Aquí otra vez con más paranoias. Siempre quise escribir un SasuSaku maduro (Elegía lo escribí cuando estaba en el colegio, es mi fic pitonizo en el cual predije que Sasuke se iría a comprar cigarros luego de tener una hija con Sakura), adicional también siempre quise escribir un KakaShizu, pero siempre sentí que necesitaba demasiado argumento para conseguirlo (nunca pude escribir un OneShot por ej). Y Tsunade me parece un personaje de lo más cizañero y divertido para unir estas dos ideas. No sé si alguna vez consiga llegar al SasuSaku y al KakaShizu, pero se está intentando, ¡que se sepa!

Esta historia llega luego de casi terminar "La Reina de los Fracasados" en donde Shizune es la protagonista y unas cuantas otras historias (Saudade, pasen a leer), aprendí mucho y ahora me siento capaz de entregar una historia más compleja y completa: no solo A bes fueron felices para siempre. No, creo que a las mujeres hay que darles más background. Dicho esto: será más centrado en el crecimiento personal de los personajes femeninos que en sus parejas, y, más importante, en que entre ellas se encuentren y apoyen.


Amiga, me di cuenta

Capítulo I: Restitución


Tsunade gruñó sentada sola en la cocina, odiaba cuando Shizune no estaba ahí con ella para encargarse de todo. No era una completa incompetente, pero es que a la morena se le daba mejor hacerlo todo al tiempo y con eficiencia. Ella era la que las protegía de los malditos que trataban de asaltarlas en las calles cuando iban de viaje, o de los viejos del Consejo de Ancianos cuando las criticaban en demasía, haciendo uso de su fuerza monstruosa y pésimo carácter.

Vio al cerdito sentarse junto a ella frente a la mesa de la cocina, en su taburete especial en el que había cientos de libros de medicina apilados de forma que tuviera la altura perfecta para alcanzar su desayuno: un tazón lleno de frutas picadas y furtos secos que su madre morena le preparaba.

—No está aquí —le informó como si el cerdito no lo supiera, él había tenido que dormir en cama de la rubia ya que su madre había decido no dormir en casa; por ende, tampoco había tazón de frutas picadas esperándolo en la mesa—. Anda, sírvete tu desayuno, ya estás grande.

Tonton la miró confundido a lo que la rubia se rió a carcajadas. Cuando el reloj marcó ruidosamente las nueve de la mañana, el cerdito oyó algo que Tsunade no fue capaz de identificar, pero tenía una idea de lo que podía ser ya que el animal saltó de su asiento y fue corriendo a recibir a alguien en la puerta.

—Miren quién decide aparecer —resopló Tsunade desde la cocina al ver a su protegida entrar al apartamento—. ¿Con quién te quedaste? Le rompiste el corazón a Tonton.

Luego de unos instantes de titubeo, la morena decidió responder.

—Genma —dijo con una sonrisa tímida, tratando de ocultarse al abrir la alacena. Todos los días ella era la que preparaba el desayuno y ese día no iba a ser la excepción, ya que al ver el mesón de la cocina solo había una taza de café—. No pensé que le gustara —confidenció con ilusión—, es decir, ¿lo has visto? Es precioso, podría tener a cualquiera… Y me eligió a mí.

—Seguro se le acabaron las opciones —dijo la rubia con desgano, aunque al escucharse no se parecía en nada a lo que realmente había pensado: nunca olvidaría el día que Shiranui Genma, y su mejor amigo Namiashi Raidō, mas no importante para la historia; escoltaron a Mizukage Terumi Mei y ella no dejaba de mirarlo. Tsunade sabía que él no era ajeno a ese comportamiento y estaba segura de que ambos habían tenido alguno que otro encuentro luego de esa reunión. A la rubia no le importaba qué cosas se metiera su colega en su vagina, pero sí le interesaba qué clase de cosas entraban en la de su protegida. Sabía además que Shizune estaba empezando a querer tener algún interés amoroso, ahora que no había más excusas al estar establecidas en la aldea. Hasta había empezado a tener amigas propias—. Quiero decir…

—Sé exactamente lo que quieres decir —le respondió restándole importancia al comentario—. Las chicas ya me dijeron que Genma no tiene el mejor historial.

