Pido perdón por el retraso de años (año y algo). A veces me desanimo, pero un review revivió mis ganas de seguir esto.
Amiga, me di cuenta
por Syb
Capítulo III: El amable gigante y la piel morena
Sakura se ocultó en su habitación en la casa de sus padres por dos semanas, luego de darse cuenta de lo que había hecho aquella noche en la taberna. Bueno, cuando hizo que Ino le mostrara los recuerdos que había perdido a causa del alcohol. Apretaba la mandíbula cada vez que recordaba pensar en lo destinada que estaba a Aburame Shino, todo porque Tenten le había contado sobre su relación improbable con Kakurō de la Arena y ella había decidido que era exactamente lo que su vida necesitaba. Qué tonta, pensaba Sakura, un poco de alcohol y olvidaba a Sasuke solo porque él no era atento como Kiba, empático como Genma o protector como Kankurō. Sasuke debía tener lo suyo, solo que aún no lo dejaba ver, ¿cierto? Cada día estaba más cerca de averiguarlo, aunque con cada noche que pasaba, abrazaba el drama y la sensación de que iría a los matrimonios de todos los demás y luego a los nacimientos de sus hijos y en ningún momento Sasuke la acompañaba.
Apretó un puño, gruñó y relajó la mano para dejarse caer sobre su cama para evitar romper algo.
—¡Sakura! —gritó su madre desde la planta de abajo—. ¡No quiero que uses tu fuerza dentro de esta casa!
—Sí, mamá —murmuró de vuelta.
Debía independizarse, se dijo amargamente, y así podría romper todo cuando quisiera, llevar amigas cuando quisiera y llevar chicos todas las noches. Se rió amargamente: ¿chicos? Se preguntó si Shino iría a su casa con ella, tal cual hacía Sai al escabullirse todas las noches a la enorme casa familiar de Ino. Cerró sus ojos y tapó su boca con una almohada para gritar en ella. Ya no sabía como contener la rabia y la vergüenza que sentía luego de acompañar a Ino a la taberna. Y, más aún, no poder mantener sus pensamientos centrados en Sasuke.
—¡Sakura! —gritó su mamá.
—¡Ya lo sé! —gritó devuelta.
Y tomando sus zapatos, salió a su balcón para calzarse y se fue. El aire fresco la hizo sentir un poco mejor y la calle iluminada por los faroles hacía que todos transeúntes estuviesen ajenos a su presencia en la aldea. Se detuvo un tejado del Distrito del Licor y se dedicó a observar a los aldeanos que merodeaban las calles llenas de tabernas. Decidió tomar asiento y descansar su cara en sus manos, para luego ahogarse en suspiros lastimeros.
Luego de unos minutos en soledad lastimosa, alguien puso un pie sobre su mismo tejado y la alertó.
—Sakura —la llamaron.
—Yuugao —respondió a la ANBU con máscara de gato con tres marcas rojas.
Era a la mujer que usualmente enviaba la señora Tsunade cuando quería hablar con ella o con Shizune, pero algo le decía que había estado frente a su ventana a la espera de que decidiera salir nuevamente al mundo. Entre más tiempo ignoraba a su maestra, sabía que sería peor.
—Sakura, tienes que ir a ver a la señora Tsunade. Está preocupada por ti.
—Iré mañana —respondió hostil.
—Hoy es mejor —sugirió la mujer gato.
—Hoy tengo planes —respondió la pelirosa.
Pareció que la mujer iba a decirle algo, pero algo captó la atención de la chica. Era Akimichi Chōji en una de las esquinas transitadas, en una posición bastante menos activa, ya que parecía esperar a alguien con una expresión acongojada. Nervioso, quizás, ya que no sabía qué hacer con sus manos regordetas y jugaba con ellas como si quisiera secarse el sudor de sus palmas. Si él estaba ahí, quizás Shikamaru e Ino también estarían cerca, él definitivamente se tardaría en llegar por algo del trabajo y ella aparecería cuando estimara correcto una diva como ella. Chōji era solo un alma noble perdida en un mar de vicios y lujuria, seguro esperaba ir a la barbacoa luego.
Decidió bajar y unírsele, ya que debía pedirle a Ino borrarle la memoria en algún momento de la noche. Sabía que el Akimichi la entendería y empatizaría con ella sin escuchar la historia detrás de su desaparición, y que al Nara no le interesaría en lo más mínimo.
—¡Sakura! —la llamó Yuugao, pero ella ya estaba en la calle.
