Capítulo 5: Ojo por ojo, y el mundo se quedaría ciego
Era una sensación paralizante.
No era tarde, ella lo sabía, no aún, pero la espera ponía a prueba a sus sentidos, exigía su completa atención, alerta y expectante.
No era necesario recordar sus preocupaciones cuando las tenía a la vista.
Su hijo, su hermoso y distante pequeño, era su orgullo, pero no por las razones que creía su marido. Él siempre decía que sería el protagonista que renovaría la grandeza que tanto ansiaban, cuando - desde joven - activo tan poderosa maldición familiar.
Ella lo sabía mejor. Su retoño de ahora metro cincuenta, no deseaba la grandeza o el renombre de su apellido, ni siquiera gustaba de la riqueza de la familia, no cuando lo acostumbraron a ver las desgracias humanas a las que se sometía un shinobi de su calibre.
Sólo Kami-sama sabe cuánto han visto sus serenos ojos.
Ella lo adoraba por el simple hecho de ser su hijo. Era simple. Una madre no necesita mayor razón. No importaban sus catorce adolescentes años, él siempre sería el hijo de mamá porque ella no dejaría que él se alejará más de su hogar. Ella era la responsable por el olvidado sustento como madre, más vista hoy día como figura de autoridad que como un ser de apoyo y afecto.
Lo había decidido, especialmente después de la noche anterior.
No hubo cena en familia. Hubo nuevamente una junta innecesaria - tensa - obligatoria con el resto de su familia.
Ella, como su arraigado deber, atendió como anfitriona. Escuchó cada palabra llena de rencor y odio de aquellos que una vez juraron cuidar, pero como buena esposa y mujer de su linaje no dijo ni una sola palabra. Ni a favor ni en contra.
En cambio, ella observó. Cada cara, cada palabra no dicha, bocas fruncidas, cejas levantadas, todos aquellos que creían celar cada expresión de su rostro, pero se descuidaban. Ella ya tenía sus sospechas sobre algo que no cuadraba.
Ella entendía la frustración que sufrían en el corazón de todos, ¿cómo no lo haría? Ella quería pelear en su momento, gritar por la inadecuada decisión de inacción que provoco la remoción de la mayoría de sus servicios dentro de su lugar de residencia.
Aun así…
No era posible que la mayoría de aquellos civiles dentro de su familia presentarán emociones negativas ante la propuesta que se estaba fermentando dentro de los concejales. Se notaba en cada mirada de miedo bien escondido y los nervios reflejados en la piel de gallina como falta del control que gozaban los hombres bien entrenados de su estirpe. Todos pensamientos con los cuales ella estaba secretamente a favor. Un paso en falso y los inocentes pagarían.
Por el otro lado, sólo ciertos individuos estaban a favor de esta ridícula estrategia. Desafortunadamente, esta minoría se componía de la alta jerarquía, los ancianos; la tradición exigía completo y total respeto a su autoridad, obedeciendo a la brevedad, socavando cualquier duda.
Los ancianos saben lo que hacen, no se cuestiona. Jamás. …pero, aun así, ¿es esto imposible de conciliar? ¿No hay otra manera?
Lamentablemente, estas mismas esferas habían llegado al corazón de su hogar. El hombre con el que había compartido los últimos quince años de su vida, aquel cuyo nombre estaba tatuado a fuego dentro de su corazón, por quien metería las manos al fuego, estaba siendo envuelto alrededor del dedo meñique de este grupo revolucionario. Le dolía ver como su querido anata se veía reducido a una marioneta cuya voluntad está siendo encausada a un camino muy peligroso. Altamente peligroso.
Su esposo se estaba convirtiendo en un victimario; su hijo, en una víctima.
Pensamientos oscuros llenaban su mente mientras observaba a su orgullo sentado en la parte delantera del antiguo recinto, en los tatamis tradicionales justo enfrente de su padre.
Presentó su informe semanal. Sin cambios, sin negociaciones, sin reformas. Sin milagros.
La tensión que se vivía dentro del kakoi hacía prácticamente imposible respirar. No sabían cuanto más podrían aguantar sin que alguien o algo se rompiera.
Más allá de eso, capto algo que conscientemente no había querido aceptar. Su hijo se estaba cerrando. Lo sintió en sus huesos como el frío del invierno, él miraba sin mirar a los ojos de quien le dirigiera la palabra.
Sabía que alguien o algo se rompería primero antes de toda esta falacia.
Pero primero lo primero.
- Setsuna-san ha solicitado mi asesoría para la celebración del Nagasaki kunchi. Requiere consejo con la estimación del nuevo menú. Gusta de incluir hashimaki y el nuevo orden de asientos conforme la promoción de Tenji-sama – comento con voz suave y tranquila. Nadie, ni siquiera su temido otrora sensei de T&I, podría haber adivinado, a través de su tono plano, que todo lo dicho era una flagrante mentira.
- …Tenemos que en orden de prioridad las necesidades a las que debemos apegarnos. Una festividad tan mundana no debería de mantenerte alejada de nuestro objetivo, aún más cuando estamos a días de implementar el nuevo orden – comento su marido con voz apagada, el hombre dejo de escribir momentáneamente para levantar su mirada oscura y fijarla en su rostro.
Nagasaki kunchi es una festividad que se celebra sin falta todos los años para iniciar la tercera estación. Los preparativos deben de estar aprobados por el jefe del clan y eso lo saben aquellos de quienes sabes que tienen sus ojos sobre nuestra casa. Si deseas que empiecen a tener dudas sobre sus propias deducciones, que sus sospechas se dirijan hacia la información que ellos mismos tienen, lo ideal es continuar con los planes de festividades mundanas. Nadie pensaría que una estratagema se está gestando cuando se planea una celebración de alta clase aplicada para la misma fecha – en la soledad de su estudio, sabía que podía tutearlo.
El hombre miro a su amada hime. En la intimidad de su hogar, él estaba acostumbrado a que nunca se guardara nada. Tenía tal lengua afilada que sólo aminoró -levemente- cuando dejo su banda que la reconocía como operativo ANBU.
Los años habían sido bondadosos con ambos; sin embargo, a ella la habían convertido en un ser más etéreo, que en lo que parecían sus mejores años de entrenamiento. De belleza parecida a las representaciones visuales de Amaterasu Ōmikami-sama, asentuado fieramente por el aire noble que parecía haber heredado a ambos vástagos suyos.
Ella tenía razón, por supuesto, siempre la tenía. Sabían que algunos operativos de su propio pueblo tenían la vista puesta en ellos, y tenían fuertes – seguras – sospechas de lo que estaban planeando para finales de octubre.
