Capítulo 5.


—Mi nombre es Kija— se presentó el chico nuevo un par de noches después de que lo llevaran allí, cuando su mente estaba un poco más lúcida y despierta. Se llevó su mano humana, normal, a los ojos para refregárselos con cansancio y las cadenas replicaron en el silencio de la habitación.

—Yo soy Yona— dijo ella, observándole desde la distancia con cierta curiosidad y lástima. Otro chico que había sido pillado…

—¿Yona? ¿La princesa Yona? — alzó la mirada desde donde estaba sentado y sus ojos celestes se clavaron en ella con incredulidad.

—La misma.

—¿Entonces…?— murmuró, pasando ahora a observar su alrededor, aunque no fuese mucho lo que podía ver más allá de su celda— ¿Dónde estamos?

—Estás, o estamos más bien, en Kuuto, la capital del Kouka— fue Hak el que respondió, tumbado en el suelo con la vista en el techo y con las manos sosteniéndose la nuca. Tenía la respiración agitada pero no por la conversación o la situación precisamente, sino por el rato que llevaba entrenando y haciendo ejercicios en completo silencio. — Y ya ves, las mejores habitaciones del castillo nos la han dado a nosotros. Qué suerte tenemos, ¿eh?

Kija se veía como si estuviese seguro de que lo que estaba viviendo era una pesadilla, y cuando intentó ponerse en pie, se tambaleó un poco. Su piel, ya de por sí pálida, estaba de un color fantasmagórico que no daba muy buena espina. Yona dio un paso hacia delante en un acto instintivo, pero rápidamente se detuvo, sabiendo que era inútil; de todas formas, era imposible llegar a él con la reja por medio.

—¿Qué es lo último que recuerdas?

—No estoy muy seguro— su vista se nubló por un momento mientras se llevaba las manos a la cabeza y dejaba caer su peso contra la pared— Yo estaba… Todo estaba tranquilo y entonces hubo una alerta en mi aldea de intrusos. Pensé… pensé que podría ayudarlos, estaba cansando de estar todo el tiempo encerrado, yo también quería proteger a mi gente, así que…

El joven, Kija, se veía lo suficiente confundido y perdido como para que Yona supiera que aún quedaba rastro de la droga en su organismo. Al parecer, era demasiado potente y peligrosa. Suspiró, apesadumbrada y enfadada con la situación.

—Toma, bebe un poco— le dijo, sacando de su morral un odre lleno de agua. Hak le había dicho que cuando despertara seguramente tendría mucha sed, así que había estado las últimas noches preparada para el momento.

Kija alternó su mirada entre el rostro de la chica y el recipiente que le tendía.

—¿De verdad estoy en el castillo? ¿Encerrado?

—Sí.

Sacudió la cabeza, incapaz de creerse sus palabras.

—No, no puede ser, nadie debía saber dónde estaba. Llevamos generaciones preservando el secreto…

Se acercó a dónde estaba la verja y Yona, en un acto completamente inconsciente, dio un paso hacia atrás. El inesperado movimiento atrajo la atención de Hak, quién se incorporó en el suelo y se arrastró por él hasta quedar de espaldas a la verja. El sonido de las cadenas de hierro quedó ahogado en la mente del peliblanco cuando, de pronto, este se quedó observando las rejas que lo mantenían encarcelado. Su extraña -y, definitivamente, no humana- mano se enroscó en las barras y los músculo del brazo se tensaron cuando usó toda su fuerza.

No pasó nada.

Se quedó mirando sus garras consternado.

Era… Era como si se hubiera quedado sin fuerza. Aquella garra que lo había hecho sentir orgulloso a él y a su gente durante generaciones, de pronto, había perdido su poder hasta convertirse en una mano normal, humana, aunque siguiera manteniendo esa apariencia animal

Sus poderes… la sangre de dragón que corría en sus venas… ¿qué le había pasado? ¿Qué le habían hecho? ¿Cómo podía estar sucediéndole eso?

—¿Qué es eso? — susurró Yona, mirándolo fijamente, su atención puesta en aquel punto que lo hacía diferente.

Kija, incapaz de pensar con claridad, se quedó mirándola igualmente como si se percatara por primera vez de su existencia. Como si no hubiera dedicado su vida y la de toda la aldea a ella, intentando ser merecedores y protectores de la sangre de Hakuryuu…

¿Qué estaba pasándole? Hacía un par de días se quejaba de la molesta voz de su abuela que no dejaba de exigirle una y otra vez que buscase un heredero, que debía buscar una mujer de acuerdo con su estatus, y ahora… lo habían capturado, encerrado… y despojado de sus poderes.

