Capítulo 15: No me abandones
Había abierto sus ojos al amanecer.
Estaba enfocando, lentamente. Realmente estaba muy desorientado, podía verlo en sus ojos que sólo miraban hacia arriba. Cerró sus ojos por un momento y esta vez los abrió más lento, entonces recordó.
Todas sus emociones se podían ver en su mirada y al finalizar de recordar, se levantó:
- ¡Sakura-chan! – Dijo muy preocupado.
- Tranquilo, aquí estoy – tome su mano derecha mientras seguía sentada en el suelo lleno de cobertores y almohadas.
- ¿Estás bien? – la ansiedad de su voz, me jalo hacia él, con ambas manos reviso mi rostro, mi cuello.
No es que importara realmente, ya había curado los moretones para que no se preocupara.
No contesté, me concentré en regresarle el abrazo que el me propinaba. Yo sentada apoyándome en la pared mientras que mi hermano estaba acostado, quedando su cabeza en mi regazo, abrazaba más que nada mi vientre mientras yo masajeaba su espalda. Gotas de humedad mojando mi estómago.
Nos quedamos así mucho rato más.
No quería moverme, me hacía recordar cuando éramos niños y yama-uba se había cansado de presionarnos - o intentar matarnos, lo que fuera primero – y nos quedábamos sentados en la engawa, viendo el día pasar, únicamente nosotros, justo así. La cabeza de Naruto en mi regazo y yo recargada en una de las columnas de la escalerita del jardín trasero.
Cerrábamos los ojos y podíamos oler, escuchar y sentir todo.
Byakko-sama nos acompañaba con bailes de viento donde las sakuras caídas se levantaban haciendo figuras de bailarines misteriosos y las campanillas de viento sonaban como una canción de baile.
A veces hacían travesuras como corretearse entre sí mismas, o fingían caerse torpemente y nos reíamos de sus payasadas. A veces Seiryu-sama nos complacía dejando que uno de sus espíritus de agua juguetones hiciera maldades a los de Byakko-sama, quienes ofendidos intentaban atrapar al líquido y podían pelear así durante horas. Sacacorchos era graciosísimo porque "su jardín" quedaba enlodado y salía portando su delantal y rastrillo dispuesto a limpiar el desastre de los elementales, quienes lo adoraban porque unían fuerzas y siempre le hacían carrillas traviesas.
Éramos meros espectadores, pero nos hacía tan felices, más cuando nuestra anciana se sentaba junto a nosotros cargando a un perezoso Bastet.
Suspiré, se sentía como si hubiera sido en otra vida aquello. Cuando aún no teníamos idea del peligro en el que realmente estábamos. En el que todavía no cobraba mi primera sangre, ni Naruto había probado el poder del bijuu dentro de él.
- ¿En qué piensas? – me dijo mi hermano, quien pensé que se había quedado dormido.
En cuando Sacacorchos estaba tratando de recuperar el delantal del árbol de Sakura, cuando los elementales se lo subieron hasta la cima.
- Oh jojo, - Naruto se rio recordando – Era tan tonto, cuando subió a la cima simplemente lo dejaron caer al suelo, así que ahí va de nuevo al suelo y cuando llega al suelo, se lo vuelven a subir. – Siguió riéndose - ¿Por cuánto tiempo estuvo así? Tal vez… ¿dos, tres horas? Incluso ya nos habíamos cansado de verlo, empezaba a dar lástima.
- Hay que reconocerle su tenacidad, nunca dejo de subir ni bajar.
- Es porque él ama ese delantal.
- Era el delantal de ella – dije en voz baja.
- Ella… ¿Qué crees que este haciendo? – me dijo Naruto viendo el techo de la guarida de Bosu-sama – Alguna teoría de porque ella… se fue – bajo la voz, temeroso de preguntar realmente
Guarde silencio. Tantas veces me he hecho la misma pregunta. ¿Por qué nos abandonaste?
- Recuerdas que días antes de que se fuera, ¿nos dijo algo que ninguno entendimos? – le pregunté a mi hermano, esperando que recordará.
- ¿Lo de que cada uno de nosotros debíamos de probarnos a nosotros mismos?
Asentí.
- Creo que ella se fue para probarnos por última vez, para saber cómo actuaríamos sin ella guiándonos – le respondí mientras continuaba jugando con sus mechones.