Decidió que de cualquier manera ella necesitaba distraerse. La ha estado observando durante días y sabe que algo perturba sus pensamientos, los mismos que lo plagaron a él al inicio de su próximo movimiento masivo. Ella necesita tiempo para adaptarse. Es todo.
- Adelante, tu decisión sobre el festín será suficiente distracción por ahora. Mañana definiremos los nuevos roles de los miembros del núcleo a partir del siguiente mes – no hubo opción para preguntas cuando finalizo su discurso.
Asintiendo una sóla vez, la noble señora de la casa recogió la bandeja en la que había servido el karamono para su consorte, saliendo del estudio.
Ella había visto en la salida de la noche anterior, como su hijo había visto de reojo, no más allá de un microsegundo, a otro chico. Una mirada, que, a pesar de durar una millonésima parte de un segundo, decía más que todo lo dicho en la reunión.
Decidió entonces que lo seguiría. Había pasado mucho tiempo sin asistir a una sola misión, exactamente los catorce años de su pequeño hombresito, pero era como andar en bicicleta. Nunca se olvida.
Sabía que tenía que ser cuidadosa, tanto con aquellos que espiaban a su hijo, aquellos que resguardaban su casa, los peligros de la noche y lo más importante, lo que dejaba en patética indiferencia todo lo anterior por su impracticidad. Su propio niño.
Con el sol en plena caída precediendo el atardecer, sale del interior de su "cálida" casa – inerte, en estos tiempos –, para dirigirse al hogar de Setsuna-san. No había mentido cuando dijo que iría a verla, es más la misma señora fue quien solicito la asesoría de su superior, sin embargo, no fue por decisión propia. No cuando el dōjutsu de la mujer de mayor jerarquía estuvo involucrado. Bajo un leve genjutsu impuesto a la civil encargada del Nagasaki kunchi, retira el humilde kimono con el que se había disfrazado para dejar a la vista su traje cazador de lana tejida con piezas de cuero en los brazos, pecho, muslos y pantorillas. El cinturón -tan familiar ahora puesto- con la carga de sus shuriken y kunai fue un pensamiento de último minuto, nunca sabrías con quien podrías encontrarte. La máscara blanca con diseño de gato rojo fue el fin del complemento de su uniforme. Una vez bien colocadas en su lugar sus sandalias picudas, salió por la parte trasera de la casa más pequeña dirigiéndose a donde sabía que podía encontrar a su prodigio.
Tomando el camino más largo para evitar cruzarse con personalidades indeseables, la sensación paralizante de la que no podía deshacerse del día anterior, se intensificó.
El instinto materno le decía que algo terrible estaba a segundos de pasar, ocasionando sudoración en las palmas de sus manos. Su instinto shinobi le decía que debía ocultar su chakra a cero y prepararse para una inminente batalla.
Tensando los músculos de sus piernas y brazos realiza un mapa mental de donde se encuentra actualmente. Ventajas y desventajas del terreno. Al estar cerca de 20 minutos de la antigua residencia Namikaze, el terreno es rocoso, no tan bien mantenido, posterior a la muerte de su líder tácito, lo que ciertamente hacía parecer desolado el lugar. Los terrenos elevados, con senderos escondidos entre el bosque y los caminos que aún la naturaleza no ha cobrado hace que existan acantilados de dura piedra.
Ella sigue caminando semi agachada, buscando las salidas más próximas, escapes certeros en caso de un ataque, superada en número, habilidades o mera estadística. Su experiencia en el campo de batalla hace brotar sus señales de alarma, presionándola a no bajar la guardia, incluso el aire parece emitir esa sensación de futuro derramamiento de sangre.
En una de las semi mesetas, donde se reunían los anteriores mensajeros de la muerte del anterior líder de la muerte, puede ver desde su escondite detrás de arbustos localizados metros debajo de donde están de pie sus nuevos objetivos.
A pesar de estar a unos 30 metros, sabe quiénes son. A uno lo ha visto más allá del número de veces en que podría llamarlo, hijo adoptivo. El otro, era una señal de peligro. Vendas enroscadas a través de su cabeza ocultando su ojo perdido y brazo derecho, todo como parte e historia en la guerra anterior.
Parecían hablar hasta que vio como el adolescente de dieciséis años pareció aplicar un ligero genjutsu sobre su acompañante, mientras colocaba una mano en su hombro para estabilizarlo. Con lectura de labios, pudo observar que de su boca salían las palabras: "Lo siento, pero el plan debe continuar".
El joven no lo vio, sin embargo, ella está en una parte lateral detrás de aquel pequeño macho.
El hombre vendado parecía haber parpadeado corporalmente en el mismo segundo que se aplicó el leve genjutsu. A su vez, se desplazó a una alta velocidad detrás del joven, golpeándolo directamente en su estómago cuando este volteo sorprendido por lo que acababa de ocurrir. Nadie se libraba de un genjutsu de él. Nadie, no importaba quien, incluso su pequeño primo tenía altas dificultades para librarse.
El asombro se convirtió en dolor para el post niño.
Ella no sabe en qué momento, simplemente actuó por impulso. Una madre viendo a una cría adoptada siendo maltratada, una kunoichi protegiendo a su ser amado.
A una velocidad tremenda, sólo comparable a la misma a quien está tratando de salvar, no dejo de correr.
Cual cámara lenta, ella obligo a su tenso cuerpo a dar pasos agigantados en su carrera -prácticamente levitando al tocar sólo con la punta de sus pies el suelo - mientras veía como el anciano movía su mano derecha hacia el rostro de su sobrino. Ella sabía lo que ese hombre quería tanto como sabía que pasaría si llegaban a afrontar su aldea con el vergonzoso plan que se traían entre manos sus familiares concejales.
En blanco, todo pensamiento fuera de su mente a excepción de una sola cosa. La vida de su sobrino.
No dejo de correr, y en cuanto entro al espacio personal de ambos, junto las manos, actuando estas por sí solas como hace tantos años por infinidad de veces. Materializándose así una de las técnicas protectoras más efectivas que conocía: Ilusión demoniaca: Edificio de Múltiples Plantas Humeantes.
Tomó la mano del joven más cercana a ella - la derecha de él en la mano izquierda de ella - removiendo al niño de su posición, escondiéndolo en su costado izquierdo mientras lo alejaba de aquel hombre, literalmente cargándolo y absorbiendo todo su peso, mientras continuaba corriendo al tiempo que lanzaba una ráfaga de aire con formas de shuriken disfrazando así los físicos directo a los pies del atacante en señal de clara advertencia. Todo en un sólo movimiento.
