Notas: Hoy vengo cargadita de romanticismo, y es que hace un año que empecé a escribir esta historia… Me parece increíble.
La verdad es que nunca antes había sido tan constante con ninguno de mis escritos, y creo que el feedback que he estado recibiendo ha sido el combustible que ha mantenido viva mi ilusión todos estos meses 3 Gracias de corazón.
Cuando abrí los ojos en medio de la penumbra, me encontré envuelta entre los firmes brazos de Sesshomaru. Aún adormecida, hundí el rostro en la curva de su cuello, tratando de descansar un poco más, con mi cuerpo completamente lacio. Todavía me sentía sin fuerzas, y la habitación se encontraba a oscuras, por lo que debían de ser altas horas de la noche o la madrugada. Así que podía permitirme dormir un poco más…
Sin embargo, a pesar del agotamiento, me encontré con que era incapaz de conciliar el sueño por más tiempo en aquella posición. Mientras permanecía tumbada de costado para abrazar al demonio, mis costillas protestaban por la presión a la que se veían sometidas por culpa de las fisuras que había diagnosticado Asami.
En aquel momento, aunque reticente, no tuve más remedio que convenir que lo mejor para calmar el dolor sería tumbarme boca arriba. Un débil quejido escapó de mis labios mientras trataba de recolocarme con el mayor sigilo posible, para no despertarle.
- ¿Te encuentras bien? – Musitó la ronca voz de Sesshomaru.
A pesar de mis precauciones por perturbar su descanso, él no sonaba para nada adormecido. Sus ojos me observaban desde las sombras, completamente fijos en mí. Me tranquilizó un poco pensar que no le había sacado del sueño con mis torpes movimientos.
- Sí… - Respondí, tratando de calmar su preocupación. – Me duele un poco el pecho por la postura en la que me quedé dormida… - Expliqué, incapaz de ocultar mi propia decepción.
Él exhaló un suspiro, perezoso. Se le veía tan cómodo que casi me sentí mal cuando se incorporó sobre un codo para hablar conmigo mientras estudiaba mi expresión:
- Te ves triste. – Señaló, observador.
- Sabes que… M-me gusta sentirle lo más cerca posible por las noches… - Admití, avergonzada.
¿Acaso sonaba demasiado dependiente? ¿O me reprendería por descuidar mi salud por algo tan insignificante? En cambio, Sesshomaru me sugirió en voz baja, como si no quiera perturbar la calma de la noche:
- Entonces… ¿Estarías bien si soy yo quien te abraza a ti?
Asentí, complacida ante su ofrecimiento. Sesshomaru me rodeó entonces con sus brazos, pasando uno por detrás de mi cuello, y el otro sobre mi abdomen. Su mano alcanzó la mía una vez me hubo capturado contra su cuerpo, entrelazando sus dedos con los míos. Me atrajo con suavidad hacia él, asegurándose de su calor era transferido a través del cercano contacto.
- ¿Duele?
- No. – Respondí, animándome a darle un breve beso sobre el mentón. – Gracias.
Una vez más, el demonio parecía no saber cómo corresponder del todo aquellas muestras de afecto repentinas. Incapaz de procesar ninguna respuesta, optó por dejarme descansar mientras su rostro reposaba junto a mi sien. Mis párpados comenzaron a entrecerrarse casi de inmediato al sentirme arropada por sus brazos. Ambos… De ellos, sí.
Aquel pensamiento me hizo salir del aletargamiento, dirigiendo mi atención a la extremidad que se extendía bajo su manga izquierda. A pesar de haberme percatado con anterioridad, aún me costaba asimilar que había regresado. Estiré los dedos para rozar su mano izquierda, entrelazada con la mía, cerciorándome de que no se trataba de un sueño. Su brazo había vuelto, definitivamente.
- Es increíble que hayas podido recuperarlo. – Musité. – ¿Siempre has tenido el poder para hacerlo, pero no sabías cómo?
El demonio apretó con ternura sus dedos sobre mis nudillos.
- No estoy muy seguro de cómo ha sucedido. – Me reconoció él, con pesar. – Sospecho que fue la fuerza de mi padre la que me auxilió.
La expresión de Sesshomaru se volvió melancólica. Parecía tener sentimientos encontrados al hablar sobre él.
- Ya sabía yo que su padre se preocupaba mucho por usted. – Comenté, tratando de sacarle una sonrisa. – Incluso desde el más allá, jamás permitiría que le pasase nada malo a su hijo.
Él me estrechó con cuidado contra su cuerpo, añadiendo:
- Lo más importante es que su intervención me haya permitido protegerte.
Le lancé una mirada llena de incredulidad.
- ¿Temiste por mí? – Balbuceé, extrayendo aquella extraña conclusión de sus palabras. – Pero… Si el que se encontraba herido de gravedad eras tú, y fue por mi…
- No te atrevas a decir que fue por tu culpa. – Intervino él con tono cortante, dejándome sin habla. – Eso es justo lo que Naraku quería, que te atormentases de por vida con ese pensamiento. Tú sólo has sido una víctima que se ha visto en medio de todo esto… Así que no se te ocurra pensar algo así.
Me giré para observar la expresión de Sesshomaru. Se trataba de la misma mirada que me había dedicado tras que yo hubiera clavado la tachi en su cuerpo. Sus ojos dorados reflejaban una consternación profunda. Pensé que en el aquel momento él se había sentido desesperado mientras trataba de encontrar una manera de salir de aquella, y recién me estaba dando cuenta de que su mayor preocupación siempre había sido cómo su muerte podría haberme traumatizado. Había logrado salvar no sólo mi cuerpo, sino también mi alma.
