La mañana de Navidad parecía una postal, el paisaje pintado de nieve, como era de esperar los niños estaban despiertos desde muy temprano y muy emocionados, pero a diferencia de lo que los adultos imaginaron, estos más que emocionados por abrir sus regalos, lo estaban, pero por ir al hogar de Pony.
William les ofreció llevarlos después del desayuno, una vez terminaran de abrir sus regalos, los niños aceptaron muy felices, Elroy no entendía la necedad de seguir yendo al orfanato, pero dejo de gastar energías tratando de discutir, se dedicó a hacer lo que mejor sabía, organizar la celebración que se llevaría a cabo en New York dentro de una semana.
Stear estaba feliz con su nuevo set de herramientas con un auto lo suficientemente grande para que él y los otros tres niños pudieran pasear, Archie recibió un tren a escala, Anthony un libro sobre injertos de rosas, además de semillas de flores de otros países con sus respectivos manuales con indicaciones para cultivarlas y Candy estaba feliz con el set para sus cartas, que incluía papel decorado y con aroma a rosas, sobres a juego, unas cuantas plumas, si, color rosa, tintero y tinta a juego, sin olvidar sellos postales.
―gracias papá, ―exclamó la pequeña feliz, abrazando a William.
―gracias a ti pequeña, la pluma fuente que me has dado es muy útil y podré llevarla conmigo siempre.
―rose me ayudo a conseguirla, no tienes que rellenarla y no tiene fugas, además lleva tu nombre para que no se pierda, ―explicaba orgullosa Candy.
―más me vale no perderla, es de plata, muy fina y distinguida.
―como tu papá.
Todos abrieron el resto de sus regalos, recibiendo los niños muchos más obsequios, al igual que los adultos, compartiendo momentos más que agradables, al concluir salieron finalmente hacia el hogar de Pony.
Candy entregó las tarjetas navideñas que había enviado Annie a través de ella para las directoras, el doctor Martin estaba muy entretenido en el saloncito del hogar, con los anillos rompecabezas que le habían regalado, la hermana María y la señorita Pony estaban encantadas con los regalos, muy agradecidas, más que por el valor de las cosas, por el detalle de dedicar tiempo a buscar obsequios personalizados.
Almorzaron allí, luego partieron de regreso a la mansión de las rosas, se despidieron de todos sabiendo que no podrían volver en algún tiempo, debido a los próximos viajes que realizarían.
Al llegar a Lakewood pasaron el resto de la tarde jugando, al día siguiente comenzarían a preparar todo para viajar a New York, Elroy se estaba esmerando en preparar una gran fiesta para celebrar el Hogmanay, en esta ocasión el mismo Vicent estaba siendo clave para los planes que ella tenía.
La celebración era de tres días, iniciando el treinta de diciembre en la mansión de los Andrew en New York, por lo que no había tiempo que perder, todos tomaron el tren, animados de estar juntos.
Albert era quien junto a Beatriz estaban pendientes de Candy, debido a que Dorothy tendría vacaciones hasta después de año nuevo, algo en lo que William y su pequeña insistieron, sabiendo lo mucho que trabajaba la joven cuidando de la niña.
Claro el rubio mayor siempre estaba entre sus sobrinos y hermanita quien era su debilidad, pues, aunque ella disfrutaba estar jugando con sus paladines, también quería estar junto a su hermano mayor, a quien extrañó durante el tiempo en que estuvieron separados, más aún sabiendo que volverían a estar lejos.
Candy también era mimada por su hermana mayor y su prima Janice, aunque por su edad la trataba más como una tía, ambas al no tener hijas, disfrutaban eligiendo sus vestidos y ayudándola a vestirse, casi que era la muñeca de ambas, quienes se esmeraban en peinar sus rizos color miel, cuidando de ella con todo el cariño que la niña retribuía a manos llenas.
Al llegar a New York Candy tenía un sinnúmero de regalos esperándola, mostró su agradecimiento a cada uno de sus titos por su generosidad, complaciendo a todos con su genuina alegría, compartió todos sus obsequios con todos los primos presentes, mostrando que no había ni una pizca de egoísmo en ella.
Los festejos estaban siendo a la altura del clan, la celebración de la mansión fue maravillosa, y para recibir el año Vicent los llevaría a bordo de un barco en la noche del treinta y uno, desde el cual pensaban bajar en botes en medio del océano para darse el tradicional chapuzón en agua fría el primero de enero.
El barco estaría en el muelle al inicio de la noche, para luego salir a navegar, si bien es cierto dentro estarían más pasajeros, estos eran pocos y bajarían en el muelle antes de las diez de la noche, pues la mayoría del barco estaba reservado por el clan.