No le importo la carga en la que se convirtió el cuerpo de quien consideraba su tercer hijo. Teniendo en cuenta que la zona de influencia de la neblina es de varios kilómetros a la redonda, es obvio que la Ilusión demoníaca se trata de una técnica de largo alcance, pensando que sería más útil en caso de que el hombre no estuviera sólo.
Ella era rápida. Pero con un cuerpo a cuestas y años de nulo entrenamiento, los músculos de su cuerpo cederían tarde o temprano. A Casa, regresemos a casa de inmediato.
Retomando los pensamientos de las salidas que había mapeado mentalmente y las sustancia metabólicas a todo bombeo inundando su cuerpo, entre intentando escuchar si los seguían, pasos fantasmales detrás de ellos, chakra tronando en el aire, instintos agudizados, nervios y articulaciones listos para la pelea, no le permitieron escuchar la voz de tenor suave de su preciado bulto.
- …Por favor, bájame obasan …
Lo escucho tenuemente, pero ella no dejo de correr.
- Si me detengo, estarán sobre nosotros inmediatamente.
- …No los siento desde que pasamos el bosque de la muerte.
Ella se dio por enterada que su cuerpo por si solo prefería rodear los límites de la aldea para regresar a los términos designados a su clan, donde habían sido relegados.
Si hubiera pasado esto años antes – lo cual nada de esto habría sucedido – simplemente se dirigía al centro de la aldea donde se encontraban originalmente viviendo.
- Debemos llegar a casa…inmediatamente…
- Debemos de ir al río, por favor.
Su cuerpo sintió las primeras sensaciones de la caída de adrenalina, haciendo que su metabolismo empezará a sufrir de la fátiga y músculos acalambrados. Siguió sin atender a la súplica del niño grande.
- Por favor, él espera ahí.
Y eso fue todo lo que ella pudo soportar. Ella sabía que alguien se rompería, pero no pensó que sería ella la primera.
Revisando que en efecto no los siguieran y cuidadosamente verificando que en efecto el chakra de ambos bajo a detección de cero, lo bajo al suelo, colocándole las manos sobre sus hombros semimaduros lo estampo contra el árbol a donde había detenido su carrera.
- El castigo que me dará Kagatsuchi-sama será una suave caricia con respecto al breve infierno al que puedo colocarte si no procedes a decir, correctamente, porque el concejal estaba a punto de extirparte los ojos.
Su voz era lo más beligerantemente suave que pudo encontrar en ese momento dentro de ella. No deseaba asustarlo más de lo que sabía que podría estar, pero sería una mentira decir que su propio latido no era audible al alcance de sus oídos.
Él la miro a los ojos, sorpresa, miedo, nerviosismo, confusión y pánico, todo en cuestión de un segundo atravesando su mirada. Sus ojos, siempre brillantes por una travesura oculta, ahora empañados con una tristeza que sólo era comparable a cuando celebraron el funeral de su oka-san. De hecho, incluso parecía mayor ahora.
Pareció pensarlo durante mucho tiempo, ella veía como el conflicto interno por el que pasaba, la duda de si podía confiar en ella, lo atormentaba.
Sabía que él tenía miedo de lo que se avecinaba. Todos lo tenían, pero jamás imagino que tales sentimientos inundarían el corazón de su adoptivo. No se había dado cuenta, se culpa a sí misma. Lo dejo en el olvido. Tantas cosas por las que culparse…, pero no es tiempo de arrepentimientos, enfoque ahora.
- No te estoy culpando por lo que acaba de ocurrir. No voy a fingir conocimiento sobre lo que ocasiono esta o cualesquiera de tus acciones previas o las de tu primo. Sin embargo, tanto tú como yo sabemos que esto no se detendrá aquí. Esto al parecer, fue un preludio de un evento de dimensiones catastróficas y si eso hizo contigo, me temo que podría hacerlo con alguien cuyas habilidades puedan ser inferiores a las tuyas, sin embargo, desconozco su motivación para hacer algo tan invasivo a quien él mismo prometió proteger – Trato de razonar, entregándole ciertas palabras que a ella misma le ocasionaban desasosiego.
Él no se movió durante todo el discurso, sin embargo, parecía aclararse más y más conforme cada sonido que salía de sus labios. Ella continuó:
- No los detendré si su intención es terminar esto. – Hablo claro, pero en voz baja, dando entender a quien se refería – No son los únicos que buscan el camino de la paz dentro de la aldea. Cada uno tenemos nuestras opiniones, encontradas o impares; en cambio, haciendo alusión al clan civilizado que decimos ser, debemos actuar con precaución durante este camino. Te apoyaré en cada paso de este.
El cabello sudoroso debajo de la cinta shinobi del alto niño se soltó al aire cuando el viento corrió en una corriente que trajo aire fresco entre ambos.
Su cuerpo letal, diseñado para ambos extremos: belleza y destreza, se ablando entre los brazos de su tía, dando oportunidad a que ella pudiera atraerlo mansamente como pocas veces había hecho antes. Su abrazo les dio oportunidad a ambos de sentir el afecto que sólo una madre podía evocar cuando abraza a su cría.
Estaban del mismo lado, lo supo en ese momento.
Se separo de ella, mirándola a los ojos cuando pronuncio con voz ahogada por el nudo en la garganta:
- Nakano, él espera en el río Nakano. Podremos explicar todo mejor con ambas versiones.
Ella lo miro a los ojos. Brevemente, maravillándose que su físico ya había alcanzado la estatura de ella, incluso superándola.
Este niño… jamás volveré a descuidarte. Jamás los descuidaré a los tres, nunca más.
La kunoichi en ella le paso el estandarte mental a la mujer convertida en madre.
- Vamos y… - besando tiernamente su mejilla cada vez más delgada sin la grasa de bebé - …gracias por confiar, Shisui-chan.
Él lo recordaba como si fuera ayer. Era una maldición en ciertas ocasiones. No poder olvidar.
Había algunas cosas que era mejor no recordar.
Sin embargo, esos años fueron especiales, no sólo porque les dedicaban adoración eterna – aunque había cierta satisfacción morbosa cuando literalmente besaban el piso donde pasaban sus diminutas patitas – sino porque fue cuando más aprendió la diferencia monumental entre ambas razas.
La isla de Tashirojima era su lugar de nacimiento hace cerca de ochenta inviernos, cuando no había diferencia en el mundo para él y las llamadas guerras humanas eran asquerosamente estorbosas.
Las creencias tradicionales niponas consideran a los felinos como animales que atraen la buena suerte. Es por ello por lo que no resulta sorprendente descubrir la existencia de una isla dedicada por completo a rendir culto a su clase, su linaje exigía atención y adoración en todo momento y los humanos esclavos estaban satisfechos con cada deseo mundano.