- Pero ¿para qué nos estuviese probando? Además, ¿para qué nos necesita probar tanto? Pasamos cada prueba, cada trampa que nos puso de niños, cada sello que nos obligó a descifrar sino fallecíamos, cada dedo roto, cada costilla fracturada. La primera vez en que te ahogo para demostrar que podías expulsar el agua por ti misma de los pulmones, la vez en que me obligó a sacar la primera cola para medir mi poder, lo de Mei-sama, lo de Kirigakure, cada vez lo logramos, malheridos pero vivos. ¡¿Por qué no somos suficientes para ella?! – Naruto había enlistado cada cosa que le había dolido, pero esa última pregunta fue la que hizo derramar sus lágrimas.
Mi hermano era más emocional que yo, cosa que siempre agradeceré infinitamente.
Se levantó de repente, tratando de controlar su cuerpo nuevamente, caminar lo calmaba.
- Tranquilízate, ella siempre tenía una razón válida.
- ¿Una razón válida que ahora nos haya dejado al borde de un demente que deseaba mi muerte? Ese bastardo quería extraerme a Kurama, Sakura-chan – baja la voz – ni siquiera – suspira – ni siquiera sabe que estaba pidiendo, estaba enloquecido por el poder, sólo vi oscuridad a través de él. Llegar tan lejos como para revivir a los muertos solo para practicar como sería el controlarme. ¿Habías oído alguna vez tal estupidez? – Naruto se estaba frustrando con cada palabra.
- Hablando de eso, puedes explicarme – me levante mientras empecé mi pregunta – ¿porque estuviste hablando con el shinobi de Konoha cuando te pedí expresamente que te quedarás resguardado?
Naruto guardo silencio, reacomodando sus ideas hasta que me miro seriamente. Ojos azul cielo tapados con la oscuridad de la guarida.
- ¿No te cansas de la soledad Sakura-chan? Nos tenemos a nosotros, sí, pero no puede ser eso todo, ¿o es así?
- Detállame más que es a lo que te refieres – pregunte queriendo no escuchar, pero sabía que él tenía que sacarlo de encima.
- ¿No te cansas de tener que cuidarme? – resopla - No, no cuidarme. Vigilarme, mantenerme en línea, ¿no estás harta? Tenemos dieciocho, planeas seguir pegada a mí, ¿otros cuántos? ¿dieciocho o más?
- No lo veo como una obligación, Naruto, eres mi hermano, nunca dejaría que nada malo te pasará, lo sabes.
- Sí lo sé, pero no crees que también quiero verte… ¿libre?
- ¿Libre? – mi confusión estaba plasmada en todo mi rostro.
- ¡Libre! Para vivir como tú quieras, sin tener que levantarte en la madrugada pensando que algo me ha hecho enfadar y necesitas acudir a salvarme, de nuevo, otra vez para variar – Naruto agitaba sus brazos tratando de dar a entenderse.
- Pero es lo único en lo que puedo ayudar, es lo único que sé hacer Naruto – trate de darle a entender que no era obligación para mí.
- ¡Exacto! Es lo único que sabes hacer, porque se nos enseñó a que debo de estar vigilado 24/7, pero ¿adivina qué? Estos últimos días hable con ese chico, y a pesar de que se dio cuenta que no soy normal no me persiguió, no me presiono ni me obligó a hacer algo que no quería. Es más, me dio opción. Sasuke ni siquiera…- interrumpí a Naruto hasta ahí.
- ¿Ya decimos sus nombres entonces? – me crucé de brazos y puse todo mi peso en la cadera izquierda – Recuerdo que acordamos que no nos involucraríamos con ellos Naruto, e incluso Bastet concordó en que los ojos rojos no son amigos, posiblemente podrían capturarte si bajarás la guardia, debiste ver tu psique, estaba prácticamente destrozada, otro poco más y podrían haberte controlado, ¿es eso a lo que te refieres con hablar con otros que no sean los nuestros?
Se acercó a mi mientras gritaba odiando nuestra situación:
- ¡¿Y quiénes son los nuestros Sakura?!¡ Una anciana que nos abandonó, un padre que nos extraña a veces, un gato que no nos baja de sus criados, un mueble cuya vida es prestada de la naturaleza y hasta ahí!¡No tenemos más Sakura-chan! Estamos solos, estamos solos … - Sus manos habían aprisionado mis hombros. Temblé, jamás me había gritado, no a mí, a todos los demás sí, pero a mi jamás.
