Capítulo 29. Ese corazón no es nuestro
- ¡¿Qué crees que estás haciendo?! – escucho a mi derecha, mientras continuo con el procedimiento.
- Salvarlo – contesto tranquilamente
- ¡¿A qué te refieres?! ¡¿Cómo vas a salvarlo así loca?! – la doctora me está molestando y supongo que se nota en mi expresión corporal porque Shisui interviene.
- Sensei, por favor permítele continuar con su labor. Onmyōji, sabe lo que hace – su voz amortiguada por la máscara.
- Explícame Shinobi, como es que, apuñalándolo repetidamente, dejándolo desangrarse puede servir a salvarlo, ¡Explícame! – la doctora me intenta desconcentrar.
- Necesitas ir por un oftalmólogo, sensei – le recomendé.
- … ¿Por qué? ¿Tiene algo en los ojos? Estaba bien antes de ser envenenado…-
- Es para ti, por tu ceguera – gire mi cabeza para que entendiera lo que iba a decir – no está desangrándose.
- …- la forma en como me estaba asesinando mentalmente en cien distintas maneras fue muy mal disimulado.
No lo había apuñalado. Bueno sí pero no como ella lo hacía entender.
Aun no podía entender que mi actual paciente era Kankuro-kun, ya hecho todo un hombre joven, sin embargo, muy diferente a Shisui, quien se había quedado conmigo, después de llegar a Sunagakure. Itachi-san acudió corriendo junto al equipo Hatake en la búsqueda de Gaara-kun.
Apenas habíamos pisado Konohagakure cuando se nos informó que el regreso de mi hermano había sido interrumpido por una Temari-chan preocupada notificando urgentemente que a dos días después de la salida de Naruto de Sunagakure, unos tipos sospechosamente vistos con la misma capa que nosotros llevábamos cargando del dúo del terror, se habían llevado a Gaara-kun.
¿Cómo se podían llevar a un Kazekage de su propio pueblo? No importaba lo negligente del caso, lo importante era localizarlo.
Si lo iban a dejar igual que a mi Olli, Yugito, era primordial encontrarlo. Las preguntas vendrán después.
Así que aquí estoy, tratando de salvar la vida de uno de mis amigos más antiguos envenenado con una extraña toxina; al parecer es hepatotóxica, una que ataca fungiendo como célula cancerosa a un ritmo alarmante, pudriendo los órganos especialmente al hígado.
El envenenamiento le está provocando dolores de estómago, náuseas, vómitos, diarrea grave, dolores extremos espasmódicos en páncreas y riñones, ni hablar de las hemorragias internas.
Hasta ahora está perdiendo el 30% de sus riñones y el 70% del hígado. Considerando que han pasado veinticuatro horas desde el ataque, en menos de tres días se preparan sus funerales.
No puedo permitir eso.
- ¿Dónde está el ajo que pedí? – alzo la voz más allá de la doctora.
- Aquí niña – me contesta una de las enfermeras.
Entiendo que no estén contentas por el hecho de que Temari-chan les haya arrebatado a este equipo de profesionales el cuidado de su mayor, Kankuro-kun; sin embargo, estaban haciendo todo mal.
- Hyo-san, me ayudas a preparar el agua por favor – señalo las vasijas que habían traído momento antes también a mi pedido – a 37 grados.
- Hai, Onmyōji – y Shisui coloco sus manos sobre las dos vasijas.
Moliendo los ajos con las hojas de abedul que traía, comencé a hacer el marinaje.
Una vez listo, me acerque al cuerpo de mi malherido amigo. No teníamos cura, así que tendrá que ser de la forma tradicional.
- Listo Onmyōji.
- Bien, no permitas que se enfrié hasta que hayas terminado, de lo contrario, podría congelar algún órgano.
- ¿De qué estás hablando, loca? – habla molesta la cirujana en jefe.
- De cómo salvar a Kankuro-kun.
- Preparando pócimas no es forma de salvar a nadie.
- Por favor, Susu-sensei – hablo Temari-chan – ella es nuestra última esperanza por favor, sabe lo que hace – su voz cayendo levemente.
Mientras parloteaban, abrí la herida que le había hecho justo en el ombligo de manera que cupiera todo el preparado del ajo con el abedul.
Metí la mano recubierta con mi propio chakra ingresando hasta mi codo, moviendo el preparado cuidadosamente a través de sus órganos. Podía sentir como el veneno aceitoso enmarcaba al hígado y el páncreas. El preparado iba disminuyendo de a poco pero solo hasta que me sentí segura que había recubierto de marinaje a los órganos, empecé a retirar mi brazo de su cuerpo.
Conforme salía de su cuerpo, una especie de viscosidad negra, prácticamente petróleo, envolvía mi brazo.
