Sepan perdonar, un cap por mes me parece bien si tengo otro fic activo y uno en proceso de terminar.


Amiga, me di cuenta

por Syb

Capítulo II: La Taberna


Sakura gruñó frente a su tazón de frutas, como si trata de exorcizarse a sí misma de monumental resaca que aprisionaba sus neuronas. Tonton miró a la rosada con preocupación, ni siquiera Tsunade dramatizaba tanto su dolor cuando bebía su peso en alcohol, por ello miró a la rubia en búsqueda de respuestas; pero Tsunade observaba la situación de la chica como cuando su café era lo peor que hubiese probado en su vida. Shizune finalmente tomó asiento en la mesa luego de servir el desayuno y reprendió con la mirada a la rubia y al cerdito para que dejaran sola a la chica.

—¿Qué? —preguntó Tsunade sin importarle que su protegida menor la escuchara.

—Déjala tranquila —murmuró la morena.

—¡Ella está prácticamente rogándonos que le preguntemos si besó o no a Aburame!

—¡No lo estoy haciendo! —gritó la chica cubriéndose el rostro con ambas manos, pero luego recordó que Shizune había sido la que la había sacado de la taberna y llevado a la seguridad de su apartamento. Su mente recordaba momentos inconexos de la noche anterior, pero nada acerca de Shino, ni siquiera recordaba el momento en que él se presentó en la taberna, si es que lo hizo. ¿Cómo había dicho Tsunade? Ella tenía miedo de que él hubiese puesto huevos en ella, era algo que le había oído decir a Kiba—. ¿Lo hice?

—Dinos ya, maldita sea —complementó la rubia.

—No puedo afirmar o negar aquella información —respondió la morena luego de unos instantes de titubeo.

—No estabas prestando atención —resopló la mayor con infinita decepción—. ¿Ahora cómo vamos a saberlo? Sakura estaba ciega de tanto que bebió. —Tsunade negó repetidas veces con la cabeza—. Nunca te pido nada.

—Dime que no acabas de decir eso —reprendió la morena con el dolor colándosele en la voz, a lo que la rosada simplemente se ocultó entre sus brazos.

—No exageres —resolvió la rubia, pero Sakura dejó de escucharlas.

Debía recordar lo que había sucedido la noche anterior. Sakura se vio a sí misma en la taberna; intentó visualizar la mesa, los tragos, la cantidad de vasos vacíos que Kankurō insistía en apilar en el fondo de la mesa para que no estorbaran. ¡Eso era! El extranjero estaba frente a ella en algún punto y hablaba de algo de sus marionetas… No sabía exactamente, en su memoria incompleta los labios del marionetista se movían, pero no decían nada. Ella ya debía estar ciega mirándolo contar un chiste que no alcanzaba a oír porque, adentro de la taberna, había tanta gente que muchas veces debían gritar para hacerse entender. Kiba, tenía la sensación de que él se estaría riendo a carcajadas, lo visualizó con un brazo en los hombros de su novia Tamaki. Estaba segura de que, como esos momentos, Sakura sentía celos por esa demostración de afecto.

—¿Estás bien? —preguntó la rubia Yamanaka a su lado, pero su voz era la de Shizune.

—Sí —dijo Sakura allá en la taberna y en la cocina del apartamento de Tsunade.

—Te traeré más agua —le dijo la morena mientras se levantaba de la mesa para ir por un vaso. Sakura la vio alejarse y volvió a la taberna. Sí recordaba a la médica en algún momento inconexo de la noche, ella figuraba en la barra acompañando a Ino y a Tamaki aparentemente por una nueva ronda; vio a Shizune por el rabillo del ojo y, como en esos momentos, había creído que era una alucinación ya que la morena no era de salir del apartamento.

—Estabas triste anoche —dijo la rosada enigmáticamente a lo que la rubia mayor abrió los ojos más de la cuenta, al fin alguien compartía información valiosa con respecto a la loca noche anterior a la que no estuvo invitada—. Te querías ir de la taberna.

—¿Qué dijo el idiota de Genma? —rugió Tsunade.

—Nada.

