Naruto © Masashi Kishimoto

Más de esta perfecta pareja.


4. Beso sorpresa, tomando al otro desprevenido.

Lo que llevaba al borde de la desesperación a Shikamaru eran las más inocentes cosas; tales como verla en la noche con su cabello húmedo y sentada en una silla aplicándose crema que le había ofrecido Yoshino; o temprano en la mañana cuando sin siquiera usar un espejo empezaba a armar sus simétricas coletas rubias y por un momento estiraba su grácil cuello de un lado al otro.

Sabía que Temari no añadía conscientemente cualquier gramo de sensualidad en dichas actividades, pero él no podía evitar pensar qué se sentiría trazar las yemas de sus dedos por aquellos pedazos de piel expuesta, incluso aunque ser espectador de esos momentos sólo se debía a que su madre le ordenaba que le llevara más sábanas a su invitada o le avisara que estaba listo el desayuno.

«¿No está acostumbrada a vivir en climas más cálidos?, llévale esto, Shikamaru, ¡es otoño! Que no vaya a pasar innecesario frío. Agradece que haya puesto la lavadora ayer, ¡debes avisarme antes!», había dicho Yoshino la última vez.

Ó,

«¿Como que no le gusta el pulpo? Estaba a punto de servirle eso, Shikamaru Nara. ¡Debes decirme esas cosas de ella! O no, yo misma le preguntaré de ahora en adelante», también había dicho Yoshino justo esa misma mañana.

No es que no tuviese intención de comunicarlas a su madre, era simplemente que tanto él como Temari nunca planeaban que ella iba a pasar la noche con ellos. Pasaba a veces porque elaborar documentos era más fácil en el desocupado estudio que había pertenecido a su padre y el montón de bibliografía que éste había recolectado con los años, pero justo antes de ella salir caía algún torrencial aguacero así que ¿para qué hacerla moverse por la aldea si tenían más de una habitación disponible?

Otras veces era porque dos niños Nara, Shikahiro y Yūsuke, habían nacido con alta afinidad al elemento viento pero pobre desempeño con el jutsu del clan —nada de qué avergonzarse le había asegurado a los dos niños de diez y once años, su clan no iba a entrar en desgracia sólo por ellos dos— y aunque a veces le pedía el favor a Naruto de entrenar con ellos, todas las veces que Temari estaba disponible prefería convencerla a ella de venir a territorio abierto del clan; Temari al fin y al cabo tenía mejores habilidades para la enseñanza de las que nunca tendría Naruto, explicando con certeras palabras todas las nuevas dudas de aquellos dos niños. Así que, luego de horas de entrenamiento era lógico invitarla a quedarse a cenar. Y a ofrecerle la posibilidad de una buena ducha y ropa limpia y eventualmente darle las buenas noches antes que ella entrara a su asignada habitación.

Si alguno de sus amigos también estuviera presente o si incluso su propia madre lo encontrara en esos breves momentos de admiración hacia Temari, verían cómo durante instantes se quedaba completamente cautivo por ella. Eran sólo segundos, los justos antes de recapacitar y antes de hacerle pasar a alguno de los dos un momento incómodo.

Y además no era como si Temari quisiera deliberadamente mostrarle tales facetas domésticas de su ser y mucho menos querer seducirlo.

Sin embargo, una vez —muy muy tarde, pasada la medianoche porque Kakashi había recibido una inmensa orden de misiones rang las cuales él tuvo que estratégicamente repartir— en lugar de continuar hasta la puerta principal de la casa la rodeó hasta su parte posterior y encontrar a Temari sentada en la madera, reclinada un poco hacia atrás soportando su peso en las palmas de sus manos.

Shikamaru no le preguntó qué hacía ahí, no se atrevió a hacer cualquier pregunta que pudiese arrugar su ceño o hacerla sentir que no era bienvenida allí. Ni siquiera quiso preguntarle si Yoshino ya sabía que estaba ahí afuera —siendo ésto último muy poco probablemente, de lo contrario su madre ya la habría mandado a dormir bajo pulcras y fragantes sábanas.

Manteniendo las manos muy dentro de los bolsillos de su pantalón se acercó a ella.

