Notas: Estas dos semanas se me ha hecho eternas, supongo que en parte porque he estado muy ocupada, y por otro lago, porque estoy deseando irme de vacaciones...

En este capítulo he decidido indagar un poco más en la naturaleza demoníaca de Sesshomaru, ¡espero que os guste!

El seco sonido de unos nudillos contra la puerta me hizo revolverme en la cama, reacia a abandonar al mundo de los sueños. El enorme bulto de calor al que estaba abrazaba se alejó, a lo cual protesté. Como respuesta a mis quejidos, sentí cómo mi cuerpo era recubierto con el suave pelaje de las mantas.

Escuché como Sesshomaru tomaba su kimono del suelo y se vestía. El insistente golpeteo en la puerta continuó, más el demonio no dijo al nada, como si estuviera seguro de que nadie osaría irrumpir en su alcoba sin permiso expreso. Comencé entonces a escapar de las garras del sueño, ubicando la situación en la que me encontraba. Mis ojos se abrieron lentamente, pesados.

Entonces vi al demonio pasar por mi lado para dirigirse a la puerta y abrirla con un elegante movimiento. Al hacerlo, le respondió una voz desconocida al otro lado de la puerta:

- Buenos días, Amo Sesshomaru, ¿cómo se encuentra?

- En perfecto estado. – Respondió él de forma seca.

- Por supuesto, como era de esperar de usted. – Aclamó aquel timbre femenino con devoción. – Después de todo, no hizo falta que interviniésemos, ya había eliminado el miasma por completo de su cuerpo para cuando llegó a palacio.

Sesshomaru dejó escapar un bufido. Definitivamente, no disfrutada aquel tipo de halagos, proviniesen de Jaken, o de cualquier otra persona.

- Tenemos hambre. – Indicó él, cortando la retahíla de lisonjas. – Ambos.

La sirvienta no pareció molestarse por la abrupta interrupción.

- Entiendo, lo trasladaré ahora mismo.

Con aquella orden, la persona desconocida se marchó. El Lord del Oeste cerró la puerta tras su partida, regresando a la cama.

- Al final... ¿No hacía falta que viniéramos hasta aquí? – Le pregunté, seguido de un bostezo.

La mano de Sesshomaru acarició mi mejilla, cálida y reconfortante.

- No había forma de predecir si mi cuerpo combatiría el veneno a tiempo, ni siquiera yo mismo estaba seguro. – Me explicó con voz dulce. – Pero la decisión de Jaken no fue desacertada, dadas las circunstancias.

Incluso si yo no le había dicho nada respecto, era evidente que su sirviente era el único que podía haber sugerido aquella idea. Después de todo, hasta hace unas horas, yo ni siquiera conocía la ubicación del palacio. Me alivió que no se sintiera molesto por ello, pues Jaken pareció muy seguro en su momento de que a Sesshomaru no le gustaría nada estar de vuelta en casa.

- Sea como sea, me alegra que tu vida no corra peligro. – Admití con una sincera sonrisa de alivio.

El demonio trató de peinar mi melena con sus dedos, completamente alborotada tras el reparador sueño de aquella noche. Y quizás, en cierta medida, también producto de nuestro apasionado encuentro antes del alba.

- Agradezco tus sentimientos, Rin. Pero no es necesario que malgastes tu preocupación en...

Antes de que pudiera seguir replicando le interrumpí, tomando su mano mientras trataba de incorporarme.

- Por muy fuerte que seas, siempre va a preocuparme verte herido. En el grado que sea.

El demonio no objetó nada más, dejándolo estar. Se limitó a ayudarme a sentarme al borde de la cama. Mi cuerpo desnudo quedó completamente expuesto al deshacerme de la manta que me recubría. En un instante, volví a recordar todo el terror que había experimentado.

Observé al demonio, el cual sujetaba entre sus garras mi kimono, ofreciéndome una de las mangas para que introdujese el brazo.

La verdad contenida hacía que me ardiese el estómago, pujando por salir a la luz. Aunque todavía me preocupaba su posible reacción. Mientras me ayudaba a vestirme en silencio, musité su nombre para ganar su atención.

- Sesshomaru, me gustaría... Quiero hablarte sobre lo que aconteció en la guarida de Naraku, antes de que tú llegases... Pero tengo miedo de hacerlo. – Confesé al sentir cómo la verdad se atoraba en mi garganta, pujando por ser liberada.

- ¿Qué es lo que temes? – Preguntó él con actitud indiferente mientras buscaba mi obi de forma distraída.

- Que lo que escuches te llene de ira y te marches en busca de venganza, incluso cuando aún te estás recuperando de tus heridas. Además... Siendo egoísta, no quiero que me dejes sola justo cuando... Estoy procesando todo esto. -Añadí, siendo completamente honesta con mis sentimientos, incluso cuando me sentía ligeramente culpable por ellos.