—¿Te pegó ladillas? —dijo la rubia con brazos cruzados, a lo que Tonton soltó un chillido alarmado.

—¿Qué? —gritó Sakura a un lado del cerdito.

—¿Puedes parar con el asunto de las ladillas? —dijo Shizune con el rostro apenado, avergonzada de que haya traído el tema nuevamente con Sakura presente. Volvió a tomar asiento en la mesa con el agua de la menor y revolvió un poco el café que tenía enfrente antes de volver a hablar con un hilo de voz: —. Además, ya revisé y está limpio.

—Shizune, no necesito saberlo —replicó Tsunade más enojada que antes—. Sakura no necesita saber que ya tienes sexo con ese hombre, todavía es muy joven.

—¿Qué hombre? ¿Genma, el examinador? —preguntó curiosa, era divertido el drama que se armaba entre ambas mujeres cuando la atención no estaba sobre ella—. Con Ino solíamos fantasear con él, es hermoso; bien hecho Shizune.

—Miré su historial médico —se corrigió la morena con la cara más rosada que el pelo de Sakura.

—¿Qué? —resolvió la rubia confundida, hasta parecía ofendida—. ¿Cuál es tu problema? Deberías haberlo hecho ya. Antes de ayer no llegaste a dormir… ¿Qué hicieron? ¿Solo durmieron abrazados? ¿Qué edad tienes, doce años?

—Yo no podría haberme contenido —murmuró la rosada y Tonton la miró como Tsunade la había estado mirando hace poco tiempo.

—A nadie le interesa, Sakura —reprendió la rubia mayor y se enfocó en desayunar antes de que se enfriara o Shizune se pondría a llorar. ¡Ah, cierto! La morena había estado llorando ayer en la taberna y había dejado que todos la vieran, sería un trabajo titánico apagar el rumor que la morena se había metido sola, incluso para ella que era una bravucona. Debía saber primero qué era lo que le sucedía antes de lanzar un rumor más grande—. Por cierto, ¿por qué estabas llorando?

Shizune se asustó y Sakura contuvo la respiración.

—Yo… —empezó la asistente, a lo que el cerdito apoyó su nariz húmeda en su mano como si quisiera darle ánimos, como si fuera el único que supiera además de Genma, y Tsunade lo fulminó con la mirada—…, no me quiero ir contigo. Finalmente me siento cómoda en la aldea, quiero tener una vida aquí.

Sakura la había visto caminar hacia la barra junto con Genma la noche anterior, él la abrazaba consolándola como si se hubiesen apartado del grupo con el que estaban para tener la privacidad que ella necesitaba, seguramente habían usado la excusa de ir por otra ronda para escapar. La forma que él la protegía mientras ella era vulnerable le daba la misma sensación miserable que le daba Kiba con Tamaki cada vez que a él tenía la urgencia de abrazarla o demostrarle un poco de amor. En su mano una botella vacía de cerveza se rompió y de su palma brevemente salió un poco de sangre, a su lado Ino gritó alarmada para decirle que controlara su fuerza. Genma realmente quería a la médica, podía notarlo desde el otro lado de la barra.

—Genma te hace bien, Shizune —dijo ella en la mesa luego de aquella regresión, pero Tsunade no le gustaba ni un ápice de ese examinador—. La forma en que te abrazaba…

—Lo sé —respondió la morena tan aliviada de que por fin alguien diera crédito a lo que ella sentía.

Sakura terminó de comer en silencio, preguntándose si alguna vez Sasuke la abrazaría de esa forma.


Luego de desayunar, Sakura decidió que era mejor emprender camino a su hogar. Aun si sabía que sus padres no irían a alarmarse si una noche no llegaba a su hogar. Ella era una mujer grande y fuerte, y ciertamente ellos habían descansado su paternidad en su independencia toda la vida. A veces tenía la sensación de que Shizune se preocupaba más de ella que su propia madre, y la dinámica que tenía la rubia y la morena era lo más parecido que tenía a una familia funcional. Incluso había decidido llevarse al cerdito un par de veces para aliviarle la carga a las dos mujeres.