—Hey —sólo dijo mientras también se sentaba a su lado, apenas un susurro.

—Puedo ver bien las estrellas desde aquí —aludió ella como suficiente explicación del por qué estaba allí. Y para Shikamaru lo era, lo que quisiera ella de él—. Y te extrañé —respondió ella con el mismo volumen bajo, otro susurro como si estuvieran compartiendo un secreto. Y quizá lo estaban haciendo, susurrando uno al otro algo que el mundo allí afuera de su burbuja aún no debía saber. Frágil, delicado, algo que existía cuando nadie estaba mirando.

—Lo sé —continuó con más susurros él—, ¿todo un día sin decirme qué errores estoy cometiendo? Inaudito.

—Idiota —pronunció ella casi haciendo un puchero, empujándolo levemente con su hombro sólo para quedar apoyada en él—. En serio se ven bien las estrellas aquí. No como en Suna, aún así…

Y algunas cosas definitivamente llevaban al borde de la desesperación a Shikamaru.

—Temari —llamó él, suave, apenas un zumbido en la oreja de ella, murmurando ese nombre porque por fin podía ser un reconocible espectador de otro momento secreto de ella, de Temari admirando lejanos fuegos en el cielo.

Temari, por supuesto, no había ido allí por un beso; sin embargo cuando giró su rubia cabeza ante aquel llamado fue sólo para encontrarse con los labios de él, rápido y descaradamente, y entonces Shikamaru pudo sentir la rigidez en el cuerpo de ella justo después, de la suavidad que ya no existía en su rostro.

Aún así, despacio, luego de insoportables segundos, sintió el toque de ella detrás de su cuello. Un gesto delicado, casi que apenas la sensación de algo trazando pedazos de piel expuesta.

Shikamaru entonces no pudo evitar sonreír contra los labios de ella cuando en silencio lo apresuró por un segundo beso más.


5. Aprendiendo a besar.

—¿Tú? —preguntó él incrédulo.

—Yo —afirmó sin desviar sus ojos de él, ella poco a poco frunciendo su ceño.

Ciertamente no estaba avergonzada, casi nunca lo estaba por algo, pero si esto —su muy trivial confesión— se iba a convertir en un momento humillante iba a largarse de ahí.

—¿Có-cómo?

Temari entonces dejó de fruncir el ceño para levantar una de sus cejas. Esa reacción era nueva, nunca había presenciado a Shikamaru tartamudear. ¿Verlo llorar? Quizá más veces de las que hubiese querido presenciar, ¿pero tropezar en sus palabras? Nunca.

Shikamaru dándose cuenta de ello al instante carraspeó.

—Quiero decir, no te creo. Imposible.

—Nunca miento —contraatacó ella entonces casi que en un gruñido y recibiendo su usual «problemático» en un bajo susurro.

Por supuesto, Temari sí mentía. Un montón. Antes y ahora. Saber mentir podía hacer la diferencia entre seguir viviendo o caer en algún jutsu mortal.

Pero no mentía ahora y además, si era sincera, probablemente nunca le había mentido a Shikamaru. Probablemente nunca había tenido la oportunidad y nunca se había atrevido, no con su IQ de más de 200 y los engranajes de su mente casi que constantemente trabajando.

—Un momento —dijo ella entonces cayendo en cuenta de algo—, ¿a qué te refieres con «imposible»? ¿Imposible en el sentido de verme como alguien que ha besado a muchos?

No que hubiese vergüenza en ello, claro, pero viniendo de un ex-misógino sexista podía ser tomado como una no tan bienvenida acusación.

Sin embargo Shikamaru pareció restarle importancia a sus preguntas. Ahora, quizás porque ya había bastante confianza entre ellos luego de misiones en conjunto, estrategizar borradores tanto para el Hokage como para el Kazekage y tener amigables y no tan amigables discusiones, Shikamaru empezó casi que clínicamente a formular su siguiente pregunta:

—Nunca has besado a alguien y nunca mientes —dijo él como enumerando evidencias—. Problemático, pero las dos afirmaciones, si son verdad, reducen mis suposiciones a una sola conclusión. —Shikamaru entonces se atrevió a sonreír de lado. Temari entrecerró sus ojos—. Extraño, ¿pero quieres decir que eres una vir-?

