Capítulo 22. El hijo de Yondaime
Había tenido un buen desayuno, teniendo en cuenta que Sakura-chan no había estado para cuando despertó, se había preparado para llegar a un lugar del cual había escuchado de boca de Shisui que era excelente cocinando el delicioso fideo. Naruto memorizo el nombre desde que lo escucho por primera vez: Ichiraku Ramen.
Desde que llego había querido ir, y había acordado con su hermana de asistir, jura que sí, pero a falta de ella, aprovechar de cualquier manera las bondades que brinda la vida.
Sin identidad aún, Sakura y él habían acordado seguir llamándose igual, sin dar apellidos innecesarios. Es mejor apegarse a la verdad. Cualquiera que preguntara, eran huérfanos que habían llegado buscando nuevas oportunidades en Konohagakure, simple y era técnicamente la verdad.
El restaurante era hermoso, no por su tamaño minimalista, o por su única barra con sólo seis asientos. O por la madera antigua y los rayones que contenían esta, seguramente evidencia de incontables peleas nocturnas, o los bancos a duras penas estables con pequeños cartones colocados por debajo para evitar duras caídas.
No, nada de lo anterior importaba cuando el delicioso olor a un fideo inundado en sopa que debió de estar sus respectivas dieciocho horas bañando la cebolla, el ajo, las cebolletas, jengibre, grasa de espalda de cerdo, todo para ser adorado bajo rebanadas de panceta de cerdo asada o estofada junto a las semillas de sésamo.
- ¡Hola jovencito! Adelante, pasa pasa – un agradable señor indico asiento a Naruto – eres nuevo por aquí, ¿no es así?
- Hai, ojiisan-sama – contesto haciendo una breve reverencia el rubio.
- Iie iie por favor, no soy tan grande para esas cosas. Por favor llámame Teuchi – respondió con una sonrisa de media luna el amable señor.
- Teuchi-san, un gusto conocerlo – Naruto tomo asiento cuando termino su reverencia – Un amigo me hablo de este lugar, dice que es el mejor para ramen.
- Oh, no somos tan grandes, pero cocinamos con júbilo, ya veremos qué dices una vez que lo pruebes. ¿Quieres entonces una recomendación? – dijo el hombre guiñando un ojo a Naruto.
- Si por supuesto, ¿qué es lo que me recomienda? Le aviso de una vez que tengo buen diente, si me gana como cliente no me sacará de aquí en un buen tiempo – dijo Naruto misteriosamente al dueño.
- Oh, jajaja, cuanta enjundia, bien vamos por el Tonkotsu ramen, amigo… - Naruto quedo esperando que iba a decir el hombre hasta que comprendió.
- Naruto mi estimado Teuchi-san, Naruto solamente.
- Muy bien Naruto-solamente-san, vamos a darte de desayunar un buen caldo de cerdo.
Hora y media después Teuchi no lograba entender como este joven parecía tan impactado por su ramen. Es decir, era bueno, sabía que era bueno, pero el chico no tenía llenadera.
Iba por el séptimo plato, cuando solo pensaba ofrecerle de cortesía el primero. Teuchi lo pensó mejor, últimamente han estado bajas las ventas.
Y viendo el buen estómago de su nuevo cliente favorito, incluso previo un buen fin de mes esta ocasión.
El chico era un toro de hombre. Se ve muy fuerte, cuando termine de crecer se verá más enorme. Tendrás suficiente estómago, pensaba el dueño de la tienda. Sin embargo, ¿Por qué siento que su cara la conozco de algún lado?
Mayor fue el desconcierto del dueño cuando al lado del chico se sentó una leyenda, alguien que rara vez se le veía en la aldea. Todavía más raro verlo en su taburete sentado.
- Jiraiya-sama, un gusto tenerlo aquí, ¿puedo ofrecerle la recomendación del día? Como ve, esta delicioso – dijo Teuchi señalando los seis platos ya depuestos de Naruto.
- Arigatou amigo, sin embargo, vengo por el niño – dijo la voz del hombre mayor.
Naruto estaba embutiéndose en su último plato de delicioso cerdo sumergido en fideos, cuando escucho la voz del llamado Sennin.
Giro la cabeza para verlo y ahí estaba, el hombre era alto, pero lo descompensaba con el cabello tan desprolijo y las uñas rotas. Sakura-chan tenía razón. Este hombre en general es un desastre, sin embargo, parece más serio que dos días antes cuando lo conoció.