Escuchando los jadeos detrás de mí, procedí a retirarme los guanteletes quirúrgicos que llegaban hasta mi codo.
- Hyo-san.
- Hai Onmyōji.
Mientras Shisui se acercaba, saque una botella de mi cinturón de soporte, retirando una ramita de ulmaria.
Sería un proceso doloroso, y no puedo drogarlo, no sin que entre en coma. Requiero saber cómo tomará su cuerpo la medicina, pero puedo evitar que sienta todo el dolor.
Coloque la ramita en su boca y convocando chakra natural ingrese un trago de agua en su boca.
Tome su cabeza con mi mano izquierda y la derecha la coloque sobre su pecho donde empecé a escanear con mi propio chakra verde.
Entonces inicie mi oración lentamente:
- Å Seiryu-sama lytte til min bønn, i dag trenger jeg din styrke, låne meg et av dine barn for å beskytte en kjær, min takknemlighet vil forbli evig hos deg - Oh Seiryu-sama escucha mi oración, hoy necesito tu fuerza, préstame uno de tus hijos para proteger a un ser querido, mi gratitud permanecerá contigo por siempre.
El agua salió de la primera vasija que tenía Shisui en sus manos, sin manipulación humana, e ingreso lentamente como hilos de seda por el ombligo de Kankuro.
Mi oración a Seiryu-sama no se hizo esperar, permitiendo que el agua entrara a su cuerpo, primero debemos de retirar toda sustancia tóxica, por lo que el líquido debía detectarlo y removerlo.
El agua tenía la función de purificar, usando el preparado de hierbas como potenciador.
Cerrando los ojos, no deje de orar, ignorando los jadeos de las doctoras y las enfermeras detrás.
- Seiryu-sama, du som er min beskytter, jeg ber deg om å hjelpe meg ved å beskytte sønnen til en annen kjær gud, vær så snill å hjelpe meg, lytt til min bønn - Seiryu-sama, usted que es mi protector, le pido que me ayude protegiendo al hijo de otro querido dios, por favor ayúdeme, escuche mi súplica-
Mi voz prácticamente era silenciosa en este punto, mientras sentía como el agua fluía lentamente por todo su cuerpo, sólo cuando el suiton recogió la mayor cantidad de toxinas en sus moléculas salió por la herida que le infringí a Kankuro-kun en su garganta, sin tocar sus cuerdas vocales, sólo abriendo la tráquea.
El jadeo colectivo de ver el agua completamente viciosa, oscura, salir de su garganta me indicaba que estaba haciéndolo bien. Si no estuviera pegajosamente negra, habría un problema.
El agua putrefacta regreso a su vasija original.
Tomen una muestra sin olerlo ni tocarlo, después, debe de ser quemada, murmure en voz baja.
Seguí orando a la vez que el agua de la siguiente vasija caliente emergió y haciendo el mismo proceso que su antecesor, ingreso por el ombligo del paciente y empezó a curar todo a su paso.
Pedí más agua y repetimos el proceso hasta que la última vasija estaba llena de agua limpia nuevamente. Del cuerpo de Kankuro-kun, sólo debía de quedar el dolor de la necrosis ocasionada por el veneno.
A partir de aquí, administre ninjutsu médico para restaurar tanto los riñones como el hígado.
Mi mente, más que enfocada en sanarlo, lo cual hacía en automático, pasada la amenaza, corría frenética pensando en el tipo de veneno que sería. Habría muchas sustancias por supuesto, pero considerando que Sunagakure ya es reconocida por si misma como la nación de letales venenos y ninguno había coincidido con el que estaba proliferando, este debía de ser nuevo. Por tanto, mi curiosidad quería echarle un ojo a este.
Estaba cerrando con costuras de chakra la epidermis de Kankuro-kun, finalizando el tratamiento para su pronta recuperación cuando escuche una voz detrás de mí:
- Tú no eres médico – una voz rugosa, mayor.
- Nunca dije que lo fuera, sensei – me giré para ver a una anciana de ojos negros y cabello gris atado en un moño. Llevaba el atuendo tradicional de Sunagakure que consistía en un atuendo holgado de color oscuro con un top tipo poncho.
- Y, sin embargo, curaste eficientemente mejor de lo que toda esta bola de inútiles pudo imaginar – señalo a las doctoras que se habían acercado al cuerpo de mi amigo para confirmar su salud.
- Se me pidió ayudarlo, ayudé – respondí levantando los hombros, retirándome el delantal que me habían dado, ni una gota de sangre salpicado en él. - ¿Dónde está mi muestra? – le pedí a la enfermera más cerca de Shisui.
- Tome aquí esta, shinobi-san – Bien, al menos un poco de mucho respeto brillaba a sus ojos.
- Temari-chan, un laboratorio por favor – levante la dosis de toxina vista desde un tubo de ensayo.
