Naruto © Masashi Kishimoto

Nota: El 10 es diferente para que tengan en cuenta, con un tono serio; descarta el canon luego de la Cuarta Guerra, da un salto temporal y no detalla sucesos previos porque es un drabble lol. Don't judge me.


10. Un suave e inseguro beso.

Cuando Naruto desapareció lo hizo en el peor momento.

Konoha sin su arma más fuerte, la carta más poderosa que tenía la aldea y el Damyo para presentar frente al mundo ninja —literalmente en el cuerpo de un rubio e hiperactivo salvador—, el País del Fuego eventualmente entró en crisis y la ambiciosa visión de muchos otros quebrantó lo que podría haber sido la Unión Shinobi.

Esta vez la guerra no fue una poderosa y arriesgada batalla de dos días y comenzó con una sucesión de eventos que prácticamente los devolvió en el tiempo, a momentos llenos de tensiones políticas, restricciones comerciales y decisiones tomadas sólo por estados de ánimo.

Shikamaru dejó de ver a Temari cuando él había cumplido veinte y Suna decidió entonces cerrar sus fronteras, reacios a perder lo que hasta entonces habían logrado; y tenía veintidós cuando volvió a verla tan esporádicamente, con Suna por fin extendiendo una mano, encontrándose con ella a veces como si se tratara de una ilusión sin poder intercambiar más palabras de las que como líderes militares debían limitarse a hacer: la nueva guerra estalló porque volvieron los desacuerdos entre poderosos clanes y aquellos que no lo eran tanto, y porque la inevitable serie de ofensas corrió como una bola de nieve hasta causar ataques bélicos; por tanto, tenían cosas más importantes que hacer que sólohablar.

Sólo ahora, casi año y medio después a sus veinticuatro años, Shikamaru supo que podía finalmente volver a verla sin el peso de estrategias en sus cabezas o como parte del cuerpo militar de diferentes países. La guerra había acabado, los tratados que debían firmarse entre el País del Fuego y el País de la Tierra ya estaban firmados y Suna por fin estaba justo ahí como los viejos aliados que habían sido.

Y Temari estaba ahí a pocos pasos de él, con otros alrededor de una fogata mientras la voz de una kunoichi cantaba versos de guerra aunque, oficialmente, ya no estuvieran en una.

Arrojaban también al fuego pequeñas cosas, superficialmente nada importante, lo que tenían en sus bolsillos o traían consigo, pero evidentemente personales.

Temari no llevaba sus cuatro coletas, los elásticos sin duda ahora consumidos en el fuego.

—Es un ritual —dijo Temari tan pronto Shikamaru estuvo cerca, aunque sus claros ojos nunca dejaron el fuego que se agitaba—, para aquellos que murieron solos sin un compañero al lado.

Shikamaru no contestó.

Era una ilusión, toda ella. Un sueño frente al cual no podía pestañear ante el riesgo de que su figura se evaporara, tal como el humo y las chispas que desprendía el fuego cada vez que le era arrojado algo o debido a las pequeñas brisas que pasaban.

Y él debía parecer una estatua con sus manos sucias y la impureza que sentía en su cuerpo, inseguro y quieto, reacio a salir de su estupor por si lo que veía realmente fuese el mejor sueño que no había tenido en años. Por primera vez se fijó en su pelo, como hilado en fino oro brillando a la luz del fuego, y en el flequillo de lado que tenía ahora, y en su piel más bronceada y en los pequeños cortes aún por sanar en su rostro.

Temari, riéndose en voz baja, por fin dejó de ver el fuego para fijarse en él.

—¿Estás bajo la influencia de un genjutsu, acaso?

No lo estaba, pero las palabras eran difíciles de formar, así que dio un paso hacia ella y luego los tres más que le faltaban hasta detenerse justo frente a Temari, la misma mujer que había cambiado tanto y a la vez no, aún dispuesta a ofrecer gentileza cuando fue ella la primera en alzar su mano y ponerla en su hombro y luego en la mejilla de él. También estaba nerviosa, Shikamaru concluyó al sentir el leve temblor de su palma en su maltratada piel.