—¿Entonces no lo verás más? —preguntó más tranquila, dándole un sorbo a su taza de café pensando que quizás había subestimado la inocencia de la morena. Arrugó la boca, nunca sabía por qué, pero el café le quedaba horroroso, aun si seguía los mismos pasos que le había enseñado Shizune, quien insistía que el ingrediente secreto era una pizca de amor. Qué tontería.

—Claro que sí. Almorzaremos juntos mañana.

—Es un imbécil —se quejó—. Estoy segura de que puedes hacerlo mejor.

—Pues me parece que él está bien. Bastante bien, de hecho. —La médica se permitió sonreír, como si recordara algo de lo ocurrido la noche anterior con el galán que la había rescatado de la torre y la dragona rubia.

—Basta, me dará sífilis con solo mirarte —resopló molesta su mentora—. Te haré un favor y mandaré a pedir con extrema urgencia su historial médico. Estoy segura de que Mei tenía ladillas como mínimo.

—¿Qué?

—¿Qué? —Su mentora le regaló una sonrisa amplia, aun si café sabía horrible—. Tengo hambre.

—Un segundo —resolvió la morena con los ojos entrecerrados, intentando no caer en la tentación de preguntar. Tsunade era celosa de lo que ocurría dentro de su pequeña familia de tres, por lo que sí la creía capaz de querer arruinarle la cita con Genma si no lo consideraba digno para salir con ella. Y Shizune sabía que nadie era digno de ella a ojos de la Princesa de las Babosas—. ¿Sabes algo de Sakura?

—Seguro está bien.

Sakura no estaba bien, se había pasado la noche llorando con la almohada amortiguando sus gritos. Cuando bajó esa mañana, vio a sus padres desayunando y ella decidió que era mejor irse. Nadie ahí la entendería. Había tenido que pasar por tanto para volver al mismo punto, él se iba y no le decía. Cuando le pedía que la llevara con él, solo le decía que no era el momento y veía cómo su espalda se iba desdibujando en el horizonte. Su madre le decía que saliera con el chico de las cejas grandes, como ella lo conocía, ya que podría esperar por el vengador para siempre como iban las cosas. Sakura se vio a sí misma como Tsunade en unos treinta años, o como Shizune a quien nunca le habían visto un novio siquiera. Sus opciones eran en ese momento: tener un problema con la bebida y llorar por un amor perdido u obsesionarse con un cerdito y tratarlo como un bebé.

No podía evitar llorar si veía cómo su amiga Ino salía en citas completamente románticas con otrora insípido Sai, como si de repente él se hubiese transformado en una persona completamente funcional. Y su historia era como de cuento de hadas, ya que Ino lo había salvado y dado sentido a su vida. Ella había intentado ser eso para Sasuke, pero sin resultados. Aún si se había transformado en la digna sucesora de Tsunade, igualando su fuerza inhumana. Y su tortura no terminaba ahí: Hinata estaba felizmente casada; Temari y Karui estaban comprometidas aun si eran rudas y nadie pensó alguna vez que quisieran casarse. Y Tenten… No sabía en qué estaba ella.

Caminó como alma en pena por las calles matutinas de fin de semana, mientras pensaba en la fría despedida del vengador el día anterior, el día que decidió irse otra vez de su lado. Si es que alguna vez él consideró estar a su lado. Se preguntaba si aquel sueño que tenía de restituir su clan era un plan tan lejano para la época que jamás se imaginó que llegaría el momento en que pudiese concretarlo, de ser así eran solo palabras vacías y ella se había aferrado a solo fantasías. Sakura siempre se había imaginado como la madre de varios herederos Uchiha, y él seguro lo sabía. Sin embargo, siempre que visitaba la aldea, tenía a una cortísima reunión con inteligencia y luego decidía irse nuevamente. No tenía tiempo de avisarle ni pasar un rato con ella. Ella se engañaba diciéndose a sí misma que apenas tuviera el tiempo lo haría, aunque en el fondo tenía miedo de que no era problema de tiempo el que tenía. Quizás la urgencia de irse solo significaba que había otra persona. Y cada vez que esa posibilidad aparecía, se ponía a llorar.

—Sakura —oyó en el campo abierto. Levantó la cabeza para ver a Tenten sentada sobre un tronco que se usaba de tiro al blanco. La mujer se veía entretenida balanceando una de sus incontables armas entre sus dedos. Como veía las cosas, la maestra de armas había pasado horas en ese campo de entrenamiento. Así que era una trabajólica, aun en tiempos de paz—. ¿Vienes a entrenar?

