Notas: ¡Estoy de vuelta! Espero que hayáis estado bien, a mí me ha venido muy bien tener algo más de tiempo para escribir y para gestionar mis propios asuntos… Poco a poco y con buena letra.

Para cuando ambos hubimos terminado de vestirnos, ya había anochecido. Sesshomaru adoptó su forma demoníaca, y conmigo sobre su lomo, se elevó hacia el firmamento. Las estrellas se veían tan cercanas a mi cabeza que parecía poder rozarlas con los dedos sin estiraba el brazo.

Me envolví en la estola de Sesshomaru, resguardándome del frío. Arropada por su calor, y gracias a la quietud de la noche, caí rendida sobre el cuerpo del can gigante, vencida por el sueño contra el que había estado luchando tras haber hecho el amor con él. Soñé con la dulce experiencia, sintiéndome atesorada por el demonio una vez más.

Desperté al sentir una sensación helada posarse sobre mi mejilla. Parpadeé un par de veces, tratando de acostumbrar mi visión a la oscuridad de la noche. Logré vislumbrar las volutas blancas que caían del cielo sobre mi cabeza. Pensé por un instante que debía haberse acumulado mucha nieve, a juzgar por el marco blanquecino que me rodeaba, hasta que me di cuenta de que no podía haber estado más equivocada.

Me incorporé, sentándome sobre la hierba, para descubrir que me hallaba rodeada por el gigante cuerpo enroscado de Sesshomaru, el cual aún no había recuperado su forma humana. Echando un vistazo a mi alrededor, pude constatar que habíamos vuelto al campamento, con las figuras de Jaken y Ah-Un recostadas a unos metros de nosotros. Un rugido por lo bajo me hizo voltearme para encontrarme con los enormes ojos de la bestia fijos en mi dirección.

- S-siento haberle despertado… - Murmuré, aún adormilada.

El cuerpo del animal comenzó a encogerse, brillando con una mortecina luz blanca, hasta adoptar una forma humana.

- ¿No puedes dormir, Rin? – Me preguntó el demonio en voz baja, evitando despertar a nuestros compañeros.

- N-no es eso… Me ha despertado el frío de la nieve… - Respondí, tocándome la mejilla para secarla con mis dedos.

Sesshomaru lanzó la mirada hacia el cielo, pensativo.

- No creo que la nevada dure mucho más. No hay suficiente humedad en el aire.

Agradecí con una sonrisa su intenso por consolarme de aquella manera. Su expresión era misteriosa, despertando mi curiosidad.

- ¿En qué piensas para permanecer despierto a estas horas, Sesshomaru? – Pregunté, acurrucándome a su lado.

- En lo que hemos hecho hoy.

Su respuesta fue tan sincera que me tomó desprevenida, haciéndome sonrojar.

- Jaken y Ah-Un… ¿Qué saben respecto a nuestra ausencia? N-no sospecharán nada, ¿verdad?

No sabía bajo qué pretexto exactamente había justificado el demonio nuestra ausencia, y confiaba en su discreción, pero no podía evitar sentir que tenía escrito por todas partes lo que habíamos hecho, anunciándolo a los cuatro vientos.

- Independientemente de lo que les haya dicho, es imposible que no lo hayan notado por nuestras esencias entrelazadas.

Aquella certeza me hizo sentir completamente expuesta. Sabía que era inevitable, dado sus desarrollados sentidos, pero ahora no sabía cómo iba a afrontar a nuestros compañeros cara a cara al día siguiente. Me envolví el cuerpo con los brazos.

- ¿T-tan evidente es el cambio en el olor tras…? ¿O ha vuelto a marcarme con sus garras? – Pregunté, atónita.

Aparte del diminuto corte en el pecho, no recordaba haber sentido o visto más heridas en mi cuerpo al vestirme, por lo que me encontraba sumamente confusa con aquella revelación.

- Me he asegurado de no hacerlo. – Respondió él, seguro. – Aunque comprendo que te pueda incomodar que sea tan evidente para nosotros, no durará más de unas horas.

Me revolví en el sitio, algo inquieta. Es verdad que aquella percepción tan aguda me incomodaba, pero tampoco podía hacer nada para evitarlo.

- Bueno… puedo soportar la vergüenza si es por haber experimentado algo tan precioso contigo. – Musiré contra su pecho, ocultando mi cara en su pecho. – Realmente… Añoraba que me tocase de esa manera.

Sesshomaru acarició mi cabello con sus garras delicadamente, masajeando la parte posterior de mi cabeza.

