Albert no podía creer todo lo que había sucedido en la noche anterior, como buen escoces se encontraba despierto desde temprano, deseaba participar en El Loony Dook o gélida zambullida, sabía que no estaban en Escocia y que no era donde tradicionalmente se hacia la sumergida, pero el océano helado era igual de extremo que hacerlo en South Queensferry, al menos esos eran sus planes hasta que supo todo.
De solo pensar que algo pudo pasarle a su hermanita por culpa de esa odiosa mujer, mejor se calmaba, uno de los marineros le había contado todo cuando estaba preparándose para ir a saltar, ahora en cambio se dirigía al camarote de Candy, se alegraba de saber que Enriqueta ya estaba lejos, después de ser amablemente invitada a irse en un pequeño bote de regreso al muelle.
No es que se entristeciera por el hecho de que el marinero que la llevaba perdiera un poco el control de la pequeña embarcación (seguramente debido a las incesantes quejas de la detestable bruja), por lo que terminaron dando vuelta un poco antes de llegar al muelle y ella termino casi congelada, de hecho tuvo que ser llevada de inmediato a calentarse frente a una hoguera, no, él no se alegraba del mal ajeno, pero esperaba que con eso aprendiera a no meterse con niñas indefensas o no tan indefensas, pensó sonriendo.
Ahora estaba convencido que quería que Candy aprendiera un poco de defensa personal, si, le diría a George que le enseñara, así como le enseñó a él.
Ingresó al camarote de su hermana, él tenía por cualquier emergencia las llaves de los camarotes de todos los niños, al hacerlo se encontró a George preparando café, seguramente durmió en el sofá preocupado por Beatriz, él también supo que el medico había revisado a la joven y que afortunadamente sus golpes no produjeron fracturas.
El pelinegro hizo un asentimiento como saludo y el entro a la habitación de Candy, allí había dos camas, en una estaba Beatriz aun durmiendo, George que había entrado con él, le susurro:
―el doctor le receto láudano para el dolor, eso la hará dormir un poco, es muy importante que descanse, sus golpes, aunque no son graves, si son severos, ―advirtió el pelinegro.
Albert asintió comprendiendo, pero casi se le salen los ojos cuando vio hacia la cama de su hermanita, para encontrarla acurrucada junto a un niño castaño, quien la tenía protectoramente entre sus brazos.
― ¡CANDY!, ―fue casi que el grito grupal que los paladines dieron, al entrar y ver a su querida prima en brazos de ese niño desconocido.
Albert ni siquiera se había percatado que los niños lo siguieron, con semejante grito pasaron varias cosas, su hermanita y el castaño se sentaron de golpe en la cama, Beatriz comenzó a moverse, casi despertando por el grito, lo que causó que el serio e inmutable George les diera la mirada más severa que jamás imaginaron en su tranquilo rostro.
Tal era el impacto que provocaba que todos enmudecieron, el pelinegro señaló la puerta y casi en susurro, pero muy serio dijo: ―fuera, ―no esperaron dos veces, Albert y sus sobrinos salieron de inmediato a la sala del camarote, en donde Candy junto a Terry llegaron.
―se puede saber ¿Por qué este desconocido estaba durmiendo contigo Candy?, ―reclamó Anthony nada más entro la pequeña.
― ¿cómo te has atrevido a mancillarla? ―fue la queja de Archie al castaño.
― ¿Quién eres? Y ¿Qué haces durmiendo con Candy?, ―preguntó Stear permaneciendo un poco más sereno que los demás.
Albert sabía que solo eran unos niños inocentes, pero le era difícil controlar lo que sintió al ver a ese chiquillo abrazándola, ambos muy dormidos en la cama de su hermanita, aun así, no emitió sonido, ya sus sobrinos estaban gritando suficiente, pues seguían haciendo reclamos.
― ¡BASTA!, Anthony, Stear y Archie Silencio, ―dijo en tono firme, pero sin levantar la voz Candy, era tanta su resolución que sus paladines enmudecieron de inmediato.
