Capítulo 8. Eso es un… ¿pato?
Abriendo la puerta nuevamente, alcancé a ver al ninja revoltoso de cabello rizado a punto de alzar su puño para seguir golpeando.
- Perdona minogasu-san – señorita-, sabemos que las condiciones en las que nos hemos conocido no han sido las mejores y por ello reconocemos nuestro error; no nos cansaremos de brindarte una disculpa. En cambio, pudiéramos serte de enorme utilidad, si a continuación nos puedes auxiliar con el ingreso a tu morada, únicamente por la noche de hoy. Hemos quedado varados por desgracia.
Miré detrás del shinobi. El llamado Hayabusa estaba demasiado apegado al karasu, supongo que lo regañaron discretamente por su argumento anterior, en cambio, no hubo de otra que apelar a mi misericordiosa persona con el de máscara de hyo, al que todavía no le hacía caras de disgusto. Aun.
Colocando todo el peso de mi cuerpo sobre mi hombro izquierdo con el que me recargué en la puerta, lentamente, con toda la parsimonia del mundo, crucé mis brazos, metí la punta de mi pie izquierdo detrás del derecho, dando a entender con mi lenguaje corporal que no estaba permitiendo el ingreso; que, al contrario, fingía escuchar sus infructuosas súplicas.
- Lo que clamas es una condicionante, dices que puedes ser de "enorme utilidad" si y sólo si te dejo pasar, pero que acaso, ¿eso no fue justo lo que me dieron a entender más temprano? Entonces decídanse, independientemente de si los dejo ingresar, ¿me van a cuidar sí o no? – me deleite con sus posturas tan indiferentes, escondiendo su tensión.
No esperaban pelea a esta hora. Genial, porque yo tampoco.
- Sospechamos que lo que sea que está ocasionando las desapariciones, está más cerca de lo que consideramos originalmente. Lo que sea, está cercano a tu hogar. Es nuestro deber el protegerte incluso si consideras que no requieres de ser cuidada. – quedamente, como si tratará de calmar a un animal agresivo. Al menos sabe esta vez que debe de tener cuidado.
De nuevo, mi mirada esmeralda se desplazó a la vista general del trío, tomando esta vez mi tiempo para escanear a cada uno.
En serio, en serio, invoqué a todas las fuerzas de voluntad dentro de mi para no reír.
Alguien se había topado con Bosu-sama y su lobuna compañía. Chalecos mal colocados, cinturones rotos, vendas ensangrentadas, suciedad por distintas partes de sus trajes.
Tengo que preguntarle a Bosu-sama su parte de la historia, estoy segura de que tendrá un relato con gran cantidad de encanto; sobre cómo unos cuantos lobitos pudieron hacer correr por su dinero a tres shinobis con habilidades no menores a de jōnin. No importa que sean lobos de dos metros por unos tres y medio de largo, o que pesen más de doscientos kilos. No importa cuánto crezcan mis lobos mutantes hermosos y bien entrenados, son lobeznos tiernos y adorables para mí todavía.
Bajo la lluvia torrencial, nuestra pandilla ninja estaba mirándome con lo que se sentía como vana, una muy vaga expectación. Sí, estaban perdiendo la esperanza por mi aprobación. Acostúmbrense, soy peor con un Naruto que no come vegetales.
Sé que estaban a punto de disculparse por interrumpir mi velada, cuando al fin pronuncie palabra:
- Bajo tres condiciones. – Subí mi pulgar – La primera – dirigiendo mi mirada al de máscara de halcón – No se me asesina, te envenenaré antes de que siquiera lo pienses.
El cabeza de pato mira mi ceja alzada y contra toda la fluidez de su cuerpo, asiente una vez. Levanté el dedo índice:
- Segundo, las sandalias se quedan fuera de la engawa, nada de lodo dentro de la casa, si se ensucia no me pregunten cómo, pero los pondré a limpiar; y tercero – subiendo mi dedo corazón – Jamás, bajo ningún motivo, no importa cómo ni que tengan que hacer para lograrlo, - tres pares de ojos puestos en mí con intensidad - nunca molesten a Bastet.
- …-
- No soy yo la que parece un perro apaleado bajo la lluvia, ¿tenemos un trato? – volví a cruzarme de brazos.
- Le agradecemos y con gusto aceptamos – Respondió el cuervo.
- Sandalias entonces.
Me retiré de la puerta, de vuelta a mi sala. Abriendo un gabinete de debajo del sofá. Este sofá era una maravilla convertida en armario secreto.
Miré a los shinobis entrando por la puerta principal, hombros tensos bajando ligeramente. Supongo que el calor del hogar se extendió por sus gélidos cuerpos.
- Es una hermosa casa minogasu-san. Es muy cálida realmente – El hyo fue quien comento mientras parecía ver cada muro, mesa y piso con curiosidad.
¿No tendrá una linda casita también? Tal vez vive en una caja. Pobre.
- Arigatou, supongo que la vida ha sido fácil conmigo – me mira tratando de averiguar si escucho bien mi murmullo.
¿Dónde las deje? Estaban aquí y no puedo pedirle a sacacorchos ayuda. Mmm.
- Es la hora de cenar para mí, supongo que los excursionistas estarán cansados de su día – dije sin éxito en mi búsqueda. Sé que las deje por aquí.
- No es necesario, aunque le agradecemos su apoyo y asistencia, tenemos nuestras propias provisiones – me contesto el cuervo.
- Si, mismas que seguramente dejaron en el hostal de Tajima-san, ¿no es así? Portándote todo correcto, y queriendo presentar no ser una carga mayor para una campesina en su hogar realmente no te llevará lejos, si no consigues proteínas en ese cuerpo a la brevedad – Ahh… ya casi... sí, aquí están. ¡Éxito!
En estado mudo, y tal vez estupefactos porque la falta de costumbre a un diálogo tan mordaz a un shinobi enmascarado, los ninjas se quedaron de pie estúpidamente en la recepción de la cabaña.
- Le agradecemos, pero de verdad que no es ne… - se calló el hyo tratando de atrapar, en cuanto le arroje al rostro, las tres toallas que tarde en localizar.
