Notas: ¡Feliz domingo! Este capítulo me ha quedado un poco largo y viene cargadito de cosas, pero admito que es uno de mis favoritos hasta la fecha, estoy muy contenta con el resultado 3
¡Nos leemos nuevamente al final, qué disfrutéis la lectura!
- ¡Sesshomaru! – Le llamé, al borde de la desesperación. - ¡Despierta, Sesshomaru!
Sin embargo, su cuerpo seguía sin inmutarse, lánguido sobre mí. Luchaba con todas mis fuerzas por no caer derrotada por su peso hacia atrás, soportando la corpulenta complexión del demonio encima mía. Sentía mi pecho comprimido por la ansiedad, y se me hacía muy difícil respirar. Aquello no podía estar pasando, no…
- Sesshomaru no morirá tan fácilmente, humana. – Intervino Kagura con el tono más amable que le había escuchado jamás. – Está conservando su energía al máximo para recuperarse.
La mujer me ayudó a retirar a Sesshomaru de encima de mí, y lo dejó tumbado sobre su espalda con delicadeza. Asombrada, pude comprobar que la hemorragia se había detenido considerablemente tras que hubiera cerrado sus ojos. Apenas parecía seguir perdiendo sangre, y su respiración se escuchaba estable. Se veía casi como si estuviera durmiendo sobre un inquietante lecho carmesí en el que flotaban oscuras trazas de polución. El sangrado parecía haber contribuido a eliminar parte del miasma dentro de su cuerpo, al menos.
Di una bocanada de aire tan grande como me permitió el dolor punzante en mi pecho para recobrar un mínimo de tranquilidad. Todo había ocurrido demasiado deprisa, y el peligro no había pasado del todo. Tenía que sacarnos de allí lo antes posible. Quién sabía si Naraku podía volver para rematar a su enemigo.
Observé a Kagura, la cual había puesto algo de distancia entre nosotras tras depositar el cuerpo del demonio en el suelo. La niña que cargaba el espejo anteriormente, Kanna, recorrió la estancia en silencio hasta enconderse detrás de la mujer de ojos rojos. Ambas parecían muy unidas.
- Gracias por tu ayuda, Kagura. – Balbuceé.
- ¿De qué estás hablando? – Bufó ella, con desdén. – Solo lo he hecho por Sesshomaru, no por ti…
Me puse en pie con dificultad mientras la mujer miraba hacia otro lado, como si no estuviera no prestando atención a mi presencia. No podía culparla, ya que yo tampoco tenía muy claro cómo sentirme respecto a ella, todavía. Pero es cierto que, tras los eventos de aquel día, no sería capaz de odiarla o pensar en ella como una mala persona. A pesar de encontrarse irremediablemente ligada a él, no tenía nada que ver con su Amo.
- Antes me protegiste del abuso de Naraku. – Dije, acercándome a ella con pasos cautelosos. – No tenías ningún motivo para hacerlo, pero aun así, diste la cara por mí. Quería agradecerte principalmente por eso.
Los ojos de la mujer demonio se clavaron en el suelo, su expresión completamente decaída. La niña de cabello blanco se le asió a la cadera para reconfortarla con su cercanía.
- Nadie merece para por algo así. Absolutamente nadie. - La expresión de su rostro era casi de dolor contenido, una emoción que iba más allá de la empatía… Como si ella hubiera experimentado aquella situación de primera mano. – Sesshomaru se entristecería mucho si le ocurriera algo así a la mujer que ama, así que… No podía permitirlo.
Comprendía que Kagura tenía motivos de sobra para odiarme, pero no podía engañarme con sus excusas. Estaba demasiado acostumbrada a tratar con demonios que tenían problemas para exteriorizar sus sentimientos, por lo que sabía que aquel discurso era parte de una fachada que había creado para protegerse. Me creía a pies juntillas la parte de que haría todo lo que estuviera en su mano por ahorrarle a Sesshomaru cualquier tipo de sufrimiento, pero no había forma de que pudiera convencerme de que aquel fuera el único motivo por el cual se había interpuesto entre Naraku y yo. Sabía que no se trataba de la mala persona que me quería hacer creer que era. Seguramente no quería ser compadecida por mí, y por eso trataba de escudarse en los sentimientos que tenía por el demonio que yacía entre nosotras para no admitir que había querido ayudarme por decisión propia.
Una parte de mí incluso sintió en aquel momento que Kagura merecía un hueco en la vida de Sesshomaru. Yo no tenía ningún derecho a dejar que mis celos se interpusieran entre dos personas que evidentemente compartían un vínculo estrecho, y tan… puro. Ambos se preocupaban profundamente el uno por el otro. Aunque los sentimientos de ella también poseyeran un matiz romántico, yo podía comprender mejor que nadie el por qué. Después de todo, ambas estábamos enamoradas de la misma persona…
Si aquella fascinación se desvanecía o no con el tiempo no era de mi incumbencia, pero… Aunque me provocase una punzada de celos, Kagura tenía derecho a expresar su amor libremente, e incluso, con el tiempo, puede que eso le permitiera pasar página. O quizás no. En cualquier caso, yo no podía negarle el derecho a experimentar sus sentimientos por mis deseos egoístas. Aunque aquella perspectiva me aterrorizase.
El hilo de mis pensamientos fue interrumpido en aquel momento por la fina voz de Kanna, la cual escuchaba por primera vez.
- Ya vienen. – Musitó, alzando la vista al cielo.
