La familia Andrew era la noticia en toda la ciudad, no se hablada de otra cosa que del evento que estaban preparando para Halloween, las invitaciones ya se estaban distribuyendo, se pronosticaba que sería la fiesta del año, dejando en claro el lugar privilegiado que ocupaban en la sociedad.

La celebración duraría todo el día, iniciando muy temprano con un campo de calabazas, en el que cada niño podrá escoger su calabaza, luego estará el concurso por decorarlas, premiando a la mejor, sin olvidar la competencia por los disfraces, en la que los niños competirían en varias categorías, culminando en la noche con una fiesta de disfraces para los adultos.

Cada familia que se considerara alguien en la ciudad e incluso fuera de ella estaba invitada, tal como lo planeo Elroy, ciertas invitaciones tardaron un poco más en ser enviadas, solo para mostrar su punto, la familia estaba comenzando a llegar para estar presente en tan grandioso evento.

― ¡Rosemary!

― ¡pequeña!, ―la joven dama sonreía feliz ante el entusiasmo de su nueva pequeña hermana.

Ambas rubias se abrazaban con cariño, con tanto afecto que cualquiera pensaría que eran madre e hija por la diferencia de edad, Vicent y Anthony también fueron saludados con el mismo entusiasmo y es que salvo algunas excepciones (tías gruñonas, por ejemplo) Candy se ganaba el cariño de todos los que la conocían.

La escena se repitió cuando llegaron Alistear y Janice Cornwell junto a sus hijos, eran esos pequeños momentos en los que la señora Elroy podía ver que sus muchos prejuicios eran injustificados, pero con la meta de resarcir el agravio hacia la familia, ella defendería a Candy en esa fiesta, ya que como su hermano dijo, al querer pasar sobre la niña lo hicieron contra la familia y eso es algo que ella no permitiría.

Al menos en ese punto ambos hermanos estaban unidos, en otras cosas en cambio era inevitable que chocaran, para William era realmente increíble el cambio de su hermana y lo mucho que se cegaba cuando se trataba de los Leagan.

La conversación que tuvieron días antes sobre las inversiones que Raymond Leagan estaba haciendo a su nombre a costa de otros era no solo desleal y deshonesta, sino que también puede ser criminal, pero Elroy replicaba que no creía que ese fuera el caso, que seguramente por la prisa del viaje su yerno no tuvo tiempo de hacer las inversiones en nombre del señor Britter, que era un pequeño error.

―no comprendo Elroy, ¿Cómo puedes ser tan ciega con ellos?, cuando al mismo tiempo eres intransigente con otros injustamente.

―no es así, ellos son familia, por lo tanto, de absoluta confianza, pertenecen a nuestro estatus, no tienen razón para actuar como tú dices, es solo una pequeña confusión, ya verás que no es lo que piensas.

―te equivocas, no son familia, porque insistes en tratarlos como si lo fueran, entiendo que le tengas afecto a tu hijastra, pero te recuerdo que ella ya tenía trece años cuando te casaste con su padre y que nunca te ha tratado como a su madre, hasta donde piensas llegar en tu empeño por darles un lugar que no les pertenece.

― ¿Cómo dices eso?, William estas siendo desconsiderado.

―no es así y lo sabes, que más pensabas hacer al no estar yo, pues ya me di cuenta que los has incluido en el clan, a pesar de que tu misma te encargaste de sacar a varios miembros que si son de la familia Andrew y a ellos que no llevan ni nuestra sangre ni nuestro apellido les das privilegios que no les correspondes.

―ellos se han ganado su lugar, han trabajado duro por estar donde están, además siempre han pertenecido a nuestro nivel.

―en realidad me gustaría saber en qué es que han trabajado duro para ganarse dicho lugar y por otro lado cuál fue la falta que según tu cometieron los Andrew que sacaste injustamente del clan, te aviso que ya corregí ese error, ellos ya están incluidos nuevamente en el clan y están recuperándose de la terrible ruina en que estaban cayendo por causa de tu decisión.

―no puedes culparme por la ruina de Angus y su familia, ellos realizaron negocios muy arriesgados y por eso fueron sacados del clan.

―ah sí, me pregunto ¿Quién dijo eso?, no, no me digas, lo hizo tu yerno, ¿no es así?, me extraña, porque tú eres excepcionalmente inteligente Elroy, siempre me he enorgullecido de tu astucia, de la forma en la que sueles manejar los negocios y sabes prever los cambios en el mercado, pero permitiste que las palabras de Raymond te guiaran sin tan siquiera investigar que pasaba con Angus, pese a que el sí es tu sangre.