Albert tuvo que permanecer oculto de casi todos los miembros más jóvenes de la familia, no así de los ancianos, quienes ya lo conocían, pero Anthony, Stear y Archie no dudaban en hacerle compañía junto a Candy.
William estaba un poco disgustado, en la celebración se encontraron "casualmente" con Enriqueta, una amiga de Elroy, una viuda muy insistente, quien siempre que lo veía buscaba la forma de acercarse a él, nunca la toleró, ni cuando era soltera, menos ahora, pues era ese tipo de mujer llena de frivolidades y prejuicios que él no soportaba.
Para su alivio Candy siempre estaba cerca y apartaba a la molesta invitada de su hermana, porque si, estaba seguro que esa casualidad era obra de Elroy.
Como era de esperar a las ocho de la noche, después de la cena, los adultos estaban en la cubierta en el salón de baile, los niños en sus camarotes preparándose para dormir, varias mucamas fueron contratadas para cuidarlos, Albert estaba con sus sobrinos y Beatriz decidió quedarse a cuidar de Candy.
Aun así, los niños estuvieron jugando un buen rato antes de finalmente estar listos para dormir, pero ya cerca de las diez de la noche, Beatriz llevo a Candy a su camarote, este era al igual que los otros que ocupaba la familia, muy lujoso, con su sala de estar, baño y habitación, estaban ya preparando todo para dormir cuando tocaron la puerta.
―dígame, que necesita, ―dijo Beatriz al abrir ante los insistentes golpes.
―vengo por la hija de William, me ha pedido que la lleve con él, ―respondió con altanería Enriqueta.
―siendo así, la llevare.
―no ha comprendido, yo llevare a la niña, usted puede encargarse de limpiar lo que sea que la chiquilla halla ensuciado.
―primero que nada, ese no es mi trabajo, segundo, la señorita Andrew es muy limpia y ordenada y tercero la niña no sale sin mí, puesto que el señor William me ha encargado personalmente su cuidado y ese si es mi trabajo señora.
―que insolente, pero ya me encargare de despedirte en cuanto me case con William, en todo caso ya no la necesitaremos, puesto que yo misma enviare a esa chiquilla a un internado.
La molestia de Beatriz por las palabras de esa odiosa mujer era enorme, pero lo disimuló, manteniéndose firme ante Enriqueta, quien al ver que no lograba su cometido estaba a punto de retirarse, cuando salió Candy a ver que era el ruido que escuchaba.
―ya casi estoy lista señora Johnson, ―dijo la pequeña al reconocer a la molesta mujer que solo quería pasar pegada de su padre, ahora frente a ellas en su camarote.
―muy bien señorita―respondió Beatriz manteniendo la formalidad ante la intrusa.
―es acaso ¿el agua de la tina la que escucho?, ―preguntó Enriqueta.
―no creo, voy a verificar, Candy si quieres puedes entrar en la habitación en un segundo te sigo.
Pero nada más Beatriz entro al baño, Enriqueta la siguió con la excusa de mostrar la fuente del sonido, solo para empujarla en la bañera y trancar la puerta para dejarla encerrada, luego tomo fuertemente la mano de Candy sacándola de la habitación.
― ¿Qué está haciendo?, ¿para donde me lleva?, ¿Por qué encerró a la señora Jonhson?, ―preguntaba entre reclamos la niña, mientras era casi arrastrada por Enriqueta.
―ya cállate mocosa, ahora vas a escucharme, iremos con William y tú te vas a comportar como una linda niña, diciendo lo mucho que te agrado, entendido, de lo contrario me vas a conocer, ―respondió la odiosa mujer, deteniéndose apenas un poco.
Lo que no esperaba Enriqueta, es que no tenía frente a ella a una indefensa y dócil niña, no, ella tenía a una hija de Pony, que sabia defenderse y muy bien, por lo que, propinando un buen pisotón a la bruja, logro desestabilizarla y soltarse, para luego pegar carrera en busca de ayuda.
Candy estaba desorientada, corrió tanto y tan fuerte que no supo a donde había ido a parar, todos los pasillos eran similares, no sabía dónde buscar a su familia, estuvo caminando por mucho tiempo, cuando llego a una cubierta, en donde una pareja discutía, mientras un pequeño estaba muy cerca del barandal, se le notaba asustado.
La niña no lo pensó dos veces y corrió hacia el niño, pues este estaba tan concentrado en la discusión de los adultos, que se estaba acercando demasiado al barandal y en efecto resbaló, ella logró agarrarlo de las manos, quedando ambos colgados, ante sus gritos los adultos finalmente dejaron de discutir y corrieron hacia ellos.