- Tomará el mío, Temari-sama – hablo firme la mujer mayor que se notaba regia.
- Chiyo-baasama – Temari-chan estaba sorprendida - ¿está segura? Hace mucho tiempo que no…
- Quiero ver lo que esta niña tiene por hacer– interrumpió la anciana.
- …Hai Chiyo-baasama, se hará como gustes – Temari-chan miraba entre la brusca anciana y a mí de vuelta.
Shisui y yo nos vimos de reojo a través de las máscaras. Levante los hombros suavemente y él negó con la cabeza. Él quería estar de vuelta con sus primos, saber que estaban bien.
Llego a la misma conclusión que yo, si Suna mismo no había podido combatir el veneno, si no existía una cura, entonces Sasuke e Itachi-san estaban en grave peligro. Ya no hablar de mi alocado hermano y su enmascarado sensei.
Debíamos apurarnos con una cura, no retrasarnos con la política burocrática de Sunagakure.
- Sólo por favor, no terminen envenenando al pueblo –dijo Temari-chan sólo a mí.
Shisui me dio un leve codazo, contestando:
- Por favor Temari-san. Somos aliados de Sunagakure, enviados de buena fe, ¿Qué podría pasar?
Bueno, el infierno podía pasar.
Se nos dio aviso de que habían encontrado a Gaara-kun, justo en el momento que terminaba encapsulando varias dosis del antídoto ante las amatoxinas, el grupo de toxinas encontrada en el Amanita phalloides, un hongo extremadamente raro, que sólo crece al otro lado del continente. Sin embargo, para cualquier uso de este debe de estar fresco, de lo contrario la toxina pierde efecto. En conclusión, alguien tenía un invernadero con este hongo.
Nunca hubiera hallado la cura, sin saber que era la afectación, de no haber sido por las lecciones con Obāsan-sama. Vimos toda clase de hongos desde mis cinco otoños. Gracias zenpan-sama por obligarme a memorizar todas y cada una.
Shisui tenía la orden de quedarse conmigo hasta que se le brindarán nuevas noticias.
Noticias que llegaron en la forma de Hōrai, quien, sin detener su vuelo, informo que encontraron a otros cuatro miembros de Akatsuki, que se requería nuestra presencia de inmediato.
Estaba a nada de sintetizar la cura, cuando por precaución le pedí a Shisui quedarme más tiempo para preparar varias dosis. Teniendo en cuenta a: Naruto, Hatake-san, Itachi-san, Sasuke-san y Shisui tenía que ir preparada con al menos cinco dosis, sin contar la mía.
- Viste lo complicado que fue salvaguardar a Kankuro-kun y el tiempo para preparar su cuerpo. No podré hacer eso con cada uno de ustedes, sin embargo, quedo a la espera de tu orden senpai – trate de convencerlo.
A regañadientes acepto ir sin mí, fue entonces cuando tome una de sus manos encerrándolas con las mías:
- Onegai, toma esto – le puse en su palma uno de mis tantos brazaletes, uno de cedro rojo – si real, realmente me necesitas, solo rómpelo, puedes quemarlo o dañarlo, y llegaré a ti de inmediato – mi voz seria.
Shisui asintió y se lo coloco a sí mismo en su muñeca. Me giré para regresar al microscopio mientras le dije en voz baja:
- Y por favor, no te dejes asesinar, Hyo-san – no escuche respuesta, pero sí escuche como dejo de caminar un momento. Segundos después su chakra se esfumo del laboratorio.
Todo hubiera quedado en silencio hasta que:
- Se supone que las de tu clase ya no existen en estos tiempos – la voz de la anciana cerca de mi oído.
- Discúlpeme si no entiendo a lo que se refiere, Chiyo-sama – me seguí moviendo por el lugar, preparando la extracción del suero que contiene los anticuerpos específicos para neutralizar las toxinas del veneno.
- Bruja – dijo bruscamente la mayor.
No detuve mi movimiento, el tiempo era primordial en esta situación.
- Pero no eres una bruja cualquiera, sino también kunoichi.
- Shinobi – murmuré.
- ¿Cómo? – la confusión tenía su voz.
- Si me va a comparar con un ninja, al menos que sea con un shinobi, no una kunoichi – le aclare.
- ¿Qué diferencia hay, niña bruja? – ella se cruzó de brazos.
- En que no permitiré que nadie subestime mi fuerza – seguí volcando el suero, confirmando transparencia.
Una carcajada salió de Chiyo-sama, burlona.
- Con pociones y movimientos mágicos, te ganarás el miedo del mundo, no su respeto.
- No es su miedo, ni su respeto lo que deseo del mundo, Chiyo-sama.