Habiendo terminado de acomodar la vestimenta sobre mi cuerpo, el demonio me sentó entre sus piernas, justo en el borde de la amplia cama. Su ánimo se sentía pesado mientras evitaba mirarme directamente.

- No cometeré ninguna imprudencia. – Me aseguró, sereno. – E incluso si siento que quiero ver a ese desgraciado morir entre terribles sufrimientos, yo... Prometo quedarme a tu lado. Comprendo que necesitas eso mucho más que ver cómo se derrama sangre alguna por ti.

El demonio me lanzó una mirada de reojo, con cautela. Y yo no pude evitar sonreírle, aliviada. Precisamente de eso se trataba... Incluso si Naraku era asesinado a modo de venganza, eso jamás podría borrar todo el daño que había infringido a los demás o a mí misma. La carga emocional de aquella herida iba a quedarse conmigo, independientemente de lo que ocurriese con aquel villano. Pensaba que Sesshomaru sería incapaz de comprender eso, pero me asombró la manera en la que él había sido capaz de expresar mis sentimientos en palabras, incluso mejor que yo misma.

- Gracias por comprenderlo. – Le dije, clavando mi vista en sus ojos dorados.

- Gracias a ti por confiar en mí.

Su sencillo agradecimiento me llenó de ternura el corazón. Sentí que, en comparación la persona opaca que huía de todas las emociones que yo había conocido, Sesshomaru se había convertido en alguien capaz de gestionar y analizar los sentimientos de la forma más benévola posible.

Aquel hecho me quitaba un enorme peso de encima. Se sentía mucho más sencillo hablar con él de esta manera.

- Pues... - Comencé a hablar, jugueteando con la tela de la falda entre mis dedos, algo ansiosa por traer de vuelta el recuerdo. – Cuando recuperé el conocimiento y me llevaron ante Naraku, él me preguntó qué método pensaba que sería más efectivo para hacerte colaborar con él... Las opciones que planteó fueron... Machacar todos y cada uno mis huesos hasta dejarme inválida de por vida, o... Forzarme... Le pareció divertido asustarme con aquella amenaza, para, acto seguido... - Me envolví en mis propios brazos, tratando de detener el incontrolable temblor que brotaba de mis piernas. – Asegurar que era compatible cumplir ambas. En aquel momento, no sé si sentí más miedo por lo que sentirías cuando te encontrases con el resultado de aquellas macabras acciones, o del dolor en sí que iba a padecer en el proceso.

El dolor en mis costillas pareció avivarse con mi agitada respiración. Sesshomaru me atrajo contra su pecho mientras seguí escuchando en silencio. Parecía decidido a no interrumpirme hasta que yo pudiera terminar de hablar. Tragué saliva, y reconfortada por su abrazo, encontré fuerzas seguir:

- Por supuesto, traté de resistirme, pero entonces me recordó que la vida de Kohaku dependía de él, y... - Sentí cómo las lágrimas que había estado reprimiendo durante el caótico transcurso de los acontecimientos se desbordaban rápidamente de mis ojos. – Entonces... Dejé que me besará. Y-yo n-no quería, pero... Me aterró pensar en lo que podía hacerle a mi amigo s-si me negaba... Sé que no estuvo bien, que debería haber apartado el rostro, pero...

- Rin. – Me interrumpió Sesshomaru, limpiando delicadamente las lágrimas de mis mejillas. - ¿Por qué estás tratando de justificarte, como si la que hubiese hecho algo malo fueras tú?

Sus ojos se clavaron en los míos. Sus iris ardían llenos de emociones violentas, más su voz seguía siendo tenue y calmada. No parecía enfadado conmigo en absoluto por haber dejado que me besaran. En realidad, tenía razón, ¿por qué sentía como si yo hubiese hecho algo mal? ¿No era Naraku quien me había hecho chantaje para destrozar mi resistencia?

Porque, de hecho, recordaba con claridad me había opuesto verbalmente en más de una ocasión. La mente humana a veces funcionaba de forma retorcida, haciéndonos sentir responsables en situaciones en las cuales uno no ha sido más que la víctima.

- Es verdad... No fue mi culpa. – Admití, sorbiendo la nariz. – En realidad... Fue tan repulsivo que, a pesar del miedo a lo que pudiera ocurrirle a Kohaku... Yo mordí a Naraku, para que se alejase. – Me llevé las manos al pecho. – Fue entonces cuando me golpeó, provocándome este moretón tan terrible... Entonces pensé que realmente iba a destrozarme y hacer lo que quisiera conmigo... - Añadí en un sollozo, mi voz quebrándose en mil pedazos.

