Seres de la noche
Se despertó completamente asustada. Con la mirada estudió toda la habitación buscando algo más cerca de ella. Cuando finalmente comprobó que solamente se trataba de una pesadilla, dejó salir el aire que había contenido inconscientemente en los pulmones. Se secó el sudor de la frente y se recostó en la cama sobre el lado izquierdo de su cuerpo, con vista a la ventana. La luz blanquecina de la luna entraba a través de esta y eso fue suficiente para pararse de su cómoda cama y caminar al balcón de su habitación. Eran casi las tres de la mañana y tuvo una leve preocupación por el sueño pero al final le quitó importancia.
Admiró el cielo estrellado y sonrió. Elevó la mano hacia arriba queriendo alcanzar la luna y rió quedamente por sus pensamientos infantiles. Sería imposible alcanzar la luna, por una simple mundana. Miró fijamente el satélite natural de la tierra y un inmenso calor se apoderó de su cuerpo.
No pudo explicar tan repentino cambio si estaban a principios de otoño, al menos tendría que haber fresco. Sin importarle, se deshizo de la parte superior del pijama quedando en ropa interior. Inmediatamente, el aire entró en contacto con su pálida y suave piel.
Dejó caer la prenda al suelo y sin poder controlar sus movimientos, se acercó a la orilla del balcón y se lanzó al vacío.
Despertó desconcertada. Habían sido dos pesadillas, una dentro de otra. Se secó el sudor de la frente y vio la hora en el reloj digital sobre la mesita de noche a un lado de su cama. Ya eran las tres de la tarde, en dos horas tendría que estar en la escuela. Se levantó pesadamente de su cama y se dirigió a la ducha con pereza. Despertó al sentir el agua fría tocar su rostro y siguió con la tarea de ducharse. La verdad es que por muy raro que parezca, le encantaba el agua fría, le hacía sentir viva de alguna manera. Nunca se bañaba con la caliente porque sentía que no le quitaba lo pegajoso del sudor.
Salió envuelta en una sola toalla de un rosado pálido y buscó la ropa que usaría. Optó por unos jeans de mezclilla ajustados de marca y una camisa rosada sobre una blusa de tirantes negra. Se puso unos botines negros, cepillo su largo cabello de un color extrañamente naranja. Se vio en el espejo y sonrió al ver su cabello suelto, nadie le creía que ese era su color natural de cabello, olvidó sus pensamientos y buscó un moño rojo para agarrarlo en una coleta alta. Guardó en su mochila café los útiles necesarios para las clases. Bajó al primer piso y se sorprendió de no ver a nadie en la sala.
Se dirigió a la cocina y en el refrigerador había una nota pegada. La tomó y leyó:
"Momoko, he tenido que llevar a Kuriko al doctor, no se sentía bien. Preferí no despertarte para no preocuparte y que descansaras, sé que no dormiste en toda la noche estudiando para tu examen. Éxito cariño.
Atte: Mamá".
Si se preocupó por su pequeña hermana pero tenía que ir a la escuela. Salió de su casa y se encontró con sus dos mejores amigas.
- Miyako, Kaoru - saludó.
Se habían conocido a los cinco años de edad, porque sus padres también eran amigos y de ahí nació tan duradera amistad.
Miyako era huérfana de padre y madre, se había crecido con su abuelita desde los ocho años, siempre fue la más tierna y amable de las tres. Entre ella y Kaoru, siempre la defendían de las niñas que se burlaban de ella por ser rubia y de ojos azules. La criticaban y le decían que era muy tonta y torpe. Por otra parte, la chica era muy diferente a todos esos conceptos. Kaoru, era muy diferente a ambas. Era la más tosca, agresiva y deportista de las tres, siempre con su carácter inquebrantable y orgulloso. Le decían marimacho por comportarse como hombre y vestir como tal, sin embargo, nadie había visto el lado tierno y protector más que ellas dos. La chica era pelinegra y de ojos de un verde esmeralda hermoso, esa era la belleza más grande en ella.
- Hola, Momoko - respondieron las nombradas al unísono.
- ¿Estudiaron para el examen? - preguntó mientras comenzaron a caminar en dirección a la preparatoria.
La chica pelinegra se tensó levemente. Se rascó la nuca nerviosamente y desvió la mirada.
- Si estudié.
La rubia y la pelinaranja la miraron sospechosamente.
- ¿Qué? - agregó toscamente.
- No te creo - dijo Momoko.
