Era evidente para todos que Candy estaba sufriendo, pero también que ella procuraba ser fuerte, no permitiendo que la vieran triste, ya hacia una hora dejaron el hogar de Pony, una despedida un tanto difícil para todos, pues los días que pasaron allí fueron maravillosos, pero en especial para ella.
Todos los niños la abrazaron y besaron, varios lloraron, las directoras igual, llegaron a despedirse el doctor Martin y su esposa, además de Tom y algunos vecinos, no cabía duda de lo mucho que querían a la niña, Albert les aseguro a la hermana María y a la señorita Pony que Candy llegaría de visita cada que fuera posible, ellas temían que solo fueran promesas, pero rezaban en su corazón que así fuera.
En un momento dado Dorothy se durmió, al igual que Anthony, Albert no soporto más ver a su hermanita tratando de contenerse, la tomo en brazos y acunándola le insto a desahogarse, recordándole que estaba bien llorar, el recordaba el día en que la conoció, como ella se había aguantado sus lágrimas para que nadie más la viera y no quería que siguiera así.
Candy al estar cobijada por su hermano, se sintió nuevamente libre de expresarse, liberando el llanto que tanto trato de soportar para que no saliera, se percibió más ligera al hacerlo, hasta que se quedó dormida ya con una sonrisa después de llorar.
Anthony y Dorothy abrieron sus ojos lentamente, hasta comprobar que Candy dormía, ambos comprendieron que ella necesitaba ese momento, vieron con alivio que ella tenía una sonrisa en sus labios, sabiendo que estaría bien y volvería a ser la niña alegre y enérgica que conocían.
Todos estuvieron más tranquilos cuando la pequeña pecosa era nuevamente el remolino que amaban, contagiando a todos con su entusiasmo, ahora haciendo planes de todas las cartas que escribiría, tanto así que Albert solo sonreía pensando que su padre tendría que invertir en papel para enviar cartas y sellos postales.
En la mansión de las rosas su llegada fue motivo de alegría, aunque también de melancolía, porque era el preludio para un nuevo viaje en el que se irían William, Albert y Candy, con Dorothy quien los acompañaría como doncella de la niña, la tía Elroy decidió quedarse un poco más cuidando de Rosemary antes de partir a Chicago.
―estas bastante concentrada, parece que tienes muchas cartas por escribir, ―comento el hombre mayor a su pequeña hija contemplando una fila de cartas.
―si papá, mira, para la hermana María y la señorita Pony, para Tom, para el doctor Martin y su esposa, ―Candy seguía con su larga lista hasta que llego a una, ―mira papá me ha escrito Annie, ya hice la carta de ella, pero no sé qué dirección pondré para que me escriban.
―oh veo que tienes un gran predicamento allí, tienes razón ya que estaremos viajando y difícilmente podrían enviarnos las cartas al tren, ―dijo William fingiendo seriedad y preocupación.
―pero, así ¿cómo podrían responder mis cartas?, papá ya se, nosotros estaremos viajando, pero y si envían sus cartas aquí y que Rosemary nos las mande a nosotros, tú siempre te escribías con ella, aunque estuvieras viajando sus cartas siempre te llegaban.
William sonrió ante la inteligencia de su pequeña, ágil en encontrar soluciones para sus grandes predicamentos.
―si hija, tienes razón, esa es una muy buena idea, pero para evitarnos tanto retraso, pondremos la dirección de nuestro banco en Chicago, allí hay empleados que se encargan de hacer que la correspondencia llegue a nuestras manos.
―muchas gracias papá, ―dijo Candy, al recibir el papel donde su padre le escribió la dirección del banco.
―sabes se me ocurre algo, la carta de Annie la enviaremos cuando estemos en Chicago, o, es más, podríamos invitarla a que nos visite en nuestra mansión.
―eso sería maravilloso papá, planeamos que ella me invitaría a visitarla en su hermosa casa, pero creo que me voy a adelantar, estoy tan feliz, solo lamento que no valla a conocer a los chicos, ni a Rosemary, ni a Vicent, ni a tía Elroy, pero talvez pueda presentarle a George.
Candy era un remolino de energía, la sola idea de volver a ver a quien consideraba su hermana le llenaba el pecho de una infinita dicha, los preparativos para el viaje estaban completados, la ropa empacada, se hicieron incluso arreglos para entrevistar a una maestra en Chicago, para que diera clases a Candy durante sus viajes.
