Las lunas de octubre eran las más hermosas de todo el año, podías sentir que la alcanzabas si estirabas un poco más allá tu mano. El conejo en la luna parecía estar esperando por la caída de la noche mientras estaba sentado.

El viento era fresco, aunque era otoño, no se presentían aún las lluvias de la temporada.

Sin las luces de la aldea, podía fijar su mirada al cielo, aunque su cerebro no llegaba a procesar porque la noche era roja.

Cuando había atardecido, había maldecido una y mil veces por la incomodidad que tuvo durante todo el día. Los pies hinchados, la espalda adolorida, su forma redonda llena de estrías tratando de levantarse rodando de la cama, el dolor en las costillas por las pataditas. Su esposo decía que debía disfrutar cada minuto de su embarazo, aún si era terrible, porque era un milagro de la vida. Milagro de la vida que no lo saque en este momento a presión, contestaba ella.

Oh... Cuanto daría por poder regresar en el tiempo, tan sólo una hora antes.

Miraba hacia el cielo recostada en el piso cuando la sintió llegar. Suspiro quedamente de alivio. Gracias a Kami.

- Niña tonta, ¿qué han hecho?

- Lo que teníamos que hacer, zenpan-san.

- …

- Sé que no tendrás aprecio por lo que hicimos… él y yo, pero…- el dolor se incrusta en su pecho un momento, necesita respirar profundo. Su visita no se mueve de su lugar, se queda de pie mirándola con sus ojos acusadores – por favor ayúdanos… ayúdalo

La visitante mueve sus ojos amielados alrededor de la capa de tierra destruida a donde habían llevado a la pelirroja. El olor a sangre, humo y muerte estaba por doquier, se notaba que habían dado todo de sí tanto su esposo como ella.

- Fue un hombre de máscara blan… - tose la moribunda -, no tengo mucho tiempo…- cerrando sus ojos mientras el frío proveniente de la tierra debajo de ella se metía entre sus huesos.

- En ese caso, deberías de decir lo que deseas y no divagar como de costumbre – respondió serenamente la otra figura.

- El hombre enmascarado lo libero… debió vigilarnos todo este tiempo… sup… supo exactamente cuándo atacar… - cada tos con menor intensidad y ánimos que la anterior- Quiero pedir un favor - susurra finalmente.

La figura encapuchada no deja de transmitir su chakra verde hacia la candidata a muerte, quien no deja de sangrar por el hueco del tamaño casi completo de su torso que deja ver la tierra ensangrentada debajo de ella. Sabe que, si deja de retenerla en vida con chakra, el shinigami parado a varios metros procederá a llevársela enseguida. Esto está tomando mucho tiempo. El shinigami no es conocido por ser paciente.

- Llévatelo… - no dice más.

- Eso no es un favor, no devolverás nada a cambio – contesta imperturbable la otra

- Por favor, llévatelo, no eres la mejor para cuidar niños, pero… él estará a salvo contigo – susurra más quedamente, quedándose sin aire en algunas palabras.

- Repito: no suena a un favor – responde en un tono más duro, casi regañando.

- ¿Me harás decirlo, … eh? Bi…bien. Tenías ra...razón. Debimos escucharte, pero teníamos la ilusión de que todo cambiaría. La guerra había termin...- últimas toses acorde a su piel grisácea – es todo lo que nos queda y aunque habrá muchos que querrán velar por él, ninguno podrá hacerlo como lo harás tú.

- … -

La figura misteriosa dirige entonces su mirada por primera vez al pequeño bulto que está a tan sólo un metro de distancia del cuerpo de aquel que podría haber sido un excelente padre.

Lo mira, sólo unos segundos, pendiente del shinigami, y camina hacia él, arrodillándose para destapar la mantita que lo cubre.

Es idéntico a él. Lástima.

Lo carga, no con la intención de llevárselo, sino colocarlo en los brazos de la que es ahora su cenicienta madre.

Con los ojos medio cerrados, enrojecidos por la esclerótica rota ocultando ambos iris grises violeta, la pelirroja siente a la bolita de calor colocada en lo que queda de su pecho y en sus brazos. No llora hasta que se da cuenta.

Es la primera vez que abraza a su hermoso hijo. Y también la última.

- Po…por fav..vor – susurra entre lágrimas de una madre rogando, las últimas que derramará.

