Capítulo once
El propósito de William se cumplió, desde la fiesta nadie se atrevió a ver de menos a Candy, ahora por el contrario su posición era reconocida y elevada.
Una cosa curiosa que sucedió fue que pese que en los concursos que se hicieron por los disfraces, las calabazas y su decoración, ninguno de los Andrew participo para ser un poco justos con el resto de invitados, aun así, en todos los periódicos halagaron a los tres caballeritos y a la pequeña princesa del Clan Andrew, así como su participación en cada una de las actividades, sus disfraces, en fin cada cosa que hicieron como los mejores de la fiesta.
En la celebración estuvieron muchos miembros del clan, sin embargo, la fiesta se enfocó únicamente en los descendientes de la línea principal, es decir Candy, Anthony, Stear y Archie.
Los niños disfrutaron estar juntos todo lo que pudieron, Annie que llegaba casi a diario a visitar a Candy, estaba siempre incluida en sus juegos, eso sí, durante las horas de la mañana se dedicaban a estudiar, porque, aunque Beatriz era amable y paciente, también era estricta con la educación, ella procuraba que las clases fueran comprendidas, más que memorizadas.
En varias ocasiones Elroy estuvo descontenta con la forma tan holgada en que según ella Candy era instruida por Beatriz, todo en base a un tonto prejuicio por creer que la joven era de origen humilde, pero quedo con la boca abierta cuando supo su verdadera identidad, nuevamente su hermano le daba una lección de vida.
Tuvo que aceptar que la niña estaba aprendiendo rápido, porque si se comparaba con el nivel de estudios que tenía Eliza, Candy ya la había superado y apenas llevaba unas pocas semanas repasando lo que la pelirroja estaba estudiando desde hacía mucho tiempo, claro esa información casualmente se la guardaba para sí misma.
En la mansión a ninguno de los empleados les extraño que la joven institutriz ahora fuera la señora Jonhson, pues una de las cosas que más apreciaba William era la discreción y lealtad, algo que sus empleados tenían de sobra, por lo que simplemente cerraron bardas y no preguntaron, tratando a la joven con el respeto de siempre.
―William no creo que sea conveniente que Candy reciba visitas a diario de la niña de los Britter, ella debe de buscar relacionarse con las hijas de familias más prominentes y no puede hacerlo si se limita su tiempo en alguien que no tiene una familia con tantas influencias.
―te equivocas Elroy, son las otras familias quienes deben buscar relacionarse con mi hija, son ellos quienes necesitan las influencias, no al revés, pero desde ya te aviso, que Candy es libre para elegir a sus amistades, si bien es cierto ella es demasiado noble para rechazar a nadie, tampoco la pienso obligar a tolerar a personas que no se comporten adecuadamente con ella.
―eso no es correcto William, de que sirve que la adoptaras si piensas permitir que siga comportándose como una pueblerina, que no respeta las diferencias sociales, ella debe convertirse en una dama digna del apellido Andrew, que traiga prestigio a la familia.
―la adopte porque la quiero como a una hija, no porque buscara una muñeca para moldear, de hecho, me molesta mucho la idea de que quieras que sea una copia barata de Sara y Eliza.
―nunca las compararía con ellas, hay un abismo de diferencia, Sara es toda una dama y Eliza es una niña refinada y nunca se comportaría como una salvaje.
―no olvides con quien hablas y que conozco muy bien a esas dos, que vi de primera mano que Eliza es una muchachita malcriada, egoísta, caprichosa y malintencionada, por lo que agradezco que mi pequeña no se le parezca en nada, por otro lado, insinúas acaso que Rosemary no es una dama, porque te recuerdo que mi difunta Priscila la educo de la misma manera en que se estoy haciendo con Candice, con firmes valores, sin pretensiones, ni frivolidades, enseñándole a respetar a las personas, sin diferenciar su clase social, además de que Rose asistio al Real Colegio San Pablo y fue graduada con honores.
―pues mira de que sirvió, se terminó casando con un simple…
― ¡basta Elroy!, mi hija se casó con el hombre que amaba, el cual la ha hecho muy feliz, lo que es todo lo que yo siempre desee para ella, un hombre que ha tenido que contener su carácter por respeto a ti, no creas que he olvidado que le quitaste todo derecho sobre Anthony al creer a mi hija muerta, no tenías derecho de hacer eso, ya bastante tenía el pobre con la pena de perder a su esposa, para que encima le robaras el poco consuelo que le quedaba.