- No es por ustedes, simplemente se me educó para ser como sólo una damita con buenos modales debe de dirigirse a sus invitados. Ahora, atención que sólo lo diré una vez.
Me coloque frente a ellos y me sentía como una chef, dando órdenes aquí y allá:
- Al final del pasillo, encontrarán dos recámaras, la suya será la de la derecha, está vacía por el momento, pero cuenta con espacio y cama suficientes para los tres. Habrá un armario, si lo abren, encontrarán pijamas limpios. Justo enfrente, encontrarán el baño, la de abajo es la fría, la de arriba la caliente. Si se les olvida, de cualquier manera, lo averiguarán por sí mismos. Botiquín de primeros auxilios, mismo espacio, gabinete de abajo. El cuarto de lavado está aquí, al lado de la cocina, complementos en el mismo lugar.
Señale la puerta detrás de la bonita alacena del microondas.
- Señores: Mancha que vea en mi piso, mancha que estarán viendo el resto de sus vidas. La cena se sirve en treinta, si alguno es alérgico a la nuez o no come carne, díganlo ahora – mire a los tres por separado alzando la ceja realmente no dando tiempo a cualquier respuesta – ¿Ninguno? Bien. Dicho todo lo anterior, ¿alguna duda?
- …-
Por un momento, sólo uno, sentí que era vista bajo una nueva luz por los tres al mismo tiempo.
- Iie señora – contesto la pantera con un tono divertido en su voz.
- ¿Eras general en otra vida o sólo te gusta molestar por diversión? – hablo por primera vez el halcón, supongo que se levantó su autoimpuesto voto de silencio.
Sonreí entrecerrando los ojos, dirigiendo toda mi atención a él y sólo a él:
- Si tienes tiempo para hacerme preguntas tan inútiles, tienes tiempo para retirar tu sudor repleto de sucia testosterona de mi presencia, shinobi.
- …-
- Y no toquen el jabón verde de Bastet. Dejaran sus células muertas en él y lo odia.
- …-
Sabía que no eran tontos, el sólo hecho de sospechar de mí era suficiente para predecir el coeficiente intelectual general de la banda, pero algo sobre tener a tres jóvenes hombres en la estancia con lo que supuse que eran bocas abiertas - o su equivalente ninja -, hizo cosas fantásticas en mi ego acariciándolo cual gato gordo al regresar a mi mullido sofá. Encantada. Ahora..., Sherlock, tú y yo aún teníamos trabajo que hacer con ese descuartizador.
No escuche sus pasos, ellos por costumbre pisan sin hacen sonar sus pies al tocar el suelo, pero sabía que estarían abriendo los ojos a cualquier cosa dentro de su rango visual. Era la oportunidad de ellos para investigar sobre la dulce ermitaña que se valía por si sola en el bosque con tantos peligros a su alrededor.
Lo que no sabían es que la oportunidad perfecta - para investigar al posible enemigo - era para mí.
- ¿Vive sola? – Cuervo me preguntó al salir del cuarto de lavado. La máscara siempre puesta. ¿No le dará calor?
En automático, mi mirada se dirigió al asiento de Naruto justo enfrente del desayunador, sentí como la nostalgia, la tristeza y recuerdos que sólo su ausencia puede evocar en mí, se recorrieron lentamente en mi rostro.
Todas las fotos habían sido removidas de la casa, sin excepción. Si todo salía mal, no podíamos esperar a que lo cazarán con éxito, no, si no sabían cómo lucía realmente.
Sólo me quedaban mis recuerdos, literalmente. Pánico me inundaría si pensaba en la otra opción.
Continúe picando los cebollines sin contestar la pregunta del joven cuervo.
Él no volvió a preguntar, en cambio, sentí - cada segundo -su vista clavada en mí y en la forma en como utilizaba el cuchillo. Sabía lo que buscaba, pero no amigo, no podrás saber si soy talentosa con los cuchillos más allá de lo que una independiente adolescente sabe de cocina.
Cuando termino su inspección, simplemente dio la vuelta lentamente por la sala y el comedor. No tocando, simplemente observando. No me había dado cuenta, por alguna razón, de su cola de caballo baja en la nuca semi suelta unida únicamente por una liga. Se veía más sedoso que el mío.
- Realmente tiene una casa acogedora, se siente muy… hogareña – Se quedo de pie justo frente a la biblioteca.
Biblioteca era un término inexacto. Era un mueble que anteriormente fue parte de un tronco enorme. Cuando ayudamos a los leñadores a bajarlo correctamente hasta la aldea, nos dieron una pequeña parte, muy pequeña. Pensábamos hacer una mesa, sin embargo, vimos que sería mejor una espiral brotando del mismo centro del tronco. El problema es que nunca descubrimos porque hicimos eso, simplemente nos pareció un diseño fascinante. Fue Sacacorchos quien nos convenció que sería un lindo librero donde podríamos mis escritos, una colección en aumento semanal. De esa manera, cuando el librero se abasteciera a su tope simplemente le seguiríamos agregando más espirales. Sacacorchos también era inteligente cuando quería.
El mueble me los acomodaba en orden alfabético; cuando Naruto quería, los ponía del orden del arcoíris, un día simplemente deje de preocuparme por cómo se veía, pero supongo que, para el cuervo, veía una enorme espiral de madera que estaba al tope de libros de distintos tamaños y temas.
- Le agrada la trama criminal veo – Sacando uno de mis favoritos.
- Me atraen aquellos con ejemplos de casos psicológicamente complejos.
Dirigió su mirada al abandonado manual de la mesita de centro de la sala y después a mí, en la cocina:
- ¿" El círculo rojo"?
- Tengo mis fases – contesto ante su pregunta intrigada por el libro de tema policiaco.
Sentí más de lo que vi, una sonrisa detrás de esa máscara.
- Eso, ahora, es un señor baño – saliendo del pasillo, llego con el cabello corto rizado, la pantera con máscara puesta también.
- Me alegro tanto que le haya encantado ninja-san, mañana revisaremos los costos de su estancia, así que disfrute por favor. – detuvo su caminar, mirándome.
