, fugaz y efímera respecto a la suya.

- P-para… Sesshomaru… - Le pedí entonces, apoyando las manos sobre sus hombros.

La poderosa criatura obedeció sin rechistar, observándome con sus ojos felinos desde abajo, con los labios húmedos y brillantes.

- ¿Ocurre algo?

Despacio, apoyándome sobre su poderosa estructura, me agaché en cuclillas hasta quedar sentada sobre su regazo, rodeando su cuello con los brazos.

- Sólo quería decirle que le amo.

Tras aquella confesión, él se acercó para besar mi boca, posando sus dedos sobre mi nuca. Aún tenía mi sabor, pero no me importaba. Es más, podía sentir mi interior palpitar de la excitación debido al lascivo intercambio de fluidos. Apoyé las manos en su pecho, descifrando el tacto de su piel, ascendiendo hacia su clavícula. Cuando nuestros labios se separaron, sus ojos brillaban de deseo mientras me observaba con dulzura. Su furisode pendía de sus hombros, completamente abierto y mostrando su torso completamente desnudo. Aquella erótica imagen me tentó a terminar de retirar la gruesa tela de color blanco. Él se dejó hacer, a pesar de que con aquella acción el muñón de su brazo izquierdo quedaba completamente al descubierto. Sin embargo, y para mi sorpresa, él no parecía preocupado en lo más mínimo, únicamente me observaba con devoción.

- Se-Sesshomaru, yo… Quiero hacerte sentir bien.

Un relámpago de emoción cruzó sus hambrientas pupilas.

- ¿A qué te refieres con eso? – Murmuró con su profunda y misteriosa voz.

Me acomodé sobre el bulto que se elevaba desde su entrepierna, incapaz de verbalizar mis deseos. No había manera de que pudiera pedirle que me hiciera el amor.

- S-s-sabe perfectamente l-lo que quiero decir…

- Entonces… hazlo. - Me animó, seguro, susurrando muy cerca de mi oído.

- ¿Yo? P-pero… - Comencé a objetar, nerviosa. – Yo realmente no sé hacerlo, ha sido siempre usted quien… Se encargaba de estas cosas.

Sesshomaru acarició mi mejilla con sus nudillos.

- Temo clavarte mis garras y herirte si me dejas tomar el control en este punto, Rin. – Contestó con serenidad. – No creo que logre mantenerme a raya. Y sé que tú puedes hacerlo.

Aquellas palabras me sorprendieron. Estudié las facciones de su rostro, el cual no había sufrido ni un solo cambio, por lo cual era difícil percibir un solo ápice de descontrol en él. Sin embargo, sabía que no mentía, ya que se había vuelto mucho más cuidadoso y menos impulsivo desde que había provocado aquel corte sobre mi pecho. Estaba intentando hacer lo mejor para ambos, así que no había motivo para que yo no me esforzarse de igual forma, a pesar de mi propia inseguridad.

- Entonces… L-lo intentaré… Aunque n-no sé… - Musité, retirándome un instante para liberar su miembro de las capas de tela que lo ocultaban.

- Estoy seguro de que tu propio cuerpo te recordará la manera, Rin.

Con las mejillas ardiendo, tomé su caliente erección entre las manos. Tenía la sensación de que estaba aún más duro que cuando había estado estimulándolo, aunque era difícil saber si estaba al límite, pues su rostro aparentaba completa tranquilidad. Mis recuerdos sobre la última vez que había tratado de montar sobre él de aquella manera eran borrosos por culpa del alcohol, y no me sentía tan valiente como en aquel momento. Sin embargo, en esta ocasión no debería de doler, nos habíamos tomado nuestro tiempo, ¿verdad?

Conduje su miembro hasta mi entrada con mis torpes manos, deteniéndome un instante para observar su reacción. Sesshomaru no se estaba transformando, para mi tranquilidad, aunque sus pupilas sí que parecían algo dilatadas. Además, su respiración era más profunda que de costumbre, aunque pausada. Su corazón debía de estar tan acelerado como el mío. Había una parte de él que también debía encontrarse tensa por lo que estaba a punto de ocurrir.

Despacio y con cuidado, me dejé caer sobre la punta, estremeciéndome ante el íntimo contacto. Él entrecerró los ojos, dejando escapar un suspiro. Entonces me aferré a sus hombros mientras seguía descendiendo, sintiendo cómo mis paredes le abrían paso hasta acogerlo por completo, mis débiles gemidos haciéndole palpitar mientras nos fundíamos en uno solo. Abracé su cuerpo con mis piernas, sobrecogida por las sensaciones. Él me rodeó por la cintura, y acarició con sus garras mi espalda, desde los lumbares hasta los omóplatos.