Alargué el brazo para acariciar sus mejillas, siguiendo la dirección de las líneas moradas sobre su rostro.
- Eres demasiado amable, Sesshomaru. Para preocuparte antes por mí que por ti en esa situación… – Murmuré.
Por supuesto, el demonio fue incapaz de aceptar aquel cumplido.
- Fue egoísmo puro. – Me aseguró, frunciendo el ceño. – No podía soportar la idea de convertirme en la razón de que el corazón de mi esposa se nublase para siempre por la culpa de algo que no le corresponde.
El rubor ascendió por mi cuello hasta colorear mis mejillas. También me había llamado así antes de quedarme dormida, aunque no había tenido fuerzas para preguntarle entonces…
- Tú… ¿Sigues pensando en mí como tu esposa?
Me miró extrañado.
- Jamás hemos hablado de anular nuestro compromiso, así que… Nunca he dejado de considerarte de esa manera. – Admitió, mostrándose algo desconcertado. - ¿Ha sido un error por mi parte asumirlo?
- N-no es eso. – Repliqué. – No estaba muy segura de en qué posición nos dejaba todo lo que ha ocurrido…
Sesshomaru acarició mi mejilla con sus nudillos mientras se inclinaba sobre mí.
- ¿Sigues deseando que sea tu esposo, pues? – Me interrogó, acariciando mi rostro con sus pulgares.
- Por supuesto. - Admití, con la voz tomada por la emoción.
Con aquella certeza, todo se sentía mucho más claro. A pesar de que habíamos pasado por tanto, nuestro vínculo se sentía inquebrantable. Seguíamos siendo marido y mujer. Ese pensamiento me hizo tan feliz que no pude contener una sonrisa. Tan emocionada como estaba, sentí unas lágrimas de emoción comenzar a rodar por mis mejillas, aliviando un gran peso en mi corazón.
- ¿Por qué… lloras? – Preguntó él, confundido.
- E-es que… Estoy muy feliz. – Balbuceé.
La expresión de Sesshomaru se suavizó.
- Si ese es el caso, deberías sonreír, Rin. – Murmuró con ternura.
Entonces su boca descendió entonces sobre la mía, calmando mi llanto con la suavidad de su piel. Yo le correspondí el beso de forma afectuosa, capturando su labio inferior entre los míos por un momento. Sesshomaru no opuso resistencia, dejándose llevar por mis lentos y torpes movimientos. Cuando nos separamos un instante y nuestros ojos se encontraron, le mostré una genuina sonrisa. Él era un demonio, pero se comportaba de forma más dulce que cualquier ser humano que hubiera conocido jamás. Tampoco había sido testigo de una mirada que rebosase tanto afecto como la suya cuando me observaba con aquella adoración, justo después de haber compartido un sencillo roce entre nuestras bocas.
El demonio se inclinó nuevamente, y extendió su lengua para recorrer mis labios despacio. Aquel contacto me instó a abrir la boca, permitiéndole el paso sin oponer resistencia alguna. Me apoyé sobre mi costado para tratar de atraerle, tirando de su kimono hacia mí. Su mano presionó con firmeza mi abdomen, obligándome a permanecer contra el lecho para evitar que forzarse mis costillas una vez más. Mordí su labio a modo de protesta, rodeándole con mis brazos para que se colocase sobre mí. Deseaba que permaneciese lo más cerca que fuese posible.
El demonio, contrario a mis deseos, retrocedió ligeramente mientras se aseguraba de que mi torso seguía contra la cama.
- Aún sigues herida. – Me recordó con pasión contenida en la voz. – No sería prudente ir más allá.
- Pero… - Comencé a protestar, en un hilo de voz. – Yo deseo esto, y no creo que haya problema si lo hacemos con cuidado... – Admití, sonrojándome. - ¿Tú no quieres, Sesshomaru?
Él dejó escapar un suspiro, conteniendo sus emociones. Por mucho que tratase de aparentar indiferencia, su respiración se encontraba tan agitada como la mía.
- No se trata de eso. – Replicó, con la voz ronca. - Sigo pensando que puede ser peligroso para tu condición…
Ignorando por completo las objeciones del demonio, bajé la vista para lograr distinguir entre las sombras de la noche la prominente muestra de su deseo. Tanto la mirada como la voz de Sesshomaru eran prueba más que suficientes de que se sentía como yo, pero comprobarlo de forma tan tangible era casi conmovedor. Me hacía feliz que nos sintiésemos de la misma manera… Incluso si sólo habíamos compartido besos y nada más.
- Si los dos lo deseamos… - Musité, tratando de deshacerme del pudor que atenazaba mi garganta. – No veo por qué deberíamos privarnos de amarnos. Simplemente, podemos ir despacio...
La expresión del demonio se volvió tierna. Alcanzó mi mejilla con sus garras, dibujando círculos lentamente sobre ella sin clavarse en mi piel. El Lord del Oeste se encontraba suficientemente cerca como para besarme, pero su mente parecía en otro lugar.
