Aclaraciones: Los personajes pertenecen a la maravillosa mente de Rumiko Takahashi, yo los utilizo para mis fines perversos.
Esta historia tiene contenido adulto, lee bajo tu propio criterio.
Disfruta la lectura.
"Digno de amar"
Habitación temática
Capítulo 3: Sillón del amor
Kagome gritó fuertemente sintiendo cada penetración intensa y el agua cálida salpicando alrededor, estaba apoyada en el borde del Jacuzzi recibiendo a InuYasha desde atrás, él con una mano acariciaba su centro, con la otra se afirmaba de su cadera y la penetraba persistentemente próxima a hacerla explotar.
—Tan deliciosa—Alcanzó a decir, sintiendo que estaba por venirse, se detuvo y la hizo voltearse hacia él, Kagome solo con una mirada entendió lo que él quería, ella se arrodilló frente a él dejándose envolver por el agua hasta los pechos, abriendo su boca y elevando las manos para masturbarlo.
—Dámelo—dijo mientras lo masturbaba, InuYasha intentó sostenerle la mirada pero inevitablemente cerró los ojos cuando se derramó sobre su rostro y boca dejándose llevar al infinito por el placer, enterrando sus dedos en sus cabellos oscuros. Su gruñido intenso inundó la habitación.
Cuando se recuperó, Kagome se sentó en el borde del jacuzzi abriendo sus piernas, InuYasha se hincó para lamerla, la sensación del agua sobre la piel tras haberse ido lo sentía más sensible, le gustaba. Lamió a Kagome en su protuberancia profunda e intensamente en movimientos circulares hasta hacerla explotar en gritos de placer, aun después de su orgasmo continuó depositando besos dulces y lentos en el clítoris y labios llenándose de su sabor.
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Tras dos semanas habían nuevamente vuelto a la época moderna encontrándose en otra habitación temática.
InuYasha evaluó el particular sillón y sus curvas intentando comprender como se podría utilizar correctamente, escuchó que Kagome se estaba duchando y cantando mientras lo hacía, ella parecía muy contenta cada vez que regresaban y podía tomar ese tipo de baño, uno que él no podía ofrecerla en su época, aun así se esforzaba y había conseguido una olla gigante para que ella pudiera estar, lo más similar a la de la casa de la mamá de Kagome. InuYasha sacudió la cabeza volando gotitas de su cabello húmedo, él también se había lavado al llegar al motel, le gustaba ese hábito que Kagome le había enseñado previo a un encuentro, además sus músculos se relajaban con el agua caliente.
Se recostó sobre la cama extremadamente suave y blanda, esa también era una comodidad que no podía darle, soltó el aire lentamente pensando en que Kagome había renunciado a todo lo bueno de su mundo para estar con él. Por tantos años pensó que ser un hanyou era poco digno, hasta que ella apareció y le mostró que estaba bien ser como era, incluso eligiéndolo y permaneciendo a su lado.
— ¡Bu! —una Kagome desnuda lo sorprendió, estrujando su cabello sobre él, riéndose al ver su rostro genuinamente sorprendido—Te tomé desprevenido, jiji.
— ¡Keh! —InuYasha la agarró de las muñecas y atrajo su cuerpo desnudo abrazándolo, él llevaba solo la toalla en su parte baja, pudo sentir todo el torso desnudo de Kagome sobre él, empapándolo más y sus suaves formas acomodándose en él—Te tomé desprevenida—repitió con rostro irónico.
—Tonto—Ella se enderezó levemente para besarlo suavemente en los labios, el beso no tenía en ese momento intención de ser apasionado, solo era una caricia sutil y amorosa, sintió las manos de él subiendo y bajando por su pequeña espalda, eran cálidas, las garras hacían también leves caricias que le producían cosquillas placenteras, se separó para tomar aire— ¿Qué te pareció esta habitación, algo interesante? —frotó su nariz sobre la de él.
InuYasha evaluó la habitación nuevamente, las paredes eran de un rojo más intenso que su característico traje de ratas de fuego, habían espejos en puntos estratégicos colgado de ellas a la cabecera de la cama y a los pies de la misma, a un lado estaba el extraño sillón negro de curvas que había capturado su atención anteriormente.