—No —le dijo con un hilo de voz. Había estado lista para llorar sus penas más profundas en soledad, pero Tenten estaba ahí así que tuvo que succionar las lágrimas que se agolpaban en sus lagrimales.

—Una lástima, podríamos hacerlo hecho juntas.

—¿Cómo estás? —le dijo para no ser una maleducada. Nunca habían hablado tanto como para tener algún otro tema de conversación. Solo le había dado el pésame por la muerte de Neji.

—Aburrida —le dijo con una sonrisa—. Estaba pensando en hacer algo con mi vida, quizás abra una tienda de armas. Kankurō me dice que estoy loca, que él no vendería nunca sus marionetas. Ya sabes, la gente de la arena es muy intensa —rió ella. Sakura no entendía cómo no usaba un luto toda su vida, si su cuasi novio estaba muerto. Ella no sabría qué hacer si Sasuke hubiese muerto.

—¿Kankurō?

—Sí, ya sabes, el hermano de Temari —le informó—. Viene a verla de vez en cuando, pero de noche prefiere salir conmigo y Kiba.

—¿Y Kiba? —Sakura no entendía qué era lo que los unía como para salir de juerga juntos. Y de pronto pensó la alguna explicación lógica: todos eran solteros.

—Sí, ¿quieres venir esta noche? Creo que Ino vendrá también.

—Sí, podría ir —le dijo con un poco de rechazo. En su mente atormentada, ir solo la haría aceptar que Sasuke no la quería. No quería conversar con nadie si le iban a preguntar porque no había avanzado ni un ápice desde que él había abandonado la aldea… Por primera vez.


Sakura se sentó en el mostrador de la floristería mientras Ino terminaba su turno. En ese momento atendía a una anciana cuyo esposo estaba en el hospital hacia unas semanas. La rubia era una buena oyente y la señora le repitió más de una vez que debía ir a verla a su casa a tomar un té, a lo que ella esquivó de manera ejemplar. Sakura quería tener el mismo desplante y carisma que a su amiga se le daba natural, y que había explotado aún más al tomar clases extra en la academia privada de artes femeninas de Namida Suzume. Ino siempre le decía que aquellas lecciones le habían cambiado la vida y beneficiado no solo durante misiones, sino que también en la vida cotidiana; pero ella siempre había sido la menos femenina de las dos. Y su fuerza sobrehumana la alejaba un poco del concepto de una delicada flor.

La campana de la puerta de la tienda sonó por última vez anunciando el fin de la jornada laboral y el inicio de la juerga de sábado por la noche.

Ino se quitó el mandil con un suspiro y se aproximó a su amiga.

—¿Lista? Extrañaba salir a la taberna —dijo aliviada, luego cambió su expresión a una de sorpresa—. Mírame, soy igual a mi padre. ¿Quién lo diría? Pasé tantos años regañándolo por salir tanto y aquí estoy: lista para salir con mi mejor amiga por una copa.

Sakura no respondió y forzó una sonrisa. No estaba cómoda con lo que estaba haciendo, pero su madre iría a molestarla con sus aprensiones con respecto a las «innecesarias ilusiones que se hacía con su excompañero». Ni hablar de ir a casa Tsunade, seguramente las dos mujeres estarían compartiendo una velada de comida recalentada y sake caliente. Muchas veces había ido con una excusa, alguna pregunta médica o pedir prestados uno de los enormes libros; pero ahora ni siquiera se molestaban en seguirle la corriente y le preguntaban derechamente que cuál era su problema. Su madre, Tsunade y hasta Shizune estarían orgullosas de verla entrar a la taberna. Su mentora más de una vez le dijo que necesitaba amigas de verdad.

Ino le abrió la puerta de la taberna como si se tratara de un ritual de iniciación, donde un ambiente de risas, felicidad y destape se respiraba en contraste a la fría noche de la calle silenciosa. Sakura entró sin saber qué esperar.

—¡Tenten! —gritó Ino en medio del tumulto con una mano alzada. Tenten, que estaba sentada sola en una de las mesas, la vio enseguida e Ino le indicó que iría a la barra por sus tragos. La chica mayor estaba preciosa, su vestido y sus accesorios habían sido elegidos especialmente para la ocasión—. ¿Qué vas a tomar?