Sus familiares y él mismo no tenían ningún problema con el mundo, especialmente cuando les habían otorgado en bandeja de plata comida, agua y telas de seda rellenas de plumas de pato para pasar acurrucados sus veraniegas tardes.
Sí, él suponía que esta vida era una recompensa por tal vez una vida anterior injusta donde seguramente fue un gusano de seda que aplastaron los estúpidos simios.
Un día, cuando cumplió alrededor de sus 13 inviernos, el futuro bakeneko bebía de un plato dispuesto de aceite de pescado recién formulado sentado en su sillón morado favorito colocado en el suelo elevado cuando sintió un ligero temblor en el aire, moviendo la energía del viento.
Sus colas se batieron con indignación en el aire:
- Seikō 6, ¿Qué ocurrió? – Susurro suavemente a su esclavo favorito actual, un humano inútil de 20 y tantos nacimientos. Un bakeneko nunca sube el tono de su voz, no es lo adecuado para alguien de su estatus.
- Neko-sama, arribaron a la orilla un número desconocido de botes, y dentro de ellos, desembarcaron un número aún mayor de tripulantes – dijo muy nervioso el escuálido hombre moreno.
El mini bakeneko no entendía que tenía que ver eso con su desazón de la tarde, especialmente porque no lo afecta. Entonces se le ocurrió un pensamiento.
- Bien, más de ellos han decidido ceder y al fin, tomar su legítimo lugar como esclavos – sintiéndose más convencido, contento con saber que tendría alguien más que podría masajear con mejores manos su adolorido lomo.
- Mi amo neko-sama, me temo que llegaron reclamando ayuda para su lucha fuera de los confines de tu isla mi amo – El sirviente aún arrodillado con la cabeza baja, esperando que las palabras que salieron de sus labios no sean malinterpretadas por su ídolo.
- …¿Qué desean estos atroces seikōs desleales? – Frunció ligeramente su ceño gatuno
- Desean que todo hombre mayor a los 10 nacimientos sea abordado a sus navíos, mi señor… - Duda si debería de continuar – También están tomando la comida que han encontrado y… - cierra aún más los ojos, apretando sus párpados entre sí. – están tomando consigo todo tesoro de nuestras deidades mi señor.
Se levanto el bakeneko, ofendido, altamente indignado por el comentado agravio.
Nadie, ningún humilde humano podía tocar las reliquias de sus antepasados, sus sucias y repugnantes manos llenas de… de… Argghhhh, ni siquiera se atreve a decirlo. Suciedad. Oh, santos cielos, ni siquiera podía pronunciarlo mentalmente.
- Tráelos ante mí – ordeno tajantemente el felino.
- Eso no será necesario, su majestad – Dijo burlonamente un inesperado visitante que entro al recinto sagrado favorito del neko
El hombre alto, de hombros gruesos y cabello a los hombros, totalmente ennegrecido como dicta su genética miró al gatito que aparentaba ser un micifuz de 6 meses y se río levemente. Por favor, vive como señor feudal el bastardo.
- Tomen todo lo de valor, lo que pese más del doble de ustedes se queda, no podemos llevar tanto peso – ordeno a los hombres que entraban a tropel dentro del palacio.
- Me han dicho que eres el siguiente neko líder de este lugar, bien, te hago mención que tenemos una guerra en pleno apogeo. Nos llevaremos las cosas de valor, así como algunos hombres, aunque deberías hacer algo con ellos. Están muy flacos. Sin embargo, te dejamos las mujeres, no nos interesa la mezcla ni la carga del dramatismo. Se te pagará con el agradecimiento de Izanagi-sama. – El hombre hablaba sin mucha preocupación mientras daba la vuelta al bonito salón lleno de cojines almidonados y platos decorativos con adiciones incrustadas de oro y plata. Esas esmeraldas se ven bien, pensó al ver los hermosos cristales impregnados en algunos collares que colgaban en una estatua de su ancestro más amado. No dudo en empacarlos junto a las cortinas de seda.
El bakeneko indignado grito con la voz más fuerte – adorable – que podía emitir:
- ¡No te atrevas humano apestoso, eres mi sirviente! ¡Ríndete primero ante mí, sírveme, y veremos entonces quien le debe humildad a quien!
- Mi señor gato es usted muy ruidoso, le dejaremos la mitad de su población, es suficiente agradecimiento conforme lo veo yo. – Siguió burlándose el gorila con armadura incluida mientras veía a sus subordinados cargar con lo último del salón.
- ¡¿Te atreves a desafiarme?! Jamás te será permitido po… pffgg – El gato callo cuando de pronto, sin previo aviso, fue aventado dentro de un costal de papas – ¡de papas! – junto a sus hermanos gatunos.
- Por cierto, nos llevaremos a algunos de ustedes. Si tanta suerte y riqueza han traído a este lugar, también pueden sernos de utilidad a algunos más – escucho la voz del monstruo que se atrevió a azotar su hogar.
Los días siguientes a esta revuelta tan violenta fueron en un barco apenas sostenible sobre la superficie del mar. El mini bakeneko no entendía que tipo de monstruos podían hacerle esto a seres tan divinos como a sus familiares y a él mismo.
Al atracar en tierra, los sacaron en la misma bolsa sucia y los llevaron a donde a través de pequeños agujeros que hizo con sus delicadas garritas, él vio un campamento humano o eso supuso. Jamás había visto uno y menos que hubiera tantos sirvientes tan sucios y andrajosos, algunos sin extremidades o empapados en lo que pareciera ser su propia sangre.
El asco por tan repulsiva vista sólo era superado por repugnante olor a carne quemada, viva y en algunos casos, aun ardiendo. Jamás en su vida habría pensado que seres tan inútiles podían hacer eso consigo mismos.
Sabía que su estupidez era comparable a su inteligencia, pero este tipo de autolesiones no tenía una explicación razonable.
A él y a sus hermanos los llevaron a una gran caja completamente selladas, donde por un hoyo donde se deslizaba el aire – no fresco, sino absurdamente pesado – podían ver que estaban instalados junto a grandes animales, bestias colosales para gatos de su estirpe. Jamás había visto lo que ante sus ojos se podía describir como una vaca.
Intentó hablarle, preguntar qué estaba pasando con estos sádicos seres tan despiadados que los arrebataron de su hogar. Jamás obtuvo respuesta. El enorme animal simplemente hacía un sonido horrible, muy parecido a.… un moribundo. No fue sino hasta semanas después que ese sonido era un mugido.