Sesshomaru me abrazó con cuidado, dejando que me echase a llorar. Acarició mis costados con sus garras mientras yo descargaba todo el miedo e impotencia de aquel momento, en el cual creí que iba a ser violada. Sin remedio, sin poder defenderme y a completa merced de un monstruo sin corazón. Aquel pensamiento era tan escalofriante que no comprendía cómo podía haber contenido aquella traumática sensación dentro de mí durante tantas horas. ¿Cómo no había roto en llanto antes?

Quizás se había tratado de un propio mecanismo de defensa de mi mente, la cual había preferido concentrarse en el peligro que corría la vida de Sesshomaru antes que pararse a procesar el terror que yo misma había pasado. De esa manera, al menos durante un tiempo, había logrado bloquear todas mis emociones y recuerdos al respecto sin sentir aquella amarga angustia. A pesar de lo doloroso que resultaba asumirlo y decirlo en voz alta, supe que sólo de aquella manera podía evitar que el trauma se enquistase en mi corazón. Tomaría su tiempo, pero estaba segura de que lograría sanar, sobre todo si tenía a alguien tan amable como Sesshomaru a mi lado.

Poco a poco, me fui tranquilizando entre los brazos del demonio que me sostenía con tanta delicadeza. Las lágrimas parecían haberse llevado la parte más visceral de mi miedo y angustia, dejándome sin fuerzas mientras temblaba como un flan.

- Siento hacer una pregunta tan insensible... - Susurró el Lord del Oeste cuando notó que mi llanto se calmaba. - ¿Pero podrías decirme si ocurrió algo más? No hace falta que entres en detalles si te resulta demasiado... doloroso.

Estaba convencida de que Sesshomaru se estaba grabando a fuego cada uno de los pecados cometidos por Naraku para hacerle pagar en algún momento. Y a pesar de que no estaba a favor de que las cosas se zanjasen con violencia, pensé que era compresible sentirse así cuando lastimaban a un ser querido. Después de todo, mi sensación había sido parecida al escuchar todo lo que aquel maligno ser había hecho pasar a Kohaku, Kaede, Inuyasha, Sango, Kikyo y todos los demás...

- No. – Respondí, en un trémulo hilo de voz. – Kagura se interpuso entre Naraku y yo para protegerme. – Expliqué, separando mi rostro de su cuerpo para mirarle. – Consiguió convencerlo de que debían apresurarse con su plan, por lo que Naralu ordenó a la niña del espejo que tomase el control de mi cuerpo en ese instante. Gracias a la intervención de Kagura, él no volvió a tocarme.

Sesshomaru pareció aliviado al conocer el desenlace no tan trágico de los hechos. El demonio se inclinó sobre mí para abrazarme con más firmeza, lenta y cuidadosamente.

- No pienso permitir que vuelvas a pasar por algo así, Rin... Bajo ningún concepto... - Me prometió, enredando los dedos en mi cabello, atrayéndome hacia él como si no soportase la idea de que me alejase de él por un solo instante.

Me aferré a los brazos del demonio que me envolvían. La calidez de su corpulento cuerpo era la sensación más reconfortante en aquel momento.

- Gracias... – Fue todo lo que pude responder a su noble declaración.

Una última y solitaria lágrima rodó por mi mejilla. No quería pensar en la venganza que debía estar planeando el Lord del Oeste. Lo que más importaba en aquel momento era que estaba allí conmigo, prestándome todo su ser como apoyo.

Transcurrieron segundos, minutos, durante los cuales ninguno de los dos se atrevió a moverse ni decir nada. Escuchaba su profunda respiración, él la mía.

En mitad de aquel silencioso consuelo, el sonido de unos nudillos llamando a la puerta nos hizo volver a la realidad.

- Buenos días, Amo Sesshomaru, traemos el desayuno que había solicitado.

El demonio permitió el paso de dos sirvientas que venían cargadas con bandejas. Ambas rodearon el biombo que aislaba el lecho del resto de espacios de la habitación, y depositaron los humeantes objetos que cargaban sobre una mesa baja que había al fondo. Acto seguido, una de ellas informó:

- La doctora Asami ha dicho que quería revisar la condición de la humana una vez haya comido.

- Y la Señora Inukimi desea tener una palabra con usted, Amo Sesshomaru. – Le secundó la otra.

Sesshomaru chasqueó la lengua, claramente disgustado por la segunda noticia:

- Está bien, podéis retiraros.

Una vez las dos criadas se hubieron marchado en un sepulcral silencio, eché un vistazo a mi alrededor para analizar por primera vez la distribución de los aposentos.

La cama se encontraba justo en el lado izquierdo nada más entrar; a la derecha, se abría el corredor que conducía al baño en el cual Sesshomaru me había lavado la noche anterior. Si uno seguía de frente desde la puerta de entrada, se extendía un pulcro tatami con un escritorio en la izquierda, la diminuta mesa con nuestros desayunos en medio, y a la derecha una puerta de cristal que conducía al exterior. A través del material transparente alcancé a vislumbrar un onsen privado, tan extenso como el interior de la cabaña de Kaede.