Un escandaloso estruendo siguió a la advertencia de la niña, procedente del techo del pabellón, el cual estalló en mil pedazos acompañados de una llamarada. Mi primer instinto ante aquel peligro fue echarme sobre el cuerpo de Sesshomaru para protegerlos de los pedazos de madera y astillas prendidas que comenzaron a llover sobre nosotros. Kagura, por su lado, creó una gruesa corriente de aire con su abanico que nos protegió a todos, lanzando los objetos peligrosos metros más allá.
- ¡Señor Sesshomaru! – Chilló una estridente voz desde los cielos.
Alcé la vista, sin haber estado nunca más contenta de escuchar aquel peculiar timbre de voz.
- ¡Jaken! – Exclamé, al observarlo descender de los cielos. - ¡Ah-Un!
El duendecillo descendió montando sobre la grupa del demonio bicéfalo con el rostro bañado en la preocupación más absoluta. Al reconocer a los aliados de Sesshomaru, la mujer del abanico deshizo su hechizo para permitirles acercarse. Antes de que Ah-Un tocase el suelo con las patas, Jaken se lanzó desde los aires para comprobar la situación de su Amo.
- ¡Mi olfato no me engañaba, el Señor Sesshomaru ha perdido muchísima sangre…! – Exclamó el pequeño demonio, fuera de sí. – Aunque parece que las heridas se están cerrando bien…
- ¿Está fuera de peligro, Jaken? – No pude evitar preguntarle, tan angustiada con la situación como él.
- Debería, pero los envenenamientos son impredecibles. Mientras alguna traza permanezca dentro de su organismo, no podemos estar seguros.
Ante la advertencia de Jaken, Kagura dirigió su abanico hacia nosotros y levantó el pesado cuerpo del demonio controlando el aire a su alrededor.
- No perdáis más tiempo, entonces.
Gracias a los poderes de Kagura, logramos acomodar el cuerpo del lord sobre la grupa de Ah-Un, la cual estaba cubierta por la mullida estola de Sesshomaru. Entonces, yo también monté sobre nuestro compañero cuadrúpedo, con Jaken ente el cuerpo de su Amo y el mío. Tomé las riendas del demonio de dos cabezas, disculpándome por la sobrecarga de peso a la que se estaba viendo sometido.
- Gracias. – Le dije a la mujer demonio una vez más. – No podríamos haber hecho esto sin ti.
Su dura expresión se ablandó, mostrando finalmente su preocupación.
- Salvadle, os lo ruego. – Nos pidió en voz baja.
Kanna sujetó la mano de Kagura con firmeza al vernos partir. Al elevarnos por encima de la mansión, me pareció ver la figura de Kohaku reunirse con sus compañeras. Aunque aquel reencuentro no me dio buena espina, me forcé a cerrar los ojos, queriendo creer que todo estaría bien. Necesitaba pensar de aquella manera, mientras transportábamos el cuerpo de mi amado completamente inconsciente.
- Rin. – Me llamó el duendecillo. – Me alegro mucho de que estés bien. – Admitió en un hilo de voz.
Soltando las riendas con una de mis manos, estreché el cuerpecillo del demonio contra mi pecho. No quería que viera las lágrimas que tanto estaba luchando por contener. Le agradecí su preocupación en un susurro.
- ¿Hacia dónde nos dirigimos, Jaken? ¿Conoces a alguien que pueda ayudarlo?
Jaken, por primera vez, correspondió mi abrazo, rodeando mi cintura con sus cortas extremidades. Seguramente él tampoco había pasado un buen rato, y necesitaba de aquel consuelo.
- El Señor seguramente va a matarme cuando despierte, pero… Sugiero que pongamos rumbo al Oeste. – Resolvió el demonio con piel de sapo, convencido. – Vamos al hogar del Señor Sesshomaru, al palacio que perteneció en su día al gran Inu no Taisho.
En mitad del oscuro cielo nocturno, utilicé las estrellas como guía para marcar la dirección correcta.
A pesar de la evidente fatiga que presentaba Ah-Un, el cual aún no se había recuperado por completo del ataque de Kagura, la criatura sobrevoló los cielos a una velocidad envidiable. Tras horas de viaje incansable, transcurridas la noche, la mañana, y un largo mediodía, finalmente el atardecer se nos echó encima. A todos nos rugían los estómagos y estábamos agotados, pero no nos atrevíamos a quejarnos ni a sugerir hacer un alto. Sesshomaru seguía completamente inconsciente, y sin signos de que fuera a despertar pronto, por lo que debíamos darnos prisa. Bajo su cuerpo, la suave estola Mokomoko se teñía de sangre que seguía goteando lentamente de sus heridas, un recordatorio constante de que todavía no se encontraba fuera de peligro. La ponzoña seguía extendiéndose dentro de su cuerpo, y no sabía por cuánto tiempo más lograría soportarla, incluso si sus heridas superficiales parecían estar cerrándose.
Tras atravesar una escarpada cordillera, nos encontramos de bruces con una inmensa montaña, la cual nos bloqueaba por completo el camino en línea recta.
- Tendremos que rodear el obstáculo, Ah-Un. – Me dirigí a nuestra montura, dando unas amables palmadas sobre uno de sus cuellos.
- No, Ah-Un, asciende. – Me corrigió Jaken, despertándose de una de sus cabezadas de sueño ligero. – Hemos llegado, solo tenemos que subir a la cima.
