Contratar a Beatriz como maestra de Candy fue lo más acertado que pudo haber hecho, la pequeña florecía bajo su cuidado y cariño, porque si, este se notaba en cada gesto, en la forma en que la instruía, como le enseñaba cada cosa, con paciencia y de forma tan natural que la niña no lo tomaba como una rigurosa regla a aprender, si no como habito.

Lo que más preocupaba a William es que temía que su niña cambiara, que se volviera como todas las demás señoritas al crecer, huecas y vacías, como Sara, temblaba de solo imaginarlo, siempre estuvo muy agradecido de que Rosemary nunca fue así, por lo que esperaba que Candy siguiera conservando su esencia, esa que el tanto amaba.

Eso era lo que más tranquilidad le daba con Beatriz a cargo de su educación, porque observo que esta le mostraba claramente las formas sociales que tanto exigía su estatus, pero también reforzaba la diferencia entre lo socialmente aceptable con lo correcto, lo bueno y lo malo, justo e injusto.

Algo que la mayoría parecía haber olvidado, comenzando por su hermana, que según pudo ver se dejaba llevar por prejuicios y frívolas apariencias que para el eran inaceptables, una cosa era pertenecer a un grupo económico privilegiado, este no llego de la nada, su padre, su abuelo, el mismo habían trabajado duro para llegar allí y mantenerlo.

No solo eso, porque su estatus no era solo beneficios, era también responsabilidad, de ellos dependían sus empleados y sus familias.

Esa semana invito a los Britter a la mansión, Candy estaba feliz de volver a ver a Annie, también William, pues igual le tomo cariño a la tímida niña que siempre estaba junto a su pequeña, la que siempre abogaba por ella cuando hacia alguna travesura.

Los señores Britter llegaron muy puntuales, recibir una invitación a la mansión Andrew era un gran honor, al llegar fueron recibidos en el salón de té, Annie apenas y levantaba la vista, se notaba que seguía siendo la misma niña tímida que conocían, fue cuando William presento a Candy como su hija que levanto la mirada.

Al escuchar la voz de su hermana, Annie de inmediato la vio, no lo podía creer, sin ser capaz de contenerse corrió a abrazarla, los señores Britter estaban sorprendidos, no entendían lo que sucedía, estaban apenados y casi que regañaban a su hija, cuando la voz de su anfitrión los interrumpió.

― ¿y a mí no me saludas Annie?

― ¿señor William?, ―la castaña corrió esta ves a abrazar a aquel que durante el último año los había acompañado en el hogar de Pony.

― ¿se conocen?, ―preguntaron con sorpresa y temor la pareja, pues no sabían que sucedía y si resultaba que su niña era familiar de este señor y planeaba quitárselas, la sola idea los tenía preocupados.

―que les parece si dejamos que las niñas salgan a jugar, la doncella de Candy estará pendiente de ellas, al igual que su institutriz, ―ofreció William.

Los Britter apenas asintieron, las niñas salieron tomadas de la mano muy felices, el señor Andrew les explico que él estuvo una temporada en el hogar de Pony, sin ofrecer más detalles, que allí conoció a las niñas, les comento que adopto a Candy, pero les expreso que comprendía los motivos de ellos para ocultar el verdadero origen de Annie, prometiéndoles que ni su pequeña ni él lo revelarían a nadie.

En esa época los prejuicios eran demasiado grandes, sabiendo que ellos solo procuraban proteger a Annie, en su caso sabía que su pequeña era demasiado autentica y sincera, como para ocultar su origen, ella estaba muy orgullosa de haber crecido en el hogar de Pony, siendo honestos el también, sabía que esa decisión le costaría sufrimiento a Candy, pero él estaba dispuesto a defenderla a capa y espada cuanto fuera posible.

―nos ha sorprendido su invitación señor Andrew, al menos no la esperábamos tan pronto, ―comento Eliot Britter.

―es decir que la esperaban, ―trato de saber William.

―sí, sé qué hace poco tiempo hicimos la inversión con el señor Leagan, pero imaginamos que nos llamarían en algún momento, ―explico Eliot.