Considerándolo, la encapuchada aún arrodillada decide abrir parte de su capa, mostrando su pecho revestido en cuero - ideal para cargar armas- mostrando el símbolo de la hoja en su chaleco.

Un nombre ensangrentado en tono azul eléctrico aparece de repente en el pecho de la mujer justo por encima de su traje, encima de su corazón, para después ser reemplazado con un tenue chakra aguamarina. Los ojos rojos de la pelirroja quedan extasiados ante el favor aceptado de la bruja.

- Arigatou…. – son las últimas palabras audibles que salen de sus labios agrietados, rotos, mientras le da el único beso de despedida a su hijo recién nacido.

En su inconsciencia semi permanente, los recuerdos de su vida aparecen justo frente a sus ojos: la primera vez que se raspo las rodillas en una fea caída, el rico helado que le daba la amable vecina que la cuidaba de vez en cuando, aquella vez cuando se enteró que tenía un demonio dentro de ella, el atroz acoso de niños maldosos…, cuando lo conoció, su primera pelea, su primer beso, su primera noche juntos, su boda, la cara de completo éxtasis cuando le enseño la prueba de embarazo. Abrió los ojos para ver a las bolitas de azul cielo que la miraban desde abajo de su cabeza.

Ojalá hubiera más tiempo, ojalá tuviera la oportunidad de regresar hacia atrás ni siquiera un día.

El último latido llega, lo siente en su aliento errático, es ahora o nunca.

Cuídalo bien onegai shi masu…- cerrando los ojos, sus últimas palabras, intentando alcanzar con su mano a la de su rubio esposo.

Aishi te iya masu – te amo…

El shinigami no tardo en tomar el espíritu y desvanecerse en la quietud de la noche.


Días después, enfrente del espejo del baño, puede ver impresas, frescas, las palabras que sabe que han sellado el resto de su vida. Su propia mirada, confusa, sin saber si hizo lo correcto.

Finalmente, sonríe por la ironía. Debías tener la última palabra, ¿no es así?

En su pecho, un lugar reservado únicamente para honoríficos, un recordatorio de su último deber:

Naruto.


Un suave ronroneo me trata de arrebatar del dulce abrazo de Morfeo.

Deseo que el dios del sueño me retenga un poco más, pero Bastet es una criaturita que se enoja con facilidad, sé mejor que fingir estar dormida, pero con tal de molestar al peludo soy muy capaz de hacerlo.

- Hambre

- …

- Hambre

- …

- Hambre

- …

- Hambre

- …

- Hambre

- …

- Ya dale de comer o mataaaaalo, lo que sea primero por favorrrrrrrr… - dice Naruto somnoliento desde su cama.

- …

Me avienta una almohada. Sigo sin moverme.

- Hambre

- Es tu gato, dale de comer.

- …

- …Hambre

- ¿Es lo único que sabes decir tonto gato?

- …

- … Hambre

- Si tanto quieres comer, comete tus colas.

- … Hambre

- …

- Hay una lata de comida para gatos en la cocina

Y ese fue el punto de quiebre de Bastet. Clavo sus delicadas garras gatunas en mi estómago.

Bastet odia, con fervor y en mayúsculas, la comida enlatada de gatos.

- Sabes que por eso te daré ahora las croquetas que te trajo Yuki-chan, ¿verdad Bastet?

Croquetas de Yuki-chan, la segunda cosa más odiada por el micifuz después de la comida enlatada.

- Trata de jugar con mi comida y haré que tu cacería de hoy sea interminable.

Las palabras de Bastet no son vacías. A Naruto y a mi nos ha hecho correr durante horas por el simple hecho de estar aburrido. Maldito felino. Hace años estaría en lo alto de mi armario transformado en estola si no lo amará tanto.

- Estoy levantándome.

Naruto sigue acostado boca abajo en nuestra recámara.

Desde que dejamos de utilizar los tatamis para dormir – no le veíamos diferencia al suelo -, la cama, que realmente son dos tamaños King size sólo que unidas por fuertes estambres, se volvió un hábitat más que aceptable de descanso especialmente después de un día intenso de entrenamiento, justo como el de ayer.

Atravieso nuestra habitación de seis por tres para pasar al pasillo que lleva al baño. Nuestra casa de una planta es una linda cabañita, que, a los quince meses de irse nuestra guardiana, decidimos modernizarla.