- Rin. – Me llamó el demonio, llamando mi atención. – Ven, se va a enfriar la comida.

- Ah, s-sí. – Asentí, saliendo de mi ensimismamiento.

Tomé asiento frente al demonio, con los empeines descalzos sobre el tatami. Mi estómago rugió ante la visión de las bandejas sobre la mesa, todos los platos cubiertos con una tapa para que conservasen el calor. Sesshomaru alargó los brazos para descubrir los platos frente a mí: una sopa de miso, un plato de arroz y varios pedazos de pescado hervido. Se veía muy austero en comparación con la exquisitez de la vajilla, pero mi estómago no era muy selectivo en aquel momento. Reclamaba cualquier alimento que pudiera llevarse a la boca con avidez.

Sin perder tiempo en dar gracias por la comida, agarré los palillos para empezar a engullir aquellos platos. La sopa estaba sosa, el arroz duro, y el pescado demasiado hecho hasta el punto de casi derretirse al contacto con la saliva, pero no me importó demasiado. En un abrir y cerrar de ojos, toda la comida frente a mí había desaparecido por completo.

Me detuve al notar cómo el demonio me observaba alimentarme en silencio. No había hecho ademán de tocar su bandeja en ningún momento, aún cubierta.

- No... ¿No vas a comer, Sesshomaru? – Le pregunté, con la boca medio llena, avergonzada por mi ávido apetito.

El demonio frunció el ceño, pensativo.

- No quiero hacerlo frente a ti. – Respondió, esquivo.

Aunque me sorprendió su franqueza. Normalmente hubiera insistido simplemente en que yo comiera sin darle importancia. O se habría excusado diciendo que no tenía hambre en aquel momento.

Aquello era un paso, pero había despertado mi curiosidad.

- ¿Por qué? – Inquirí, animada por haber repuesto fuerzas. – Si ya hemos comido juntos muchas veces.

El demonio suspiró, dirigiendo su mirada al fondo de la habitación.

- La comida humana no me satisface. – Admitió, seco. – Lo hacía para acompañarte porque parecía hacerte feliz, pero... Lo cierto es que yo siempre me alimentaba previamente.

Me entristeció pensar que siempre había hecho aquellos a escondidas. Lo que no lograba imaginar eran sus motivos. Había dicho que nunca había comido seres humanos, ¿verdad?

- ¿De qué, Sesshomaru? ¿Qué es lo que te sacia? – Ante su silencio, di unos toques sobre mi cuenco vacío con los palillos, para llamar su atención. – Yo ya he terminado, así puedes decírmelo si quieres. No vas a quitarme el apetito.

Sesshomaru, a sabiendas de que no iba a parar de interrogarle hasta obtener respuesta, depositó sus garras sobre la tapa de madera lacada que cubría la bandeja frente a él.

- Carne. – Respondió, en tono grave. – Y sangre de demonio. – Añadió, retirando finalmente la cubierta sin más preámbulos, reconociendo que me consideraba lo suficientemente fuerte como para soportarlo.

Un nauseabundo olor metálico brotó del único cuenco frente a Sesshomaru. En su interior, yacían los restos descuartizados de una carne y vísceras con un tinte azulado, bañados en una oscura salsa del color de la sangre. Era una escena tan desagradable a la vista y el olfato que agradecí haber terminado mi comida previamente.

Sorprendentemente, no sentí ganas de vomitar, pero agradecía que hubiera esperado para revelar el menú que había sido confeccionado para él. Su comida parecía cruda, lo cual explicaba los extraños puntos de cocción de los platos que habían sido preparados para mí. Si aquellos demonios devoraban la carne sin cocinar de sus presas, era más que normal que no hubieran atinado al tratar de preparar comida apta para el paladar humano.

Aprecié infinitamente el esfuerzo que habían puesto, sin embargo. No me quería imaginar qué hubiera hecho en el caso de que se me hubiera servido la misma comida que a él. Pero no se me hubiera pasado por la cabeza intentar probar bocado, de eso estaba segura.

Sesshomaru seguía esperando mi reacción, observándome en silencio. Traté de controlar la expresión de mi cara, ocultando mi repulsión. Carraspeé para despejar mi garganta del nudo que se había formado ante aquella grotesca imagen.

- C-comprendo tus reparos, es... Bastante diferente a lo que estoy acostumbrada. – Respondí, con una sonrisa incómoda.

Con lo delicado que era el olfato del demonio, me sorprendía que la peste fuera demasiado intensa para mí, mientras él se mostraba sereno. ¿Acaso sería un olor apetecible para él?

Para mi desconcierto, Sesshomaru me obsequió entonces con el comienzo de una sonrisa. Más que feliz, se le veía aliviado por mi calmada reacción. Como si fuera lo más normal del mundo, el demonio introdujo los dedos en el hondo plato, dispuesto a almorzar frente a mí.