Abrí los ojos como platos al darme cuenta de que el punto más alto de la montaña se perdía entre las nubes. Me daba vértigo sólo pensar en llegar hasta allí, pero no tuve más remedio que hacer de tripas corazón y sujetar con firmeza el cuerpo de Sesshomaru mientras ascendíamos al ritmo que Ah-Un podía mantener en su deplorable estado.
Tras superar la cegadora barrera de nubes, quedé impresionada por el espectáculo que contemplaron mis ojos: un enorme palacio imperial se extendía por toda la cima de la montaña, majestuoso y etéreo como si perteneciera a los mismísimos dioses.
Ah-Un descendió frente a la puerta principal, donde se encontraba apostado un elevado número de guardias y sirvientes. No mostraron ningún signo de hostilidad, como si hubieran estado aguardando nuestra llegada. En medio de todas aquellas personas con rasgos demoníacos se erguía una distinguida dama de cabello plateado con una mirada fría como el hielo. De su cuello pendía una pesada gema de color índigo, y rodeando sus hombros reposaba una esponjosa estola, prácticamente idéntica a la de Sesshomaru…
- ¡Nuestros respetos, Inukimi! – Exclamó Jaken de forma reverencial mientras tomábamos tierra frente a la imponente mujer. – Lamento profundamente habernos presentado de forma tan repentina, como podrás comprobar, se trata de una situación un tanto… Comprometida.
El pequeño demonio no tardó en descender de la grupa de Ah-Uh para presentar sus respetos, arrodillándose en el suelo, casi besando los pies de la mujer demonio. Me percaté de que todos los allí presentes poseían unas franjas de color púrpura en las mejillas similares a las de Sesshomaru, por lo que asumí que todos debían pertenecer a la misma especie. Sin embargo, la única que compartía el símbolo de la media luna sobre la frente era aquella impasible mujer.
Sin comprender muy bien cuál era la etiqueta a seguir en aquel lugar, decidí imitar el gesto de Jaken, temerosa de ofender a alguna de aquellas personas, a pesar del dolor persistente en mi caja torácica. Sin embargo, no me atreví a pronunciar ni una sola palabra para romper aquel silencio sepulcral. Tras unos segundos de tensión, la mujer apodada como Inukimi, finalmente se pronunció:
- Poneos en pie, por favor. – Ambos seguimos sus órdenes, sin rechistar. Sus ojos dorados se posaron en el cuerpo inerte del Lord del Oeste, el cual seguía rendido sobre la grupa de Ah-Un. – Muy bien, no perdamos el tiempo. Jaken, acompaña a Sesshomaru mientras sus heridas son tratadas. – Sin necesidad de dar la orden, los sirvientes a su alrededor se apresuraron a rodear al demonio que lo transportaba para guiarlo haca el interior de la fortaleza. - Me gustaría tener una palabra con esta humana.
Entonces, por primera vez, los intimidantes ojos dorados de aquella mujer repararon en mí. Permanecí completamente inmóvil mientras todos los demás se retiraban, Jaken lanzándome miradas de preocupación mientras acompañaba a su Señor. Tras la retirada de la comitiva, únicamente quedamos una pareja de centinelas, la distinguida mujer demonio, y yo.
Comencé a temblar mientras elucubraba la posible identidad de aquella persona. Después de todo, el parecido físico era innegable…
- Me da gusto poder saludarte, humana. – Me saludó en actitud jovial, aunque no por ello menos intimidante. – Mi hijo es un completo maleducado. No se presenta por aquí en décadas, y cuando se digna a aparecer lo hace acompañado de su esposa… Humana. Una completa falta de respeto hacia mi como Madre, ¿no crees?
La mujer sonreía, aunque sus ojos seguían impasibles. Algo en mi interior me decía que no se trataba de una presentación amigable, sino de un juicio del que podía salir muy mal parada si no cumplía ciertas expectativas.
Sesshomaru nunca me había hablado largo y tendido de su madre; pero me imaginé que a aquella mujer no debían de agradarle demasiado los humanos, teniendo en cuenta lo alejada que vivía de ellos, y que se había visto en la tesitura de compartir a su esposo con otra mujer de mi especie. Además, Inukimi emitía un aura tan abrumadora que hasta una simple mortal como yo podía sentir que no era buena idea hacerla enfadar. Tragué saliva antes de hablar, sintiendo la boca pastosa.
- Lamento profundamente no haber venido a presentar mis respetos antes. – Anuncié con voz ceremonial mientras inclinaba mi cabeza frente a ella. – Mi nombre es Rin. – Alcé la cabeza para encontrarme con su glacial expresión. Era imposible determinar si le estaba cayendo en gracia o no. – Sesshomaru me ha hablado maravillas de ust…
- Las lisonjas no son necesarias, humana. – Me interrumpió la mujer con una sonrisa tan falsa como aterradora. – Sé de sobra que mi desagradecido hijo no me menciona a menudo. Oh, y si lo hiciera, me extrañaría que fuera para alabarme. – Añadió, ensanchando la tensa expresión de su rostro.
Los sabios ojos de Inukimi me escrutaron en silencio mientras fruncía sus labios, delineados en un exquisito tono magenta. Por mi parte, no me atreví a desviar la mirada de ella, aunque evitaba por todos los medios el contacto visual directo. Me aterrorizaba la posibilidad de que lo pudiera tomar como un desafío.
- ¿Tienes miedo? – Me preguntó ella, sin adornos ni formalidades.
- Sí. – Respondí instintivamente, sin meditar mi respuesta. – Ahora mismo me encuentro muy preocupada por las graves heridas de Sessh… De su hijo.