Siempre fue grande pero austera, más por simpleza de la anciana que por comodidad. Nos enseñó a ser humildes, pero con el tiempo descubrimos que ser humildes era una definición muy distinta a ser codos y perezosos.

El baño lo modificamos con una tina de porcelana cerrada al suelo completamente, una belleza a mis ojos, la compramos en uno de los mercados sobre ruedas que encontramos cerca de Kumogakure. Fueron tres días de caminata ya que debíamos aparentar normalidad civil, pero valió totalmente la pena.

La regadera la colocamos en una de las esquinas laterales al mingitorio con un cancel de cristal templado cubierto por dos lados. Los muros están forrados con piedra pulida, el techo sólo con tres vigas de madera sobrepuesta con el fondo pintado de blanco.

Colocamos tablones sacados de troncos gruesos de árboles grandes. Tanto para los estantes como para los muebles. Teníamos un espejo que abarcaba dos terceras partes de la contra pared a la tina, debajo de él, dos lavatorios hechos con cemento pulido pintados en negro, y para la letrina, una taza de baño de tanque bajo igualmente de porcelana. El suelo de madera de teca, fue difícil conseguirlo, ya que sólo se podía conseguir en la parte noroeste del país del fuego. Tuvimos que pedirlo por encargo a uno de los comerciantes frecuentes del pueblo el cual cobro un ojo de la cara, pero fue un gasto totalmente valorado.

Considerando que tenía el mismo tamaño que nuestra habitación y en tonos amaderados y blanco, era una delicia tomar largos baños de tina los días lluviosos. O incluso ahora, mientras me lavaba los dientes deseaba tomar una ducha de primera hora.

Estaba en mi extremadamente difícil primera decisión del día, cuando de nuevo:

- Hambre

- Cállate lo…fdnd…co. ¿Me ..ras? Tengo me..snsgsks..nos de 5 minutos despier..g…ta – mi cepillo de dientes estorbando mientras hablaba.

- … Hambre – Rodee los ojos. Este neko y su hambre serán mi clímax de destrucción un día de estos.

- Ya ya, estoy en ello.

Termine de lavarme los dientes sin mi sagrada ducha, directa a la cocina.

Proseguí por el pasillo, hasta llegar a la sala, una linda estancia en donde la chimenea y los sofás acolchonados estaban 50 cm por debajo del resto de la casa divididos - por un escalón con el comedor - y a la que al techo le di más altura que las recámaras llegando así a los 3.5 metros, era nuestro nido principal. Especialmente porque llenábamos el lugar con frazadas, suéteres y cualquier cosa que creíamos caliente para las tardes ventosas y podías ver el patio trasero gracias a que sustituimos la pared corrediza clásica de madera y papel, por una de cristal templado, lo que permitía que pudieras estar en la sala cualquier día y mantener cerrada o abierta la puerta directa al jardín de sakuras sin perder comodidad por la situación climatológica afuera de casa.

Tanto el pasillo, las habitaciones, cocina, sala, todo dentro de la casa, tenía el mismo piso de madera, conteniendo el calor para nunca quedar congelados.

Los muebles y estantes eran de distintos tipos, colores y tamaños de madera. Estos los habíamos ido coleccionando durante los años, ya fuera porque estaban aquí desde nuestra llegada cuando niños o por las compras de los carnavales.

Todos los miembros de la casa estábamos muy contentos del enorme cambio a como se veía el lugar. No es que fuera lúgubre – que si lo era -, o que pareciera pobre – que también lo era -, o que parecía nido de ratas – Bastet tenía un gusto muy refinado por ciertos tipos de roedores -, pero nos gustaba más definitivamente cuando la modificamos.

La sala y comedor estaban prácticamente en el mismo espacio siendo este último una mesa de madera, un tablón grande, ancho como de doce centímetros, que solo revestimos con un corte transversal de mango, resina, tintas de alcohol y una base de teca. Visto desde cualquier ángulo parecía madera vestida de vidrio.

No éramos ostentosos. Las cosas que teníamos eran en su mayoría hechos por los aldeanos, que, a cambio de nuestros favores, nos pagaban con lo que ellos podían ya que tampoco gustábamos de cobrarles. Si supieran que estaban en peligro por nuestra culpa entenderían porque nos negábamos tanto a recibir sus regalos.