Akimichi no la vio de inmediato, él se entretuvo mirando en todas las direcciones en vez de mirar hacia sus espaldas. La paz le estaba dañando los sentidos, se dijo Sakura; así que decidió llamar su atención al tocarle el hombro. Él se tensó bajo su mano y ella tuvo la precaución de estar alerta de cualquier movimiento del hombre regordete, ya que quizás había activado sus alarmas de peligro al ser tan sigilosa para sus sentidos.
—¿Karu-…? ¡Sakura!
Ya, esperaba a su novia extranjera. Estaba nervioso porque iría a verla luego de quizás cuánto tiempo. Según ella sabía, a Karui nunca pareció interesarse por nada ni nadie en la aldea de la Hoja cuando estuvo como diplomática y organizadora de los exámenes chunin. Decía que odiaba el clima y la comida, y muchas veces la oyó quejarse de que empezaba a perder su color caramelo de su piel y empezaba a parecer leche insípida, a pesar de que en la Hoja sí había sol. Salió con Temari de la Arena como un intento de adaptación, pero la química entre ellas no fue lo que Karui esperaba con su personalidad intensa. La mujer del desierto lo intentó, ya que la invitó un par de veces a su casa, mientras que su prometido invitaba a su mejor amigo para nivelar la intensidad de la reunión. Ino le comentó que Shikamaru creía que Karui odiaba profundamente a Chōji y que no iba a salir nada bueno de ahí. Sin embargo, un mes antes de que Karui fuese reemplazada por otro diplomático de la Nube, se le vio caminar junto al Akimichi por todas partes.
—¿Cómo estás? —le preguntó ella. Solo podía hacer una cosa: fingir demencia.
—Bien, ¿y tú?
—Bien.
Qué incómodo, pensó ella, quizás sí debió haber seguido a Yuugao hacia Tsunade y dejar que la rubia la regañara por desaparecer tanto tiempo; pero ahí estaba, teniendo la conversación más genérica posible con el rollizo.
—¿Esperas a alguien?
—Sí —le mintió ella—, Ino debería venir.
—Pensé que Sai llegaba hoy… —le preguntó él, parecía que iba a adelgazar por toda el agua que escurría desde su frente, manos y axilas.
—Quise decir Kiba —se corrigió, a sabiendas que no iría a zafar de la mentira, pero debía negarlo hasta el final—. ¿Y tú?
—A Karui —le dijo con un hilo de voz.
—¿Tu novia?
—No, no —se apresuró a decir, visiblemente más asfixiado que antes—, no es mi novia.
—Pensé que sí.
Otro silencio que la hizo querer volver con Yuugao, pero al mirar hacia el tejado del que había venido, este estaba vacío. Decidió sonreírle a Chōji y buscar entre las personas que rumeaban en el Distrito del Licor alguien que pudiese salvarla de tan bochorno, pero a la única que encontró fue a Karui caminando a su dirección. Su expresión era elocuente: ya que veía al Akimichi con una sonrisa amplia, parecía solo verlo a él, no era tan difícil ya que era enorme por donde se mirará, pero en un momento sus ojos penetrantes descansaron en la chica de pelo rosado que amaba a su enemigo número uno, Uchiha Sasuke. Apenas la vio, su expresión pasó de la felicidad al fastidio en un segundo, como si de pronto recordara lo mucho que odiaba el clima, la gente y la comida de la Hoja.
—Hola —ladró apenas estuvo frente a ella, sus manos estaban sobre sus caderas como si estuviese lista para amenazarla—. ¿Qué haces aquí?
—Estaba por irme, espero a Tenten —resolvió nerviosa, se mordió la lengua apenas dio un nombre distinto al que suponía.
—¿Tenten? —dijo Akimichi. Sakura cerró los ojos, seguro le diría que Tenten ahora estaba de vacaciones en la Arena junto a su novio improbable—. Nosotros comeremos con ella y Kankurō. Puedes venir con nosotros.
Chōji no podía dejar de ser amable en ningún momento y quizás no se daba cuenta de que podría ser un impedimento si quería que Karui fuese su novia en un futuro. Karui de la Nube era una protectora innata, capaz de moler a golpes a quien se le cruzara en el camino a alguien que quisiera; mientras que el Akimichi no podía dejar a Sakura morir en su delirio. La piel morena no dijo nada y solo se puso a caminar en dirección al lugar donde se encontrarían con la otra pareja.
Sakura los siguió arrastrando los pies, definitivamente debió seguir a Yuugao a la Torre para enfrentar la furia y sarcasmo de su mentora, era mucho mejor que disfrutar una velada con una pareja y otra en medio del cortejo. Era evidente que Karui adoraba a Chōji de una manera que él no llegaba a comprender y solo debía proponerle ser su novia para que ella saltara a sus brazos. Sería interesante verla de esa forma y aun más interesante ver a Sasuke ser doblegado por ella de la misma forma. ¡Cuándo sería su momento!
