Capítulo ocho

Según dicen la mayoría de personas que interrogaron, la señora Loretta Davis tiene muy mal carácter, siempre trata en forma despectiva a sus empleadas y en general a cualquiera que no sea de las más altas esferas de su exclusiva clientela, tanto así, que nunca aceptaba una nueva clienta si no era recomendada por otra.

No era de extrañar que no guardara ningún respeto hacia Candy y su doncella, ya que ni siquiera sabían quiénes eran, William seguía sin comprender como su hermana pudo haber recomendado dicha boutique, sin advertir la clase de personas prejuiciosas que trabajaban allí.

La pobre Lisa llevaba más de un año soportando sus maltratos, siendo explotada, sin recibir su salario completo, la muchacha estaba muy alterada, asustada porque ahora estaba sin trabajo, claro ya Candy se había encargado de ofrecerle un empleo en el hogar de Pony, según ella seria de mucha utilidad, podría incluso dar clases de costura profesional.

William solo sonreía por la iniciativa de su hija, también le pareció una muy buena idea, por lo que la secundo y Lisa estuvo feliz de tener un nuevo trabajo y un hogar en donde poder criar a su hijo sin tener que sacrificarse tanto, Candy le contó tanto del hogar de Pony, que la joven no se aguantaba por estar finalmente allí.

El alboroto en la boutique fue tan grande que no se hablaba de otra cosa en la ciudad, las clientas estaban indignadas por el ataque sufrido por la hija menor del señor Andrew, la señora Davis estuvo a punto de ir presa, Brice sin embargo no se libró, tenía ya varios cargos delictivos anteriores y fue sentenciado.

William ejecuto la hipoteca sobre todos los créditos que tenía la boutique con sus bancos, porque si, tenían varios, con todo eso, la prepotente mujer tuvo que irse del país, porque su prestigio estaba destruido por su misma altanería de creer que podía pasar encima de los demás.

Al día siguiente el mismo William acompaño a Candy a otra boutique, sin embargo, para elegirla dejó que Candy entrara primero con Dorothy, quedándose a comprar únicamente en aquellas en las que fueron atendidas de inmediato y de forma amable, Candy y Dorothy salieron con muchas bolsas de compras, tan cansadas como alegres, nunca en sus vidas las habían llevado a comprar y más sin límite de gastos.

Regresaron a la mansión para recibir a la Institutriz, esta demás decir que William iba con un poco de indisposición, pues esta también fue elegida por su hermana, ya sentía que le daba una punzada en la sien de solo pensar que tendrían otra mala experiencia.

En efecto en la mansión se encontraba la señora Norma Moore, a primera vista parecía una señora bastante capacitada, formal, sin embargo, William no quiso arriesgarse, por lo que envió a Candy con Dorothy a atenderla, para ver cómo se comportaba, el entro a escondidas para observar, encontrándose con que su hijo ya estaba haciendo lo mismo, sonrieron ante la coincidencia, pero les duro poco.

―buen día, usted debe ser la señora Moore, soy Dorothy la doncella de la señorita Candice.

La señora ignoro a Dorothy y se enfocó en observar a Candy.

―buen día señora Moore, soy Candice White Andrew, es un gusto conocerla.

―la puntualidad es una cualidad indispensable para todo en esta vida señorita Andrew, por lo que espero esta sea la última vez que se retrase, entiendo que aún no se la han enseñado adecuadamente, pero no seré tan tolerante la próxima vez, vamos al salón destinado para las clases.

La mujer comenzó a caminar sin mirar siquiera a la niña y a Dorothy, ambas solo comenzaron a seguirla, en un momento dado la señora Moore se detuvo.

―vamos señorita Andrew, no se retrase, ―indico a la niña, luego se dirigió a Dorothy, ―usted puede retirarse, le avisaré cuando la necesite para limpiar u ordenar.

La mujer se disponía a continuar cuando una firme y masculina voz la detuvo.

―Dorothy, acompañe a mi hija a cambiarse, pequeña ¿tienes hambre? ¿quieres un refrigerio o esperas hasta la hora de la comida?

