¡Hey, gente!

Esto me tomó tiempo, la verdad. Lo empecé a escribir hace meses, casi después de terminar La Primavera de la Juventud, pero apenas en estos días pude finalmente sentirme en el humor de terminar este capítulo y escribir un poco del siguiente, pero no sé cuándo actualice así que no prometo nada jaja Al igual que en el fic que hice de Tanjiro y Kanao en el AU escolar (si alguien aquí lo leyó, si no, pues no pasa nada, no hay que leerlo porque no tiene nada que ver con este), esto pretender ser humor con toques de romance, así que espero que lo disfruten :D


Capítulo 1.

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La vida no siempre salía según lo planeado, Inosuke reflexionó. A veces fue mucho, mucho peor. Incluso cuando veía todas las cosas de forma simple y no le hallaba problema alguno cuando algo salía mal—porque, el noventa por ciento de esas veces era su culpa que algo saliera mal—, hubo siempre momentos en los que no pudo evitar pensar que, bueno, pues que mal que algo tuvo un desenlace poco esperado.

Echarle la culpa a Zenitsu hacía que todo quedara superado, por otro lado.

Pero no esta vez. Esta vez era una batalla para él solo. Un ejército de un solo hombre.

Supuso que debió haberlo previsto, no obstante. La mala suerte existía y debió haber considerado que lo arrastraría en algún momento hacia las profundidades oscuras del infierno en el momento en el que su frijol no germinó—y el de Zenitsu y Tanjiro sí, para colmo—en el kínder, o cuando le regalaron un pollito y lo perdió—por eso su mamá no lo dejó volver a tener mascotas—. Y ahora que estaba pensando en mascotas, podía recordar un momento en el que había querido un perro y sería feliz con solo pasar el resto de sus días criando al animalito, pero solo obtuvo uno virtual unos años más tarde. Ahora, muerto de cansancio y casi sin poder sentir sus extremidades debido a que había dormido muy poco en los últimos dos días, se dio cuenta de que simplemente ganar esta pelea sería suficiente para hacerlo condenadamente feliz.

Sin embargo, tenía que admitir que incluso ese objetivo parecía absurdamente exagerado. Una chica de su calibre no podía vencer al gran Hashibira Inosuke. Demonios, una chica de cualquier calibre no podía vencerlo, jamás—tal vez Kanao, definitivamente sí Shinobu, pero no las contaba ahora—.

Y aun así…

Las chicas no deambulaban mucho por la mente de Inosuke. Siempre se mezclaron con alguna parte del paisaje, pegadas en los fondos de la ciudad y la escuela. Nunca estuvo realmente intrigado por ellas tanto como sus compañeros de clase o Zenitsu, que era mucho más extremista sobre el tema de las mujeres que cualquier otra persona que hubiera conocido. Tanjiro era un tómate andante cuando tocaban el tema y Genya tenía una ineptitud extrema con las chicas al grado de morderse la lengua cuando hablaba con alguna, así que fue totalmente normal para él no pensar mucho en eso. Inosuke asumió que la presencia de Kanao y Nezuko en su círculo más cercano de amigos lo autorizaba como un profesional extremo en el tema de las mujeres.

Estaba irrevocablemente equivocado—y eso que él casi ni se equivocaba—, pero solo se dio cuenta de eso hace dos días.

Existían esos días, en donde las personas se sentían deslumbrantes, maravillosas, pensando que podían hacer cualquier cosa, ser cualquier cosa y lograrlo todo. Inosuke siempre tenía esos días.

Bueno, casi siempre.

Énfasis en "casi siempre", porque, desafortunadamente, ese día ciertamente no fue uno en donde Inosuke salía bien librado. No, no. Fue uno de esos otros días, en los que, si fuera Zenitsu, pensaría que el mundo estaba en su contra, expectante para atraparlo porque había engañado una vez más a la muerte, a los dioses y a todo lo demás. Lo que el mundo quería era darle un puñetazo en la cara y reírse de su caída.

Algo tan sencillo como olvidar las malditas llaves de su casa lo llevó a convertirse en el ser anormal que era justo ahora.

Había regresado a casa junto con Kanao cuando la reunión de la amistad en casa de Tanjiro había terminado. Habló de algún tema—Kanao realmente no aportaba mucho a las conversaciones y por eso era agradable—que no recordaba muy bien y después ellos se separaron, cada uno a la puerta de su respectivo hogar. Sin embargo, cuando quiso entrar a su casa, se dio cuenta de que no tenía consigo las jodidas llaves. Las había olvidado de nuevo. Igual, no fue su culpa, su mamá le había dicho que tenían antecedentes de esa enfermedad que le hacía olvidar cosas y que ya había olvidado como se llamaba.