- Me resulta fascinante... El cómo te esfuerzas tanto por no incomodar a un monstruo que se alimenta de algo que te resulta repugnante. – Dijo, conteniendo una risa divertida. Tomó un pedazo de carne sanguinolenta entre los dedos, tiñéndolos de aquel espeso líquido con olor metálico. – Así que no dejaré que tus buenas intenciones sean en vano. Buen provecho. – Añadió, empleando la expresión usada entre humanos para dar gracias por la comida.

El demonio se llevó la comida a los labios y se la introdujo en la boca. Al darle un bocado, la jugosa carne derramó más fluidos dentro de su cavidad bucal con un sonido inquietante. Un delgado hilo de sangre comenzó a descender de entre sus comisuras, creando frente a mí un cuadro de lo más grotesco. Observaba hipnotizada la sangre que chorreaba de las fauces del demonio, incapaz de apartar la mirada. Aquella imagen era la de un monstruo alimentándose de la vida de otro ser.

Sin embargo, no sentí ni un ápice miedo por la persona frente a mí. Después de todo, los humanos no éramos muy distintos. Me preguntaba si los animales se perturbaban de la misma manera al ver cómo nos alimentábamos de pescado, o de la carne de otra criatura terrestre de la misma forma despreocupada. Al final, lo que resultaba aterrador de los demonios era que nosotros podíamos entrar dentro de su dieta, a pesar de que algunos se vieran tan parecidos a los seres humanos de forma superficial. Pero no estaban haciendo nada diferente o más atroz que nuestros propios hábitos alimenticios. Ambos éramos depredadores.

La sangre que goteaba de los labios del demonio no tardó en ser barrida por la hábil lengua de Sesshomaru. Aquella misma que me besaba con tanta ternura. Sus ojos reflejaban la misma calma que siempre, y su expresión permanecía inalterable.

Era difícil pensar en él como un monstruo cuando se veía tan normal como siempre, a pesar de que se estuviera llenando la boca de sangre y carne cruda.

- Rin. – Me llamó el demonio, tratando de leer las emociones que cruzaban mi rostro. – ¿Qué es lo que pasa por tu mente?

Volviendo a la realidad, tomé un suave pañuelo de seda de la mesa y me puse en pie, acercándome a él. Sujeté su barbilla y alcé su rostro hacia mí. Su leve resistencia bajo mi tacto delataba la tensión e incertidumbre que le provocaba aquella situación. Mostrándole una sincera sonrisa para su tranquilidad, recorrí sus labios con el delicado pedazo de tela, retirando las últimas manchas de sangre que seguían impregnadas sobre su piel.

- Se te había quedado un resto aquí. – Respondí con la mayor tranquilidad del mundo.

Los ojos de Sesshomaru se abrieron como platos, incapaces de disimular su sorpresa. Seguramente esperaba una reacción más cautelosa por mi parte. Quizás hubiera sido lo más normal en aquellas circunstancias.

¿Era posible que no viera el peligro porque estaba enamorada de él?

- Ya veo... Gracias. – Murmuró con naturalidad, asumiendo para sus adentros que yo no le veía como una criatura de sacada de una pesadilla. Ya no.

La imagen que tenía formada de mi esposo no cambió por la escena que acababa de presenciar. Hacía mucho que había asumido que éramos distintos, aunque no tenía ni idea de hasta qué punto. Por más que me resultase impactante en un inicio, definitivamente no me causaba ningún tipo de temor o rechazo.

Incluso me hacía más feliz que se atreviera a compartirme nuestras diferencias. Después de todo, quizás era él quien llevaba más tiempo tratando de adaptarse a mi mundo.

- Sigue comiendo. – Le animé. – No te cortes porque esté yo delante.

Me encontraba más que dispuesta a empezar a conocer el suyo.

Tras haber finalizado el almuerzo, Sesshomaru se reencontró con Jaken, el cual se presentó ante nosotros con millones de disculpas. Me sorprendió la paciencia con la que el Lord del Oeste escuchó el incesante parloteo de su sirviente, el cual se excusaba sobre cómo había pensado que no era necesario acompañarnos a Ah-Un y a mí justo el día que fui secuestrada, o sobre cómo había convenido traerle de vuelta a palacio cuando él se encontraba inconsciente. Lejos de su habitual comportamiento irascible, el demonio de cabello plateado decidió que prefería tratar aquellos asuntos en privado con el duendecillo, asegurando que no emplearía ninguna violencia contra su siervo, para su tranquilidad.

- Antes de que os marchéis. – Llamé la atención de ambos antes de que me dieran la espalda. – Jaken, ¿cómo se encuentra Ah-Un? ¿Se está recuperando bien?

El duendecillo respondió:

- No tienes de qué preocuparte, Rin. Está descansando en los establos. – Me aseguró Jaken. – Podrías ir a visitarle.