- …-
Tuve que soltar la risa contenida:
- Por favor, no me considere tan avara ninja-san, simplemente estoy jugando con usted… ¿o no? – voltee a verlo guiñándole un ojo, después de agregar lo último de rábanos a la deliciosa sopa de miso.
- … Eres cruel, minogasu-san, ¿te lo han dicho antes?
- Por favor, basta, no más minogasu-san, tengo nombre; y en efecto, contestando a su pregunta, más veces de las que puedo contar, y aun así las personas parecen masoquistas, viniendo por más.
- Estoy seguro de ello. Y por favor, también apliquemos el mismo comentario, no más ninja-san, puede llamarme Hyo-san.
Habíamos hecho las presentaciones adecuadas desde la tarde, pero por alguna razón, molestarlos con nimiedades le estaba dejando un buen sazón a mi tierna alma.
De un vistazo general a su nuevo vestuario, se veían… francamente… bien. Malditos. A ambos les quedo ligeramente corto el pijama lo que permitía tener un panorama más amplio de su piel pálida, incluso parecían en cierto modo elegantes y nobles. A Naruto jamás le gustaron esas sencillas pijamas de dos piezas de color crema, aunque estuvieran hechas de lana para el frío. Sin embargo, estos dos parecían tan cómodos a sus anchas enfundadas en ellas.
Mientras ambos vagaban buscando discretamente cualquier rastro o pista sobre su misión dentro de mi hogar, seguí con el kare raisu, y sacando algunas piezas de tempura de la mañana.
- Por favor, siéntanse cómodos en el lugar que gusten.
El desayunador contaba con una banca alta completa de madera que rodeaba sólo una pared de dicho inmueble, por lo que ellos tendrían espacio de sentarse directamente frente a mí, mientras que yo me sentaba en la única banca alta suelta de la casa.
El tercer miembro salía a reunirse con nosotros, con máscara puesta para variar, después de dejar su ropa sucia en la lavadora, cuando termine de servir la carne con curry.
Y sólo para que no se pierda esa bonita costumbre por molestar:
- No te sientes ahí, es el lugar de Bastet – mentira, Bastet, siendo el bakeneko consentido, se sienta dónde quiere.
- … ¿Dónde más me siento si ya no hay lugar? – sé que estaba levantando la ceja.
- ¡Oh si! Espera, creo que tengo un lugar extra aquí… en el techo, ¿ves algún otro asiento? Si es así, eres libre de tomarlo.
- ¿Y dónde está este Bastet ahora? – su tono era de sospechosa incredulidad.
- Esta ahí donde siempre– Señalo un lugar cerca de la entrada, al lado de la puerta principal, se encuentra una escultura bastante realista a media escala de la diosa egipcia: Bastet, el gato.
El trío me regreso la mirada, sé que están deliberando si estoy o no, bromeando. La otra posibilidad es que soy una demente, pero es cierto, Bastet estaba ahí, ¿no?
- Y este "Bastet" – dijo con comillas al aire – ¿no puede sentarse sólo por hoy en otra parte? – trata de razonar conmigo el hayabusa.
Awww es tan tierno… intenta negociar conmigo, miremos sus pequeños pasitos hacia la cordialidad.
- Es el lugar favorito de Bastet, el más cercano al horno y calientito para él, ¿no es así, Bastet?
Todo esto mientras yo lo decía sin mirar a ninguno de los tres, simplemente sirviendo un porción más pequeña en un plato extra.
Lo colocó sobre el asiento de la esquina, justo al lado del horno, como dije y le hice señas al aire:
- Ven Bastet, esta lista tu comida mi gatito. – para darle más efecto, mi voz la agudicé, más chillona - Oh ¿dónde estas? Ven a saludar, no seas tímido – seguí hablando al aire detrás del sofá tontamente.
Sé que se miran entre sí, deliberando como sería el mejor proceder a partir de ahora.
- Sakura-san, mi lugar… - comienza el shinobi más pequeño hablando como si fuera una enferma mental.
- Quédate de pie, o mejor aún, ¿ves eso de allá? Se llama mesa y es toda para ti solito, puedes ir a marginart…, perdón, a mostrar tu noble cara por allá.
- …Este lugar está vacío, puedo y voy a sentarme aquí – señala el asiento libre, con su dedo apuntando en picada puntualizando sus últimas palabras.
- Bastet come aquí, ¿no ves que ya está oliendo su comida? Empiezas a no agradarle…
Miró el espacio donde sólo estaba el plato de comida para el gato, sin gato:
- Seguramente a este Bastet no le importará comer en el suelo ahora – trato de tomar su plato para bajarlo al suelo.
- Adelante y la puerta estará abierta para ti, sin probar bocado.
- …-
Soplé a mi taza de té negro, antes de responderle:
- Tú decides, Hayabusa-san.
- …-
- Que deliciosa carne de res, se siente tan blandita junto a las papas endulzadas – muerdo con gusto mi propia comida.
- …Bien… - refunfuñando y quedándose de pie, sólo movió su plato más allá por la esquina.
Sabía que estaban esperando a que comiera primero, las tres mordidas de rigor para comprobar que no estaba envenenado, y una vez que vieron mi cuarta cucharada, procedieron a rendirse al sabor del curry con arroz.
Fue interesante ver como comían, tratando de no mover demasiado sus máscaras y totalmente propios. Sinceramente, me hacen preguntarme si son de crianza noble. Aunque eso sería muy improbable, los tres tendrían que ser familiares, … aunque por el olor, parecen consanguíneos.
A excepción del hayabusa, el halcón arrogante, que sé que me mira con rencor en los ojos, son muy educados en la mesa. No dicen mucho. Sin embargo, no creo ser yo la causante. Ofrezco buenas batallas verbales, pero esto es distinto. Creo que les gusta el silencio en general. Eso o que ya no me consideran una amenaza, de lo contrario estarían intentando sacarme la sopa sobre cualquier cosa.
Estamos a punto de terminar de degustar, cuando decido que es hora de parar su sufrimiento.
- ¡Oy! Bastet, gatito travieso, ¿dónde estabas mi cielo?