Sus hermanos y él pasaron días encerrados en 4 paredes de madera corriente y astillada soportando un horrido olor. No habían comido ni bebido decentemente desde que llegaron a este lugar tan podrido.
Les habían proporcionado – entiéndase como arrojado – pedazos de carne ¡cruda! La cual estaba llena de moscas y tierra. El agua era compartida con el de esas cosas que parecían morir con cada gemido, cuyas lenguas aparentemente eran infinitas y pálidas, por lo que no le apetecía a ninguno de ellos tocar cualquier cosa que no fueran sus propias pieles.
No entendía porque su dios felino los había abandonado. Que terrible pecado habían cometido si hicieron todo lo que se les ordeno: Nace, come, duerme, trata con honor a tus sirvientes, emparéjate, duerme de nuevo y muere con dignidad sobre la arena las playas de Tashirojima después de que tu esclavo favorito haya ingerido la pizca de mercurio necesario para acompañarte a Hamamatsu, a la prefectura de Shizuoka.
Ni siquiera había decidido con que prima se encelaría primero; no tuvo oportunidad, siquiera de pedirle a número seis que lo acompañará a este lugar de desolación humana.
Años después se daría cuenta que número seis jamás volvió a ser visto después de la primera estación del año siguiente. Lástima, sabía acariciar deliciosamente detrás de las orejas.
Un día, de la nada, llego uno de estos monos sin sentido común, abrió la caja donde estaban los neko y bakeneko, los miro a cada uno con dejo de aburrimiento y le dijo al mono de horrible hedor al lado de él:
- Repártelos. Levantarán el ánimo. No se los des a los que tengan niños. Los distraerán de su entrenamiento.
Esta fue la primera vez en que aprendió que la codicia humana en su búsqueda indiferente por la belleza puede ser más grande que sus malogrados conceptos del bien y el mal.
También fue la última vez que hablo con alguno de sus hermanos.
Uno a uno fueron tomados, manos sucias y toscas, bruscas en sus movimientos, se llevaron a los de cola anillada primero, después a los que tenían un pelaje frondoso y aterciopelado. Únicamente escogían a los que parecieran ser menores al año. Los más grandes se consideraban no aptos para ser criados, demasiado mañosos, y se los llevaron a otro lugar. Sus tías, tíos, primos… a ellos jamás volvió a verlos, pero, actualmente, tiene una idea de adonde pudieron ser llevados.
El último en la caja fue él. Lo veían y escuchó por, no única vez, palabras como:
- Es negro…
- Es de mala suerte…
- Ni siquiera lo toques…
- Te maldecirá….
- … profetiza la muerte.
No entendía eso último, aunque tampoco entendía nada de lo anterior.
Jamás le habían dicho eso, nunca había escuchado esos sonidos tan horribles viniendo de seres que no se daban cuenta que se maldecían a sí mismos al nacer. Seres cuya existencia estaba destinada a la autodestrucción le decían a él que era de… ¿mala suerte por su anochecido color?
Jamás escucho una infamia tan enorme antes. Pero al rechazo le encanta arraigarse en el corazón de aquellos cuya autoestima es sensible. Con una vez no hay problema, no se siente, pero cuando cada esclavo sin correa, se llevaba a alguno de sus hermanos después de haberlo ignorado a él, una astilla se clavaba en su impresionable alma.
Pasaron los rayos del sol y la luna durante mucho tiempo antes de que viera una nueva cara.
Para cuando abrieron la caja nuevamente, el maltrecho bakeneko había adelgazado bastante y estaba sufriendo por la falta de agua.
Medio inconsciente se lo llevaron. Brazitos tiernos, llenos de grasa de bebé, lo cargaron hasta una caja más pequeña pero muchísimo más prolija y procurada con mantitas de lana desteñida pero limpias.
Le dieron con sumo cuidado pequeños pedacitos de un pan desabrido sopeado en leche fresca.
- Shhh, shhh, tranquilo gatito, yo te cuidaré – Dijo una voz chillona
El neko apenas aguanto a ver al rostro de la criatura que lo había rescatado de aquella prisión de madera.
Un cachorro humano de cabello y ojos oscuros, de piel extremadamente pálida, no más grande de unos 8 inviernos, lo veía con sus enormes ojos infantiles.
- Te querían mandar al abrevadero, los escuché así que mejor te traje aquí conmigo, no te preocupes, aquí estarás bien gatito – Seguía el cachorro humano dándole las últimas migas de pan como comida.
Una vez tragado el bocado, el neko no soporto más y quedo dormido en la que sería su nueva camita.
El niño, uno cuyo nombre no ha querido recordar desde aquellos días de guerra, tuvo la decencia de explicarle que estaba ocurriendo con estas bestias.
Aparentemente, él era uno de los hijos de guerra del hombre, o eso es lo que le comento su querido aniki, quien procuraba su educación militar en estos tiempos de necesidad.
Érase una vez, días en que los hombres, cansados que sus familias fueran echadas de distintas praderas, decidieron poner fin a la tiranía de hombres más ricos o que tenían la falsa creencia de ser dueños de la tierra.
Por ello empezó una batalla encarnizada para asegurar derechos y tierras. Cuando el bakeneko escucho esta historia, no dudo en rodar los ojos por primera vez en su vida. Por supuesto, tenían que ser las idioteces humanas lo que provocaron esto. Dueños de la tierra, por favor. Imbéciles, madre es su propia dueña y ustedes… son una mera plaga consumida por el tiempo y la necesidad.
Si tan sólo eso lo supieran aquellos bípedos no dejaban de sorprenderlo con sus estupideces.
La única especie que por adueñarse podrían asesinarse a sí mismos. Rídiculos.
Trato de verle el lado positivo a todo esto. Aunque no duro mucho su visión. Podía ver que algunos de sus familiares, muchos menos que los que llegaron con él a esta inmunda tierra, con cosas atadas a sus cuellos. ¡¿…Collares?¡… ¡¿cómo se atreven?!
Los gatos eran considerados seres independientes, por lo cuales los humanos no habían dudado en colocar esos horribles cordones envueltos sobre sus nobles cuellos. El niño afortunadamente no lo había atado de una forma tan vil.
Lo más a lo que este mini humano llego a controlarlo fue al colocarle un nombre sin su consentimiento: bottsubotsu. Cuando él le explico que sería su nombre, él le devolvió estupefacto la mirada, totalmente ofendido. Manchas. ¿Esos ojos los tenía de adorno o qué?
Le dio la libertad de ir y venir como le plazca. Le dejaba agua fresca y algo de la comida que le preparaba su propia servidumbre, en un platito justo debajo de una caja que figuraba como almacén de las pocas cosas de valor de su nuevo sirviente humano.