―no era el hombre adecuado para ella, porque si no hubiera sido por su capricho de enamorarse de un hombre que no era de su nivel, bien pudo tener un matrimonio con el que establecer una alianza conveniente para la fami…
―así como el que tu tuviste, ah no, ya recordé, yo te apoye cuando decidiste casarte con tu difunto esposo, pese a saber que ya no tenía el dinero que en antaño tuvo su familia, tú te casaste cuando y con quien quisiste, nadie te obligo, porque entonces no pudiste querer lo mismo para mi hija, con qué derecho tu piensas que tus sentimientos son más importantes que los de ella, además mis hijas no son objetos para comerciar, si quiero un negocio o alianza conveniente la hago, de la única forma que es admisible, TRABAJANDO.
―no te exaltes, sabes muy bien que me casé con mi difunto esposo sin amarlo, lo respetaba si y le tenía afecto, el amor nació con el tiempo, como debe ser, pero más que eso lo hice porque era el único que mostro interés en mí, yo no estaba para pedir gustos precisamente.
―estas loca Elroy, quien te metió semejantes tonterías en la cabeza, eras hermosa, inteligente, educada, amable, tenías a muchos a tus pies, pero no los veías, todo porque estabas cerrada a todos menos a él, como es que no te dabas cuenta.
―yo- yo supongo que no fui consciente de eso, pensé que eran simplemente amables y respetuosos, además él fue el único que me hizo una propuesta formal.
―hermana, lamento tanto no darme cuenta de eso, sabes que siempre estuve muy ocupado, pero si hasta yo que estaba siempre con tanto trabajo lo vi, no entiendo cómo es que tu no lo hiciste, lo único de lo que, si puedo dar fe, es que reprendí a tu difunto marido, porque intimido a uno de tus pretendientes, cuando aún no declaraba sus intenciones contigo, ahora solo puedo pensar que lo hizo con todos y por eso no recibiste más propuestas.
―no, eso no puede ser, pero ya no tiene caso hablar de eso, no tiene importancia ahora.
―como gustes, solo te pido que te liberes de las tantas telarañas que él se encargó de meterte en la cabeza, no te limites por vanos prejuicios.
Han sido meses ajetreados para todos, apenas unos días después de la fiesta de Halloween, Rosemary junto a su esposo, volvieron a la Mansión de las rosas, decidieron que sería bueno para Anthony que compartiera un poco más con sus primos, por lo que acompañaría a los Conrwell durante unas semanas, Elroy viajaría de regreso con él, William debía iniciar sus viajes, se preparó todo para su partida.
Despedirse de Annie fue mucho más llevadero, porque ahora sabían que se volverían a ver y permanecerían en contacto, aun así, no faltaron las lágrimas.
Para alegría de Candy en este viaje harían una parada en Boston, lugar en que actualmente estaban los Cornwell y Anthony, por lo que los juegos y diversión estarían garantizados.
Dorothy siempre fiel no se despegaba de Candy, casi que a fuerza la hacían tomar descansos, pero es que para la joven su trabajo era una oportunidad soñada, tanto que a veces le parecía que despertaría y estaría trabajando con los Leagan.
Beatriz estaba en igual condición, nunca pensó que enseñar fuera algo nato para ella, quien diría que se sentiría tan feliz dando clases y encargándose de instruir a una pequeña, pero claro, Candy no era igual a la mayoría de niñas mimadas y aunque su energía la hacía parecer distraída, era solo porque la pequeña era muy inteligente y se aburria fácilmente, descubrió que con ella era mejor experimentar, más que estar hablando mil horas sobre un tema.
Otra cosa que la sorprendió, fue su propia habilidad para los negocios, sin que supiera como, al compartir habitación con George, bueno al menos el espacio común, termino discutiendo con él temas de negocios, ayudándole, incluso aconsejándolo, no es que el pelinegro lo necesitara, él era muy bueno en su trabajo, pero ambos descubrieron que ella también tenía mucho talento, por lo que ahora cada vez que tenían la oportunidad, discutían sobre las inversiones y negocios.
Beatriz era muy buena para leer a las personas y durante el tiempo que trabajo en el banco, conoció a los empleados y socios, por lo que no le era difícil dar su opinión la cual siempre resultaba muy acertada, algo de lo que hasta William estaba enterado y alentaba que diera su opinión y aporte, dándole el puesto de consejera junto a George, por lo que cuando no estaba instruyendo a Candy, estaba ayudando a su esposo ficticio.
Los viajes eran algo que preocupaban a William, temía que Candy no se adaptara bien, incluso hablo con Rosemary, para enviarla con ella si veía que no eran buenos para la niña, pero para su sorpresa, la pequeña disfrutaba mucho viajar, parecía que siempre había algo más por aprender, conocer, llenándose de emoción con cada paisaje que divisaba, contagiando a todos con su entusiasmo.
Visitaron varias ciudades antes de llegar a Boston, en cada una la pequeña señorita Andrew se encargó de acompañar a su padre al menos en una ocasión a las oficinas, siendo presentada y tratada con el respeto que se merecía.