Era como volver a enamorarse por primera vez de nuevo, como un adolescente que no sabía cómo reunir una respuesta verbal a pesar de pasar años comandando a otros, ahí en medio de versos que hablaban sobre caídas de reyes y prepararse para la batalla.

Pero había algo claro en la mente de él: si no hubiese sido por la guerra estaba seguro que se habrían casado hace años, que tendrían incluso al menos un hijo, y con esa abrumadora presunción Shikamaru se inclinó por fin, demasiado lento quizás, besando los labios contrarios suavemente esperando que eso desatara por fin el nudo que sentía en toda su garganta, hacerlo sentir menos inseguro.

No pasó mucho tiempo para que Temari le devolviera el beso como lo habría hecho una esposa con su marido que regresaba de la guerra.


11. Besar para probar un punto.

—¿Sabes? Creo que deberíamos establecer qué tipo de matrimonio somos para no levantar sospechas.

—¿Quién acordó algo de estar casados? —Temari no levantó su vista de los pergaminos sobre la cama del hotel, aún concentrada en aprenderse algunos detalles… No había tenido el mismo tiempo que Shikamaru para prepararse y, para su eterna irritación, no tenía la memoria fotográfica de él.

—Sólo digo…

—No es relevante para la misión —le interrumpió ella y sin necesidad de subir su mirada, sabía que Shikamaru acababa de salir del baño con sólo sus pantalones puestos y una pequeña toalla mal doblada sobre sus hombros en su intento por secar su pelo húmedo.

Temari momentáneamente detuvo su concentración. Quizás… estaban pasando mucho tiempo juntos.

Sólo cuando sintió el peso del otro hundirse en el colchón de su cama sencilla, Temari levantó su mirada con un ceño fruncido ya remarcando sus facciones, procurando ver directo a los ojos de él, no a ninguna otra parte.

—Creo que es relevante, Tem.

Nara —respondió de inmediato ella volviendo sus ojos a la información escrita—, estamos de encubierto y ser colegas de trabajo funciona a la perfección.

—Van a cotillear sobre nosotros, seremos un escándalo: ¿una hermosa mujer viajando con su «sólo es mi colega de trabajo»? —Shikamaru entonces se encogió de hombros y Temari no estaba segura de cómo podría saber eso teniendo sus ojos pegados a la orden de misión—. Aunque, a decir verdad, apuesto a que no será sobre mí. Sabes cómo son estos pueblos, bastante tradicionales, un poco sexistas...

Temari le echó un vistazo.

—Así que la solución que propones, a favor de no poner en peligro un exitoso resultado, es casarnos —desde luego Temari no dijo eso como pregunta e incluso lo evaluó por fin con seriedad, tanto que no fue consciente de que sus ojos reposaron sobre la clavícula de Shikamaru, delineando las afiladas y amplias formas ahí.

Temari sólo salió de su ensimismamiento cuando los brazos de Shikamaru se estiraron soportando su peso en ambas palmas sobre la suavidad del colchón, haciendo que se inclinara un poco más hacia ella.

—¿Casados recientemente o desde hace años? —casi murmuró él.

Temari no pudo volver a mirar a sus oscuros ojos.

—Recientemente, dos años atrás seguías siendo un irritante bebé llorón —razonó ella como si realmente establecer que estuvieran o no casados fuese relevante para la misión—. Además, si tuviésemos que darnos un pequeño beso frente a alguien, seguro resultaría… torpe.

—¿Torpe?

—¿Quizá desapasionado? Tipo, «estoy atrapado de por vida con esta mujer problemática».

—No creo que un matrimonio entre ambos se desarrolle con esa lógica —replicó Shikamaru—. Te dije «hermosa mujer» hace un momento.

—Oh, entonces sería: «estoy atrapado de por vida con esta hermosa y problemática mujer».