—Lo mismo que tú —dijo sin saber qué hacía ahí.

—Anda y siéntate, la primera copa va por mi cuenta —le informó amorosa.

Sakura se animó a si misma tratando de olvidar sus penas. Tsunade lo hacía cada cierto tiempo, si ella tenía su fuerza, también podría tener esto.

—¿Mejor? —le preguntó Tenten apenas estuvo frente a ella—. Te veías melancólica esta la mañana.

—Solo estaba cansada —mintió. La pupila de Gai se veía resulta y tranquila, no podía entenderlo luego de perder a Neji.

—Anímate, Kankurō, Kiba y su novia vendrán pronto. Olvidarás que estás cansada cuando lleguen. —Sakura apretó los labios, así que Kiba tenía una novia; no podía negar que sintió una punzada de celos—. Olvidé todas mis penas luego de salir con ellos, Ino fue de una gran ayuda al traerme al grupo cuando estaba en mis momentos más oscuros, ¿sabes? —confidenció. Así que tampoco podía engañar a una chica con la que apenas había intercambiado unas palabras. A diferencia de Tenten, Sakura se resistió como pudo a las intenciones de mi amiga.

—¡Tenten! —gritó alguien desde la puerta de la taberna.

—Discúlpame —indicó la chica con una sonrisa para escabullirse y encontrarse con el hombre del desierto.

Sakura se quedó sola en la mesa y tuvo ganas de irse por la ventana del baño de la taberna. Era la única que a la que el fin de la guerra no le había traído paz. Su corazón se aceleró y trató de respirar hondo y pausado para normalizarlo.

—Todavía no me acostumbro —dijo su amiga rubia al llegar con dos cervezas de cereza a la mesa, Sakura tuvo problemas para entender a lo que se refería. Ino tomó asiento frente a su amiga y miró hacia la entrada de la taberna con una sonrisa—. Kankurō y Tenten se ven bien, ¿no crees?

—¿Qué?

—Lo sé, una noche estábamos bebiendo y al otro día Kiba me contó que Kankurō no había llegado a dormir. —Tomó un sorbo de la cerveza dulzona y levantó la mano para que los recién llegados se acercaran a la mesa—. También conocerás a la novia de Kiba, se llama Tamaki. Han pasado muchas cosas durante este tiempo.

Sakura sintió que se desmayaría. No quiso ver a nadie, se concentró en la cerveza rosada que tenía enfrente y empezó a beber del vaso. Ya se estaba ahogando, qué más daba si era con alcohol o con pánico y ansiedad. ¿Por qué la gente podía seguir adelante con sus vidas tan fácil?

—Qué bueno verte, Sakura —dijo Kiba, se notaba que lo decía por cortesía—. Tamaki, mi novia —le presentó con orgullo, algo que seguramente Sasuke jamás haría. Se apresuró a tomar otro sorbo de la cerveza que realmente no le gustaba antes de mirarlos con una sonrisa que le costaba mantener—. ¿Sai vendrá hoy, rubia? —le preguntó entonces a Ino y Sakura tomó otro sorbo, no quería ser la única soltera esa noche. Vio de reojo a la pareja conformada por el marionetista y la maestra de armas, no le gustó lo que descubrió. Otro sorbo.

—No, está de misión —le dijo.

—Lástima… —dijo con una risa, le preguntó a su novia qué era lo que quería beber y con un dedo en su nariz le indicó que iría a buscarlos a la barra, qué sorpresa verlo de esa forma. Otro sorbo—. Le dije a Shino que viniera, no ha salido de su habitación hace meses. Creo que finalmente sus bichos están incubando sus huevos en él.

Otro sorbo… pero no había más. Kiba la miró y se rió a carcajadas.

—Estás seca —dijo—. Te traeré algo a ti también.


Sintió que alguien pequeño de cuatro patas se montaba sobre su vientre y daba círculos concéntricos hasta encontrar la posición perfecta para recostarse sobre ella. Gimió incómoda y como pudo abrió un ojo para ver al cerdito rosado reposar sobre ella, como si hubiese encontrado un nuevo colchón favorito en la otra nieta postiza de Tsunade. El primer nieto postizo había sido él mismo, Tonton. Intentó moverse, pero no quería incomodar al animalito que la había bendecido con su presencia. Al menos demostraba que la quería.