¿Estaría viviendo una pesadilla?

¿Si se pellizcaba con fuerzas se despertaría?

—¿Kija?

—Es imposible— fueron sus primeras palabras, alzando la mirada hacia donde estaba esa muchacha de extraño cabello rojo y ojos violetas— Esto es un sueño, ¿verdad? No pueden haberme quitado mis poderes de dragón.

Los ojos de Yona se abrieron como plato.

—¿Dragón? ¿Poderes?

—Sí, yo… yo…— se llevó la mano humana a la cabeza nervioso, pasándosela por el cabello y revolviéndolo— No puedo creerlo, no me entra en la cabeza. Es… es…

—Por favor, ¿podrías explicar todo mejor? Me siento un poco perdida.

Los ojos de Kija se encontraron una vez más con la mirada, efectivamente, dudosa y confundida de la chiquilla y el nudo que se había instalado en su garganta no desapareció aunque tragó saliva un par de veces. O su mente era muy buena o, en realidad, tenía delante de sí a la misteriosa princesa de Kouka, aquella que hacía años nadie había sido capaz de ver y de la que cuya existencia, solo se tenían rumores.

Y ahora, él la había encontrado, ni más ni menos, en los calabozos del castillo, paseándose por aquel lugar al igual que lo haría por los jardines.

Aunque en aquel instante su realidad pareciera una locura… el maldito mundo al revés, a lo mejor, si le explicaba todo podría arrojar un poco de luz a la situación y a su pobre mente que no dejaba de dar vueltas y vueltas intentando encontrar sentido alguno a lo sucedido en las últimas horas.

—¿Conoces la leyenda de Hiryuu? — su garganta se cerró aún más y una extraña sensación de traición asoló su pecho, pero intentó ignorarla. Llevaba años, generaciones, custodiando aquel secreto y el simple hecho de pensar revelarlo…

El ceño de Yona se frunció. Hak, en completo silencio, prestó mayor atención a la conversación.

—Pues claro. Fue el primer rey que tuvo Kouka hace casi dos mil años.

—Exacto. ¿Y qué sabes sus protectores, los cuatro dragones?

—¿Cuatro dragones? — abrió los ojos sorprendida— No… no sé. No me suena. Solo… Bueno, mi padre me ha hablado de Hiryuu, el Dios Dragón que se convirtió en humano y fundó nuestro reino, pero…—su expresión se volvió pensativa mientras sacudía la cabeza.

Kija se sorprendió. ¿El propio rey de Kouka le había escondido información a su hija? ¿Es que nadie le había hablado de la historia completa? Todo el mundo debía conocer la historia. El verdadero problema, y el motivo por el que a él le costaba tanto hablar, era que solo unos pocos sabían a ciencia cierta cuan real era la leyenda.

—Hakuryuu, Ouryuu, Ryokuryuu, Seiryuu— se oyó de pronto la voz de Hak en el lugar.

Yona, sobresaltada, lo miró como si hasta ese momento no hubiera recordado que él se encontraba allí, aunque Hak observaba atentaba la pared que había delante de él.

—¿Conoces la historia? — le preguntó Kija.

—No mucho. El viejo me la ha contado un par de veces, pero honestamente no era algo a lo que le echase mucha cuenta— en su exagerado todo tranquilo, Yona advirtió un matiz de pesar y nostalgia— Solía desconectar la mente cuando me hablaba de esas cosas aburrida, sin embargo, los nombres me molaron y me quedé con ellos, al parecer.

—Bueno, espero que prestes más atención ahora entonces— Kija no pudo evitar poner los ojos en blanco— Efectivamente, ellos son los cuatro dragones: Hakuryuu, Ouryuu, Ryokuryuu, Seiryuu. Cuando Hiryuu vino a la tierra fue capturado por los seres humanos que deseaban poder. Estos cuatro dragones que os he mencionado bajaron de los cielos para socorrerlo, pues lo amaban y no tolerarían su muerte, y una vez a salvo, estos le aconsejaron al rey que debería destruir a todos los seres humanos como castigo por perder su fue hacia ellos. Hiryuu se negó rotundamente a la idea ya que él se había convertido en humano y, pese a lo ocurrido, no podía dejar de amarlos, sin importar lo que estos le habían hecho. De mala gana, los dragones entendieron su postura y como sabían que no podían hacer nada más que apoyarlo, dieron su sangre y otorgaron un valioso poder a cuatro guerreros, cuya misión de vida era la de proteger a Hiryuu, creándose así los cuatro guerreros dragones.