—Eso—señaló el sillón con cara dudosa.
—Oh—Kagome se enderezó quedando sentada sobre él mirando a su costado—Podemos probarlo para conocer mejor como funciona—sonrió con mirada sugerente, no esperó respuesta de InuYasha, ella se adelantó en el movimiento frotándose sobre él solo separándolos la toalla, había notado la dureza de él en el momento en que se había recostado sobre su cuerpo, como si sus cuerpos en el instante que hacían contacto se desearan inmediatamente. Ella observó la reacción de placer de InuYasha al sentirla en ese sutil movimiento, las manos de él fueron directo a sus pechos, apretándolos y amasándolos primero delicadamente hasta intensificarse a medida que Kagome también hacia nuevos movimientos en ese jugueteo previo a tener contacto directo sus sexos.
Cuando Kagome sintió que era suficiente, retiró la toalla dejando besos sobre el estómago del hanyou quien solo suspiraba dándole todo el control a ella de la situación, la sintió descender debajo de su ombligo directo a su pene, que lo envolvió rápidamente con la boca haciéndolo curvar de placer, por automático los dedos se enredaron en sus negros cabellos mojados, sintiendo el calor de esa envolvente y dulce cavidad acariciarlo por completo con movimientos circulares, para luego ascender y descender con gran lentitud.
—Lo haces tan bien—murmuró en lo poco de cordura que le quedaba comenzando un vaivén con sus caderas para sentir más profundo, el sonido que hacía la boca de Kagome en su sexo estimulaba más sus sentidos sintiendo la presión y como se extendía corriente por su columna, sabiendo que podría reventar en cualquier momento ante los movimientos expertos que ella sabía hacer y esa lengua que danzaba alrededor en las caricias más exquisitas que jamás había conocido—Si sigues así me iré en tus labios como la otra vez…
—Hazlo—incitó, pero él se negó empujándola cariñosamente.
—Esta vez quiero hacerlo diferente—con un ágil movimiento, él la recostó quedando de estómago sobre la cama, InuYasha pudo entonces apreciar su nívea espalda y sus glúteos suaves, se inclinó para lamer entre medio de la hendidura, Kagome se aferró por automático a las sabanas soltando un gemido fuerte ante la estimulante sensación de su lengua sobre su trasero.
—Oh, eso es… muy—fue interrumpida por una nueva lamida entre sus glúteos que subió hacia el coxis, los nervios enviaron intensas olas de placer por su cuerpo, sintiendo arder su entrada vaginal rogando por tenerlo en su interior, pero InuYasha parecía en ese momento más interesado en las reacciones de Kagome ante cada recorrido de su lengua, disfrutaba mucho verla reaccionar así por él—Rico…—terminó de decir en un momento que logró tomar aire y soltó el gemido rápidamente ante una nueva caricia.
— ¿Y esto? —con sus dedos abrió más la ranura acelerando el ritmo de su lengua explorando cada rincón de ella, llenándose de su sabor particular y aroma que lo embriagaba, la deseaba tanto, su sexo palpitaba, podía sentir la lubricación que salía esperando hacer contacto con ella, pero aguantaría, quería saborear un poco más a Kagome y seguir llenándose de esos sonidos que hacía solo por él. Con cuidado se separó para chupar sus propios dedos y así introducir solo el índice con delicadeza para no lastimarla con su garra, afortunadamente se suavizaban en los encuentros sexuales. Sin dejar de lamer comenzó un movimiento lento con su dedo sumergiéndolo en todo su interior húmedo y caliente, ella reaccionó positivamente ante esto iniciando también un desliz de cadera, mientras lamía introdujo el dedo del medio, el pulgar quedó por encima acariciando entre su entrada y ano, los gemidos de Kagome se estaban volviendo intensos, cuando pensó que se iría, ella se logró zafar como lo había hecho el anteriormente—¡Hey!
