― ¡cumpleaños feliz!, ¡cumpleaños feliz!, ¡feliz cumpleaños Terry!, ¡cumpleaños feliz!
El pequeño castaño soplo sus ocho velitas, estaba rebosando de alegría, si bien es cierto durante sus siete cumpleaños anteriores, estuvo rodeado de amor y cuidados de sus padres, ahora además de ellos había otras personas que le demostraban cariño y lo más importante, su pequeña pecosa, esa linda niña que le devolvió la luz a su vida.
―pediste un deseo Terry, ya verás que se te va a cumplir, yo pedí en mi último cumpleaños ser adoptada y se me cumplió, ―la pequeña omitió que había pedido lo mismo en sus últimos cumpleaños desde que tenía uso de razón, pero a ella solo le importaba que al fin se le había cumplido.
―si se sientan les daré una porción de pastel, ―ofreció Eleonor.
―siiiii, ―aplaudieron Candy y Terry, muy obedientes se sentaron esperando su pastel.
―ven Dorothy, siéntate con nosotros.
―no es correcto señorita Andrew, ―respondió temerosa la doncella, no queriendo ser regañada por sus patrones.
―estamos en confianza Dorothy, expresó Albert, moviendo la silla para que se sentara, después de un asentimiento de William ella finalmente lo hizo, aunque temiendo que después sería retada en privado.
―no temas, nadie te va a regañar, ―aseguró el rubio mayor, tomando la mano de la joven y dando una suave e inocente caricia con su pulgar, causando que esta se quedara muda.
―aquí tienen, ―les entregó Eleonor sus porciones.
―yo le ayudaré, ―ofreció de inmediato Dorothy, saliendo casi disparada a la mesa del pastel, para disimular el sonrojo y la revolución de emociones que se dispararon en ella.
Dorothy llego justo unos días antes de salir hacia Inglaterra, estaba más que emocionada por tener la oportunidad de conocer otros países, la señora Elroy la instruyó sobre normas de comportamiento y de lo que de ella se esperaba y aunque fuera muy severa, la muchacha estuvo muy agradecida por las enseñanzas dadas.
Al ser una joven empleada, tenía muy poca experiencia, por lo que siempre estaba atenta a aprender más, sin importar las restricciones y regaños que la señora Elroy le daba, sabía que lo hacía para que hiciera un buen papel, como la doncella de Candy, lo cual apreciaba mucho.
William era más flexible en cuanto al trato hacia sus empleados de confianza, aprobó la disposición para aprender de Dorothy, por lo que pidió a Beatriz la incluyera en las clases y que le diera incluso unas para ella, al estar más avanzada, no solo eso, ya había conversado con la ahora sí, señora Johnson acerca de las otras clases que pronto tomaría Candy, las cuales quería que la doncella también las recibiera.
Los pequeños disfrutaron de su pastel, sin percatarse de nada más, hacia apenas unos días que habían zarpado del puerto de New York, despidiéndose de todos, los Brown regresaron a Lakewood, Elroy viajó a Chicago, los Cornwell a Boston y el resto de miembros del consejo a sus respectivos hogares.
Nuevamente fueron los niños quienes más lloraron por la despedida, pero siempre Candy muy amorosa entregó una carta a cada uno, llenas de palabras de cariño a cada familia, William siempre bromeaba acerca de cómo se le acababa de rápido el papel para cartas a su pequeña.
Pero entre todos, la despedida más emotiva quizá podría decirse que fue la de Candy y Rosemary, ella encargó a Vicent y Anthony que la cuidaran mucho, que no la dejaran agotarse demasiado y, sobre todo, llenarla de muchos mimos y cariños, de igual forma hizo con Alistear, Stear y Archie, a quienes pidió que hicieran lo mismo con Janice, ambas mujeres ocupaban un lugar importante en el corazón de la pequeña, aunque era su hermana mayor quien tenía por mucho uno muy especial.
El festejo en el barco, aunque no fue tan pomposo como el que tuvieron en New York, si fue más disfrutado por Terry, casi la mayoría de regalos que recibió en la elegante fiesta de unos días atrás, fueron donados a varios orfanatos de la ciudad, en donde muchos pequeños los recibieron más que agradecidos, Candy opinó que los niños de su amado hogar de Pony tenían por ahora lo necesario, por lo que lo justo era favorecer a otros también.