- Si fuera tan sencillo como eso, Rin…
Su aliento sobre mi piel me produjo un cosquilleo. Aquel ronroneo contra mi oído prometía una noche de oscuro placer, a pesar de sus reservas. Había pasado mucho tiempo, pero mi cuerpo todavía recordaba los momentos íntimos en aquel castillo que ahora se antojaba tan lejano. El parecido de aquel lecho con el que habíamos compartido tras nuestra unión en matrimonio me traía de vuelta a aquellos tiempos… A aquellas cosas que no habíamos tenido ocasión de volver a disfrutar, dadas las circunstancias. Pero allí me sentía protegida y a cubierto, completamente a solas con el hombre que amaba…
¿Acaso había ocasión mejor que aquella para volver a experimentar aquellas sensaciones?
- Creía recordar que deseabas que yo tomase la iniciativa… - Musité, con las mejillas encendidas. – Pero, después de todo… ¿Es mejor que no lo haga? – Añadí, insegura ante la distancia que no dejaba de poner entre nosotros.
Su expresión delataba un silencioso gruñido. La parte más salvaje de él, la que había estado ocultado por no exacerbar mis miedos, parecía estar despertando en su mirada. Sin embargo, un instante apenas me hubo mostrado la intensidad de su mirada, el demonio me liberó de su abrazo, extendiendo la brecha física entre nosotros.
- No tiene nada de malo que me expreses lo que deseas, sin embargo… Es una situación complicada. – Se excusó con tono amargo. – Será mejor no hacer nada imprudente hasta que te recuperes.
Giré sobre mí misma para tratar de recuperar terreno, acercándome nuevamente a él.
- Pero… - Repliqué, nada dispuesta a rendirme. – Yo te deseo, Sesshomaru. – Murmuré, mirándole directamente a los ojos en un patético intento de seducción. – Más que a nada ni nadie en este mundo.
Conteniendo la respiración, el demonio se apresuró a detener mi avance, reteniéndome con suavidad del antebrazo.
- No. – Gruñó con voz ronca.
Sesshomaru medía tanto su fuerza que, a pesar de su intervención, pude seguir acercándome a él sin inconveniente. Su resistencia no era real. Sólo su cabeza parecía estar negando lo que deseaba. Aún a sabiendas de que aquello no estaba bien, alargué el brazo para tocar tímidamente el bulto creciente en su pantalón. El cuerpo del demonio se tensó ante mi contacto.
- ¿"No" por qué? – Le pregunté, recorriendo con las yemas su longitud. – Si es porque no quieres, me detendré en este instante.
- Sabes muy bien… Que no se trata de eso. – Masculló, dejándose hacer dócilmente. – Es por tu…
- No me utilices como excusa. – Le pedí. – No quiero que decidas por mí lo que me conviene o no.
Su respiración comenzó a volverse agitada de nuevo. Sus ojos me observaban suplicantes, como jamás los había visto. Sumado a aquella inusual reacción, el demonio parecía reacio a apartar aquella mano que rozaba su virilidad, a pesar de que podía detenerme con facilidad en cualquier momento. Parecía mucho más sensible que en otras ocasiones, como si hubiera acumulado tanto deseo que no pudiera hacer más que rendirse ante el minúsculo atisbo de placer que se le presentaba.
Confiando más en mis instintos y en el lenguaje de su cuerpo que en sus palabras, me atreví a sujetar su eje con firmeza. Sesshomaru jadeó cuando sintió mis dedos cerrarse sobre él, estremeciéndose.
- Yo me encuentro bien. – Le aseguré, masajeando su erección de arriba hacia abajo, sintiendo cómo palpitaba ante mi contacto. – La última vez fuiste tú el que me dio placer, me gustaría al menos… Que me dejaras hacer lo mismo por ti.
No era justo que siempre estuviera priorizando mis necesidades por encima de las suyas. Yo también quería hacerle feliz. Quería aportarle más que preocupaciones. Quería ver su expresión más despreocupada mientras se dejaba llevar…
- Para. – Masculló él, con la voz ronca.
Sesshomaru detuvo entonces el movimiento de mis dedos sobre su intimidad, agarrando mi muñeca con firmeza. Despacio, sin hacer ningún movimiento brusco, el demonio se colocó a horcajadas sobre mí mientras inmovilizaba mis brazos sobre mi cabeza, acompañado de un gutural gruñido. Contuve un quejido en mi boca. Sentía cómo me ardían las muñecas, producto de haber forcejeado con las cuerdas que había utilizado Naraku para maniatarme. Además, aquella posición me dificultaba la respiración, con las costillas marcándose contra mi piel, la espalda arqueada por su agarre. Permanecí muda mientras trataba de disimular el dolor con todas mis fuerzas, mordiéndome el labio. Cuando el demonio alzó el rostro para mirarme, sentí que se me cortaba la respiración por completo al comprobar que sus ojos se estaban tiñendo del color de la sangre. ¿Acaso estaba perdiendo el control de nuevo?