- Hola inútil-sama, ¿Qué te trae por aquí? – Teuchi se quedó boquiabierto ante tal falta de respeto de este muchacho a la leyenda humana a su lado.
- Jovensito, Naruto-san, ¿sabes a quien le estás hablando así? – intento razonar con el chico
- Efectivamente, a un tipo que ni siquiera puede contestar cosas básicas – dijo Naruto, sorbiendo lo último de su apetitoso caldo.
- Jiraiya-sama, una disculpa, el joven es nuevo en la aldea, no tiene idea… – intento rogar en nombre del niño que había adorado su ramen.
- No te preocupes, ojiisan, me gane esa muestra de cariño – respondió tranquilamente el hombre sin dejar de observar al rubio.
- ¿Esta vez vienes con respuestas? De lo contrario, te recomiendo el Tonkotsu ramen, está muy bueno – dijo Naruto sacando su billetera, una bolsa en forma de rana verde.
- No lo dudo, sin embargo, no son las preguntas correctas las que realizaron; por eso no pude responder. – El peliblanco saco un pergamino de entre sus ropas y se lo paso a Teuchi.
Extrañado el dueño de la tienda abrió el pergamino viendo su contenido.
La sangre se fue directo a los pies, las manos empezaron a sudar, los nervios empezaron a recorrer sus brazos. Levanto la mirada al Sennin para confirmar que es un certificado autentico, a lo que el peliblanco solo asintió con la cabeza.
Cuando Naruto pregunto el precio final de su consumo, Teuchi no pudo responder por el nudo en la garganta. Jiraiya fue quien respondió:
- No te preocupes, esta vez él ofrece la cortesía, ahora vamos.
Naruto frunció el ceño:
- No Teuchi-san, me temo que me enseñaron mejor. Tu comida estuvo deliciosa, mejor de lo que me contaron. Por favor dime cuanto es – Naruto ya estaba contando sus ryos.
- N—no, Narut—Naruto-san, está muy bien, muchas gracias por haber venido y me alegra que te haya gustado la comida, por favor regresa las veces que quieras, ¡con gusto te recibiremos! – Teuchi incluso hizo una reverencia muy formal.
- Teuchi-san… - Naruto fue interrumpido por el hombre recién llegado, quien le paso un brazo por los hombros.
- Todo está bien, ¿no es así, Teuchi-san? – pregunto Jiraiya.
- ¡Hai! Todo está perfecto, son bienvenidos cuando gusten, por favor Naruto-san tómalo como un regalo de bienvenida a la Aldea Oculta entre las Hojas.
- … ¿Seguro? – el rubio espero el asentimiento del dueño – De acuerdo, ojiisan, ten por seguro que volveré. Estuvo delicioso, nunca había probado ramen igual, aunque eso no se lo digas a Sakura-chan, podría desheredarme – Naruto hizo una señal de despedida y se salió de la tienda.
El dueño de la tienda de ramen, quien había pensado justamente el día anterior cerrar por la falta de ingresos, hoy había tenido una nueva luz de esperanza.
Quien hubiera pensado que este rubio al parecer era un invitado de tan alta gama que incluso Hokage-sama había enviado al legendario Sabio Sapo por él y entregado en persona un pergamino con los gastos cubiertos de la comida del chico al triple y en caso de que él regrese, una cobertura de los siguientes tres meses en provisiones. Sello verificado de Hokage-sama.
Se alegra tanto de haber tenido esperanza hasta el último momento. Este chico le dio nuevos bríos a su día.
- Ayame-chan, escucha lo que acaba de pasar… - el dueño se adentró muy contento y feliz para hablar de su nueva suerte con su amada hija.
- ¿Sabes? Te ves extremadamente acosador – dijo un rubio que seguía caminando esta vez para ver el pueblo en general, tener una idea de cómo lucía su nuevo hogar.
- Simplemente voy al mismo lugar al que tú te diriges – dijo Jiraiya.
El rubio rodo los ojos y con las manos en los bolsillos continúo caminando.
Vestido con una camiseta de algodón elástico color hueso y un chándal del mismo tono, Naruto parecía más un instructor de yoga en su mejor momento que un chico extraordinario que oculta un demonio en su interior.