La cocina estaba a plena vista de la sala y comedor ya que no había paredes entre las 3 estancias, teníamos una isla en donde se encontraba la estufa y el desayunador, y una larga ventana que daba al jardín de la entrada principal. Al igual que el comedor, los muros de la cocina eran de madera reforzada con algunos sellos de silencio y protección que tanto nuestra anciana, Naruto y yo le hemos colocado.

Supongo estaba muy lenta esa mañana, porque Bastet tuvo la osadía de morder mi tobillo.

Que ya, me estoy apurando. ¡Sacacorchos! – No nos levantó esta mañana, e incluso Bastet fue quien nos despertó por lo que debe de estar en su huerto.

- Hambre.

- Mírame, ya estoy calentando tu comida gato.

- Iie, no quiero las sobras de la cena esclava, quiero comida… nueva.

- Bastet, quieres comer, pero no quieres lo que ya hay, dime que quieres de mí.

- Comida nueva, no me gusta repetirme esclava – Ronroneaba a travesándose entre mis pies, las puntiagudas orejas haciéndome cosquillas hasta la cadera.

- Lo haré pero tardará, dile a tu amo-estomago que espere – le dije mientras me terminaba de poner mi delantal y abrir el refrigerador para ver que podía preparar para desayunar. Bien, ese cacharro viejo ya había conectado la arrocera y el agua para el té.

- ¡Comida ya! – Bastet seguía mordiendo mi pierna.

- Apoyo la moción – Dijo bostezando Naruto caminando hacía nosotros saliendo del pasillo rascándose la panza.

- A sus órdenes, aquí su sirvienta Sakura-chan lista para recibir su pedido caballeros - sarcásticamente respondí mientras movía mi mano para mandar a la estufa la sartén, al tiempo que pedía una breve chispa dentro de la estufa y empezar a calentarla.

Con otro breve movimiento, más agua salió de la llave para ingresar dentro de la cacerola donde prepararía el miso y las huevas de abadejo, al tiempo, empecé a preparar el pescado que atrapamos ayer.

- Carne de zorro – Ronroneo Bastet, hablando que al mismo tiempo que Naruto

- Yo quiero ramen

- … -

Bastet y yo volteamos a mirar a Naruto, ambos entrecerrando los ojos. Todos hablando a la vez:

- ¡Ey! ¡No me comerás gato! Ni siquiera podrías saborearme bien….

- No, nada de comida chatarra Naruto.

- Comida de verdad esclavo.

Hablamos al mismo tiempo mientras el rubio dejaba caer los hombros en clara señal de derrota.

- Enfermaste la última vez que comiste eso, y no volveré a atenderte durante tres días seguidos en tus alucinaciones.

- Corrección, el ramen no enferma, ese mueble quiso cambiar la receta y le agrego tupinambo en lugar de un jengibre; y segundo, no me atendiste, me diste una manta, me aventaste a la cama y me dijiste que no me atreviera a salir de la recamara hasta que dejara de pudrirme.

- No te hubiera dicho eso si no te hubieras comido los tres kilos de ramen en una sola exhibición.

- Apestabas zorro… más de lo normal, eras como el vómito lanzado por un ciervo recién nacido. Repugnante – el adorable de Bastet haciendo una mueca de asco sacando su larga lengua mientras imitaba a Naruto enfermo.

- "Me muero" decías, "no lo lograré Sakura-chan, por favor trae tinta y papel, diré mis últimas palabras… y trae una bacinica… ohh, no llego al baño" – Bastet repetía cada palabra que había dicho el rubio mientras convalecía. De alguna manera, se las arreglaba para sonar igual de patético que mi hermano.

- No le hice así – gimió el rubio cuando vio al gato negro retorciéndose en el piso haciendo una imitación increíblemente idéntica a un Naruto moribundo.

- Y luego soltabas pequeños pufs, hasta ya no aguantaste más y te dejaste ir Naruto – agregué riéndome al recordarlo.

El tupinambo es un excelente sustituto para el jengibre que justo se nos había terminado, así que sacacorchos había hecho un delicioso ramen con él. El problema es que Naruto no tiene llenadera y se comió la mayoría del ramen ese mismo día. Poco sabía el pobre que el tupinambo, además de ser fuente de probióticos, también tiene características diuréticas. Provoca exceso de gases. Naruto no tuvo salvación ese día. Se inflo más y más como un globo al punto que tenía muchas ganas de sacar la aguja de confección más grande que tenía y pincharlo. ¿Explotaría?