»Fueron un fuerte inquebrantable con el pasar de los años, pero con la muerte de Hiryuu, los guerreros decidieron tomar rumbos diferentes, asentándose en distintos lugares del reino…— tragó saliva y su expresión se tensó— Y actualmente siguen existiendo. No los mismos, claro, sino que los poderes van pasando de generación en generación, esperando el día en el que Hiryuu decida volver a la vida.

—Y tú…— musitó Yona en un hilillo de voz.

—Soy Hakuryuu, el dragón blanco— respondió, alzando la garra que lo delataba— Desde hace generaciones, mi poder ha permanecido al resguardo de mi pueblo, lejos del mundo y de aquellos que querían apoderarse de él. Mi brazo… que es capaz de desgarrar cualquier superficie, con una fuerza sobrehumana… de pronto…—se quedó mirándolo angustiado y enfandado— Habría sido muy fácil para mí arrancar esas barras de metal, pero… pero… Es como si se hubiera convertido en una mano humana, normal. Algo me han hecho que perdido mis poderes— culminó devastado.

La cabeza de Yona daba vueltas, las ideas corriendo a gran velocidad en su cabeza mientras intentaba asimilar lo último que había escuchado. Su padre le había mentido, otra vez. Bueno, no mentido exactamente, sino ocultada información, aunque no importaba los detalles, al final, se convertía en una piedra más que se sumaba a la enorme cantidad de mentiras, engaños y ocultamientos que había ido acumulándose en los últimos años.

¿Por qué contarle una parte de la leyenda solo? Il siempre se había mostrado orgulloso de su procedencia, de la ascendencia divina que tenía Kouka y la figura del rey, pero nunca había hecho referencia a esos misteriosos guerreros que apoyaron a Hiryuu e incluso le salvaron la vida.

¿Por qué? ¿Por qué tantas mentiras? ¿Qué escondía su padre?

¿Y por qué había cogido a uno de esos guerreros? ¿Por qué secuestrarlo? ¿Por qué mantenerlo oculto?

Pensaba y pensaba y cada idea que se le venía a la mente le parecía más absurda que la anterior.

¿Quería acabar con ellos? ¿Quería obligarlo a unirse a sus filas, así como estuvieron tras las órdenes de Hiryuu? ¿Tenía algo contra Kija, particularmente, o su misión era encontrarlos a todos?

Por ahora tenía a uno, y según Kija, eran cuatro…

Espera, no. Uno no. A lo mejor…

La atención de Yona se desvió hacia la celda de Hak, quién seguía quieto y en silencio al igual que si se hubiera convertido en estatua, y se imaginó los engranajes de su cabeza rodando sin parar, como le estaba pasando a ella. ¿Habría llegado él a la misma conclusión?

Sus pasos fueron temblorosos cuando se acercó a él.

—Hak…— tragó saliva para poder seguir hablando, pues su garganta se había secado repentinamente— Tú… tú puedes ser…

—Él no es uno de nosotros— afirmó con seguridad Kija.

—Pero…—se sentía angustiada, confundida, terriblemente confundida, cuando desvió sus ojos hacia donde Kija permanecía inmóvil— ¿Entonces por qué lo cogieron también?

—No lo sé. Pero si lo hicieron creyendo que tú serías uno de nosotros… se han equivocado— insistió Kija, frunciendo el ceño, observando la pared que los separaba ambos como si pudiera ver más allá— Una de las cosas que me contaron en mi aldea es que cuando estuviera junto a uno de mis hermanos, lo sentiría, pero él no… no he sentido nada con él en ningún momento.

A Yona estaba empezando a darle dolor de cabeza pensar en todo lo que Kija les había contado. Aunque estaba viendo de primera mano esa mano no-humana, aunque veía la sinceridad y determinación en su mirada, aún… aun le parecía surrealista toda la situación…

—¿Alguna vez…

—No— Kija sacudió la cabeza— Solo digo lo que me han contado.

Yona suspiró para ahogar un gemido que quiso escapar de sus labios. Eso, en realidad, tampoco decía mucho. Puede que su aldea tuviera razón, o puede que no. No ayudaba a la hora de saber si Hak era uno de los cuatro dragones, aunque aparentemente no tuviera ningún poder ni "parte del cuerpo especial" que fuera herencia de su dragón como sí pasaba con Kija.