- Entonces ¿Qué es, si es que puedo preguntar? – ella se inclinó más cuando le enseñe el antídoto terminado, asintiendo también conforme.
- Su codicia.
Ella alzo la ceja. Su pregunta no formulada en voz alta entre nosotras.
- Su curiosidad sobre mí o lo que sea que ellos crean que puedo hacer, los hará acercarse ofreciendo regalos o tributos. Al negarme a aceptar cualquier cosa, solo aumentará su curiosidad, su deseo de posesión sobre mí, y al final, su curiosidad se volverá codicia; con tal de tenerme me darán el mundo entero si llego a pedirlo. El hombre desea lo que no puede tener, es de conocimiento general.
- … De todas las respuestas que hubiera podido esperar, esa ha sido por lejos, la más lógica y la más improbable. – me miro seriamente mientras enfrascaba cinco dosis cuidadosamente – Me alegro tanto, no tienes idea.
- ¿De qué, Chiyo-sama? – mi tono vocalizando mi confusión.
- De que hayas elegido a Konohagakure no Sato para hacer sufrir y no a mi pueblo.
Sonreí graciosamente, encantada por el leve rastro de preocupación y sano alivio en su voz.
En ese momento, estaba por iniciar a enfrascar la sexta dosis cuando el sentimiento familiar de ser invocada emergió de la nada en forma de una bola de luz verde justo a la altura de mi pecho frente a mí, entre Chiyo-sama y yo. El chakra de Shisui revoloteaba dentro de la esfera de luz violentamente.
- Voy contigo – dijo antes de que siquiera me despidiera.
- En ese caso, debe tomar una de las dosis – negó con la cabeza – veremos primero la situación, a este ritmo alguien más podría necesitarla.
Fruncí el ceño internamente mientras explicaba, no estaría bien visto políticamente la muerte de una alta consejera de Suna asesinada por un veneno cuyo antídoto fue suministrado a todo el escuadrón de Konohagakure, pero no a ella.
- No. Alguien más lo necesitará. Apúrate bruja, no tenemos todo el día – corto mi pensamiento rápidamente.
- En ese caso, repetiré mis palabras: no se deje asesinar, Chiyo-sama.
- Habla por ti bruja.
- Tome con mi mano derecha la mano a Chiyo-sama y con la izquierda tome mi propia bola de chakra de invocación inversa hacia el brazalete que rompió Shisui.
La succión fue inmediata y cetrífuga.
Apareciendo en un remolino de chakra, nuestros cuerpos aparecieron frente a mi Shisui a unos tres metros, quien solo atino a gritar:
- ¡Abajo!
En el momento en que arroje a Chiyo-sama en un portal de suiton bajo sus pies, para emerger al lado de Shisui, me agache lanzando una patada doble trasera apoyando mis manos en el suelo.
Sólo hasta que terminé de lanzar un jab, pude visualizar a mi atacante. Una cola metálica aparentemente, unida a un cuerpo humano colocado en sus cuatro, con cabello en forma de rastas levantadas, antifaz negro cubriendo su boca y nariz, pero sus ojos, parecían tan… muertos. Trate de buscar su chakra, pero era tan extraño. No se sentía nada dentro de él, se sentía hueco, aunque el olor a madera era abrumador.
- Onmyōji, gracias por acudir – la voz de Shisui detrás de mí.
- Elabora, Shinobi – solicito urgente Chiyo-sama.
- El escuadrón Hatake se fue detrás del otro miembro, uno que se llevó a Gaara-sama con él; en cambio este, prefirió quedarse – señalo con la barbilla al hombre escorpión.
- ¿Taicho-san? – pregunté sin soltar mi posición de guardia.
- Se está encargando de otros dos miembros, ¿te puedo encargar a este Onmyōji?
- Me quedo con la bruja, shinobi, ve con tu capitán – comento la anciana, entregándole tres antídotos, para nosotras quedaron dos cada una.
Lance una centella de chakra a Shisui para que supiera que estaba todo bien. Itachi-san lo necesitaba. Me regreso la chispa de chakra, desapareciendo en el instante.
Mire detalladamente a este hombre, quien no había pronunciado ninguna palabra.
- Es un jutsu títere de manipulación, bruja, ten cuidado con él – murmuro Chiyo-sama, quien se había posicionado a mi lado.
- La vieja Chiyo, veo que sigues viva, anciana – fueron las primeras palabras de este muñeco. Una voz rasposa, masculina, cual reflejo de fumar durante años.
- No puedo creer que estés haciendo esto, para ese grupo de criminales, niño. No debería de ser así – contesto la mayor sonando acongojada.
- No es algo que puedas cambiar, ni tampoco deseo cambiarlo, al contrario. A tu edad ya deberías estar retirada, Chiyo-Obāsan.
Mire a la anciana de reojo. Ah, tenemos líos familiares aquí. Ella suspiro.