- Si hablas sobre ello vas a encenderme de nuevo, humana… - Murmuró con su grave voz, invitándome a caer en su trampa de nuevo.

- P-pero… N-ni siquiera estamos solos… ¿Acaso no has tenido suficiente?

Le miré directamente a los ojos, suplicante. Aquel hombre no mostraba más que un brillo pecaminoso en sus dilatadas pupilas.

- Nunca tendré suficiente de tu imagen y tu voz cuando te retuerces de placer por y para mí…

Le cubrí la boca con ambas manos, impidiéndole seguir. Mi interior comenzaba a palpitar, emocionado por la anticipación. Pero no podía olvidar que ya no estábamos solos, bajo ningún concepto podíamos hacer eso…

- B-buenas noches, Sesshomaru… - Musité, retirando mi tacto poco a poco de su perfecto rostro.

El demonio envolvió mis diminutas manos con la suya, y presionó contra sus labios, en un casto y tierno beso. Aunque se veía calmado, sus ojos aún dejaban traslucir que él seguía hambriento.

- Buenas noches, Rin.

Durante los siguientes días, Sesshomaru permaneció algo distante y apartado del grupo. No parecía enfadado o molesto, pero no se dirigía a nosotros si no era estrictamente necesario. Se le veía sumido en sus pensamientos durante todo el día, mientras sujetaba de forma distraída la espalda en su cinto. No tenía la más menor idea de qué podía rondar por su cabeza, pero decidí no hacer muchas preguntas, ya que evitaba el tema tan pronto como se hacía mención al mismo. Durante las noches, también permanecía en silencio, alegando cansancio. Y sin embargo, aunque permanecía a mi lado hasta que yo me quedaba dormida, al volver a abrir los ojos él ya se había marchado, sin importar si era de día o de noche. Por otro lado, el demonio no había vuelto a hacer amago de tocarme, lo cual me hacía preguntarme si había hecho algo para incomodarlo. Quizás lo único que le refrenaba a seguir adelante era mi pudor y la cercanía de nuestros compañeros de viaje, ¿o no?

La intranquilidad de su Amo pareció contagiar a los demás demonios, por lo que decidí interrogarlos a ellos en busca de respuestas, cuando Sesshomaru se había marchado para pasar tiempo consigo mismo.

- Jaken, ¿ocurre algo? Todos os veis inquietos últimamente. – Pregunté mientras peinaba las crines de Ah-Un con un cepillo.

El duendecillo verde caminada de un lado para otro resoplando, sin ningún objetivo en concreto. Se había mostrado calmado en presencia de Sesshomaru, pero tan pronto como lo perdía de vista, la ansiedad se apoderaba de su diminuto cuerpo. Cada vez que su Lord se separaba y ausentaba del grupo, era cuando se volvía incapaz de contener su agitado estado.

- ¡Ahh…! – Rezongó, mostrando su más genuina frustración. - No comprendo las intenciones del Señor Sesshomaru en absoluto, empezando por ti. ¿En qué nos beneficia llevar a una mortal con nosotros? ¡Por mucho que seas su compañera, no tiene sentido alguno…!

Abandoné mi actividad para dirigirme hacia Jaken, con Ah-Un bufando por la interrupción de mi atención hacia él. Me agaché en cuclillas, abrazando mis rodillas con mis brazos. Supuse que era natural que aquella criatura me reconociese como la "compañera" de Sesshomaru, puesto que debía de percibir en el aire lo que habíamos hecho días atrás. Sin embargo, no alcanzaba a comprender a qué se debían sus reclamos.

- ¿Tanto te molesta que me quede con vosotros? – Le pregunté, tratando de ocultar mi tristeza.

Era cierto que no había nada que desease más que acompañar a Sesshomaru, pero no quería hacerlo a costa de incomodar con mi presencia a su más leal siervo.

- No se trata de cómo me siente a mí personalmente, sino de que es extremadamente peligroso, dada la cantidad de energía ominosa que flota en el ambiente últimamente. ¡No es que a mí me importe tu seguridad, pero no creo que al Señor Sesshomaru le gustase que su hembra sufriera daños! – A pesar de que se tratase de una advertencia, su intento en ocultar que yo le importaba me llenó de ternura. - Además, tampoco me parece buena señal que Kagura haya venido en busca del Amo.

Mi sonrisa se borró en el instante en el que me mencionó el nombre de aquella mujer. No sabía de qué se trataba, pero no tenía dudas de que no podía tratarse de nada bueno.