William estaba sorprendido, si bien es cierto que estuvo fuera mucho tiempo, él se había ya puesto al corriente de los negocios, conociendo todo sobre los nuevos inversionistas, no habiendo ninguna a nombre de Eliot Britter, de hecho, Raymond Leagan si hizo una pequeña inversión, pero a su nombre y en esos momentos ya se encontraba en Europa con toda su familia, ya hacía dos días se le informo que salieron de viaje.

William pidió al señor Britter todos los detalles de dicha inversión, quería saber todo lo implicaba dicho negocio y cuales habían sido las condiciones de este, después pediría a George que investigara bien todo el asunto y el resto de finanzas de Raymond Leagan.

Él le pidió a Eliot que de ahora en adelante toda inversión fuera directamente con ellos, el mismo pondría a un empleado de confianza a su servicio para que no hubiera intermediarios, incluso le ofreció apoyo en unos negocios que el señor Britter tenía en puerta.

Los adultos continuaron conversando, formando una alianza que continuaría a través de los años, en el jardín las niñas conversaban alegremente, inmensamente felices de volver a verse, Beatriz y Dorothy solo sonreían al verlas parlotear sin detenerse, poniéndose al día acerca de los últimos cambios en sus vidas, Candy le conto como ahora tenía tres primos, que los tres eran muy buenos y que la querían mucho y ella a ellos, que tenía dos hermanos mayores, una tía un poco seria, pero lo más importante, un papá.

Annie le conto a su vez de sus padres, que su mamá le enseñaba cómo comportarse, también que le habían dicho que pronto tendría clases de piano, que ambos eran cariñosos con ella, aunque también eran estrictos, pero que nunca la habían regañado, lo único que no le gustaba era que ahora ya no estaban juntas.

Así entre juegos y platicas el tiempo paso muy rápido, llegando la hora de la despedida, pero con la certeza de que se verían pronto.

―estaremos solo un par de semanas más en la ciudad, después tendremos que viajar, por lo que me gustaría que permitieran que Annie venga a pasar las tardes con Candy cuando sea posible y no interrumpa sus planes, puede incluso recibir clases con mi pequeña, ―ofreció William.

―sería un honor para nosotros, solo no quisiéramos abusar, ―respondió la señora Emma Britter, después de intercambiar una mirada con su esposo.

―no es ninguna, ―aclaró el anfitrión.

―si es así vendré con Annie el día lunes si les parece, ya que imagino que el sábado asistirán a la fiesta de cumpleaños del hijo de los Simons, ―comento Emma, ―nosotros no estamos invitados, como sabe son bastante selectivos, ―completo un poco apenada.

―si es por eso vengan el sábado temprano, estoy seguro de que Candy prefiere pasar el tiempo en compañía de Annie que en esa insulsa fiesta, es más les organizare varias actividades para que tengan un maravilloso día.

―eso sería muy generoso de su parte, estaremos encantados de venir, ―respondió Eliot en esta ocasión.

William se reunió con Beatriz, él no sabía de ninguna invitación para la dichosa fiesta de los Simons, así se lo confirmo la joven institutriz, lo que molesto mucho al patriarca, quienes se creían para ignorar tan abiertamente a su hija, si bien es cierto tenían poco en la ciudad, era ya de conocimiento público su existencia, gracias al incidente en la boutique.

―justo iba a comentárselo, según me contaron Ruth y Mirian, quienes son las encargadas de las compras para la cocina, estas escucharon de las empleadas de varias familias influyentes de la ciudad, que sus patrones no querían que sus hijos tuvieran contacto con la señorita Candy, sin importar que fuera hija del patriarca de los Andrew, pues corría el rumor de que al final de cuentas era solo una huérfana recogida que tuvo la suerte de ser adoptada, ―explico indignada Beatriz, por las palabras tan ofensivas en contra de la niña.

―conque esas tenemos, bien, vamos a enseñarles a esas cabezas huecas imprudentes, que con los Andrew no se meten, ―William estaba seguro que detrás de dichos rumores estaban los Leagan y seguro lo hicieron antes de irse a Europa.