Al menos es útil, pensaba el felino.
La guerra humana, con el pasar de varios veranos, era ventajosa para aquellos con un serio problema mental, buscando cualquier pretexto como válido para hacerse de pertenencias ajenas y atacar a quien se considerara conspirador en la búsqueda de la mal llamada paz.
Vio con sus gatunos ojos como la sangre era la moneda moderna. Hombres de alma rota y miradas perdidas tomaban sin permiso la vida de sus semejantes. Encarnizadas peleas con miembros separados de sus cuerpos por todo el campo eran el pan de cada día. Féminas cuyas bocas parecían cocidas por su nulo derecho a vivir como sus contrapartes masculinas, sólo se dedicaban a ser preñadas en cualquier época de celo, para reemplazar a los soldados caídos con nuevos. Si los niños podían caminar y comer, podían cargar una katana. A pesar del talento innato del nuevo esclavo para el asesinato sin piedad, él mostraba en ocasiones, un corazón inundado de misericordia arrepentida en las oscuras noches de invierno, podía ver en sus ojos los recuerdos vagabundos de cada rostro cuya vida arrebato.
Un día, sin embargo, el niño ahora convertido en un joven macho – muy guapo en términos humanos, aceptable, en términos de él – llegaba animoso a su choza exclamando alegorías.
- ¡Al fin termino, lo firmaron! ¡Lo firmaron bottsubotsu!
- ….
- ¡Lo firmaron bottsubotsu! – su tono de voz traicionando la emoción de éxtasis en su rostro.
- ¿A qué te refieres esclavo? – pregunto de vuelta, más indiferente que confundido el mal llamado Manchas.
- Firmaron el tratado Aniki-sama y el otro, el Senju – él seguía tan extasiado.
El gato se movió bruscamente saliendo de los brazos de músculo magro del adolescente, subiendo a uno de los muebles estante de la recámara. Ambas colas negras moviéndose lenta, elegantemente, unidas a un cuerpo alargado, de suave pelaje en tono azul extremadamente oscuro, muy parecido a un caracal negro en miniatura. Ojos grises alineados sobre pupilas oscuras enormes que ahora mostraban una mirada escéptica.
Vio la felicidad en los ojos transformados del adolescente, prueba de su alta emoción. Imponente admiración a su hermano, el patriarca.
El niño había sido la primera cosa bípeda dentro de ese pueblucho a quien él había visto con esa curiosa habilidad, pero no fue el último. Ese asentamiento estaba lleno de niños y hombres cuyos ojos cambiaban de color negro a rojo, no había mayor diversidad de color, y por lo general olían a fuego y humo, chakra quemando los globos oculares, venas invisibles a los ojos terrenales humanos de color rojizos, y una que otra vez..., verdes, curativos decían ser.
Era lo más extraño de esos humanos, ya que sus antiguos sirvientes ciertamente no poseían olores ni colores tan agresivos ni potentes en sus esencias.
Este niño había sido una de las excepciones a la regla en cuanto a la activación de aquella curiosidad a la que le nombraban: Sharingan. Supuestamente también activo algo llamado Mangekyo Sharingan. Una peligrosa adición a su arsenal de armas.
Desde que lo activo, el neko se interesó tanto por su nuevo olor a ceniza y azul oscuro, adicional a que, así como el felino, este niño podía crear ilusiones con el impulso energético que rellenaban el chakra en los canales oculares a voluntad.
Tardo más en comprender que esos ojos eran más una maldición que un poder de alta bendición.
Perdió la cuenta del número de veces que vio las miradas llenas de envidia y codicia por tan hermosos ojos de incalculable valor.
Sin embargo, todo lo anterior era incomparable a la par de veces que se divirtió jugando a las ilusiones con su sirviente. El único que le dio tanto sabor a la vida.
El niño con Uchiwas en sus ropas disfrutaba entrenando con el felino. Pocos sabían que los candidatos a bakaneko eran realmente criaturas mitológicas, ancestrales, dignas de la adoración que se les daba en su isla de origen. Tenían la habilidad no sólo de hablar y razonar con alto coeficiente intelectual, manteniendo conversaciones de alta retro inspección así como uso del Ninshu, también tenían un chakra destinado al genjutsu, eran naturales para descifrar y crear ilusiones. Una vez, curioso por conocer más de su nuevo amo, leyó en un libro que incluso si el bakeneko gustaba, podría comer cadáveres humanos y tomar la forma de dicho cuerpo, conservando la voz para pasar desapercibido entre las comunidades humanas.
La primera vez que vio al gatito le parecía lindo, una bolita negra con orejas más puntiagudas que su propia cabeza con, no una, sino dos colas peludas. Jamás pensó que estaba realmente adoptando a un ser con un grado superior para el control de chakra, un maestro nato de genjutsu. Más allá de cualquier habilidad familiar que él conociera. A excepción de su hermano, …pero bueno su hermano era su hermano.
Gato negro malvado le decían; mala suerte, al dueño decían. Falsos rumores, decidió.
El neko en efecto no era una mascota, pero su sola presencia y peleas verbales, te hacían querer conservarlo, especialmente cuando se dejaba vencer cuando rascabas levemente la parte trasera de sus orejas.
Cuatro ojos, dos felinos y un par humanos, se miraron – con diversión y esperanza - al acabar la guerra creyendo que todo sería una tranquila transición a la paz. En cambio, la ilusión de felicidad en la casa principal no duro mucho tiempo.
Porque los rencores quedan atrapados en los corazones de los enemigos, aun cuando tratados de paz han sido firmados. Este niño había acumulado bastante de estos corazones en su corta carrera.
No más allá de la siguiente luna nueva, los ojos del niño Uchiha se cerraron para no abrirse nuevamente.
Una espada atravesando su pecho, un hermano mayor destrozado y un neko cuya voz no se volvió a escuchar durante mucho tiempo, fue la estela de tristeza que dejo detrás de sí.
- ¿Esto es lo que quieres? – dijo un aniki de mirada muerta
- …
- La guerra no terminó, no realmente hasta que se tome justicia.
- …
- Él querría esto.
- …
- Debes de buscar igualdad para su condición, es tu obligación para con él
- …
- Conociendo tu naturaleza tan antipática no estarías aquí velándolo, sino desearás vengarlo.
Ambas figuras, la primera: alta e imponente, músculos tensos como sólo se pueden preparar justo minutos antes de una batalla; maquinando la venganza, pensando, sobre analizando la mejor manera de acabar con Senju Tobirama. Convencido, que si el neko pudiera aplicar uno de sus magistrales genjutsus entonces… Hashirama jamás sospecharía de un gato.