—Miren quién viene allí —oyó en un puesto de hamburguesas. En la mesa estaban los platos y vasos vacíos apilados a un lado para que no molestasen, el hombre del desierto tenía un extraño sentido del orden en la mesa. Kankurō tenía una expresión relajada sentado en su silla con las piernas abiertas mientras que Tenten tenía los codos apoyados en la mesa de forma más femenina y elegante. Habían desayunado hamburguesas, por alguna razón le dio un poco de nauseas—. La chica bicho.

—Kankurō, no seas rarito —reprendió su aparente novia con una sonrisa. A Sakura todavía no le parecía natural esa pareja, a diferencia de Shikamaru con Temari, quienes habían sido vistos durante años acercarse a un paso lento pero seguro, ellos habían empezado de manera imprevista, al menos para la rosada. Incluso Ino le había dicho que había sido de un día para otro, necesitaba respuestas. Quizás encontraría la forma de hacer una relación aparecer de un día para otro—. ¿Quieres sentarte con nosotros?

—Claro que sí —dijo y su mente divagó. Kankurō y Tenten tenían la misma obsesión con sus herramientas: ella con sus armas y él con sus marionetas, por lo menos ya sabía de qué era que hablaban cuando estaban solos. ¿Cómo había dicho ella? Kankurō le decía que estaba loca por pensar en vender sus armas—. ¿Cómo pasaron la noche?

—No recuerdo mucho —rió Kankurō—. Solo sé que desperté a Tenten hoy en la mañana porque vomité.

—Eres como un adolescente —reprendió ella con brazos cruzados—. ¿Quién bebe tanto a esta edad?

—Todos en la Arena —respondió con orgullo, a lo que Tenten solo negó con la cabeza para mirar a Sakura.

—¿Y tú?

—Recuerdo algunas cosas, pero nada muy concreto —explicó la rosada, recordaba al marionetista apilando vasos a un extremo, mientras hablaba con Kiba y se reían entre sí; recordaba ir a la barra con Ino y Tamaki por otra ronda, lugar en donde rompió un vaso mirando amor entre la señorita Shizune y el exterminador Genma. Como había dicho: nada muy concreto. Si tan solo ellos pudieran darle más información: —. ¿A qué te refieres con chica bicho?

Kankurō reprimió una sonrisa y miró a su novia como si pidiera permiso para contarlo. Tenten puso los ojos en blanco para tomar el habla ella, quizás en la boca del extranjero sonaría peor de lo que realmente era.

—Seguiste a Shino hasta el baño de hombres, no sabemos qué pasó. No estuviste mucho tiempo allí —dijo ella con los hombros caídos.

—Estabas gritando algo de unos huevos —terminó él, un poco más serio, quizás solemne. Sakura tuvo el breve recuerdo de ella mirándose al espejo con las manos apoyadas en el lavabo prometiéndole a las deidades que nunca más saldría de juerga si tan solo dejaran de hacer girar el suelo a su alrededor. En su recuerdo, brevemente tuvo una visión de Tenten llorando borracha mientras Tamaki la consolaba, pero no había señales de Shino.

Es que no entendía, el alcohol era un depresor natural y, para colmo, te hacía pésimo. ¿Por qué alguien querría envenenarse de esa forma?

—¿Y tú, Tenten? ¿Recuerdas algo?

—La verdad no mucho —rió apenada—. Cuando Kankurō viene y se junta con Kiba, sé qué me espera.

—Quizás debas ir con Ino, esa chica no debe tener resaca. Nunca había visto una resistencia como la de ella —sugirió a la rosada y luego miró a Tenten con una sonrisa—. Bueno, ya estoy bien. La hamburguesa hizo efecto, ya no tengo resaca.

Se sorprendió de que Ino fuese una bebedora invencible, quizás los genes de su rubio y apuesto padre eran dominantes con respecto a su resistencia. Era una buena sugerencia la del extranjero, ya que, en caso de que la rubia no recordara nada, bien podía someterse a una lectura mental como las que los Yamanaka ejercían dentro del Cuartel de Inteligencia. Además, siendo su mejor amiga había un código entre ellas que obligaba a la rubia a no esparcir sus secretos.

