No cabía duda de que se había excitado al sentir las cálidas y suaves manos de Candy, que, aunque ella siempre había trabajado arduamente desde que estuvo en casa de los Legan, se quitaba las callosidades con una piedra que la señorita Pony y la hermana María le habían aconsejado que usara, de igual forma el aceite de almendras lo utilizaba para el mismo efecto.
—Ahora voltéate, ya terminé con tu espalda —le dijo Candy a Albert después de 10 minutos de acariciarlo, eso parecía todo menos un masaje, él estaba consciente de eso.
Albert tan obediente se volteó, al poner las manos en su pecho él no resistió y se levantó.
—Por favor déjame solo, no soy de piedra. Perderé la cordura y actuaré como un potro desbocado si sigues despertando mis instintos y no quiero faltarte el respeto.
—Albert quisiera que hablemos de nuestros sentimientos, yo también estoy a punto de...
—Ve a tu habitación ahora, nos vemos más tarde para ir al teatro.
—¿Acaso hice algo que te molestara?
—No me molestó, al contrario, me ha gustado demasiado. Por favor, por una vez en tu vida hazme caso.
Se vieron a los ojos, aquella mirada de Albert fue irresistible para Candy, por dentro la hizo estremecer, estaban a punto de desbordar de pasión, Candy se fue corriendo, Albert no fue atrás de ella porque sabía que la abrazaría por consecuente la besaría. Sentía como si tuviese fuego en su interior, pasaron varios minutos para el hombre volviera a la normalidad.
Mientras, a Candy parecía que el corazón se le saldría del pecho. «Esa mirada, estoy segura de que no me ama como una hermana menor, Albert me ama como mujer, pero ¿por qué no me pide que sea su novia? Lo sé quizá lo detiene su posición, mi origen humilde, tiene razón, está muy alto para mí, quizá soy una trepadora por pensar que puede haber algo entre los dos»
Los rubios se vistieron para ir al teatro, Albert esperó a Candy enfrente de las escaleras, quedó boquiabierto al verla con ese vestido largo y con abertura en la pierna derecha. «Se vistió para él, para que la vea así de hermosa, estos celos me están matando, quisiera llevarla y encerrarla en Lakewood para que viva solo para mí, que estúpido pensamiento, el amor no es egoísta, además yo mismo elegí el vestido, yo soy él que quería vérselo puesto» Albert se recriminaba y no escuchaba la voz de Candy que le preguntaba, ¿cómo luzco? ¿te parezco hermosa?
Albert no contestó pues no le puso atención, por caballerosidad la alcanzó en las escaleras y le dio el brazo para que se apoyara en él.
«Sigue actuando raro, creo que es mejor que no vaya al teatro, quizá piensa que solo vine a New York para ver actuar a Terry, por eso está molesto, como él mismo dijo no es de piedra, tiene sentimientos y si me ama ha de tener celos, los mismos que yo sentí cuando miraba a aquellas mujeres desfilar con estos hermosos vestidos»
—Luces hermosa Candy, de seguro has de estar emocionada de que pronto lo verás. Has de desear que el auto vaya más rápido, hasta casi puedo escuchar los latidos de tu corazón.
Candy no dijo nada, solo dibujó una leve sonrisa en sus labios, la emoción que sentía era de ver el rostro celoso del rubio. Llegaron al teatro, Albert no esperó a que el chofer se bajara para abrir la puerta, sino él se bajó y le extendió el brazo para ofrecerle su mano y ayudarla a salir del coche. A la entrada del teatro había unas mujeres jóvenes y Albert se adelantó para abrirles la puerta del teatro para dejarlas entrar primero —Señoritas buenas noches, pasen. Candy hizo una mueca que incluía levantar una ceja. Al llegar a lado de Albert dijo en tono recriminatorio —Señoritas buenas noches, pasen — las mismas palabras que él había dicho.
Albert sonrió —solo estaba siendo amable Candy.
—Claro, a eso querías venir al teatro, a ser amable con otras mujeres.
—No, te he traído para que veas actuar a Terry, para que celebres con él su triunfo.