- Es que Dai...me vigiló toda la noche para que estudiara.
La pelinegra suspiró cansadamente.
Sus dos amigas rieron ante lo dicho. Dai, era el hermano mayor de Kaoru y siempre la presionaba para que al menos pasara las materias de la escuela. Obviamente, con el carácter testarudo de la pelinegra, el chico tomaba medidas drásticas. Por ejemplo, vigilarla toda la noche.
- No - se negó rotundamente a la loca idea de su amiga.
- Vamos Momoko - pidió Miyako, apoyando a la pelinegra.
- No, ya es tarde.
- Oh, por favor Momoko, es viernes - siguió la pelinegra.
- Además solamente celebraremos que por fin acabaron los exámenes bimestrales - secundó Miyako.
- Solamente una hora - sentenció la chica.
La rubia saltó alegremente y Kaoru le dio un leve golpe en el hombro como símbolo de agradecimiento. Después de salir de la escuela a las diez de la noche, habían ido a la casa de Miyako para tener una noche de chicas, sin embargo, Kaoru recibió una invitación para una fiesta en casa de Mitch, un amigo de las tres. Sus dos amigas se habían aliado para rogar ir. Si ella no iba, no iba ninguna.
Al final cedió.
Miró el reloj de pared de la sala, ya eran casi las once de la noche y frunció el ceño inconscientemente. Tuvo un presentimiento, pero no supo cómo interpretarlo.
La fiesta era estruendosa y muy animada. Incluso pensó que hubiera sido un desperdicio de haberse negado. Bailó con varios chicos, algunos compañeros de clases o amigos. Desgraciadamente ya era hora de irse, eran casi las cuatro de la madrugada y sería peligroso el camino de regreso a casa.
Observó que Mitch y Kaoru hablaban amenamente cerca de la puerta principal. Rió ante el intento fallido del castaño por tomar la mano de su amiga. La pelinegra, podía ser muy despistada con respecto a los chicos, principalmente si gustaban de ella. Al parecer aún no había encontrado a nadie que la hiciera sonrojar.
Miyako por su parte, se daba pequeños besos con un chico dos años mayor que ella, Takaaki. Él y Mitch eran amigos, ambos tenían diecinueve y estudiaban en la universidad a lado de su escuela. Pero se conocían desde antes, cuando Mitch y Kaoru tuvieron problemas con el director de la universidad porque la pelinegra se había escapado de la hora de clases y se había topado con el castaño. Ahí comenzaron una amistad en la que ahora era atracción por parte del chico, ya que su amiga no estaba interesada en las relaciones.
Se preguntó si algún día conocería a un lindo chico con el que salir y tener una linda relación. Era cierto que recibía constantes propuestas, pues con sus hermosos diecisiete años, llamaba la atención del sexo opuesto, tanto como sus otras dos amigas. Por algo eran las chicas más populares de la escuela y las más deseadas. Sin embargo, no aceptaba a ninguno porque sabía que no se fijaban en ella por su personalidad sino por su cuerpo, y ella no buscaba una relación sexual, quería una relación amorosa.
Kaoru le hizo una señal para irse y se dirigió a ella rápidamente. Miyako llegó segundos después.
- Ya es muy tarde - comentó Kaoru con la vista hacia el cielo.
- Se quedarán conmigo, ¿verdad? - cuestionó Miyako.
- Tú abuelita viajó, no te vamos a dejar sola en esa enorme casa - dijo Momoko.
- Gracias - sonrió la rubia.
Inesperadamente tuvieron la sensación de ser observadas y apresuraron el paso, pero sintieron más cerca el miedo. Kaoru afiló la mirada y Miyako dejó caer su bolso a propósito y se agachó para recogerlo. Momoko captó una sombra esconderse en un callejón atrás de ellas. Kaoru apretó los puños y corrió hacia el lugar.
- Kaoru - llamaron sus dos amigas preocupadas.
Por muy fuerte que pudiera llegar a ser, su amiga seguía siendo...
- ¿Qué quieres? - gritó la pelinegra a la presencia.
Momoko y Miyako corrieron hacia ella. Se sorprendieron de no ver a nadie en el lugar, además de no tener salida. Claramente alguien se había escondido ahí, no se explicaban como no había nadie. Kaoru caminó cautelosamente por el lugar y solamente se escuchó el repiquetear de los tacones de sus botines. Pateó unas cajas de cartón que habían cerca pero no había nada, ni nadie. Miyako se acercó a ella para que siguieran con su camino pero un grito ahogado llamó la atención de ambas.