Tenten le sonrió a Kankurō de la misma forma que él hacía y el extranjero se levantó a pagar la comida al interior del local. Era su momento.

—Tengo que preguntar —empezó la rosada—. ¿Cómo es que están juntos? Nunca pensé que Kankurō fuese tu novio.

—Nadie lo esperaba —respondió—. Él estaba soltero, yo también. Eventualmente nos empezamos a acercar precisamente por eso. Que no te engañe su forma arisca de ser, es tierno y atento en el fondo. Cuando me di cuenta, simplemente pasó. Creo que ya te lo había dicho ayer.

«—Que no te engañe el hecho que estuvo desquiciado toda su vida y que trató de matarnos a todos en algún momento, que tampoco te engañe el hecho de que ahora sea lejano y de pocas palabras; en el fondo es tierno y atento —se imaginó diciendo Sakura a Tenten en unos años más, la Maestra de Armas diría: sí, tienes razón, que eso también pensaban de su Kankurō en el pasado. Cuando fue parte de la invasión de la Hoja, él solo estaba siguiendo las órdenes de su padre y aldea. Sin embargo, Sasuke lo había hecho por voluntad propia.

Sakura arrugó los labios cuando supo que eso no estaba ni cerca de ocurrir.


Encontró a Yamanaka Ino en la floristería de su familia. Tal y como había dicho el extranjero, ella parecía tener la piel tan tersa y descansada como la de un bebé, nadie habría sospechado que había ido a una taberna la noche anterior ni bebido tanto o más que el resto, y para nadie era secreto que tenía un gusto especial por los tragos dulzones que, por definición, tenían mayor grado alcohólico que las simples cervezas. Luego de indagar en sus secretos, la rosada le preguntaría el suyo con respecto al alcohol.

—Así que quieres que entre a tu mente y te haga recordar todo lo que ocurrió ayer —le dijo más tarde la rubia, sentada en el mesón de la caja registradora con una cara de espanto—. ¿No prefieres dejar que esa noche de vergüenza al olvido? Yo sé que he tenido noches así. Kiba lo sabe.

—¿Qué hice? —preguntó la rosada más exasperada aún. Era la chica bicho y no sabía por qué.

—Está bien, por favor no rompas nada —le dijo con los hombros abajo en señal de sumisión—. Pero no me digas luego que te arrepientes.

Ino suspiró con los ojos cerrados y posó su palma en su frente y la otra en la de Sakura. Pasaron segundos de nada, Sakura observó con impaciencia a la rubia concentrarse con sus ojos cerrados. Nada ocurría, ¿es que tenía que estar con su mente en blanco? No, si pensaba en tener la mente en blanco estaba pensando. Nada, nada, nada. Y, de pronto, cuando estaba a punto de abrir la boca para decir que no estaba teniendo resultado esa hechicería, sintió que su alma abandonó su cuerpo y volvió a escuchar a la gente de la taberna a su alrededor. Abrió los ojos, asustada, y vio que Kankurō apilaba los vasos vacíos en una esquina de la mesa para que un mesero se los llevara al pasar, Kiba hablaba de una misión a la que había ido recientemente junto con Shino, y el extranjero escuchaba atentamente con una sonrisa torcida. Sakura miró a su lado y Tenten estaba hablando a su lado. Al parecer estaban teniendo una conversación.

—… y que no te engañe: Kankurō se ve arisco, pero en el fondo es tierno y atento —le decía con una voz que le daba a entender que ya estaba cediendo ante el alcohol—. Tan solo míralo y créeme. Él estaba sola y yo estaba solo, solo pasó.

Ella obedeció, pero lo que vio fue a Kiba abrazando a Tamaki como si no la hubiese visto en años, ya que solo había ido a pedir un vaso de agua a la barra. Sakura quería recibir esa clase de atención por parte del vengador.

—¡Eres tan bonita! —le decía el perro a la gata, algo que nunca le diría Sasuke.