La otra figura, mirando como el chakra katōn – llamas con las que su seikō en algún momento se maravillaba jugando – ahora devoraba su cuerpo sobre la pila de madera, envuelto en las tradicionales vendas funerarias. Un cuerpo sin ojos.
Su mirada se elevó a la figura del hermano mayor, este bajando la mirada; fue extremadamente distópico. Los ojos del cuerpo en quema estaban mirándolo ahora mismo. Mismos ojos una vez llenos de tierna – idiota - personalidad, sólo que ahora en un rostro más duro, maduro. Roto. El de su hermano. Algo aquí suena enfermo... humanos enfermos.
El neko sólo gusto de pronunciar una frase:
- Hay diferencia entre justicia y venganza… ninguna aplica para este caso.
Vagó durante mucho tiempo, abandonando desde años antes a la nueva creación de esos monstruos al finalizar el Sengoku Jidai, la Aldea Oculta Entre las Hojas: Konohagakure no Sato.
Mostrando sus colas de vez en cuando por aquí y allá, con el pasar de los años, alcanzó a escuchar sobre la muerte de Madara. Ya había tardado en suceder. No debió tomar los ojos de su hermano; su muerte sólo es el principio del castigo de los dioses.
Tomando las cacerías por sus propias garras, viviendo parcialmente entre los bosques de la nación del fuego y una tierra desconocida posteriormente conocida como el Sonido, alternaba su vida en las poblaciones de humanos donde podía comer variedad de platillos, bajando la dignidad a robar por su alimento.
Había intentado regresar a su isla; sin embargo, al llegar, se enteró que los inmundos humanos realmente habían convertido el lugar en una zona turística y llenado de nuevo los - ahora deshechos - salones antiguos en una zona de "Adoración", donde gatos comunes y corrientes llenaban las paredes.
Lastimosamente, a pesar de quedarse en periodos intermitentes con algunos cuantos humanos, siempre debía estar cuidándose, no eran épocas para los nekos. No eran tiempos si eras un ser "mágico". Lo aprendió a la mala cuando por descuido dejo caer el genjutsu sobre su cola, mostrando sus dos verdaderos miembros ennochecidos.
Quisieron lincharlo más veces de las que le gustaría recordar porque ya no había respeto para los gatos. Impensable si eras un gato negro. Una maldición si eras un gato negro de dos colas.
En una de estas ocasiones de descuido injustificado, no se percató del veneno en una sopa de fideos fría hasta que empezó a sentir los efectos al azar en un callejón. Afortunadamente, sólo lo debilito. De ser un felino de naturaleza menor, seguramente habría perecido, pero su metabolismo de chakra inagotable natural le permitió sobrevivir, moribundo, cerca de una alcantarilla.
Se habían creado inútilmente cinco grandes aldeas shinobi y sólo una persona de caritativo corazón pudo llevarlo a una veterinaria. En este lugar se mantuvo quieto, era como su prisión original de madera, sólo que, en lugar de vacas, ahora eran más gatos y perros, - ugghh - y todo tipo de animales lo que lo acompañaban.
Él nunca lloro por su situación. No desde que su mejor sirviente en la historia se fue, y se regañó a sí mismo por hacerlo, porque no lo amaba, no podía amar a un ser tan… leal…idiota.
Los señores del lugar no parecían molestos con su presencia, de hecho, al parecer sospechaban que clase de magia era, no hacían preguntas sobre su doble cola que sobresalió cuando llego, sus enormes orejas tipo caracal o su capacidad de desaparecer sin abrir la jaula. Hablaban con él en conversaciones unilaterales, contándole sobre cosas extrañas, que, de cualquier manera, no le hacían cosquillas a su curiosidad.
Conceptos como los Sennin legendarios, o lugares como Suna, Kumo, Kiri botaban en las paredes de la veterinaria.
Sellos rotos y bijuu sonaban de vez en cuando, con el pasar de los años.
Dejo de escuchar cuando la frase: "…inicio de la tercera guerra ninja…" apareció en labios del mayor de la familia que lo "adoptó".
Pasaron las generaciones de estos simios parlantes, pero cual vampiro él se quedó estacionado, en estado de continua hibernación en su prisión de aluminio actual. Los minihumanos que llegaban a diario preguntaban porque la celda del fondo siempre tenía agua y comida si no había animal alguno adentro. Sólo los dueños sabían que no le gustaba al neko ser visto ni tocado.
Hasta que un día:
- Te debe de doler mucho – una voz muy pragmática se escuchó cerca.
Decidió ignorarla y continuar dormitando como hacía todo el día.
- Puedo revisarte y tratar de curarlo, la pregunta es ¿tú quieres ser curado? – la voz se escuchaba demasiado cerca, más de lo que incluso sus distantes esclavos se permitían
Levanto el parpado mostrando un grisáceo iris.
Un par de esmeraldas enormes con toques de aguamarina – ¿o era al revés? – le regresaban la mirada.
El neko reviso sus niveles de chakra, todo bien. El genjutsu de invisibilidad estaba activado. Frunció el ceño.
- Bien, entiendes lo que digo. No estas atrofiado – comento la niña al ver que el gato respondía corporalmente a su comentario.
El felino estaba deliberando si estaba más ofendido que asombrado.
La criatura frente a él era una humana… digamos, exótica. Pocas veces había visto la combinación de un cabello rosa suave algodón, cayendo en una larga y gruesa trenza a la altura de su cintura. No podía medir más allá del metro de altura acompañada de una piel pálida, no enfermiza, no, sino naturalmente blanca con toques saludables de melocotón en sus mejillas. Sin embargo, lo más llamativo en ella, era esa astucia que ocultaban sus ojos, un brillo como sólo una vez había tenido el placer de observar, recordándole a alguien que no debería siquiera de poder perpetuar en su magnífica memoria. Desde ya, supo que esta cosita de voz afelpada podría ocasionar caos a su alrededor. El tipo de caos que sólo origina la manipulación. Suenas interesante… pero no tan interesante.
Cerro su ojo, decidido a continuar durmiendo. Era una señal de problemas con patas esa cosa, no valdría la pena.
- Entonces es así… - Sintió enseguida como un cálido chakra trataba de llenar su peludo cuerpo junto a un leve olor a lavanda flamante, dando un vistazo mental a mantas frescas recién colocadas en la cama.
Levanto la mirada esta vez, cabeza completamente dirigida a la mocosa rosa.
- Tienes enterradas las garras, pero al parecer eres necio absorbiendo un innecesario dolor.