―se dan cuenta de lo que han hecho, han puesto mi reputación por el suelo, poniendo en duda mi honor, ¿qué les pasa?, se imaginan lo que pasara cuando otras personas los escuchen, ―reclamó la pequeña, con un gesto tan serio que cualquiera pensaría que era una jovencita casadera y no una pequeña de seis añitos.
―pero Candy, ―intento replicar Archie.
―hablando así mi buen nombre estará por el suelo, ―continuo con exagerado dramatismo la niña.
―soy Terrence G. Grandchester Baker, nunca le faltaría a Candy, pero no dudare en casarme con ella para reparar su honor si es necesario, ―informo muy serio el castaño, cualquiera que lo oyera no creería que era solo un pequeño de siete añitos, si casi ocho.
―Candy no se casará contigo, ella será mi esposa, ―reclamaba Anthony.
― ¡Anthony!, ―casi fue el susurro de los hermanos Cornwell y Candy.
―se callan todos, ―hablo finalmente Albert, ―por si no se han dado cuenta son unos niños, así que nadie está casándose con nadie todavía.
―guarden silencio de una vez, ―advirtió firme George, quien ingresaba en ese momento, ―Beatriz necesita descansar, por lo que deben bajar el volumen a sus voces.
―pero George ese niño ha deshonrado a Candy, ―reclamo Archie.
―aquí nadie ha deshonrado a la señorita, los únicos que están dañando su reputación son ustedes, no se dan cuenta que con sus reclamos y gritos la están exponiendo, la reputación de una dama es algo muy delicado, por lo que se debe proteger.
―exacto, ―estuvo de acuerdo Albert, ―nunca se debe hacer semejante escándalo, porque la única dañada es la dama, en este caso Candy, ante cualquier sospecha lo primordial es averiguar, de ser necesario tratar de resolver todo en privado, protegerla es siempre lo primordial y sobre todo no exagerar, acaso han olvidado que son solo unos niños.
―lo sentimos, ―se disculparon los paladines.
―iré a ver como esta Beatriz, el médico le indicó medicina, requiere descanso y cuidado, por lo que deben ser silenciosos, ―advirtió George antes de volver a la habitación.
― ¿Qué es lo que paso?, ¿Por qué estabas durmiendo con el?, ―pregunto Stear.
Los niños finalmente se sentaron en los elegantes y cómodos sofás de la lujosa sala del camarote de la pecosa, Terry se sentó junto a ella, pero Albert se sentó al otro lado de su hermana, quedando así esta flanqueada a ambos lados.
―anoche, cuando regresamos con Beatriz, me fui a ordenar algunas cosas, estábamos por prepararnos para dormir, cuando salí de la habitación vi que la señora pegajosa estaba aquí.
―la que no quería despegarse del tío abuelo, ―quiso saber Archie.
―esa misma, ella engañó a Beatriz para que entrara al baño, allí la empujo a la bañera, por eso ella esta lastimada, después me agarro fuerte de mis manitas y me saco casi arrastrada de aquí, miren como me dejo mis manitas, ―mostro la niña.
―esa bruja, ―reclamaron los niños.
―no supe cuánto tiempo me anduvo jalando, hasta que cuando se detuvo para decirme que tenía que ser linda y hablarle bien de ella a papá o ya iba a ver, entonces yo le di un pisotón y salí corriendo para buscar ayuda, pero me perdí, no sé cuánto tiempo estuve caminando, hasta que vi a los padres de Terry, luego lo vi a él.
Terry miraba a la pequeña, quien no había revelado la discusión de sus padres, ni el peligro en el que estuvo, el agradeció por la discreción y supo lo valiosa que ella era.
―esa señora llego a querer llevarme, incluso me quiso golpear, pero Terry me defendió, miren su cara, como lo dejo, él se interpuso entre ella y yo, sus papitos me defendieron y no dejaron que ella me llevara, hasta que llego papá y pues él la corrió del barco, fue cuando invito a Terry y sus padres a los festejos, por eso me traje a Terry a mi habitación.
―pero, ¿Por qué durmió contigo?, ―insistió Anthony.