- Rin… - Musitó mi nombre con devoción, devolviéndome la calma. Seguía siendo él, no parecía fuera de sí. – Esto es que lo que me provoca el contacto físico contigo. No sería capaz de dejarme hacer en este momento. Te… Te necesito. -Musitó, con una expresión casi dolorosa en el rostro. - Todo este tiempo que hemos estado viajando juntos ha sido complicado reprimir estos impulsos… Yo… - Se detuve un instante, buscando las palabras correctas. - Siempre he querido respetar tus tiempos, no traer de vuelta malos recuerdos y, sobre todo, no lastimarte… - Mientras hablaba, el color de sus ojos retornaba a la normalidad. – Pero todo ha sido mucho más difícil desde que… Desde que volvimos a hacernos uno. – La forma tan dulce que tenía de referirse a nuestro último encuentro me hizo sonrojar. - A pesar de que traté de contener toda mi fuerza, tu piel es demasiado fina bajo mis garras. – Añadió a continuación, decepcionado consigo mismo. - Tu cuerpo siempre será frágil bajo estas manos, y sé que eso no va a cambiar jamás… Pero con esas heridas que tienes no puedo evitar sentirme aún más intranquilo… - Sus ojos descendieron hasta mi pecho. – Incluso ahora mismo, mientras te sujeto de esta manera, me pregunto si mi fuerza no estará siendo perjudicial... Es como si pudiera romperte con dar un solo paso en falso… Y esa posibilidad me aterra más que nada.
Permanecí en silencio algunos instantes, procesando todo lo que Sesshomaru había dicho. Sus palabras hacían que cobrase sentido la distancia que había tomado el demonio de mi desde que habíamos hecho el amor en el campo de flores. Me pregunté la cantidad de noches que habría pasado en vela a mi lado, deseoso de tocarme, aunque con mil motivos rondando su cabeza para no hacerlo. Incluso cuando me hizo venirme con sus dedos algunos días después, él siguió negándose a dejarse llevar, alegando que sólo quería satisfacerme, pero que él no sentía esa necesidad de liberación. Pero finalmente, todo encajaba a la perfección con esa nueva información: nunca había dejado de sentir deseo hacia mí, simplemente se había obligado a sí mismo a obviarlo por mi propia seguridad.
Le mostré una sonrisa amable, conmovida por su inmensa preocupación. Sería impensable para muchas personas imaginar que un poderoso demonio como él estuviera aterrorizado por lastimar a otra criatura, casi sin darse cuenta.
- Sí que… duele un poco. ¿Podrías soltarme? – Le pedí, con dulzura. – Para que podamos hablar las cosas.
El demonio liberó mis muñecas, sus garras temblando ligeramente mientras estudiaba mi reacción. La presión en mi pecho disminuyó al deshacer la tensión en mi torso, permitiéndome respirar de forma más relajada.
- No se trata de nada grave, de verdad. Aunque sea humana, no quiere decir que esté hecha de cristal. – Le aseguré, tratando de calmar la angustia en sus ojos. Sin embargo, el demonio no bajó la guardia. –. Me gustaría decirte otra cosa, Sesshomaru. Acércate.
Posé las manos sobre sus hombros y tiré de su corpulento cuerpo hacia mí. Aunque con reservas, el demonio se inclinó sobre mí, apoyando todo su peso en sus antebrazos, a ambos lados de mi cabeza. Cuando su rostro estuvo a mi alcance, acuné sus mejillas mientras las acariciaba con los pulgares, despacio.
- Comprendo tus miedos, tienes motivos de sobra para sentirte así. Y agradezco tu inmensa consideración. – Comencé a hablarle en voz baja al demonio, notando cómo se relajaba ligeramente al darle la razón. – Sin embargo, igual que tú me has pedido que tome la iniciativa cuando lo desee, me gustaría pedirte que tú no te contengas de este modo. – Sus pupilas comenzaron a dilatarse a la par que su boca se curvaba en una expresión implacable de descontento. – No te estoy diciendo que debas hacer todo lo que te nazca sin valorar las posibles consecuencias, sólo me gustaría que no me lo ocultes. Que hables conmigo de todo esto que te preocupa. Que no te lo cargues todo tú solo. Además, ya me has demostrado de sobra que pase lo que pase, tú no me harías daño. Lo de la otra vez fue apenas un rasguño. Confío en ti, mi amor. No te tengo miedo.
Su nariz rozaba la mía, nuestras respiraciones entremezclándose en mitad del silencio de la noche, mientras yo esperaba su respuesta con el corazón desbocado en el pecho.
- Puedo… Intentarlo. – Me concedió, en un murmullo. – Pero siempre que vayamos a hacer algo así, necesito que me asegures que me harás saber en todo momento si te lastimo o si deseas que me detenga.
Asentí, siguiendo el perfecto puente de su nariz con el dedo índice.
- Así lo haré, amor.
Sellé el pacto con él a través de un fugaz roce de labios. Después de todo, si intentaba encorvar mi torso hacia adelante, mis costillas protestaban con un potente dolor, por lo que no podía mantener aquella postura por mucho tiempo.
Entonces fue Sesshomaru quien se dejó caer suavemente para saborear mi boca, explorando despacio la superficie de mi lengua, haciéndome estremecer. El demonio entrelazó sus dedos con los míos mientras me saboreaba con dulzura. Me sentía flotar tumbada sobre el blando lecho recubierto el mismo material que la estola del demonio. Se sentía casi como si estuviera rodeaba del pelaje de su forma de bestia mientras que su apariencia humanoide me besaba. Una de sus rodillas rozaba peligrosamente entre mis muslos, haciéndome desear actos que no me atrevía a pronunciar.
Pero aquellas reservas ya no tenían sentido en aquel lecho. Él era mi amada pareja. Y yo la suya. Ya no había motivo ninguno para conservar aquellos pensamientos puritanos cada vez que hiciéramos el amor.