Eso sí, guardo los regalos que recibió de Candy, los cuales eran un poco más sencillos y personales, como el lindo corcel de juguete, el cual era bastante real, un magnífico ejemplar blanco que el pequeño amó, en esta fiesta más privada le dio una linda armónica de plata, la cual está de más decir que se quedó guardada en el bolsillo del castaño.
―sabes Richard, hay algo que me ha intrigado.
― ¿de qué se trata William?
―tu mansión era bastante lujosa, tu estilo de vida tampoco es modesto, si estás aquí en contra de los deseos de tu padre, ¿Cómo es que puedes llevar tales gastos?, porque imagino que no estas contando con su apoyo financiero.
―muy buena observación, pero imagino que sus investigaciones también ya le revelaron que tengo mi propia fortuna, verá, mi madre viene de una familia con muchos recursos y he contado con su apoyo siempre, fue ella quien me impulso a viajar, brindándome acceso a un fideicomiso que ella preparo para mí, este era solo un arranque, el cual he usado para invertir y como pudo comprobar, ha tenido éxito.
―tienes madera para los negocios, has logrado mucho en tan poco tiempo.
―siempre estuve atento a las finanzas, mi madre también me enseño, aunque no lo crea, fue ella quien siempre insistió en que aprendiera a hacer dinero, a diferencia de mi padre, pues ella comprendía que no basta con el título si no se tiene dinero para sustentarlo.
―muy sabia, me alegro que haya sabido prepararte, crees que ella te va a apoyar en esto.
―ella va a adorar a Terry, te lo puedo asegurar, incluso mi padre, para él no hay nada más importante que la sangre, es por Eleonor por lo que me preocupo, no sé cómo reaccionará mi padre con ella, mi madre sé que la va a amar.
―en ese caso ya tienes la mitad del camino ganado.
Los niños jugaban felices bajo la atenta mirada de Eleonor, una nana estaba cerca para ayudar, además de Dorothy, quien no se separaba de Candy, Beatriz y George tomaban él te en la terraza observando todo, Albert se les unió, no perdiendo de vista a su pequeña hermana.
―note que Dorothy se sonrojó por algo que le dijo a la hora de partir el pastel de Terry, ―inicio Beatriz, muy directa.
―la invite a sentarse con nosotros, no me digas que eres de las que piensan que no es correcto, ―respondió Albert.
―realmente cree usted que lo es joven Albert.
―tú también George.
―debe comprender que no se trata de prejuicios joven Albert, estamos tratando de proteger a Dorothy, ella aun es joven e inocente, proviene de una humilde familia, este trabajo es una oportunidad de oro para ella, ―expresó el pelinegro.
―no pueden estar pensando que yo le haría daño, ¿o sí?
―por supuesto que no, pero debe comprender que ella conocerá muchas personas, incluyendo caballeros que no tendrán ninguna consideración ni respeto hacia ella, los que podrían querer aprovecharse de ella, es por esa razón que se les enseña a guardar la distancia, ―explicó Beatriz.
―lo que tratamos de decirle, es que aclare bien sus ideas, en cuanto a que es lo que desea de ella, recuerde que ella aún no tiene experiencia y puede confundir sus intenciones y hacerse falsas ilusiones, no olvide señor que es del futuro de Dorothy de lo que hablamos, ―completó George.
Unas horas después Albert aún estaba meditando las palabras de la pareja, decidió que ese mismo día hablaría con la joven, el comprendía la importancia de protegerla, el mundo era despiadado con los inocentes.
― ¿qué lees pecosa?, se nota que te hace muy feliz.
―es una carta de mi amiga Annie, un día espero presentártela, ella vive en Chicago, aunque es muy tímida.
― ¿quieres ir a la cubierta?, mamá puede acompañarnos.
―vamos, después podemos pedir unos bocadillos en el comedor.
―señorita Candy, acaba de comer.
―pero fue hace un chorrotototon de tiempo Dorothy, ya mi pancita pide más.
―pobres de las directoras pecosa, te acababas tu sola la comida de todos.