Elroy había advertido a su hermano sobre los inconvenientes de tener a una pequeña niña viajando con él, sobre lo mucho que la agotaría y que incluso podría enfermar, pero durante el tiempo que llevaba conociendo a Candy se dio cuenta de lo diferente que era de cualquier niña, ella era sana, llena de energía, nada que ver con su hijastra Sara de niña, mucho menos de Eliza, incluso Rosemary.
Pero claro se dio cuenta también de lo mucho que se les consentía y los extremos cuidados que les daban, eso solo las volvía muy mimadas, como en el caso de Sara y Eliza, Rosemary en cambio tuvo una salud más frágil, se preguntó cuántos errores cometieron y si los problemas de salud de su sobrina no fueron provocados, algo le decía que el peligro estuvo mucho antes de que Hilda llegara a trabajar con ellos.
Pensó que, aunque no compartía la decisión de su hermano de adoptar a Candy, la comprendía y en cambio hasta podría ser de beneficio para la familia, observo como Candy se esmeraba en cuidar a Rosemary, William, incluso a ella, pese a no haberle dado un buen trato en un inicio, su carácter sin embargo no le permitía cambiar de forma de actuar tan fácilmente.
La partida de Lakewood fue algo nuevamente doloroso para todos, era increíble lo mucho que disfrutaron ese tiempo juntos, pero William no podía postergar más el viaje, para los niños fue especialmente triste, los pequeños rubios se notaba no querían separarse.
La niña se había despedido de todos los empleados de la mansión, su tristeza y cariño hacia todos era evidente, tanto así que Candy hasta había llorado al decir adiós a la tía Elroy, claro como era de imaginarse, al hacerlo con Rosemary su sufrimiento fue aún mayor.
En el coche que los llevaba a la estación iba llorando quedito, tratando de contenerse, William no soporto ver tan triste a su pequeña y la cargó, la abrazó y consoló, dando suaves besos en su rubia cabecita.
―Candy mi niña, no quisiera que sufras, dime una cosa, preferirías quedarte con ellos, podemos hacerlo, puedes quedarte en Lakewood con tía Elroy, Rosemary, Vicent y Anthony.
―tu ¿te quedarías con nosotros papá?, ―pregunto inocente la niña.
―no pequeña, no puedo, las empresas me exigen que viaje, mi trabajo no se detiene, ya he estado demasiado tiempo lejos.
―entonces no papá, me duele despedirme, pero mi lugar es contigo, a donde tu vallas yo voy, mi hogar es siempre a tu lado, me dolería mucho más estar lejos de ti.
― ¡oh pequeña!, no sabes el alivio que siento de escucharte, entonces desahógate mi niña, no reprimas tu tristeza, que cuando termines tendrás nuevamente la sonrisa más linda que hay.
―papá tiene razón Candy, no hay nada malo en liberar tu pena con nosotros, somos tu familia, luego nos regalaras tu brillante sonrisa, ―aporto Albert acariciando el cabello de su hermanita, luego miro hacia donde Dorothy, quien iba en silencio con su rostro agachado, sabiendo que también estaría triste se dirigió a ella, ―lo mismo es para ti Dorothy, sabemos que extrañaras a tu familia.
La muchacha asombrada por la bondad del joven se sonrojo y solo alcanzo a asentir, porque de hecho estaba triste, pero también muy ilusionada, su futuro ahora se veía prometedor, sus patrones eran personas muy respetadas, pero sobre todo justos y bondadosos, se sentía muy bendecida por las oportunidades que ahora tendría, sabía que le podía haber ido muy mal, pudo haber terminado trabajando con los Leagan.
Al día siguiente de llegar a Chicago, William llevo a Candy con él al banco, la presento muy orgulloso con todos los empleados, entrego las cartas que escribió Candy, para que fueran enviadas por correo, tal visita fue todo un acontecimiento, en primer lugar, hacía mucho tiempo que el señor William no llegaba en persona a las oficinas centrales del banco y a eso sumarle que estaba presentando a su hija menor, Albert se quedó en la mansión, aunque le habría encantado llevarlo, debían proteger su identidad al ser el futuro patriarca.
Hasta donde todos sabían el señor William había enviudado hacia vario tiempo, pero fueron lo suficientemente prudentes para no hacer preguntas indiscretas.