Inukimi contuvo una risa, jugueteando con la gema que pendía de su cuello.
- ¿Temes por la vida de un demonio mucho más poderoso de lo que un humano podría soñar jamás? – Asentí. – Además, él se encuentra en buenas manos ahora que lo has traído aquí. En cambio, ¿qué hay de tu vida? ¿No deberías replantearte dar medio vuelta para salvarte? Te recuerdo que te hayas en uno de los nidos de demonios más grandes que existen sobre la faz de la tierra. Algunos pueden echar de menos el sabor de la carne humana. – Añadió, y supe que aquello no era una advertencia. Sonaba como una amenaza en toda regla.
Sin embargo, la mujer demonio no ganaba o perdía nada con mi muerte, por lo cual estaba segura de que la verdadera intención de la madre de Sesshomaru quería probar de qué pasta estaba hecha. No era momento para dudar. Tenía que demostrarle que, a pesar de ser una criatura mortal, merecía una oportunidad para estar al lado de su hijo. Aunque no fuese más que una insignificante humana, a su juicio.
- Incluso si mi vida peligrase, ahora mismo todo lo que me importa es saber que él está a salvo. – Afirmé, con convicción. – No me arrepentiré de haber pisado este lugar, incluso si aquí sólo me aguardase la muerte.
Aquello no era cierto del todo. Deseaba sobrevivir, y poder volver a encontrarme con la persona que amaba. Había muchas cosas que quería decirle después de lo ocurrido, pero sabía que no podía mostrarle mis miedos mortales a aquella implacable mujer demonio. Después de todo, ella podría acabar conmigo en un solo instante si así lo decidía. Tenía más certeza que nunca de aquello tras haber sido testigo de la agilidad de Sesshomaru en combate. Sus reflejos eran tan rápidos que yo podría estar muerta antes de haberme percatado de su ataque siquiera.
Ante mi respuesta, Inukimi curvó sus labios una vez más, aunque esta vez, la sonrisa alcanzó sus ojos.
- Interesante. No está nada mal tu determinación. – Dijo para sí misma en un ronroneo. – Dejad pasar a la humana, y llevadla hasta la clínica para revisar su condición física. También parece estar herida.
El tembleque abandonó mi cuerpo cuando observé a la madre de Sesshomaru darme la espalda. Luché por no desvanecerme allí mismo, casi sin fuerzas para continuar en pie. Aún no podía permitirme mostrar debilidad después de haber pasado aquella prueba. Después de todo, había conseguido que la madre de Sesshomaru no pareciese disgustada por mi presencia. Inukimi se retiró con un paso tan ligero y elegante que parecía que levitase sobre el suelo.
Cuando ella hubo desaparecido en el interior de la fortaleza, uno de los centinelas apostados en la puerta, de pelaje parduzco, me acompañó hacia el interior, donde no habitaba un alma. A pesar de que apenas acababa de ingresar al pabellón, Inukimi se había desvanecido sin dejar rastro, como si solo hubiese sido un fantasma, o una vívida ilusión.
El centinela me guio en silencio mientras recorríamos los diferentes jardines exteriores y pasillos. Durante el trayecto, sentía cada vez más miradas indiscretas dirigidas en mi dirección. Según nos adentrábamos en el complejo, logré avistar varias personas parecidas a Sesshomaru, de la misma especie, todas y cada una de ellas con su completa atención puesta en mí. Me preguntaba si habría demonios allí que jamás hubiesen visto a un ser humano. Todos los habitantes de la fortaleza vestían prendas elegantes, y no mostraban una actitud hostil, aunque el inquietante silencio que reinaba en aquel lugar me ponía los pelos de punta. Me sentía observaba por centenas de ojos, incapaz de sacudirme la sensación de alarma. Hubiera agradecido infinitamente tener alguna cara amiga conmigo en aquel momento.
Finalmente, el guardia se detuvo frente a un edifico del ala este, muy cercano al que parecía el bloque central, por su alta estatura y dimensión.
- Asami, la Señora requiere que examines a esta mujer humana. – Fue toda la explicación que dio el soldado tras correr el shoji hacia un lado.
- ¡Hazla pasar! – Le respondió una animada voz desde el interior.
Accedí al interior con cautela. Dentro de la habitación, me esperaba una joven de cabello azabache, aunque su aniñado rostro me hacía pensar que podíamos tener la misma edad. Sus mejillas estaban cruzadas por las distintivas líneas moradas que tan familiares me resultaban.
- Encantada de recibirte, humana, soy Asami. – Se presentó la chica, sosteniendo un mortero entre sus manos.
Allí dentro olía a hierbas y otras sustancias que no fui incapaz de identificar. Seguramente estaba confeccionando medicinas, su mesa de trabajo me recordaba a la de la anciana Kaede.
- H-Hola… - Le respondí, reservada. – Mi nombre es Rin.
- Estupendo, Rin. – La muchacha me dedicó una amable sonrisa antes de dejar sus instrumentos sobre el escritorio. – Quítate la ropa para que pueda examinarte, si eres tan amable. ¿Necesitas ayuda?
Negué con cabeza, aunque no pude evitar dejar escapar un quejido al estirar mis brazos hacia atrás. Me dolía el pecho. Mucho más de lo que había sido consciente hasta aquel momento, en el cual por fin había podido relajarme un poco. La chica entonces se dirigió hacia mí y me ayudó a deshacerme de todas mis capas de ropa. Incapaz de sentir pudor alguno por el agotamiento, apenas me inmuté cuando su mirada se clavó directamente en mi cuerpo. Había un llamativo moretón a la altura de mi estómago, el lugar donde Naraku me había golpeado con fuerza. No debería haberme extrañado que me costase tanto respirar, tras haber recibido un impacto tan contundente, pero había estado demasiado preocupada por la vida de Sesshomaru como para haberme dado cuenta.