- Kagura… ¿Cuándo ha ocurrido eso, Jaken?

- Esto, cuando… - El demonio bajó el volumen de su voz, notando que quizás se le había escapado algo indebido. – Cuando el Señor Sesshomaru te llevó consigo… Hace tres días. – A pesar del color verdoso de su piel, me pareció notar cómo se sonrojaba al hacer evidente que tenía conocimiento sobre lo que había ocurrido entre nosotros aquel día.

Sin embargo, no tuve tiempo para avergonzarme por ello mientras le daba vueltas a la información adquirida.

- ¿Sesshomaru lo sabe?

El demonio asintió. Aquello podía explicar parte del extraño comportamiento del demonio, aunque me molestaba ser la única que no había sido informada al respecto.

- Sospecho que ese Naraku no trama nada bueno.

- De eso no me cabe duda.

Me puse en pie con un suspiro. Dadas las circunstancias, yo también comenzaba a tener un mal presentimiento.

- Voy a tener una palabra con Sesshomaru.

- ¡N-ni se te ocurra! ¡No es buena idea importunar al Amo con nuestras cavilaciones!

- No veo motivo por el que le fuera a molestar que le pregunte sobre este asunto, Jaken. – Después de todo, tenía derecho a saber a qué situación nos enfrentábamos, ya que estaba metida de lleno.

- ¡E-espera, Rin…!

Aunque dubitativo, el duendecillo me siguió, refugiándose tras de mí. Probablemente él también tenía cosas que consultarle, y sentía que su Amo actuaría más suave en mi presencia.

Encontramos al demonio en lo alto de una colina. Se encontraba de pie, observando absorto hacia el horizonte, con la mano cerrada sobre la empuñadura de su espada. Parecía tenso, con el ceño fruncido, y respiraba profundamente. Sin embargo, su postura se relajó tan pronto como se percató de nuestra presencia, volteándose para confrontarnos.

- ¿Ocurre algo? – Inquirió Sesshomaru, serio.

- He escuchado que Kagura vino a buscarte, y que la energía maligna ha aumentado recientemente… ¿Es por eso que te ves tan intranquilo estos días?

Sesshomaru lanzó una mirada acusatoria a Jaken, el cual se aferró a mi tobillo como si su vida dependiera de ello.

- ¡E-ella me ha obligado a hablar, Amo!

Eso no era cierto, ya que no hacía falta insistir mucho para que el siervo dejase salir todo lo que llevaba por dentro, pero tampoco quise delatarlo, preocupada por su integridad física.

- No es necesario que ocupes tu cabeza con todo esto, Rin. Tampoco puedes hacer nada al respecto.

Su semblante, aunque inexpresivo, jamás lograría engañarme. Di un paso adelante para sujetar rodear su brazo con delicadeza.

- Aun así, me gustaría que compartieras tus preocupaciones conmigo. Creo que tengo derecho a saber la verdad. Si hay algún peligro, es más seguro para mí conocer su existencia.

El yokai esquivó mi mirada, clavando la vista en el suelo por unos instantes. Sabía que tenía razón, dado que las experiencias pasadas eran prueba de que cuando más me mantuviera en la ignorancia, más vulnerable me hacía al peligro.

- No tengo muy claro el motivo por el cual Kagura me buscaba, pero no puede ser nada bueno. Después de todo, la envía su Amo, Naraku… - Sesshomaru se veía pensativo, sospesando cuánta información estaba dispuesto a compartir. - Tenseiga tampoco ha parado de palpitar estos días, aunque no alcanzo a comprender cuál es el detonante…

Observé la katana colgando en su cinto. A simple vista, tenía la misma apariencia que siempre, pero era bien cierto que el demonio no había parado de tocar el arma de forma casi constante. No debía de ser nada fácil descifrar el lenguaje de un objeto que parecía tener alma propia como aquel. Sesshomaru emitió un chasquido de disgusto.

- Para rematar, la peste a medio-demonio no para de rondar esta zona…

- ¿Se refiere a Inuyasha? – Aquella revelación sí que me tomó por sorpresa. - ¿Está cerca?

Sesshomaru me dio la espalda, volviendo a fijar la vista en el horizonte. Asintió en silencio, sumiéndose de nuevo en sus pensamientos. Por mucho que se esforzase en aparentar calma, estaba segura de que en su interior se encontraba incluso más ansioso de lo que Jaken había mostrado por su cuenta.

- ¿Puedo ir a reunirme con él?