Akimichi les abrió la puerta del local al llegar. Se sentía extraña siendo la persona impar en una cita doble, pero ya estaba demasiado involucrada como para salir corriendo.
—¡Chōji! —gritó Kankurō, levantando un brazo para que este lo viera.
Sakura vio que Tenten estaba a su lado y frente de ellos estaba Lee, mostrando sus enormes bíceps con su nuevo atuendo, algo que le llamó la atención. ¿Desde cuándo había decidido dejar su figura esbelta y rápida para transformarse en una bestia fibrosa? Se imaginó a si misma siendo alzada por sus brazos y algo en su interior entró en calor. Lee miró por encima de su hombro y la vio por fin, se sonrió y Sakura tuvo la sensación de que, en unos meses, él se había transformado en un hombre maduro.
—Sakura —le dijo—, tiempo sin verte.
—Lee, ¡qué bueno verte! —resolvió ella.
Se sentaría junto a él, segura de que ya no era un número impar junto a él en esa cita doble, sino que se trataba de una junta de amigos. Se acomodó junto a Lee, mientras Karui tomaba asiento junto a ella y Chōji lo hacía frente a su futura novia. Sakura por fin se relajó, saludó al hombre del desierto y a Tenten y notó que ambos tenían las manos entrelazadas sobre la mesa. Sus labios se curvaron en una sonrisa al suponer que Kankurō era tan tosco como para hacer esas cosas románticas, estaba equivocada. En cambio, Lee seguro lo haría siempre que pudiera.
¿Pero qué estaba pensando? Primero Shino y ahora Lee, sus fantasías eran un desastre y estaban en un descontrol maldito. Pensaba que apenas la guerra se hubiese acabado, luego de que Sasuke se hubiese disculpado, además de recibir el perdón oficial por sus contribuciones en la guerra; todo iría viento en copa. Sin embargo, Sasuke se alejaba más y más de ella, mientras que su necesidad de ser amada se incrementaba con cada día que pasaba.
—¿Y Kiba? —preguntó Sakura al extranjero.
—Él y Tamaki tenían planeado un viaje —resolvió el marionetista con un dejo de molestia—. Se olvidó que mañana vuelvo a la Arena.
—¿Mañana?
—Debo volver en algún momento —respondió entretenido—, no es mi aldea y mi hermana ya esta cansada de verme aquí. Piensa que no sé lo que hacen con Nara cuando me voy. Además, mi lugar está con el Kazekage —continuó mientras miraba a Tenten que no estaba tan entretenida con el tema de sus hermanos como él, sino que se veía triste al saber que su novio volvía al país del Viento—. Karui llegó a reemplazarme. Los de la Hoja como ustedes no saben qué hacer sin un par de extranjeros.
—Son muy insípidos —respondió Karui descansando la cabeza en una mano, como si estuviese terriblemente aburrida.
—¡Exacto! —rio el marionetista.
Luego, miró a su novia, acunó su rostro en sus manos y le plantó un beso suave en los labios como si quisiera animarla. Su lenguaje en el amor parecía ser tosco, sarcástico y lleno de demostraciones de cariño que contradecían todo lo que salía de su boca. Sakura sintió un poco de celos, aunque luego vio los ojos de Tenten un poco vidriosos y la recordó llorar amargamente en el baño de la taberna solo porque estaba feliz de que Kankurō estaba con ella. Karui parecía ser más parecida a Kankurō de lo que era a Temari, que era más tranquila y menos sarcástica. Y luego, la mente de la Haruno divagó y pensó en el lenguaje amoroso que tendría Sasuke con ella.
Un mesero vino por la orden de los bebestibles de la mesa, Sakura se mantuvo callada mientras escuchaba al marionetista hablar con Karui de las diferencias que notaban de sus respectivas aldeas con la Hoja, algunas intervenciones de Tenten y las risas nerviosas de Akimichi. Lee se mantuvo callado y solo escuchaba atento, especialmente cuando su compañera de equipo regañaba a Kankurō por alguna tontería que decía y se reía como si recordaba algo de su vida junto a Neji y Maito Gai. Si Neji estuviese vivo, seguro Kankurō saldría de la Arena solo cuando visitara a Temari. Neji y Tenten parecían haber estado unidos a un nivel espiritual desde la juventud y Sakura se preguntaba si cada vez que Tenten lloraba, parte de ella lo hacía todavía por Neji y por la vida que no tuvo con él, como si Kankurō fuese su segunda oportunidad. ¿Se sentiría mal él por ser el segundo?