―porque si lo dejaba en la otra cama, Beatriz dormiría conmigo y ella estaba lastimada, necesitaba dormir sola, no iba a ser tan egoísta cuando fácilmente Terry y yo podíamos compartir mi cama.
―mi princesa siempre pensando en los demás, fue muy noble de tu parte Candy, ―se escuchó a Rosemary, quien ingresaba junto a Eleonor en ese momento, ambas mujeres habían escuchado la pequeña discusión, entraron justo cuando ella estaba relatando lo sucedido la noche anterior.
― ¡Rose!, ―exclamo feliz Candy, como siempre que veía a su hermana mayor, corriendo a sus brazos.
―no te preocupes Bert, ―susurro a su hermano, ―Eli es de confianza, ―luego viendo a los paladines continuo; ―bueno chicos creo que ya han armado alboroto de gusto, está bien que cuiden de su primita, pero no se excedan, porque prácticamente la han ofendido, vamos hay que prepararse para ir a desayunar, pero, antes de nada, ella es Eleonor Grandchester, la madre de Terrence.
Los tres paladines estaban con la boca abierta, ante la belleza de la rubia mayor, casi que ya no les caía tan mal el castaño si la bella dama era su madre, bueno "casi", Candy tuvo que carraspear para que estos usaran sus modales y saludaran muy caballerosos a Eleonor.
Terry se fue junto a su madre para cambiarse y Candy acompaño a Rosemary, para que esta la vistiera en su camarote, así dejaban descansar a Beatriz, Albert se quedó cuidando de esta para que George fuera a desayunar, el rubio mayor comería allí para no dejarla sola.
Los pequeños desayunaban en un ambiente tenso, la presencia de Terry fue de inmediato el centro de atención de todos, Candy quien como siempre lucia preciosa, más aún después de pasar por las manos de su hermana, tomo la mano del castaño y lo llevo a un lugar junto a ella para comer, el pequeño no se despegaba de ella.
Cuando vio que todos miraban con no muy buenos ojos a Terry, ella se paró en el centro y lo presentó como su amigo, dándoles una mirada que hizo que todos de inmediato cambiaran su actitud, pues ya sabían que, así como era tan dulce como su nombre, también era de temer si la enojaban.
El castaño tuvo que dejar de disparar dagas con sus ojos a todos los primitos de su nueva amiga, no quería disgustarla, ella le agradaba mucho, no era pretenciosa como otras que había conocido, así que aun cuando no le agradaran mucho sus primos, él no se despegaría de ella.
Rosemary junto a Janice y Eleonor solo observaban como se desarrollaba todo, las tres comprendían los celos de sus pequeños, pero también sabían que era inevitable, Candy llama la atención a donde quiera que fuera y ellos deberían aprender a lidiar con eso o la perderían.
La mayoría de hombres del clan estaban lanzándose desde una plataforma no tan alta a las heladas aguas del océano, claro varios botes estaban listos para recogerlos, William estaba en la cubierta observándolos, sus hijas se negaron a dejar que participara por lo que le toco solo ver, está de más decir que varios de los ancianos tuvieron que hacer lo mismo, pues Candy amenazo a sus titos mayores de no lanzarse, no quería que se enfermaran.
Como nada le negaban se conformaron con apoyar a los más jóvenes.
Richard acompañaba a William, conversaban acerca del problema que aquejaba al noble inglés, este no había querido revelar sus cosas, pero durante la celebración una carta se le había caído, ahora estaban discutiendo la mejor forma de evitar que este perdiera a su familia.
―no hay que rendirse sin luchar, se me ocurren varias ideas que pueden servir para ayudarte, a la familia real no le quedara más que apoyarte.
―gracias, no sabe lo difícil que ha sido todo esto para mí, en especial porque no he querido preocupar a Eli, pero creo que ha sido peor.
―las mujeres tienen un sexto sentido, así que no dudo que ella ya sabe que algo pasa, pero no sabe que, así que lo mejor es que lo hables con ella, no le niegues la oportunidad de apoyarte como solo tu esposa puede hacerlo.
En eso estaban cuando un marinero llego con un mensaje para Richard, este lo leyó y luego se lo mostro a William, quien no dudo en llamar a Vicent y a George, no podían esperar más tiempo.