Tuvimos que encerrarlo en la recámara. Que muriera con su propio veneno.

Viéndose derrotado en número, hizo lo único que puede hacer en estos casos. Dar lástima.

- Sakura-chan… - y lo hizo otra vez… me miró con esos ojos de borrego a medio morir, tan grandes y adorables que su iris azul cerúleo se veía tan claro y tierno.

No importa que haya cumplido justo los diecisiete años o que haya crecido más este último año, llegando al metro con 77 y yo me haya quedado en el metro con 61. No importa que haya acabado de salir de la cama y su cabello siga rebeldemente mañanero. Sólo importa que me ve suplicante, y como siempre, funciona. Y él lo sabe, cada vez.

Estoy a punto de tomar otra cacerola para su ramen cuando – por quinta vez - mi lindo gatito me muerde.

- Comida real primero esclava, luego la de la mascota.

Naruto está a punto de ahorcar a Bastet cuando intenta alcanzarlo para darle una lección y por su lado, mi gato ha sacado las garras acostumbrado a ser perseguido por el rubio.

Naruto ha tenido cerca de una década para aprender las mañas de Bastet. Mi gato no es uno que se conforme con ser la segunda prioridad de su esclavo, en este caso yo, inocente criatura que no sabía en lo que se metía al adoptarlo, mi yo mental sosteniendo un pañuelo secándose lágrimas de cocodrilo.

Bastet supo desde el minuto uno el secreto de mi hermano resguardado en su interior. Parecieran ser enemigos naturales, porque siempre han tenido este tipo de rencillas en donde solo ponen de excusa mi atención para poder pelearse a gusto donde sea que se encuentren. Creo que a veces, aunque Naruto sea inconsciente, la bestia dentro de él también le encanta ocasionar peleas con Bastet.

Lamentablemente, debo aceptarlo. Me encantan que peleen entre sí. De esa manera soy libre para seguir haciendo mis cosas tranquilamente mientras esos dos se matan mutuamente.

Bastet emprende la huida desvaneciéndose en el aire, Naruto maldice y empieza a olisquear el aire, capturando el olor del gato, rehaciendo el camino por donde huyo.

Empieza a atravesar la sala, el comedor, se va por el pasillo y regresa. Están así, jugando al gato y al ratón unos buenos veinte minutos.

Estoy a terminando de colocar los platos en el desayunador, - el de Bastet en su silla favorita - cuando entra nuestro cacharro infernal.

- ¿Dónde estabas? – le reclamo en cuanto su pata de palo entra por el cuarto de servicio, al lado de la cocina.

- Buenos días a ti también – me contesta en lenguaje de señas – esta preciosa madre hoy.

- Bastet tenía hambre – le respondo ya sentándome enfrente de mi plato, justo frente al asiento de Naruto en el desayunador

- Las fresas estarán pronto y también la composta se está terminando – me ignora flamantemente, mientras continua su propia conversación.

Sacacorchos es una imitación de un kodama en un cuerpo físico. Un árbol. Bueno, un árbol no sería la definición completa ni correcta. Es un perchero de 4 brazos de tres pies hechos de madera.

Cuando niños, Naruto y yo siempre perdíamos las cosas porque éramos muy desorganizados. Un shinobi siempre debe de ser disciplinado, regla 11 Shinobi, pero sólo lo aplicábamos a nuestros entrenamientos y armas en general fuera de casa. Dentro de casa, era muy distinto. Se nos regañaba – entiéndase como tortura - por ser desordenados, pero ciertamente sólo repetíamos lo que veíamos. Ella tampoco era muy organizada que digamos, pero al menos ella "sabía dónde dejaba las cosas a diferencia de nosotros".

Después de la décima u onceava vez en que nos dejó varados enredados en un nido de cientos de Theraphosa blondi, entendió que sólo tenía dos opciones, enfrentarse al hecho de que había fracasado como torturadora-educadora o reconocer que habíamos aprendido de ella nuestro gusto por el caos.

Se fue por la decisión más obvia. Estábamos a punto de ser devorados después de haber sido drogados con té de infusión de pasiflora cuando Bastet intervino por nosotros.

- Dales un sirviente – Naruto y yo nos quedamos quietos y confusos.