- Nos tenemos a nosotros Naruto… - Seguí respondiendo lo que me pareció lo más normal, con la voz baja y mirando sus ojos.
- ¿Por cuánto más Sakura? Te veo ahora mismo, hermana, estas temblando y a punto de llorar, ¿crees que quiero esto para ti? ¿para mí? Un hermano no debería hacer llorar a su hermana, mucho menos hacerla temer por su vida, no quiero esto para ti Sakura, no lo quiero… - él lloraba mientras me abrazaba.
Mi hermano me abrazó más fuerte que nunca, mientras yo intentaba tragar el nudo en la garganta.
Su dolor, la marginación que sufríamos, el rencor contra Obāsan-sama, la forma en que vivíamos tan temerosos y ocultos. Todo estaba pasándole factura a mi rubio favorito. Él siempre fue más emocional que yo. Él quería ver el mundo. Quedo fascinado la primera vez que salimos de la mano con Otousan de Yugakure; quería aventuras y quería cines, quería restaurantes y quería caras nuevas. Las quería, porque quería amigos. Él se sentía tan solo, aun conmigo.
Los últimos años, él había encontrado aburrimiento y desasosiego cada vez más profundos en nuestro estilo de vida. Lo sabía. Lo veía cada vez que iniciaba cada día y en la forma en que recordaba su presente y esos ojos se volvían grises por momentos. Lo notaba en la forma en la que había estado descuidando su cabello, antes tan prolijo pensando que ese día conocería a alguien nuevo, o al día siguiente, o al siguiente hasta que se cansó de esperar.
Me percate de cada vez en que él sintió bruma por querer vivir lejos, experiencias que lo llenaran. Otouto fue criado como un ave del paraíso, salvaje e indómito, pero su corazón era el de un perico. Le encantaba hablar y convivir, interactuar con mucha, mucha gente y Yugakure ya no lo complacía. No como de niños.
Por esta razón, espero que Naruto me perdone si alguna vez se entera de que todo esto no ha sido coincidencia.
Yo lo abrazaba sintiendo que se me estrujaba el corazón. Esto se lo había guardado por mucho tiempo, por la forma en como sus ojos se estaban salpicando humedad. Yo no podía hablar, ningún sonido salía de mí mientras no lo soltará. No nos quedamos así más de dos minutos cuando quise finalizar tontamente la conversación:
- Eres lo más importante para mí Naruto – mi voz baja.
Mi hermano entonces volvió a tomarme de los brazos:
- También eres lo más importante para mí Sakura, y por eso no permitiré que esto continue – él desapareció de la guarida, aplicando shunshin a velocidad rayo.
Frenéticamente busque su chakra, no estaba en las cercanías. Utilizando chakra natural para rastrearlo, no lo encuentro, no lo estoy localizando. Sólo pude pensar en un lugar al que podría ir.
Aplicando jutsu de teletransportación, emergí de la madera de nuestra cabaña. Escaneando, no encontré su fuerza dentro sino afuera, donde escuché su voz furiosa.
- ¡Adelante, hazlo!
Moviendo la mano, salí inmediatamente por la puerta principal que se abría violentamente por la fuerza de aire que imprimí.
Salí apresurada al descanso de las escaleras de la entrada donde me congelé ante la vista.
Tres shinobi en el campo, los tres enmascarados familiares. Manos al lado de cada uno de sus cinturones como preparándose para pelear, pero sin decidirse aun si había amenaza. El líder, en medio del trío, no pude verlo correctamente por cierto rubio que estaba tapándome la vista, hasta que me di cuenta por qué.
Mi hermano, mi querido otouto, tenía un kunai apuntando directamente a su yugular de la mano de Karasu-san; ambos, tanto kunai como la mano del ninja estaban atrapadas por las enormes manos de Naruto.
Era él quien se había colocado a si mismo el kunai del ninja. Mi corazón se estrujo dolorosamente.
- ¡Adelante! ¡Átame! ¿A eso has venido no es así?!¡Luego la dejarás libre a ella! – Gritó mi hermano a escasos centímetros de la cara del ninja cuervo, quien parecía asombrado por la forma en que sus hombros se echaron hacia atrás.