—Sakura, ven —dijo Ino llegando a la mesa luego de intentar ir al baño de mujeres, pero algo la detuvo en el camino y volvió corriendo—. Tienes que ver esto.

Sakura la siguió, curiosa de qué irían a ver junto a su amiga. Ino la condujo por el lugar con una risita de niña pequeña y tomó su lugar entre la gente que esperaba en la barra ser atendido por el ocupado tabernero. Luego, aguardó. Sakura solo la imitó sin entender qué estaban esperando. La rubia seguía con la risita cada vez que alguien se movía o se iba para despejar la vista.

—¿No es ella la señorita Shizune? Pensé que me habías dicho que era soltera —dijo la Yamanaka apuntando a una de las mesas más alejadas del lugar. Las mesas que al parecer eran reservadas para las personas más importantes de la aldea: los veteranos—. ¿Cuánto tiempo crees que no lleve poder estar en una de esas mesas?

Sakura intentó alargar la vista como pudo, pero las personas del lugar no se apartaban para dejarla ver mejor. Conque la señorita Shizune había salido ese día, no podía ser cierto. Ese día era noche de recalentados e irían a tomar sake caliente con la señora Tsunade mientras veían una ficción romántica en la televisión. Siempre las había visualizado como una pareja de ancianas lésbicas de muy buena apariencia. Se acercó, ocultándose entre cuerpos de personas esperando sus cervezas en la barra, dejando a Ino atrás. Primero vio a Mitarashi Anko, la aterradora examinadora del Bosque; luego una chica que sabía era una asesina ANBU, ninguna de ellas correspondía a la menuda y tímida señorita Shizune.

—¿Qué estamos haciendo? —dijo una chica, cuando vio sobre su hombro vio que Tamaki estaba a su lado, ocultándose de la misma forma que ella lo había hecho con la rubia.

Claro que era una chica gata.

—Estamos espiando a los veteranos —dijo Ino, uniéndoseles de la misma forma sigilosa que Tamaki se había acercado—. ¿Creen que alguna vez seamos como ellos?

—Claro que sí —dijo Tamaki—. En su momento, ellos también tenían que usar las mesas que nosotros usamos.

—La señorita Anko es tan genial —dijo Ino a lo que Tamaki secundó.

Sakura vio que Anko estaba contando una de sus proezas casi subida encima de la mesa, parecía que estaba matando a una gran serpiente por la mímica que hacía. A su lado estaba Kurenai con una sonrisa recatada y una copa en sus manos, la pelirrosa pensó que Ino alguna vez se vería tan bien y refinada en aquella mesa como la viuda de Asuma. Yamashiro Aoba, el de las gafas oscuras, hablaba animadamente con Namiashi Raidō, el guardaespaldas quemado; ahí estaban Kiba y Kankurō de un futuro próximo. Sakura vio entonces a Morino Ibiki, el temible examinador con cicatrices en la cabeza rapada; Izumo y Kotetsu, los edecanes, también estaban los maestros Ebisu y Namida Suzume conversando en una esquina. Y a su lado, la señorita Shizune se veía tan perdida como se sentía en esos momentos Sakura. Sabía que la morena estaba melancólica porque podía reconocerse a sí misma como viese un reflejo. Shiranui Genma le tocó suavemente el hombro, parado detrás de ella y le indicó con un gesto de la cabeza que lo acompañara. Sakura sintió que el corazón le bombeó con fuerza y los siguió con la mirada; si a Shizune la vida le sonreía, a ella también podría pasar.

—Toma, Sakura —le dijo Ino cuando el tabernero le ofreció una cerveza a cada una de las chicas que espiaban en su barra. La pelirrosada la aceptó sin mirarla—. Se ven tan lindos —opinó cuando Genma y Shizune se detuvieron en el otro extremo de la barra y él la reconfortó con una mano sobre su cintura, con una proximidad tan intima que no debían ser solo amigos—. ¡Salud!

Tamaki e Ino juntaron sus cervezas y se miraron a los ojos como si fuesen amigas de toda la vida, pero Sakura estaba observando lo que podría ser su futuro. Debía serlo, la morena se veía exactamente como ella. Ambas eran las protegidas de Tsunade, ambas compartían esa sensación de extrañeza frente a sus pares. Ino y Tamaki aguardaron a que Sakura chocara su botella con las de ellas.

