Naruto © Masashi Kishimoto
Para evitar confusiones: el número 7 es muy semi-AU porque todos viven y son medianamente felices.
6. Beso desesperado estando en peligro.
Así que la única alternativa era saltar por una cascada. Una muy muy alta cascada. Mortal, seguramente, o al menos con terribles resultados para cualquier civil. Shikamaru deteniéndose en todo el borde se apresuró a concentrar chakra en sus miembros externos y articulaciones, aunque claramente era mejor dejarse hundir del todo y luego salir a flote.
Observó brevemente a Temari, un feo corte en su mejilla relucía aún más con la luz del sol que alcanzaba a filtrarse, pero al mismo tiempo el color de sus diminutas pecas era casi que surreal. Sabía que ella estaba calculando la altura —era buena en eso, en calcular distancias— y cuando no dijo nada sino levemente asintió Shikamaru entendió que sus probabilidades de no salir herido con el golpe de la superficie allí abajo eran bastante favorecedoras. Saltar les daría algo de ventaja, perdiendo sus rastros y olores por al menos otra hora más hasta que mejoraran su plan. No habían esperado enfrentarse a media docena de renegados ninjas.
—¡¿Listo?! —gritó entonces Temari para que le escuchara a través del poderoso sonido del agua y viento.
Shikamaru sólo asintió con la cabeza.
Tres, dos, uno y largos segundos después estaban sacando sus húmedas cabezas del agua. Curiosamente no había una fuerte corriente ni remolino alguno dificultándoles la labor de mantenerse a flote.
Y eso era todo, aún en peligro pero todavía a salvo, con la adrenalina aún corriendo fuertemente por sus venas y Shikamaru sabía por el rostro y la respiración de Temari que ella también estaba en un máximo punto de alerta y energía.
Entonces ella se acercó y fue sólo tenerla a tan corta distancia para que Shikamaru la abrazara como pudiese y sus labios encontraran los suyos al instante. No era del todo algo profesional, lo sabía, ambos lo sabían, pero allí estaban dando forma a un desesperado beso. Su estómago revoloteó inexplicablemente; sus piernas, que en cualquier otra ocasión habrían temblado por la osadía de besarla por primera vez, se mantuvieron fuertes y en movimiento evitando que se hundieran; era insano, sin duda, alineándose constantemente con ella mientras prácticamente estaba siendo agredido por su deliciosa y dulce lengua, cada punto de contacto entre ellos sintiéndose como fuego.
Era un momento que parecía durar una eternidad y al mismo tiempo Shikamaru quería que nunca se terminara.
Temari, sin embargo, fue la primera en separarse, girando de inmediato no sin antes agarrar una de sus manos y apresurarlo a buscar una salida del cuerpo de agua.
Y en ese instante él no pudo evitar pensar que aquel agarre se sentía mucho más íntimo que su previo acelerado beso.
Sin duda alguna Shikamaru Nara estaba enamorado de Temari.
7. Beso como parte de un juego.
—Créeme, si no es para causar daños considero que el sexo siempre es bueno. Quiero decir, incluso tener sexo mediocre está bien, no llegué al orgasmo pero no me molesta. Mmm, Ino, aquí las cifras son incorrectas, los números están bien, pero en Suna las unidades y décimas se puntúan diferente.
—¿Qué? ¿No es igual en todo el mundo? Además, deja de darles la hora a hombres mediocres.
Habían estado haciendo eso durante la hora que llevaban allí: trabajar en conjunto mientras hablaban sobre sus vidas adultas. Acababan de compartir un poco sobre lo bueno y lo malo de sus últimas citas mientras Temari revisaba lo que Ino había terminado de redactar en la madrugada. El informe no era parte de sus funciones, pero Ino había prometido completarlo y entregárselo a Temari a primera hora porque Shikamaru había caído enfermo de una severa migraña el día anterior y por alguna razón —bueno, Ino sabía muy bien la razón— el shinobi había negado irse a descansar a menos que alguien le jurara que completaría el documento.
—No buscaba un consejo, pero lo tomaré en cuenta; también haré estos cambios —prosiguió Temari luego de llegar a la última página—. Y sin querer ofenderte es el primer informe en años que no está perfecto.
Temari, no tan imperceptiblemente, movió una de las esquinas de su boca hacia arriba. Seguramente estaba rememorando sobre Shikamaru y su perfecta productividad laboral a pesar de tener aún como pasatiempo, a sus veintidós años, admirar las nubes.