—¿Tienen todos algo característico como tú? Es decir, tú tienes tu mano que ya dice mucho, pero los demás…

—Bueno, nunca los he visto cara a cara, pero… A cada uno se les da en la leyenda un poder único: Ryokuryuu es capaz de volar con una fuerza sobrehumana en las piernas, Seiryuu tiene una increíble vista… es algo con sus ojos… aunque no sé bien cómo es…; sin embargo, con Ouryuu… nunca se ha dicho nada de él. No sé cuál es su poder ni qué tenía de característico…

Yona sintió su corazón en la garganta.

Hak no tenía nada extraordinario en las piernas, ni tampoco en la vista. ¿Y si… Y si Hak era ese dragón? ¿Ouryuu? ¿Podría saberse de alguna manera?

¿Estaba aferrándose a un clavo ardiendo? ¿Dándole una explicación a la incógnita que llevaba años sobre sus cabezas? ¿Se sentía aliviada? ¿Furiosa? ¿Devastada?

¿Cómo debía sentirse?

Secuestraron a Hak poco después de ganar el Torneo. ¿Pudieron sospechar de la destreza que mostró allí, juzgando que era imposible que un niño a esa edad pudiera hacer esas cosas? ¿Y si pensaron que era uno de esos dragones?

Oh… Iba a estallarle la cabeza de tantas vueltas que estaba dándole al asunto…

—Todo lo que podemos decir y hacer son elucubraciones estúpidas— soltó de pronto Hak en su característico tono de indiferencia; la expresión que no había desaparecido en toda aquella extraña conversación— Da igual que lo sea o no, seguiré aquí hasta que nos saquen para hacernos yo-qué-sé-que-cosa. Lo demás son tonterías.

—Hak…

Lo vio levantarse súbitamente y dirigirse hacia la esquina más alejada; lo que claramente decía que quería estar solo, o en este caso, que no le molestase nadie. Yona suspiró apesadumbrada.

—Creo que me vendría bien ahora un poco de esa agua que me ofrecías antes.

—Eh, ah, claro.

Kija bebió del odre que la princesa le tendió hasta que solo quedaron unas gotas en su interior y, aun así, no sació su sed, aunque no lo dijo en voz alta.

—Gracias— se la tendió de vueltas, viéndola ponerle el tapón de corcho.

—De nada— respondió, decaída, pensativa, confundida, incapaz de dejar de darle vueltas al asunto.

—Princesa…

—Kija— dijo ella, enfrentándole le mirada— Lo siento…

—¿Por qué? — se mostró sorprendido.

—No sé… ¿porque estás aquí, tal vez?

—No tienes nada que ver.

—No, pero no puedo evitar sentirme culpable porque es mi padre el que te retiene aquí, a los dos…— se mordió el labio inferior, mirando de reojo la celda contigua— Es absurdo, pero tengo que decírtelo.

—Si te hace sentir mejor, acepto las disculpas— aceptó él conciliador porque, de verdad, algo en él le decía que aquella jovencita no tenía nada que ver con lo que estaba pasando, que era una víctima más de la situación.

—¡No, no me hace sentir mejor! — gruñó para sí más alto de que nunca había hablado, apenas reparando en el tono que había usado— ¡Es todo…!

—¡Maldita sea, no alces la voz! — chistó Hak en un susurro, acercándose repentinamente a la esquina que unía ambas rejas. Las cadenas retumbaron por el súbito movimiento como un trueno en una tormenta— ¿Quieres que te encuentren aquí o qué te pasa?

—Lo siento— murmuró encogiéndose sobre sí misma, cubriéndose los ojos con las manos, sintiendo esa punzada tan familiar en el pecho. Decepción consigo misma. Rabia. Impotencia— Lo siento, ¿vale? Lo siento, lo siento, lo siento, yo…

—Princesa Yona…— dijo Kija sorprendido por su comportamiento.

—Princesa, eh, escúchame— la llamó Hak, con el ceño fruncido, tendiendo una mano hacia ella. Cuando fue incapaz de tocarlo se sintió más frustrado que nunca por su encarcelamiento, pues lo único que deseaba era llegar a ella y acabar con aquel absurdo sentimiento que debía estar carcomiéndola por dentro a la muchacha— Princesa, mierda, escúchame, por favor. Te lo digo en serio.

Yona se calló, aunque no se movió. No podía, no quería.