Mi neko, en su forma de gato genjutsu de una sola cola, totalmente normal a ojos ajenos, hace su aparición.
- Mira conoce a nuestros invitados, aunque un halcón desagradable quiso tomar tu lugar, pero yo te defendí, ¿qué dices si te damos un rico platito de comida?
Lo recogí del suelo mientras escuchaba murmullos:
- … ¿Es real entonces? – el halcón estaba estupefacto, murmurándole a sus compañeros.
Lo que no daría por ver su boca abierta.
- ¿Quién es real? – Rastros de inocencia en mi rostro mientras cargaba a mi gato contra mi pecho.
- Miau…-
- El gato… existe… - seguía murmurando.
- Por supuesto que sí, o ¿qué pensabas? ¿Qué era una ermitaña demente alucinando con gatos del monte? ¿Cómo la loca de los gatos?
- …-
- Miau… - Bastet y yo parecíamos reír a propósito.
Por supuesto que eso fue lo que di a entender, pero el saberse acorralado por haber sido mínimamente manipulado tan sutilmente hizo lo suficiente para que ni siquiera intentará contestar.
Baja los hombros derrotado mientras dejo a Bastet sobre el desayunador.
Sakura: 1, halcón arrogante: 0
El shinobi de máscara de pantera se sentía muy divertido, especialmente cuando se acercó a Bastet y lo acarició.
- Es un gatito hermoso el que tienes aquí, Sakura-san.
- Lo sé, seguramente tardo en venir a cenar debido a que es taaaan tímido con los extraños – en el momento en que lo dije, Bastet le lanzo un certero zarpazo de garra completa al halcón, quien también intentaba acariciarlo. Para corroborar que era real, supongo.
- ¿Tímido? – Dándome una mirada, volvió la vista al gato que lo había atacado –Sí, definitivamente todo se parece a su dueño.
- Arigatou Hayabusa-san – conteste sintiéndome halagada. La pantera se sentía el doble de alegre.
El único callado era el karasu, quien lejos de acercarse primero a mi adorable gatito, saco un pedazo sobrante de carne de su plato y lo coloco en su mano, acercándola, esperando que fuera el gatito quien se acercará primero.
Bastet, actuando cual gato noble y pudendo, se acercó a olisquear la mano del cuervo primero, y una vez que termino su análisis, no tomo la comida de la mano del shinobi, sino al contrario, se estiro en su cuerpo ahora como el gato normal que era, sobre el brazo del ninja, maullándole de manera tan tierna, y subiendo a través de la tela del pijama para enroscarse en su cuello.
El shinobi quedo tan tranquilo como siempre y sólo rasco al neko detrás de sus orejas, a lo que este respondió con más ronroneos de satisfacción.
Recogí mi plato y lo llevé al pilón.
- Bien, dejen los platos en el lavadero, no es necesario lavarlos, cierren puerta y ventanas al terminar por favor – dije mientras me movía hacia el pasillo estirándome por los brazos.
- Espera, ¿Por qué nosotros, si es tu casa? ¿No deberías hacerlo tú? – dijo el halcón.
- Estoy segura de que tres ninjas cuya promesa fue cuidarme si los dejaba pasar, podrán adivinar como se cierra una puerta.
Continue caminando, sin mirarlos esta vez, Bastet bajando del ninja, y subiendo por mi pantalón y espalda fue a colocarse como estola en mi cuello.
- No deberías confiar en desconocidos, Sakura-san – dijo el cuervo totalmente impasible ante mi orden.
- En efecto, no debería de confiar en extraños, Karasu-san; en cambio, fue tu equipo quien apelo a mi lado humanitario, solicitando refugio en una noche tormentosa, heridos y hambrientos. Sé que no me conoces, no tienes porque, pero no importa que tan mal me hayan tratado a mí, jamás pagaré obligando a alguien a desfilar en la fría oscuridad, tan lejos y tan cerca del calor de una buena chimenea. Por el contrario, prefiero verme atrapada junto a tres hombres más fuertes, altos y rápidos que yo, una simple y solitaria campesina. Pero no te confundas, no soy una mujer indefensa. Tengo mis medios para defenderme, y no dudaré en usarlos si vislumbro la menor necesidad de hacerlo.
Cada palabra una advertencia que pretendí que quedará clara, mientras solo permití que fuera mi tren superior el que volteaba hacia él. No caería sin pelear.
- Entendemos y agradecemos nuevamente Sakura-san - Asintió levemente con la cabeza el líder cuervo. Inmutable.
- Confío en que sepan cerrar adecuadamente - sonreí con malicia.
- Hai, señora – contesto Hyo-san eliminando la tensión con su tono de voz.
- Buenas noches, shinobi-san
- Buenas noches, Sakura-san
Cuervo se despertó en medio de la noche relampagueante.
Un motor ronroneador sobre su pecho.
Ojos felinos grises con tonalidades violeta lo miraban atentamente.
Lo acarició brevemente, adormilado, admirando momentáneamente esos ojos tan únicos.
Definitivamente, todo se parece a su dueño.
Siguió rascando por detrás de sus orejas hasta que quedó dormido.
No se percató – no en ese momento -, que con el sueño ligero que lo caracterizaba, el hecho de que un gato se sentará sobre su pecho sin haberlo detectado desde la puerta no debía de ser posible.
Canciones de ruiseñores se entraban por las ventanas con los primeros rayos del señor sol, combinados tan armoniosamente por la mañana con el placentero olor a tierra mojada.
Aunque intenté con todas las fuerzas que Seiryu-sama podría proporcionarme, y no dormir tan tranquilamente por tener a tres ninjas en casa, lo cierto es que en cuanto toque la almohada me volví una piedra.
Sí, tengo definitivamente el sueño pesado; sin embargo, Naruto, me gana. Podía estarse llendo el mundo al carajo y definitivamente seguirá con sus patas desparramadas por toda la cama, babeando tal infante que aún es. Hecho comprobado y certificado.