—¿Sakura?

—Salud —dijo sin mirarlas y se bebió el contenido hasta el fondo sin quitarle la vista a los veteranos. Genma le acomodaba los mechones de cabello negro a Shizune y ella sonreía mirando hacia abajo como si todavía no estuviera acostumbrada a esos gestos. Se imaginó a sí misma siendo tan tímida con Sasuke. Genma le besó una mejilla tiernamente cuando Shizune se sintió lo suficientemente abrumada por sus emociones y luego la estrechó contra sí cuando ya no pudo contener sus lágrimas.

—Aaaw —dijeron al unísono Tamaki e Ino y la botella explotó en la mano de Sakura para transformar su enternecido murmullo en un grito asustado.

¿Cuándo iría a pasarle eso a ella?

—¡Sakura, ten cuidado con tu fuerza que te vas a lastimar! —gritó la rubia.

Sakura se fue al baño para no llamar más la atención. Con ambas manos en el lavabo, se miró al espejo para detener las lágrimas y las vueltas que una nueva cerveza había provocado en su sistema. Respiró hondo y sintió el sonido del llanto retumbar en las paredes del baño. La pelirrosa se miró en detalle el rostro, pero no vio ninguna lágrima correr aún. El llanto venía desde uno de los cubículos de los inodoros. Se aproximó lentamente para descubrir que la Maestra de Armas se trataba de tragar el hipo de conmoción que había aprisionado su garganta.

—¿Tenten? ¿Estás bien? —le preguntó Sakura, segura de que sería capaz de acurrucarse a su lado para llorar junto a ella.

—Es Kankurō…

—¿Qué te hizo? —rugió la protegida de Tsunade, dispuesta a ir a repartir unos golpes a ese malnacido. El hermano de Temari no tendría oportunidad ante ella, había derrotado a mejores marionetistas de la Arena que él.

—Nada… Él… —dijo con su hipo—…, es tan tierno. No sé… Por qué…, estoy llorando.

—Estás borracha —le dijo Tamaki entrando al baño. Esa chica estaba en todas partes—. Ven, vamos a tomar agua.

Sakura las siguió de cerca y vio que Ino estaba con un cóctel colorido entre manos de vuelta con los chicos, alguien nuevo estaba en la mesa: un hombre alto que no se había quitado el enorme abrigo dentro de la taberna aun si hacía demasiado calor. Aburame Shino estaba parado a un lado de la mesa como si quisiera irse, segundos después de llegar. Al parecer Ino trataba de convencerlo con todas sus fuerzas de que se quedara un poco más.

—¡Sakura! Dile a Shino que se quede —le pidió la rubia.

—Hola… —dijo entonces, estaba bajándose aún de esa montaña rusa de emociones por lo que no pudo articular más que un simple saludo.

Shino sonrió. Al parecer se sintió reflejado en ella por su visible incomodidad, al igual que ella lo había hecho en la barra espiando a la señorita Shizune.

—¿Qué? —exclamó Kiba—. No puedo creer que eso haya funcionado.

Yamanaka Ino abrió los ojos, visiblemente sorprendida, y empezó a beber de su copa intentando acallar sus más oscuros pensamientos. La rubia se excusó diciendo que iría por otra copa y Kiba y Kankurō se rieron y el primero susurró la palabra «once», quizás para contar los tragos que llevaba la rubia. Parecían dos niños pequeños de la Academia.

Kiba extrañó a alguien.

—Oye —dijo Inuzuka—. ¿Dónde está Tamaki?

—Con Tenten… —dijo Kankurō con una sonrisa, pero cuando la vio en la barra con su maquillaje corrido, se puso serio y se fue en silencio a rescatar a su damisela en peligro, con Kiba acompañándolo de cerca.

Shino y Sakura se quedaron solos, parados a un lado de la mesa. Él seguía con su sonrisa en sus labios, se veía raro.