- ¡Sí, voy ahora mismo!

Sesshomaru frunció el ceño, disconforme.

- Por el momento debes ir a que revisen tu condición en la clínica, Rin. – Intercedió el demonio de cabello plateado. Lanzó una mirada de reojo a uno de los centinelas apostados en el corredor. – Y después regresa a los aposentos hasta que vuelva a por ti. Entonces podemos ir juntos a los establos.

El Lord del Oeste no parecía entusiasmado ante la idea de que me pasease sola por el palacio, por lo que encargó al guardia con el que había hecho contacto visual que me acompañase por los pasillos de palacio hasta la consulta de Asami, mientras él resolvía sus asuntos pendientes con Jaken. Lo cierto es que yo también sentía más fuera de lugar en palacio sin él a mi lado, pero era consciente de que tenía otros asuntos de los que ocuparse, por lo que accedí sin rechistar. Al menos iba a encontrarme con una cara conocida, lo cual resultaba un poco menos estresante para mí.

Una vez en la clínica, la chica demonio me saludó con su habitual energía:

- ¡Buenos días, humana! Espero que hayas pasado buena noche. - Añadió con una sonrisa cálida. – Ven aquí, te ayudo a quitarte ese kimono, ¿vale?

Accedí, aún un poco nerviosa por la familiaridad con la que me trataba aquella chica. Por la actitud arisca de Sesshomaru y su madre había asumido que todos los demonios de aquel palacio tenían mal carácter, pero no parecía aplicar en absoluto con Asami.

Mientras la curandera examinaba mi cuerpo en profundidad, se llevó la mano a la barbilla, pensativa.

- Definitivamente, los humanos sanáis a un ritmo mucho más lento... La situación no ha cambiado nada en un día. – Musitó algo decepcionada. – Aunque me impresiona el extremo cuidado que ha debido tener el Amo Sesshomaru.

Sentada sobre la camilla, observé con extrañeza a la doctora, ladeando la cabeza.

- ¿A qué te refieres? – Inquirí, sin comprender a qué se refería.

- Puedo saber el tipo de relación que tenéis por tu olor, Rin, no tiene hace falta que intentes disimularlo. – Se explicó mientras le restaba importancia, volviéndose para recuperar mi ropa. Rogué que la tierra me tragase en ese momento, maldiciendo la aguda percepción de los sentidos de los demonios. - No hay ni una solo corte o hematoma nuevo desde que te examiné ayer, lo cual me resulta bastante admirable por su parte. Pero no harías mal en recodarle que siga siendo cuidadoso.

A pesar de la vergüenza que me provocaba hablar de aquel tema con alguien desconocido, quería aprovechar la ocasión para aprender más sobre los ritos de su especie. Después de la noche anterior, me había quedado claro que tendía a reprimirse conmigo, pero me inquietaba descubrir exactamente hasta qué punto.

- ¿Quieres decir que podría dañarme seriamente de alguna manera tener intimidad con él? ¿Para los demonios las relaciones íntimas son un acto que implica...? – Pausé unos instantes para tratar de encontrar el calificativo más acertado. - ¿Violencia física? – Esperaba no haber sonado ofensiva.

Los ojos de Asami se abrieron como platos. Parpadeó, perpleja.

- ¿Violencia, dices? – Inquirió, conteniendo una risa burlona. Al menos parecía habérselo tomado con humor. – No puedo hablar por otras especies, pero ente los Inuyokais es bastante común dejarse llevar por la pasión y dejar marcas en el contrario, si consideras eso como "actos violentos". – Asami siguió ayudándome a vestirme mientras me explicaba con la misma paciencia y compresión que se empleaba con los niños. – Supongo que tiene que ver con nuestra naturaleza de cazadores. Nos gusta usar nuestras garras y colmillos para capturar a nuestra presa, dejando nuestra marca impresa en ella para que no nos sea arrebatada. Por lo que este comportamiento se ve reflejado en cómo vivimos los encuentros sexuales.

Cuando Asami mencionó la expresión "dejar marca" todo comenzó a encajar en mi cabeza, desde el principio. Me di cuenta de que sí conocía los impulsos innatos de Sesshomaru, desde el primer día que habíamos compartido intimidad. Recordé cómo él había dejado profundas marcas de arañazos en mi piel durante las primeras veces. Con el tiempo, el demonio había dejado de hacerlo. Recordé cómo la noche anterior Sesshomaru se veía atormentado por lo que sus garras podían hacerme sin apenas ser consciente de ello. ¿Cómo podía haber estado tan ciega como para obviarlo?