- ¿Estás bien? – Me preguntó, intranquilo ante mi inmovilidad.

- Sí… - Respondí en un susurro. – Solo es que… había olvidado lo bien que se siente hacer esto con… contigo.

No pude evitar perder la formalidad en aquel momento, en el que estábamos tan cerca como para sentir incluso los latidos del corazón del contrario. La respuesta de Sesshomaru fue besarme lentamente, acariciando mi lengua con la suya, llenándome de deseo. Después, el demonio comenzó a descender por mi cuello, sujetando mi nuca con firmeza para echar mi cabeza hacia atrás, besando y lamiendo mi sensible piel, evitando sacar sus colmillos. Cerré los ojos por un instante, únicamente sintiendo su boca moverse sobre mí, y cómo mi interior se expandía para acoger toda su extensión, haciéndome temblar de puro goce.

Recuperando el arrojo, me agarré a sus hombros para comenzar a mover la cadera, jadeando, mientras apoyaba las puntas de los pies contra el suelo. La deliciosa fricción en mi interior me obligaba a ir despacio, disfrutando de cada una de las poderosas descargas de placer que provocaba en mis sentidos. Besaba al demonio para contener los lascivos sonidos que brotaban de mi garganta. Él gruñó contra mi boca, mientras su mano se deslizaba sobre mi piel hasta acariciar la curva de mi pecho con cuidado.

El delicado vaivén se volvía tortuoso cuando él salía de mí, por lo que no perdía tiempo en volver a dejarme caer, penetrándome a mí misma con su grueso y duro miembro. Jadeé, perdiéndome en la indescriptible sensación de estar completa de nuevo.

- Tu cuerpo sabe perfectamente cómo debes hacerlo, Rin. – Me elogió mientras recorría mi costado hasta apoyar la palma de su mano sobre mi cadera. – No tenías nada de lo que preocuparte.

- ¿L-le gusta así…? – Pregunté entre jadeos.

- Sí. – La simpleza de su respuesta, sin rastro de dudas, provocó que mi corazón diera un salto de júbilo.

Sus dedos se cerraron sobre el hueso de mi cadera, incitándome a seguir. Inicié un movimiento más rápido, avergonzada por el sonido de mi trasero chocando contra su piel. Sin embargo, pronto me vi recompensada por un gemido de mi amado, mientras echaba la cabeza hacia atrás. Besé su cuello, tentada por aquella desprotegida piel. No sabía en qué momento me había vuelto tan valiente para hacer aquello sin pudor alguno. Él jadeó al sentir mi lengua contra su garganta.

- ¿Por qué te detienes? – Preguntó él, exigente, aunque casi sin aliento.

Me había concentrado tanto en atacar su cuello que mi cadera de había detenido por completo.

- L-lo siento.

Cada vez más segura de mis movimientos, elevé mi pelvis despacio, observando su reacción. Sus párpados se encontraban entreabiertos, y terminaban de cerrarse por completo cuando me sentaba sobre él. Cubrí su boca con la mía, dejándome llevar por el deseo mientras le hacía el amor.

A pesar de que apenas se había movido en todo aquel tiempo, el demonio finalmente no pudo contenerse, flexionando sus rodillas y sujetándome de la cintura para comenzar a embestirme, impulsándose sobre los pies. Apoyé las manos a ambos lados su rostro, sobre el tronco en el que descansaba su espalda, gimiendo indefensa antes la embriagadora sensación de placer.

- No te detengas. – Me pidió él, sujetando mi cintura.

Aún con mi capacidad de coordinación mermada, traté de complacerle, poniendo mi mayor esfuerzo en la mitad inferior de mi cuerpo. Mi interior se agitaba desde lo más profundo cada vez que le sentía entrar y salir, recorriéndome, atravesando mi intimidad. A pesar de su aparente dureza, noté que sus estocadas eran controladas, medidas y cuidadas, aún estaba reprimiendo sus impulsos más salvajes. Aquella sensación de ser atesorada con tanto mimo por un hombre con un poder tan arrasador derretía mi corazón, mi razón y mi nublaba mi consciencia mientras me perdía en las olas de placer. No podía pensar en nada más que en el amor que sentía hacia esa persona, en cómo deseaba poder hacerle sentir con cuerpo al menos la mitad del éxtasis que me estaba proporcionando en ese momento. Todo mi ser y mi existencia estaba empapada de aquel demonio llamado Sesshomaru. Quien había sido mi esposo… y en mi corazón, nunca había dejado de serlo.