Movida por la liberación de mis restricciones morales, mis manos escaparon las suyas para buscar a tientas el nudo de su obi, el cual comencé a deshacer con torpeza. Él, pacientemente, comenzó a repartir besos por mi cuello mientras dejaba que yo me tomase mi tiempo. Cuando finalmente logré despojarle de aquel cinturón que aseguraba sus ropas, el demonio se irguió sobre mi para estirar sus musculosos brazos y deshacerse de la prenda superior. Cada músculo se encontraba perfectamente tallado, recubierta por su pálida piel de porcelana. La inmaculada superficie de su cuerpo era mancillada por las franjas moradas que cruzaban sus ingles, similares a las de su rostro; así como por herida ya completamente cerrada de su abdomen; y adicionalmente, por una casi imperceptible línea de color rosado que envolvía su brazo izquierdo, en el mismo lugar que Inuyasha había cortado con su espada tiempo atrás. Aquella cicatriz se convertiría en un recordatorio eterno de lo que hubo perdido una vez.
Mientras yo me encontraba absorta admirando la belleza de su cuerpo bajo la casi inexistente luz de la habitación, Sesshomaru abrió las solapas de mi kimono, dejándome completamente desnuda frente a él. Sus enormes garras recorrieron mi cuerpo con ternura, desde los hombros hasta las caderas, acariciando mi piel con su terciopelo. Sus dedos trazaron entonces un recorrido ascendente desde mi ombligo hasta detenerse en el feo moretón justo bajo mi pecho. Por un momento, temí que aquella horrenda marca le causase rechazo, pero su mirada llena de adoración logró espantar todos mis miedos. Él me observaba como si fuera la criatura más preciosa del mundo.
La boca de Sesshomaru descendió sobre la fea mancha de color morado, recorriéndola con sus suaves labios, como si pudiera acelerar el proceso de sanación con su roce. Sus dedos cubrieron mis pechos con suavidad, envolviéndolos con sumo cuidado y acariciando las puntas rosadas con delicadeza. Eché la cabeza atrás con un gemido. Entonces el demonio comenzó a repartir besos por todo mi torso, atesorando cada diminuto rincón de mi piel. Las puntas de su largo cabello plateado provocaban cosquillas a su paso, desparramándose por encima de su hombro.
Cerré los ojos mientras me deleitaba con el calor de sus atenciones, encendiendo una necesidad en mi interior que me obligó a frotar mis muslos entre sí. Mis caderas trataban de alzarse en busca de estimulación, aunque el punzante dolor en mi caja torácica me lo complicaba. De aquel modo, simplemente me quedé jadeando bajo el cuerpo de Sesshomaru, sintiendo sus delicadas caricias.
El demonio entonces sacó la lengua para recorrer mi cuello, y no pude contener un gemido cuando comenzó a succionar la tierna piel de aquella zona, sensible y erógena.
- Sesshomaru… - Le llamé, presionando las manos contra su pecho.
El Lord del Oeste se llevó una de mis palmas hasta su boca, depositando castos besos sobre mis dedos.
- ¿Sí, Rin?
La dulzura con la que pronunció mi nombre me hizo estremecer. Sus orbes dorados refulgían en la oscuridad, rebosantes de ternura y pasión.
- A-abajo… - Señalé con timidez. - ¿P-puedes ir abajo?
El demonio, complacido por mi honestidad, asintió en silencio con el fantasma de una sonrisa en la cara. Descendió por mi cuerpo para sujetar mis muslos y separarlos con suavidad, colocándose entre ellos. Yo me dejé hacer por sus movimientos, hipnotizada mientras me mordía el labio. Entonces, el rostro de Sesshomaru se acercó al pedazo de piel entre mis piernas, extendiendo su lengua para recorrer mi intimidad. Gemí al sentir el húmedo contacto, mi cuerpo estremeciéndose al instante mientras echaba la cabeza hacia atrás.
Sus largos dedos recorrían el monte de Venus, retirando a su paso el vello que cubría aquel lugar. Su boca jugueteaba con mis rincones más sensibles, besando, lamiendo y saboreando como si se tratase de su manjar favorito. Abrí los ojos despacio, obligándome a no perderme un solo detalle de aquella gloriosa imagen. Cuando me encontré con su mirada directamente, con la boca entreabierta y los colmillos asomando, Sesshomaru se detuvo.
- ¿Te gusta lo que ves? – Preguntó con una sonrisa pícara, seguro de la respuesta.
Traté de pensar rápidamente en alguna excusa banal, pero supe que mi recato ya no tenía sentido alguno con él. No era necesario adornar lo que sentía cuando estaba en la cama con mi esposo.
- Sí. – Suspiré, casi sin aliento. – N-no pares… Por favor. - Apenas logré que la voz saliera de mi garganta para formular aquella petición, muerta de vergüenza, mientras enredaba los dedos en su cabellera plateada.
Aún no lograba volverme tan directa u honesta como me gustaría respecto a aquellas situaciones íntimas, pero iba por buen camino. Y parecía que él pensaba lo mismo, satisfecho.
El demonio rodeó mis muslos y tiró de ellos para acercar mi cavidad nuevamente a su boca. Jadeé al sentir su lengua tanteando mi entrada, segura de cada movimiento, haciéndome rozar el cielo con los dedos. Cubrí mi boca con las manos cuando comenzó a succionar mi clítoris. No podía mantener mis gemidos en voz baja si hacía eso.