Después de todo, Inuyasha había estado investigando en el monte Hakurei. El demonio me lanzó una mirada de reojo.

- No está solo. – Me informó. – Le acompañan tres humanos y dos demonios... Además, tampoco tienes que pedirme permiso… - Añadió, desolado.

Parecía que todo el grupo se había reunido, y por más que me alegrase saber que se encontraban en los alrededores, cada vez tenía la mayor certeza de que no podía significar nada bueno. Naraku debía de estar tramando algo, y era posible que ellos hubieran descubierto algo más que a nosotros se nos había escapado. Entrelacé mis dedos con nerviosismo. Genuinamente quería ser útil para el grupo y hacer algo por él, pero jamás a costa de hacerlo enojar.

- No quiero que se moleste conmigo, como la última vez que me encontré con Inuyasha. Pero… por un lado, me apetece verlos, son mis amigos, y por otro… Pienso que pueden tener más información respecto a lo que sea que esté ocurriendo. Deberíamos ir a hablar con ellos. – Me sinceré todo lo posible, esperando que él comprendiera que sólo tenía buenas intenciones.

La expresión del demonio finalmente se suavizó al mostrarle mi lastimera preocupación.

- No volveré a comportarme así. -Sentenció, seguro, aunque con algo de tristeza en la voz. - Eres libre de hacer lo que desees, Rin… Sin embargo, creo conveniente que te acompañe Jaken, en caso de que pudiera suceder algún tipo de improviso.

El pequeño duende tembló de pies a cabeza con la mención de su nombre, todavía temeroso de la repercusión por haberse ido de la lengua, por lo que no se atrevió a replicar como de costumbre.

- ¿No quieres acompañarme, Sesshomaru? – Le pregunté con amabilidad, en un intento de calmar sus nervios.

- Prefiero evitar ver la cara de ese medio demonio si no es estrictamente necesario. – Admitió, visiblemente exhausto.

Con la tensión de la situación aliviada mínimamente, alargué los brazos para envolver el cuerpo del demonio, que seguía de espaldas a mí, cruzando las muñecas sobre su pecho. Sesshomaru me observó de reojo con curiosidad, no muy seguro de cómo devolver el gesto.

- Sé que es difícil para ti… Así que quería agradecerte que hayas compartido conmigo, aunque sea solo un poco, lo que te ronda la mente, Sesshomaru.

Él sujetó mi muñeca con delicadeza, cabizbajo.

- Podéis marcharos. – Musitó.

Después de haber sido testigo de su abatimiento, me sentía más decidida que nunca a ayudarle. Eché a andar ladera abajo, siguiendo las indicaciones de Jaken, el cual no dejaba de rezongar tras de mí. No parecía entusiasmado ante la idea de dejar atrás a su Amo en aquellas condiciones. Yo podía sentir sus dorados ojos clavados en mi nunca hasta que desaparecimos entre la espesura.

- ¡Rin, Rin, espera…! ¡Me vas a dejar atrás! – Se quejó el pequeño demonio ante mi acelerado paso.

- Perdona, Jaken. – Me disculpé, deteniéndome en seco. – Había olvidado que eres de piernas cortas…

- ¡¿Con quién te crees que estás hablando, mocosa?! – Chilló, indignado.

Me volteé al escuchar el crujido de unas ramas partirse a nuestras espaldas.

- Vaya, vaya, parece que nuestros caminos vuelven a cruzarse una vez más, señorita.

La conocida figura del monje Miroku apareció, seguida de Sango, Kirara y Shippo, lo cuáles exclamaron mi nombre, sorprendidos. No se hizo esperar la llegada de Inuyasha, el cual cargaba a Kagome a sus espaldas.

- ¡Rin! ¿Qué haces aquí? – Inquirió el medio demonio.

- ¡Cuánto tiempo sin verte, Rin! – Me saludó la joven de extraños ropajes, dejando caer sus pies sobre tierra firme.

La chica con poderes de sacerdotisa corrió a abrazarme, como era costumbre en ella. Aunque no estaba acostumbrada a hacerlo con otras personas que no fueran Sesshomaru, le devolví el gesto amigablemente.

- Es raro encontrarte tan lejos de la aldea de la anciana Kaede. – Comentó Sango, sin ocultar su sorpresa.

- Bueno, la verdad es que han pasado muchas cosas… - Respondí, incómoda.

¿Sabría Sango lo que había ocurrido con Kohaku? Una vez más, no podía evitar sentirme culpable por aquel día en el que había sido abducido por Naraku…

- ¡Jaken también está aquí! – Exclamó Shippo, reparando por primera vez en la presencia del demonio que me acompañaba.