Ino rodó los ojos ante el gesto de la kunoichi, la embajadora de Suna, la hija del Kazekage, la hermana del próximo Kazekage; ¿era Ino acaso la espectadora de alguna bobalicona película de «amor prohibido», de «enemigos a amigos a posibles amantes»? ¿De «amar por años a alguien pero nunca admitirlo»? Como si Ino no supiese que se mandaban cartas. Como si no supiese que Shikamaru aceptaría toda oportunidad por tener un día libre aunque eso significara caer enfermo, pero había bastado una mención de que Temari sí llegaría hoy para ver al shinobi más estresado que nunca.
¿Y Temari? Debería dejar de salir con shinobis de Suna si resultaba en sexo mediocre porque seguramente la mitad del tiempo se la pasaba tratando de callar las palabras que reverberaban alrededor de su cráneo con «Shikamaru es el indicado».
Vio entonces cómo Temari descartaba a un lado el tan preciado informe, el culpable de que Ino tuviese ojeras ahora, y seguía con otros papeles.
—Estos deben aprobarse primero por Kakashi-sama.
Ino resopló.
—Puedes decirle sólo Kakashi, ¿sabes?
—¿Te referirías al Kazekage sólo como «Rasa»?
Ino se removió inquieta. Aunque fuese su aliado más importante ese hombre simplemente era terrorífico.
—Touché.
Temari siguió repasando muy por encima el nuevo informe hasta que sus ojos captaron el nombre de Shikamaru.
Ino volvió a resoplar. Sabía exactamente en qué página se había detenido Temari, pero cuando ésta subió sus verdes ojos decidió desviar su atención hacia otra cosa:
—¡En fin! Vendrás esta noche, ¿cierto? —comentó Ino esta vez muy alegre, como si su falta de sueño se hubiese desvanecido—. Sé que no podemos tomar mucho alcohol, pero irán todos. Sería la primera vez en un año que los logro reunir, incluido Sasuke... Bueno, excepto quizá Shikamaru aunque me atrevería a decir que da lo mismo, siempre se sienta de brazos cruzados y habla con Shino. En fin, ¡sería fabuloso que vayas! Las cosas pueden ser incluso más divertidas.
—No tomaré alcohol pero iré —Temari afirmó después de algunos segundos, como si hubiese considerado seriamente ir.
Ino casi rodó los ojos. Sabía que si Shikamaru le hubiera preguntado habría saltado a decir que sí.
.
.
Era tan ridículo. Ahí en medio de los silbidos y alborotos de los demás gracias a lo que ellos dos estaban haciendo, Shikamaru y Temari. Ahí en frente de todos.
No era ciertamente un comportamiento digno de una delegada de Suna. Tampoco de un hombre que había estado sufriendo el día anterior y que Ino habría creído todavía estaría en cama si no fuera porque había hecho acto de presencia para sorpresa de todos.
Poco después de eso y ante las quejas de la mitad de ellos Ino propuso jugar Verdad o Reto, pero por supuesto sus amigos —excepto Lee— eran unas gallinas y habían escogido verdad consecutivamente y hecho preguntas tontas hasta que fue el turno de Temari. Ella, siempre resuelta a su impulsividad a pesar de que la llevara a problemas, había escogido reto.
Inmediatamente después Ino había dado brinquitos en el cojín que tenía como asiento y en gesto de pura excitación y risas dijo «¡Besa a Shikamaru!». Claro, en ese entonces había pensado que resultaría en un beso casto, incluso un besito en la mejilla de él.
Ino debió haberlo sabido mejor.
Con Temari nunca echándose para atrás en algo sí se habían dado el casto beso, pero ello resultó en Shikamaru abriendo ligeramente su boca y luego en trazar su labio inferior a lo largo de los contrarios, y luego en agarrarla detrás de su cuello y luego en guiarla hasta que se sentara encima de él, hasta tenerla a horcajadas.
¿Quizá era efecto de la medicina? Porque no había el más mínimo alcohol en él.
¿Qué acerca de Temari? Fiel a su palabra tampoco había bebido el más pequeño sake.
Bueno, todos los demás sí lo habían hecho y a excepción de Sasuke, Neji y Shino estaban vitoreando el inusual espectáculo. El cada vez más problemático espectáculo, lenguas incluidas.
Como fuera, tenía que ser amor porque, ahora separados, Shikamaru mantuvo una mano en el mentón de ella, sus cuatros dedos flexionados sosteniéndola mientras su pulgar sobresalía a un lado.
Gentil, Temari movió ligeramente su cabeza, lo mínimo para que sus labios se pegaran a ese pulgar y dar un muy pequeño beso. Sin decir palabra alguna se levantó entonces y se sentó sobre su propio cojín.
—Eso —declaró Ino con sorpresa en sus ojos— no lo pueden repetir en el trabajo.
Graciaaaaas por pasar.