Mi sangre se enfrió, no supe cómo ni en qué momento, pero sentí reunir chakra natural a mi alrededor de manera automática.
- Basta! – Grite desesperada.
No, esto no era parte del plan, esto no por favor.
Brotando de donde estaba de pie, una energía potente, la acumulación del poder que solicite sin saberlo dio rienda suelta a mi sentir. Todo en decenas de metros a la redonda, en cuestión de milisegundos, quedo congelado bajo un mar de nieve que broto enseguida de la tierra y los pequeños indicios de humedad en el aire se habían vuelto copos de nieve cayendo temprano por la mañana. El cielo había oscurecido, cubriendo el sol, con nubes repentinas arriba de nuestras cabezas.
Las hojas de los árboles empezaron a marchitarse, muriendo a un ritmo atroz; las flores plantadas en el frente de la casa habían quedado congeladas como agua bajo cero. Ni un rastro de verde en el claro era visible, incluso el agua del molinito en la parte trasera de la casa se había dejado de escuchar.
Nada de eso importo, porque yo sólo tenía ojos para mi hermano, quien aún no volteaba a mirarme.
Me recargué sin fuerzas sobre la columna de madera congelada de las escaleras.
- Basta…, no… onegai …, no así… por favor, no – murmuré decaída – No….
Seguí pasmada susurrando mientras me dejaba deslizar lentamente por la columna, mis rodillas cediendo bajo de mí por el temor del kunai en su cuello.
Entonces bajé la cabeza, cuando él siguió sin mirarme.
- Onegai, haremos lo que quieras, onegai, pero no me abandones, no así, por favor – mi susurro era lo único que se escuchaba en todo el campo.
Cerré los ojos, no quería llorar, no quería hablar por el nudo en la garganta, pero sabía que si él giraba la cabeza para mirarme terminaría haciéndolo.
- Eres todo lo que tengo, no tengo más, por favor – Escuché caer más de lo que sentí mi primera lágrima - Eres lo… único… no más, … será a tu manera, por favor – escenarios donde mi hermano podría ya no estar en mi vida pasaron en mi mente, a cada cual, peor que el anterior, cumpleaños sin él, puestas de sol sin su compañía, cosechar y sembrar sin sus travesuras. Leer antes de dormir, sin sus ruidosas quejas….
Un par de manos, callosas, fuertes, cálidas, me tomaron por los hombros. Abrí los ojos y los elevé.
Un par de ojos azul cielo muy tristes, demasiado tristes, deprimentes, me saludaron.
- Tonta, jamás podría dejarte – me dijo en voz baja.
No termino de decir la oración cuando yo ya lo tenía abrazado, fuertemente, no podía, no quería soltarlo nunca más.
Mi cabeza había quedado por debajo de su barbilla, me había acomodado sobre su pecho, ambos acurrucados sobre el descanso de las escaleras de la entrada.
No lloré, me tragué cada nudo de garganta que subía. Lo que sí sentí fueron unas cuantas gotitas de humedad cayendo sobre mi cabeza.
Perdí la cuenta de los latidos que escuché sobre su pecho, su respiración tan cálida y serena me estaba aplacando a mí y mis emociones descontroladas.
Años atrás había entendido que perderlo no era opción. Nos hayan criado así o no, era mi hermano y siempre procuraría más su vida que la mía.
No sé cuánto tiempo habrá pasado, en cambio, no había querido abrir los ojos, sintiéndome ingrávida entre sus brazos, eso fue hasta que olí canela picante y menta cerca de nosotros.
No abrí los ojos sabiendo quien estaba cerca, arruinando el momento; sin embargo, hice lo más lógico: advertirle en silencio que no se acercará más.
Venenosas lirios arañas rojas brotaron del suelo, unas gemas preciosas que yo misma había plantado y de cuyo crecimiento me sentía orgullosa. Un toque y morirías instantáneamente.
Las espinosas cercaron al ninja, una barrera entre él y nosotros.
Karasu-san, sólo se detuvo, aunque escuché muy por lo bajo, como se detuvo brevemente su respiración.
Creo que alguien está sorprendido. Ahora largo, extranjero.