- ¡¿Y ahora te das cuenta, mocoso?! ¡¿Acaso estás ciego?! – Replicó el duendecillo con su habitual mal humor.

Todos tomamos asiento en el suelo formando un círculo. En aquel momento les puse al día sobre todo lo que había ocurrido desde la última vez que me había encontrado con ellos, desde mi recuperación tras haber perdido a mi hijo no nato, hasta el rapto de Kohaku y cómo había comenzado a viajar con Sesshomaru. Sango admitió que ya se habían encontrado con Kohaku fuera de sí en más de una ocasión, pero se quedó pensativa tras haber escuchado mi historia de cómo había sido controlado por Naraku. También les hablé en detalle sobre Kikyo y sus mermados poderes, creando de forma no intencional un ambiente enrarecido entre Kagome e Inuyasha. De aquel modo, el único que seguía suficientemente animado para hablar era el monje.

- Veo que tú también has pasado por muchas cosas en estos meses, Rin. – Miroku pasó su brazo por la cintura de su prometida, confortándola en silencio. – Aunque debo decir que se te ve mucho más alegre que en la aldea, supongo que haberte reconciliado con Sesshomaru ha impactado favorablemente en tu estado de ánimo. – Concluyó mientras alzaba las cejas de forma inquisitiva.

Me tranquilizaba saber qué Miroku era un simple mortal que no podía percibir los mismos aromas que los demonios. En caso de no haber sido así, no podría evitar sentir mi intimidad completamente vulnerada a su lado, ese monje apenas podía pensar en algo que no fueran las mujeres, o... Aquel tipo de actos.

- Es cierto que me siento mejor desde que he podido hablar las cosas con Sesshomaru, pero debo admitir que ahora mismo estoy intranquila. Algo terrible está a punto de suceder, ¿no es así?

El monje observó a sus compañeros con detenimiento, buscando alguna mirada de confirmación entre ellos.

- Naraku está en busca del último fragmento de la perla de Shikon que nos faltaba por localizar. – Intervino Kagome, saliendo de su trance por un momento. – Pero no será nada fácil llegar hasta él, y debemos darnos prisa si queremos adelantarnos a lo que sea que esté maquinando para conseguirlo.

- ¿Dónde se supone que se encuentra? – Pregunté, tratando de retener toda la información que saliera de sus labios en mi memoria.

- En el más allá. En el Meidou, o el Inframundo. – Aclaró Inuyasha de forma tajante. – Recibe diversos nombres, pero básicamente en un lugar que solo los que han perecido pueden alcanzar. Es por eso que ninguno de nosotros puede recuperar el fragmento sin perder a vida en el intento.

- Es bastante complicado, pero estoy segura de que ese bastardo ya está tramando algún plan retorcido para hacerse con él, cueste lo que cueste… - Masculló Sango, apretando los puños sobre sus rodillas.

El más allá… Teóricamente, yo ya había estado allí, ¿verdad? Aunque no lograba recordar nada en absoluto entre el momento de mi muerte y que el poder de Tenseiga me trajese de vuelta. Una vez más, yo sentía que no era mucha ayuda, pero al menos podría trasladarle la valiosa información a Sesshomaru. Esperaba que aquello pudiera contribuir mínimamente a aclarar la densa bruma mental en la que llevaba divagando el demonio por días.

- ¿Y Kagura? ¿Descubriste algo en el monte Hakurei, Inuyasha?

El medio demonio rezongó, cruzando los brazos sobre su pecho.

- ¡Una absoluta pérdida de tiempo! – Bufó, molesto. – Se ve que Naraku había estado intentando abrir un camino al más allá desde allí, dada la alta concentración de poder espiritual, pero fue un rotundo fracaso. Kagura estaba supervisando el lugar, pero lo abandonó tan pronto como se dio cuenta de que aquello podía succionarla y acabar con su vida. Naraku trató usarla como conejillo de indias, pero quedó confirmado que no es posible ir al Meidou y regresar al mundo de los vivos…

Aquella revelación me sorprendió. Ya había escuchado de Sesshomaru que Kagura deseaba traicionar a su Amo, ¿pero por qué no simplemente lo abandonaba? ¿O acaso realmente no tenía más remedio que permanecer al lado de un monstruo que desecharía su vida con tanta facilidad? Un sentimiento de lástima por ella comenzó a crecer en mi interior, a pesar de que no me agradaba aquella mujer.