Continuó ignorando al Sennin mientras el veía cada aparador, cada tienda que exhibía exquisitos colores de telas y degustaciones. La gente lo miraba al pasar, tanto por la compañía que llevaba arrastrando como él mismo. Las féminas empezaban a murmurar sutilmente en cuanto terminaba de pasar. Algunos cuantos preguntándose porque ese rostro se les hacía tan familiar.
El rubio hizo caso omiso a las habladurías y continuó vagando, extrañado por la rica variedad en los mercados, en las calles.
Yugakure nunca fue esencialmente una gran ciudad, pero en una aldea donde la población eran cincuenta personas a lo sumo, era la ciudad más grande que él conocía. Nunca tuvieron tiempo de recorrer sin capas Kirigakure y Kumogakure. Y el país de la Arena no cuenta con tanto polvo alrededor.
Esta vez que sí tenía la oportunidad, quería disfrutarlo. Oler, beber, sentir, tocar. No es que fuera un recluso allá en su cabaña, pero había aprendido desde pequeño a mejor mirar de lejos en ciertas ocasiones, a ser precavido con ciertas… interacciones, lo que podían volverlo extasiado fácilmente se podía desbocar a algo drástico.
Naruto no es violento, pero si ve una situación que amerite su intervención, no dudara en detener lo que él cree que es injusto. Es por eso que Obasan-sama debía vigilarlo continuamente, responsabilidad que le traspaso a Sakura-chan, sin embargo, su hermana tiene la "delicadeza" de jugar con su presa antes de ver que ha caído en una trampa. Naruto será tosco, pero es directo y este ninja peliblanco tendrá el honor de comprobarlo.
- Pensaba que mi tiempo es mío, y decido con quien compartirlo. En este momento no estas en esa lista, así que dime porque debería dejarte ser mi niñera por hoy.
El Sabio miro al chico, el cual, parecía realmente aburrido con esa mirada plana de tener a un acompañante no familiar el día de hoy.
La sugerencia de Itachi-san de llevar consigo a Sasuke para motivar al rubio tal vez no era una mala idea después de todo. Sin embargo, el hombre mayor realmente quería hacer algo, por primera vez en años, que demostrará su valor. Por este niño, por Minato, por el legado tras él. Quería probarse a si mismo y que este toro adolescente lo acepte, tan tonto como puede sonar.
Alguien que lucho en dos guerras mundiales shinobi, demostró ser apto para volverse un Sabio a través del Monte Myōboku, tiene por compañera y mejor amiga a una Hokage, tiene por ex compañero y ex mejor amigo a un genio - loco y demente, pero genio -, el padre de este chico fue su alumno más querido y, aun así, algo le provoca pavor de Naruto.
Que de la noche a la mañana desaparezca como lo hizo Minato.
Este niño reabrió una vieja herida, sí, pero también le ha dado una nueva esperanza, una que creía perdida hace tiempo; y por todos los Kami-sama, no puede entender cómo es que desea tanto cuidar a este mocoso, quien lo ve cual chicle en el piso, tan indiferentemente.
Entonces supo que debía dar un paso atrás y dejar que todo reiniciará si realmente quería una oportunidad para entrenarlo, evaluar si era el chico del que tal vez hablaba la antigua profecía.
- Debo disculparme, me parece que iniciamos con el pie izquierdo, por favor permíteme presentarme – Dio una reverencia – Mi nombre es Jiraiya – se levantó para enderezarse completamente. - Es un placer conocerte finalmente, Naruto. Realmente disculpa, pero no podré darte información de los libros por los cuales preguntaste porque no son lo que te platicaron que son.
Naruto frunció el ceño, a lo que el peliblanco contesto velozmente:
- Sin embargo, con el tiempo descubrirás por ti mismo porque no se les permitió leerlos a ti y a tu hermana – el mismo Jiraiya estaba intrigado del porque se les mintió tan descaradamente sobre la serie Icha Icha. - Entonces, ¿empezamos de nuevo?
El chico miro brevemente al hombre enorme. Realmente estaba considerándolo. Sasuke solo los había podido acompañar hasta la entrada de su nueva residencia, y no lo había vuelto a ver, pero en el transcurso le alcanzo a comentar que este hombre al parecer era un maestro de fūinjutsu y que sí realmente quería avanzar, le tendría que dar una oportunidad.