La supuesta muerte del patriarca del clan Andrew solo la conocían algunos ancianos del clan, por lo que nadie cuestionaba su presencia en ese sentido, a lo sumo se sentían honrados por su visita, causando que no hubiera empleado que no se esforzara el doble por hacérselo saber con su trabajo y dedicación.
Candy saludo muy contenta a George, siempre era así cuando lo veía, para ella él tenia un lugar muy especial en sus afectos, el buen hombre de igual manera correspondía a la niña, por muy serio y formal que fuera, ella lograba sacarlo de su rigidez.
―tengo algunas reuniones importantes hija, así que para aprovechar el tiempo que te parece si tu y Dorothy van a las boutiques que tía Elroy dijo que visitaras.
― ¿qué quieres que te compre papá?, ¿una nueva corbata? o un elegante sombrero para ti.
―no Candy, es una tienda de ropa femenina, compraras lindos vestidos para ti.
―pero ya me compraste muchos, no quisiera que gastes tanto.
―nunca gastaría demasiado si es para ti pequeña, no te preocupes, ve y busca los que te gusten, además hay que comprar ropa para Dorothy, ―la mencionada sufrió un ataque de tos, ante el asombro.
― ¿para mí?, pero señor yo…, ―la pobre estaba asustada de tener que pagar por un vestuario nuevo, cuando sabia que su familia necesitaba de la ayuda que ella aportaba con su salario.
―claro que si Dorothy, ahora eres la doncella de mi hija, por lo que la estarás acompañando en muchos sitios y debes vestir acorde a tu nuevo cargo, eso es parte de tu trabajo por lo que será parte de los beneficios que recibirás, sin que afecte su salario, lleva esta lista con los atuendos que deberán comprar, la preparo Rosemary.
―muchas gracias, ―dijeron Candy y Dorothy al mismo tiempo, ambas muy emocionadas y está por demás decir, agradecidas, ya que conocían lo que era tener limitaciones.
George dio las indicaciones al chófer para que llevara a Candy y su doncella a la prestigiosa boutique recomendada por la señora Elroy, no solo eso, también dio instrucciones para que otro coche los siguiera de cerca para cuidar de ellas, el al igual que la señora Elroy comprendía la importancia de la protección de los miembros de la familia.
―buenos días, ―saludaron la niña y su doncella al entrar en la boutique.
Pero fueron prácticamente ignoradas, las empleadas apenas les hicieron un asentimiento y les señalaron para que esperaran, Candy como la niña curiosa que era comenzó a observar con admiración las hermosas telas, los vestidos y demás accesorios que se mostraban, Dorothy la seguía de cerca cuidándola.
Unas voces llamaron su atención, sin poder evitarlo se acercó, adentrándose a la parte interior de la tienda, en donde se encontraban los empleados.
―no puede hacerme esto, no es justo, necesito el dinero y he trabajado por él, ―reclamaba una joven mujer, de aspecto cansado.
―claro que puedo, tienes suerte de que te permita trabajar aquí con tu bastardo a cuestas, ―respondió una mujer altiva y prepotente.
―no ofenda a mi hijo, él no es ningún bastardo, me tiene a mí, su madre para cuidar de él, no tiene ninguna queja sobre mi trabajo, porque de hecho trabajo incluso más que las demás y siempre me está descontando sin razón alguna.
―ya me tienes cansada, mejor vete, estas despedida, no te soporto más, llévate a ese bastardo a ver si encuentras a alguien más que tenga lástima de ti si no es que acabas en un lugar de mala muerte vendiéndote…
Plaff, ―la joven madre no soporto más los insultos y se defendió.
―no le permito que siga ofendiéndonos.
―esto es inaudito, vete desgraciada, Brice saca a esta muerta de hambre de aquí.
―suélteme.
― ¡Basta!, ―grito Candy, no soportando tanta injusticia, ―déjenla, ustedes son unos groseros y malvados, no tienen derecho a maltratarlos.
―pero ¿Quiénes son ustedes?, ¿con que derecho intervienen?, salgan de aquí de inmediato.
―claro que lo haremos, pero hasta que la dejen en paz, ―continuo firme la niña, la pobre Dorothy no sabia que hacer por lo que solo se planto cerca para defenderla si hacía falta.
―no eres nadie para atreverte a intervenir, Brice sácalas a ellas también, estos nuevos ricos se creen gran cosa, pero ya me encargare de que nadie las reciba en sus negocios.