—Nop, quiero probar eso—Dijo como pudo recuperando algo de la consciencia que tenía entre la calentura de su cuerpo, se enderezó y él la imitó—Tampoco estoy tan segura pero vi imágenes—InuYasha la miró curioso y ella de pronto se percibió a sí misma avergonzada, lo cual encontró una idiotez—Quería saber cómo se usaban, solo las había visto en imágenes—aclaro.
—Tú mandas—le dijo acariciando la cabeza y depositando un beso sobre su hombro. Kagome sintió un escalofrío recorrer su espalda con ese gesto, sentía la humedad palpitante y el deseo en cada poro de su piel.
—Siéntate aquí—le señaló sentarse en la parte del medio apoyando su espalda en la sección más elevada, ella entonces se sentó sobre él, sus ojos lo buscaron, apreciando la mirada ambarina oscurecida, adoraba esa mirada particular que era solo para ella—Eres tan hermoso…—susurró introduciendo el pene en su interior para que la llenara por completo—Tan…—se mordió el labio dejándose repletar por la sensación de tenerlo caliente y duro.
InuYasha dejó ir un gruñido al percibir todo su sexo envuelto por ella, jamás se aburriría de sentirla, en ese momento entendió la utilidad del sillón, quedaba más profundo y también podía frotarse con mejor facilidad con el bulto de Kagome, ella le había enseñado que se llamaba clítoris y que allí era donde mayormente sentía placer una mujer. Él buscó su boca mientras esperaba que ella se acostumbrara a tenerlo dentro, el beso a diferencia del primero esta vez fue absorbente y brusco, sus lenguas danzaron, los labios fueron mordidos y succionados, Kagome comenzó a moverse lentamente llenándose ambos de olas exquisitas, Kagome dejó parte de su lengua fuera disfrutando de la succión que InuYasha le daba con sus labios.
Lo sentía subir y bajar, su clítoris frotarse con sus pelvis y el beso capturando sus gemidos y ella los gruñidos de él.
—Oh, mierda—dijo InuYasha loco por como la estaba sintiendo
—Más… más profundo—le rogó ella mordiendo el cuello de él y aferrándose a su espalda—más duro…—perdió su voz en un nuevo gemido ya que InuYasha siguió su solicitud inmediatamente, gruñendo fuertemente, tirando del cabello negro hacia atrás, mordiendo el hombro blanquecino y perdiéndose en sus sensaciones.
¿Cómo podía ser tan deliciosa?
El aroma que emanaban juntos y cada sensación que invadía el entorno, ella con sus pechos rebotando y sintiéndola tan intensa, no podía pedir más, era todo lo que necesitaba.
—Kagome…-Suspiró cerrando los ojos adorando cada trozo de ese instante.
Lentamente el movimiento comenzó volverse lento, Kagome decidió esta vez colocarse de espaldas a él, recostando su torso en la parte menos inclinada del sillón, InuYasha quedó apreciando nuevamente su espalda y trasero acomodado sobre él, con cuidado la penetró esta vez con mayor facilidad debido a la lubricación de sus propios sexos.
—Me quieres matar—ronroneó tirando de su cabello esta vez, embistiéndola cada vez más rápido.
—Tú…me estas…matando a mí—dijo en un grito ahogado, tan duro y ardiendo en su interior de manera placentera, esta vez su clítoris se frotaba con el sillón, InuYasha tiraba de su cabello, con la otra mano se inclinó hacia delante y agarró su cuello apretándola mientras elevaba sus caderas y aumentaba la profundidad de la penetración, depositando besos vagos en la parte posterior de su hombro, mordisqueando y rezándole palabras incoherentes y perversas.
Mantuvo ese ritmo escuchándola gritar cada vez más fuerte.
—Me voy a venir…—Logró advertir la joven.
—Hazlo, vente rico—Gimió él—Que yo también estoy por hacerlo—su embestida fue más profunda percibiendo la tensión alrededor de él, las contracciones de Kagome y rigidez de su cuerpo por completo que también lo estimulaban más a él, la escuchó gritar fuertemente y entonces se permitió seguirla en ese orgasmo soltando su líquido y perdiéndose a sí mismo en ese momento y la noción del tiempo.
Solo un pensamiento se mantuvo en su mente, Kagome lo era todo.
Fin