Empecé mi día como siempre, sospechaba que el trío ya se había levantado horas antes, conforme su condición. Aún debía de tener cuidado, más que nunca, con ellos cerca. No podía soltar mi chakra, es más ellos debían creer que siendo la civil altanera que era, ni siquiera podía detectarlo o sentirlo, muchos menos poder manipular el de mi cuerpo.
Así que todo debía de ser a la antigua. Ojos únicamente.
Caminando hacia la sala, me encontré con la pantera, uniforme impecable puesto y una reverencia de buenos días:
- Le agradecemos mucho Sakura-san. Mis compañeros se han adelantado para continuar con la investigación, por lo que no pudieron despedirla correctamente; sin embargo, sus gracias las han dejado a mi cargo.
- …Buenos días Hyo-san…seeee… bien… am… aceptadas… adiós – Sin primera taza de té, no soy la persona más coherente que digamos.
Colocando el agua para mi merecido elixir matutino, comencé a preparar mi desayuno. Mmm. ¿Ramen? No, Naruto jamás me perdonaría tal traición de comerlo sola… pero no tiene por qué enterarse.
- …Sakura-san, - ese tonito que tienen las personas para pedir favores, es algo que no deja de menoscabar mi paciencia, no importa la de veces que lo he escuchado – Requiero preguntar si es posible que continuemos nuestra estancia en tu hogar. Sabemos lo complicado que puede sonar, pero hemos encontrado que satisface las necesidades de control y búsqueda para la investigación. Serías recompensada, obviamente, económicamente por el tiempo que tardemos resolviendo el caso.
- Esos dos te dejaron atrás porque, conforme mis impresiones, eres quien sufre del menor dolor de estreñimiento verbal y te permite respirar más libertad para expresarte, ¿no es así?
Me mira casi culpable. Casi.
- Mis compañeros tienen cierto… recelo a tu negativa, Sakura-san.
- Dices entonces, ¿qué me temen? – digo sonando confundida.
- Digo que al parecer no pueden controlar contestarte de cierta manera a tus continuas críticas.
- Dices que son unos maleducados ante una dama.
- Digo que no comprenden las penurias que pasa una mujer sola en el bosque.
- Dices que me deben que tener lástima y ¿entenderme por ello?
- … -
- Continua por favor, puedo seguir todo el día – sonrío lindamente.
- … Te encanta hacer esto, ¿no es así? – Hyo-san simplemente niega con la cabeza, escucho en un tono muy bajo, una risa.
Giro hacia las notas del refrigerador, un listado de postik para anotar pendientes.
- ¿Cuánto tiempo? – Tomando un papel amarillo y pluma, mi mirada sube a él.
- ¿Tiempo? – Dice confundido ahora.
- Unidad de medida entre la utilidad de mi hospitalidad permitiéndoles quedarse y el momento en el que recuperaré mi casa para mí sola de nuevo.
- ¡Oh, claro! Una semana, Sakura-san, máximo, inclusive menos, pero en caso de ser así, procederemos a notificarle con 24 horas de anticipación para evitar cualquier confron…-
Le hago señas con la mano para callarlo.
- ….Sí, sí, ahora escucha: vas a ir a la de la esquina, la que tiene el letrero en azul, no el de verde. Diles que vas de parte de Sakura y ya sabrán que darte, sin embargo, diles que tendrá que ser el triple esta vez.
- ¿Sakura-san? – dice el hyo confundido
- Ahora para el resto, en la miscelánea, con Chijijo-san, le darás esto – Le entregué la nota en la que escribí la lista.
Acepta con confusión claramente en sus manos, y comienza a leer, mientras me reacomodo y saco del refrigerador, unos preparados de empanadas que tenía listos con mermelada de frutos rojos y algunos de jamón con queso. Lo coloco todo en una mochila manejable junto a tres botellas de agua. Lo dejo al alcance del shinobi.
- Nada envenenado lo juro, pero si me doy cuenta de que, no se lo comieron y lo tiraron por ahí, les llenaré de chinches su cama esta noche – sentenció entrecerrando mis ojos hacia él.
- ¿Sakura-san? – Pregunto más alto cuando le arrojé también la bolsa del mandado.
- Sólo tengo comida suficiente para mí aquí, todo lo de la lista que te acabo de dar es para beneficio de ustedes.
- Y las medias negras unisex que agregaste, … ¿son para nuestro beneficio? – interrogo indeciso.
- Por supuesto, una mujersita con pies fríos puede ser un demonio encarnado cualquier día. No quieres comprobarlo, créeme.
- ¿Y los dulces de leche?
- Me mantienen calmada por las tardes.
- ¿Y los cuatro tarros de sake?
- ¿Vas a cuestionar el gusto de Bastet?
La confusión, la incredulidad y diversión desprendían de sus poros, cuando me comprendió que nada era broma.
- Recuerden: el desayuno es a las 7, almuerzo a las 11, comida a las 2, merienda a las 7 o cena a las 9, por tanto, habrá comida en el refrigerador todo el tiempo si ninguno de esos horarios les acomoda. Hay agua caliente todo el día para un sin fin de duchas, y lo único que les voy a pedir es que no quiero ninguno de sus juguetes shinobi tirado por ahí. Bastet se podría lastimar. Dicho eso, ¿alguna cosa más?
- …Eres… una mujer muy práctica, Sakura-san. Aunque no deberías meter en saco roto el consejo de Karasu-san, tiene razón. No deberías confiar en extraños tan fácilmente.
- Es por ello por lo que estas pagando por todo lo de la lista.
- …-
- Arigatou Hyo-san, nos vemos más tarde.
- Arigatou Sakura-san por su hospitalidad – hizo una breve reverencia antes de salir de la cabaña.
Gracias a ti Hyo-san.
Bastet mirándome desde su lugar en el sofá. Sí, mantén a tus amigos cerca, y a tus enemigos más cerca. Una imagen mental de mí misma acariciando a Bastet riendo malvadamente era una deliciosa fruta de mi imaginación.
Continue con mi desayuno hasta que:
¡Demonios! Debí incluir unas botas nuevas, ohhh…
Naruto estaba sudando, profusamente. Ritmo cardíaco alto, venas hinchadas estiradas sobre brazos bronceados macizos, caída del pecho por el alto esfuerzo pulmonar.
