¿Quién eres?
Kaoru intentó patear el pecho del hombre pero sólo logró hacer más presión en la faringe. Estaba por perder la conciencia cuando una sombra saltó del techo de uno de los edificios y con una especie de filosas dagas, cortó la espalda de su agresor, soltándola de inmediato. Cayó de espaldas provocando un fuerte dolor por todo su cuerpo pero principalmente sintió el dolor del impacto de su cabeza contra el concreto. Se llevó las manos al pecho y con desesperación intentó llenar los pulmones de aire puro y regular su respiración. Se quedó ahí tirada, con los párpados cansados y totalmente mareada. No podía enfocar nada con exactitud y tuvo que hacer un gran esfuerzo para mover la cabeza y buscar a sus dos amigas pero deseó no hacerlo cuando junto a ella cayó el cadáver de un hombre de cabellos negros bañados en sangre oscura y pegajosa, sólo reaccionó cuando se percató de la ausencia de los ojos en este.
Giró sobre su cuerpo, dándole la espalda e intentó arrastrarse lejos del cuerpo. Buscaba una solución, a sus amigas pero alguien la tomó de la cintura y la arrastró hacia atrás desde los pies.
- ¡Suéltame! - gritó aterrada pero no la soltaron, pasó cerca del cuerpo y terminó empapada en sangre pegajosa y agria -. ¡Déjame!
- ¡No te acerques!
Escuchó a Momoko lanzar una maldición y la ubicó unos metros lejos de ella intentando escapar de un hombre. Sus miradas se encontraron y tuvieron una especie de recuerdo fugaz pero de inmediato se desvaneció en medio del pánico de la situación. Con fuerza comenzó a forcejear con las piernas para dificultarle el secuestro, sin embargo, sólo logró escuchar un gruñido desde atrás. Se dio la vuelta para poder enfocar el rostro del hombre pero cuando lo hizo observó a su amiga Miyako desmayada, ser cargada sobre el hombro de una tercer figura quien saltó sorprendentemente desde el suelo hasta el techo del edificio de casi cinco pisos. La mano de su nuevo agresor se acercó a su frente e intentó alejarse lo más que pudo y a centímetros de su rostro sintió que algo le quitaba energía, dejó caer la cabeza hacia atrás y luego todo fue absolutamente oscuro.
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- ¿Estás seguro de que son ellas? - una voz sonó a lo lejos.
Movió la cabeza sin fuerzas y tragó saliva, tenía la boca y la garganta completamente seca. Se lamió los labios y sintió el óxido de la sangre.
- Momoko - susurró aturdida, fue lo primero que pensó cuando despertó, sus amigas -, Miyako.
Una mano fría tocó su frente y alejó la cara agresivamente para no sentirla, tuvo miedo pero esa acción la despertó lo suficiente para abrir lo ojos y regresar a sus sentidos. Lo primero que vio fueron unos hermosos ojos de un verde oscuro y por algún motivo desconocido, sintió el rostro arder. De nuevo una imagen fugaz regresó a su mente, esos ojos eran demasiado familiares para su gusto. Era como si los hubiera visto todos los días de su vida y aun así se asombrara de verlos como si fuera la primera vez.
- Parece que tienes fiebre - la ronca voz del hombre fue como una droga para sus oídos -. ¿Quieres que te traiga algo?
- Quiero que me sueltes, ¿por qué me tienes atada a esta silla?
Exigió molesta e irritada por la incómoda posición en que estaba sentada con las manos atadas atrás y los pies a las patas de la silla. Un suspiro corto de indignación llamó su atención desde el lado derecho.
- Dormiste mucho - era Momoko que estaba igual que ella -, eras la única que faltaba por despertar.
- ¿Y Mi...?
- Aquí.
Del otro lado de Momoko, Miyako asomó la cabeza tímidamente. Dejó caer la cabeza aliviada pero de nuevo una mano fría la tomó del mentón y la obligó a subir la cabeza dejando a la vista su cuello marcado fuertemente por unos dedos.
- Se ve muy mal - susurró el hombre de ojos verdes -. Será difícil borrarlo.
Apartó la cabeza bruscamente, intentado alejarse lo más posible de ese hombre. Al fin pudo enfocarlo completamente. Era alto, corpulento, hombros anchos, cintura pequeña, alto, pálido, cabellos negros y unos encantadores ojos verde oscuro. Tenía una mirada serena y el rostro contraído, como si estuviera sufriendo. Lo observó cerrar los ojos fuertemente, como si recordara algo y las largas pestañas tocaron las angulosas mejillas. Alrededor de los ojos tenía ojeras y si esforzaba la mirada, muchas venitas azules y moradas resaltaban debajo de la blanca piel. Fácilmente le podía calcular veintidós años o quizá más.