―me temo señor Andrew, que si no se establece un precedente pronto…, ―menciono Beatriz.

―no me interesa que Candy asista a esas insufribles fiestas y mucho menos que se relacione con niños como esos, que seguramente son igualitos a los mimados Leagan, al contrario, me la pueden echar a perder, pero el hecho de que se crean que pueden hacerla a un lado y que yo lo voy a tolerar y permitir, están muy equivocados, ―concluyo molesto William.

George tomo nota de la solicitud de estar al pendiente de las inversiones y finanzas de los Leagan, William no estaba nada complacido con lo que le estaban haciendo a los Britter, quería estar seguro de que no estuvieran haciendo lo mismo con más gente.

También se encargó de que los Simons y el resto de familias influyentes de Chicago comprendieran que a su hija no le iban a hacer un desprecio, mucho menos si eran personas cuyos negocios dependían de los Andrew.

Si bien es cierto que la familia Simons tenía negocios independientes de los Andrew y su apellido tenía peso económico, estos no tenían tanto poder económico como el clan Andrew, aun así, sus miembros eran personas elitistas, prejuiciosas y totalmente huecas, cuya filosofía era llevarse de encuentro a cualquiera que no consideraran suficientemente importante para estar en su círculo.

A media fiesta de cumpleaños de Trey Arnold, el hijo menor de los Simons, tal como lo dispuso William, llego un pequeño grupo de empleados llevando una enorme caja de regalo, fue tanto el revuelo que causaron con su ingreso, que prácticamente se detuvo la fiesta, pues todos querían saber de qué se trataba aquello.

El señor Simons se acercó a recibir el obsequio junto a su hijo, un poco extrañado, pues tenía entendido que ya todos los invitados habían entregado sus regalos, cuando uno de los empleados que llevaban el regalo comenzó a hablar.

―el señor William C. Andrew y su hija la señorita Candice Andrew se disculpan por no poder asistir a la fiesta del señorito Trey Arnold Simons, pero tenían planes previos imposibles de cancelar, por lo que envían su regalo para el cumpleañero, esperando sea de su agrado.

Los murmullos no se hicieron esperar, en medio de este y sin que nada los perturbara, los empleados comenzaron a jalar unos listones, logrando que se abriera la enorme caja de regalo, de esta salió un auto en miniatura, con el tamaño adecuado para que un niño pudiera usarlo, causando la admiración de todos por tan lujoso regalo, provocando que el cumpleañero y el resto de niños presentes gritaran de emoción.

Los detalles en el pequeño carro eran algo que no se veía mucho en esos días, si bien había muchos juguetes similares en la mayoría de hogares, no muchos eran tan finos, con tal suntuosidad, William estaba dejando claro su posición y la de Candy, haciéndoles ver que quienes eran.

De inmediato el mensaje fue captado por todos los presentes y las demás personas que supieron de lo sucedido, comprendiendo que William no iba a dejar pasar un desaire hacia su hija, sin importar si era adoptada, muchos se preguntaron si acaso no sería falsa la información de su adopción o que, si la niña no era realmente su sangre nacida con alguna amante, de cualquier manera, la razón no importaba, pocos se atreverían a ir en su contra, no les convenia.

Candy y Annie pasaron un día maravilloso, William organizo una pequeña feria en la mansión para agasajarlas, invito a los hijos de los empleados del banco, asistiendo desde los hijos del más humilde empleado, hasta los hijos de los altos ejecutivos, había payasos, un carrusel, dulces, juegos, diversión sin límite, dicha fiesta sería el tema de conversación por un buen rato.

El lunes muy temprano, los miembros de varias familias que se atrevieron a hacer comentarios ofensivos en contra de Candy, fueron llamados al banco, el señor Andrew los estaba citando para hacer algunas revisiones en sus créditos e inversiones, todos se presentaron de inmediato, en parte temerosos por recibir algún cobro extra.

Aquellos que como los Simons no dependían de créditos con los bancos, igual recibieron su pequeño castigo, algunos recibieron un aviso de un posible incremento en el arriendo de inmuebles que pertenecían al clan, otros de una renegociación en algunos contratos de servicios, en los cuales las fábricas o productos de dichas familias podrían ya no ser tomadas en cuenta para las empresas Andrew.