- Zenpan-sama lo miro desde su asiento, justo al lado de él, en la alta roca donde nos veían maniatados, tratando de zafarnos para escapar del oso.

- Cuando estén más ocupados, no podrán seguir tus instrucciones sobre el orden y la limpieza, son como son – continuó abogando por nosotros, ¿Quién es un gatito lindo y adorable?… te prepararé salmón salteado hoy mismo.

- Necesito a mi esclava dispuesta a mí - come caca Bastet - y en caso de que ella falte, necesito que el zorro se vuelva mi sirviente, un reemplazo más que aceptable

- Nif enf tufs mejorfefs sgueñfofs gatof locof – Refunfuño mi hermano, indignado desde su mordaza.

- ¿Cómo propones esto si ni quiera tú eres tan inconsciente ante la presencia humana? – ignorándonos completamente, zenpan-sama cuestiono.

- Nunca dije que un sirviente humano

Yama-uba lo miro. Cada vez que esos dos se quedaban viendo a los ojos era un digno recordatorio de que en el mundo las bestias más crueles tenían tiempo para juntarse y hacernos la vida de cuadritos a Naruto y a mí.

- ¿Cómo no quisiste gobernar al mundo? – Ella jamás decía su nombre, así como él era el único capaz de tutearla.

- Es más divertido ver, desde una nube privilegiada, a la humanidad lanzarse por el acantilado en la búsqueda de conceptos tan patéticos como el poder y la libertad– Lamía su patita negra al tiempo que yama-uba aspiraba levemente de su pipa.

Ambos se quedaron un rato más en el bosque, sintiendo la vida florecer en alguna madriguera o escuchando en el aire las voces de los pájaros cantores y de los jóvenes árboles chismeando buenas nuevas…

… Por si a alguien le interesaba, Naruto y yo pudimos escapar amoratados por la fuerte caída que dimos al rodar por la cascada fuera de la cueva del papá oso que nos perseguía…

Así nació la idea de un sirviente no humano, uno qué en teoría, debía evitar el caos dentro de la casa sin estorbarnos.

No regañarnos como una mamá gallina loca por el orden. Una cruel broma del karma, gracias Bastet.

Tardamos mucho tiempo en la creación, tarea impuesta a Naruto y mí; él se encargó de la combinación del sellado, y cuando la tuvimos, no teníamos un objeto donde aplicarlo.

Y ahí, mientras curaba al albañil del pueblo en su casa, lo vi. Un perchero.

Era perfecto para nuestro proyecto, así que eso fue lo que pedí como pago por la reinstalación de un hombro dislocado. No falta ser un genio para saber cómo me miró el paciente.

En fin, nos dedicamos dos semanas enteras en prepararlo. Sus extremidades terminaban en unas bolas redondas de madera por lo que antes de sellarlo, utilice ninshu para modificar sus extremos de tal manera que fueran más parecidas a unas manos con dedos incluidos.

Para que se le facilite lavar el baño. Después pensamos, ¿porque sólo limpiar? No nos limitemos, decíamos. No lo limitemos, decíamos. Que sepa hacer de todo un poco, pensamos ingenuamente.

Yama-uba nos veía desde su sofá, lo recuerdo bien, acariciando a Bastet mientras este ronroneaba en los brazos de la primera. Con la chimenea en apogeo, las llamas jugando en ambos rostros, provocándome escalofríos en la columna vertebral.

Cuando finalizamos de sellar al perchero, pensamos que estaría resuelto el tema de la limpieza en casa.

Oh… pero que inocentes tontos fuimos.

Pero aquí va otra lección aprendida del Fūinjutsu. Al inicio es una sensación de satisfacción al tener éxito en uno de los sellos más complicados que habíamos realizado, no sólo es colocar sellos por colocar, sino darles sentido y lógica a los símbolos sin que se anulen entre sí. No puedes colocar que quieres que el elemento fuego salga al mismo tiempo que el elemento agua porque lo que tendrás será neblina, cuando lo que buscabas era un ataque combinado donde ambas energías fluyan como una sola cual flecha circulante. No. Debes de ser cuidadoso, porque símbolos yang no deben de ir en contra de los ying, y tomar en cuenta si quieres agregar chakra natural por lo que necesitaría revisión y mantenimiento constante porque dependerá de su entorno o prefieres tu propio chakra aunque necesitarías la cantidad exacta para mantenerlo activo sin tener que dar mantenimiento, etcétera, etcétera.