La sonrisa de satisfacción de haber terminado con otra excelente sesión de katas estaba incrustada en su cerebro.
Si bien le encantaba el ninjutsu y fūinjutsu, iniciar sus mañanas con katas, calentaba deliciosamente su cuerpo, llevando la sangre a las partes correctas de su cuerpo.
Ciertamente no había dormido bien la noche anterior, no tanto por la inusual cama o el frío porque ciertamente los cachorros lobunos eran cuerpos de infinito calor. Había sufrido de insomnio por la perspectiva de cómo se las estaría arreglando su hermana con tres bestias en su casa.
Cuando Bosu-sama le conto sobre la carrera que les dio al trío de shinobis, que equivocadamente habían pisado parte de sus terrenos, no esperaban qué en lugar de regresar a la aldea, a donde los habían orillado a correr, tomaran el camino hacia su cabaña.
Sakura-chan podía cuidarse sola, pero por supuesto. Nada más lejos de la verdad es que ella podía comandar ejércitos enteros si se lo proponía. La había visto hacerlo en las misiones que habían compartido.
Pero, aun así, era su hermanita, aunque él fuera el menor según ella, y más ahora que la situación era más peligrosa que nunca.
Podrían descubrirlos y todo se iría por la borda, nunca volvería a verla, jamás regresarían a su cabaña a vivir juntos, jamás volvería a utilizar las manos de sacacorchos como palillos, incluso extrañaría las pestes del estúpido de Bastet… mentira, jamás extrañaría al estúpido de Bastet, maldito gato gordo…
Pero si todo salía mal… ¡No, cálmate! Todo está perfectamente planificado, se dijo a sí mismo, respirando profundo.
En uno de los tantos claros del bosque, estaba terminando de estirarse. Se había quitado la camisa de lino, y sólo se había quedado con sus pantalones color caqui campesinos favorito. No era necesario ponerse su traje de entrenamiento, no cuando los shinobis estarían tan cerca, él debía de esconderse lo mejor que pudiera.
- ¿Qué haces aquí?
Una voz muy desconocida se escuchó por detrás de él. Naruto trato de emular a su hermana cuando ha sido atrapada haciendo una travesura. Fingiendo calma, volteo lentamente todo su cuerpo para recibir al inesperado visitante de su claro.
Un Shinobi, traje oscuro prácticamente negro, no, azul muy oscuro, chaleco de apagado verde estándar, cinturón con incrustados kunai puntiagudos empapándolo. Sandalia de Joni en color platino con textura, vendas blancas rodeando su muslo derecho y guantes cuerpo para de dedos abierto. Naruto sabía que este shinobi era joven. El olor a fuego lento y azul oscuro rodeo el claro. No veía correctamente al ninja, este se había colocado justo debajo de un pino siendo impregnado con luz solar a la altura de su cuello. Se veía su cuerpo, aunque no se veía voluminoso tenía músculo, agilidad.
Naruto se sintió expuesto, justo cuando tenía que esconderse y se encuentra con este tipo.
- Por lo general, la gente se presenta primero antes de hacer cualquier pregunta.
Silencio, se sentía la tensión sumándose lentamente.
- Una disculpa por la interrupción de su… rutina. Me presento como Hayabusa-san, a sus órdenes – el shinobi da un paso hacia la luz, permitiendo ver su rostro. La máscara de halcón saluda a Naruto después de una breve reverencia. – Soy un shinobi jōnin de la Aldea Oculta Entre las Hojas: Konohagakure. Hemos venido mi equipo y yo a investigar las desapariciones en el kokujin bochi.
- Mucho gusto Hayabusa-san – Naruto simplemente se acercó a un tronco colocado por detrás de él - Les deseo suerte.
Naruto estaba a punto de tomar su camisa y su hacha de leñador - para fingir seguir trabajando con la leña – cuando escucho nuevamente la voz del intruso:
- Es común regresar el gesto al presentarse – El shinobi no se había movido.
Naruto no se había percatado por la intensidad de la luz tan liviana que entraba al pequeño claro, pero ahora podía ver…:
- ¡Oy! Tienes un pato negro montado en la cabeza – dijo totalmente serio, como esperando a que el shinobi explicará que estaba haciendo ahí un pato.
- … ¿Cómo? - Hayabusa-san no tenía idea de que estaba hablando este chico rubio.
- Sí, tienes un pato, diría que, de edad temprana, montado en la parte trasera de tu cabeza, es negro – Naruto simplemente tomo su camisa y la coloco en su hombro. El hacha lo soporto en el contrario.
- No tengo ningún pato en la cabeza – dijo Hayabusa-san pasándose una mano, sólo para confirmar
- ¿Seguro? Oh cierto, no se mueve cuando pasa la mano, entonces no me digas que eso es… - le brillaron los ojos a Naruto – eso es… es… ¡¿tu cabello?!
No soporto nada y el rubio soltó tal carcajada que incluso los petirrojos que están bailando cerca salieron volando.
El estómago le doblaba el cuerpo de la risa, no podía creer que ese tipo tuviera un cabello tan… tan… patoso. No pudo más y se tuvo que tirar al suelo para rodar hasta que el aire empezó a faltarle en los pulmones.
El halcón no entendía lo que era tan gracioso como para que este tipo rodará al suelo sin parar de reír.
Cuando lo vio en el claro, pensó que sería el verdadero culpable de las desapariciones de los cuerpos en putrefacción. Nadie podía talar madera tan elevado, montaña arriba, el trabajo de los leñadores se veía claramente hasta las faldas del bosque, por lo que no tendría sentido que este tipo estuviera aquí.
Cuando su taicho-aniki, lo envió más temprano a rastrear más pistas entre los senderos del bosque, le pareció una excelente idea. Ya había tenido suficiente de la criatura latosa de rosa que al parecer tenía una vena psicópata, en cambio, cuando aniki y toshiue no itoko, le comentaron que lo ideal sería continuar vigilando a la rosada y el camino estratégicamente cercano que estaba situado al cementerio, no pudo oponer ningún argumento. No es que Taicho lo hubiera permitido.