― ¡Terry!, ―fue el grito desgarrador de la mujer y la voz preocupada del hombre.
Entre los dos ayudaron a Candy, quien ya estaba subiendo al niño, quien muy sorprendido no dejaba de verla y abrazarla, no supo ni como, pero la tenía fuertemente entre sus brazos, al estar a salvo ambos pequeños, la mujer abrazo con fuerza al pequeño, el hombre hizo lo mismo, revisándolo si no tenía ningún daño.
―muchas gracias pequeña, si no hubiera sido por ti…, ―decía la mujer, pero fue interrumpida por el hombre.
―todo esto es tu culpa Eleonor, ves lo que provocas, si no hubiera sido por ti…
― ¡BASTA!, acaso no le enseñaron que su esposa merece respeto, que forma de tratarla es esa, si alguien es culpable es usted, quien por estar maltratándola y gritándole tan feo asustó a su hijo, que no vieron el daño que le hacen sus palabras, el resbaló por estar pendiente de sus gritos, ―regañó muy molesta Candy.
― ¿pero ¿quién te crees que eres para atreverte a decir esas cosas, mocosa?, ―grito molesto el hombre.
―no le grites papá, ―exclamo el niño colocándose protectoramente frente a Candy, ―por si no lo has notado ella me salvó, mientras que ustedes…, ―el llanto corto la voz del pequeño.
―mi nombre es Candice White Andrew y si, solo soy una niña, pero sé muy bien la diferencia entre lo bueno y lo malo, deje de ser tan gruñón y discúlpese con su esposa, que no le duele acaso verla triste, no le remuerde el corazón causar sus lágrimas, ―continuaba Candy, quien también ya estaba llorando.
―ven pequeña, no llores, calma, ―la consolaba Eleonor, dando una mirada de reproche a su esposo, quien no tuvo más que agachar su cabeza, reconociendo la verdad en las palabras de la niña y su hijo.
Pero el pobre hombre estaba tan agobiado, que no sabía que pensar, pero no tuvo mucho tiempo para meditar, porque a lo lejos escucharon los gritos de Enriqueta, quien no paraba de vociferar en contra de Candy.
―tu mocosa del demonio, ven ahora mismo conmigo, te voy a enseñar a respetar a tus mayores, ―gritaba Enriqueta, logrando jalar a la niña, levantando la mano para pegarle, pero el golpe lo recibió Terry, quien se interpuso entre Candy y la mano de la mujer.
― ¿Cómo se atreve a tocar a mi hijo?, ―reclamo furiosa Eleonor, empujando a Enriqueta y colocando a los niños detrás de ella.
―él fue quien se interpuso entre esta mocosa y yo, vamos chiquilla, ya veraz lo que te espera, esto no se quedara así, ―continuaba en su reclamo Enriqueta.
―yo no voy con usted a ningún lado, usted me ha secuestrado de mi camarote, encerró a la señora Jonhson y luego me saco por la fuerza, ―respondió Candy.
― ¿se ha atrevido a secuestrar a esta niña?, ―grito el hombre, defendiendo a Candy, pues a final de cuentas, la pequeña le provocaba protegerla, sin contar que le debía la vida de su hijo.
―pero por supuesto que no, soy Enriqueta Mackay, estoy aquí con el tutor de esta huérfana, así que apártense.
―usted no tiene ningún derecho de acercarse a mí, si es cierto soy huérfana, pero he sido adoptada por mi padre, el señor William C. Andrew y a él no le va a gustar la forma en que usted me está tratando.
―he dicho que vengas conmigo, ―continúo gritando Enriqueta.
―ella no va a ningún lado con usted, ―declaro firme Eleonor, de hecho, llamaremos de inmediato a uno de los oficiales para que se entere de este intento de secuestro.
―quienes se creen ustedes que soy para atreverse a interponerse en mi camino, ―dijo prepotente Enriqueta.
―soy Lord Richard, Marqués de Grandchester, ella es mi esposa, y usted se ha atrevido a golpear a mi heredero, así que aquí la única que tiene mucho que explicar es usted, ―respondía el hombre, dejando muda y pálida a la odiosa y prepotente mujer.
En el camarote de Candy, Beatriz logró finalmente escapar del baño, fue corriendo en busca de George o de William, llegando al salón, en donde ya todos estaban dándose los abrazos de año nuevo y cantando "Auls Lang Syne".
Elroy le salió al paso y estaba queriendo evitar que entrara, porque la apariencia de la joven según ella no era adecuada, además seguramente solo iba a molestar con alguna tontería sin importancia, pero el pelinegro que siempre estaba pendiente de la joven institutriz la vio a lo lejos y se acercó.