Sus estudios no se detenían, pero al menos si algo no tenía que repasar era la escritura y como no si Candy se la pasaba escribiendo largas cartas, a sus madres, a Rosemary, al doctor Martin y su esposa, a los chicos, a Annie, en fin, hasta algunos de los empleados recibían alguna postal suya como mínimo.
Al llegar a Boston nuevamente estaba reunida con los chicos, los cuales la recibían con muchos regalos, claro cada uno con su propio sello, Stear le había construido un rápido patito, pero era tan rápido que nadie lo logro atrapar, Archie le tenía un elegante sombrero, para proteger su delicado rostro y Anthony le preparo una maceta con unas hermosas rosas traídas del rosedal de su madre.
Durante el tiempo que estuvieron allí los cuatro pequeños disfrutaron nuevamente de momentos llenos de diversión y compañerismo, además de paseos, siendo Candy la cómplice de las muchas travesuras en las que se veían envueltos.
Al salir de Boston los viajes continuaron, fueron a visitar más ciudades, reuniéndose con otros miembros del clan, algunos se veían recelosos con ella, incluso más de alguno la rechazaba, pero la pequeña con su encanto poco a poco se va ganando el cariño de todos.
Unos de los que más se encariñaron con ella, fueron Angus y su familia, ellos debido a los múltiples problemas que recién habían tenido, estaban viviendo con bastantes limitaciones, su vivienda era mucho más humilde que la de la mayoría de los miembros del clan, cosa que a Candy no le importo, incluso estuvo ayudando en el quehacer de la casa, convirtiéndose sin más en su mayor defensora, a su vez que ellos se volvieron en sus incondicionales.
Estuvo ayudando a limpiar, incluso cocino con la esposa de Angus, Effie, no dejo que la buena mujer hiciera ningún esfuerzo cuando ella estaba presente, ganándose un sitio entre la tropa de hijos del matrimonio, cuatro niños de entre seis meses y doce años, los que igual que sus padres amaban enormemente a la pequeña.
William se hospedo en un hotel, más por evitarles molestias que por otra cosa, ya que la casa apenas y tenía espacio para Angus y su familia y así se los hizo ver, con ayuda de George y Beatriz, rápidamente lograron comprobar las estafas de las que fueron víctimas, recuperando así su dignidad, la cual sentían que habían perdido al ser acusados de ser deshonestos en los negocios.
Candy pregunto a su padre por qué su tito Angus y su tita Effie vivían en una casa tan pequeña y viejita, teniendo ellos tantas casas grandes y sin nadie viviendo en ellas, unas solas palabras expresadas sabiamente por una niña, mostraron lo que tanto William de quería hacer ver a su hermana, el trato de explicarle que Angus tuvo problemas en los negocios y que se estaban recuperando, que incluso él quiso darles una casa pero que este no acepto.
Por lo que Candy pidió a su padre que le comprara una gran casa allí en esa ciudad y que le pidiera a su tito Angus que él y su familia vivieran en ella para que se la cuidaran, también para que dirigieran correctamente a los empleados que se encargarían de su mantenimiento, porque obviamente no permitiría que su tita Effie tuviera tanto quehacer.
William sonrió por la inteligencia de su pequeña, estaba visto que ella no iba a permitir que los suyos estuvieran mal si ella podía evitarlo, Angus quiso negarse en un inicio, pero una vez Candy uso su tierna mirada de cachorrito abandonado y su puchero a punto de llorar por no complacerla, al pobre hombre no le quedo más que aceptar, mudándose de inmediato para tranquilidad de la pequeña pecosa.
Obviamente Angus y su familia sabían lo que estaban haciendo William y su hija, pero les agradecieron infinitamente el gesto de respetar su orgullo, dándoles una razón para aceptar la casa sin tener que verlo como una limosna, estaban felices de por fin estar saliendo de esos días negros que estuvieron viviendo, en donde quien más sufrió fue Effie, pues estaba aún embarazada cuando todo comenzó a ir de mal en peor, el incluso temió por ella y la criatura, pero afortunadamente pese a todos los problemas, el niño nació sano y fuerte.
La familia despidió con cariño al patriarca y a su pequeña, prometiendo asistir a la reunión del consejo del clan, William les hizo prometer que no faltarían, pues el necesitaría su apoyo, ya que pensaba hacer algunos cambios, también les entrego de una vez los boletos hacia New York, comprados con anticipación, para toda la familia de Angus.
Unos días más y estarían en New York, allí debían prepararse para la gran reunión del consejo del clan Andrew, obviamente los Leagan no fueron invitados, ya que por mucho que Elroy los incluyera en el clan, William volvió antes de que pudiera meterlos al consejo, la reunión tan esperada se acercaba, sin saber lo que traería para la pequeña señorita Andrew.
Continuara…
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