Esta cosa no sólo había visto a través de su genjutsu, sino que estaba… ¿tratando de administrarle chakra medicinal? ¿Qué tiene, cómo 4 nacimientos y puede curar?
Confundido se puso de pie, volvió a confirmar que el genjutsu estaba activado. Estaba en su modo invisible, indetectable, ¿cómo puede entonces…?
Olió el sol y el amarillo antes de verlo llegar. Un niño rubio detrás de ella.
- Sakura-chan, ¿Qué estás haciendo? ¿Con quién hablas? – una voz infinitamente más chillona salió de esa boca latosa.
- Creo que está herido más allá de una cura, Naruto – dijo en un tono más mudo la niña - … Y trata de bajar el volumen, creo que le molestan los ruidos altos -
Cuando termino de hablar esa descarada mocosa, el rubio se veía intrigado.
Entonces como si fuera su gemelo, hizo exactamente lo mismo que la rosada, con la diferencia que fue mucho, por mucho, más descontrolado. Abrió sus canales de chakra, pero este fue impactantemente cegador, ni un segundo después, un chakra de sabor sol conecto con las venas del neko, fue electrizante, lleno de vigor, de energía pura y desbocada, sabía maravillosamente, no era cálido como el de la otra, no, este era una inyección de adrenalina. Sin embargo, algo, estaba ahí escondido detrás como disfrazándose detrás de las venas invisibles del chakra del niño. No era rojo, era más oscuro, sabía a sangre…. Odio… sabía a… zorro…pero no cualquier zorro de pradera. No, este era más… difícil. Tenía tanta curiosidad que no dudo en cerrar sus afinados ojos.
La imitación de caracal abrió su tercer ojo mental. Oh, oh…, estuvo a nada de soltar la carcajada.
Jamás en sus alocadas aventuras con el niño Uchiha, hubiera imaginado que decenas de años después, encontraría aquí al rival magnánimo de su querido aniki. Encerrado detrás de rejas selladas reforzadas con un chakra fosforescente distinto al del niño y al del zorro.
Mentalmente, saludo al zorro con descaro paseando sus colas a través de los barrotes de la celda, burlándose. Enormes ojos rojos entrecerrados de ira lo vieron desde el otro lado.
Por favor, la vida paso del gris al color en menos de dos minutos de la llegada de estos dos cachorros humanos.
- Ohhhhh… ya entiendo Sakura-chan, ¿pero porque se encierra él solo? Si quiere podría salir – dijo el rubio, ahora incomparablemente más interesante.
- Puede que le duela mucho y no haya encontrado ayuda – contesto la cosita rosa - ¿quieres que te ayudemos?
- …
- Si eres mudo, podemos prepararte unos pergaminos para que puedas comunicarte.
- …
- Bien, no insistiremos, pero por favor, cuídate. Los bakenekos casi se extinguen según nuestra…-
- ¿Cómo? – Voz ronca, por la falta de uso durante 53 inviernos, cuerdas vocales abriendo paso al aire.
- Pues comiendo, bañándote de vez en cuando, curando esas gar… - contestó el rubio cuando escucho al neko, aunque seguía sin verlo por el genjutsu, podía olerlo y leer su vibra de chakra.
Un gato que sabe a antiguo y oro, es lo más raro que ha olido hasta ahora. Yama-uba estará curiosa por la historia.
- … ¿Cómo sabes lo que soy? – el gato tan cauteloso como curioso, segundo a segundo su latido se aceleraba.
- ¿Cómo no saberlo? Eres idéntico a los dibujos de los dioses antiguos, una adoración hasta hace cien otoños, o menos, y aunque no hay una causa específica, desaparecieron de repente, pero al ser gatos ancestrales, buscados y cazados por su potencial poder para la atracción de la suerte y fortuna, evidentemente debían esconderse… - divagó la niña, pero cada palabra parecía un clavo en el espíritu atrofiado del neko.
- …
- Cómo dije, deberías cuidarte bakeneko-sama. No deberías estar aquí, pero es tu razón y no interferiremos en ella. Pensé que podía ayudarte, discúlpame por interrumpir tu descanso. Nos retiramos, disculpa bakeneko-sama – tomo la mano del rubio come mocos detrás de ella y enfilaban su primer paso, cuando de repente:
- Quiero… - se corrigió, recordando como debía de actuar – Te obligó a servir mi orden…seikō.
La cosita rosa soltó una amplia sonrisa llena de admiración y adoración. Dejo caer el genjutsu.
- ¡Sakura-chan, mira eso, es un gatote!
- … Y, ¿cómo deseas ser llamado? –
Una palabra vino a su mente: bottsubotsu.
No, jamás sería llamado así de nuevo. Aún era muy pronto para recordarlo.
Al menos ella está preguntando sin colocarle un nombre estúpido en contra de su voluntad.
- ¿Recuerdas ese libro, el de Historia antigua? – trato de verse sereno, ignorando la punzada en su pecho.
Posterior a los dos soles desde su llegada a este lugar, aún no le encontraba el defecto a su nueva casa.
No era un palacio, no era una choza, ni un callejón oscuro, ni una veterinaria, era un lugar… tolerable.
Una yama-uba, una shōnen de yama-uba-shinobi, un demonio escondido en un niño shōnen de shinobi, y un bosque sólo para él. Quería reírse de sí mismo. Un gato busca problemas.
- Ah sí, veamos – se movió desde el asiento en el mullido sofá para levantar el libro egipcio de la mesa del centro.
Volvió a su lugar, junto a él. Abrió en la misma página, la que había visto por un largo rato desde la primera vez.
- Ya veo, ¿quieres que te llamemos como ella? – la cabeza rosa vio como la vida regresaba a los ojos del micifuz.
- … - coloco su engrandecida pata sobre el libro de pasta alta sobre la estatua de algo que había olvidado hace años.
Jamás pensó, por tercera vez en esa semana, que volvería a recordar algo que sólo encontraba en los recovecos de su inconsciente memoria. La foto de su antigua familiar más amada, de aquella que maltrataron cruelmente los hombres en su búsqueda de paz arrebatada de su collar de esmeraldas.
Mismo color que el que ahora lo miran, iris verdes intensos pendientes de su respuesta.
Miau.
- Muy bien. En ese caso… bienvenido a casa, Bastet.
Viéndolos dormir, a ella especialmente, supo que tomo la mejor decisión. No lo admitiría claro está, un señor de oro jamás haría eso. Acurrucándose en el pecho de ella de nuevo, prometió, no por primera vez, hacer todo lo posible - para que esta vez - nadie le arrebatara la vida a su más prometedora esclava. Incluso si eso conllevaba a cuidar de su idiota hermano demonio.
