Capítulo 11.


—Así que tú eres la preciosa dama que viene en rescate de estos caballeros…— la nueva incorporación a la prisión le sonrió como si en realidad no existiese unas reja de metal que los separasen, como si se hubiesen encontrado en un día soleado de comercio y a él le hubiera sido imposible apartar la atención de ella— Encantando, mi nombre es Jae-Ha, viajero errante por las tierras de Kouka.

—Hola— asintió Yona, deseando mostrarle aunque sea un mínimo de alegría, a pesar de su interior era un poso insondable de inquietud, desesperación y miedo. Después de todo, él era el que había sido apresado y era ella la que iba y venía con libertad, ella debería ser la que le diera ánimos, ¿no?— Mi nombre es Yona. ¿Cómo estás? ¿Tienes sed? — inquirió, acercándose para pasarle el odre con agua.

Los primeros días después de que recuperara la conciencia, los chicos solían tener mucha sed. Yona lo sabía ya por la experiencia, por más horrible que sonase eso.

—Muchas gracias por su atenciones y amabilidad— Jae-Ha le sonrió brillante, ajeno a la situación, y Yona no pudo evitar pensar en que tenía un rostro bello. Con ese cabello exótico, esos impresionantes ojos, el mentón recto y los pómulos marcados, la pelirroja se vio a sí misma profundamente atraída por el recién llegado… si no fuera porque su mente y su corazón ya tenía dueño.

Jae-Ha bebió con ganas.

—Eres Ryokuryuu, ¿verdad? El dragón verde.

El hombre inclinó la cabeza, mirándola con interés.

—¿Qué es lo que me delata, bella princesa?

El sonido de su ronca y tersa voz, el brillo en su mirada y la luz en su expresión causó que su estómago se contrajera y sus mejillas se llenasen de rubor.

—Repliega tus encantos, Ryokuryuu— espetó Kija con voz tensa— No es el momento, ni el lugar, ni la persona.

—Oh, vamos, no seas aburrido…— puso los ojos en blanco.

Como si hubiera despertado de un sueño, Yona parpadeó y rápidamente se apresuró a coger el odre. Viéndole a él guiñarle el ojo, se acercó hacia donde estaba Seiryuu, quién la estaba mirando con interés. Este se quedó mirando por un par de segundos de más el rastro de rubor que perduraba en sus mejillas. Intentando ignorar la forma en la que la estudiaba, le pasó también el agua. En ese momento, sintió a su pequeña amiga escalarle el hombro. Mientras le brindaba unas suaves caricias, continuó a dónde estaba Kija después de asegurarse de que el dragón azul no necesitase nada más.

—Toma.

—Gracias, princesa— suspiró, cerrando los dedos en torno al odre con un poco más de fuerza de lo normal.

—¿Estás bien?

—¿Eh? Ah, sí— alzó la mirada y le sonrió con calidez— No es nada, pensamientos míos. ¿Tú cómo estás? En tres días será la noche, ¿verdad?

El nudo de su estómago se apretó con fuerzas y Yona luchó por tragar saliva pues, repentinamente, le dificultaba la acción del habla. No les había dicho nada, a ninguno, del trato que había hecho con su padre; estos solamente sabían de cuáles eran sus intenciones. Así que, pese a que lo único que debía sentir era impaciencia y entusiasmo por poner fin a todo, en realidad tenía miedo y deseaba que los días que quedaban hasta su cumpleaños se dilataran hasta la eternidad. No quería que llegara porque eso solo significaba que ella debía encontrar marido, así como también quería decir que Hak y los demás podrían escapar, ser libres… y ella, al final, se quedaría allí sola, amarrada a un hombre que no amaba, teniendo una vida no deseada.

El pajarillo que había creído ser libre, al final del cuento, terminaba confinada en su jaula dorada.