Hubo un silencio por parte de Shikamaru y Temari supo que estaba pensando. Curiosa levantó nuevamente la mirada a él; los pergaminos hace rato habían perdido su prioridad.

—¿Así que somos un matrimonio probablemente arreglado con nula tensión sexual? —prosiguió él eventualmente y era claro que no esperaba una respuesta por parte ella a lo que acababa de preguntar, había una pequeña sonrisa ladeada en sus labios—. Estaba pensando que encajaríamos mejor en la categoría de «lo mucho que nos gusta presionar la cara del otro en la almohada y hacerlo gritar».

Temari entrecerró un poco los ojos, afilando aún más su mirada de sirena.

Quizá —sólo quizá— todo había sido un gran plan desde el inicio para atrapar su atención y coquetear con ella. O también podría ser sólo la muy genial cabeza de Shikamaru aprovechando cada interacción hasta convertir lo que había comenzado como un chiste en una completa provocación.

Había estado haciendo eso antes pero nunca había sido tan atrevido.

De cualquier forma Temari decidió darle el gusto.

—Con cuidado, Shikamaru, es casi seguro que haga de nuestro matrimonio un «haré que te pongas de rodillas para mí las veces que quiera».

Probablemente Temari se sentiría más orgullosa de su respuesta si no tuviera la seguridad —con Shikamaru más inclinado hacia ella— de que era una que él esperaba diera.

—No estoy del todo de acuerdo, aún así antes de pasar a tan grandes conclusiones ¿no deberíamos probar primero si darnos un pequeño beso realmente resultaría algo torpe?

Bueno, mientras Temari llevaba sus manos a ambos extremos de la toalla y jalaba a Shikamaru hacia ella, pensó que nunca le decía no a algo que había sonado como un reto. Especialmente si salía de la boca de Shikamaru.


12. Al inicio gentil, luego incrementando de nivel.

—Qué molestia —comentó suave aunque era muy consciente que no era del todo una molestia.

En Konoha nadie más que él sabía lo mucho que la kunoichi de Suna trabajaba no sólo en favor de ambas naciones sino, indirectamente, de todo el continente ninja, negociando intercambios para materiales de construcción, entablando conversaciones con el clan Nara —es decir con él— para exportar materia prima para medicamentos, redactando una y otra vez documentos que nadie más quería encargarse porque a algún Daimyo no le había gustado; en fin, que Temari gastara algo de su tiempo libre en actividades más mundanas en tiempos de postguerra estaba más que merecido; y que él estuviera completamente sobrio y atento para llevarla a la seguridad de su temporal apartamento era lo mínimo que él podía ofrecer.

Especialmente si él había sido su cita esa noche.

Aunque, claro, no había sido por iniciativa propia de ninguno de los dos, lo de tener una cita. Al parecer Tenten presionada por su familia para ir a una cita a ciegas convenció a Temari de ir en su lugar.

«Quería comer algo diferente a sólo el ramen instantáneo de la Torre Hokage que he estado ingiriendo toda esta semana», le había dicho Temari como principal razón para aceptar.

Curiosamente su cita —la cita de Tenten— era un miembro del clan Nara demasiado asustado en el último momento, rogándole a Shikamaru que tomara su lugar. Shikamaru aceptó a la primera porque por un lado habría sido molesto tener a su primo al borde de un ataque de ansiedad, y por otro lado reconociendo que era Tenten la que estaría al otro lado de la mesa, podrían tomarlo todo como una divertida anécdota, inclusive dándole alivio a la kunoichi de que sólo se trataba de uno de sus amigos.

Excepto que quien lo estuvo esperando al otro lado de la mesa —Shikamaru no pudo evitar llegar algo tarde— había sido Temari.