—Kanoko —llamó a la niña que vivía al lado antes de que entrara a su casa —. Olvidé las llaves y mamá no está.

Ella asintió, abriendo la puerta de su casa y haciendo una seña con la cabeza para que él entrera. Como el olvidar sus llaves no era una ocurrencia extraña, era normal que cada que lo hacía entrara a la casa de Kanao porque uno de los baños en el segundo piso tenía una ventana grande que él usaba para escabullirse por ahí y caminar por el borde de la casa hasta llegar a su propia ventana en su cuarto. Era algo peligroso, le había dicho su mamá y la hermana mayor de Kanao, pero Inosuke no era precisamente paciente para esperar que abrieran la puerta de su casa. Nunca le había pasado nada, de todas formas. Él era el mejor en cualquier cosa que hacía, después de todo.

—Estoy de vuelta —saludó Kanao.

—Bienvenida —contestó Kanae, llena de papeles hasta el cuello. Probablemente exámenes —. ¡Hola, Inosuke-kun! ¿Las llaves de nuevo?

—Sí —él asintió, viendo a Shinobu pasearse de un lugar a otro con el teléfono en mano y diciendo algo de un baño dañado y un montón de cosas a las que Inosuke no les prestó atención porque tenía hambre, sueño y no le prestaba atención a casi nada, la verdad —. Subiré.

Debió haberles prestado atención a sus palabras.

—¿Qué pasa? —Kanao preguntó, también tomando nota de cómo su hermana parecía enojada hablando por teléfono, y tomó asiento en el sofá junto a la otra mujer mayor.

—Él baño principal se dañó —Kanae dejó de escribir un momento las calificaciones para llevarse el bolígrafo a la barbilla, pensativa —. Creo que olvidé algo…

Inosuke ya había subido las escaleras para entonces y, pateando la puerta del baño que necesitaba, entró en él, dándose cuenta de que el ambiente se sentía tan jodidamente caliente ahí que parecía las aguas termales. También notó que los vidrios estaban empañados. ¿Se estaba bañando el diablo ahí o qué?

No estaba tan lejos de la realidad.

El sonido de una cortina siendo corrida hizo eco en el lugar. —Kiyo, ya te dije que tienes que esperar a que termine de bañar- ¡¿Qué haces tú aquí?!

Como un ciervo a punto de ser devorado por cincuenta leones, Inosuke se giró lentamente, medio horrorizado, medio planeando sus últimas palabras—muy geniales, eso sí—y totalmente confundido, tal y como lo estaría un camello en medio de la nieve, porque le tomó lo suyo reconocer a la chica desnuda frente a él. No fue su culpa, tampoco; ella tenía el cabello suelto y hasta hace unos segundos creía que las dos colas que la niña siempre lucía estaban ahí para ocultar la verdadera forma de su cráneo y eran imposibles de deshacer sin que ella se quedara calva. Al mismo tiempo, abajo Kanae de repente jadeó y gritó fuerte:

—¡Inosuke-kun!

Si, bueno, esa advertencia llegó demasiado tarde. Parecía que había pasado una eternidad cuando ni siquiera un minuto había trascurrido y él se quedó quieto, mirándola como miraría a alguien que le hubiese dicho que sus padres eran en realidad alienígenas antes de que él naciera. Ella había agarrado una toalla y se había envuelto rápidamente, enviando una mirada asesina mientras cada músculo de Inosuke se enrolló hasta alcanzar la tensión máxima debido a que, involuntariamente—porque no había forma de que él lo hiciera por decisión propia—sus ojos habían vagado por la figura femenina.

Donde su cuerpo tenía músculo duro, el de ella se curveaba y eso la hacía ver…de alguna forma que él no sabía, pero no era malo.

—Oye, yo también tengo un lunar aquí —Inosuke señaló la parte izquierda de su ingle, asombrado de que la forma fuera tan parecida.

—¡Estás de broma, ¿cierto?!

Bueno, sí a ella le hizo gracia eso, pues era muy su problema. ¿Qué tenía de raro que compartieran un lunar? La espalda de Tanjiro estaba llena de pecas y nadie se reía de eso.