Aunque Sasuke tenía levemente las orejas rojas cuando Naruto le pregunto si él podría contestar las mismas preguntas que le hizo a Jiraiya. Tampoco obtuvo respuesta allí.
- De acuerdo, Jiraiya-san, total, aunque diga que no, seguirás persiguiéndome, ¿no es así? Al menos así no se verá como que estas acosando a un menor – Naruto se rio mientras el Sennin lo miraba boquiabierto.
- Para tu información, jovencito… -
- ¿Ves? Incluso me llamas jovencito, definitivamente un asaltacunas – Naruto continúo riéndose mientras iniciaba su caminata nuevamente.
- No necesito asaltar cunas porque tengo una amplia gama de… -
- ¿De rechazos? – Naruto lo interrumpía en cada frase – ¿denuncias?
Jiraiya guardo silencio, el rubio giro la cabeza mirando la cara larga del Sennin, entonces un brillo de conocimiento brillo en los ojos del niño:
- ¡Oh cielos! ¡Es cierto! ¿Sí te han denunciado? – Naruto no pudo más y soltó la carcajada, pura, infantil, genuina.
Mientras el rubio estaba entregando sus tripas en una sonora risa, el Sennin no pudo evitar recordar lo que le había dicho el amor de su vida dos días antes.
Sí, hime, es idéntico a Minato.
Una vez que recupero su mente, Jiraiya se ofendió realmente por la risa del mocoso.
- ¡Oy! No es cosa de risa acosar, además yo no hago eso. Lo mío es investigación… No te sigas riendo…
- Perdón, perdón, es… es… sólo que incluso una chica que estaba detrás de ti asintió con la cabeza – el rubio paraba sus risas de a poco – al parecer ya tienes una trayectoria, ¿seguro que te dicen Sabio Sapo?, ¿no querrás decir Ero-sennin? – Naruto subió sus cejas totalmente divertido.
Esta vez, sí, totalmente indignado respondió:
- Pues este Ero-sennin – dijo haciendo comillas en el aire – se va con todo y sus conocimientos lejos de aquí. – continúo caminando - Y pensar que quería mostrarle trucos nuevos de fūinjutsu, sólo es un mocoso – seguía murmurando entre dientes.
- Iie, iie, espera – una mano se posó en el hombro del peliblanco, Naruto no era pequeño pero aún le faltaban unos buenos quince centímetros para estar a la altura de Jiraiya – me interesa, totalmente – una sonrisa plasmada iluminaba todo su rostro – además veamos que tienes de interesante.
- Veamos que tienes tú de interesante. Tu hermana logro dejar boquiabiertos a muchos hombres más temprano – contesto el Sennin.
- ¿Sakura-chan? Así que ya la evaluaron, ¿eh? – Naruto bajo la cabeza, apesadumbrado.
- ¿No te enorgullece que hubo una pelea por ver quien sería su nuevo jefe? – pregunto intrigado el Sennin. No entendía porque el chico se veía tan triste, cualquiera sentiría orgullo de que Morino Ibiki y Nara Shikaku hubieran tenido una breve riña verbal para obtener la habilidad shinobi de un familiar.
- Eso no, ya es costumbre – murmuro Naruto, algo que a Jiraiya le hicieron fruncir levemente las cejas – Si no que ha querido permanecer como shinobi – el rubio suspiro – pensé que esta vez ella querría… algo mejor para sí misma. – finalizo con decepción y tristeza cargados en la voz.
Jiraiya ya había sacado sus sospechas de que Naruto no sería tan astuto como Sakura. Itachi había descrito a Sakura como la fuerza mental y a Naruto la física. Un par de "hermanos" – aún no se tiene idea de como sucedió eso – que se complementan entre sí.
Sin embargo, aquí hay algo más. Ella pareciera que, para amarrar cualquier cabo, se entregaría a si misma al dolor antes de que Naruto fuera presionado de cualquier manera. Se le dijo que no le comentara nada a Naruto sobre el monstruoso favor que pacto con Uchiha Sasuke, y ahora él lo entendía.
El rubio querría que el acuerdo de su hermana fuera cancelado, si se rompía no habría un segundo. Incluso podría ofenderse por la omisión de no haberle contado, y podría decidir irse, desaparecer nuevamente.
Todo esto pensado maquiavélicamente por la propia Sakura, mientras hace pensar a su hermano que podría volverse una civil sumisa y domada.