Estaba bastante emocionado, expectativas altas por esta misión en conjunto con Itachi y Shisui, al fin considerando que podría ver en acción real a cada uno y al mismo tiempo. Una ilusión a la que creció arraigado, cada año disminuyendo por cada promesa incumplida por sus propios familiares, especialmente Aniki.
Por ello, cuando fue Hokage-sama en persona – con un olor muy familiar a Isojiman, sake de reserva especial añejada de su padre - quien le informó sobre su primera misión rango B y los miembros de su equipo, todos los sueños que pensó que había abandonado en su infancia retornaron con fuerza a su mente.
Todo iba a pedir de boca. Hasta que la misión real empezó. No, eso es erróneo. Hasta que conocieron a la bola de pulgas gatunas rosa que tiene cierto gusto por tenerlos a los tres en estupefacción continua.
No es que admitiera que su cabaña era espectacular, que, aunque por fuera pareciera pocilga, por dentro no le envidiaba nada a su residencia principal en Konoha, especialmente ese toque de calidez que alberga. Tampoco admitiría que por un momento dudo que fuera ella la cocinera, cuando dio el primer bocado de miso, parecía haber encontrado a una contrincante digna de su madre.
Y por un momento, muy breve lo considero. Una contrincante real. Hubo algo en lo que dijo, justo cuando estaba parloteando sobre su independencia y todas esas cosas femeninas y de superioridad; tal vez el tono o los hombros totalmente relajados pero firmes, la posición del cuerpo o el brillo malvado en sus cristales esmeraldas, pero un instinto primitivo le susurro: Peligro.
Sin embargo, duro ni una milésima de segundo.
Siendo una "mujer", - adolescente sería un mejor término, - que no aparentaba más allá de dieciocho años, era rebelde en sus maneras. Se notaba que estaba habituada a hacer lo que quería, cuando quería; no estaba acostumbrada a un "no" por respuesta.
Cabello rosado – estaba casi cien por ciento seguro que era real, no encontró tintes en el baño ni en los gabinetes dispuestos – que llegaba al cóxis, trenzado gruesamente con ciertos mechones que le escurrían por la cara, le daba cierto toque entre ternura y adorabilidad, considerando que no le llegaba a la barbilla a su primo y aniki, debía medir cuando mucho, el metro con sesenta. Piel de melocotón, toques pálidos y rosados cubrían lo que se alcanza a ver en pies, brazos, cuello y rostro. Debajo de cejas delgadas - ¿más rosa? – estaban enormes esmeraldas de intenso mirar, felinos juguetones en ocasiones, nariz respingona, recta, dando paso a unos labios gruesos, sin exagerar, labio inferior más jugoso que el elevado. Mejillas besadas ligeramente con pecas de tono rojizo claro, barbilla cuya forma era definida por su cara en general diamante.
Si fuera un hombre sin mayores objetivos, consideraría a la niña-mujer-cobra venenosa una cosa… linda.
Cuando termine de crecer transformándose en una fémina completa, no duda que existirán los tontos que la vean como un Hada de atractivo magnetismo.
A sus ojos, sólo era un cerezo espinoso.
Su aspecto no es un problema en su vida, es la personalidad lo que es un desastre.
Simplemente si sólo guardará respeto como todo civil debe ante un alto guardia shinobi y no usará esa lengua para cosas tan insulsas, en cambio, estaba aquí tratando de entender las mentes campesinas:
- ¿Qué es lo que te pareció tan gracioso? – pregunta bastante ofendido, dándose una idea.
- Jajajaja ¡T—t—tú! ¡Tu ca—cab—cabe—ello! ¡Tu cabello es un pato! Jajajaja
Naruto tuvo que relajarse, se intentó obligar a bajar su diversión, pero es sólo que cada vez que el shinobi movía su cabeza en confusión con su cara inclinada sobre el cuerpo recostado del rubio, daba la impresión de que en efecto el pato se movía detrás de la cabeza del shinobi.
- ¡Po-por-fa-fav—favor, quit-ta—ta-tate de aquí! Jajajaja – Farfullando apenas podíacomunicarse
Tuvo que esperar a que el ninja se alejara un poco y fue como empezó a relajarse realmente, la risa gradualmente bajando.
Cuando se sintió más en calma, risa abajo, quedo sentado con las piernas estiradas buscando con la mirada al shinobi, el cual estaba esperando su momento de conversación en cuclillas alejado nuevamente, bajo la sombra del mismo pino del cual había salido.
- ¿Has pensado en cortártelo? – Pregunto el rubio
- … ¿Cómo?
- Seguramente tienes muchos problemas por eso, ¿no es así?
- ¿A qué te refieres?
- Bueno, es lógico, debes de tener muchas dificultades cada vez que conversas con alguien, ya sea con extraños o incluso tus amigos.
- … -
- … Si tienes amigos… ¿verdad?
- Por supuesto que tengo.
- Entonces los tienes, me refiero a problemas, no a los amigos.
- ¿Por qué tendría problemas?
- Porque nadie puede hablar contigo en serio, no con ese pato encima tuyo.
Naruto estaba muy tranquilo ahora, viendo el cielo azul y las pocas bolas de agua y aire navegando en él
Con ambos brazos colocados detrás de él, dejo caer su peso en ellos, con las piernas estiradas, sin intención alguna de levantarse del pasto.
Al saberse vigilado, Naruto regreso su mirada desde el suelo a su visitante:
- Supongo que estas buscando al culpable de las desapariciones de los cuerpos, ¿eh?
- ¿Alguna idea que gustes compartir?
- Nada útil… aunque…
Halcón subió la ceja, no visible al chico semi acostado frente a él. ¿No puede ponerse una camisa?
- Si tienes información por más mínima que la consideres, puede ser una referencia totalmente viable a investigar – intentando convencerlo de no retener data que pudiera tener valor.
Llevaban únicamente dos días en la aldea-bosque, sin embargo, desde su bienvenida los aldeanos, aunque amables y educados, conversaban abiertamente de sus preocupaciones; sin embargo, habían tenido cierto resentimiento de compartir información de los habitantes del bosque.