Las manos de Aoi sobre sus hombros dándole la vuelta y tratando de empujarlo fuera fue lo que finalmente logró que algo hiciera clic en su cabeza. Él era un chico, ella era una especie de chica, y su mamá le había dicho, cuando cumplió doce y preguntó por qué Kanao no se podía bañar con él, Genya, Tanjiro y Zenitsu, que los hombres y las mujeres eran diferentes y que no debían versen desnudos si la intención no era tener bebés. Él no quería hacer bebés ahora—ni nunca—, eso estaba seguro, pero aún así los sentimientos inestables en sus entrañas lo devoraron como un animal salvaje y sus manos hormiguearon, queriendo alcanzarla y tocarla y, ¿qué mierda le estaba pasando?

—¡Fuera de aquí, maldita sea! ¡Cerdo, pervertido!

—¡¿De qué mierda estás hablando?! ¡Ni siquiera sabía que estabas aquí, estúpida!

Así que entonces, con un gruñido, Inosuke hizo lo primero que se le ocurrió para liberarse de la extraña sensación y la niña que le empujaba la espalda: golpear. Bueno, no fue tanto como golpear, fue más como lanzar un codazo y agarrarse de la toalla y en un último esfuerzo—probablemente suicida—le arrancó lo único que cubría su cuerpo. Con un chillido indignado e irritado, Aoi consideró que era muy seguro acuclillarse para cubrirse lo que más pudo. Fue en ese momento en el que Kanae llegó a la escena, pero Inosuke fue a lo suyo: Usar todo su acondicionamiento físico, agilidad y entrenamiento de velocidad para huir.

Por mucho que él fuera el rey y jefe de jefes, tenía claro que había batallas que requerían la huida y esperar otro escenario diferente para pelear, como cuando Genya tuvo un diente flojo e Inosuke se ofreció a sacárselo amarrándolo con un hilo y este contra el pomo de una puerta. El diente no salió—lo cual fue sorprendente, pero todo lo relacionado con la boca de Genya era extrañamente anormal—, pero la sangre brotó por todo el lugar como si hubiese ocurrido un asesinato y Sanemi miró a Inosuke con ganas de mandarlo a dormir con los peces cuando se enteró porque el idiota de Genya solo quiso hacer un cosplay de Zenitsu y llorar y llorar. Inosuke consideró que, como aquella vez, esta fue una de esas batallas que tenían que concluir con él corriendo como el infierno.

Pero como cualquier situación que involucraba a la bruja gruñona de Aoi, siempre llegaba su salvadora y protectora. Inosuke se encontró siendo arrojado al suelo a causa del contundente impacto del cuerpo de Kanao contra el suyo antes de que incluso lograra bajar las malditas escaleras y, como la chica había tenido que hacer ya varias veces esa interceptación—por muchas cosas, en realidad. Pero en su defensa, casi nunca había tenido la intención de provocar el caos—, sostuvo sus brazos y los torció de tal forma que quedaron sujetos hacia atrás, dejando caer todo su peso contra su espalda. No dolió mucho, realmente. Él tenía buena flexibilidad, como los contorsionistas—jodida palabra, le tomó casi dos años aprenderla a decir correctamente—, pero era muy incómodo tenerla encima aplastando sus pulmones. No entendía como a Tanjiro le gustaba tanto tenerla encima cuando creía que nadie estaba viendo.

—Te das cuenta que lo que acabas de hacer requiere un poco de disciplina, ¿verdad?

—¡Carajo, suéltame! ¡Estás pesada! —se las arregló para decir. Él sólo quería irse para su casa. Era claramente la víctima aquí y realmente no estaba esperando averiguar que quería decir Kanao con disciplina.

Shinobu entonces llegó al lugar de los hechos con una expresión de "¿Qué pasó?" en su rostro, alzando una ceja cuando vio al par de adolescente forcejeando en el suelo mientras Kanae salía del baño.

—¿Qué pasó?

—Básicamente cómo se conocieron nuestros padres, pero sin estar enamorados previamente, sin alcohol y sin la creación de mí —Kanae dijo, apenada, porque la terrible situación había sido su culpa.

—Así que nada malo —Shinobu declaró y en un instante se corrigió —. ¡Esto podría asustar a Aoi de por vida!

¿Alguien aquí querría pensar en Inosuke? ¿Qué iba a pasar con su mascota virtual? Monitsu debía comer antes de las siete y de seguro ya había pasado la hora. Nunca obtendría un perro real si no cuidaba bien del perro no real. Jodido Monitsu, dando problemas hasta cuando es una mascota que ni existe.

Diez minutos después, las hermanas Kocho y Aoi—vestida ahora—se sentaron a un lado de la mesa e Inosuke al otro lado, como si estuviese en el banquillo de los acusados. La chica de ojos azules se movía incómoda e intentaba no mirar a Inosuke, mientras que él estaba tan tranquilo y despreocupado como siempre.