Atrás de él entró otro hombre. Él parecía más relajado y amable bajo ese aspecto pecoso del rostro. Tenía la misma edad que el pelinegro pero con una esencia infantil. Era rubio, ojos azul cobalto, con el cuerpo del otro sólo que menos musculoso y más delgado. La palidez del rostro era sorprendente, casi parecía una hoja de papel. Los labios rojizos y carnosos tentadores para cualquier chica y su amable sonrisa la dirigió a su amiga Miyako.
De último entró un pelinaranja. Él si inspiraba miedo y dureza. Era más alto que el primero, de ojos penetrantes y rojos, daban terror verlos directamente. Él era menos pálido que los otros dos, los brazos llenos de venas marcadas de color azul y morados pero resaltaban por encima de la piel, debía ser muy fuerte para que se le marcaran así. La boca apretada en una fina línea de tensión, como si estuviera enojado.
- ¿Qué hacían solas a altas horas de la madrugada?
Las tres lo miraron confundidas con los ojos ligeramente más abiertos de lo normal, no entendían lo que había sucedido. Había pasado de secuestrador a hermano mayor sobreprotector. Momoko fue la primera en salir de la extrañeza de la situación.
- ¿Por qué nos tienen aquí? - los tres chicos la miraron como si dijera una incoherencia -. ¿Dónde estamos?
Ninguno respondió.
- ¿Qué nos harán? - se atrevió a indagar Miyako, asustada -. No hemos hecho nada.
- Si que lo hicieron - reprochó el rubio que por primera vez mostró una mueca de enojo -. Salieron a altas horas de la noche sin ningún cuidado.
- ¿Qué tiene que ver eso? - soltó Kaoru irónica -. Eso no les importa...
- Claro que nos importa - cortó el pelinaranja -. Butch, llévala a curar sus heridas.
El pelinegro se acercó a ella pero aunque quisiera resistirse, sólo logro tambalearse junto con la silla. La cargó con todo y silla, sorprendiéndolas por semejante fuerza.
- Boomer, dale ropa nueva y verifica que no haya tenido contacto - el rubio imitó al otro cargando a Miyako fácilmente -. Yo me encargaré de ti.
Momoko aguantó las ganas de gritar a todo pulmón, no sería conveniente enojar al demonio de ojos rojos. Lo observó acercar una silla frente a ella y se sentó en silencio. Se llevó un dedo a la boca y con un colmillo se lo pinchó haciendo que sangrara. Con la mano sana rompió la tela del pantalón sobre su pierna derecha y con cuidado le aplicó la sangre en la cortada de la que nunca se percató por el miedo que sintió durante todo el tiempo.
- ¿Quién eres? ¿Qué crees que haces? - sin querer soltó una mueca de asco combinado con dolor -. Eso es antihigiénico, además puedes tener una enfermedad en la sangre y podrías contagiarme, loco.
- ¿Como qué enfermedad? - la observó de reojo mientras se ocupaba de la herida -. ¿Sida?
Ella se sonrojó. El chico parecía ser muy directo y ligeramente descarado.
- No te preocupes, no tengo nada de eso.
- ¿Eres virgen?
El chico soltó una risa nasal sin ser burlona, pareció más divertido.
- Podría decirse - cuando terminó de untar la sangre, la herida cerró lentamente hasta que quedó como una suave cicatriz -. Ya está.
El chico se levantó y en cuestión de minutos la soltó. No supo como interpretar aquello y buscó una manera de huir.
- Ni lo intentes - fue como si le leyera la mente -, lo hago.
Se sorprendió ante ello. Leer la mente era imposible. El chico tomó la ropa que había sobre la mesa cerca de la entrada y se la lanzó.
- Creo que agradezco que pienses que soy sexy y mi apodo no es demonio de ojos rojos - siguió hablando -. Desvístete.
Miyako se sobó las muñecas cuando estas fueron liberadas por el rubio. Él acercó la mano a su cuello pero se alejó instintivamente, temerosa de su tacto. Boomer le sonrió y soltó un suspiro cansado.
- Sólo necesito saber que no te dejó alguna marca.
- No lo hizo - debatió, no sabía si era cierto pero no quería que la tocara -. Estoy bien.
- No es eso, puede que te haya mordido y dejado un poco de sangre.
- ¿Por qué quisieron morderme?
Él la observó fijamente por varios segundos, tornando la situación, incómoda para ella. Cerró los ojos y ladeó la cabeza frustrado.
- Anda Miyako, déjame revisar...
Ella negó de nuevo, temblorosa y apunto de llorar. Boomer se desesperó y le tapó la boca, rápidamente descubrió el cuello de la chica y soltó un suspiro de alivio, no había nada. La rubia se apartó agresiva y se secó las lágrimas.
- ¿Quién eres?
El chico dudó.
- Por ahora no te diré hasta que me den órdenes de hablar de ello.
- ¿Quién te ordena?
- El chico de ojos rojos que viste.