- No, no seas así, tienes más modales que eso – me dijo en voz baja mi hermano abrazándome como a una niña pequeña.
No dije nada, mi cabeza girada, dirigida hacia la puerta de la casa, no hacia los ninjas.
Naruto suspiro sonando cansado.
Por la falta de su cabeza recargada en la mía, supuse que se le quedo viendo al ninja.
- Dijiste anteriormente que tenías una propuesta, ¿es así Karasu-san? – me tensé inmediatamente, algo que no pasó desapercibido para mi hermano y el shinobi.
Los lirios araña rojas se acercaron aún más al ninja como perros agresivos.
- Ya, ya, no seas mala, sólo quiere hablar – su voz dirigida a mí se movió casualmente al otro parlante - ¿no es así Karasu-san? – Mi hermano utilizo su voz grave para advertirle al ninja que no aceptaría estupideces.
- Es correcto, Naruto-san. Mi promesa anterior sigue vigente, si nos permites explicarnos, podríamos ofrecerte una atractiva propuesta; por el contrario, si no estas interesado, nos encargaremos de no presionarte y no buscar futuras retribuciones – Karasu-san era todo un profesional ya que aparentemente por su voz plana, no parecía tan afectado por lo que había presenciado.
- Ella debe de estar presente, es mi única condición para escucharte - dijo Naruto sin ninguna opción a negociar esa posibilidad, señalándome con su cabeza.
- Por supuesto, no lo haríamos de otra manera para ti y tu familia, ¿estás de acuerdo, Sakura-san? – dudo que el cuervo ninja conviva con muchas mujeres si su primera opción es tratar de hablarme cuando evidentemente no quiero hacerlo.
Hagamos entenderte esta primera lección, cuervo.
Giré mi cabeza, abriendo ambos ojos aun por debajo de la barbilla de Naruto.
- Largo, cuervo – los lirios rojos se volvieron negros en su flor, por lo que estaban a punto de disparar el veneno.
Sólo supongo como debió de vernos Karasu-san, dos niños abrazados en la cima de las escaleras de una cabaña congelada en un campo de nieve, con flores araña moviéndose por si solas, un niño rubio apenas vestido y agotado por la actividad de los últimos días, y una chica de ojos enrojecidos y furiosos.
- No se trata así a los invitados – Naruto suspiro pasando una caricia en mi espalda, calmándome.
Seguí con los ojos entrecerrados mirando maliciosamente a Karasu-san, quien no se movía, ni siquiera tragaba. Los lirios empezaron a rodear su cuerpo, listas a mi orden mental para soltar el veneno.
Los shinobi detrás de él perfectamente entrenados para no dejar salir su ansiedad por la atenta amenaza, pero se notaba que intercederían a la brevedad.
Es ahí cuando mi hermano pone una mano sobre mi mentón y levanta mi mirada hacia él.
Esmeralda observando al azul cielo. Sentí mi propio rostro ablandarse ante su expresión conciliadora.
No necesito decirme nada, no cuando todo lo decían nuestros ojos.
Él te quiere llevar lejos de mí.
No lo permitiré, sólo démosle la oportunidad de explicarse.
Él quiere llevarte.
No me iré sin ti.
Promételo.
Te lo prometo.
Calmando mi caótica mente, gire mi cabeza a Karasu-san, seguí mirándolo, no con tanto odio, sólo el suficiente para que entendiera que no estoy bromeando, bajando lentamente a las arañas de nuevo al suelo.
Esto por otouto, me recordé a mi misma.
De cualquier manera, no se atrevió en acercarse más a nosotros.
- Danos una hora. Entenderás que necesitamos comer y una merecida ducha. – dijo mi hermano intentando liberar de tensión el ambiente, estirando su brazo para hacer un punto de la mugre que había acumulado.
- Por supuesto, nos retiramos por el momento, arigatou, Naruto-san, Sakura-san. – y el trío procedió a desaparecer con shushin del claro.
- Ahora tú y yo, iremos a descansar, aunque sea un poco, comer algo y veremos qué hacer, ¿si Sakura-chan?
No conteste nada, sólo me deje cargar en sus brazos, mientras me sentía rebeldemente culpable por mi comportamiento. Sin embargo, sería hasta más tarde que no me percataría de lo magnífico que iban las cosas aun si no fue en el orden que planee.
Actions