—Nerviosa. Mucho— terminó por soltar con una risilla que daba el pego. Se encogió de hombros, intentando quitarle importancia— Padre me ha dicho que podré reunirme con los invitados al anochecer y se irán al atardecer del día siguiente, así que eso significa que tengo casi un día para conseguir ayuda. Podría ser peor.

Kija la miró como si no terminase de creerle, pero, a falto de pruebas suficientes, no pudiera reclamarle nada.

—¿Sabes ya quienes vendrán?

—No, mi padre no ha querido decir nada por más que le he preguntado— bajó el volumen, un poco frustrada— Al menos, espero que venga Mundok…

Kija hizo una mueca de inconformidad. No le gustaba ni un pelo la vaguedad del plan, pero teniendo en cuenta las circunstancias, no podían hacer o planear más allá de lo que tenían. Solo esperaba que todo fuera bien y no le pasara nada a la princesa…

Le tendió de vuelta el odre y Yona, por un segundo, se quedó perdida en sus pensamientos. Al darse cuenta, rápidamente se dio un golpe mental porque sabía que con esa actitud lo único que haría sería ponerlo más en alerta. Suficiente preocupado estaba con todo lo que pasaría en pocos días como para encima añadirle…

—Aquí tienes— musitó acercándose a la última celda.

Lo escuchó acercarse, las cadenas resonaron como campanas de guerra. Sintió las manos de él rozar sus dedos. En respuesta, rápidamente apartó la mano, ya vacía, como si el contacto le hubiera quemado.

—¿Por qué no me miras? — dijo él con voz ronca cuando el silencio se extendió por unos segundos.

—Sí lo hago— replicó tensa, lanzándole un breve vistazo, antes de volver a mirar el suelo.

—Déjate de tonterías, princesa. Estás rara— le espetó.

—Estoy nerviosa, es diferente— se defendió— Quiero que salga todo bien, no puede fallar nada y lo sabes.

En realidad, estaba asustada. Asustada de que, si el plan salía mal, ella quedaría al descubierto o peor, sus planes no darían sus frutos y los chicos seguirían encerrados. Asustada de que, si todo iba viento en popa, ellos serían libres, pero ella se quedaría allí encerrada, a expensas de desposarse con un hombre que no amaba… sabiendo que nunca más podrá ver a Hak ni a los demás.

Que nunca más se perdería en sus ojos azules, ni lo vería sonreírle sagaz, ni escucharía su ronca voz.

Sí, había mucho por lo que estar nerviosa.

Escuchó a Hak mascullar algo ininteligible por lo bajo, pero, temiendo que la conversación se alargarse y ella terminase soltándolo todo, permaneció en silencio y no le preguntó nada.

—Tae-Woo— volvió a hablar él al poco tiempo, esta vez en un tono más comedido.

—¿Qué? — salió de sus pensamientos y no pudo evitar mirarlo.

—Tae-Woo— repitió y esta vez fue él quien escondió las pupilas en el suelo— Él es el nuevo Jefe de la Tribu, seguramente venga acompañando a Mundok o en su lugar.

Que lo dijera con total certeza, sin un atisbo de duda, hizo que el corazón de la muchacha se hiciera añicos, más de lo que ya estaba.

—¿Lo… lo conocías? — susurró, abatida.

La expresión de Hak se ensombreció aún más y Yona no necesitó respuesta verbal para saber la verdad. Luchó contra la necesidad de extender el brazo, tocarle y recordarle que no estaba solo. Luchó contra el deseo de cobijarse en ese amplio pecho y olvidarse de todo lo que estaba por venir, solo queriendo que el presente, el estar en sus brazos, fuese un momento eterno.

—Te diría que si te gustaría que les hiciese llegar un mensaje tuyo— dijo, tragando saliva para intentar diluir el nudo que se había instalado en su garganta—, pero ya que pronto vas a salir tú, dejaré que se lo digas personalmente.

Su pobre intento de levantarle el ánimo fue recompensado por una pequeña curvatura que, sin embargo, no llegó a sus ojos. De pronto, Hak la miró y la atrapó sin darle cuartel. Yona se vio absorbida en medio de la tormenta que había en su mirada.

