Leve advertencia: mención de muerte en el primer relato (#13).


13. Beso como premio por ganar.

Shikamaru sin duda se había lastimado un tobillo si su caminar dejaba en claro algo.

Fue la primera vez que Temari lo esperó en las altas puertas de la entrada principal de Konoha, y la enésima vez que en burla le pinchó una de sus mejillas, la que no estaba tan golpeada.

—Pobrecito, ¿perdiste una batalla? Debe dolerte mucho, ¿uh? —dijo con leve sarcasmo y fingiendo un puchero. Luego se apiadó de él cuando en un bufido Shikamaru intentó alejar su rostro del agarre de ella—. Vamos, te llevo a tu casa.

—Hey, mujer problemática, no molestes. Acabo de salir victorioso de una muy peligrosa misión.

Parecía ser así porque los otros dos hombres que también llegaban a paso lento detrás de Shikamaru, mostraban en igual grado evidencias de golpes, sangre seca en sus ropas e infinito rostro de cansancio. Se notaba que lo único que querían hacer era dormir por al menos dos días seguidos.

—Vamos, te acompaño —volvió a decir ella ahora agarrando del antebrazo de Shikamaru y dirigiéndose hasta el apartamento de él.

Era inusual que un líder de clan viviera fuera del complejo de la familia, pero Shikamaru aseguraba que de esa forma él no era tan constantemente asediado por preguntas y pedidos por parte de los miembros de su clan. Además vivir solo y fuera de la casa de su niñez le facilitaba exponer cosas que aún eran difíciles de expresar en voz alta, tales como «No quiero que Yoshino sienta que esa ha dejado de ser su casa», porque aunque el esposo de ella estuviera muerto y el complejo cerebro de su hijo se sintiera abrumado por una alta cantidad de recuerdos al sólo poner un pie allí, a Yoshino aún le gustaba tomar cuidado especial del brillo del tatami y esmerarse en evitar que las esquinas de las paredes tuviesen telarañas.

Y a pesar de la peculiar decisión, Shikamaru eventualmente volvería a la amplia residencia ahora legalmente bajo su nombre, eso era algo obvio. Volvería a sentarse nuevamente en aquel extenso piso de madera al lado de la casa que aún mantenía un juego de Shogi esperando por él, porque los hombres Nara eran sentimentales y Shikaku y él habían dicho «terminemos esta partida finalizada la guerra» a pesar de que esa vez ambos tuvieron muy claro en su mente que en dos jugadas más Shikamaru iba a ser el ganador.

Pero todo esto no lo sabía Temari quien había tomado con la mayor lógica posible y sin indagaciones la respuesta oficial de él de evitar sentirse tan asediado por preguntas y peticiones ante su nueva responsabilidad.

Shikamaru estaba haciendo demasiado. Temari podía ser todo lo indulgente con él.

Cuando llegaron al edificio de apartamentos donde vivía actualmente, él soltó un bajo quejido al ver las largas escaleras que llevaban a su puerta. Vivía en un quinto piso y no sentía la suficiente motivación para dar saltos o subir varios peldaños.

—¿Quieres que te cargue?

—¿Q-qué? —dijo sorprendido—. ¡No!

—Mm, ¿crees que no sea capaz? —Temari hizo más fuerte su agarre en el antebrazo de él; a pesar de haber llegado a la entrada del edificio no lo había soltado—. Ya una vez tú me cargaste, puedo regresarte el favor.

—No es necesario.

—Entonces acéptalo como un premio por ganar.

Shikamaru dejó salir un pesado suspiro y casi hizo el amago de llevar dos dedos al puente de su nariz, pero se sentía tan cansado…

—Bien… —susurró.

—¿Qué dijiste? —dijo ella con una sonrisa socarrona en su rostro, claramente habiendo escuchado sin problemas y acercándose por debajo a la cara de él. Luego se señaló hacia ella misma—. Oh, ¿quieres que te cargue? ¿Yo? ¿Una mujer?

—¿Por qué estás divirtiéndote con esto? Sólo quiero llegar a la cama.

—Wow, Shikamaru, con frases como esas en un abrir y cerrar de ojos te convertirás en un verdadero casanova.