Él mismo también me había explicado que los demonios no solían besarse como muestra de puro afecto, sino que se trataba un gesto exclusivo de los intercambios pasionales. Empezando por ahí, su forma de amarse era tan distinta a la que entendíamos los seres humanos... Pero no dejaban aquellas marcas con intención de hacer daño al otro, después de todo. Quizás esa "violencia" que yo percibía era el medio que tenían para demostrar sus sentimientos, más que las palabras o los besos. Simplemente, se trataba de otra forma de entender las relaciones y el amor...

Yo ya era consciente de que Sesshomaru siempre había tratado de adaptarse en toda la medida de lo posible a mis costumbres, por no hacer nada que me resultase extraño o grotesco. Pero cuando me detenía a agrupar cada detalle me daba cuenta de que había asumido que lo normal era que él se reprimiese. Un acto cruel y desconsiderado por mi parte.

Los demonios eran salvajes, criaturas que obtenían placer en desgarrar la carne y en la sangre.

Una diferencia tan evidente que mi mente había tratado de obviar por meses. Pero ya no quería huir más de su verdadera naturaleza. En cambio, ahora que por fin lo comprendía como algo que no suponía una amenaza, quería saber mucho más al respecto:

- Asumo entonces que es normal arañar durante el acto a la otra persona. ¿Es así? – Interrogué a Asami, la cual permanecía a la espera de que abandonase mis propias cavilaciones.

- Sí, es lo más común. – Respondió, categórica. – La verdad es que no logro concebir el sexo sin clavar mis garras o mis colmillos en mi amante. Se sentiría como si faltase algo. – La chica reflexionó sin juzgarme, simplemente curiosa ante aquella nueva perspectiva.

Una imagen se quedó congelada en mi mente mientras escuchaba con atención a la chica demonios.

- ¿Dices que es común emplear también los colmillos? – Pregunté, algo más nerviosa. No estaba segura de si podría sentirme cómoda con aquella idea.

- Claro. – Asintió con seguridad. - De hecho, las marcas de mordiscos en el cuello específicamente simbolizan un nivel de intimidad y confianza muy elevado. No dejarías a cualquiera hacer algo tan peligroso cerca de uno de tus puntos vitales, ¿verdad?

Mi respiración se detuvo por un instante.

- No lo... Sabía.

Entonces recordé aquella noche tan lejana en la que pensé que Sesshomaru iba a devorarme. Cuando estábamos haciendo el amor bajo la luna, junto al palacio donde nos habíamos convertido en marido y mujer, siempre había pensado que el demonio había intentado perforar mi garganta para poner fin a mi vida. En cambio, no podía haber estado más equivocada.

En aquella ocasión, él había tratado de compartir uno de los gestos más íntimos de su especie conmigo. Y yo había pasado noches y noches teniendo pesadillas con ello, creyendo que era una amenaza para mi vida. Pero sus instintos jamás habían estado relacionados con alimentarse de mí o matarte.

Él sólo quería hacerme el amor como era normal en su especie. Y yo lo había malinterpretado por completo, haciéndole sentir incluso culpable por ello. Cada vez que hacía algo así, parecía atormentado por su propio ser. Se reprendía por cualquier mínimo gesto que yo pudiera percibir como amenazante o aterrador.

Asami esbozó una astuta sonrisa:

- ¿Entonces Sesshomaru lo hace contigo como los humanos? Qué interesante, creo que es un turno de contarme algo más al respecto... - Inquirió la chica con una sugerente expresión.

Carraspeé, sintiendo cómo le rubor ascendía hasta mis orejas. Decidí que aquel era un buen punto para finalizar la conversación.

- N-no sabría qué decirte, no hay nada especialmente llamativo... - Respondí de forma ambigua, tratando de no facilitar información íntima sobre el Lord del castillo. – C-creo que todo lo que hacemos es normal... Pero es verdad que vemos las cosas de forma muy distinta. No mordemos ni arañamos. Normalmente. No hasta el punto de dejar marcas visibles, al menos.

La curandera lo dejó estar, con una risilla divertida.

- Claro, comprendo... - Entonces ella recuperó su rol de doctora, conteniendo su curiosidad por respeto a nuestra intimidad - Acércate, voy a terminar de colocarte el obi.

La amabilidad de Asami me recordó inevitablemente al tiempo que había pasado en la aldea con Kaede. Ella había cuidado de mí y había atendido todas mis heridas con el mismo mimo que aquella chica tiempo atrás.

Dejé escapar un suspiro. Me sentía nostálgica al recordar a la anciana. Esperaba que le fuera todo bien, y deseé poder verla pronto. Tampoco sabía lo que me esperaba a continuación ni cuánto tiempo iba a pasar allí.

Al parecer, tenía más de una conversación pendiente con mi esposo.

Tras finalizar la consulta, el mismo centinela que me había acompañado hasta allí seguía apostado en la puerta. Se trataba de un imponente macho, de cabello castaño claro, con reflejos dorados como la miel. Su actitud recta y seria resultaba intimidante, pero no parecía mostrar una actitud ofensiva hacia mí. Me percaté que de la parte inferior de su espalda brotaba una esponjosa cola perruna.