Itachi tenía razón, es mejor tener cuidado de lo que se habla con ella.
Aún se estremece al recordar el costo que pago ella misma, para comprobar la efectividad del sello, las venas fluyendo negras a través del cuerpo mientras ella se descomponía a una velocidad impresionante, los huesos tronando y esos ojos. Esmeraldas convertidas en petróleo. Un sello espantoso.
Jiraiya entiende porque lo hizo, una hermana preocupada por su hermano, pero ¿a qué punto lo llevo? ¿Realmente dispuesta a morir por él hablando de su propia vida como algo desechable mientras la de él perdure?
El Sennin retiro esos pensamientos por el momento, para retomar su plática con Naruto:
- Ella quiere ayudar siempre y cuando tú te sientas cómodo, y si luchar es algo en lo que es buena y es de beneficio para el pueblo, no le ve el problema.
Naruto guardo silencio unos minutos, el peliblanco pensó que estaba tomando un tiempo para reflexionar cuando lo sorprendió diciendo:
- Entonces yo también lo haré. Evalúenme, no me sentiré cómodo mientras me quedo en casa sentado esperándola – Dijo Naruto muy decidido.
- En ese caso, vamos, te llevaré al campo de entrenamiento dos, veremos tus reflejos para taijutsu y también debemos evaluar tu nivel para los sellados… -
- Iie, no me evaluarás así – Naruto se detuvo en medio de la calle, que por fortuna estaba vacía.
Jiraiya frunció el ceño, inclinando levemente la cabeza. El chico estaba mortalmente serio.
- Evalúame mi control sobre las colas de Kurama-san.
Senju Tsunade entendió que sí quería apoyo total de su gente de confianza – y más fuerte de la aldea – tenía que ser totalmente sincera.
Es así como después de enviar a Jiraiya a buscar a Naruto, decidió sentar a todos en la oficina de resguardo del campo de entrenamiento dos de ANBU.
Una estructura cilíndrica cuya altura era de diez metros, la cual albergaba en su interior numerosas trampas automáticas, jutsu de katōn, suiton, fūton, activadas por medio de sensores tanto en el suelo como en las paredes. Mecanismos que arrojarían decenas de kunai y shuriken en diversas direcciones, algunos senbon envenenados para rematar incrustados en el techo que caían conforme la estructura era dañada por los continuos entrenamientos en su interior, cuyo diámetro era de veinte metros.
El campo de entrenamiento sólo era campo de nombre, realmente era una prisión, un lugar cerrado sin ventilación, donde la única entrada y salida, era una puerta que una vez cerrada sólo se abría al conteo de sesenta minutos.
Nadie podía entrar y nadie podía salir una vez sellada la puerta.
En un lado se podía ver una oficina interna, permitiendo la vista a todo el campo, se podía a través de una ventana en donde se resguardaba la oficina de observación. Era un estudio que permitía ver todo el entrenamiento sin ser sodomizado por la situación. Por lo general, cuando uno de los miembros estaba entrenando su escuadrón o capitán podía observar desde el interior de la oficina para notar los avances.
Una vez que tuvo a Nara Shikaku, jefe de Estrategia Militar, Morino Ibiki, jefe de la Fuerza de Interrogación y Tortura de Konoha, Hatake Kakashi, copia ninja y futuro maestro de espionaje en dicha oficina, se quedó de pie, mirando al centro del campo de evaluación de Naruto.
A excepción de Kakashi, los dos en mención habían tomado asiento.
A Kakashi tuvo la oportunidad de decirle un día antes, cuando todo estuvo dicho y hecho sobre la existencia de Naruto. Jiraiya fue quien tuvo que llevárselo, lejos no sabe a dónde, porque el ninja había simplemente quedado en blanco. Sin movimiento alguno.
Aun hoy Kakashi se ve… perturbado. Ansioso. Se le comento que Naruto vendría hoy.
A sus tenientes tuvo que contarles todo. La historia de como el escuadrón de Uchiha Itachi, había encontrado a dos huérfanos, lo curioso es la identidad de uno de ellos. Permitió que ambos Uchiha presentes, su escuadrón, Ansatsu Senjutsu Tokushu Butai, informaran sobre cada cosa que puedan catalogar importante.