- Recuéstate sobre la camilla, por favor. – Me pidió la chica, señalando la plataforma horizontal de madera en medio de la habitación.
Seguí sus órdenes moviéndome despacio, cada vez más consciente del agarrotamiento de mis músculos, y de la pesada sensación de sueño tras haber pasado toda la noche sin haber pegado ojo.
La doctora palpó mi torso con cuidado desde la parte baja del abdomen, en dirección ascendente. Apenas alcanzó la zona amoratada, no pude evitar tensarme, apretando los dientes. Traté de dejarla hacer todo lo posible, pero mi cuerpo no pude evitar contraerse de dolor cuando sus manos presionaron sobre las partes más oscuras de aquella desagradable mancha púrpura.
- Hm… Parece una fisura. – Murmuró para sí misma Asami. – Sé que duele, perdona, dame un momento… - La chica comprobó con la mayor delicadeza que pudo todas y cada una de mis costillas, haciéndome morderme el labio mientras aguantaba las lágrimas. – No. Son dos. Lo demás, a siempre vista, parece estar bien… Siéntate.
Dejé que mis piernas colgasen de uno de los lados de la plataforma, cuando la doctora me ayudó a incorporarme con amabilidad. Entonces me mostró su dedo índice.
- Vale, sígueme, ¿de acuerdo? – Su mano de movió de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo, y por último, desde su pecho hasta la punta de mi nariz. – Hmm… Los reflejos son un poco lentos, pero imagino que entra en los valores normales para un ser humano. – Reflexionó para sí misma en voz alta. - Ponte de pie. – Me pidió, y se colocó a mis espaldas. – Cierra los ojos y estira los brazos en cruz. – Tan pronto como seguí sus instrucciones, sentí una pérdida de equilibrio que me hizo dar un ligero traspié, más no fue necesario que ella me sujetase para mantenerme en pie. – Vale... Aparte de ese golpe tan feo que tienes, no parece que sea nada grave. – Anunció la chica, satisfecha con su diagnóstico.
Asami me ayudó a vestirme mientras me preguntaba por los componentes de los medicamentos humanos. Parecía preocupada por los ingredientes que contenían sus remedios, y que pudieran ser contraproducentes en mí. En otro momento, quizás hubiera podido encontrar una solución poniendo en práctica los conocimientos que había obtenido de Kaede, pero no podía pensar con claridad, sentía el cerebro hecho papilla. Tampoco tenía el libro de sus recetas conmigo para consultarlos, pues debían seguir en las alforjas de Ah-Un.
- No estoy muy segura de que sea buena idea darte ninguna de mis medicinas, entonces… - Resolvió la chica con amargura. – Tendremos que dejar que sea tu propio cuerpo el que sane por sí solo, a su ritmo.
- Está bien, muchas gracias por tu ayuda. – Le respondí, con voz débil- Ahora me gustaría descansar un poco… ¿Tienes algo de ropa para cambiarme? Me gustaría darme un baño, también…
Aunque antes que nada quería ver a Sesshomaru, y comprobar si se encontraba bien, sospechaba que iba a ser complicado localizarlo dentro de aquella inmensa fortaleza. Y tampoco sabía si me permitirían encontrarme con él, tratándose del Señor del castillo, ¿verdad…? No tenía muy claro cómo iba a ser las cosas a partir de aquel momento.
Mientras cavilaba en silencio, la joven demonio con mucho gusto me tendió un sencillo yukata blanco, que seguramente empleaba para cambiar de vestimenta los pacientes que llegasen en peores condiciones que yo. Le sonreí, conmovida por su amabilidad.
- Algunas habitaciones disponen de baños privados, pero en el caso de que tu alcoba no lo dispusiese, puedes visitar el onsen central, es de uso público. – Me informó. – Aunque no me gusta la idea de que te bañes sin nadie que te asista. Ya que no puedes tomar medicamentos, deberías reposar todo lo posible.
- Pediré ayuda… Muchas gracias.
Antes que mi propia recuperación, me preocupaba mucho saber dónde se encontraba Sesshomaru, aunque no me atreví a preguntarle a la desconocida, por si la ponía en una situación comprometida. Tampoco sabía si sería muy mal visto preguntar por los aposentos del Lord del Oeste, o quiénes dispondrían de aquella información.
La chica demonio me acompañó hasta la puerta, prestándome su hombro para ayudarme a caminar, a pesar de que insistí en que podía hacerlo por mi propio pie. Al salir de la consulta, me encontré con la agradable sorpresa de que Jaken me esperaba fuera, acompañado de un centinela. Asami me despidió con una cortés reverencia y regresó al interior del edificio.
- ¡Rin! – Exclamó, visiblemente alegre por verme. - ¿Te encuentras bien? ¿Qué te ha dicho la curandera?
- Estoy bien, Jaken, sólo… Dime cómo se encuentra Sesshomaru. ¿Puedo verle?
La expresión del pequeño demonio se ensombreció con aquella pregunta. No parecía muy seguro de cómo responderme.
- Se recuperará, Rin, no te preocupes. Respecto a encontrarte con él… - Lanzó una mirada inquisitoria al soldado que le acompañaba. – Veremos lo que podemos hacer.