Enmudeció, verlo había sido un terror. La seriedad y dureza que irradiaba era insoportable, más que la que irradiaba Momoko enojada. Boomer tomó una muda de ropa y se la dejó sobre las piernas. Se acercó a la puerta con la intención de retirarse.
- Cámbiate, estaré en el pasillo por si necesitas algo - ella asintió lentamente -, y no hay forma de huir así que será en vano, tienes tres minutos.
Cuando Boomer salió, escuchó algo romperse contra la pared de a lado y sonrió divertido. Ya sabía quien estaba teniendo problemas con la chica.
Kaoru lanzó un florero contra el chico quien se agachó a tiempo y el objeto terminó impactando contra la puerta. Él, enojado, se levantó y no le importó la resistencia de la chica, la tomó de ambas manos y la pegó contra la pared. Esa chiquilla siempre le había dado problemas.
- Cálmate, ¿quieres?
Ella lo observó agresiva, sin dejarse intimidar por la fuerte mirada del chico. Forcejeó pero lo único que logró fue lastimarse las muñecas, era demasiado fuerte para su gusto y para todos aquellos chicos anteriores con los que había tenido que lidiar.
- No - soltó contra el rostro del chico -. ¡Suéltame!
- ¡Cállate! Harás que pierda la paciencia.
- No, no me callo.
- En tu lugar haría caso - Butch tomó el primer botón de los jeans de Kaoru y rápidamente lo desabrochó, ella se sonrojó fuertemente -, si no quieres que yo mismo te desvista.
- No te atreverías - soltó enfurecida -, si lo haces yo...
Él no dejó que terminara de hablar cuando sin previo aviso bajó los jeans de ella hasta los tobillos y desvió la mirada incómodo. La chica llevaba ropa interior de encaje negro. Kaoru sólo tuvo tiempo de dejarse caer con las rodillas abrazadas para cubrir su desnudez.
- Sino quieres que vuelva a suceder, será mejor que hagas caso.
- Eres un maldito - susurró temblorosa de enojo.
- Disculpa, no me diste otra opción.
Se dio la media vuelta para darle privacidad pero se sintió acalorado, había pasado mucho tiempo desde que la había tocado.
- Ustedes... - titubeó Kaoru mientras se cambiaba de ropa -, ustedes son seres de la noche ¿verdad?
Butch abrió los ojos confundido y se giró para observarla a la cara. Kaoru estaba en brasier y como pudo se cubrió el cuerpo, él tosió aclarándose la garganta lo más que pudo para evitar mostrar lo que la chica provocaba en su cuerpo. Desvió la mirada de nuevo y esperó a que terminara de cambiarse.
- Ya terminé.
Bajó la cabeza pero la subió de nuevo cuando la chica se plantó frente a él. Se quedaron viendo a los ojos por varios minutos sintiéndose incómodo de la insistente mirada de la pelinegra.
- ¿Qué?
Ella lo tomó de ambas mejillas y junto su frente con la de él. Miles de imágenes explotaron en su mente, una tras otra. Aldeas quemadas, sangre, caballos, guerras, disparos, castillos, mansiones, países, campos y finalmente a ella, con sangre coagulada en la boca y una gran herida en el abdomen. Se apartó de él asustada y cayó sentada en el suelo, se agarró la cabeza adolorida y varias lágrimas resbalaron por sus mejillas. Una marca surgió sobre el lado derecho de su pecho en forma de hoja verde, uno de los sellos se habían roto y la historia seguiría avanzando desde donde se detuvo.
- ¿Quién eres?
Sweat Blueberry: Gracias por el consejo, pero tengo planes diferentes. ¿Dejarías hacerte lo que sea por Harold o Brick? No sé si sonrojarme, jajaja. Saludos.
sandra nancy sot: Gracias, ya actualicé después de mucho tiempo. Espero te siga gustando y no me molesta que pidas el capítulo, si tardé mucho en actualizar este fic, nos leemos luego.
Lulu88: Espero no alargarlo, pero el final aun no lo he escrito, al fin actualicé, nos leemos.
estrellaanime: ¿Te dejé sin palabras? Espera el cuarto capítulo. Saludos.
emily: Gracias, espero te siga gustando.
iriii: ¿A quiénes convirtieron? Aún no convierten a nadie. Ya seguí la historia, me tardé un poco. Hasta luego.
Guest: ¿Rápido?
giulli: Gracias por darle una oportunidad a la historia, nos leemos.
Eliih Him: Gracias por leerme, y disculpa por dejarte en intriga. Es bueno saber que te gustó. Con respecto al nombre de Kaoru, tienes razón, sabía que algo andaba mal. Ya regresó la musa, y más imaginativa que nunca.
maniaca muajaja: Aquí está la continuación, te leo luego. Saludos.
rosita: Ya está el capítulo, hasta luego.
Se despide, apenada por no actualizar en mucho tiempo
Neith15