—Princesa.

—¿Q-qué? — dijo a duras penas.

—Tú… Cuando todo esto pase… cuando, dentro de tres días, todo acabe… yo…

Las alarmas sonaron en la cabeza de ella.

Iba hablarle de eso.

No, no podía ser…

—Sé lo que tengo que hacer. Y el cuidado que debo tener— lo cortó abruptamente.

Él se quedó callado, parpadeando.

—No me refería a eso… yo… —tartamudeó y entonces apretó los labios en una fina línea— Llevo mucho tiempo dándole vueltas a este día, si llegaría o no alguna vez, y tú…

—¿Has escuchado eso?

—¿Qué?

—No, nada…—nerviosamente, miró a su alrededor como si en cualquier momento fuera a aparecérsele alguien— Creo… creo que es mejor que me vaya. Se está haciendo muy tarde.

—Princesa, esp-

—Ya hablaremos mañana, ¿vale?

—Pero…

No le dejó continuar. Se dio la vuelta rápidamente y con la misma velocidad se escabulló de allí, dejándole con la palabra en la boca.

No quería oírle porque una parte de ella sabía lo que iba a decirle, sabía lo que iba a preguntarle. Y aunque su alma y su corazón chillaba por una respuesta, su cabeza le ordenaba otra completamente diferente. Sí, daría todo lo que tuviera y más por escapar con él, por ser libre a su lado… pero sabía que era una idea imposible. Llevaba días obligándose a apartar ese doloroso deseo de su corazón, el cual crecía y crecía conforme las horas se deslizaban en el tiempo.

Por mucho que le desgarrase, tenía que asumirlo: pronto, ella quedaría recluida una vez más en su jaula de cristal. Angustiada. Sola. Rota en mil pedazos. Pero sabiendo que había hecho lo posible para que él y los demás fueran liberados… sintiéndose, por primera vez en su vida, satisfecha y orgullosa de sí misma.

·

—Vaya…

La joven alzó la mirada y se encontró con la mirada de su padre, quién la miraba embelesado desde el umbral de sus aposentos.

—Tan hermosa como siempre, cielo.

—Gracias, padre— se obligó a sonreír y se levantó del banco en el que había pasado la última media hora peinando su desastroso y rebelde cabello pelirrojo— ¿Deseas algo?

—Sí, los invitados para mañana llegaron.

—¿Sí? — su corazón golpeó con fuerzas en el pecho y se obligó a mantener las manos entrelazadas para que su padre no viera lo mucho que le temblaban— ¿Están todos aquí?

Cálmate. Todo irá bien, se repitió por undécima vez en las últimas horas.

—No. Solo la comitiva de la Tribu del Agua y de la Tierra. ¿Deseas unírtenos a la cena, cariño?

Yona sintió una profunda desazón y pesadumbre cuando escuchó que la tribu del Viento no había hecho aparición. ¿Siquiera vendrían? Esperaba que sí. Sus esperanzas y la de los hombres recluidos bajo ese castillo caían sobre ellos, sobre ella, y no pensaba decepcionarles, no otra vez. Antes ella misma se haría con una montura y viajaría durante días para llegar a donde una vez fue el hogar de Hak.

Le dio la espalda para evitar que su padre advirtiese algo de lo que ella guardaba tan celosamente.

—No te preocupes, padre. Prefiero descansar para estar fresca para mañana, es un día muy importante. No te importa, ¿verdad?

—Para nada, hija— escuchó sus pasos acercarse y posterior a eso, sintió su brazo tocarle el hombro— Mañana te convertirás en toda una mujer, querida. No sabes lo orgulloso que estoy de la dama en la que te has convertido.

Las lágrimas se acumularon en el rostro de la joven, quien tuvo que tragar saliva para poder hablar.

—Muchas gracias por tus palabras tan bonitas, padre.