Afortunadamente y contra todo pronóstico, Inukimi nos había autorizado tanto a Jaken como a mí para visitar la alcoba de Sesshomaru, por lo que fui conducida hasta sus aposentos sin mayores contratiempos. Al abrir las puertas de la habitación, lo único que llamó la atención de mis ojos fue la cama situada en el lateral izquierdo de la sala, donde se encontraba el demonio acostado. El lecho estaba completamente acolchado por un suave pelaje blanco, similar al de la mokomoko, y el demonio yacía boca arriba, ataviado con un sencillo kimono inmaculado.
Con cuidado de no hacer ruido, dejé mi cambio de ropa para más tarde sobre una mesa al fondo de la estancia, y regresé al lado de Sesshomaru, observándole desde el borde de la cama. La expresión de su rostro era de absoluta calma. Mi corazón se encogió al ser testigo del delicado aleteo de sus pestañas, justo antes de que abriese los ojos.
- Rin… - Musitó mientras sus somnolientos ojos dorados me observaban. – Estás aquí.
Tomé asiento en el borde de la cama, justo a su lado.
- Sesshomaru… - Le llamé, tentada de acariciar su rostro.
Mi mano se detuvo a medio camino en el aire cuando él contestó de sopetón:
- No. – Dijo, aún adormecido. – Llámame como lo hiciste antes…
Abrí los ojos sorprendida, sin comprender aquellos delirios.
- ¿A qué te refieres? – Balbuceé, confundida.
- "Amor". – Susurró, entrecerrando los ojos. – Quiero que me llames así otra vez.
Supuse que debían haberle suministrado unos potentes analgésicos para el dolor, motivo por cual actuaba de aquella forma tan impropia de él. Aunque no podía negar que me enternecía verlo actuar de forma tan abiertamente cariñosa. Podía llegar a acostumbrarme.
- Mi amor… - Musité, recorriendo las marcas moradas de su mejilla con mis dedos. – Me alegro de te encuentres mejor.
Al sentir el tacto de mis dedos contra su piel, el demonio pareció salir del trance en el que se hallaba sumido. La temperatura de su rostro ascendió en un instante, mostrando un casi imperceptible rubor. El demonio carraspeó, avergonzado. Seguramente se había dejado llevar por estar demasiado adormecido.
- Sí, yo estoy bien… - Respondió, esquivando mi mirada con su expresión más estoica, tratando de fingir que su actitud tierna al despertar nunca había ocurrido. - ¿Y tú, Rin?
Al escuchar aquella pregunta, comencé a evaluar todo lo que había ocurrido en las últimas horas… y me di cuenta de me sentía agotada. Había mucho que digerir, desde el momento en el que Kagura y Kohaku me había secuestrado… Pero decidí que descansaría un poco antes de asentar de todo aquello en mi cabeza.
- No se preocupe por mí, me encuentro perfectamente. – Respondí, con una sonrisa, pues no deseaba preocuparle. – Voy a darme un baño y a dormir un poco, es lo que más necesito.
Ya podríamos hablar de todo cuando él se hubiera recuperado un poco, pensé para mis adentros. Sin embargo, el demonio se incorporó, sentándose a mi lado.
- Me gustaría acompañarte, si te parece bien. – Dijo mientras sus ojos estudiaban mi rostro con atención.
Alargó el brazo para recolocar un mechón de mi melena por detrás de la oreja. Se trataba de un gesto muy familiar por lo que me ayudaba a sentirme más tranquila.
- Deberías descansar, Sesshomaru. – Rechacé su ofrecimiento, posando las manos sobre su pecho, tratando de devolverlo a la cama. – Estabas muy malherido.
El demonio se mostró ofuscado por mis palabras. Entonces, con un sencillo gesto, aflojó el nudo de su obi para descubrir su pecho, dejando la prenda caer ligeramente a ambos lados de sus hombros. Acto seguido, deslizó los dedos bajo la venda que le cubría el abdomen para tirar de las cintas sobre su cuerpo hasta quebrarlas.
- Los demonios sanamos mucho más rápido que los humanos, Rin. No supone ningún perjuicio para mi salud ponerme en pie.
Al caer los vendajes, quedó expuesta su herida, la cual se encontraba completamente cicatrizada, cubierta por una oscura costra. Aquel proceso hubiera tomado varios días en cualquier otra persona normal, pero él había logrado alcanzar aquel estado en un período inferior a un día. De hecho, en aquel momento tuve ocasión de cerciorarme que no estaba soñando cuando le había visto recuperar el brazo izquierdo bajo el control de niña de cabello albino. La extremidad estaba justo allí, rellenando la manga que llevaba tanto tiempo observando caer lánguida junto a las costillas del demonio. Quedé sin palabras ante aquella increíble capacidad de recuperación.
Era innegable que su condición era bastante estable, casi incluso mejor que la mía, y pensé que siempre y cuando no realizase ningún movimiento brusco, era poco probable que se hiciera daño de nuevo. Sin embargo, aunque su condición física ya no fuera una excusa válida, no podía simplemente acceder…
- Aun así, estaré bien, de verdad. No necesito ayuda… - Insistí.
Después de todo, seguramente se preocuparía si veía el horrendo moretón bajo mi pecho. Me preocupaba que, al verla, incluso se le pudiera pasar por la cabeza hacer alguna locura antes de acabar de recuperarse.