- No es necesario que ahogues tu voz de esa manera. Déjame escucharte.
Sesshomaru deslizó un dedo en mi interior con suprema facilidad, gracias a la lubricación natural generada por sus caricias. Me mordí el labio, acallando todo lo posible mis sonidos de placer.
- Estamos en mitad de la noche… No querría despertar a nadie. – Susurré, avergonzada. No podía soportar la idea de que nadie escuchase cómo él me hacía sentir entre las sábanas.
El demonio giró el dedo que seguía hundido dentro de mí, provocándome una deliciosa fricción en mi interior que me llevó a arquear la espalda de forma inconsciente. Presionó la parte baja de mi vientre contra el lecho, cuidando que mi torso permaneciese inmóvil. Sin embargo, al hacer eso, sus estocadas en mi interior se sentían mucho más intensas, dificultando la tarea de ahogar mis gritos.
- Gime, Rin. – Ordenó él, introduciendo un segundo dedo, presionando el rincón exacto de mi interior que sabía que me hacía temblar de placer. – No me prives de oírlo.
Seguí luchando por no dejar escapar ningún sonido escandaloso de mi garganta, aunque ni siquiera mis manos fueron capaces de amortiguarlos cuando Sesshomaru empezó a utilizar su boca a la vez que sus dedos. Chillé contra mis nudillos, con los ojos fuertemente cerrados mientras me dejaba arrastrar por las sensaciones. Mi pelvis trataba de seguir el ritmo de sus caricias, completamente adicta y perdida en el placer.
Su caliente lengua trazó círculos alrededor de mi clítoris, deteniéndose únicamente para observar cómo me retorcía bajo sus caricias. Mientras hacíamos contacto visual, el demonio comenzó a aminorar el ritmo de sus estocadas a mi intimidad. Aquella bajada de intensidad me permitió corresponder su mirada, jadeando. Acallé a la parte de mi mente que pujaba por rogarle que no me mirase aquella manera porque no era cierto. La fascinación que desbordaba aquellos ojos, dedicándome toda su atención, era el mayor afrodisíaco que podía imaginar. Deseaba que lo siguiera haciendo hasta hacerme terminar. No pude evitar morderme el labio ante aquel lascivo pensamiento.
- No tienes ni idea de lo apetecible que te ves ahora mismo, ¿verdad? – Preguntó él en un susurro, sus pupilas dilatándose sutilmente.
Sus dedos en mi interior continuaban un placentero movimiento de fricción mientras entraban y salían despacio, impidiéndome por completo darle una respuesta. Mi cuerpo palpitó cuando sus dígitos alcanzaron el punto en mi interior donde se concentraba todo mi placer. Sentí estaba a punto de terminar cuando su boca descendió para succionar mis sensibles pliegues. Era casi como si todo mi ser se derritiera con su contacto, dejándome completamente desarmada y a su completa merced.
Sin embargo, sin darme tiempo a que aquel cúmulo de sensaciones estallase, Sesshomaru retiró sus dedos primero, seguido de su humedecida boca. Mis gemidos se convirtieron en débiles suspiros a medida que él se detenía, permitiéndome recobrar aire, dejándome a las puertas de la liberación.
- Vas a conseguir que pierda la cordura algún día, humana… - Musitó el demonio mientras se deshacía de sus pantalones.
Completamente desnudo, Sesshomaru se inclinó sobre mí, posicionándose entre mis piernas abiertas. Completamente preparada y sedienta de él. El demonio, tratando de contener su impaciencia, tanteó mis pliegues con su grueso miembro, su boca jadeando sobre la mía. En comparación con sus dedos, el grosor que amenazaba mi entrada ahora era mayor. Aún sin haber recobrado del todo el aliento, le pedí, susurrando contra su mejilla:
- C-con cuidado.
El demonio me besó, lo más despacio que pudo, haciendo uso de su gran capacidad de freno y autocontrol.
- Me detendré al momento si me lo pides, Rin. – Aseguró, presionando con la punta de su virilidad contra mi entrada. – No deseo hacerte daño.
Rodeé su cuello con mis brazos mientras sentía cómo mi esposo llenaba mi interior por completo. Mientras lo hacía, me sentía cercana al Paraíso, fundiéndome con su palpitante ser, despacio.
- A-ah.. Se-Sesshomaru… - Gemí su nombre, incapaz de pensar en nada más.
Él se detuvo en el mismo instante en el que lo llamé, atento.
- ¿Duele?
- No, no, en absoluto… Sigue. -Le pedí, besando sus labios.
Sesshomaru no se movió, sin embargo. Me besó con delicadeza, desafiando mi paciencia, haciendo que todo mi interior temblase con solo su presencia. Intenté darme placer moviendo las caderas contra él, pero no era suficiente. En el punto al que me había arrastrado con sus caricias necesitaba mucho más.
Con el deseo consumiéndome por dentro, estiré los brazos para agarrar su perfecto trasero, atrayendo su pelvis hacia mí, estremeciéndome con la sensación de su miembro deslizándose en mi interior. Con un gruñido, el demonio comenzó a besar mi cuello, permitiéndome ser yo quien controlase el ritmo y la fuerza de sus estocadas. Su cálido aliento se derramaba sobre mi piel, jadeante.