A pesar de la inesperada configuración de los eventos, Temari superó su sorpresa inicial y sólo lo regañó por no haberse tomado la molestia de cambiar su uniforme jounin porque, claro, ella había ido hermosa, Shikamaru no podía negarlo. Aún así se rieron y él le prometió pagar cuánto ella quisiera pedir, incluso los muy extravagantes cócteles que eventualmente marearon su rubia cabeza.

Todo cortesía del salario de su primo como coordinador del personal administrativo en la Torre Hokage. (Shikamaru le había pedido que le pasara su billetera).

Volvieron a salir en una segunda cita y luego en una tercera y finalmente una cuarta.

Por supuesto nunca le dieron el término de «citas» y ya no era a costa del dinero de otro miembro del clan Nara excepto de Shikamaru. Él estaba, por alguna razón, bastante feliz de pagar por todo el salmón marinado en miso dulce o licor de ciruela mezclado con ginebra que Temari pedía, a veces incluso ambos se inclinaban sobre el mismo menú buscando por el plato más costoso que el local tuviera —nunca habían repetido el mismo restaurante.

Y nunca hubo el más mínimo vestigio de modestia en ella o de timidez por pedir algo, siempre bajo un discurso de haber aceptado desde un inicio salir gracias a la promesa de comida gratis con la que Tenten le había convencido, «Independientemente de cuál cobarde Nara esté de turno», había bromeado ella.

Ante eso él le había respondido que ella estaba de suerte puesto que le había tocado salir con el actual jefe del clan más importante de Konoha.

Ella contraatacó diciéndole que el suertudo era él por salir a comer con alguien que era prácticamente de la realeza.

El beso vino al final de la quinta cita, casi medio año después de la primera.

Shikamaru había estado nervioso porque quizá, si no fueran tan incompetentes en el romance, el beso habría sido en la segunda cita, incluso aunque no hubiesen catalogado ninguna de sus salidas así.

De esa forma, mientras se rascaba la parte posterior de la cabeza y metía la otra mano en el bolsillo de su pantalón, Temari dejó de juguetear con las llaves del pequeño apartamento en el que se estaba quedando y extendió, sonrojada, su mano para atrapar el brazo de él y jalarlo hacia ella.

Quizá ya había sido lo suficientemente paciente y a veces podía dejar su orgullo de lado.

Y sólo era un beso, en serio. Gentil para una despedida y lo suficientemente dulce para que en la siguiente carta de él a Suna le preguntara si le apetecía ir a un restaurante de comida Kaiseki. Era un beso que calmaba un poco las mariposas que sentía ella, que suavizaba a la kunoichi más cruel.

Y habría sido sólo un beso pero Shikamaru jaló de ella un poco agresivo, como si no fuesen suaves mariposas lo que él sentía sino una bola de nieve en su pecho que no podía controlar.

Temari terminó el beso y dio media vuelta pero no necesariamente se apartó de él; e incluso no podría haberlo hecho con el nuevo agarre de él en su cintura y sus labios buscando conectar debajo de la piel de su oreja. Cuando Temari por fin maniobró abrir la puerta del apartamento volvió a girarse y reclamó los labios de Shikamaru en ella, sintiendo una sonrisa en él antes de ir directo por su lengua.

Pronto Temari estaba sobre el pequeño sofá de su sala con Shikamaru encima de ella, quizá no el mejor lugar para permitir a un impetuoso hombre ubicarse en medio de sus piernas, pero los detalles eran irrelevantes ahora.

Era como si toda pieza encajara perfectamente, como si todo tuviera sentido porque se estaban besando con tal ímpetu que pareciera que lo hubieran estado haciendo durante más tiempo.

Shikamaru sólo se detuvo por un momento, pegando su frente a la de ella.

—¿Estás segura de esto?

Ella lo miró con brillos en sus ojos.

—¿Por qué no lo estaría? Sólo espero que sepas hacer sopa de miso para el desayuno, soy un tanto exigente.

Antes de llevar su boca al cuello de ella, la mirada de Shikamaru le aseguró que podía seguir pidiendo lo que quisiera.


Gracias por leer!