- No quería tener que llegar a esto, pero viendo que has lastimado a tu propio pueblo, debo detenerte, mi querido Sasori – comento resignada Chiyo-sama.
Mi mente proceso a toda velocidad ese gramo de información.
Akasuna no Sasori, mejor conocido como Sasori de la Arena Roja, un shinobi desleal que desapareció hace veinte años según el Libro Bingo. Recompensa: 80 millones de ryo, robo de técnicas secretas no detalladas del Pueblo Oculto en la Arena, así como ser uno de los ninjas que no permiten que el bonito arte del envenenamiento muera. Para no decepcionar a nadie, Kami-sama agrego a la mezcla que dicho hombre de cuarenta años aproximadamente sea también el nieto de la nada adorable ancianita que me acompaña.
Gracias por estos momentos llenos de drama, arigatou Seiryu-sama.
- Siendo así, permíteme informarte Chiyo-Obāsan, para cuando termine con ustedes dos, tendré trescientos títeres en mi colección - hablo carrasposamente la marioneta– Ahora permíteme, presentarte. Este es mi arte – murmuro esto último.
- Cuchilla de asalto – dijo la anciana repentinamente, soltando varios kunai unidos a través de hilos de chakra.
Los kunai volaron directamente al hombre, los cuales sólo rebotaron entre su capa, desgarrándola, mostrando una espalda encorvada deforme. Se podía visualizar ahora su cuerpo de madera, articulaciones unidas con brazos prácticamente mecánicos, sin embargo, lo más impactante era la espalda con una cara enorme de la cual brotaba una lengua larga la cual se convertía en una simulación de cola de escorpión.
Desconozco el propósito de la unión o la idea en general de estos tipos, pero cada cual parece más fascinante que el anterior.
Sin mis instructores aquí presentes, tal vez esta vez, pueda quedarme con alguna parte del cuerpo de este.
- No pensé que quisieras morir así pero no queda de otra, abuela – se escuchó decir al títere.
Se retiró la mascarilla que cubría su boca abriéndola al mismo tiempo, y soltó centenares de senbon.
Era lógico pensar que cada punta estaba envenenada, por tanto, era crucial esquivarlas todas y cada una.
Así que opte por lo más sencillo.
Invocando fūton, detuve el movimiento de cada pieza en el aire. Nunca había intentado con tantas al mismo tiempo. Flechas, kunai, shuriken sí, bolas de katōn, bombas de suiton, también, pero centenares de senbon no. El problema no era el poder con el que fueron lanzadas sino la cantidad que seguía brotando de su boca, llegando al punto de estar en una caverna donde la mayoría del espacio lo invadían los objetos punzocortantes.
Escuché un jadeo detrás de mí, cuando giré en el aire los senbon cuidadosamente al otro lado, directo al títere.
No pronuncie palabra alguna, todas, a mi voluntad, se unieron hasta formar una serpiente de senbon. Sólo hasta que estuvieron unificadas cual parvada, la serpiente alzo su cabeza y se lanzó directo contra el títere. Los proyectiles en conjunto lograron romper de a poco su cuerpo, abriéndose grietas cada vez más grandes.
Los senbon se volvían a unir una vez cumplido su objetivo, y atacaban con igual potencia.
El muñeco de madera saco algo de entre sus ropas raídas, una especie de capsulas de las que botaban más senbon. Tuve que utilizar esta vez mis manos para redirigir la dirección de esos nuevos objetos, todos uniéndose al ataque contra su ejecutor.
Únicamente cuando sentí el dolor en la cabeza, producto del sobreesfuerzo, detuve el ataque.
Senbon cayéndose a su lado, ninguno a más de diez metros de nuestro lado.
El títere había quedado en trizas, totalmente deshecho. Una sombra encapuchada en negro emergió de dicho caos.
Este hombre olía a hueso y barniz. Definitivamente un hombre de madera también.
- Entonces tú eres fascinante – dijo una voz profunda de tenor suave, mucho más joven que la utilizada con el títere - ¿Sabes que acabas de hacer lo que cientos de shinobi antes que tú no pudieron bajo la excusa de probarse a si mismos?
No respondí, primero necesitaba conocer sus habilidades reales, que, por lo visto, eran de largo alcance.
- ¿No tienes lengua? ¿Siguen haciendo cortando la lengua en tu división Anbu, niña de la Hoja? – continúo preguntando el hombre.
Eso me hizo entrecerrar los ojos, haciendo una nota mental para preguntar a Itachi-san.
- Lo mejor es que te entregues Sasori, esto debe parar y se acaba ahora – comento la anciana, quien se había recuperado de la impresión.
- Esa es también mi intención – dijo el hombre mientras se retiraba la capucha sobre su cabeza.