Todos estos, elementos que teníamos presentes pero separados. Como cuando estudias las razones de la primera guerra shinobi o el Sengoku Jidai, pero no es hasta que conoces los clanes que participaron y cuantos dieron estúpidamente su vida que más o menos comprendes la importancia de los tratados y certificados comerciales – no de paz - en el mundo actual.

Todo salió conforme pedimos literalmente el sello. Pedimos que fuera un ser cuya razón de existencia fuera el orden y la organización; que se encargará de todo aquello que se considerará una amenaza contra el anticaos dentro de casa, a esto último dándole cierto potencial de un kodama para poder comunicarse con nosotros en caso de algo que no pudiera entender.

Y así fue. Fuimos demasiado… literales.

La primera vez que quisimos comprobar la funcionalidad del perchero, le pedimos que abriera una botella de agua mineral. Grasso error. No abrió nada, simplemente parecía quedar de pie sin hacer nada, hasta que Naruto se desesperó:

Sacacorchos inútil… pfff… tanto para nada – dijo Naruto tomando la botella, frustrado porque pensamos que no había funcionado.

El rubio de nueve años tomo la botella y la abrió tirando el corcho al suelo. Fue entonces cuando el perchero actuó, colocando sus dedos en forma de garras teniendo por objetivo a Naruto. Entonces nos dimos cuenta, el sello tigre que colocamos: "se considerará una amenaza" …" encargar". ¡No!

Al mueble con vida le tomo años poder comunicarse con nosotros, le tuvimos que enseñar ambos lenguajes de señas que yama-uba también nos había inculcado. El normal y el shinobi. La única cosa que se nos había olvidado programarle era el hecho de que no debía mostrarse ante nadie más que los miembros de la casa.

Cuando llegaba alguna persona en búsqueda de medicina o la ayuda prestada de Naruto, el perchero quería salir a saludar. Sí, porque al parecer el chakra de Naruto lleva en cada gramo de su esencia ser una mariposa social. Alma cursi.

Tardo mucho tiempo para entender que nos pondría en peligro si alguien lo veía ya que, para un civil normal, vería a un perchero de tres patas, sin ningún tipo de manipulación externa, caminando, barriendo, cocinando y tendiendo la ropa. E incluso si nos atrapaban en un buen momento, podrían verlo ayudándonos a entrenar en taijutsu, porque sí, esa fue una genialidad que se nos ocurrió a última hora. Ser una ramita elástica tiene sus ventajas.

Cuando le preguntamos por cuál nombre quería ser llamado, nos dijo: "Sacacorchos". Interrogantes, lo miramos, ocho pares de ojos observándolo: Yama-uba, Bastet, Naruto y yo. Tuvimos que preguntarle porque él no respondía si no preguntabas directamente.

Su respuesta: "fue la primera palabra que escuché".

Mientras hacía memoria de la rutina que debía de hacer el día de hoy, Naruto entendió que Bastet ya tenía rato sentado en su silla alta frente al desayunador, así que se sentó inclinándose sobre su plato de ramen recién hecho, dando una calada profunda y soltando un ruidoso suspiro. Drama queen.

Sacacorchos empezó a lavar las cazuelas que utilice para el desayuno. Lo que sea de cada quién, tenía una paciencia para los platos que ya quisiéramos cualquier humano. Podré usar chakra natural para ensuciarlos, cocinar en ellos, pero lavarlos, ¡jamás! No caería en algo tan bajo.

- Sakura-chan, ¿podemos dejar para mañana la práctica de hoy por favor? – me dice una vez que ha tragado su bocado de ramen. Tardo años, pero al fin entendió que le espera si vuelve a hablar con la boca llena.

- No.

- … pero ¿por qué?

- Porque hoy toca katōn, tenemos que reforzar, no lo tienes tan avanzado como el fuuton - El fuuton se le daba como respirar, pero el ninjutsu de fuego le costaba aún mucho trabajo controlarlo sin sellos.

Habíamos progresado muy bien durante los años, y a partir de esa conversación con Bosu-sama hace un año, nos dedicamos en cuerpo y alma a arrastrarnos diario al campo. Bastet, e incluso Bosu-sama, se encargaban de exigirnos, de hacernos ver nuestros puntos débiles. No podíamos relajarnos, no ahora.