- Sé que no es necesario. – Admitió, acariciando mi barbilla. – Pero me gustaría que no me mintieras respecto a tu condición. – Le rehuí la mirada por un momento, a sabiendas de que había dado en el clavo. – Has pasado por mucho en apenas un día, y no quiero que estés sola en este momento. - Hizo una breve pausa, esperando alguna reacción por mi parte, aunque yo no me moví ni emití sonido alguno. - ...Sin embargo, si deseas negarte, estás en tu derecho de hacerlo, pues se trata de tu privacidad. Pero no tienes que esforzarte en fingir que todo está bien, Rin. Al menos, no me gustaría que sientas la necesidad de hacerlo cuando estés conmigo.
Devolví finalmente la mirada a sus ojos dorados, que esperaban pacientemente por mi respuesta. Él siempre conseguía leer a través de mí como un libro abierto, disipando mis reservas. Tenía razón, no debería haber motivo alguno para ocultarle la verdad, incluso si no quería hablarlo en profundidad en ese momento.
- Tienes razón. Aunque lo cierto es que… han sucedido muchas cosas. – Admití, en un trémulo hilo de voz. – Y estoy agotada, me gustaría descansar antes de hablar sobre todo ello.
Su mano se posó sobre la mía delicadamente.
- Entiendo.
Sentí un agradable cosquilleo producido por el roce de sus garras contra mis nudillos, reconfortante. El demonio no intentó insistir más, simplemente permaneció a la espera de mi próxima acción con calma.
Confiando en sus cálidas palabras, accedí a que el demonio me escoltase hasta el baño privado que se encontraba anexado a su alcoba. Dentro de la estancia, burbujeaba una amplia tina con agua tibia. No estaba segura de cómo mantenía el calor, pero parecía obra de algún tipo de magia demoníaca, sin duda.
Una vez allí, le pedí a Sesshomaru que me ayudase a desprenderme de mi ropa, cubierta con algunas manchas secas de su sangre. Después de haber visitado la clínica de Asami, era más consciente de que no podía desvestirme yo sola. Al menos, no sin dolor. El poderoso demonio aceptó aquella petición de buen grado, y llevó a cabo su asistencia con delicadeza suprema. Sus enormes manos apenas rozaban mi cuerpo, retirando cada capa de ropa con cuidado. Sin embargo, cuando más cerca me encontraba de la desnudez, más ansiosa me volvía, temerosa de su reacción.
- Sesshomaru… - Le llamé, aún dubitativa.
El demonio se detuvo en seco, dejándome con la última prenda de ropa recubriendo mi cuerpo. El color de mis pezones se filtraba a través de la tela; por fortuna, el de la herida no lo hacía, al no encontrarse pegada a la tela. Tragué saliva, con la boca reseca por el miedo. Respiré hondo. Si se lo explicaba, sabía que podía atender a razones, incluso si brotaba en él el impulso de acabar con Naraku en el mismo instante en el que supiera lo que había hecho. Confiaba en que Sesshomaru había dicho que no me dejaría sola en aquella situación.
- Necesito que… Veas lo que veas… Me prometas que no pensarás en hacer nada imprudente al respecto. – Le pedí, casi en tono suplicante. – Por favor.
El demonio meditó su respuesta mientras sus ojos vagaban por unos instantes.
- Asumo que lo que sea que haya ocurrido no va a gustarme nada, pero…. Tienes mi palabra. – Prometió con solemnidad. – Ya me he mentalizado para ello.
Me partió el corazón pensar que lo hubiera estado sospechando todo este tiempo. ¿Acaso tenía más poderes que desconocía que le hubieran permitido darse cuenta?
- ¿Lo sabías? – Musité en voz baja.
Sesshomaru recorrió mi cabello con sus dedos hasta posar las manos sobre mis hombros, con dulzura. A pesar de que era una cabeza más alto que yo, se agachó para que sus ojos quedasen frente a los míos sin que yo tuviera que alzar la barbilla. Su mirada parecía calmada, aunque pude adivinar que se estaba esforzando por contener las emociones más violentas a raya.
- Sí, me lo intuía. - Admitió, con pesar. - Porque, en primer lugar, me resultó extraño que no te hubieras lanzado a abrazarme apenas recuperé el conocimiento. Por eso mismo pensaba que estaba soñando cuando te he visto al principio. – Explicó, en tono neutral. - Pero después, también me percaté de que la postura de tu torso era demasiado rígida, por lo que había una alta posibilidad de que tuvieras algún tipo de herida.
Dejé escapar una sonrisa tristona, aunque conmovida. No podía ocultarle nada, no solamente debido a sus poderes como demonio, sino gracias a sus desarrolladas capacidades de observación y análisis. Sentía que le había subestimado en esta ocasión.
- Lamento no haberte dicho la verdad desde un inicio. – Me disculpé, con una punzada de culpabilidad en el pecho.
- Comprendo cuáles eran tus motivos, Rin. No te disculpes. – Me reafirmó con ternura.
El Lord del Oeste permaneció quieto entonces, esperando a que fuese yo quien decidiese cuándo estaba preparada para mostrarle mi desnudez al completo. O quizás, incluso barajaba la posibilidad de que le pidiera retirarse. Yo me sumergí en el recuerdo, tratando de mentalizarme de lo que le iba a mostrar. Al llevarme mi mente de vuelta al momento de la agresión, me di cuenta de que me aterrorizaba solo pensar en la presencia del medio demonio Naraku a apenas un paso de mí. Su retorcida sonrisa, la lascivia de su boca sobre la mía, y cada una de las crueles palabras que escupía casi sin pestañear... Mientras que la cercanía del demonio purasangre frente a mi me suscitaba la misma paz que cuando uno regresa al hogar. Aquellas dos imágenes contrapuestas me hicieron recuperar la calma. Sabía que ya no tenía nada que temer, a pesar de fuera a mostrarme completamente vulnerable frente a él. Sesshomaru se había convertido en mi refugio. Jamás volvería a hacer nada que pudiera asustarme.