Un cabello rojo rebelde se reveló primero, para después mostrar la cara de alguien de veinte años, una apariencia muy joven para alguien de treinta y cinco, vestido con la misma capa de nubes rojas.
Ojeroso, pero con apariencia de niño angelical. Ojos entre café y morado, enmarcados con largas pestañas más oscuras que su cabello, hacen la diferencia con sus otrora compañeros caídos. Este es por mucho un chico más atractivo.
Narcista, demente, sociópata, pero más atractivo. Este trabajo de buscar chicos malos empieza a agradarme.
- No-no es pos-sible, n—no, no h—ha cam-cambiado en nada – escuche murmurar entrecortadamente a Chiyo-sama.
El hombre al ver la sorpresa de su abuela, desplego un pergamino que broto de su mano derecha.
- Una colección que me tomo mucho tiempo tratando de lograrlo – decía mientras lo desenrollaba – ese es el porque me gusta tanto.
El pergamino sellado exploto en una nube de humo, mientras la anciana seguía murmurando "no puede ser, no puede".
En lugar del pergamino salió otro títere.
- Ese… ese es.. el Tercer Kazekage – murmuraba atónita la anciana.
Según el libro de historia, segundo periodo, el Tercer Kazekage, considerada una de las personas más peligrosas de Sunagakure, debido a que tuvo en sus manos el poder destructivo definitivo a través del Satetsu, la llamada Arena de Hierro.
Esta arena era manipulada a través de campos magnéticos hechos con su chakra, permitiéndole imitar el control sobre la arena como Shukaku, después de varios años de estudio sobre esta bestia; tuvo la capacidad de unir arena y polvo de hierro y así crear la arena de hierro. Podía moldear la arena para convertirla en armas y también aplastar a sus oponentes fácilmente, así como solamente un usuario del Elemento Imán puede controlarlo.
En conclusión, un hombre muy peligroso y poderoso en vida, que curiosamente desapareció hace diez años de la noche a la mañana sin dejar rastro alguno, tanto así, que aun el pueblo escondido entre la Arena, pagaba por cualquier información sobre su paradero.
Resulta que tú, chico bonito, lo tenías escondido todo este tiempo. ¿Tal vez pueda quedarmelo al final de la pelea?
- Sasori, tú… Dime, fuiste tú quien apoyo al Sennin Orochimaru contra el Cuarto Kazakage, el padre de Gaara, ¿no es así? – la anciana parecía enfadarse con cada palabra.
- El único que lo guio hacia Rasa-san fue mi subordinado. De hecho, originalmente estuve emparejado con Orochimaru en Akatsuki, pero por razones que sólo él conoce, decidió separarse de la organización. – contesto el joven de madera.
- Es imperdonable Sasori, pensé que… si podía hacerte regresar… aun… tú…- murmuraba en voz baja la anciana para si.
- Lamentablemente, a ustedes dos debo sacarlas del camino, aunque no se preocupen, sus cuerpos serán tratados con especial atención - el hombre movió su mano derecha la misma que tenía atada al pergamino original, haciendo deslizar al cuerpo convertido del Tercer Kazekage hacia nosotras.
Cinco guadañas así como una cuchilla enorme brotaron al tiempo que levitaba la marioneta de su manda derecha.
- ¡Niña muévete! – grito Chiyo-sama.
El muñeco ataco a mi clon de sombras haciéndolo chocar con la pared de la caverna.
Mientras esos dos estaban charlando gustosos, evalué el potencial dentro de la caverna, prácticamente no hay suiton aquí por utilizar más que para portales, Fūton y doton sobran, katōn sería peligroso en el interior por el tamaño de la caverna. Dejando mi clon sobre la superficie me desplace debajo de la tierra.
Cuando ataco a mi clon, envié a otro a la superficie para atacarlo desde su espalda sentí los hilos de chakra de la anciana tocando a mi clon, jalándolo justo cuando de la mano izquierda brotaban cientos de manos de títeres.
- Trabajemos juntas en esto, bruja, incluso será difícil para ti – escuche que susurraba Chiyo-sama.
Mi clon asintió.
Antes de que pudiera jalar más a un espacio seguro, una bomba de humo exploto de los brazos de madera del Kazekage. Mi clon explotó.
Siendo todo de madera ya había recalculado el valor de los daños.
Tomé a Chiyo-sama por su brazo y con portal de suiton, nos transporte a afuera de la caverna.
- Deje dos clones más con nuestras formas para distraerlo. Chiyo-sama, la mejor estrategia es quemar el lugar. No estoy pidiendo tu permiso; en cambio, trataré de que sólo él quede de pie, pero es posible que no lo logre. ¿Me he dado a entender? – hable rápidamente mientras la miraba fijamente.