―no es así William, yo vi documentos.

― ¿te los dio George?, fuiste personalmente a hablar con Angus, no verdad, porque si lo hubieras hecho te habrías enterado que él estaba siendo estafado y necesitaba nuestra ayuda no que le diéramos la espalda, porque estar a cargo del clan no es solo gozar los beneficios, no, dirigirlo es más que todo la responsabilidad de cuidar del bienestar de todos sus miembros, porque somos familia, su apoyo como ellos el nuestro.

―yo, ¡no puede ser!, yo realmente creí..., William debo disculparme con ellos, fui injusta, solo trataba de proteger el clan de un escándalo, nunca imaginé...

―me alegra que comprendas Elroy, no te preocupes, me he encargado de todo, ellos no te culpan, comprenden que fue un malentendido y que cuentan con todo nuestro apoyo, hare una reunión de concejo en New York a finales de año, aprovechare las fiestas en las que se reúne la familia, voy a recalcar la importancia de velar los unos por los otros.

Ese día la reunión con su hermana fue realmente agotadora para William, pero muy necesaria, sabía que su Elroy era un poco obstinada, pero esperaba que con el tiempo comprendiera.

El trabajo en la oficina parecía no parar, al salir de esta realmente necesitaba estar con su pequeña, fue a buscarla, encontrándola con Beatriz, quien le enseñaba a sonreír de forma correcta, estuvo a punto de interrumpirla, no le agradaba que su niña perdiera su esencia, pero al igual que hizo en otras ocasiones se detuvo a observar.

―muy bien Candy, ahora nuevamente desde el principio.

―pero no entiendo Beatriz, porque tengo que hacer esto, pareciera que estoy fingiendo y a mí me han enseñado que mentir es malo.

―que ocurrencias Candy, no se trata de eso, pero debes aprender a comportarte frente a las demás personas que están a tu mismo nivel, hay algo que debes comprender, ―dijo la joven sentándose y haciendo que la niña lo hiciera junto a ella.

― ¿Qué debo comprender?, ―pregunto prestando mucha atención la niña.

―en este mundo muchas personas se rigen por las apariencias, especialmente en el que te tocara desenvolverte, por eso es necesario que aprendas a comportarte a la altura para que tu padre no se vea perjudicado por eso, a él no le importaría, te ama lo suficiente para no permitir que nadie te lastime, por lo mismo yo no te estoy pidiendo que cambies, sería una injusticia hacer eso, porque eres una niña maravillosa.

― ¿entonces?

―solo quiero que conozcas que estarás en dos ambientes, en uno serás Candy, ese será principalmente frente a tus seres queridos y de confianza, debes tener mucho cuidado de a quienes permites ver a la verdadera Candy, la otra será la señorita Candice Andrew, este será frente a las personas que tengas que tratar por causa de compromisos sociales, por lo tanto, son personas en quienes no tienes confianza.

―es muy complicado, ―se quejó la pequeña haciendo un gracioso puchero.

―no tanto si lo piensas, ¿recuerdas al señor Patrick?

―si lo recuerdo, ―respondió Candy con un gesto de desagrado.

―dime, con él te comportabas igual que con tu padre o tus primos, incluso que con Martha la señora de recepción.

―no, él era muy serio y no me agradaba, a él solo lo saludaba de lejos.

―pues así conocerás mucha gente con la que necesariamente tendrás que relacionarte, no te mentiré, al igual que el señor Patrick no son personas agradables, por lo que debes aprender a tratar con ellos, conocer las reglas del juego y no olvidar nunca quién eres verdaderamente, que sin importar que pase, tú puedes contar con tu padre, pero eso será poco a poco y con el tiempo, no pongas esa cara, faltan años para que tengas que saber todo, por ahora solo necesitas saber lo que te he enseñado hoy.

William estaba admirado de lo que Beatriz sabiamente le enseñaba a su niña, se acercó a ellas haciendo notar su presencia, sin dudar Candy corrió hacia él, abrazándolo con cariño, como siempre hacía, besando sonoramente su mejilla.

―veo que estas aprendiendo mucho Candy, por cierto, en donde están los chicos.

―están en el taller de Stear, creo que está preparando un gran invento, ―dijo en tono de secreto.

William sonrió por la inocencia y entusiasmo de los pequeños, sabia lo mucho que podían concentrarse en sus actividades.