Temari lo interrumpió.

No —afirmó con seriedad eliminando todo tipo de suposición. Ah, la insolencia de este chico.

Estaban en el nuevo Yakiniku Q, ahora ultra reformado por si volvía uno que otro ataque de vengativos ninjas de cabello naranja. Aún así, ultra reformado o no, seguía siendo un restaurante familiar y quizá había que tener cierta moderación en las palabras.

Aunque ya iba entendiendo la sorpresa del otro y su eventual curiosidad, incluso aunque nunca hubiese esperado tener a un chico de dieciséis años, ¿o diecisiete?, insolentemente interesado en su vida sexual. Temari sólo había dicho su para-nada-importante-revelación («Ah, nunca he besado a alguien») porque Shikamaru le había contado cómo Naruto al parecer estaba rechazando a chicas que querían besarlo luego de su nuevo estatus como héroe.

Pero… sí, teniendo en cuenta que en el mundo ninja el comienzo de la vida sexual empezaba relativamente temprano —constante adrenalina y reducción en la esperanza de vida eran una mezcla bastante particular— no era completamente irracional que Shikamaru Nara no creyera que Temari no Sabaku, de veinte años, jamás había besado a alguien (aunque ya había estado con alguien).

Efímeramente Temari pensó si acaso eso la dejaba como una petulante mujer, pero descartó de inmediato la idea; no le importaba lo que un niño pensara de ella —aunque no era exactamente un niño, no cuando se había encargado de un Akatsuki. Igual no le daría sus muy personales razones.

Sin embargo, Shikamaru pareció querer preguntar más, abriendo su boca con algún otro muy formulado interrogante. Temari le lanzó su arrugada servilleta y por debajo de la mesa golpeó su pantorrilla.

—¡Mujer! —exclamó él totalmente indignado.

—No voy a elaborar nada más, Nara —advirtió haciendo que él dejara de tener casi medio cuerpo encima de la mesa y volviera a su usual posición relajado, casi hundido, contra la pared que tenía atrás.

—Como sea —dijo él de nuevo con tono de aburrimiento y llevando sus ojos a cualquier otra dirección excepto hacia ella.

Quedaron en silencio aunque no por mucho tiempo.

—Oye, problemática, puedes usar una manzana, ¿sabes? —sugirió entonces él tomando una que había sobre la mesa junto a otras frutas, como si Temari estuviera esperando un consejo de él.

Temari se quedó viéndolo y segundos después fue ella la que llegó a una muy particular suposición. Shikamaru entonces levantó su mirada ante el silencio y al verla cayó en cuenta del error que había cometido con sus palabras.

—¿Eso es lo que tú hiciste? ¿Practicar con una manzana? —preguntó ella sin misericordia y una carcajada a punto de explotar.

—No —respondió él como pudo, pero Temari, mientras se reía, podía jurar que las orejas del otro se habían puesto exageradamente rojas.

Bueno, de alguna forma eso le parecía lindo.

No le pareció lindo cuando el petulante shinobi lanzó la manzana hacia ella, pero bien que Temari tenía excelentes reflejos.

En su mano entonces analizó la fruta.

—Una manzana, ¿uh? —dijo mientras delicadamente la giraba en su mano. Temari entonces puso sus labios en el inocente objeto, sólo un besito rápido que terminó con ella sonriendo levemente. Cuando llevó de nuevo su mirada a Shikamaru era obvio que éste no esperaba lo que acababa de hacer y Temari sonrió esta vez de medio lado—. ¿Algo como eso? ¿Lo hice bien?

—No exactamente —fue la corta respuesta de él.

—En fin, pagaré esta vez —dijo ella entonces mientras se levantaba de su puesto y con fuerza le devolvía la manzana a Shikamaru.

Así y tal cual como había hecho ella, Shikamaru también observó la fruta girándola de lado a lado, luego, encogiéndose de hombros, mordió exactamente el pedazo en que ella había dado aquel beso.

Quizá era la manzana más dulce que había probado hasta ahora.


¿Que si creo que el 5 se puede tomar como un beso indirecto? La respuesta es sí.