No solo eso, a nivel nacional dichas familias estaban recibiendo los mismos avisos por empresas similares, que estaban relacionadas con los Andrew y que estaban siguiendo las pautas que el patriarca estaba ordenando, asestando un golpe inesperado en sus economías.

Al final de la tarde quedo claro que nadie humillaba a los Andrew, los avisos solo fueron una advertencia, ese día no se hizo efectivo ningún cambio, pero dejo clara la posición de William, a los citados solo los hizo esperar y luego de algunas horas fueron recibidos por otros empleados, los cuales les explicaron que solo era una reunión informativa acerca de sus créditos, pero ellos sabían que solo era un recordatorio de su posición.

La señora Elroy llego en esos días a Chicago, quedo sorprendida por lo sucedido en la prestigiosa boutique a la que recomendó llevar a la niña, menos podía creer la actitud de la señora Moore, de atreverse a querer contradecir a su hermano, eso era algo imperdonable para ella, en cuanto supo del desaire hacia Candy se sintió muy ofendida.

―todo esto es culpa de esa niña William, ves eso es lo que pasa por haberla adoptado, la familia será manchada, perderemos prestigio por su causa.

―estas equivocada Elroy, el prestigio depende de nuestras acciones, de nuestra ética de trabajo, es uno mismo el que establece los límites, para comenzar dime como es que nunca te diste cuenta de la clase de víbora que era la dueña de esa boutique o como trataba a sus empleadas.

―siempre fue muy respetuosa cuando yo llegaba, me atendía en persona, nunca escuche nada incorrecto, siempre fue estricta con sus empleadas, como tiene que ser.

―claro y tú nunca observaste como trataban a las demás, ni te intereso que ultrajaba a sus empleadas, no Elroy, una cosa es mantener el respeto otra muy distinta el maltrato.

―mi único interés es mantener en alto el buen nombre de los Andrew, mira como lo está dejando por el suelo esa niña.

―cómo te atreves a decir semejante tontería, Candy no ha hecho nada malo.

―es una huérfana, adoptarla solo daña nuestro apellido.

―en ningún momento hace eso, quita esos tontos prejuicios de tu cabeza.

―no se trata de que yo tenga prejuicios William, despierta, nuestra sociedad es así, si no mira cómo nos han hecho semejante desaire, nunca hemos sido humillados de esa manera y eso es inconcebible.

―estoy de acuerdo en eso, es inconcebible, pero obviamente la falta la han cometido ellos, por lo mismo les he dejado claro que no voy a tolerar que quieran pasar sobre nosotros, créeme no volverán a cometer una tontería semejante, no hemos trabajado tanto para que un par de cabezas huecas crean que pueden insultarnos de esa manera, no importa el origen de Candy, lo único que les debe importar es que es mi hija y al ofenderla nos han ofendido o dime, acaso crees que se les debe permitir semejante acción.

―por supuesto que no, tienes razón William, si lo pones de esa manera ellos no tenían ningún derecho a causar semejante ofensa a la familia, has hecho bien en mostrarles tu posición, te parece si hacemos algo más para mostrar quienes somos.

― ¿qué propones?

―hay que hacer una fiesta, la cual se debe anunciar como la fiesta del año, en ella se invita a todos los miembros del clan, a los socios más allegados y a último minuto se invita a aquellos a quienes quieres castigar, para que teman ser excluidos.

― ¿Qué tipo de fiesta propones?

―se acerca Halloween, sería un motivo perfecto, pues se puede hacer de manera tal que sea una fiesta infantil, en donde se presenten a los miembros jóvenes del clan, especialmente a Candy, es una lástima que no estén en el país Eliza y Neal.

―sobre eso, me gustaría comentarte algo que hizo tu yerno Raymond Leagan, una acción en contra de un inversionista que considero muy seria.

Continuará…

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Hola, sorpresa, les traigo un capítulo más, parte de un pequeño maratón, espero lo disfruten, que tengan una feliz navidad, bendiciones.