― ¿están listos para la fiesta pequeña?, ―el hombre noto que el rostro de su niña se oscurecía, preocupado de inmediato pregunto, ― ¿Qué pasa Candy?, ¿no quieres asistir a la fiesta?

―no es eso papá, pero..., ―titubeaba la niña.

― ¿entonces?, cuéntame.

―es que no puedo evitar sentirme culpable, yo aquí tendré una gran fiesta, con mucha comida y dulces y más cosas maravillosas, mientras que...

―mientras en el hogar de Pony no, ¿es eso?

―no quiero ser malagradecida, te aseguro que no, pero no puedo evitar sentir eso aquí, ―decía Candy tocando su pecho.

― ¿Quién te ha dicho que eres desagradecida?, tu no lo eres, todo lo contrario.

―la tía Elroy me regaño por estar recordando el hogar de Pony, dice que soy malagradecida por estar mencionando ese lugar.

Un suspiro salió de William, ―tu tía se equivoca, no tiene nada de malo que recuerdes y pienses en el hogar de Pony, además no creías que no los iba a recordar ¿verdad?

― ¿lo hiciste?, ―pregunto emocionada Candy.

―claro que si pequeña, ya me encargué que reciban comida y dulces suficientes no solo para los niños del hogar si no para los que lleguen del pueblo, además de tela extra para que puedan darse gusto haciendo disfraces, más ahora que cuentan con la presencia de Lisa estoy segura que van a aprovechar muy bien lo que les enviamos.

―oh papá, muchas gracias, ―expresaba emocionada la niña, abrazando efusivamente a William, quien feliz recibía las espontaneas muestras de cariño de esta.

―bueno creo que has estudiado bastante, si gustas puedes ir a jugar con ellos.

―gracias papá.

William pidió a Beatriz lo acompañara al despacho, tenía unas cuantas cosas que debían discutir ya que se acercaba la fiesta, George se unió a ellos, era extraño ver al serio asistente del patriarca mostrarse un poco nervioso, era casi imperceptible, pero por alguna razón que la misma joven no comprendía, ella al igual que su jefe lo noto.

― ¿sucede algo malo?, ¿hice algo incorrecto?, ―pregunto un tanto insegura la joven.

―en lo absoluto Beatriz, todo lo contrario, como usted sabe en unos días tendremos la fiesta de Halloween en la cual usted estará presente, no se preocupe, ―aseguro al ver que ella se comenzaba a poner pálida, ―se le hará un cambio a su apariencia, con lo cual será imposible reconocerla, usara estos anteojos que no tienen aumento, pero que son lo suficientemente grandes para ocultar parte de su rostro.

―además de eso se le ha preparado un guardarropa nuevo, el cual incluye sombreros a juego que ayudaran a completar su disfraz, ―continuo George, ―uno adecuado a la que sería mi esposa, ―dijo esto totalmente sonrojado sin atreverse a mirar a nadie.

―esto es porque como sabemos que el disfraz por sí solo no será suficiente, será presentada como la señora Trixy Jonhson, esposa de George, ―el mencionado se volvió a poner rojo hasta la raíz de su negro cabello.

―espero no le moleste señorita Beatriz, pero es la mejor forma de protegerla, su familia busca a una joven soltera, usted aparecerá frente a todos como mi esposa, además yo también vivo en la mansión, por lo que nadie dudaría de nuestro vinculo.

―pero ¿y los demás empleados?, además no tengo tanto dinero para comprar nueva ropa, sé que la mía está un poco pasada, pero...―preguntaba más llena de sonrojo y pena que porque le disgustara la idea de aparecer como esposa del pelinegro, pero también preocupada por gastar lo que no tenía.

―ya hemos arreglado eso, por un lado compartirán habitación pues para todos son un matrimonio, pero no se asuste, esta habitación cuenta con una pequeña sala y dos recamaras, para que cada cual pueda usar una, nadie más que ustedes puede entrar y si alguien lo hiciera simplemente dirán que está pensada para cuando se amplie la familia, ―dijo William causando que los dos se sonrojaran, ―en cuanto a la ropa ni lo tome en cuenta, es algo que haría siempre por cualquiera que tuviera al cuidado de mi hija.

―no tengo como agradecerles, siento que se están tomando demasiadas molestias por mi causa.

―en lo absoluto, desde que accedió a confiar en nosotros paso a formar parte de nuestra familia y nosotros protegemos a nuestros miembros.