- Esto, disculpa... - Le pregunté al soldado. - ¿Podrías llevarme hasta donde se encuentra Se...? ¿El Señor Sesshomaru?

Pensé que sería mucho más sensato seguir empleando honoríficos, en caso de que pudiera resultar grosero no hacerlo. El demonio olfateó el aire unos instantes antes de contestar, sereno:

- Parece que se encuentra reunido con la Señora Inukimi en el pabellón central. – Me informó con expresión marcial. - No creo que sea prudente interrumpirlos.

Lancé una mirada al ostentoso edificio en mitad del complejo. Era cierto que una de las sirvientas había mencionado que ella quería tener una palabra con su hijo... Bajo el oscuro cielo encapotado que enmarcaba aquel día, no pude evitar tener un mal presentimiento.

- ¿Podrías conducirme hasta ellos? – El demonio me mostró una mueca de disgusto. – No es mi intención meterte en un apuro, ni mucho menos entrometerme en sus asuntos. Solo quiero estar cerca para cuando terminen su reunión. Por favor.

El centinela suspiró, su cola moviéndose con nerviosismo.

- Ni hablar. – Respondió, finalmente. – No puedo desafiar las órdenes de mi Señor de esa manera.

- ¿Puedo visitar entonces los establos un momento? – Pensé al menos que podía revisar la condición de Ah-Un mientras esperaba, aunque fuera brevemente. – No tardaré, no pienso meterte en un aprieto.

El silencio del demonio fue denso, como si no quisiera hablar de más:

- Será mejor que te escolte hasta la alcoba del Amo hasta que hayan terminado.

Dejé caer mis hombros, decepcionada. Comprendí que mis peticiones le colocaban en una situación comprometida. Finalmente, accedí a regresar a los aposentos para esperar el regreso de mi esposo, lo cual pareció apaciguar los nervios del centinela.

Sin embargo, la tensión era palpable en el ambiente.

Decidí esperar sentada a solas en la habitación en la que había pasado la noche con Sesshomaru, observando el cielo a través de la puerta que cristal que daba al exterior. No me molestaba la soledad en aquel momento. Es más, agradecía la paz que se respiraba en aquel cuarto, alejado del bullicio de palacio. Me pregunté si había sido por petición expresa del Lord del Oeste que sus aposentos se encontraran en el rincón más apartado del edificio principal.

Él se veía como el tipo de persona que siempre había disfrutado la calma y la quietud.

Mientras observaba el cielo, distraída, comencé a notar que cada vez aparecían más nubes de un color tan negro como el carbón rodeando el castillo. Sin embargo, no se escuchaban truenos ni lluvia en el exterior. Un escalofrío recorrió toda mi columna vertebral. Aquella era la misma sensación ominosa que había mantenido la mente de Sesshomaru ocupada antes de mi secuestro.

No pude evitar imaginarme qué estaría pasando en realidad. Ninguno de los escenarios ficticios era alentador, pero deseaba de corazón que todos mis seres queridos se mantuvieran a salvo.

- Rin. – La grave voz de Sesshomaru me hizo volverme rápidamente. Había estado tan ensimismada en mis cavilaciones que no le había escuchado regresar.

Observé cómo el demonio vestía su habitual kimono blanco con emblemas rojos bajo su pesada armadura. De su cinto colgaban tanto la Tenseiga como la recién adquirida espada de color hueso. Una sensación de alarma se extendió rápidamente por todo mi cuerpo.

- Sesshomaru... - Musité, con voz queda. - ¿Ha ido todo bien con tu madre?

El Lord del Oeste permaneció de pie frente a mi con su imponente figura. Noté que me estaba mostrando la máscara helada que se ponía frente a todo el mundo. ¿Por qué me escondía sus emociones en ese preciso momento?

- ¿Sesshomaru? – Le llamé, confundida.

Intenté ponerme en pie, pero las piernas no me respondían. Tenía un mal presentimiento instalado en la boca del estómago.

- Tengo que partir inmediatamente. – Anunció él con voz serena.

Notas: La verdad es que después de haber revisado este capítulo me da la situación que todo ha pasado muy rápido, ¿no lo sentís igual?

Me preocupa un poco que se sienta forzado, pero después de muchas vueltas he decidido ceñirme a mi planificación original de lo hechos, porque al intentar extenderlo me bloqueaba con la cantidad de vacíos que creaba en el proceso. Así que espero que no os disguste el ritmo al que ocurren las cosas.

Donde vivo hace muchísimo calor ya... Creo que eso me está fundiendo las neuronas más de la cuenta, pero al menos ya tengo más o menos redactada la próxima actualización, así que si no me da algo por culpa de las altas temperaturas nos leemos de nuevo en dos semanas, cuidaos mucho 3