―no digas eso Terry, nunca hice tal cosa, siempre me conformaba porque sabía que les costaba mucho, yo…, ―la pequeña no pudo evitar que sus bellas esmeraldas se cristalizaran, alarmando al castaño.
―discúlpame Candy, fue una broma, yo sé que tu no harías eso, ven quita esa carita triste y regálame una sonrisa, te prometo compartir mi postre contigo.
―gracias Terry, si pido bocadillos es porque sé que ahora puedo hacerlo y no le causo problemas a papá, ¿no los causo verdad Dorothy?
―claro que no señorita, si le digo algo es solo para que no se exceda y luego le duela la panza, además de seguir las indicaciones de la señora Elroy, ella dice que una señorita no debe estar comiendo tanto, pero sé que el señor William no piensa así.
La joven acompañó a los niños a la cubierta, en donde la pequeña pidió bocadillos, por lo que Eleonor los llevo a una de las hermosas terrazas en donde disfrutaron de una deliciosa merienda, Dorothy pidió permiso para ir al tocador, aprovechando que Beatriz se unió a ellos.
Pero apenas dio unos pasos lejos de la terraza cuando fue llevada hacia un salón privado.
―joven, realmente no creo que sea conveniente…, ―trató de replicar la joven.
―y tienes toda la razón, por lo que te pido encarecidamente que en un futuro no lo hagas con nadie más y me disculpo por ponerte incómoda, quiero que sepas que te respeto mucho Dorothy, eres la doncella de mi hermanita, lo cual es un trabajo de mucha confianza y responsabilidad.
―estoy realmente agradecida con el señor William por brindarme una oportunidad tan grande.
―sabemos que no hay nadie mejor para el puesto, quiero aclararte que te aprecio como a una amiga, por lo que me gustaría mucho ser considerado de la misma forma por ti, si te es posible, quiero que sepas que cuentas con mi apoyo y confianza, por lo que si en alguna ocasión te sientes amenazada o incómoda con el comportamiento de alguna persona me lo hagas saber, o en su caso a Beatriz, incluso a mi padre.
―se lo agradezco joven, pero no creo que sea adecuado, la señora Elroy fue muy estricta en cuanto a lo que se espera de mí, por lo que no podría tampoco quejarme de nada con usted ni con nadie, pues…
―si quieres lo podemos conversar con papá, para que veas que no hay ningún problema y que no solo puedes, si no que debes de reportarnos sobre cualquier incidente o persona que te haga sentir mal o en peligro, recuerda que tu jefe es mi padre, sé muy bien de las ideas de mi tía, no quiero decir con esto que no la respetes, solo te digo que tomes en cuenta que hay cosas en las que solo mi padre decide.
―no, por favor no moleste al señor Andrew, está bien se hará como usted dice, pero solo cuando estemos en privado, frente a los demás debo tratarlo con la formalidad correspondiente, comprenda que no quiero tener problemas y si, prometo hacerles saber sobre cualquier cosa o persona que no me parezca.
―gracias Dorothy, es lo que quería, ahora vamos que ni te he dejado ir a donde ibas, ven, te acompañaré.
La joven doncella pudo regresar a tiempo para degustar también de los platillos que les sirvieron, un rato después los pequeños con su estómago satisfecho, pidieron ir a jugar, por lo que se fueron en compañía de Dorothy a la cubierta como originalmente habían planeado.
Un caballero con misterioso semblante estaba siguiendo de lejos los movimientos de los niños, interesado especialmente en el castaño, él y su madre, eran sus objetivos, pero se encargaría de ellos, de alguna manera, no le importaba si tenía que llevarse de encuentro a otras personas, eso era lo de menos.
―pequeños, ya es hora de volver a los camarotes, ―pidió la bella dama rubia.
―si mami.
―si Eleonor, Dorothy, pasamos primero al comedor, quiero pedir una merienda para papá, estoy segura de que no ha comido.
―claro que si señorita, vamos, con permiso señora, joven.
Eleonor caminaba junto a Terry, cuando de pronto sintió que alguien los empujó contra los barandales del barco, ella solo atinó a proteger a su hijo, recibiendo todo el impacto del golpe, lo que no esperaba era que no se tratara de un accidente, si no de un atentado en toda la regla, al ver el arma que les apuntaba.