Les arrojaron bombas verbales a los jefes de departamentos, incluyendo a un Kakashi que sólo había escuchado:
El Hijo del Yondaime está vivo y tiene al bijuu de nueve colas dentro de él.
El silencio quedo impregnado dentro de la oficina.
Ahora Shikaku entendía el porqué de ciertas cosas: porque el escuadrón Uchiha tardo tanto en regresar, porque Tsunade no había bebido tanto últimamente, porque Jiraiya regreso tan imprevistamente, porque Shimura-sama no estaba integrado en la evaluación de Sakura-san.
Por su parte, Morino Ibiki, no lo tenía muy claro. Entendía porque debía ser tan secreto todo, pero sólo una cosa rondaba en su cabeza:
- ¿Por qué ella está aquí? – señalo con el pulgar a la pelirosa, la cual parecía estar sumamente aburrida en una esquina de la oficina.
- Porque, aparentemente, ella puede controlar al bijuu – contesto la Hokage.
Ibiki, a diferencia de Shikaku quien abrió los ojos estupefactos, estaba incrédulo más del lado escéptico que del optimista. Nadie en la historia había podido controlar a un bijuu, muchísimo menos al de nueve colas, y ahora vienen a decir ¿que esa cosita puede hacerlo?
Los Ansatsu Senjutsu Tokushu Butai, Shisui e Itachi, parecían más escoltas que realmente guardias al lado de la pelirosa, quien estaba sentada cruzada de brazos y piernas. Los miro a todos un momento y bostezo por quincuagésima vez cubriendo delicadamente sus labios con su mano.
Ibiki alzo la ceja. Tsunade realmente aprecio el desprecio de Ibiki, eso la hizo pensar que realmente no estaba enloqueciendo.
Cuando todo esto empezó a salir a la luz, dudo por un momento del escuadrón Uchiha, parecían hablar - ¡los tres antisociales! -, como sí de otro mundo se tratase cuando se encontraron con los huérfanos. Pero cuando llego un Jiraiya todavía se unió, sin conocerlos, a la refriega contando lo ilusionado que estaba, agregando más locura a la ecuación. Kakashi, el animal más perezoso que conocía, pero genio al final, estaba mudo, no había podido pronunciar palabra desde ayer a hoy, simplemente activándose cuando peleo con la pelirosa y eso fue para no quedar amputado. Y por la cara que tiene Shikaku, también parecía extasiado con las posibilidades de sucesos tan inauditos.
Pero no llegas y te mantienes en el poder por sorprenderte con nimiedades. A pesar de la demostración de Sakura, debía mantenerse escéptica, faltaba Naruto y ese sería todo un guion por escribir.
- El chico… ¿él creció bien? – pregunto Shikaku, concientizando que era el hijo de un querido amigo y excelente shinobi.
Tsunade sonrió, una mezcla entre maternal y sabelotodo:
- Lo verás por ti mismo, viene hacia acá con Jiraiya para su primera evaluación – suspiro – vamos a medir su capacidad de sellado. El escuadrón de reconocimiento y extracción Uchiha comento que es un excelente usuario de fūinjutsu.
Shikaku volvió a abrir los ojos.
- Entonces él es como…- Su padre.
- Sí, lo es – interrumpió la rubia al jefe militar, dirigiendo una mirada a la única otra fémina del lugar.
Sakura, con una mirada plana, realmente era una esponja absorbiendo todo. La sombra de la curiosidad regando polvos sobre sus ojos esmeraldas, ligeramente aburridos.
- ¿Cómo será exactamente la evaluación de hoy? – pregunto Ibiki.
- Veremos únicamente la parte de fūinjutsu, además de que deberemos de tener cuidado para cuando sea la evaluación de su poder real, si puede rescatar control sobre alguna cola.
La pelirosa resoplo suavemente, prácticamente no se hubiera escuchado en cualquier otra parte, pero estando en una habitación donde el sonido del exterior no traspasa, todos tuvieron oportunidad de escucharlo.
- ¿Algo que quieras agregar, Sakura-san? – comento la rubia Hokage.
- Nada Hokage-sama – la niña parecía divertida.
- Por favor, alégranos con la misma diversión de tu voz – insto la rubia en forma sarcástica.
- Simplemente que es innecesario.
- ¿Qué es innecesario Sakura-san? ¿La evaluación? – cuestiono Shikaku
- Tener cuidado, Nara-sama.