—Nada de esto es tu culpa, ¿me oyes? ¿Cuándo te va a entrar en esa cabeza dura que tienes? No tienes nada por lo que disculparte. Tú no has ido a por nosotros, tú no nos encerraste, tú no nos mantienes aquí en contra de nuestra voluntad…

«Tú no haces nada por salvarnos», oyó ella en su cabeza, aunque él no había pronunciado esas palabras.

—Lo sien- Yo…— murmuró Yona, dando un paso hacia atrás, irguiéndose, mientras su mano derecha buscaba la pulsera que rodeaba la muñeca contraria. Tocarla, sentir la suavidad de la pluma, ayudaba a tranquilizar su mente alocada cuando se apabullaba y se adentraba en el túnel de pensamientos oscuros que no parecía tener fin— Creo que es mejor que me vaya, se está haciendo tarde.

—Princesa…— dijo Hak, observando impotente como se alejaba.

—Volveré cuando pueda, ¿vale? Nos vemos— dijo, emprendiendo la huida.

Nunca el camino hacia sus aposentos le había parecido tan largo y angustioso.

·

Desde el balcón de su habitación observó la compuerta del castillo abrirse y con ella, la llegada de la comitiva. Acariciaba la pulsera mientras pensaba, distraída, que el verano parecía entrar pronto ese año porque a pesar de aún quedaba una luna para su llegada, ese día el sol brillaba con fuerza. Se preguntó si ellos, bajo tierra, podrían notarlo.

Cerró los ojos apartando rápidamente ese pensamiento de su cabeza y cuando una figura a lo lejos desmontó de su caballo, Yona se dio la vuelta y se adentró en su aposento. En la mesa descansaba una taza de café de azahar, su favorito, el cual no lo había tocado. Ya estaba frío.

Caminó hacia el espejo de cuerpo entero que había en la habitación y con una mirada desapasionada se quedó mirando su vestido, nuevo, hermoso, lleno de joyas, y maldijo su peinado, su cabello rebelde que nunca se quedaba cómo ella quería. Pero no le importaba porque él le había dicho que le gustaba así, así que se tragaría cada una de sus quejas para conseguirlo.

Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa.

Pasos acercándose en el pasillo la alertaron y no se sorprendió cuando escuchó que se detuvieron al otro lado de la puerta.

—¿Princesa? Ha llegado la visita.

—Voy en un momento. Llévalo a la sala de té.

—Como desee.

Nuevamente sola, Yona se acomodó un mechón de pelo detrás de la oreja y suspiró. Entonces, se encaminó hacia el exterior y solo escuchó sus pasos en el silencio de los largos e interminables pasillos mientras se dirigía a su objetivo.

—¡Princesa! — el semblante de Tae-Jun resplandeció cuando se dio la vuelta al escuchar la puerta descorrerse y vio a la joven en el umbral de esta— Su belleza siempre consigue dejarme sin palabras— presuroso, se acercó a tomarle la mano para depositar un beso en ella; uno que duró un par de segundo más de la cuenta, aunque ella hizo como si no se hubiera dado cuenta.

—Lord Tae-Jun.

—Solo Tae-Jun, princesa, lo sabes. Dejemos las formalidades de lado entre nosotros.

Ella asintió con una sonrisa complaciente.

—Lo siento, es la costumbre.

—Es un placer crear nuevas costumbres si eso significa ser merecedor de su presencia otras veces— respondió él galantemente— ¿Le gustaría que demos un paseo? Hace un día esplendido.

—Vaya, me ha quitado las palabras de la boca— le sonrió.

Tae-Jun le guiñó el ojo y tendió un brazo en su dirección esperando que la joven se aferrase a él. Esta no tardó mucho en aceptar la muda petición y juntos salieron a la luz, paseando por el jardín que había sido un silencioso espectador de los encuentros entre ambos jóvenes. Caminaron en un apacible y familiar silencio y cuando llegaron a un banco de piedra, aceptó nuevamente la muda orden de que se sentasen en él.

Yona acomodó el vestido primorosamente alrededor de sus piernas mientras escuchaba a Tae-Jun hablar sobre unas reformas que había hecho a su castillo y que, honestamente, no le interesaban lo más mínimo, aunque intentaba aparentar lo contrario. Su mirada se perdió en lo que le rodeaba y cuál fue su sorpresa cuando descubrió en una de las esquinas, alejado, casi como si esperase que no lo descubriese, a su padre observándolos.