―si tengo un poco de hambre papá, ¿pero?, ―Candy vio un poco insegura hacia la señora Moore.

―entonces vallan a la cocina y coman algo, tú también Dorothy, hemos estado muchas horas fuera.

―sí señor, ―respondió Dorothy, tomando la mano de Candy se dirigieron a la cocina.

―esto es totalmente inadecuado, no debe desautorizarme frente a la niña, ―comenzó a reclamar la señora Moore, pero una mirada de William la hizo callar.

―sígame, ―fue la única orden que salió de William.

Llegaron al despacho, indicándole a la señora Moore donde sentarse, él se sentó en su escritorio frente a ella, quien intento hablar, pero él la calló con un solo ademan.

―estoy de acuerdo en que la puntualidad es muy importante, cualidad que mi hija posee, por cierto, sin embargo, debo decir que la disciplina sin un fin y sin fundamento no tiene sentido, y aclarando eso, usted acusó y condenó injustamente a Candy, primero que nada, en qué momento usted le ha indicado la hora especifica en que se reuniría con ella, para que la regañe por llegar tarde, cuando ella no tuvo conocimiento que la esperaba.

―he avisado con suficiente tiempo de antelación que llegaría este día temprano, por lo que me parece inexcusable que la señorita no se encontraba para recibirme e iniciar con su educación.

―tiene usted razón, sabíamos que vendría, sin embargo, eso no significa que yo tenía que estar esperándola todo el día, teníamos diligencias importantes que realizar.

―la niña debe seguir un estricto horario, no se le puede estar interrumpiendo con…

― ¿Cuál horario?, creo señora Moore, que usted ha olvidado lo más importante, usted ha venido a trabajar para mí, por lo tanto, es ilógico que crea que puede imponerse con normas que no ha discutido conmigo, los horarios los establezco yo, quien determina las reglas soy yo.

―soy una profesional y mis años de experiencia me preceden, desde el momento en que me contratan estoy a cargo completamente de la educación de mis estudiantes, no acepto interferencias que entorpezcan la relación de disciplina y enseñanza.

―en eso no hay problema alguno, porque en este caso aún no hay y por lo que veo no habrá contratación, no tolero que se me impongan con falsas excusas de vanas investiduras, buscaba maestra particular para que le de clases a mi hija, no para que se crea que tiene más autoridad que yo sobre ella, porque para eso soy su padre, soy quien paga su salario, pero sobre todo no puedo contratar a alguien tan soberbio que no ha tomado siquiera en cuenta ninguna de mis palabras, sabiendo quien soy, por lo que si no me respeta a mí, no puedo esperar a que lo haga con ella, ni siquiera se preocupó por hablar conmigo al llegar para conocer lo que esperaba de usted o conocer un poco sobre su estudiante, mucho menos por saber si Candy estaba en disposición para iniciar sus clases o como en este caso si ya había comido, lo lamento señora Moore, hemos perdido el tiempo, puede usted retirarse, ya encontrare a alguien más capacitado para el puesto.

―pe, pero… ―la severa mujer no daba crédito a lo que escuchaba, cuando la contrataron le informaron que sería la encargada de la niña, que esta no tenía educación y que debía tener mano firme, no esperaba lidiar con un padre tan preocupado por el bienestar de su hija, de hecho, ninguno de los padres lo hacía.

La comida fue servida en la terraza privada de la habitación de William, seguían sin maestra para Candy, ya se ocuparía de conseguir una adecuada para que viaje con ellos y que no se crea la jefa, cosa difícil porque en esos tiempos los profesores o institutrices se sentían con total autoridad sobre sus estudiantes.

Pero hasta no encontrarla disfrutaba del almuerzo felizmente con sus hijos, Albert y su pequeña.

La señora Moore se había retirado de inmediato, aun sin comprender su error, estaba acostumbrada a hacer su voluntad con los niños puestos a su cargo, generalmente sus patrones eran personas demasiado ocupadas para lidiar con sus hijos como para que les importara.