Confiaba en él.
Ante la cauta mirada del demonio, decidí ser yo misma quien me despojase de la última capa de ropa, dejándola caer alrededor de mis pies. Apreté los puños a ambos lados de mi cuerpo, tensa ante su posible reacción.
Sesshomaru hincó entonces una rodilla en el suelo para observarme con detenimiento, sin ningún tipo de reparo. Alzó su brazo para recorrer con sus garras los bordes de la oscura marca púrpura que se extendía bajo mi pecho, produciéndome un cosquilleo.
Logré vislumbrar en ese momento el temido atisbo de furia en su mirada. El demonio parecía tratar de memorizar cada centímetro amoratado de mi piel, decidiendo para sí mismo cómo hacer pagar al agresor por sus fechorías. Lejos de sentirme reconfortada, la intensidad de su mirada me hacía demasiado consciente del feo estado de mi cuerpo, por lo que crucé los brazos sobre mi cuerpo para cubrirme. Sesshomaru retrocedió, consciente de su error.
- No pretendía incomodarte. – Se disculpó en un susurro. – ¿Te duele?
- Mientras no presiones la zona, no. Estoy bien. - Le aseguré con la mayor firmeza que pude.
El demonio asintió, poniéndose en pie nuevamente.
- No haré más preguntas al respecto por hoy. - Aseguró.
Le di las gracias en voz baja, dándole la espalda. Me dirigí hacia la tina para sumergirme en las cálidas aguas, exhalando un suspiro. Mi cuerpo, más tenso de lo que me había imaginado, agradeció infinitamente aquel remanso de paz que tanto necesitaba.
Sesshomaru se agachó a mi lado, desde fuera de la tina, con varios frascos en las manos. Una vez posicionado, vertió el contenido de uno de ellos sobre su palma y comenzó a enjabonar mi cuerpo cuidadosamente.
- P-puedo hacerlo yo sola… - Su tacto me hacía sentir un agradable cosquilleo, aunque no podía evitar sonrojarme debido a su asistencia.
- Lo sé. Pero quiero hacerlo por ti. Déjame cuidarte.
Su boca depositó un tierno beso sobre mi frente mientras sus manos recorrían mi cuerpo, despacio. Aquel dulce gesto, completamente impropio de un demonio como él, me transmitió una inmensa tranquilidad.
- Gracias. – Accedí para dejarme hacer, finalmente.
Las caricias de Sesshomaru eran suaves, y su tacto se volvía aún más cuidadoso apenas entraba en contacto con el área de mi piel visiblemente dañada. En otro contexto, sabía que habría encontrado aquella situación altamente estimulante, más no aquel día. En ese momento, me dejé mimar por las manos de aquel poderoso demonio mientras me deleitaba con los agradables aromas que despedían las lociones limpiadoras que empleaba en mí. Las caricias viajaron desde mi torso hasta las puntas de mis dedos, así como más tarde descendieron por mis muslos hasta las plantas de los pies.
Una vez hubo enjabonado mi cuerpo, el Lord del Oeste vació un pequeño balde de agua sobre mi cabeza para humedecer mi cabello, y acto seguido comenzó a desenredar mis mechones con sus garras, cuidadosamente. Aplicó entonces sobre mi cuero cabelludo una nueva loción con un olor más dulce, afrutado. Dejé caer la cabeza hacia atrás, adormilada por sus cuidados. Él se tomó muy en serio la labor de enjuagar y secar mi cuerpo, casi sosteniendo todo mi peso entre sus brazos. Yo me sentía flotar, envuelta en el olor a limpio y la cálida sensación de ser consentida de aquella manera.
Tras vestirme con el kimono limpio que me había facilitado Asami previamente, Sesshomaru me transportó hasta su lecho para depositarme con cuidado sobre la cama. Apenas se recostó a mi lado, estiré los brazos hacia él para acurrucarme junto a su cuerpo.
- Descansa, Rin. – Musitó contra mi sien, deseándome un pacífico sueño.
- No, "Rin" no. – Le reproché con tono infantil, descansando la cabeza sobre su hombro. – Yo también quiero que me llames por un apodo cariñoso…
Las comisuras de los labios del demonio se curvaron en el tímido intento de una sonrisa.
- Buenas noches, esposa mía.
Notas: Tanto cuando lo escribí como cuando lo he releído para corregir errores, el final de este capítulo me deja una sensación muy cálida y reconfortante :') Ha quedado tan tierno como pretendía, ay.
Espero que os haya gustado tanto como a mí.
Dado que este capítulo ha sido un poco denso a nivel de historio (al menos desde mi punto de vista), el próximo debería ser un poco más liviano, nuestra pareja favorita se merece un descanso después de todo lo que han pasado, ¿no creéis?
Por cierto, también creo que estoy sensible gracias a los comentarios tan bonitos y llenos de cariño que me habéis dejado algunas personas ;_; muchísimas gracias, no sabéis cómo me hace sentir veros expresar cosas bonitas por esta historia. No quepo en mi de ilusión cuando leo algo así 3
En fin, tras esta chapa sentimental me despido, ¡hasta dentro de dos semanas! ¡Gracias por el apoyo!