Quiso dejar de mirar la realidad tan abrumante, así que clavó su mirada en el vaso de cerveza que había traído el mesero. A su lado, Lee tenía una limonada con hojas de menta y unas cuantas rodajas de limón, y se preguntó si se sentiría incómodo estar en un grupo que solo bebía cerveza. Si alguna vez quiso beberla como el resto. También se preguntó dónde había estado todos esos meses, el por qué de todo su cambio físico; ¿habría sido una decisión estética o solo quiso mejorar su fuerza? Y qué había ocasionado su repentina madurez. Sus ojos pasaron de los brazos fibrosos de Lee hasta su pecho, el cual parecía cincelado en piedra, y luego bajaron hacia sus abdominales, parecía que podría subir en ellos como si de una escalera se trataran, por lo definidos que estaban bajo el spandex. Sus manos se cerraron en la cerveza como si tratara de desviar su atención hacia otra cosa. De los brazos al pecho, luego hacia sus abdominales, había una dirección clara hacia dónde quería llevarla su curiosidad. ¿Sería duro como el resto de su cuerpo?
Cuando intentó volver su concentración hacia la conversación, notó que Tenten la miraba fijamente y no parecía del todo molesta, sino que tan curiosa como ella, aunque por cosas completamente distintas. Su mirada parecía decir: ¿es que por fin vas a darle una oportunidad al chico que te amó desde la primera vez que te vio?
—Oye, Lee —la cortó Kankurō—. ¿Cuándo te casarás?
Sakura se quedó de una pieza. ¿Cómo es que Rock Lee se casaría? Y lo más importante: ¿quién era esa misteriosa mujer? ¿de donde había salido? Al parecer era ella la razón por la que había cambiado su físico y había tranquilizado su corazón intenso y ahora adoptaba una actitud más madura ante la vida.
Lee se sonrió ante la pregunta.
—El mes que viene —dijo tranquilamente—, viajaré a su pueblo dentro de unos días y vendremos con su familia para la ceremonia.
—Más extranjeros —murmuró Karui tomando un trago de su enorme vaso cerveza, comparable con un vaso que cualquier Akimichi tomaría en búsqueda de calorías para mantener su figura—. ¿De qué aldea viene?
—Ninguna —le dijo—, su familia pagó por mis servicios durante seis meses para cuidar su finca.
Sonaba a una historia romántica, en la que la hija del dueño de la finca lo observaba desde la ventana de su habitación y devoraba con su mirada fogosa la figura fibrosa de Lee, cada vez que con su infinita bondad ayudaba al padre a reparar un cerco en la finca, o tal vez cada vez que se ofrecía a cortar leña usando una pesada hacha. Un romance que quizás hubiese empezado en medio de unos campos de hortalizas cuando la chica no pudo contenerse y se lanzó a sus brazos luego de que Lee hubiese complementado su atuendo. Y, otra vez, sería algo que no le sucedería a Sakura jamás.
—¿Te pagaron para cuidar una finca y enamoraste a la hija de tu empleador? No suena profesional —resolvió Karui un tanto risueña, quizás el alcohol ya había entrado en su sistema porque el vaso de cerveza estaba casi a la mitad. Iba incluso más rápido que Chōji, que solo había dado un par de sorbos.
—No lo es —opinó Kankurō sin detenerse a pensar un solo segundo.
—¡Kankurō! —regañó Tenten a su novio.
—Karui… —intervino por fin Chōji—. Quizás debas comer algo. ¿Quieres que pida?
—Ya estoy llena —dijo ella con una sonrisa, llevándose una mano a su estómago redondo repleto de cerveza—. Puedes pedir tú, si quieres.
—Profesional o no, puede que venga a la ceremonia —le dijo Kankurō—. Alguien tiene que ser la pareja de tu compañera de equipo.
—Tienes que venir —repuso su novia, golpeándolo en el hombro con un puño—. Te ausentarás por un mes.
—Deberías venir conmigo a la Arena —ronroneó el marionetista mientras la atraía hacia él y le besaba los labios como si quisiera molestarla con esa demostración de cariño en público tan abierta—. Y así no me extrañarías tanto.