Rodeando su cuello y apoyándome sobre la punta de mis pies, comencé a balancearme más rápido, gimoteando por más en cada vaivén. Él gemía cada vez que nuestras pelvis hacían contacto con un obsceno sonido. Alcé el rostro para besarlo, sin detener el movimiento constante de mi cuerpo, entrelazándome con él, devorándolo por completo con un hambre voraz. El demonio sujetó mi trasero para hundirse en mí repetidas veces, liberando mi boca de la suya, obligándome a dejar salir la orquesta de sonidos de mi garganta. Torturando los puntos más sensibles de mi interior, permanecí inmóvil mientras era arrastrada por el cúmulo de sensaciones. Luchaba porque las piernas no me fallasen, soportando sus duras embestidas que me llenaban de placer una y otra vez, arrancándome el aliento.

- P-por favor… Ngh… - Gimoteé, inmersa en la espiral de placer. – M-me… Ah… N-no pued… ¡Ah…!

Por más que me esforzase en comunicarme, no lograba coordinar mis pensamientos sin ser interrumpida por una nueva oleada de placer. Lo único que podía sentir era mi interior pulsante, víctima de las continuas estocadas del demonio. El orgasmo se prologaba eternamente, dejándome sin fuerzas, completamente cautiva de las sensaciones de mi cuerpo.

Finalmente, Sesshomaru dejó escapar con un erótico gemido nacido del más puro éxtasis. Me agarró del cabello para mirarme a los ojos mientras se dejaba ir, compartiendo conmigo aquella dulce sensación de paz. El demonio se detuvo poco a poco, con movimientos suaves mientras exhalaba aire en grandes bocanadas, abrazándome con su única extremidad, estrechándome contra su cuerpo. Cuando hubo terminado, me besó despacio, ambos respirando entrecortadamente. Su lengua acarició la mía, y también mordisqueó mi boca, devorándome de forma cariñosa. Yo apenas pude devolverle un delicado roce de labios, sintiendo cómo mi cuerpo se iba haciendo cada vez más pesado.

Entonces, me desplomé lentamente sobre su pecho estremeciéndome, jadeando y deshecha entre espasmos. Mis rodillas tocaron el suelo, vencidas. Un delgado hilo se saliva caía por la comisura de mis labios. Me sentía tremendamente agotada tras aquella intensa sucesión de sensaciones físicas y emociones a flor de piel.

- Rin… ¿Estás bien? – Musitó, aflojando su agarre.

Sonreí. Aquella pregunta era la más recurrente cada vez que el demonio se dirigía a mí. Antes que nada, él siempre se preocupaba por mí y trataba de asegurarse sobre cómo me sentía.

- Sí… Mejor que en el paraíso. – Respondí en un susurro, para su inmediata tranquilidad.

Acto seguido, comencé a depositar castos besos sobre su pecho, refugiándome en su calor y la suavidad de su piel. El demonio, con cuidado, se deslizó lentamente hacia el suelo mientras me sujetaba para dejarnos a ambos tendidos sobre su estola, desnudos y abrazados. No lograba ubicar en qué momento había perdido el pudor y la vestimenta que me recubría, pero ya nada de eso importaba. Sólo sabía que estaba allí tendida junto al amor me mi vida.

El cual, por cierto, no dejaba de ser una criatura de la noche, peligrosa y sanguinaria. En todo momento, sus garras y los rasgos de su rostro habían sido un constante recordatorio de con quién me estaba desnudando física y emocionalmente. Y sin embargo, no había ni rastro del miedo que había podido llegar a sentir en el pasado. Me preguntaba qué pensaría de mí cualquier persona que considerase a los demonios como meros monstruos sin alma ni compasión. ¿Quizás estaba siendo una inconsciente que se había dejado seducir por su irremediable depredador?

Le observé con curiosidad. Él estaba descansado con los ojos entrecerrados, sereno como un mar en calma. ¿Acaso era ése realmente el rostro de un asesino monstruoso?

- Sesshomaru… - Lo llamé, con la voz rasposa. - ¿Alguna vez has devorado a un ser humano? – Pregunté, siguiendo aquella línea de pensamiento.

Tras pronunciar aquellas palabras me di cuenta de que no me aterraba la perspectiva de conocer la posible respuesta, pues tenía la seguridad de que él jamás haría algo tan terrible como aquello. Sus ojos dorados se clavaron en mí.