—Entonces, ¿alguien podría decirle que no sabía que ella estaba ahí? —Inosuke pidió, mirando más a Shinobu que a Kanae, porque Shinobu era casi siempre buena con él y lo comprendía tanto como lo hacía su mamá y Tanjiro.

—Sí, lamento que hayas tenido que mirar eso —las palabras de Aoi se mezclaron con veneno mortal —. ¡Soy la víctima aquí! ¡No todos queremos ser exhibicionistas como tú!

Que manía tenía ella de insultarlo con cosas que él la mayor parte del tiempo ni entendía.

—¡No tengo idea de qué mierda me estás diciendo, pero si es un insulto tú también eres eso y peor!

—¡¿Por qué eres tan idiota?!

—¡¿Por qué eres tan molesta?!

Shinobu gruñó y Kanae suspiró, tomando un poco del café de su taza antes de hablar. —Hablemos con calma antes de que uno de nosotros sea asesinado —sugirió, queriendo que la cafeína hiciera efecto lo antes posible.

La Kocho menor asintió con la cabeza. —Sí... entonces, ¿cómo te olvidaste de Aoi? —le preguntó a Kanae.

Ella sonrió, apenada. —Con ciento cuarenta exámenes para calificar para mañana tengo la suerte de recordar mi nombre —ella explicó —. De verdad lo siento mucho, Aoi. Y tú también, Inosuke-kun. No fue tu culpa en lo absoluto.

Bueno, pues sí, eso él ya lo sabía. Muchas gracias. Y la gente todavía se atrevía a llamarlo tonto.

—Pues bien, asunto arreglado —Shinobu asintió para sí misma —. Discúlpense por haberse insultado y tratado mal y dense la mano como buenos chicos que se conocen desde niños para que todos podamos volver a nuestros asuntos.

—¡¿Qué?! ¡De ninguna manera me estoy disculpando! —Inosuke y Aoi gritaron al unísono, como si alguien estuviera tratando de matarlos.

—Una disculpa mi trasero —él se cruzó de brazos y miró hacia otro lado, enojado. No había hecho nada malo.

—Estoy de acuerdo. No se puede hablar bien con un neandertal como él.

—Sí… —comenzó Inosuke, antes de darse cuenta de que acababa de ser insultado a la forma nerd —… espera, ¿qué?

Sin embargo, antes de que pudiera responderle con los insultos clásicos los cuales si valían la pena decírselos a la gente a la cara, Kanae dejó escapar una risita y Shinobu le dio un manotazo a la mesa, sus ojos ardieron con furia y rencor armados con una sonrisa mortal.

—Esta discusión ha terminado, y ustedes dos se van a disculpar ahora, ¿les parece? —fue más como una orden que una sugerencia, pero a veces Inosuke elegía hacer caso por mero instinto de supervivencia.

Tal vez ni una sola alma hubiera pensando que una escena así hubiera agraciado sus ojos esta noche. Tal vez sí se hubiese esperado una Aoi con la cara roja o un Inosuke furioso o una visita al hospital u otro tipo de resultado miserable.

Ciertamente no una disculpa forzosa.

Pero se hizo. Ambos se pararon, Aoi murmurando cosas poco entendibles—por lo que él sabía, podría estarlo insultando en otro idioma—mientras Inosuke ya estaba echándole tierra al asunto. No era la primera vez que los obligaban a disculparse mutuamente, y probablemente no sería la última.

—Lo siento —como siempre, Aoi tuvo que empezar. Tras sus palabras, ella le ofreció la mano.

—Sí, lo que sea.

—Inosuke-kun —Shinobu seguía sonriendo.

—También lo siento —él tomó su mano pequeña, y fue aquí, justo aquí, cuando el infierno comenzó.

Los sentimientos inestables en sus entrañas estaban de vuelta justo cuando ella levantó la cara para mirarlo a los ojos e inevitablemente su mente vagó a la escena del baño, pero supuso que ya tenía mucha hambre y esa era la razón de su delirio.

Pero luego ocurrió eso otro.

Ese sueño raro que tuvo con ella esa noche.

En un minuto él y ella estaban discutiendo sobre qué ver en la televisión, y al siguiente sus manos estaban sobre el cuerpo de Aoi, y el hecho de que él no sabía cómo o cuándo terminaron uno encima del otro, con ella tratando de quitarle la camisa, fue emocionante. Inesperado también, definitivamente algo nuevo y raro, muy raro. Y cuando Aoi finalmente levantó la vista, sus mejillas eran rojas y sus ojos oscuros y eso hizo que algo en Inosuke se revolviera con un calor muy poco familiar.