- Ojalá pudiera ayudar algo más en esta situación… - Musité, entristecida ante el paisaje que se dibujaba frente a nosotros.

- Nos has aportado información muy valiosa sobre el paradero de Kikyo. – Respondió Inuyasha.

- Naraku la teme en demasía, por lo no sería de extrañar que su poder pudiera ser la clave para acabar con él de una vez por todas. – Añadió Miroku, observando su mano derecha distraídamente.

Kagome se había vuelto a quedar cabizbaja tras mencionar el nombre de la sacerdotisa, por lo que me acerqué a ella para tomar sus manos entre las mías.

- Sé que es cruel pedirte esto, pero… ¿Salvarías a Kikyo con tus poderes, Kagome? – Le pregunté, con la voz temblorosa. - Ella dijo que para disolver el miasma en su cuerpo era necesaria una gran cantidad de poder sagrado…

La joven me observó con un profundo dolor reflejándose en sus ojos. Inuyasha, justo a su lado, también permanecía expectante a su respuesta. La chica resopló, finalmente, abrazando sus piernas contra su pecho.

- No podría dejarla morir, no soy ese tipo de persona... – Musitó en voz baja, resignada.

Entonces la abracé, estrechando su cabeza sobre mi hombro, por si no deseaba que nadie la viese llorar.

- Lamento mucho tener que pedírtelo, Kagome. – Me disculpé, sintiendo una punzada de culpabilidad en el pecho. – Pero no conozco a nadie más que pueda ayudarla, muchas gracias…

Ella me devolvió el abrazo en silencio, tomándose unos segundos para procesar todo lo que implicaba ir en busca de la sacerdotisa. Los hombres se pusieron en pie y se alejaron, tratando de darnos algo de espacio. En cambio, Sango se aproximó hasta tomar asiento al lado de su amiga.

- Rin, sé que hiciste todo lo que pudiste por Kohaku… Así que no me gustaría que te sintieras responsable por nada, ¿de acuerdo? – La cazadora de demonios se dirigió hacia mí con su aterciopelada voz, tratando de consolarme.

Kagome se deshizo de mi abrazo con cuidado para darle la razón.

- Eso es, nada de esto… No es tu culpa. – La voz de Kagome temblaba, como si estuviera a punto de echarse a llorar.

Ambas estaban tratando de no derrumbarse frente a mí, mostrándome su lado más duro, llenándome de admiración por sus nobles semblantes. Quería respetar el inmenso esfuerzo que estaban haciendo por contener sus emociones, por lo que decidí no consolarlas más, y dejarlas tomarse su tiempo para procesar todo lo que habían aprendido aquel día de mí.

- Gracias a vosotras. – Respondí, sencillamente. – Espero que nuestros caminos vuelvan a encontrarse pronto.

Las jóvenes se despidieron de mí en voz baja, y me reuní con los varones del grupo.

- ¿Cómo se encuentran? – Inquirió Miroku, observando a las chicas con preocupación.

- No muy bien, pero… Las dos son muy fuertes. – Admití, con melancolía. – Creo que sólo necesitan un poco de tiempo y espacio.

- ¿Vas a volver con Sesshomaru? – Intervino Inuyasha, incisivo.

- ¡¿Eh?! ¿Ya te marchas, Rin? – Se quejó Shippo, claramente desanimado.

Lancé una mirada a Jaken, el cual parecía incómodo en medio de aquel grupo de personas. Seguramente también estaba deseando regresar para comprobar el estado de su Amo, y compartir las nuevas con él.

- Sí, él me está esperando. – Dije con una sonrisa.

Podía parecer algo forzado, pero realmente me calentaba el corazón pensar que el demonio debía estar aguardando mi regreso, dándome fuerzas para abandonar aquel lugar, junto a los amigos que tanto me habían ayudado en los últimos meses. Les dediqué una reverencia, y comencé a desandar el camino junto a Jaken, el cual no paró de criticar el comportamiento de los humanos y de Inuyasha durante todo el camino. Le dejé desahogarse, respondiendo con breves asentimientos su incesante monólogo. Por mi parte, yo no podía dejar de darle vueltas a todo lo que había escuchado. Naraku era muy peligroso, y aunque no podía sentir la energía ominosa de la que hablaban los demonios, haber obtenido nociones de su objetivo actual me revolvía el estómago hasta el punto de perder el apetito casi por completo. Ahora podía comprender un poco mejor el nerviosismo de mis acompañantes.