Karui soltó un chasquido de lengua y volvió a su cerveza como si estuviese molesta, ¿o tal vez celosa, tal y como estaba Sakura en esos momentos? Al menos la piel morena tenía a su paladín rollizo frente a ella, aunque al parecer todavía no pasaba nada entre ellos dos. Según entendía, Karui estaba en las mismas condiciones que Kankurō en la Hoja en esos momentos: solo estaba de visita. ¿A quién más visitaría sino era al amable gigante? No era tan amiga de Temari como se encargaba de aclarar, ni tenía más amistades cercanas más que la gente que rodeaba a Chōji.
Sakura sintió la decirle algo a Lee, pero no sabía qué, optó por decir lo obvio.
—Oye, Lee —le dijo con un hilo de voz. Cuando la miró, no parecía molesto por la opinión de Karui con respecto a su relación con tintes clandestinos. Una vez más demostraba su madurez—. Felicidades por tu matrimonio.
—Gracias, Sakura. Lo aprecio mucho.
Los platos de comida llegaron poco tiempo después de pedirlos. Karui se negó a comer e intentó pedirse otra cerveza, pero luego de pensárselo un poco mejor, desistió de hacerlo. Chōji comió más lento que lo normal, quizás para no espantar a su damisela; en cambio, Kankurō comía como si fuese él el Akimichi en vez de Chōji. Tenten y Lee comentaban un poco sobre la ceremonia, y Sakura volvió a sentir que sobraba en aquella junta, después de todo, era la única sin su interés romántico enfrente o en medio de planes.
—Debemos irnos —anunció Kankurō inmediatamente luego de comer—. Tengo que despedirme de mi novia y me llevara bastante tiempo hacerlo.
Habló como si ella no estuviese presente, pero igualmente Tenten se sonrojó. Era evidente que irían a la casa de ella para pasar la noche follando sin parar. Tanto ella como Karui intentaron tragar un nudo en la garganta bastante difícil de pasar, ya que ambas querían que las adoraran de la misma forma que el marionetista lo hacía con Tenten.
—También me iré —siguió Lee—, mañana entrenaré al amanecer.
Luego de que el trío se despidiera, solo quedaron en la mesa Chōji, Karui y Sakura, y ella sabía que la pareja esperaba que ella también se fuera, pero ninguno lo verbalizaba. Karui se excusó para irse al baño, no sin antes mirar enfadada a Chōji. Apenas estuvieron solo, Sakura aclaró con la garganta.
—¿Sabes que Karui espera que la beses?
Chōji se sonrojó.
—¿Que la bese? No, no, debes estar equivocada.
—No lo estoy —dijo ella con los hombros caídos—. Sé lo que le pasa a Karui en estos momentos, es lo mismo que me pasa a mí.
Deseaba que Sasuke le dijera que se fuera con él, para así no lo extrañarlo tanto; pero ni siquiera existía aquella opción. Tampoco la había follado, por lo tanto no se despedía de ella durante toda una noche antes de emprender un viaje. Karui deseaba lo mismo, quizás esperaba que Chōji le dijera que tomara un puesto en la Hoja como diplomática nuevamente para quedarse con él y así no tener que viajar todos los meses para verlo, porque era seguro que él no se sentía lo suficientemente valiente como decidir viajar él solo a verla a ella, ya que obviamente se creía que Karui estaba allí para también ver a Temari.
—Bésala, ¿sí? —le dijo Sakura apenas se levantó de la mesa y empezó a caminar hacia la salida.
Sakura disfrutó del aire fresco de la noche y volvió a subirse a un tejado para observar a los transeúntes que rumeaban el Distrito del Licor. Apoyó la cabeza entre sus manos y esperó sentada mientras miraba por el ventanal del local donde estuvo, apenas Karui volvió del baño y se sentó hubo un intercambio tímido de palabras. El mesero volvió a la mesa y Chōji pidió una segunda ronda de comida, después de todo, él era un Akimichi y había intentado comer con mesura frente a Karui. Además, la comida también lo relajaba. Con los enormes platos que pronto llenaron la mesa nuevamente, Chōji se armó de valor y tomó la mano de la piel morena sobre la mesa. La reacción de Karui fue instantánea: vio la mano de su paladín rollizo sobre la de ella, lo miró a los ojos y se levantó del asiento para plantarle un beso en los labios.
Luego de unos pocos minutos riéndose, ella se levantó a la vez que él empujó la mesa lejos de él para que la piel morena tuviera suficiente espacio para sentarse en su regazo y seguir besándose mientras la comida se enfriaba olvidada.
Está bien, ahora podía irse a la Torre y enfrentar a Tsunade.
Cuando escribo, tiro líneas sin saber a dónde voy. Escribir a Choji y a Karui fue refrescante, y que Sakura ayudara a Choji con Karui fue un plus, después de todo, las dos quieren romance (?)