― ¿sucedió algo con la señorita Andrew?
― ¡George!, se la ha llevado, me encerró en el baño y se llevó a la niña.
― ¿Quién se llevó a mi hija?, ―pregunto William quien se había acercado al ver a Beatriz con el rostro lleno de preocupación, además de su cabello y ropa desordenada, algo inusual en la joven.
―la señora Enriqueta, ella me encerró en el baño y se llevó a la señorita Candy, ―respondió Beatriz.
―pero eso es una tontería, usted está exagerando, Enriqueta seguramente solo quiso sacar a pasear a la niña, ―defendía Elroy a su amiga.
―la señora Jonhson no miente, además esa mujer no tenía ningún derecho de sacar a mi hija de su camarote, George organiza una búsqueda, debemos encontrar a Candy.
―de inmediato señor, ―respondió el pelinegro, tomando la mano de Beatriz para llevarla con él.
Con el pequeño tumulto que se formó, Rosemary, Janice y varios miembros del clan se acercaron, al enterarse de lo sucedido no dudaron en repartirse para buscar a la niña, pese a los intentos de Elroy de decir que no pasaba nada.
Vicent organizó de inmediato a los oficiales, dando aviso de la desaparición de su pequeña cuñada.
―ya se los dije, el tutor de esta mocosa me pidió que se la llevara, así que dejen de interferir, ―continuaba terca Enriqueta.
―le hemos dicho que no se acerque a la niña, ―se mantuvo firme Eleonor, siendo protegida por su esposo.
― ¡Candy!, se oían los gritos a lo lejos, la pequeña reconoció la voz de su padre y Rosemary.
― ¡papá!, ―grito fuerte la niña y salió corriendo hacia ellos nada más verlos.
― ¡hija!, ¿estas bien?, ―preguntaba preocupado William.
―William, debes castigar a esta mocosa, se ha atrevido a agredirme, cuando gentilmente la estaba paseando, ―exigía con voz chillona Enriqueta.
―eso no es cierto, papá ella encerró a la señora Jonhson en el baño y luego me saco casi arrastrada del camarote, tuve que darle un pisotón para escaparme de ella, mira cómo me ha dejado las manos cuando me sujetaba fuerte y a la pobre Trixy seguramente tiene que verla el doctor por el golpe que pego al caer en la bañera.
George de inmediato estuvo junto a Beatriz interrogándola en forma silenciosa, esta negaba débilmente, ellos apenas estaban llegando, una mirada del patriarca les hizo saber que debían llamar al médico, el no dejaría que la joven estuviera lastimada sin atención.
―esa chiquilla es una mentirosa William, no entiendo como has podido adoptarla, se nota que es una malagradecida que no reconoce su lugar, es solo una recogida, ―continuaba Enriqueta.
―la niña no es una mentirosa, ―aclaraba Beatriz, quien no podía soportar la desfachatez de esa mujer, ―usted me empujó a la bañera y me encerró, saco a la niña por la fuerza, luego de decir que al casarse con el señor William me iba a despedir, puesto que se encargaría de meter a la niña en un internado, ―explico muy molesta la joven institutriz.
Ante sus palabras, el resto de la familia y miembros del consejo que llegaban se pusieron furiosos, por el maltrato recibido por la niña y su institutriz, despreciando el atrevimiento de Enriqueta, incluso Elroy tuvo que agachar la cabeza al reconocer la falta de su invitada.
―William, tú no puedes darles crédito a las palabras de esta criada y esta chiquilla recogida, ellas…
― ¡SILENCIO!, no te atrevas a seguir ofendiendo a MI HIJA, Candy no es ninguna recogida, es MI HIJA y tú no tenías ningún derecho de sacarla de su camarote, eso es secuestro.
―pero William, tú no puedes estar hablando en serio, como puedes poner a "estas", sobre mí.
―acaso no escuchas, aléjate de nosotros o no respondo y te acusare de secuestro.
―pero, ¿Cómo te atreves a tratarme así?, nunca me han insultado tanto.
―nosotros somos testigos del secuestro, pues insistía en llevarse a la niña, pese a que ella se negaba a acompañarla, además no olvide que atacó a mi heredero y eso señora es un delito, por ser un ataque directo a un miembro de la nobleza, ―intervino Richard, acercándose, ―solo observe como ha dejado la mejilla de mi hijo, si le hubiera podido pegar a la niña seguramente le habría hecho mucho más daño.
La mujer solo cerro la boca y se fue zapateando muy fuerte y diciendo muchos improperios.