Completamente despojada del pudor, seguí manipulando su cadera a mi gusto, concediéndome el placer que mi cuerpo reclamaba, olvidando por completo refrenar mis gemidos. Mis piernas se enroscaron al alrededor de su cintura, reclamando más y más de aquel demonio que aún permanecía quieto, absorto en mis acciones y el placer que me proporcionaba su cuerpo sin tener que hacer nada. No parecía esperar que yo buscase el placer por mí misma utilizando su miembro con tanto descaro.
Los obscenos sonidos que brotaban de mi gargabte, sumados a mi expresión de placer, parecieron convencer a Sesshomaru más pronto que tarde de que todo estaba bien, y que podía continuar sin miedo. Acunándome entre sus brazos, su cuerpo comenzó a mecerse sobre el mío despacio, acompasándose al ritmo que yo misma había iniciado. Cerré los ojos, gozando de aquel vaivén en toda su extensión, ambos gimiendo por los escalofríos de aquella paradisíaca sensación. Entonces dejé de atraer sus caderas contra las mías, y simplemente alcé la pelvis para disfrutar de la presión de su cuerpo contra el mío. Lento, saboreando cada oleada de sensaciones, olvidando por completo el límite físico en el que comenzaba uno y acababa el otro, fundiéndonos en un solo ser.
En mitad del lento baile, nuestros labios se buscaban una y otra vez, expresándose sin palabras el amor más puro. Mi lengua rozando sus afilados colmillos; su boca atrapando la mía con delicadeza, acompasada con el ritmo de sus estocadas, como si tuviera todo el tiempo del mundo para seguir llenándome de su afecto por toda la eternidad.
Acaricié las líneas púrpuras de su mejilla con los dedos y ascendí hasta enredar los dedos en su cabello, el cual caía como una cortina, ocultando nuestros rostros. En ese momento Sesshomaru detuvo su vaivén para capturar mi mano con la suya y besó mis nudillos, despacio. El hecho de sentir su dureza completamente inmóvil dentro de mí comenzaba a generarme una impaciencia cada vez mayor. Quería rogarle, suplicarle que siguiera.
- Sesshomaru… - Comencé a llamarle.
- Un momento. – Me pidió él, respirando contra mi sien. – Déjame sentirte así un poco más…
El demonio me estrechó entre sus brazos mientras se inclinaba para besarme una vez más. Era como si mi boca se tratase de su manjar favorito, y aprovechaba cualquier momento para detenerse a saborearlo. Pero al sentir cómo su miembro en toda su extensión palpitaba contra mis paredes, excitado por los húmedos roces de nuestros labios, no pude aguantar más:
- M-más. – Le rogué, gimiendo contra la boca del demonio. – Por favor, Sesshomaru…
Como si no pudiese refutar ninguna de mis órdenes, él se irguió, apoyado sobre sus rodillas. Tiró entonces de mis pantorrillas hacia arriba, mis tobillos sobre sus anchos hombros. Con nuestras miradas conectadas, él se dejó arrastrar hacia mi interior nuevamente.
Casi chillé al sentir lo profundo que podía llegar de aquella manera. Temblando de puro éxtasis, empujé mi trasero hacia él, instándole a seguir.
- A-ah… - Gemí cuando mi cadera topó con la suya con un erótico sonido. - Más. - Le pedí en un hilo de voz.
El demonio no dudó en concederme mi deseo, volviéndose más brusco, agarrando mis piernas con firmeza, como si no fuera a dejarlas ir por nada del mundo. Mis rodillas se flexionaban hacia ambos lados de su cuerpo, quedando lánguidas con cada una de sus embestidas, cada vez menos delicadas. Poco a poco, Sesshomaru iba recuperando los instintos primarios que eran parte de su naturaleza, se volvía más duro y salvaje. Aunque el demonio siempre conseguía seguir siendo cuidadoso en sus intensas apasionadas muestras de afecto.
Sentía que podía volverme loca con la forma en la que sus ojos dorados me observaban estremecerme de placer bajo su cuerpo. Aquel momento finalmente parecía llevarnos de vuelta a los tiempos previos a que yo le temiese. Solamente éramos él y yo, rodeados por la intimidad de la noche, retozando en nuestro lecho.
A pesar del dolor en mis costillas, mi torso rodó hacia un lado al sentir los primeros espasmos del orgasmo, gritando su nombre. Si él seguía así, yo iba a terminar, estaba tan cerca… Al sentir cómo mis paredes se cerraban sobre él, Sesshomaru comenzó a moverse más rápido, intensificando las olas de placer de mi liberación. Finalmente, chillé, como si no existiera nadie más, como si estuviésemos completamente a solas en el universo.
Al alcanzar su clímax, el demonio dejó escapar un grave gruñido, saliendo rápidamente de mi interior. Acto seguido, vació el líquido ardiente de su pasión sobre mi cuerpo, jadeando y con los ojos entrecerrados.
Transcurrieron unos segundos sin que ninguno de los dos dijese nada. El silencio fue llenado por nuestras respiraciones agitadas, nuestras miradas aún brillantes por el deseo, vigilando los movimientos.
Cuando mi cuerpo comenzó a recomponerse tras el orgasmo, me atreví a tocar el líquido blanquecido sobre mi estómago, todavía caliente.
- ¿Por qué… has hecho eso? – Pregunté, simplemente por curiosidad, con las mejillas encendidas. Era la primera vez que él terminaba sobre mí de aquella manera tan... Obscena.