- ¿A qué viene esa pregunta, de repente? – Sesshomaru parecía sorprendido por aquel interrogatorio, nada propio tras un momento tan íntimo como aquel. - ¿Por qué habría de hacerlo? – Inquirió, tenaz.

- Dicen que los demonios sobreviven a base de alimentarse de los seres humanos, ¿acaso no es así?

En aquel momento me estaba dejando llevar por mi más pura curiosidad. Esperaba que no le molestase, o al menos que sintiera que lo estaba incriminando de ninguna manera. Sesshomaru acarició mi rostro y alzó mi mentón para que lo mirase.

- Poder alimentarse de algo no quiere decir que deba hacerlo forzosamente, pero si insistes… Puedes ser la primera.

A pesar del agotamiento, sus palabras lograron sacarme los colores. Su tono no era nada amenazador ni defensivo, sino más bien, sugerente.

- Creo que estamos utilizando acepciones muy diferentes del concepto de alimentarse…

El demonio se acercó despacio y mordió suavemente el lóbulo de mi oreja.

- Pensé te habías quedado con ganas de más. – Susurró con la voz ronca.

- N-no es así, yo estoy… Muy cansada …

Él me abrazó cálidamente, permitiéndome posar el rostro sobre su pecho.

- Entonces descansa lo que necesites.

La suave brisa soplaba sobre nosotros. A pesar de lo avanzada de la estación, no tenía frío a su lado. No necesitaba ropa cuando le tenía tan cerca. Me acurruqué sobre su hombro, deseando poder quedarme a su lado para siempre. Sin embargo, aquel pensamiento me hizo consciente de la realidad que llevaba días tratando de alejar de mi mente.

- Sesshomaru, ¿piensa llevarme de vuelta a la aldea ahora que ya…? Ahora que he logrado reunirme con Kikyo, no me queda ningún motivo para exponerme a tanto peligro, ¿verdad?

Esa posibilidad me ponía triste, por lo que no me había atrevido a mencionarlo antes. Pero sabía que era una realidad que debía enfrentar más temprano que tarde, para evitar hacerme ilusiones.

- Puedes seguir viajando conmigo, si así lo deseas.

Le miré con los ojos abiertos como platos, atónita ante su respuesta.

- ¿De verdad?

Me incorporé de inmediato para observar su rostro. Estaba tan serio como de costumbre.

- Sí. – No tenia pinta de estar bromeando. Tampoco era algo que él hiciera con normalidad.

- ¿No dirás en algún momento que es muy peligroso y que es mejor que me quede con la anciana Kaede? – Inquirí, sin dar crédito a lo que había escuchado.

Sus dedos se enredaron en mi cabello, tratando de recomponer los mechones rebeldes que escapaban de mi melena.

- No voy a negar que es peligroso. Pero, aun así, pienso que el lugar más seguro para ti es estar a mi lado, donde puedo protegerte.

- ¿Porque quieres protegerme?

Sabía que estaba tratando de ocultar sus sentimientos bajo aquella máscara de hielo, pero yo había aprendido a ver directamente a través de ella. Agradecía sus nobles motivos, pero también quería que recordase que no era necesario actuar de esa manera cuando estaba conmigo.

- También me agrada tenerte cerca, Rin. – Admitió en voz baja.

Alegre y complacida por la respuesta, le besé en la mejilla fugazmente, acompañado de una risilla de felicidad.

- Y a mí.

El demonio me estudiaba atentamente, como tratando de resolver algún complejo problema en su cabeza.

- ¿Ocurre algo? – Le pregunté, inquieta.

- En ocasiones… No alcanzo a comprender tu comportamiento... – Admitió él, cauteloso.

- ¿A qué se refiere? – Inquirí, curiosa.

- A cuando me besas.

Me recosté sobre mi hombro perezosamente, mirando cara a cara al hombre a mi lado.

- ¿Los demonios no lo hacen? ¿No se dan muestras de cariño?

Sesshomaru frunció el ceño, rebuscando entre sus pensamientos.

- Sí, aunque los besos tienen una alta connotación sexual, como parte del cortejo o como muestra directa de deseo. En todo este tiempo he notado que tú a veces lo haces como simple demostración de afecto, sin ninguna otra intención más allá. – El demonio parecía fascinado por compartir aquellos descubrimientos. – A pesar de eso, ahora mismo… Me preguntaba si también puedes emplearlo como gesto de felicidad, como ahora mismo. A pesar de mi extensa observación, no llego a comprender del todo qué significa para ti o cuántas utilidades tiene.