―buenas noches, soy Richard Grandchester, ella es mi esposa Eleonor y mi hijo Terrence, ―se presentó Richard.
―el hijo del Duque de Grandchester, ―respondió William, reconociendo al hombre frente a él, ―William C. Andrew, le agradezco que protegiera a mi hija.
―somos nosotros quienes estamos en deuda, fue su hija quien ha salvado a nuestro hijo, ―expresó sincera Eleonor, ―además no podíamos permitir que esa mujer se la llevara, no paraba de gritarle y de amenazarla.
―por favor acompáñennos a festejar el Hogmanay, conversemos un poco más, ―ofreció William.
―son ustedes muy amables, pero, nosotros, creo que perdimos la noción del tiempo y no bajamos a tiempo del barco y nuestro hijo de seguro ya necesita descansar, ―respondía Eleonor.
―Terry puede quedarse descansando en mi camarote, así ustedes disfrutan un poco de la fiesta, ―ofreció Candy, tomando la mano del niño, quien no perdió tiempo y comenzó a asentir con su cabeza.
William frunció el ceño al ver a su pequeña tomando la mano del hijo de Richard, pero Rosemary le dio un codazo al reconocer los celos en su padre, ―son solo unos niños papá, ―le susurro, luego dirigiéndose a los demás dijo:
―excelente idea, Beatriz puede ir con los niños y proporcione a Terrence algo cómodo para dormir, George por favor acompáñalos y asegúrate que llegue el médico, vamos Eleonor, será un placer contar con la presencia de ustedes, ―dijo finalmente dirigiéndose a la bella rubia.
―vamos mi lord, seguramente un poco de esparcimiento será bueno para ustedes, ya más tarde pueden acomodarse en uno de los camarotes que están en nuestra ala, hay al menos uno vacío, ―ofreció William caminando junto a Richard.
―mm, ―se escuchó a Candy quien hizo sonar su garganta, ―no se les ha olvidado algo.
Los adultos se dieron la vuelta y Candy se puso frente a su padre quien se agacho a su altura y ella lo abrazó con fuerza, ―feliz año papá.
―feliz año mi princesa, ―respondió William emocionado.
Luego fue acercándose a las damas, llevaba consigo de la mano a Terry, ―feliz año Rose, feliz año Janice, ―deseo la niña abrazando a su hermana y prima, ―dio un codazo a Terry, quien de inmediato se puso firme y tomando la mano de cada una de las damas, beso el dorso de estas y les deseo feliz año, causando la ternura en ellas.
―feliz año señora Eleonor, ―dijo a la bella rubia mayor frente a ella, quien la abrazó con cariño.
―feliz año tesoro, ―le respondió Eleonor, quien también abrazo a su hijo.
Como era de esperar, saludo de igual manera a Richard, Vicent, Alistear, a todos sus titos y titas que estaban allí muy quietos esperando cada uno su abrazo, si, hasta Elroy recibió el suyo, antes de irse con George y Beatriz.
En el camarote abrazó a George y Beatriz, esta última no tardo en conseguir un pijama de Stear para Terry, el pelinegro tan servicial y protector las había acompañado y se encargó de ir en busca de la ropa de dormir para el pequeño, además de solicitar un médico para que examine a la joven institutriz.
Mientras el medico estaba con George y Beatriz, Candy estaba ya en su cama, con Terry frente a ella, la pequeña no quería arriesgarse a lastimar a su institutriz al dormir, quería que ella durmiera cómoda en una cama para ella sola, por lo que no dudo en compartir su cama con el castaño.
―buenas noches pecosa.
―me llamo Candice White Andrew, no me llames de otra forma, además, tú tienes envidia de mis pecas.
―si la tengo, envidio a tus pecas, ―respondió sonriendo el castaño, ―me gustan tus pecas Candy, te digo pecosa porque lo eres y porque me gusta que lo seas y Candy, Gracias, tú me has salvado, ―completo el niño, besando suavemente la frente de la niña, quien sonrojada solo atinó a sonreír.
―buenas noches mocoso insolente, tú también me agradas mucho, solo hice lo que me nació y que seguro tu habrías hecho por mí, feliz año nuevo.
―feliz año nuevo pecosa, sabes, esta noche ha sido muy buena, solo porque te conocí.
Candy no pudo ni responder, solo sonrió, rojita como tomate, un calor se instaló en sus pequeños corazones y cerraron sus ojitos listos para dormir.
Fin.
Es broma jajaja Continuará…
Muy feliz año nuevo.
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Un caluroso abrazo, espero hayan tenido un feliz día de reyes, muchas gracias por sus comentarios, espero disfruten de este capítulo.
Les deseo un feliz día, bendiciones.