El sol brillaba poderoso en el cielo, tiñendo la hierba de color carmesí, cuando regresamos al risco en el cual nos habíamos encontrado con Sesshomaru por última vez. Sin embargo, esta vez no estaba solo.

- ¿No es esa Kagura? – Articuló Jaken, cesando su retahíla.

Ralenticé el paso, estudiando sus expresiones en la distancia. Sentí una angustiante opresión en el pecho al observarlos interactuar: Sesshomaru no se veía tenso, aunque tampoco se mostraba emocionado por la visita. Kagura, de espaldas a nosotros, mantenía una distancia prudencial del demonio. Sin embargo, sus agudos sentidos no pasaban nada por alto, por lo que no tardaron en dirigir su vista a nosotros, descubriendo nuestra posición. Me detuve en el sitio, amedrentada por la intensa mirada de las dos criaturas. Ninguno parecía especialmente contento, aunque no estaba segura de si se trataba por la interrupción o por el tema de conversación que estaba manteniendo.

Kagura se volteó una última vez hacia Sesshomaru, y finalmente se catapultó hacia el firmamento montada sobre una enorme pluma, la cual había aparecido repentinamente frente a nuestros ojos. Una vez la hube perdido de vista, me atreví a seguir ascendiendo la pendiente, hasta llegar a lo más alto de la colina, donde el yokai nos esperaba pacientemente.

- ¡Señor Sesshomaru! – Exclamó Jaken, corriendo hacia su Amo, emocionado. - ¡Hemos descubierto lo que planea ese malnacido de Naraku!

- Kagura me acaba de explicar todo en detalle. – Contestó el demonio.

El desconcierto del duendecillo fue tal que tropezó con sus propios pies al escuchar aquellas palabras, cayendo de bruces irremediablemente. Me arrodillé al lado de la criatura con piel de sapo, tratando de ignorar mi propia decepción. Una vez más, a pesar de todos mis esfuerzos, no había logrado ser de ayuda para Sesshomaru.

- ¿Estás bien, Jaken? – Musité mientras le ayudaba ponerse en pie.

- ¡P-puedo hacerlo solo, humana!

Jaken se revolvió para liberarse de mis manos y erguirse de nuevo frente a su Señor. Me alegraba que al menos él fuera capaz de recuperarse tan rápidamente. Yo, por mi lado, sentía como si hubiese demasiado ruido en mi cabeza, con las emociones entremezcladas, haciéndome sentir abrumada y agotada.

Los enigmáticos ojos dorados de Sesshomaru se clavaron en mí.

- Jaken, - Llamó a su sirviente. – creo que Ah-Un y tú deberíais encargaros de buscar la cena esta noche.

Todos sabíamos que más que una sugerencia, aquello era una orden, por lo que el duendecillo no se atrevió a desobedecerlo, dejándonos a solas de inmediato. Yo me puse en pie, mientras esquivaba la penetrante mirada del demonio. Tenía miedo de que, si lo hacía, podría leer todos los pensamientos ponzoñosos que estaban cruzando por mi mente.

- ¿Hay algo que te esté molestando, Rin? – Preguntó Sesshomaru, acercándose a mi despacio.

- Siento… Lamento no haber llegado antes que Kagura para facilitarle la información. Por una vez, quería serle de ayuda… - Musité, escondiendo las manos dentro de las mangas de mi kimono, con la vista clavada en el suelo.

El demonio alzó la mano para tocarme, pero se detuvo a medio camino, asumiendo que quizás no era la mejor idea en mi sensible estado.

- Eso no importa. Sabes que no te mantengo a mi lado porque necesite que me seas de utilidad.

Sabía que estaba intentando consolarme, a su manera. Suspiré, sintiendo cómo una solitaria lágrima comenzaba a rodar por mi mejilla.

- Discúlpeme, sé que estoy siento muy infantil. Supongo que… no me gusta nada verle al lado de esa mujer… - Admití, secándome el rostro con la manga de mi vestimenta. – Usted no ha hecho nada malo, y aun así no puedo evitar comportarme de esta forma tan irracional…

Sesshomaru sujetó mi barbilla, obligándome a mirarlo. Su expresión se había suavizado, estudiando mi rostro con dulzura.

- Si te sientes así, es porque hay algo en tu corazón enturbiando tus emociones. Dime, Rin, ¿hay algo que pueda hacer al respecto?

Los celos brotaron de lo más profundo de mi ser, desbordados por haber tratado de contenerlos. No quería sentirme así, me odiaba a mí misma por no ser capaz de desterrar de mi mente aquellos pensamientos y aquella desconfianza infundada.