Habían descrito a una chica y un chico viviendo justo a las faldas de la montaña, y eso fue todo. Literalmente: "Son buenos chicos…", "…chicos muy trabajadores…", "… no fueron ellos". No hubo mayor explicación sobre sus actividades o incluso descripciones. Era como si los aldeanos temieran a hablar con los shinobis sobre los ermitaños.
Entendiendo que la flora venenosa era Sakura-san, necesitaban hallar al macho. En cambio, la rosada, al parecer acababa de perder a su pareja, si la nula conversación que tuvo con Itachi-nii fue un indicativo.
Entonces este chico, ¿Quién es? ¿El macho perdido?:
- Mmm… no creo que sea nada, tal vez fue un oso cazando…. – comento el rubio retornando la vista al cielo azul.
- ¿Puedes decirme? Incluso si para ti es nada, para mi podría valer algo – voz plana del ninja interrogando.
- Mmm… - suspiro – Esta bien. Anoche, aunque estaba lloviendo, se escuchó un ruido perturbador. Esta mañana cuando salí a revisar las trampas para conejos, encontré algo extraño. Más bien perdí algo.
- ¿Qué fue lo que perdiste?
- La trampa completa.
- Puede que tengas razón, pudo haber sido un oso, pero me gustaría asegurar el lugar. ¿Te importaría llevarme? – el shinobi se levantó en toda su altura.
- Claro que no, de cualquier manera, me dirijo para allá – señala su hacha – Esta preciosidad y yo tenemos que encontrarnos con unos amigos.
Espero a que Naruto se terminará de sacudir sus pantalones, volvió a colocarse la camisa en un puño en un hombro y el hacha en el otro.
- Sigues sin presentarte correctamente.
- ¿Mi nombre realmente a un desconocido de paso?
- ¿Los lugareños suelen ser tan generosos con sus respuestas?
- Ah…. Supongo que entonces ya tuviste el placer de conocer a Sakura-san.
- Debo suponer que la conoces bien.
- La he visto, aunque siempre está acompañada.
- Entonces ¿no eres cercano a ella?
- Cercano no sería un término que yo utilizaría.
- ¿Vive sola?
- Iie, esa mujersita vive con su familia. Puedes escuchar cuando está riendo con ellos incluso hasta aquí, en la montaña.
- ¿Vives solo, cerca de aquí?
- Por el momento sí, la situación no está como para que me quede en casa sin hacer nada, ¿no crees?
Entonces este tipo no era el compañero, pero tampoco parece saber que la rosada ya no vive con alguien.
A menos… que alguno de los dos este mintiendo… o ambos.
Pasando varios senderos cada cual más alto, llegaron a un pequeño caudal de río, apenas podía verse que no era un lago, sino un río. Atascado, por las decenas y decenas de pequeñas maderas incrustada en su salida principal
- ¿Ves eso? – Señalando el agua atascada entre las muchas maderas – Los castores son criaturas impresionantemente inteligentes; sin embargo, están inundando algunos campos de cultivos a las salidas del pueblo. Chijiro-san me pidió que eliminara este puente para que el río continue su curso natural y evitemos quedarnos sin lindas calabazas en otoño
El rubio planto su hacha en un tronco cercano, acercándose a la orilla del río lavándose la cara y tomando un buen trago de agua fresca.
- Es por aquí cerca, dame sólo un respiro, empecé desde temprano hoy – continuo con su lavado matutino, mojándose la nuca, mostrando la espalda llena de musculo joven al shinobi quien se quedó totalmente quieto observando la acción.
- Listo, podemos continuar – dijo el rubio poniéndose de pie, sin embargo, congelándose antes de dar su primer paso.
- Adelante, tracé el camino, lo sigo – el ninja lo veía impasible, pero Naruto lo sabía mejor.
El olor del ninja había cambiado, no el del chakra, ese jamás cambia. No. El aroma corporal, feromonas levantadas por el viento de la montaña.
En los años lo había olido en algunas chicas que, en cuanto Sakura se acercaba, empezaban a oler a miedo. Sin embargo, él había olido lo suficiente en su vida, para percibir ciertos químicos en el aroma.
Son los nervios. Imaginación volátil, porque duró mínimamente segundos. Debía enfocarse. Este shinobi evocaba peligro, cada movimiento altamente controlado, volumen de voz, palabra que brota de sus labios; y eso que aparentemente estaba en un modo no letal por el momento.
Sakura tenía razón, la paranoia es una excelente aliada del fracaso.
- A esto me refería, - señalo el lugar donde estaba su trampilla – tan sólo ayer la coloqué, ahora no está.
El shinobi vio más de lo que el rubio relato. No había trampilla, pero es porque no había nada. Básicamente.
Pareciera haber sido un mini campo de guerra, el lugar estaba rodeado de árboles cuyos troncos parecían haber sido atacados con… uñas. Una pista: varios árboles tienen uñas incrustadas y las huellas que habían perdido río abajo, a tan sólo unos 200 metros de donde estaban, reaparecían aquí. El olor a sangre y alguno que otro pedazo de pelaje de conejo, también yacía en el resto de las hojas secas que contenían incluso piezas roídas de ropa. Pisadas ligeras y con distintos niveles de cojera se deslizaban afuera del claro. Había múltiples caminos a partir de ahora. Sentía nuevamente su ánimo arriba.
- Esto parece ser la continuación de lo que hemos estado buscando. Le agradezco su oportuno informe….
- ….
- ….
- Oh…, Naruto. Mi nombre es Naruto, un placer Hayabusa-san – Dijo el rubio pareciendo realmente arrepentido por no haberse presentado anteriormente, dando una breve reverencia.
- Arigatou, Naruto-san.
- Para servirte, Dattebayo - Labios deslizándose, sintiendo que en efecto el ninja estaba más animado.
Un rostro enmascarado frente a una cara sonriente. Las sonrisas jamás lo saludaban, no a él.
Naruto jamás sabría cuán impactante fue ver esa primera sonrisa de oreja a oreja para Uchiha Sasuke.