Ella pareció quedarse en blanco un minuto, sentí uno de los clones deshacerse.
- Chiyo-sama – dije cortante.
- Hazlo. De cualquier manera, ese ya no es mi nieto – la decepción y la tristeza bordeaban su voz.
Sin perder más tiempo, ni darle oportunidad a que el hombre saliera de la caverna, coloque mis manos sobre la tierra, convocando katōn a mis manos.
El sello se activó lentamente sobre la tierra. Cerré los ojos buscando concentración.
Tenía la teoría fresca en la mente, pero en práctica sería más lenta que Naruto.
Sentí un pinchazo en mi hombro a lo que ahora sé que Chiyo-sama me aplico una de las inyecciones. Entonces había sido envenenada con un senbon sin que me diera cuenta.
- Es de mala educación irse – disparo otra oleada de senbon, que Chiyo-sama intentaba esquivar con una marioneta propia que utilizaba con hilos de chakra – sin despedirse, ¿no me enseñaste eso, Obaa-san?
- Te enseñe mejor que todo lo que has hecho, Sasori.
Mi sello estaba por completarse, dándole la vuelta entera a la caverna.
- Me enseñaste a terminar lo que inicie. Por eso, para asegurarme de que mueras correctamente te atacaré de manera que definitivamente no podrás parar aún con tu marioneta.
- Tal vez quieras ver a estas dos que tengo Sasori.
Acto seguido, sentí a la anciana sacar dos marionetas más que se quedaron al lado del hombre, ambas abrazándolo.
- Entonces ¿los seguías guardando? Desperdicio de tiempo y energía, Obaa-san.
- Tal vez, pero tus padres eran lo único que me quedaban de ti.
Cuando ella termino de hablar, abrí los ojos, completando mi sello, sólo para ver como el hombre había desvelado su pecho del lado derecho del cual broto un pergamino, uno que quedo suspendido en el aire y que cuando se desenrollo cientos de títeres empezaron a emerger, todos y cada uno arraigados a un hilo de chakra que brotaba directamente de su pecho.
Su jutsu los había lanzado al cielo cayendo en nuestra dirección creando una sombra que aniquilaba la luz del sol sobre nuestras inocentes cabezas.
Lluvia de títeres a escala real.
Se me figuraba tan apocalíptico. Hermoso.
Estaría fascinada cualquier otro día para ver el mecanismo, pero no hoy muchacho.
Active mi sello justo cuando las marionetas fueron enviadas a nuestra ubicación, por poco saliendo del círculo de escritura.
Un muro de fuego verde cuyo diámetro era mayor al de la caverna se elevó desde el suelo llegando más allá de las nubes. El calor abrasador alcanzaba fácilmente la altura de tres torres Hokage y no lo solté, a pesar de que mi propio chakra estaba decayendo. Al no haber katōn cerca natural, debo utilizar mi propia energía.
Teniendo tantos Uchiha a la mano, y los desgraciados desaparecen en los momentos importantes.
Oh la ironía, Kami-sama, gracias de nuevo.
Durante cuatro sólidos minutos mantuve el sello de fuego. Las llamas incandescentes de material combustible no sobresalían del sello, no hasta llegar al cielo, creando un enimagtico muro de lava esmeralda rugiendo con fuerza, exigiendo destrucción.
Llamas verdes idénticas a lo que debería de ser el infierno se desataron dentro del diámetro cavernoso. Mis ojos estaban apreciando el resplandor de mi propia creación al tiempo que podía sentir mi cuerpo entumecerse por la rápida perdida de energía; escuche el jadeo de Chiyo-sama detrás de mí, quien se alejo otros buenos dos pasos de nuestra fogata improvisada.
- ¡Oh malditos cielos! - jadeo la anciana sin aire.
El fuego rugía pidiendo desolación y sacrificio y se me antojo tan satisfactorio ver cada segundo de mi jutsu.
El sello escrito en la arena se retrajo, el fuego se disipo inmediatamente, dejando el aire más caliente de lo normal, quemando los pulmones.
En lo que antes era una caverna, ahora sólo quedan piedras en tono rojo, ardientes, furiosas al tacto.
Todo alrededor, un rastro de pedazos rocosos, el olor a madera quemada evidenciaba la muerte de cada títere, y aún más allá en el centro, un cuerpo. El hombre que identifique como Sasori de la Arena Roja, había caído.
El sello contemplaba que quemará todo aquello que no fuera orgánico, todo aquello que siguiera con vida propia en sus venas que considerará chakra natural, lo evitará.
Partes de él estaban chamuscadas, destrozadas ante el fuego. Sus piernas, brazos, completamente destruidos.
Me acerqué, necesitaba confirmar la muerte antes de informar a Taicho-san.
Para evitar pisar cualquier prueba, salte, convocando fūton y levite hasta llegar al dañado cuerpo, en el centro del caos.