Un silencio se formó en la habitación, uno en el que Yona batalló contra el deseo de darse la vuelta, mirarle a los ojos y decirle… tantas, tantas cosas. Finalmente, lo escuchó suspirar por lo bajo y dar un par de pasos hacia atrás, dubitativo.

—Te dejaré entonces para que descanses. Para cualquier cosa que necesites, ya sabes…

—Por supuesto.

Lo escuchó suspirar una última vez, como si él también tuviera muchas cosas guardadas pero no se atreviese a decírselas, y tras unos segundos de vacilación, la puerta se cerró a su espalda. Los hombros de Yona de hundieron inmediatamente, sus ojos se aguaron y antes de que se diera cuenta, una lágrima se deslizaba por sus mejillas, la cual se apresuró a quitársela con el rostro de la mano.

—¿Por qué? — susurró para sí misma, harta de sentirse así— ¿Por qué eres tan bueno conmigo pero después escondes tantos secretos? ¿Por qué no me lo dices? ¿Y por qué, a pesar de todo, no puedo dejar de quererte? ¿Por qué todo es tan difícil?

Y mientras estaba allí en su habitación, pensando en todo lo que había sido su vida, en todo lo que vendría… De pronto, tuvo una revelación.

No es que huyera de Hak, de contarle la verdad, porque temiera su reacción, que en parte era así. No es que pensara que le incriminaría su trato o estaría en contra de ella por venderse de tal manera. No.

Lo que verdaderamente le aterraba era que, al contárselo todo, Hak le pidiera irse con él. Porque, aunque deseaba hacerlo con toda su alma, aunque era algo con lo que soñaba, la realidad era que una parte de ella, y no sabía qué tan grande ni qué tan fuerte era, no deseaba traicionar a su padre, quién había estado en cada paso que había dado apoyándola y alentándola.

Tenía miedo de enfrentar a las dos Yona que llevaba conviviendo dentro de sí todos estos años: la joven princesa acomodada que vivía rodeada de lujos y era feliz cada vez que su padre sonreía o le brindaba parte de su tiempo y la impetuosa rebelde que soñaba con dejar esa jaula de oro atrás, que estaba dispuesto a todo por salvar a Hak y los demás, hasta de engañar al hombre que le dio la vida y la cuidaba como nadie.

En realidad, todo se resumía en una sencilla razón:

Tenía miedo de enfrentarse a ella misma.

·

El murmullo del viento que mecía sus cabellos calmó su alocada mente. Cerró los ojos y se dejó llevar durante unos segundos por los sonidos de la naturaleza nocturna en aquel rincón perdido de los jardines en el que se encontraba.

Estaba en el lugar que su madre tanto había amado. En sus años de vida, Yona tan solo había conseguido sacar alguna información por aquí y por allá de ella, y saber que en este sitio su madre había pasado las horas y horas simplemente… estando, la hacía sentirse profundamente consolada. Era ahí el único sitio donde Yona sentía que podía calmar el aluvión de sentimientos y pensamientos que la llevaban semanas asaltando.

Se sentía tan perdida, tan confundida… tan cansada…

Una peonza que giraba, giraba y giraba, dando vueltas sin parar.

Suspiró, bajando la cabeza y sus ojos se clavaron en las manos que descansaban en su regazo, exactamente en una de sus muñecas. Gracias a la luz de luna y la iluminación de una de las antorchas que alumbraba el jardín, pudo ver parte de la pluma que sobresalía de la manga del vestido.

Sintiendo la familiar sensación de desazón instalarse en su pecho, rápidamente apartó la mirada y esta por sí sola se desvió al cielo, a la hermosa e impresionante luna que parecía observar todo desde la distancia. La respiración de Yona se detuvo por un momento.

«Llevo años en una noche eterna, sin poder ver la luna y las estrellas. Pero nunca las he echado en falta, ¿sabes por qué?», oyó, de pronto, la ronca voz de Hak en su cabeza.