- No puedo evitar pensar que… Me has informado de la presencia de Inuyasha y los demás sólo porque sabías que iba a querer acercarme a ellos. De ese modo, Kagura podría acercarse a hablar contigo en privado. – Le acusé, rogando porque todo aquello tuviera una explicación lógica que hiciera desaparecer aquel violento sentimiento dentro de mí.

El demonio permaneció en silencio unos instantes.

- … Eso es cierto. – Admitió Sesshomaru, sereno. – Aunque no por los motivos que sospechas, Rin.

Respiré hondo, tratando de calmarme. Eso es, debía de haber alguna lógica detrás de sus acciones.

- ¿Podrías…? – Balbuceé. - ¿Aclararme en detalle lo que has hablado con Kagura, entonces? – Supliqué, al borde del llanto. – La verdad es que… M-me he tan sentido insegura al verla contigo… L-lo siento…

Sesshomaru depositó su mano sobre mi cabeza, acariciando mi cabello en un gesto consolador.

- Quería averiguar qué era lo que Naraku estaba tramando, y qué querían de mí. – Comenzó a explicar él con su voz aterciopelada. – Kagura me ha informada de que su Amo reclama mis servicios como retribución por su ayuda en el pasado. Quieren abrir una puerta al Inframundo, aunque tú ya sabías esto último, ¿verdad? – Asentí, reteniendo las lágrimas al borde de mis ojos.

- ¿Vas a ayudarles? – Inquirí, con la voz temblorosa.

Los dedos de Sesshomaru descendieron por mi sien hasta alcanzar mi mejilla.

- No tengo ni el más mínimo interés en ser un peón de sus retorcidos planes. – Respondió él. – Sin embargo, tampoco es prudente hacerle saber a Naraku que planeo acabar con su podrida existencia, al menos hasta que encuentre un método efectivo para hacerlo.

- ¿Y qué pasa con Kagura? – Insistí, sintiendo mi cuerpo todavía débil por aquella conversación.

- No tengo ningún asunto pendiente con ella. – Su respuesta fue tajante. – Puedo perdonarle la vida si no se interpone en mi camino, como compensación por los favores pasados, ya que no me gusta sentirme en deuda con nadie. Pero no tengo intención de forjar una relación más íntima con ella, bajo ningún concepto.

Y yo sabía que no estaba mintiendo, ya lo habíamos hablado y confiaba en él. Sin embargo, no dejaba de resonar en mi cabeza el hecho de que no era extraño entre los yokais de su especie elegir más de una compañera, como hizo su padre… Aquella realidad se clavaba en mi corazón como un puñal, sacando lo peor de mí, incapaz de acallar aquellas voces que me recordaban constantemente que él podía aspirar a alguien mejor, y que yo pronto dejaría de ser suficiente.

Pero el jamás había dicho nada de eso, sabía que se trataba de mis propios miedos, y necesitaba hacer algo más acallarnos. Aun temblorosa, le mostré el dedo meñique de mi mano izquierda al yokai, el cual me observó sorprendido. Había reconocido el gesto que le había enseñado tiempo atrás, sin lugar a dudas.

- ¿Puedes prometérmelo? Que no ves a Kagura como mujer, o como una potencial pareja.

El demonio no dudó en entrelazar su meñique con el mío, firmemente.

- Lo prometo. No tengo ni el más mínimo interés. Eres la única que deseo como compañera.

Entonces, finalmente, me arrimé a su pecho, abrazándolo mientras me permitía llorar, permitiendo que mis inseguridades fluyeran hacia el exterior desde lo más profundo de mi corazón. Tenía que desterrar de mi mente aquellas imágenes de Kagura besando a Sesshomaru, eso no iba a pasar.

- Gracias. – Sollocé. – Y lo siento.

El demonio no añadió nada más, ya que sabía que sólo me quedaba batallar contra mis propios miedos. Nada más de lo que él pudiera hacer o decir iba a terminar de calmar mis celos. Por ello, simplemente se dejó abrazar en silencio, esperando a que me tomase mi tiempo para calmar mis emociones a flor de piel.

Notas: Espero que haya merecido la pena la espera, pronto se vienen cositas de nuevo 3

La verdad es que en mi cabeza no quedaba mucho de la historia, por lo que me sorprende ver cómo se está alargando capítulo tras capítulo. En cualquier caso, espero que no se os esté haciendo lento y disfrutéis el camino 3 ¡Nos leemos en dos semanas, si no surge ningún inconveniente!