—Sabes qué quise decir…

Fue interrumpido cuando en el más impecable movimiento que jamás había presenciado, Temari había llevado uno de sus brazos detrás de la espalda de él y el otro debajo de la flexión de sus rodillas hasta alzarlo como si fuera algo que ella hiciera todos los días; por instinto Shikamaru llevó sus brazos al cuello de ella y en menos de un segundo estaba increíblemente sonrojado.

Tenía que decir algo, lo que fuera, antes de que dejara de respirar porque por primera vez estaba realmente notando que las iris de los ojos de Temari parecían una mezcla de acuarela con mitad verde y mitad azul y por eso era que en el atardecer se veían más verdes pero ahora se veían más azules y, en serio, ¿por qué su propia cara se sentía tan caliente?

Por su parte, para Temari verlo sonrojado estaba haciendo que ella también lo hiciera. Dedicó sus esfuerzos entonces en su labor, mirando al frente y comenzando a subir las escaleras.

—Así que… —comenzó él tragando saliva y llamando de inmediato la atención de ella; Shikamaru no se había dado cuenta que se habían quedado por largos segundos en inusual silencio, Temari ya iba por la mitad de los escalones—. ¿Tendré un premio tuyo cada vez que gane algo?

Temari observándolo sonrió de lado.

—Todo un casanova, te digo.

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La siguiente vez que él ganó fue con el tablero de Shogi, él sentado en su lado correspondiente con manos temblorosas que movían alternadamente las fichas de él y las que había movido su difunto padre.

Dos movimientos después sintió el cuerpo de Temari aproximarse a él.

Sí, últimamente estaba siendo muy buena con él.

—Ganaste —dijo ella, una sola palabra que esperaba transmitiera todo lo que era difícil de expresar en voz alta. Estás vivo. Me alegra que lo estés—. Sé cuál premio darte ahora. —Con lentitud, sin margen que permitiera la más mínima duda, Temari bajó su mirada a los labios frente a ella antes de volverlos a poner en los marrones de él.

Shikamaru fue quien se acercó primero a reclamar lo que le pertenecía.


14. Besar para probar cómo es.

Justo después de algunos ebrios señalamientos por parte de Kiba y Sakura porque Sai no estaba captando las indirectas de cierta despampanante rubia («¿Quizá deberías ponerlo a leer Icha Icha Paradise?», había dicho Kiba), Ino Yamanaka anunció para todos en el bar que Shikamaru Nara nunca había besado a una chica («¿Ni siquiera a Suna?», había dicho Kiba como si tuviera derecho a ponerle apodos a Temari).

Chōji, su muy buen amigo, trató de defenderlo pero su pobre intervención había resultado —gracias de nuevo a Ino— con la revelación de que Chōji ya había besado a una tal Karui de Kumogakure —nombre ante el cual Naruto hizo una mueca de dolor—, y luego, como si todos quisieran saberlo, Ino señaló que Naruto por alguna razón de todos los 12 de Konoha era quien había besado a más personas hasta ahora, incluido a Sasuke. «Así que madura, Shikamaru, no puede ser algo tan difícil, ¿eh?», había finalizado Ino con su muy molesta voz.

Él, por supuesto, aún no entendía por qué había terminado siendo el foco de atención de ella cuando habían sido otros los que se mofaron de su nueva pero casi inexistente relación con Sai; además tampoco entendía la relación entre besar y madurar. Si algo, y tomando en cuenta a Naruto como excelente ejemplo, tener un relevante número de besos no era cualidad alguna para decidir quién era más maduro; no cuando Naruto esa noche intentó hacer karaoke con una canción sin letra.

Y a decir verdad Shikamaru no le había puesto mucha atención a las chicas. De niño había percibido todo el asunto como una gran molestia e imaginado que tendría que casarse pero en un futuro lejano. A sus once años poner en consideración si se sentaba o no junto a otra niña había sido la menor de sus preocupaciones.