—¿Estás solo?

—Sí.

—Yo también —le dijo y miró que Tenten abrazaba a Kankurō y lloraba apoyando su frente con la de él como si estuvieran haciéndose una promesa de amor eterno que no iban a recordar al otro día. ¿Kankurō y Tenten? Eso no era natural. Tal y como ella y Shino.

Entonces recordó lo que dijo Tenten: «—… y que no te engañe: Kankurō se ve arisco, pero en el fondo es tierno y atento —le decía con una voz que le daba a entender que ya estaba cediendo ante el alcohol—. Tan solo míralo y créeme. Él estaba sola y yo estaba solo, solo pasó.» Miró a Shino con otros ojos.

—Estás sola y yo solo —le dijo al hombre.

—Quieres decir que yo estoy solo y tú sola —corrigió el hombre de los bichos.

—Solo pasará —le dijo Sakura más borracha que nunca. Sasuke no era más que un mito, ella debería poder tener una oportunidad de romance con alguien, incluso si era tan improbable como ella y Shino, como Kankurō y Tenten.

Sasuke no iría a decirle hermosa como Kiba a Tamaki; tampoco la consolaría cuando ella estuviese vulnerable ni la abrazaría de forma protectora como Genma a Shizune, mucho menos saldría corriendo si la veía llorando como Kankurō a Tenten. Sakura sonrió y cerró los ojos, para ponerse de puntillas para acercarse al hombre bicho.

—Lo siento, pero no quiero besarte —le dijo alejándose dos pasos si ella se acercaba uno, se notaba incómodo y trataba de ver entre la gente algún espía encubierto—. Eres atractiva, sí, pero es mucho el riesgo.

—¿A qué te refieres? —Sí, ella podía utilizar un solo dedo para aturdirlo, pero algo le decía que no era eso a lo que él se refería.

—Sasuke, nadie sabe si te ama o te odia, pero no quiero meterme en su camino en caso de que sea la primera opción.

—¡Pero mis huevos están agotándose! —gritó ella para seguirlo al baño—. Necesito romance.


N/A: Por la Diosa, este cap no quería terminarse nunca. Al menos ya solucioné el misterio de Shino. ¿A alguien más le gusta el KankuTen? Me di cuenta que puse parejas canon y dije que KankuTen también lo era, jajaja. ¡Es mi fic y es canon aquí!

Me demoré porque sabía que quería una historia en que de a poco se fueran resolviendo las cosas, pero yo tampoco sabía qué era lo que había sucedido, así que fue todo un reto hacer calzar las cosas. Sepan perdonar, estuve un mes mirando el par de pedazos de escena que escribí sin saber cómo seguirlo, además leí "Cuentos de Dunk y Egg" y siendo una novela de caballeros con dragones y casas, no me inspiraba nada para una trama simple de borrachos y Sakura buscando el amor. Dicho esto, me gusta que Sakura busque esperanzas en otros, y me gusta que sea tan Aries que quiera ofrecer puños por sus chicas. Y bueno, el guiño de los veteranos lo hago porque me gusta incluirlos en todo lo que hago. Mi otro fic: La Reina de los Fracasados, es básicamente este fic, pero con los adultos olvidados, así que fue como un AU de ese fic, jaja. Sin Reina no existe Amiga.

*Si se preguntan cómo voy tejiendo las personalidades, es fácil: sus signos zodiacales. Kankurō es tauro, así que le gusta comer y divertirse, los placeres de la vida que le dicen y, como es un signo de tierra, debe tener una noción de orden. Tenten es piscis, así que es una romántica y tiene a preguntarse por qué ella y se me hizo natural que como es un signo de agua, si es feliz, llorará por ello. Ino es libra, por lo tanto, es una coqueta y quiere la paz entre mundos, por eso es la que junta a todos. A Tamaki solo la visualicé como un gato y a Kiba como un perro, ella la veo amando de lejos y muchas veces sofocada por el amor de un perro, aún si lo quiere. Y Shino es acuario, el signo más raro que existe. Además es el más desapegado de todos.

Manden ideas y vacúnense,

Lady Syb.