Era oficial, no era ni una ni la otra: era la combinación de Tsunade y Shizune. Ahora bebía y un cerdito dormía con ella.

—Así que finalmente dejaste de llorar y saliste con tus compañeros —dijo su mentora, apostada en la cocina con una taza de café entre manos. Tsunade llevaba una sonrisa burlona en sus labios. Sakura se cubrió el rostro con resaca con ambas manos solo para que su modelo a seguir viera su vergüenza. Nunca había querido probar nada, ya que veía cómo se ponía la rubia cuando bebía demás. Y ahora no sabía cómo había llegado ese domingo a dormir al sofá de su mentora—. Bien, te felicito.

Shizune entonces entró en escena con una sonrisa más conciliadora y maternal, en sus manos había una bandeja en la que se distinguía un vaso grande lleno de agua y dos píldoras blancas que debían ser analgésicos. La morena debía tener el coctel para la resaca perfecto luego de años y años cuidando a su mentora.

—No te preocupes —le dijo la morena—, nadie te está juzgando.

—Habla por ti —rió Tsunade, pero su primera protegida eligió ignorarla.

—Es completamente normal salir de fiesta con tus compañeros —explicó la morena peinando el cabello de la chica mientras ella se tragaba con desesperación las píldoras y toda el agua del vaso—. A veces está bien seguir adelante, aun si el plan inicial no resulta.

Ah, sí, la restitución de un clan al cual no pertenecía. Las mujeres mayores lo sabían incluso si la chica nunca había mencionado el asunto abiertamente, se sabía que todos querían que mantuviesen esos ojos malditos dentro de la aldea, a como diese lugar. Y Sakura se sabía como la mejor candidata la cumplir esa tarea, todo el mundo lo sabía. Nadie en su sano juicio iría a tener descendencia con un tipo que podría matarte si despertaba y tenía un mal día. La salud mental de aquel hombre era un tema delicado y tanto Tsunade y como Shizune decidieron permanecer calladas cada vez que surgía el asunto, la pelirrosa no tenía que decir nada y ellas ya sabían que ella confiaba ciegamente en él. Aunque a esas alturas, Sakura no sabía si era inteligente seguir confiando, ya ni siquiera confiaba en que ella fuese la mujer que él considerara para restituir su clan.

—Sí —respondió Tsunade como una leona enjaulada—. Está bien seguir adelante… Con la gente que realmente te quiere y siempre ha estado junto a ti.

—A veces los planes cambian —rebatió la morena—. A veces un poco de estabilidad es lo que se necesita.

—La estabilidad aburre, Shizune —resopló—. Cuando lo recuerdes, yo ya estaré en otro país.

—¿Qué está pasando? —preguntó la pelirrosa. Tenía la impresión de que ya no estaban hablando de ella y que la pelea sobre ellas mismas—. ¿Están bien?

—¿Quién quiere desayunar? —resolvió Shizune intentando dejar el tema ahí y se retiró.

Apenas la morena empezó a hacer el alboroto propio de un desayuno contundente. Sakura miró a su mentora buscando respuestas.

—¿Cómo llegué aquí? —susurró.

—Shizune te trajo —le dijo, pero eso no tenía sentido en la mente de la chica. Shizune era una mujer que jamás visualizaría dentro de una taberna, y menos tan tarde en la noche para encontrarla y llevársela junto a ella—. Sí, estaba con Genma en la misma taberna que tú. ¿Es cierto que besaste a Aburame Shino?

—¿Qué?

—Llegaste gritando que había incubado sus huevos en ti —dijo riéndose—. Personalmente prefiero que solo lo hayas besado.


Si alguien encontró que Sakura tenía una actitud de mierda respecto al resto, no se preocupen, mejorará. Como me gusta el canon quería justificar bien, quería que estuviera frente a lo que más le daba miedo: quedarse soltera, por ende, sin Sasuke; ver ese miedo a la cara y darse cuenta de que no es tan dramático y terrible como se imagina. Una como autora quiere empoderarla. Quiero también que se divierta con otros y gane experiencia antes de estar con el emo vengador, para que esté segura de esa decisión.

Syb, la irrelevante.

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