Momoko, pensaron al mismo tiempo. Giraron la mirada hacia, donde minutos antes, estaba su amiga pelinaranja y contuvieron el aire en sus pulmones. Una persona tenía a Momoko entre sus brazos, con la mano izquierda le tapó la boca para que no gritara y con la mano derecha detenía su cuello para que no se moviera.
Miyako volteó a ver a la pelinegra que había palidecido igual que ella.
- ¿Quién eres? - preguntó la pelinegra sin mostrar su miedo.
La persona amplió su sonrisa.
- Eso no te importa - respondió con voz de ultratumba.
A las tres chicas se les erizó la piel, por la voz, supusieron que era hombre. Tuvieron el miedo de que les sucediera algo a cualquiera de las tres.
- Déjanos en paz, suelta a mi amiga en este mismo instante - ordenó Kaoru.
La adrenalina del momento comenzó a hacer efecto. Cerró los puños y corrió hacia el hombre dispuesta a ayudar a su amiga, pero sin previo aviso, otra persona salió de las sombras y la tomó por el cuello. La elevó del piso y se sorprendió por la acción, con una sola mano la había levantado del suelo. Pensó en lo fuerte que tendría que ser esa persona para tomarla como una simple muñeca de trapo, pero olvidó todo pensamiento cuando sintió que le hacía falta el aire.
Se llevó ambas manos a la mano de su agresor, forcejeando para que la soltara pero parecía no querer ceder. Por el rabillo del ojo vio a Momoko asustada y a Miyako paralizada.
- Mi...yako... - dijo difícilmente -...co...rre...
La rubia negó con la cabeza al borde de las lágrimas no queriendo abandonar a sus amigas. Nunca las dejaría por su cuenta.
- No les hagan daño, no hemos hecho nada, ¿por qué nos hacen esto? - gritó desesperada.
- Cállate - habló la primera persona.
- Miya...ko...atrás...de...tí - trató de advertir la pelinegra.
Pero fue demasiado tarde, alguien tomó a Miyako por la espalda y le tapó la boca, justo como a su amiga Momoko.
El hombre que había atrapado a la pelinaranja, tomó la cabeza de la chica con fuerza y poco a poco fue acercando su boca al cuello de Momoko. Pensaron que eran unos violadores o delincuentes buscando "ese tipo de diversión" con adolescentes, pero ambas abrieron los ojos exageradamente cuando vieron crecer los colmillos del hombre. Kaoru se desesperó, se sentía impotente, no podía ayudar a ninguna de sus dos amigas, pero le dio principal miedo que el hombre se aprovechara de su amiga. Observó a Miyako, se había desmayado en brazos de su agresor e imitaba al otro hombre, poco a poco se acercaba al cuello de la rubia.
Intentó patear al hombre que la estaba asfixiando pero no pudo lograr nada, al contrario lo hizo reír por su intento de escape. La acercó a su cara e inesperadamente, sonrió aún más. Se aterró al ver que los colmillos del hombre crecían puntiagudos y largos, muy cerca de su rostro. Tal vez la estaba torturando de esa manera.
Nunca creyó que le sucediese algo raro o aterrador en toda su vida, pero ahora se daba cuenta que estaba muy equivocada. Esos hombres no eran personas normales, eran lo que una vez su mamá le platicó, seres de la noche.
Gracias por aquellos que me dejaron un review en el primer capítulo.
nahisasuhias: Gracias, espero no te haya decepcionado con el segundo capítulo. Que bueno que te haya encantado, espero poder tener tu atención en la historia durante el transcurso de esta. Saludos...
Sweat Blueberry: Si, no siempre se espera que las protagonistas mueran pero así sucedió. Saber que te encantó me es grato, supongo que no será tan intrigante pero espero no te haya decepcionado con el segundo capítulo, sinceramente me falló la inspiración. Mojo, es Mojo. Intentaré seguir así. Saludos.
iriii: Bueno, pues murieron. Supongo que todo se aclarará con el tiempo. Gracias por el comentario de la transformación, no pensé que se vieran tan genial, pero agradezco que lo veas así, muchas gracias de nuevo. Saludos..., por cierto espero no te haya decepcionado el capítulo. Cuídate.
Intentaré que el próximo sea mejor y espero no tardar en actualizar.
Hasta luego.
Se despide
Neith15