- Yuki-chan me había pedido que la ayudáramos con su proyecto de invernadero, podríamos ayudarla. El katōn estará ahí siempre, en cambio Yuki-chan debe entregarlo pronto.

- …

- Sabes que quieres ayudar

- …

- Sabes que es un buen proyectooooo- dice canturreando

- …

- Sabes que todos los demás serían hechos por mamás meticheeeesssss…

- …

- ¿Sabes que el premio son diez kilos de arroz, diez de trigo y diez de atún?

- Esclava, tienes que ir y ganar la matanza.

- … ¿Qué tú quieres qué? – mis ojos entrecerrados mirando a mi gato.

- Regalarán trigo al ganador, Yuki-chan nos daría la mitad. Con el trigo se puede hacer harina, con harina se puede hacer pan, pan para los comederos de aves – Sacacorchos nos habló con sus manos explicándonos los multiusos del premio - Con la harina se pueden hacer también galletas, podemos hacer galletas…envenenadas… y entregárselas a esa cosa. Así puedes callar – eternamente - a esa criatura del demonio – dijo señalando hacia Bastet.

- Pero que buena idea, la apoyo totalmente, ¡dame esos cinco, amigo! – Naruto enseñando su palma a sacacorchos intentando chocar sus "palmas". El mueble no se movió, seguía sin entender esa referencia.

- Sigo sin entender esa referencia. – Lo sabía.

- Mira, tienes que levantar tu palma así y entonces… - me desconecté de la conversación cuando vi que Bastet me veía muy seriamente.

- ¿Qué? ¿tampoco entiendes como chocar los cinco? – miré su patita negra peluda, pero no me respondió, sólo me seguía mirando seriamente sin seguir sorbiendo su mini sopa miso.

- Oh, ¿en serio, tu patita no sabe dar los cinco o te comió la lengua el ratón? – seguía sin responderme. Fruncí el ceño.

- ¿Bastet?

- …

- ¿Neko-san?

- Iie.

- ¿No?

- No vayas a envenenar mis galletas.

Mi mente se quedó en blanco. De todo lo que podían decir los tres machos, bueno dos machos y un no binario en casa, no esperaba - que de todas las batallas que podíamos pelear y salir victoriosos -, quisieran que fuéramos detrás de unas competitivas mamás y sus diez kilos de trigo.

- Lo haré – Contesté en voz alta a mis pensamientos.

Cuando termine de hablar, las respuestas fueron inmediatas:

- ¿En serio? ¿Al fin lo matarás? – Naruto estaba extasiado

- No lo harás, no tienes las agallas – señalo con las manos el mueble viviente.

- Te desgarraré la garganta primero mientras duermes – contesto fríamente Bastet.

- … Me refiero a competir con Yuki-chan por el apestoso trigo y el atún – puse los ojos en blanco, levantándome del desayunador mientras mi plato y cubiertos se elevaban en el aire directo al lavabo.

Uohh… ya estaba planeando enterrarlo detrás del huerto – Naruto bajo sus hombros, decaído

- No te lo permitiría, los narcisos necesitan agua y abono limpio, las cosas así de podridas enfermarán a madre – contesto sacacorchos. Él siempre se refiere y referirá a la tierra, como madre al igual que Bosu-sama.

- Por favor, jamás les dejaría acercar sus asquerosas garras e imitaciones de salchihas de puerco a mi cuerpo, primero el deber ser es que mi sirviente es quien me velará como indica el shinigami mayor, atada a mí, dejando su cuerpo terrenal y este plano, asegurándose de que he llegado a salvo con Kami-sama para posterior entregar su servic …- dejé de escuchar cuando cerré la puerta del baño.

Era hora de esa merecida ducha.

De cualquier manera, esos diez kilos serán nuestros, ya sean ganados por la buena o proporcionados a la mala.

No fue hasta que escuché el chapoteo en la tina que di la vuelta en mi semi desnudez para recibir la vista etérea de uno de los nietos consentidos de Seiryu-sama, trayendo consigo un cruel recordatorio del mensaje que de hace apenas medio año de Bosu-sama:

Madre llora por la caída de su quinto hijo más amado.

Sin lugar a dudas, Yuki-chan tendría que esperar. Algo más urgente estaba a punto de llegar a nuestra puerta.