Luego, con varios centímetros de más, sin bien a veces sus ojos se habían quedado viendo uno que otro trasero, desnudas pantorrillas o escote, pronto se vio luchando en una guerra. Una gran y problemática guerra. La Cuarta Guerra Ninja por si alguien no lo captaba. Y luego ya no tenía a su padre pero alguien tenía que honrar su memoria y hacer el trabajo que éste había dejado y así quizá Shikamaru había estado tan ocupado tratando de no arruinar su clan y aprender a serle útil al Hokage, leyendo y releyendo y firmando documentos y redactando estrategias, que no había tenido tiempo de pensar siquiera qué se sentiría besar.

Pero ahora los tiempos de cambio se percibían incluso en el viento. No había que seguir luchando contra omniscientes enemigos.

Claro, aún tenían misiones y más de un político o ninja renegado con ínfulas de patriotismo o venganzas irresueltas que había que neutralizar, pero Shikamaru ya no sentía la misma pesada carga en sus hombros y quizás por eso la «acusación» de Ino quedó grabada en su mente desde entonces.

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Una semana después en Suna y caminando con Temari la idea de besar se había incrementado preocupantemente. ¿Sabía ella cómo hacerlo? Debía saberlo, ¿cierto?

Esta era su tercera salida no como colegas ni amigos sino como… lo que sea que fueran ellos, y cuando traspasó la puerta del apartamento en donde Temari ahora vivía —antes de él tener que volver como huésped a la residencia del Kazekage— Shikamaru dijo lo primero que le pareció lo suficientemente neutral:

—Es blanco, muy blanco —acotó como si realmente no hubiese esperado blancas paredes y tratando de no pensar cuántos sujetos la habían besado.

—¿Pensabas que toda Suna era completamente marrón, genio?

—A decir verdad… sí.

Temari tarareó y luego de quitarse ambos los zapatos Shikamaru no supo realmente hacia dónde dirigirse. Mantuvo sus manos en sus bolsillos.

—¿Quieres probar cómo es, cierto? —Él la miró en confusión al punto que ella tuvo que aclararle—: Besar, quiero decir. ¿Por qué otra razón te habría invitado a entrar?

Por supuesto. Shikamaru le había contado todo sobre su pequeña experiencia. Hacían eso cada vez que se veían, contárselo todo. Shikamaru simplemente no podía guardarse nada y al mismo tiempo quería saberlo todo de ella.

Se permitió asentir como única respuesta.

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—Entonces escucha con atención —dijo Temari como si Shikamaru no estuviera ya totalmente concentrado, ambos sobre el sofá cara a cara—: cuando besas a alguien por primera vez no metas la lengua hasta su garganta, es de mala educación. Además, no te quedes con los ojos abiertos, es raro, demostrarías que no estás del todo interesado. Empieza suave y presiona tus labios con los contrarios tomándote tu tiempo. ¡Oh! Y gira levemente la cabeza, hay narices de por medio, ya sabes. —No, Shikamaru en realidad no sabía—. Y evita golpear con los dientes, por eso lo de ir despacio. Además, aunque puedes preguntar, es fácil saber si alguien quiere besarte si se queda mirando a tus labios. Es una buena señal y-

—¿No es eso mucha información? Estás haciéndolo sonar demasiado problemático.

Y estaba tan malditamente nervioso.

Aún así todavía tenía su Voluntad de Fuego, ¿cierto?

Y su genio que le hizo estar cien por ciento seguro de que Temari estaba viendo sus labios. Oh, y se estaba mordiendo el labio inferior.

Qué linda.

Sin más palabras que decir Shikamaru simplemente se movió hacia adelante.

Toda la tensión se desmoronó. El constante zumbido que había estado escuchando ya no estaba e incluso no parecía percibir su propio corazón bombear tan frenéticamente como momentos antes. Besarla no era difícil y un nuevo tipo de impaciencia se hacía lugar, uno que podía controlar y parecía ser lo mejor que nunca antes había sentido. Sus pupilas debían estar dilatándose porque le encantaba estar besando a la mujer de sus sueños.

Al separarse pegaron su frente con la del otro y la mano de Shikamaru estaba sujetando detrás de la oreja izquierda de ella.

—Siempre quise hacer esto —susurró ella.

—Creo que no te refieres a besar.

—No, a pegar mi frente con la de alguien más.

Shikamaru resopló muy lento. Probablemente sentiría marearse pronto.

—Eres toda una romántica, ¿no es así?