¿Quieres que te muestre de nuevo el lunar?

Él saltó de la cama cuando el ladrido virtual de Monitsu lo despertó.

Y aquí estaba ahora. Aún sentado en la clase de historia, Inosuke trató de no pensar en Aoi más. Realmente lo intentó. Incluso había recurrido a rascarse el cuello compulsivamente cuando la niña aparecía repentinamente en su cabeza sin ser invitada, solo para mantener su mente despejada. Pero no fue tan fácil. No estaba funcionando en lo absoluto. Ella iba y venía como le daba la gana y eso lo estaba empezando a desquiciar porque no entendía qué le pasaba y era su cabeza; ella no podía mandar en su cabeza.

Apretó la mandíbula con fuerza. Esto no era nada parecido al gran Inosuke. ¿Por qué demonios se estaba preocupando tanto por esto? Eso literalmente sólo fue un sueño—que se repitió la noche anterior, pero igual—. No era como que fuese a pelear contra un demonio o algo peor. Estaba siendo muy dramático al respecto y realmente pensar tanto no era su fuerte.

Entonces bien. Excelente. Más que excelente. ¿Quién tenía un problema? Él no, por supuesto.

Y a la mierda. Pero como "a la mierda", con él en la parte superior dominante, en control, como debía ser, y no como un tonto decaído y sumiso. Si la vida quería darle este desafío a superar, él lo haría y sería jodidamente el mejor.

—¡Nadie vence al gran Inosuke-sama! —gritó, poniéndose de pie en su pupitre, triunfante y renovado.

Zenitsu lo miró como si estuviese preocupado por su salud mental y no por la suya propia cuando evidentemente le faltaban algunos tornillos, pero él era su secuaz más estúpido y como jefe benevolente, Inosuke lo entendía. Tanjiro le preguntó sin palabras qué era lo que estaba pensando y Kanao y Genya voltearon la cara como si nunca lo hubiesen conocido—ese par de desgraciados, ya vería la forma de castigarlos por ignorar su grito de triunfo—.

—Pues eso es genial —ante la voz de Rengoku-sensei, él se giró para mirar al frente. Que bien que su momento explosivo fue con el maestro rubio y no con el hermano mayor de Genya —. Ahora bájate del asiento.

Él lo hizo, y el maestro reanudó la historia sobre viejos muertos que lucharon entre sí hace cien años. A él le gustaba este sensei y le gustaba la clase—probablemente era la única clase donde Inosuke intentaba escuchar realmente—, pero estaba tratando con todo lo que tenía el ignorar las ganas que le dieron de golpear a Zenitsu, quien evidentemente se veía divertido por toda la situación—lo dicho, su secuaz más estúpido—. Así que, con el fin de no mirar más al chico, se giró hacia la ventana, centrándose en la clase de deporte que tenía lugar afuera y riéndose del pésimo estado físico de esas personas, hasta que la picazón regresó a su cuello cuando su campo de visión captó a la condenada enana dando vueltas alrededor de la cancha.

De acuerdo, tal vez algo de esa confianza que tuvo hace un momento podría haber sido contraproducente. Pero era totalmente comprensible, según las descripciones de sus amigos era un chico impulsivo, de esos que actuaban primero, pensaban después, y eso estaba bien con él, aunque no en este momento.

La gravedad de la situación lo golpeó como cuatro mil meteoritos en el estómago cuando Aoi sólo consideró que era el momento para levantar la cara y mirarlo justamente a él y entonces lo único que hizo fue mirar a la chica y no mostrarle el dedo medio, sintiendo retorcijones y el pecho apretado—o sus pantalones—.

Bien. Entonces tal vez sí, él tenía un problema cuando los meteoritos parecieron explosionar en su estómago en el momento en que ella inclinó la cabeza en reconocimiento y siguió trotando.

Él gruñó. Esta batalla parecía que iba a ser dura.

¿Qué demonios le pasaba? No tenía idea, pero Inosuke lo averiguaría y por el amor a toda la tempura del mundo, saldría vencedor.


Este capítulo me salió más extenso de lo que pretendía, así que hay que tener en cuenta que los capítulos podrán variar en extensión; ser más cortos que este o por el contrario, más largos. También, la mayoría será escrito desde el punto de vista de Inosuke, aunque es probable (aún no lo decido, sin embargo) que pueda haber un capítulo que no sea así.

Gracias por leer. Nos leemos en la próxima. Kiry se despide, paz~