- He pensado… que no habrás estado tomando la receta de hierbas que te dio la anciana estos días, con todo lo que ha ocurrido… – Explicó él, entre jadeos. – No quería arriesgarme, pero… Debería haberte avisado. – Añadió, culpable.
Por supuesto que él sabía que había estado poniendo medidas para no quedar encinta, como la última vez. La primera vez que preparé la infusión, el demonio se acercó olfateando el aire hasta mí y preguntó por el contenido de la misma. Fue entonces cuando le expliqué su función, así como que era necesario tomarla a diario para que fuese completamente efectiva. Me conmovió que lo hubiera recordado durante su liberación, cuando ni siquiera yo misma había prestado atención a aquella importante cuestión en mitad del acto. Le dediqué una sonrisa de ternura al hombre frente a mí.
- No me ha molestado lo más mínimo, amor. Solo me he sorprendido.
Sesshomaru se relajó al momento, mostrando una expresión de paz finalmente. Recuperando la compostura, el demonio puso un pie fuera de la cama.
- No te muevas. Traeré algo para limpiarte. – Informó mientras se daba la vuelta en silencio.
Yo cerré los ojos, completamente exhausta. Sentí mi pecho ascender y descender despacio, acompasado con mi respiración. La mullida colcha sobre la que me estaba recostada tenía la misma textura que la estola de Sesshomaru, y estaba impregnada en su olor. Jamás me había parado a analizarlo, pero me di cuenta en ese momento de que su aroma era el mismo que el del bosque y la naturaleza. Limpio, fresco y agradable. ¿Él sería capaz de percibir mi olor con más intensidad incluso, al tratarse de una criatura con poderes sobrehumanos?
Abrí los ojos, saliendo del hilo mis pensamientos, al sentir un pedazo de tela sobre mi abdomen. El calor de la mano del demonio se colaba a través del tejido, alcanzando las terminaciones nerviosas de mi piel. Sesshomaru limpió los restos junto a mi ombligo, y tuvo especial cuidado al retirar el esperma que había aterrizado sobre el moretón de mi pecho. El frufrú de la tela me hacía sentir un cosquilleo que me hizo soltar una risilla, inconscientemente.
Entonces el demonio sonrió abiertamente, como normalmente no mostraba a nadie. Se le veía cómodo, relajado y sin ningún pensamiento enturbiando los rincones de su mente. Era un escenario tan inusual que me prometí guardar esa expresión en el fondo de mi corazón, como un recordatorio de la vida que deseaba que Sesshomaru tuviera a mi lado. Después de todo, si él podía curvar sus labios de aquella manera tras haber sido herido de muerte, nada podía ser imposible.
Una vez hubo terminado su tarea, el demonio dejó caer el pedazo de tela sobre el suelo, y se acomodó nuevamente en la cama, justo a mi lado.
- ¿Ahora sí vas a descansar?
No tuve reparos en reírme ante su pregunta.
- ¿Has hecho todo eso con tal de que me fuera a dormir? – Le pregunté, divertida.
- Tal vez. - Respondió, tratando de hacerse el interesante.
Conmovida por la ternura de sus intenciones, rodé sobre mi costado a pesar de la molestia física, y le abracé.
- Rin, te vas a hacer más daño así… - Comenzó a reprenderme, hasta que un sonoro sonido proveniente de mi estómago interrumpió al gran Lord del Oeste.
Sentí cómo todo mi rostro se sonrojaba. Sus ojos dorados me observaron completamente atónitos.
- …Tengo hambre. – Confesé, rompiendo el extraño silencio.
Y no era de extrañar que mi estómago protestase, pues había pasado más de un día sin comer, pero había sido incapaz de sentir el hambre con el frenético transcurso de todos los eventos. Ahora que finalmente me encontraba más relajada era cuando se me había abierto el apetito. Sesshomaru acunó mi rostro entre sus manos, depositando un delicado beso sobre mi frente.
- Ya casi es de día. – Susurró. – Descansa ahora lo que puedas, a primera hora nos traerán algo de comer.
Sesshomaru tenía razón. Entre las cortinas de la habitación se filtraban los primeros tímidos rayos de sol. Cerré los ojos entonces, decidida a ignorar el hambre unas horas más. Tampoco era como si necesitase mucha más energía para permanecer entre los brazos de mi esposo, recuperando las valiosas horas de sueño que mi cuerpo echaba en falta.
Notas: Supongo que la nostalgia respecto al primer capítulo es lo que más me ha inspirado en esta ocasión. Estoy muy orgullosa de todo lo que han avanzado y crecido estos dos a pesar de la adversidad, los amo nvdoivnf
A partir de ahora da comienzo el arco final de esta historia. Os diría que no queda mucho, pero al final siempre me recreo tanto en los detalles que no sabría daros una aproximación de cuántos capítulos serán, honestamente. La verdad es que cuando ideaba la trama original, jamás me imaginé que se alargaría en tantos capítulos, hasta yo misma estoy sorprendida. Cuando intento averiguar de dónde ha salido tanto texto me quedo fascinada, porque en mi cabeza solo había dos o tres eventos puntuales planificados, y fin de la historia.
Gracias nuevamente a los que me hayáis acompañado en este viaje, me ha fecho muy feliz durante este año anotar mis ideas, desarrollarlas, darles vida… Y, sobre todo, leer vuestros comentarios al respecto. Creo que hacía mucho que no me sentía tan realizada conmigo misma.
¡Nos leemos en dos semanas!