- Así que piensas que no debemos de preocuparnos por tener a un demonio libre por ahí, el cual creció sin formación ni educación durante ¿Cuánto? ¿Dieciocho años? ¿Sin lealtad que lo vincule realmente a nuestra gente o a nuestro líder y esperando que alguien más, en este caso tú, pudiera controlarlo, y todo eso sin agregar a que te tuvo a ti como hermana, cuya personalidad está siendo evaluada cómo sociopata? – cuestiono Ibiki, algo molesto con la situación tan caótica.
- El hecho de que no se te haya dado el tiempo adecuado para analizar detalle a detalle la información que se te ha brindado el día de hoy, es motivo suficiente para dudar de cualquier cosa que escuches, veas o sientas partir de ahora Morino-sama – comento la pelirosa tranquilamente – Sin embargo, es totalmente normal, pero no te preocupes, Hokage-sama no permitirá que el conocimiento tan inesperado, sea un obstáculo en tu día; sino más bien un beneficio. ¿Un jinchūriki cuyo bijuu más poderoso puede controlarlo hasta cierta fase? Tal vez improbable pero no imposible. Las oportunidades Morino-sama, – dijo ella entrecerrando los ojos, bajando la voz - son difíciles de hallar en este mundo. No permitas que se vayan.
Morino Ibiki parecía estar forzando su vista hacia la pelirosa, quien atino a reflejar una sonrisa breve en su rostro.
- Un vistazo, nada más que eso, ¿aceptas? – cuestiono la ninfa, la sonrisa en señal de reto.
Morino no contesto, pero miro por mucho tiempo a la chica. Esta niña lo hacía dudar. No sólo a él, al parecer, también parecían expectantes los miembros de ambos clanes cofundadores.
Ibiki no sonreía ante la perspectiva de un niño con el bijuu dentro, siempre le pareció innecesario someter a alguien así a ese nivel de estrés, podía decirlo por sí mismo quien sufrió tanto por un corto tiempo, efímero, a diferencia de un niño cuya cruz la cargaría toda su vida. Dolor por poder, se le hacía francamente estúpido.
¿Pero una mujer joven que parecía encandilar a quien fuera si se lo proponía? Eso era harina de otro costal. Una carrera prometedora como espía definitivamente, todavía más por el aura, no angelical, sino misterioso, etéreo a su alrededor sumado con esa faz tan adorable de civil indefensa.
Ibiki sonrió internamente ante la perspectiva de ese futuro. Siempre y cuando pudieran asegurar su lealtad, ella traería mucho éxito a la aldea.
Un sapo aparecido de la nada acabo con el silencio de la oficina. La Hokage saludo a la invocatoria mensajera del Sennin, sacando el pequeño pergamino que llevaba cargando en su almacenaje a su espalda.
La rubia leyó al principio frunciendo el ceño, después bajo el pergamino, miro seriamente a Sakura, quien a su vez respondió con una mínima, sonrisa traviesa. La psicótica sabía que esto iba a pasar, ponle una bola de cristal y aun así será más hechicera de lo que nadie en el mundo lo ha sido.
Tsunade no sabía si reírse o enfadarse.
- ¿Sabías de esto? – pregunto levantando la mano con el pergamino.
- No tengo idea de que habla Hokage-sama – su expresión volvió a ser serena, voz suave.
- Algún día, descubriré como lo haces.
- Por supuesto Hokage-sama.
- No me des el avión, mocosa.
- Por supuesto Hokage-sama.
- … - Tsunade estaba a dos de mandar enviando su sexta engrapadora de esta semana cuando escucho a Shikaku preguntar:
- ¿Podemos saber que dice Jiraiya-sama?
La rubia miro por última vez a la bola de conocimientos místicos con cabellera rosa.
Ibiki, al parecer tu "vistazo", llego antes de lo planeado – la rubia se acomodó en el centro de la ventana de doble vista que daba a la puerta de entrada al campo, justo cuando esta se abría.
A excepción de Sakura, Itachi y Shisui, los demás también se acomodaron a la nueva vista.
Un chico rubio, tal vez de metro ochenta, se veía enorme, robusto. Cabello tocado por el sol, ojos increíblemente azules del tono del cielo, mejillas rosadas y nariz recta, perfilada, con su playera sin mangas semi ceñida se podían ver los músculos desarrollados de sus brazos, el pantalón de chándal no le hacía justicia a sus piernas, pero por su forma de caminar, parecía cómodo en su propia piel.