El misterioso caballero finalmente vio su oportunidad, cuando madre e hijo avanzaron a solas, "que hombre más estúpido" pensó, "como se le ocurre dejar que su esposa e hijo anden sin protección alguna"
―un momento Dorothy, no le preguntamos a Eleonor si quería algo para su esposo.
―espera Candy no corras tan rápido, ―Dorothy apenas y podía darle alcance, la niña era realmente rápida, tanto que temió perderla.
Un grito sonó, alertando a la doncella, quien corrió con más fuerza, preocupada por Candy, porque estaba segura de que ese grito era de ella.
Pete llevaba a la bella rubia y su hijo a punta de pistola, los estaba haciendo bajar por la escalera de servicio, ya se hacía contando el dinero que recibiría por completar su trabajo, su jefe estaría complacido, no dejaría evidencia, porque planeaba lanzar a la mujer y al mocoso a las heladas aguas, la noche estaba acercándose y nadie los vería.
Tan tranquilo que iba cuando recibió un inesperado golpe en la espalda que le hizo soltar el arma, no se había ni recuperado del fuerte porrazo, cuando ya estaba siendo atacado a mordida limpia, un fuerte grito casi le rompió los tímpanos, no entendía que estaba pasando, de pronto sentía golpes en las pantorrillas, además de mordidas en la espalda, jalones de pelo, pellizcos infernales y demás ataques a su persona que no lo dejaban ni atinar.
Ante el grito de Candy no fue solo Dorothy quien se apresuró en su ayuda, varios oficiales y pasajeros se acercaron, encontrando una escena de miedo, dos niños y una mujer estaban golpeando a un hombre al final de las escaleras de servicio, todo al mismo tiempo en que los tres pedían ayuda.
― ¡señorita Candy!, ¡señora Grandchester!, Ayuda, por favor hagan algo, ―comenzó a gritar también Dorothy.
Nadie atinaba a comprender que pasaba, pero al ver el arma en el suelo cerca del hombre, no tardaron en atar cabos, lograron tomar a Eleonor, también a Candy, luego a Terry, el hombre al verse rodeado comenzó a retroceder.
― ¿Quién es usted?, ¿Por qué quería secuestrarnos?, ―exigía saber Eleonor.
Pero el hombre en su desesperación no atinó a ver hacia donde estaba retrocediendo y tropezó para caer por la baranda, ante el grito de horror de los presentes, pero no tuvo tanta suerte, si, aunque no lo parezca el caer del barco le habría sido mejor, porque Richard no perdonaría que trataran de dañar a su esposa e hijo.
El hombre solo cayo en la cubierta del piso inferior, siendo atrapado rápidamente por otros oficiales, quienes lo llevaron detenido.
― ¿se encuentran bien?, ―preguntó un oficial a Eleonor.
―en lo que cabe, supongo que si, por favor llévennos con mi esposo, oh Candy, si no hubiera sido por ti, gracias mi niña, ―agradecía Eleonor abrazando a Candy.
Madre e hijo no soltaban a Candy, los tres envueltos en un apretado abrazo que la niña devolvía a manos llenas.
La pobre pequeña estuvo muy asustada cuando se percató de que se los estaban llevando, en un inicio ella estaba buscándolos pues no los veía, hasta que escuchó un ruido y se acercó a las escaleras de servicio, allí alcanzó a ver el arma y no dudo en ir en contra del maleante.
Una mesita que estaba en el pasillo fue tomada por la niña y lanzada en contra del hombre, ella no iba a permitir que lastimaran a Terry, ni a Eleonor, luego simplemente se fue sobre el criminal, a diente limpio, el castaño no tardo en unirse y defenderse también al ver que ya no tenía el arma en su mano, luego Eleonor le daba de sombrillazos.
Ahora solo querían llegar a sus camarotes.
Continuara…
000
Hola, antes que nada quiero disculparme por tardarme en actualizar, como recordaran mi salud no ha estado de lo mejor.
Espero que disfruten el capítulo que les traigo, muchas gracias por su apoyo y por sus comentarios.
Aviso que la actualización de Un Giro Inesperado, tendrá que esperar a mañana si me es posible.
Feliz día, bendiciones.