Aun así, ella sabía distinguir a familias especialmente consentidoras con sus hijos, en estos casos ella solía ser bastante indulgente con ese tipo de niños (como los Leagan claro), aunque siempre quitándoles a sus padres la responsabilidad de ocuparse de ellos, pero esta familia no se parecía en nada a lo que había conocido.

Si bien es cierto se sabía que el señor William era un hombre sumamente ocupado, a diferencia de sus anteriores patrones, a él no le pareció ser excluido de la autoridad sobre su hija, por el contrario, según parece, quería a alguien que fuera ayuda auxiliar, pero siempre manteniendo el mismo el cuidado sobre la niña, cosa más rara, será que se encontraría más padres así, esperaba que no, se decía a sí misma.

Después de comer William tuvo que volver a la oficina, dejo a Candy ordenando las cosas que compraron, Albert prometió encargarse de darle clases cuando terminara para que no se retrasara, la niña estuvo eufórica, amaba pasar tiempo con su hermano mayor y tomando en cuenta de que pronto partiría para la universidad, debían aprovechar el tiempo que quedaba.

Efectivamente el día de partida del rubio mayor llegó, Candy pensaba que últimamente su vida estaba llena de despedidas, pero, se animó pensando en que todas eran cargadas de promesas de un pronto reencuentro, lo que la llenaba de esperanzas.

Para Albert fue agridulce, durante mucho tiempo esperó con ansias el día de partir a la universidad, para salir al fin de su encierro y soledad, tener un poco de libertad, ahora en cambio con los últimos acontecimientos, le dolía alejarse, pero también iba lleno de planes, su padre le dio unas cuantas tareas para cumplir, tareas que además de responsabilidad iban acompañadas de beneficios.

Iba a iniciar una nueva vida, la cual estaría llena de viajes y nuevas aventuras, por otro lado, podría seguir cuidando animales, como era su pasión, además de prepararse para hacer frente a las responsabilidades que algún día tendría, en las cuales ahora sabia, ya no estaría solo.

Como todo padre preocupado por el bienestar de sus hijos, William decidió llevar a Candy con él a la oficina, no quería dejarla sola, preparó un escritorio para ella en una pequeña área junto a su oficina, Dorothy no se separaba de ella y se encargaba de enseñarle lo que sabía.

William estaba complacido con su presencia, la pequeña aprovechaba los momentos de dispersión para deambular por todo el banco, conociendo a todos los empleados por su nombre, ganándose en cariño de todos, bueno al menos de las personas de buen corazón.

Nunca faltaba uno que otro amargado que solo se regía por una seriedad extrema y no conocía de amabilidad, pero eran demasiado inteligentes como para faltarle el respeto, de alguna manera Candy se mantenía alejada de ellos, como si el instinto le avisara que no valía la pena estar cerca.

Pero entre todos los empleados, Candy coincidía más con una empleada, esta le solía ayudar a entender algún ejercicio de matemáticas que no comprendía, también más de alguna vez le enseñó una que otra cosa nueva, pero al estar trabajando solo podía hacerlo pocas y contadas veces.

William estuvo buscando opciones para una maestra para Candy, dentro de poco tendrían que partir a New York, siendo ese apenas el principio, sus viajes eran constantes a diversos países, pero no tuvo suerte, se alejó un poco de los papeles que llenaban su escritorio y fue a ver a Candy, quien estaba muy afanada en una de las tareas que Albert le había dejado.

La encontró a ella y a Dorothy sentadas escribiendo las explicaciones que les daba una de las empleadas, Beatriz se llamaba si mal no recordaba, le gustó la forma tan paciente que tuvo de enseñar a Candy, no solo eso, había incluido a Dorothy, recordando que la señora Moore ni siquiera la volteo a ver.

Regresó a su oficina y llamó a George, necesitaba compartir con él la idea que le había surgido, si alguien podía saber era él.