― ¿Cómo logro enterarse tan pronto?, ―fue la pregunta de George.
―envié un telegrama anoche a mi asistente, no me sentí tranquilo con la supuesta derrota de Enriqueta Mackay, llámelo un presentimiento, lo que no espere es que la tomara contra la señorita Beatriz Dobson, de hecho, hasta que recibí el cable pensé que se llamaba Trixy, pero al parecer ella la reconoció.
―sus tíos están tratando de apoderarse de su fortuna, por eso ella ha estado usando otro nombre, oculta entre nosotros, no comprendo cómo se comunicó con ellos tan pronto, esa mujer debe aprender a no meterse con los nuestros, pero antes la situación de Beatriz amerita medidas urgentes, ¿no lo crees George?, ―observo William.
―tenemos todo listo desde hace algún tiempo por si acaso, ―menciono Vicent con una sonrisa, ―podemos hacerlo antes de bajar del barco si es necesario.
―lo cual sería providencial, puesto que nos estarán esperando en el puerto, ―aclaro Richard.
―bueno, no es necesario llegar a ese puerto en específico, pero claro eso ellos no lo saben, ―menciono Vicent, ―eso nos dará un poco de tiempo, pero te apremio amigo a que se haga antes de que dejemos el barco.
―yo…, se los agradezco, hablare con ella de inmediato, ―dijo un inusualmente sonrojado George, para luego salir en busca de Beatriz.
―sabes que no era tan urgente como para que lo hagan hoy mismo, pero aun así lo asustaste lo suficiente para hacerlo, ¿Por qué?, ―pregunto Alistear, quien estaba junto a ellos una vez George se había retirado.
―porque nuestro querido amigo es demasiado tímido, si no le damos un empujón es posible que nunca se atreva, así que mejor antes que después, ―respondió sonriendo Vicent.
George entro al camarote, despidiendo a Albert para quedarse el con Beatriz, fue a buscarla en la habitación, encontrándola ya casi despierta, pero una vez lo vio termino por sentarse, el no dudo en correr a ayudarla a acomodarse.
― ¿Cómo te sientes?
―mucho mejor, no debes preocuparte.
―claro que debo, pero, ahora debo darte una mala noticia.
― ¿Qué sucede George?
―tus tíos te han encontrado, Enriqueta los contactó y ellos están en el puerto esperándote.
― ¡no!, no quiero ir con ellos, ―exclamó Beatriz cubriendo su rostro, comenzando a llorar.
―ellos no te llevaran, nunca lo permitiría, te vamos a proteger, hay una forma, pero no sé si tu estes de acuerdo.
― ¿Por qué no lo estaría?, ¿Cuál es la forma?, ―preguntó la joven esperanzada.
―si te casaras conmigo ellos no tendrán ninguna manera de obligarte a regresar, de hecho, podríamos alejarlos de ti de una vez por todas, pero solo si tú estás de acuerdo, te prometo que no te obligare a nada y que te dejare libre en el momento en que lo desees, ―explicó nervioso el pelinegro.
―George, no me has hecho la propuesta de matrimonio más romántica del mundo, pero aun así acepto, ―respondió sonriendo ella, ―espero no sea un sacrificio demasiado grande para ti, ―dijo ya con una expresión preocupada.
―al contrario, para mi es un honor el poder llamarte mi esposa, aunque solo sea de nombre.
―el honor será mío, pues no conozco un hombre más leal y con tantas cualidades para ser mi esposo, atesorare el tiempo en que tú quieras que sea tu esposa, porque desde ya te aviso que de mi parte no tendrás una petición para terminar el matrimonio y aunque te agradezco lo que haces por mí, me habría gustado que te casaras conmigo por otras razones…
―Beatriz…, ―el pelinegro no pudo decir más, pues en un impulso que no logro controlar, la beso, con todo el anhelo y sentimiento que hasta el momento no se ha atrevido a confesar.
Continuará…
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Hola, finalmente pude actualizar, espero disfruten de este capítulo, justo pude en el cumpleaños de nuestro bombón inglés.
Muy feliz día, bendiciones.