—¿Acaso no renuncié a él en el pasado? Sí, me alegro de que triunfe, pero eso debe celebrarlo con la mujer que eligió, con Susana, ya me despedí de él en aquellas escaleras del hospital, y le prometí a ella que no interferiría en su relación, ya me hice a un lado ¿Acaso crees que espero algo más de Terry? Quiero que entiendas esto, ya lo superé.
Candy se dio la vuelta y salió del teatro, dejando a Albert atónito, ella se quitó las zapatillas y caminó rápido. Él se sentía confundido, no sabía que decir, él se imaginó que a esa hora ella estaría esperando a que se abriera el telón y ver en el escenario a Terry. Reaccionó y fue atrás de ella.
—Candy, Candy, espera.
Ella quería alejarse de ahí lo más rápido posible, el chofer los fue siguiendo. Después de varios metros Albert por fin la alcanzó.
—Perdóname, pensé que para eso querías venir a Nueva York.
—Yo quería pasar unos días contigo antes de tu viaje a Brasil. Además, el tiempo que pasamos en Florida fue divertido.
Albert estaba avergonzado, miró hacia abajo y vio los pies descalzos de Candy —mira tus pies, están sucios, pudiste cortarte. Déjame llevarte en mis brazos al auto. Ahora ¿dónde lucirás este hermoso vestido? Te ves tan hermosa con él. Iremos a cenar y a bailar.
—¿Y si alguien te reconoce?
—No pensaremos en eso por ahora. Vamos a divertirnos, quiero compensarte por hacerte pasar un mal rato.
—Hacerme pasar ese mal rato te costará más que solo ir a cenar esta noche.
—Haré lo que me digas para pagar mi penitencia.
Llegaron a un famoso club donde solo asistían gente de élite, los adinerados de la ciudad, entre los asistentes estaba Osvaldo, el ingeniero encargado de la remodelación del hogar de Pony y de la construcción de la clínica feliz.
—William, dichosos los ojos que te ven, es una hermosa sorpresa encontrarte junto a tu protegida. Señorita Candy, luce cautivadora —al terminar de decir la frase le besó la mano.
—¿Qué haces en New York? —le preguntó Albert serio.
—Vine para participar en una licitación para la pavimentación de algunas calles, de igual forma, quiero comentarte que ya tengo los planos para la construcción de la clínica y me comentó el arquitecto que ya terminaron de trasladar los materiales para la ampliación del hogar de Pony.
—Es una buena noticia, le diré a George que se dé una vuelta por tus oficinas en New York por si requieres darle mas detalles, ahora traje a mi protegida para que se divierta un rato, no quiero hablar de trabajo por ahora.
—Me la cedes para la próxima canción.
—No.
Osvaldo se apenó por el rechazo, más porque Albert no explicó el porqué de la negativa, simplemente fue tajante.
El anfitrión dirigió a los rubios a una mesa para que disfrutaran de la variedad mientras cenaban.
Osvaldo estaba molesto con Albert, se fue a sentar con los amigos con quienes había ido al club. Se tomó un trago de vodka.
—Vaya cara que traes, pareces molesto —dijo uno de ellos.
—Es ese William Andrew, desde que conocí a su protegida he querido que me permita cortejarla, pero no deja que me le acerque, le parezco poca cosa para ella. ¡Por favor tengo mi propia empresa! soy buen mozo quizá quiere emparentar con alguien de la nobleza. Además, ¡es una huérfana! No sé qué le cuida tanto.
—Por como la mira la ha de querer para él.
—No creo, él de seguro se casará con alguien importante. Me quiero vengar y bajarle los humos.
—¿Por qué no le ofreces unos de los brownies que trajimos de contrabando? verás el espectáculo que arman, es más hasta ella es capaz de desnudarse. Vamos a divertirnos.
—Después de que cenen se los ofreceré porque aquí no hay postre.
Hola, chicas, Feliz año nuevo. Quise actualizar desde que salí de vacaciones, pero fueron días muy ocupados por los festejos de diciembre. Espero en Dios estén bien. He de confesar que estaré libre todo el mes de enero ya que en febrero empezará el nuevo semestre en la universidad. Agradezco a Dios porque pasé todas mis materias.