Aun así, nada de lo anterior, parecía importar, no cuando la sonrisa tallada en su rostro mientras hablaba con el Sennin era enorme y hacía brillar su rostro.
Era como ver a Namikaze Minato entrar a la habitación. Un Minato muy musculoso y joven. Sano.
- Increíble… – Shikaku murmuro – …Definitivamente es su hijo…
- ¿Se le ha hecho la prueba de afinidad? – pregunto Ibiki, quien quería permanecer escéptico pero su vista no lo engañaba.
- En efecto, es elemento Aire – contesto la rubia.
Kakashi no había dicho una sola palabra, sin embargo, sus ojos estaban pegados a la ventana, viendo los movimientos del chico, cada paso, cada parpadeo, cada tronar de sus dedos para prepararse a su evaluación.
Sintió una mano en su hombro, no tuvo necesidad de voltear para saber quién era.
- Creció sano y salvo – comenzó la rubia – De hecho, es muy inteligente, es muy noble.
No hubo más palabras. No había necesidad, pronto él mismo lo conocería en persona.
Del otro lado de la ventana, en el campo de entrenamiento Naruto silbo mirando la altura de la estructura.
- Uohhh… jamás había estado entrenado en un lugar así, ¿sale fuego de algún lado o algo así? – estiraba su espalda, por lo general le dolían las vértebras después de cada transformación, mejor calentar los músculos.
Jiraiya se rió entre dientes, nunca en todos sus años, había visto a alguien reírse de entrar en uno de los lugares más sanguinolentos de la aldea, donde miembros y voluntades eran puestos a prueba.
- Bien niño, ¿terminaste de calentar? O necesitas manicure para que tus uñas no se rompan – se burló el Sennin.
- Ya quisieras viejo – dijo Naruto haciendo sus últimas abdominales de pie.
El chico se estaba emocionando, hace mucho tiempo que no practicaba con alguien que no fuera Sakura-chan y su Otousan, y si este era un shinobi tan sabio como estuvo parloteando durante toda su caminata, entonces valdría la pena la espera.
- Bien, ahora las reglas – dijo el Sennin – dentro de este lugar existen sensores dedicados a distintas trampas en el lugar. Una vez que levante la señal para que el guardia – señalo la ventana – inicie la activación del lugar, sentirás una extraña energía. No te preocupes, es para vigilar los niveles de chakra, a veces idiotas sin mucho sentido común se desmayan aquí por la pérdida de sangre o estupideces así.
- Entendido, ¿Qué más? – Naruto estaba ansioso por poder empezar.
El campo solo está configurado para abrirse dentro de sesenta minutos, así que, si quieres rendirte antes, simplemente levanta dos dedos hacia arriba para detener la configuración de trampas.
- Sí claro, como si eso fuera a pasar – Naruto resopló.
- De ahí en fuera todo el campo es tuyo. Te pondré a prueba con lo básico, taijutsu, ¿está bien? – dijo el Sennin quien está acomodándose su vestimenta para quedar lo más ligero posible.
- De acuerdo, ¿Será gradual la evolución supongo? – cuestiono el chico.
- Por supuesto, cuando te sientas seguro; de hecho, si no crees poder controlarlo, mejor no lo intentemos por ahora.
El mayor no entendió esa sonrisa ladeada y ojos en blanco que le coloco Naruto. La misma reacción que tuvo la hermana tras la ventana.
- Bien, ¿últimas dudas? – cuestiono el mayor.
- ¿Todo es válido?
Tanto Jiraiya como los espectadores ocultos se congelaron ante la pregunta, tratando de no ver a la pelirosa quien estaba claramente disfrutando sádicamente del estupor de todos. Entonces el Sennin dijo lo más detallista posible:
- Ni amputaciones, ni desfiguros, ni nada que pueda dejar en peligro de muerte a tu contrincante, evidentemente la muerte también se anula – comento muy serio.
- Entendido, no te asesinaré ni te comeré, no soy como tú, Ero-sennin – dijo el muchacho riendo antes de colocarse en un espacio seguro dentro de la caja de trampas mortales – cuando quieras, viejo – dijo con una sonrisa confiada depredatoria – Hagámoslo.