Beatriz estaba conociendo la generosidad de su patrón, el saberse protegida le daba una paz que perdió al mismo tiempo en que sus padres fallecieron, claro no podía negar lo mucho que la alteraba la cercanía de George, a quien en secreto consideraba el hombre más guapo que había conocido, pero ella se controlaba regañándose a sí misma, ya que su meta actual era sobrevivir, no envolverse en una ilusión que no sabía cómo terminaría.

Tal como le dijo a su padre Candy encontró a los chicos reunidos en una de las habitaciones que daban al jardín, la cual Stear había autoproclamado como su taller, claro de una u otra forma todos acababan allí apoyándolo u ocupando su tiempo en sus propias actividades, pero sin dejar de estar juntos.

― ¿qué es eso Stear?, ―pregunto siempre curiosa Candy.

―es un maravilloso invento para escoger la mejor calabaza, ―respondía muy orgulloso de su trabajo el pelinegro de lentes.

―eso es maravilloso, ―respondía muy efusiva la niña.

― ¿estás seguro de que no estallara hermano?, ―preguntaba Archie.

―le he hecho varios arreglos, veras que nos hará ganar la competencia, ―explicaba Stear.

―vamos a buscar la mejor calabaza para ti Candy, ―decía Anthony.

―claro que si gatita, no dejaremos que nadie nos gane.

―será una fiesta maravillosa, ―exclamaba emocionada la niña.

―señorita Candy acaba de llegar la señorita Britter, ―anuncio una de las mucamas.

―gracias Mary, hazla pasar por favor.

Luego de un rato llegaba la pequeña pelicastaña, quien como era de esperarse se puso muy tímida al ver que su amiga no estaba sola, más aún al ver al pequeño Archie, el cual le robo el aliento, Candy conociendo a su hermana, se acercó a ella y tomando su mano la presento.

―chicos ella es mi mejor amiga Annie Britter, Annie ellos son mis paladines Anthony, Stear y Archie.

―mucho gusto, ―apenas logro pronunciar la pelicastaña, a quien su timidez casi le roba la voz.

―el gusto es nuestro, cualquier amiga de Candy es nuestra amiga, ―respondió Anthony, siendo secundado por Stear y Archie.

Pasaron lo que quedaba de la tarde entre juegos y charlas infantiles, los niños comieron en la terraza del jardín, siendo acompañados por los adultos, quienes disfrutaban de sus inocentes ocurrencias, también lograron probar el invento de Stear, el cual funciono de maravilla, lastimosamente después de una excepcional jornada termino estallando.

La fiesta fue un suceso, la nueva generación Andrew fue presentada, los pequeños muy formales se comportaron muy seriecitos a la hora en que se les nombro, causando una muy buena impresión en todos, era obvio que pese a ser aun niños, ellos portaban el apellido con elegancia.

El encanto de Candy deslumbro a casi todos, haciendo que muchos niños quisieran acercársele y que inevitablemente también varias niñas la envidiaran.

En varias ocasiones algunos niños y niñas trataron de acercarse solo para hacerle algún comentario desagradable o hacerla quedar mal de alguna manera, pero les fue imposible, porque la pequeña siempre estaba rodeada de sus paladines, quienes muy celosos no la dejaban sola, incluso en los escasos instantes en que por los juegos o competencias se tenían que alejar, Candy se quedaba acompañada de Beatriz y Dorothy.

Con semejante protección hacia la pequeña, fue notable que era más que apreciada en la familia y se dio el mensaje que querían transmitir, el cual era que todos estaban dispuestos a cuidar de ella y a enfrentarse a quienes se atrevieran a querer dañarla.

Pero no solo Beatriz y Dorothy la acompañaban, ya que William y Janice también la cuidaban de cerca, sin olvidar a Rosemary, quien por su salud solo pudo estar por algunas horas y sentada, durante todo ese tiempo Candy trato de permanecer a su lado.

A la hora de la competencia de disfraces todos los niños se cambiaron sus ropas por el disfraz que habían preparado, Stear se disfrazó de emperador romano, Archie de un elegante hombre de negocios, Anthony de leñador y Candy de caperucita roja, robando suspiros de ternura.

La fiesta duro todo el día para niños y adultos, retirándose los pequeños antes de la cena, concluyendo hasta altas horas de la madrugada solo los adultos, fue un festejo por todo lo alto que acaparo los titulares de los principales periódicos de la ciudad y del país.

Siendo la favorita la miembro más reciente de la familia Andrew, la pequeña Candy, quien con su encanto y gracia natural se ganó la admiración de todos, siendo llamada a partir de ese momento: la pequeña señorita Andrew.

Continuará...

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Hola, como lo prometí continuamos.