Intentó hacer como que no lo había visto, así que apartó rápidamente la mirada y dejó sobre su regazo. El corazón le iba a mil y en su pecho un dolor le desgarraba de arriba abajo, pero era algo con lo que había aprendido a vivir desde que descubrió hace más de cuatro años atrás lo que había escondido en las profundidades de su adorado padre, así que se apresuró a guardar esas sensaciones en lo más profundo de sí misma.

Inevitablemente, mientras lo hacía, pensó en Kija, encerrado hace casi tres lunas por los deseos de este, así como también pensó en Hak, quien había sido el primer peón en este juego absurdo de poder.

«Todo lo que podemos decir y hacer son elucubraciones estúpidas. Da igual que lo sea o no, seguiré aquí hasta que nos saquen para hacernos yo-qué-sé-que-cosa. Lo demás son tonterías», recordó sus palabras en la conversación reveladora que tuvieron hace poco más de dos lunas.

Pensó en la impotencia con la que llevaba conviviendo durante años. En la rabia que le asolaba cada vez que contemplaba la situación en la que se encontraban. En el odio -y se odiaba así misma por ello, contradictoriamente- que sentía hacia su padre. Y también pensó en el tono prácticamente resignado de Hak cuando hablaba de su situación. Recordó el dolor y la añoranza en su expresión cuando mencionaba a su gente, a su hogar; la sinceridad en su mirada cuando le decía que ella no había hecho nada malo; la rabia burbujeante que le era imposible esconder por más que lo intentase.

Recordó cómo la miró al desearle feliz cumpleaños, cuando le regaló lo único que le unía con su gente, cuando le pidió que lo cuidase…

Y se odió aún más por ser incapaz de hacer nada. Por no poder luchar contra las cadenas que lo retenían.

Pero pensaba cambiarlo. Lucharía. Por ella. Por él. Por Kija.

—¿Le gustaría verlo algún día? Las puertas de mi humilde morada siempre estarán abiertas para usted, princesa.

Las palabras de él consiguieron sacarla de su ensoñación y Yona sintió como se quedaba sin respiración cuando vio la oportunidad que llevaba tanto tiempo esperando mostrándose frente a sus ojos. Sus esfuerzos estaban dando sus frutos y ella estaba un paso más cerca de terminar con todo esto.

—Sería todo un honor para mí, Tae-Jun— aceptó, intentando contener la chispeante alegría que quería brotar de ella.

Tae-Jun sonrió, contagiado por ese sentimiento, y osado, le cogió una mano. Yona no se movió aunque su primer impulso fue apartarla de un manotazo. Se quedó mirándolo, quieta, casi conteniendo la respiración. Los ojos de Tae-Jun, normalmente brillante y vivaces, se habían oscurecido ligeramente.

—Maravilloso— le susurró, llevándose la mano a los labios para depositar un beso en ella— Simplemente maravilloso.

Incapaz de saber por qué, Yona sintió que un estremecimiento la recorría de arriba abajo.

La mala sensación que le abordó desde el primer momento que lo vio y que nunca había desaparecido en todas las veces que se habían visto, emergió como un volcán en erupción en su interior. Y, por un segundo, dudó sobre si seguir adelante o alejarse de él, de su padre, de todo el mundo para refugiarse en su santuario bajo tierra que era el único lugar donde podía sentirse en paz y tranquila por unos minutos. Pero con el solo recuerdo de la expresión devastada de Kija y la mirada de añoranza de Hak consiguió darle una patada a sus nervios y mandarlos lejos, a un rincón escondido de su mente.

No puedo dudar. No ahora, se recordó a sí misma.

El plan estaba teniendo éxito y no pensaba dar marcha atrás, costara lo que le costase.

Pronto, muy pronto, Hak y Kija serían libres.


¡Holaaaa! Siento muchísimo el retraso de actualización, pero estas últimas dos semanas he estado estudiando y apenas he tenido tiempo libre para venir a traerlo. También me disculpo porque este capítulo sea más aburrido y que apenas pase nada interesante :c Sin embargo, era toda esta charla era necesaria porque nos ayuda a descubrir más sobre la situación en la que están, el misterio tras los secuestros, el plan de Yona... y sus sentimientos sobre todo esto. Hmmmmm, ¿Qué pensáis? ¿Creéis que finalmente podrá conseguirlo?

Solo digo que en el siguiente capítulo Yona confesará sus planes a quien todos sabemos... ¿Pensáis que se lo tomará bien? xD

¡Muchas gracias por todos los comentarios que estoy recibiendo! No sabéis lo feliz que me hace saber que la historia está gustando. Me animáis muchísimo a continuarla ^^

¡Nos vemos el lunes que viene!