«Porque te tengo junto a mí.»

Se abrazó a sí misma y cerró los ojos una vez más, aunque esta vez en su cuerpo imperaba el deseo de esconderse del mundo. A lo mejor si no veía su alrededor, los problemas, el dolor, la desesperación que le nublaban la mente desaparecerían. A lo mejor, todo se volvía más fácil…

A lo mejor, ella no estaría a horas de traicionar su padre. No se sentiría desdichada y furiosa con el hombre que le dio la vida. No sentiría que estaba ahogándose dentro de los muros del castillo…

—Es una noche preciosa, ¿verdad?

La inesperada voz hizo que Yona se sobresaltara. Sintiendo el corazón en la garganta, súbitamente se giró hacia donde la había escuchado.

—¿Quién está ahí?

—Oh, ah, perdón, no quería asustarla— se oía desde la oscuridad, como si se aprovechase de ella para no ser visto, y Yona se removió en el sitio.

—¿Qué hace en este lugar? ¿Estaba siguiéndome?

—En realidad, debería ser al revés, puesto que ha sido usted que ha llegado aquí y no me ha visto. Yo llegué antes.

—Oh— parpadeó, todavía inquieta— ¿Quién eres? ¿Qué haces en esta parte de los jardines? ¿Y por qué no te acercas para que pueda verte mejor?

—Solo soy un simple viajero.

—Dudo que te hayan dejado entrar de ser así…— apretó los labios, tensos, y echó un rápido vistazo al castillo, pensando el tiempo que tardaría en volver a él y si sería lo suficiente rápida.

—Tranquila, no se asuste. Aunque lo parezca, no soy nadie peligroso— se oyó unos pasos y, de pronto, apareció una silueta entre la oscuridad— Lamento haberla asustado, no era mi intención— dijo suavemente.

La figura, el hombre, se acercó adónde estaba ella a paso tranquilo y gracias a la luz que recaía sobre el lugar, Yona distinguió una complexión delgada, alta, y un cabello corto y algo rebelde. Finalmente, cuando se posicionó a pocos pasos de ella, pudo advertir más detalles del inesperado individuo: tenía la tez morena, los ojos claros y el cabello oscuro. Vestía una túnica marrón clara, así como un pantalón azul y unas botas negras, y en su cabeza, una delgada banda roja rodeaba su frente, de donde pendía pequeños accesorios azules y flecos rojos.

—¿Quién eres? ¿Vienes a la celebración? — no había otra explicación para su presencia en el interior del castillo, pero ella tenía que asegurarse.

Sin embargo, había algo en él… no sabría explicar el qué… que le decía que no era peligroso, que no le pasaría nada. De no ser por esa vocecilla en su cabeza, ya habría corrido al castillo para alertar de lo ocurrido.

—Sí— se encogió de hombros, y metiéndose las manos en los bolsillos, alzó el mentón para quedarse mirando el fulgor de la luna casi con nostalgia.

El corazón de Yona aumentó de velocidad incomprensiblemente. Había, también, algo en ella que se sentía atraída por él. Fascinada.

—¿Quién eres?

Por un par de segundos, no hubo respuesta. Entonces, el desconocido giró el rostro hacia la muchacha y haciendo un amplio y galante movimiento de mano, inclinó el tronco hasta hacerle una cortés reverencia. No obstante, en lugar de inclinar el mentón hacia abajo y mirar hacia el suelo mientras lo hacía como así lo establecía el protocolo, conectó sus ojos con ella con una viveza y picardía que le recordó muchísimo a alguien y que causó que su corazón que desbocara.

—Un humilde servidor que viene en representación de la tribu del Viento. Para servirle.

Yona sintió como la tierra desaparecía a sus pies.

—No me anunciaron vuestra llegada…— dijo a duras penas por encima del estridente latido de su corazón.

—Hubo un cambio de última hora y tuve que adelantar un poco mi llega-

—¿Eres Tae-Woo?