Baje suavemente mientras vi uno de sus ojos siguiéndome sin mirada alguna.
Su nariz desecha; por otro lado, su boca, aunque estaba intacta, no se movía.
Nos miramos un momento. Yo rezando una oración en su nombre. Él con la resignación propia de alguien muy cansado.
A lo lejos, vi una figura encapuchada demasiado alta acercándose lentamente sobre todos los demás cadáveres de madera. Seguí sus pasos hasta que se acercó lo suficiente para ver el filo de su guadaña.
- ¿Qué ves? – escuche que murmuraba atragantándose.
- La llegada del Shinigami – conteste en voz baja.
- Pensé que ese, eras tú. Pero me alegro. N-No me gusta que me hagan esperar, n-ni me gusta hacer esperar a los demás, as—í así que es bueno que ya este aquí – dijo él, cuando sentí que su corazón dejo de palpitar, ninguna luz se extinguió de sus ojos.
Incline mi cabeza en respeto a la muerte que venía por su captura.
Acabando mi plegaria por un nuevo comienzo menos sanguinario en la otra vida para el ninja de la Arena, me incline para tomar la única prueba de su existencia alguna vez mortal y su pieza de alianza con la mortal asociación delictiva.
Su corazón, sin gota de sangre alguna, se sentía cálido en mi mano.
El anillo era una prueba para entregar a Hokage-sama; sin embargo, el corazón… ah…incluso yo sabía que esto no era para nadie más que para una sola persona en el mundo.
Tomando un poco de la madera destrozada de su pecho, acomode ambos sobre mis palmas, dando la forma que quería obtener, moviendo el mokuton sobre el corazón, cubriéndolo.
Di media vuelta, levanté mi mano hacia Chiyo-sama dejando que el aire se llevara el tesoro de mis manos.
- Esto te pertenece, Chiyo-sama – el fūton se encargó de llevar ligeramente a un muñeco de madera, una figura de un infante con su apariencia y cabello rojo, con el corazón dentro, de Akasuna no Sasori.
La anciana no pudo más y tomando el regalo que el suave viento deposito en sus palmas, se dejó caer al suelo, sollozando su pérdida. Compugida, desolada, envejecida en su alma.
Miré al cielo, sintiéndome de repente muy cansada. El sello tomo más de mí de lo que creí, entrecerré mis ojos mirando el azul cielo y sin más me dejé caer hacia atrás, sólo para que mi caída fuera detenida por dos fuertes brazos.
Mi cuerpo lo llevaron hasta el suelo con cuidado, mi respiración era superficial, mis manos temblaban, la falta de energía estaba haciéndome sentir nerviosa.
El hombre amable retiro la máscara de mi rostro y la luz demasiado brillante del sol desértico me cegó un momento, contrayendo mis cejas.
- Respira, no pienses, sólo respira – dijo su barítono.
Cerré los ojos después de fruncir el ceño profundamente. Sentí su pulgar tratando de alisarlo, para después sentir sus falanges pasando debajo de mi nariz.
Abrí los ojos para verlas salpicadas de sangre. Levante la mirada nublada a las dos preciosas gemas rojas que estaban teñidas en preocupación:
- Te sobre esforzaste, Sakura – murmuro Itachi-san.
- ¿Te gusto el espectáculo? – le pregunte curiosa, trate de sonreír aun si mi voz salía inestable.
- ¿A quién pudo no gustarle? – pregunto de vuelta, sus dedos aun tratando de cerrar mis ojos – Concéntrate en respirar.
Sentí su mirada repasar a través de mi cuerpo, buscando heridas, su mano bajo mi cabeza sosteniéndome con firmeza, hasta que me sentí más segura, continue hablando:
- No me pude quedar con su corazón…, lo siento… Itachi – murmure casi inconscientemente, olvidándome del honorífico, relajada por como sus dedos pasaban por mi frente sacando los cabellos sudorosos.
- Lo sé, hiciste bien Sakura – continuaba con su voz aterciopelada.
Mi cabeza se acurrucaba en su palma que acariciaba mi sien y luego mi mejilla, buscando su frescura, su comodidad. Sentí su mano quedarse más tiempo sosteniendo mi pómulo, un toque más efímero, fugaz del que casi rogué por más.
A lo lejos, casi dormida, escuche la voz de su primo:
- ¿Está bien?
- Está agotada, casi no tiene chakra – su voz sonando más lejana con cada palabra.
Sentí como fui cargada y de ahí me perdí en los brazos de Morfeo, según yo, sólo un momento, no se acabará el mundo sólo un momento.
Estaba durmiendo en los brazos de mi Taicho-san, y no lo sabía hasta hoy, pero descubrí que es el mejor lugar para dormir.