Jugueteé con un mechón de cabello plateado entre mis dedos mientas lo escuchaba. No me había percatado de hasta qué punto el demonio analizaba mi comportamiento, y trataba de amoldarse de modo que pareciese natural para él también, disfrazando las diferencias entre nuestras especies. Esto era evidente al recordar sus besos, no todos tenían una clara intención sexual. Con aquel descubrimiento, comencé a sentir como si sus besos sin una intención más allá se volvían aún más valiosos, porque era un comportamiento que había aprendido e imitado de mí.

- Yo… Le beso simplemente cuando me nace hacerlo. Hay veces que no hay un propósito concreto o un motivo detrás de ello. Simplemente, me gusta.

El demonio emitió un débil gruñido, no muy conforme por la ambigüedad de mi respuesta, clavando su mirada en mí.

- ¿Todos los humanos son tan extraños como tú?

Aquella asunción me hizo reír.

- Supongo que depende mucho de cada persona…. ¿Le molesta que lo haga sin avisar? ¿Prefiere reservar los besos para ocasiones más íntimas?

Ser consciente de que hacía un esfuerzo activo por amoldarse a mí me hizo querer hacer lo mismo por él. Podía ser extraño sentir que le estaba invitando sexualmente en algunas situaciones, y no quería incomodarlo con ello. Sesshomaru rodeó mi cintura con su brazo y me atrajo hacia su cuerpo.

- No. – Respondió en voz baja. – Me gusta cuando eres tú misma. Puedes besarme o tocarme cuando lo desees.

- Tampoco querría confundirle con mis actos… - Me excusé torpemente.

- Si en algún momento hubiera riesgo de duda, te preguntaré.

Su voz sonaba gentil, acariciando mi rostro e iluminándome con su pacífica expresión.

- E-está bien… -Musité, acercando mi boca a la suya, besando sus labios despacio.

Él me saboreó mientras acariciaba mi nuca con sus garras, enterrando los dedos en mi cabello. Cuando nos separamos, despacio, él tenía las pupilas dilatadas, con los ojos brillantes por el deseo.

- Ese beso de ahora… - Musitó mientras acariciaba mis labios con su dedo pulgar. - ¿Quiere decir que aún tienes ganas de más?

Me puse coloraba al escucharlo sacar aquellas conclusiones. No era sorprendente que él aún tuviera energía para seguir, pues ya había sido testigo su inagotable resistencia. Sin embargo, ¿podía yo aguantar otro asalto más?

- N-n-no estoy s-segura… - Balbuceé.

- Está bien. No hagamos nada, entonces.

El demonio descansó la mano sobre mi pecho, con los dedos extendidos. Cerro sus ojos, respirando lenta y pausadamente. No parecía nada que pudiera perturbar la paz de aquella criatura temida por tantos. Con cuidado, alcancé uno de sus mechones de cabello plateado para estudiarlo con detenimiento. Aquel color era irreal, refulgiendo bajo la poderosa luz del atardecer.

Fue en aquel momento cuando me percaté de lo tarde que se había hecho. Comenzaba a notar las consecuencias de haber detenido la actividad física, provocando un drástico descenso en mi temperatura corporal. Me acurruqué contra su pecho mientras comenzaba a tiritar.

- Te estás enfriando. – Comentó él, abriendo los ojos. – Deberíamos marcharnos.

- Sólo un momento más… - Musité, abrazándome a su cálido torso.

Sesshomaru esperó pacientemente, acariciando mi cabello, dejándome aún más adormecida con su gentil tacto.

Realmente no había ningún sitio en el que desease estar en ese momento tanto como en aquel campo de flores, a su lado.

Notas: Revisando este capítulo antes de subirlo me he quedado melancólica, son demasiado tiernos juntos, ay… ¡Necesito saber vuestra opinión! Sé que hace mucho que no incluía escenas de este tipo, os habéis quedado con ganas de algo en concreto?

Por otro lado, vengo a traeros noticias de que voy a tomarme un pequeño descanso. En principio, mi idea es volver a actualizar dentro de 3 semanas, por un lado porque sólo tengo un capítulo más escrito aparte de este, y porque me voy de vacaciones unos días. Necesito desconectar y descansar, por más que ame escribir esta historia, me consume mucho tiempo y necesito tomarme un respiro de mi propia vida, no me ha sido fácil últimamente. Me da miedo que esta "pausa" pueda impactar negativamente a esta historia a la que tanto cariño le tengo, no lo voy a negar, pero espero que a aquellos que os gusta "Casada con un demonio" sigáis aquí a mi regreso.

Sin mucho más que agregar por hoy, un abrazo muy fuerte a todos, y os leo en comentarios.