El mencionado inclinó la cabeza ligeramente, sorprendido por la abrupta interrupción.

—Veo que le han hablado de mí.

Por Hiryuu, debía estar en un sueño porque no era posible que estuviera sucediendo. Llevaba días pensando cómo haría para acercarse a alguien de la Tribu del Viento en la fiesta sin levantar las sospechas de su padre, con no muy buenos resultados, a decir verdad... Y ahora… frente a sí… como si hubiera caído del cielo…

Exhaló todo el aire de sus pulmones con una bocanada y dio un paso inconsciente hacia él.

Tae-Woo se incorporó en el sitio y la miró con curiosidad.

—Te estaba buscando.

—¿A mí? — abrió los ojos, sorprendido.

—Sí, tú… tú… Hak había tenido razón— susurró para sí misma.

La expresión de Tae-Woo se tensó y un brillo de cólera y tristeza apareció en su mirada mientras daba un paso hacia atrás. Yona recordó en ese momento que, aunque ella llevaba años a lado de Hak, para el mundo… él había desaparecido… se había esfumado… sin ninguna explicación. No podía tocar el tema con tan poco tacto, debía ser cuidadosa.

—No sé a qué se refiere, princesa.

—Sí, sí, lo sé. Lo siento, no pretendía…— balbuceó inquieta, y en un acto inconsciente, se rodeó una de sus muñecas con la mano contraria— Oh.

Aunque la actitud de él parecía más cerrada y comedida, la miró con interés, sobre todo, cuando vio como esa joven, la futura reina de Kouka, llenaba sus pulmones de aire intentando tranquilizarse.

—¿Has venido solo? — inquirió, intentando encauzar el tema.

Él asintió quedamente y Yona se sintió profundamente decepcionada. Era consciente de lo importante que había sido -y era- Mundok para Hak, así que había esperado que, al menos, él estuviera presente. Pero, por ahora, debía apañarse con lo que tocaba.

Dio un nuevo paso en su dirección, sosteniéndole la mirada.

—Quiero hablar contigo.

—¿Qué os ocurre? — frunció el ceño ligeramente.

—Verás… yo…— en un acto reflejo, miró a su alrededor casi esperando que alguien se lazase hacia ellos en cualquier momento, pero el lugar parecía desierto. La hora y el lugar estaba a su favor, aun así, no quería arriesgarse, así que acortó aún más la distancia que los separaba— Sé que todo lo que te diga te parecerá una locura, pero necesito que me escuches… hasta el final. Te prometo que todo tendrá sentido.

Yona vio en la mirada de Tae-Woo la sospecha y la intriga. No estaba segura de qué imagen podría estar dando, pero, milagrosamente, todavía no había salido corriendo, por lo que debía aprovecharlo. Después de casi más de cuatro años, por fin, por fin, había llegado el momento decisivo, aquel por el que llevaba luchando tanto tiempo…

La vida de Hak y los demás dependía de ella, de su poder de convicción. No podía marcha atrás ahora. No habría una tercera oportunidad.

Era ahora o nunca.

La pelirroja inspiró hondo y por solo un segundo cerró los ojos mientras se rodeaba la muñeca.

—Hak, vuestro Hak, no está muerto, ni desaparecido— las palabras salieron a borbotones de sus labios— Puedo decirte dónde está, puedo llevarte a él. Por favor, ayúdame a salvarlo.


Killua minamoto, muchísimas gracias por tu comentario (o biblia, como tú dices JAJAJAJA). Me has hecho SONREÍR y reír, y créeme, lo necesitaba, así que esta rápida actualización esta dedicada a ti *corazoncitos*

Además, tengo que reconocerte que hay un par de cositas en las que has acertado... y otro par que (creo) que te sorprenderán, je je je

El momento que todos esperábamos se acerca. ¿Qué pensáis que pasará? Sólo digo...

Que en siguiente aparece algún que otro personaje nuevo.