Si existía algo de lo que William podía presumir, era de conocer bien a su pupilo, George era para el casi como un hijo, pese a que este último siempre se manejaba formal, mostrando el profundo respeto y agradecimiento que sentía por quien lo había salvado de una vida de privaciones y miseria.

Su máscara de seriedad solo William podía descifrarla, por eso pudo notar como cambio levemente su expresión al escuchar el nombre de Beatriz, aunque lo disimuló tan bien, que ninguna otra persona lo hubiera notado.

Según informó George, Beatriz era una excelente empleada, dedicada y servicial, aunque se notaba que su capacidad era muy superior al puesto que le habían asignado, claro al ser mujer como era de esperarse no se le tomaba en cuenta para puestos más importantes que recibir a los visitantes, procurarlos mientras son atendidos por los ejecutivos, servir el café, limpiar y demás labores de secretaria.

Dichos datos reforzaron los planes de William, decidió que hablaría con ella para ofrecerle ser la maestra de Candy, tenía la corazonada de que sería excelente para su pequeña, más al percatarse de la hora, vio que sus planes tendrían que esperar al día siguiente, pues ya la joven cumpliendo con su horario laboral, se había retirado.

A la mañana siguiente cuando llegaron al banco, una muy asustada Beatriz estaba presentando su renuncia, George de inmediato intervino, llevándola a su oficina la interrogó, ella estaba un poco renuente, pero algo tenía ese joven pelinegro que le provocaba confianza, por lo que le relató que la noche anterior descubrió que sus parientes la habían encontrado.

George estaba intrigado, ¿Qué significaba eso?, ¿Por qué su llegada era razón para huir?, por lo que le pidió explicara con detalle, asegurándole que le ayudarían, por lo que ella comenzó a relatarle sus motivos para escapar.

Beatriz le contó que era hija de unos empresarios muy prósperos, habiendo estudiado en los mejores colegios, incluyendo el Real Colegio San Pablo de Inglaterra, pero sus padres murieron hacia poco y sus tíos se hicieron con la fortuna que a ella le correspondía, queriendo obligarla a casarse para someterla, por lo que Beatriz se alejó de lo que por derecho le pertenecía y comenzó a trabajar para no depender de sus perversos parientes.

Comprendiendo el predicamento en que se encontraba, la llevo con William, los hombres quedaron indignados por lo que le había sucedido a la joven empleada, pero mentirían si decían que les sorprendía, lastimosamente eso era el pan de cada día, las mujeres siempre estaban en desventaja, dependiendo de la buena voluntad de sus parientes varones.

Durante todo este tiempo Beatriz estuvo escondida, alejada de ellos, pero estos sabiendo que necesitaban tener control sobre ella para afianzar la fortuna que le robaron, la buscaban, por pura suerte ella reconoció a uno de los hombres que trabajaban con sus tíos y logró escapar, pero sabía que era cuestión de tiempo para que dieran con ella, por eso estaba buscando huir nuevamente.

William entonces le ofreció ser la maestra particular de Candy, explicándole que de hecho planeaba pedírselo el día anterior, pero que ya no logro verla antes de que saliera del banco, le explicó que ellos tendrían que viajar constantemente, por lo que difícilmente se mantenían en un solo lugar por mucho tiempo, que era una buena manera para que ella se mantuviera escondida, incluso podía cambiar su aspecto para no ser reconocida.

Beatriz no podía creer su buena fortuna, estaba tan angustiada pensando en que tendría que mudarse y comenzar de nuevo, temiendo por su futuro y ahora se le presentaba una oportunidad tan buena, con el beneficio que era de estar al pendiente de la educación de Candy, mentiría si no reconocía lo mucho que se había ya encariñado de la pequeña, por lo que aceptó de inmediato.

William la mando a la mansión y George se encargó de enviar a alguien por sus cosas a la pensión en la que estaba viviendo, no querían arriesgarse a que la encontraran.

Continuara…

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Hola, mil disculpas por el retraso, pero finalmente logre subir este capítulo, muchas gracias por su apoyo, les deseo feliz día, bendiciones.