El gran hombre soltó a la joven madre, quien ya estaba llorando por el terrible jalón que él guarura le había dado, abrazando con desesperación a su pequeño bebé, Candy al ver que se dirigía a ella para tratar de agarrarla se le escapo por entre las piernas haciéndolo tropezar.
Muy enojado por haber sido burlado Brice se levantó y la persiguió con más esmero.
―auxilio, dejen a la señorita Candy, socorro, ―gritaba Dorothy, al ver que estaban corriendo verdadero peligro, tratando inútilmente de detener a Brice.
El resto de empleadas que estaban presentes se unieron a la persecución, tratando de atrapar a la pequeña, la cual fácilmente los eludía, cuando menos pensaron Candy estaba trepada en las vigas de una pared, pero se detuvo abruptamente al ver que Brice comenzó a sujetar y jalonear a Dorothy, amenazándola, lo que provoco que la niña saltara sobre el cayendo en su espalda, se colgó de su cuello y comenzó a jalarle el cabello, arañarlo y morderlo.
Todo se puso realmente serio cuando Brice empujo a Dorothy, para agarrar a Candy y estaba a punto de lanzarla como si fuera una muñeca, pero una mano firme lo detuvo, tomaron a la niña y a el lo sujetaron contra una pared.
― ¿Quiénes son ustedes?, ¿Quiénes se creen que son entrando aquí?, ―reclamo la prepotente mujer, quien también era la dueña de la boutique.
―ustedes están en serios problemas, ya se llamó a la policía.
―a la policía…, pero, ¿Por qué?, son unos caraduras, si son ustedes los que han ingresado ilegalmente a mi negocio, mejor que vengan así los detienen.
―son ustedes los que han atacado a la hija del señor William C. Andrew, le parece poco eso, si no hubiéramos intervenido atendiendo los gritos de auxilio de su doncella, su empleado pudo haberla matado, créame señora están en serios problemas, dudo mucho que su padre sea comprensivo ante semejante ataque.
La mujer altiva, no daba crédito a lo que escuchaba, se puso pálida, comprendiendo el embrollo en que se había metido, la familia Andrew, si la señora Elroy era su mejor clienta y siempre se la pasaba hablando del dichoso señor William el patriarca de su familia, como es que no había venido ella, porque sus empleadas no las estaban atendiendo y tuvo que entrar, se sentía una tonta, por no reconocerlas creyó erróneamente que eran las hijas de nuevos ricos y ahora en cambio estaba acabada.
Candy auxilió a Dorothy, quien estaba tratando de levantarse del suelo donde había caído, luego corrió a socorrer a la joven madre, con ayuda de su seguridad se fue con ambas al coche y pidió al chófer ir a la mansión, estaba muy preocupada por Dorothy, de que fuera lastimada por su culpa y eso le dolía, pero no podía soportar una injusticia.
William estaba en medio de una reunión cuando vio que George salía discretamente al recibir una nota, luego volvió a entrar, pero su rostro estaba más serio, conociéndolo como lo hacía supo que era de preocupación, se acercó a él y le dijo al oído que Candy tuvo un problema, el no dudo en suspender la reunión para saber qué es lo que sucedió, después de conversar con George, no lo dudo y salió de inmediato a la mansión para ver a su hija.
Uno de los guardaespaldas que acompaño a Candy había regresado al banco para dar cuentas de lo sucedido, otro se había quedado en la boutique esperando a la policía, el resto se fue acompañando a la niña.
El guardaespaldas le explico con más detalle lo sucedido, antes de salir pidió a George que se encargara de todo y se castigaran a los responsables, ahora al escuchar a Peter sentía que su colera solo aumentaba.
Nada mas llego a la mansión corrió en busca de su pequeña, la encontró en compañía de Albert y un medico que llamaron para que revisara a Dorothy, a la joven madre, de quien ahora sabían se llamaba Lisa, su hijo y a la misma Candy.
William abrazo fuertemente a su niña, de solo pensar en lo que pudieron hacerle, estuvo muy agradecido con Dorothy por cuidarla y pedir ayuda cuando vio que la necesitaban, ahora solo quería saber que era lo que había pasado y que causo que fueran atacadas.
Continuara…
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Hola, finalmente les traigo un capítulo más, me disculpo por no haber actualizado antes, mi salud me jugo una mala pasada y ni tocar la pc podía, les agradezco por los comentarios y apoyo en esta historia, espero tengan un feliz día, bendiciones.
